martes, 7 de agosto de 2012

Estampas veraniegas: Leer caminando

Desde que amanece apetece, eso está claro. Leer, digo. De lo contrario, este blog no tendría razón de ser, ni dispondríamos nosotros de material suficiente para reseñar un libro al día desde hace más de tres años.

Y en la lectura, como en todo, cada cual tiene sus posturas favoritas (no se nota NADA que hace apenas seis días publicamos nuestra mundialmente aclamada entrada "caliente", ¿verdad?), así como sus manías, sus fobias y sus filias. Y de eso trata precisamente la serie de reseñas que inaugura la entrada de hoy: de esas manías, fobias y filias (costumbres, en suma) de las que hacemos gala los que redactamos este blog.

Y, como tampoco es lo mismo leer en el sofá un lluvioso domingo de enero que pelearse con la arena al pasar de página en una playa paradisiaca, hemos decidido limitarnos —por lo menos de momento, y dadas las fechas— a escribir sobre nuestras costumbres lectoras veraniegas. Comenzamos con una de alto riesgo, no apta para torpes ni para vergonzosos: leer caminando.


** LEER CAMINANDO **

Esta modalidad de lectura les permitirá combinar el placer de un buen libro con la vivificante experiencia de respirar un poco de aire fresco o de torrarse al sol (dependiendo de la ubicación geográfica de cada usuario). Extraordinariamente, algunos sujetos han llegado a acusar una metamorfosis completa, mutando de ratas de biblioteca a ratones de campo. Así, investigaciones uladianas han demostrado sobradamente que integrar esta práctica en la rutina diaria puede contribuir a mejorar sustancialmente la calidad de vida de los lectores, especialmente la de los más ávidos y paliduchos.

No obstante, quienes se animen a probar esta modalidad de lectura deberán atenerse a las siguientes instrucciones. Advertencia: las autoridades uladianas no se responsabilizarán de los posibles daños humanos y materiales derivados de la puesta en práctica de esta modalidad lectora y, dado el caso, negarán —hasta tres veces si es necesario— su presunta relación con la impulsora de tan insensata iniciativa (ella misma alegará enajenación lectora transitoria).

1. Requisitos imprescindibles:
  • Sentido del ridículo: nivel bajo o nulo.
2. Requisitos deseados:
  • Coordinación psicomotriz: nivel alto o bilingüe.
3. Antes de la lectura, el usuario
  • escogerá el calzado más adecuado para la actividad propuesta: por motivos fácilmente dilucidables, las autoridades uladianas desaconsejan cordones y tacones;
  • planificará el itinerario más propicio para sus fines: por razones igualmente obvias, las autoridades uladianas recomiendan superficies llanas y homogéneas.
4. Durante la lectura, el usuario
  • evitará colisionar con otros viandantes, caminando en línea recta y manteniendo la distancia de seguridad aconsejada por las autoridades uladianas (referencia: dos ancianos y medio), esforzándose en todo momento por no perder el hilo de la lectura (véase punto 2);
  • guiará la progresión lectora con la punta del dedo índice que mejor concuerde con su orientación política, de modo que los ojos puedan retomar fácilmente la lectura después de una mirada de reconocimiento para redirigir la trayectoria o para saludar al vecino del quinto (véase punto 1);
  • mantendrá dentro de su campo de visión el mayor número de elementos posibles para evitar pisar pies, perros o excrementos humanos o animales.
5. Tras la lectura, el usuario
  • subsanará cualquier posible desperfecto físico derivado de su torpeza (o bajo nivel de coordinación psicomotriz);
  • releerá cualquier pasaje cuya lectura se hubiera visto interrumpida por la conversación mundana o entorpecida por la intromisión en su campo de visión de algún espécimen humano llamativo.
  • se aplicará aftersun en el cogote.

Próximas estampas veraniegas: leer en el avión, leer en la playa, leer en el parque, leer durmiendo (¿¡leer durmiendo¡?), leer en la cama vs. mosquitos, leer a 50º a la sombra y con moscas…

12 comentarios:

Anónimo dijo...

O leer en la piscina tumbado en la colchoneta a merced de niños cabrones que te salpican cuando hacen la "bomba"!

Paula dijo...

Ohdiosmío... Eso SÍ que es deporte de riesgo ;-)

Teri Cash dijo...

Por experiencia de torpe diplomada diré que no es tan complicado como parece. Me he pasado la vida esquivando viejas de afilados bolsos para comprobar, años después, que un libro abierto es como un bastón de ciego: ¡¡la gente se aparta!! Lo que la educación no ha conseguido, lo logra el miedo a ser embestidos. Algo es algo.

Montuenga dijo...

Tienes razón, Teri. Recuerdo haberlo practicado una época que estaba demasiado atareada. Creo que además iba a mi aire, nada de precauciones. ¡¡Y no me pasó nada nunca!!

Paula, te adelanto que "la cosa" tiene truco, jeje.

lur dijo...

Uffff no se yo, si se está a la lectura fijo que te tropiezas con algo o alguien. Casi mejor que decido sentarme y disfrutar de un buen libro plácidamente al aire libre.
Un saludo.

Paula dijo...

Es verdad que yo tampoco he tenido problemas nunca... ¡Será por lo que tú dices, Teri! "Dejadla pasar, esta loca...", jeje.

Lur, lo de sentarse también está bien. Lo único es que así no se hace ejercicio... :-)

Paula dijo...

Pues me he dado cuenta de que lo que más, más, más hago no es leer caminando... si no leer en voz alta. Otra modalidad. Especialmente cuando leo en inglés, me ayuda a pillar todo mejor. Y si es poesía ni te cuento.

Paula dijo...

*sino

Nicolás Flamel dijo...

Uyyy, antes lo hacia esto muy seguido (leer caminando). Ahora ya no lo hago ni separando las actividades, y eso que tengo una que otra anecdota "curiosa" sobre esta actividad. Espero pronto aumentar mi frecuencia de estas actividades, aunque sean separadas.

Shanny dijo...

¡Sólo he leído una vez caminando! Y me divertí muchísimo... ¡Debo intentarlo de nuevo!
Un abrazo, y seguiré leyendo las futuras entradas jaja

Anónimo dijo...

Muy agradable y gracioso el artículo, especialmente cada una de sus recomendaciones. Aunque suelo leer caminando nunca antes se me había ocurrido pensar en los requisitos necesarios :)

Seguiré navegando en este blog, es la primera vez que lo encuentro y me parece macanudo! :D

Francesc Bon dijo...

Me da miedo la gente que lee andando: es indudablemente un deporte de riesgo. La categoría absoluta, aquella que solo super-héroes alcanzan, sería leer bajando escaleras, con bajas progresivas. El terror de los seguros dentales, sin duda.