viernes, 10 de agosto de 2012

Alexander Kluge: El hueco que deja el diablo

Título original: Die Lücke, die der Teufel läßt

Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 2003 (en España, en 2007)
Valoración: Recomendable

Today, algo raro-raro-raro pero, pese a ello, recomendable.

¿Curiosidad por saber de qué va el asunto? Bueno, pues vamos a ello…

El hueco que deja el diablo está formado por 173 relatos cortos (algunos cortísimos, casi sinopsis de lo que parecen piezas más largas), obra del ya octogenario escritor y director Alexander Kluge, uno de los pioneros del nuevo cine alemán. Y este libro es, a su vez, una compilación de relatos de la versión original, que incluye hasta 500 pero que como en palabras de su autor “en un país extranjero es de buena educación ser breve", por estos lares sólo nos ha llegado la citada selección.

Con estudios de derecho, historia y música, y amigo del filósofo Theodor Adorno y de otros individuos cultos y polifacéticos como él, Kluge se inició en el cine como asistente del mismísimo Fritz Lang, y en pocos años se convirtió en un director respetado por poseer una mirada muy personal y crítica con el triste y crudo pasado reciente de su patria. En 1960 fue, incluso, uno de los 24 firmantes del manifiesto de Oberhausen, que anunciaba la llegada de un nuevo estilo narrativo en los filmes.

Pero retomemos el hilo, que aquí hemos venido a hablar de libros…

En estos cuentos que hoy reseño, Kluge ofrece historias cortitas y muy variopintas que tienen como nexo común el contener huecos demoníacos por los que el Mal se cuela impunemente. Así, nos encontramos entre las páginas de este libro pequeños rasguños literarios ambientados en el accidente de Chernobil, los atentados del 11-S, el hundimiento del Kursk, la destrucción de las ciudades alemanas al final de la Segunda Guerra Mundial, la primera Guerra del Golfo, o el accidente de automóvil que sufrió Hitler en 1931 y del que salió ileso por los pelos.

Kluge, sin pretensiones de hacer algo que deje al personal con la boca y los ojos abiertos como platos, lo que hace es mostrarnos lo que la casualidad, la miseria humana, la fatalidad y la más inhóspita amoralidad pueden provocar cuando dichas variables son conjuradas por fuerzas misteriosas…, ¿tal vez diabólicas?

El autor no se mete en camisas de once varas y en vez de teorizar sobre la hipotética influencia en toda escabechina que se precie del siempre cotizadísimo Belcebú, se dedica, que no es poco, a arrejuntar historietas de maldad cetrina y de azar puñetero sin romperse los cuernillos.

Vamos, un libro recomendable. Y que Alexander Kluge ha hecho un buen trabajo, perfecto para el deleite de lectores exigentes pero azorados por el atontamiento generalizado de la época estival.

Léanlo pues, lectores de ULAD. Háganme caso, que devorarán este libro en unas pocas tardes de verano y disfrutarán sobremanera con 173 breves artefactos efectivos, híbridos de ficción y realidad que dejan claro, en mi humilde opinión, que es en nuestra querida Tierra donde nos encontramos, ahorita mismo y cada día, el Cielo, el Purgatorio y el Infierno. Porque el Limbo lo quitó el Papá anterior¿no?