lunes, 18 de junio de 2012

Ramiro Pinilla: Aquella edad inolvidable

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Estoy últimamente en uno de estos periodos en que leo varias novelas y ninguna me emociona: La cola de la serpiente de Padura, El ayudante de Robert Walser (habrá reseña... a lo mejor) o este Aquella edad inolvidable de Ramiro Pinilla, todas ellas son novelas correctas, pero... sin más. Así que me pregunto: ¿seré yo, maestro, seré yo?

Con respecto a Aquella edad inolvidable de Pinilla, coincido con lo que dice Senabre en su reseña: "esta es una novela menor... de un novelista mayor". En las primeras páginas ya se resume toda la historia, que es muy prometedora: un jugador (ficticio) del Athletic de los años 40 vive un episodio de gloria fugaz cuando marca el gol definitivo en la final de Copa contra el Madrid; pero poco después cae gravemente lesionado por una entrada brutal y debe abandonar el fútbol. La lesión lo destruye no solo físicamente, sino también anímicamente: rompe su relación con su novia, se encierra en casa y un tiempo después se ve metiendo cromos en sobres, y entre esos cromos, el suyo propio, el de Souto Menaya, el héroe de la final de Madrid.

El problema es que la novela consiste en una repetición ampliada de esas primeras páginas, ampliando los detalles pero con pocas sorpresas para el lector. La imagen más poderosa de la novela (la del héroe que se ve obligado a enfrentarse con su propia gloria, plastificada e irrecuperable) ya nos ha sido desvelada; cuando llega por segunda vez, ya ha perdido parte de su fuerza. Cabe preguntarse por qué ha decidido Pinilla hacer ese resumen inicial, ni qué habría sido de la experiencia de la novela sin él.

Otro problema que le encuentro a Aquella edad inolvidable es que el personaje principal no resulta simpático -aunque otros lectores pueden no estar de acuerdo conmigo-. Souto Menaya es un personaje que se compadece de sí mismo y parece decidido a vivir una vida infeliz rechazando los esfuerzos de quienes le rodean (a diferencia, por cierto, del Rogelio Cerón de La higuera, que acepta estoicamente su condena autoimpuesta). Al final, uno siente más compasión por Cecilio, Socorro o Irune, que por el protagonista.

No sé qué impresión causará esta novela en alguien que no sea del Athletic, o incluso en alguien a quien no le guste el fútbol. Pinilla (que aparece en la solapa fotografiado de chaval con la camiseta del Athletic) hace un esfuerzo por introducir al profano en esa religión mezclada de política que es el fútbol. A mí, personalmente, me ha parecido una novela menor, aunque bien escrita. O sea: sí; pero no.

3 comentarios:

Paula dijo...

Yo me pregunto: ¿es necesario simpatizar con el protagonista? Porque yo creo que no. Los personajes nos pueden despertar todo tipo de emociones, y es tan "válido" que nos despierten antipatía como simpatía, creo yo :)

Por otro lado, me parece un análisis muy agudo de por qué la novela, a pesar de plantear una historia "prometedora", no funciona. Por lo que dices, parece como si hubiera mostrado todas sus cartas demasiado pronto.

Santi dijo...

No, por supuesto que no es imprescindible simpatizar con el protagonista; hay grandes novelas protagonizadas por personajes antipáticos, odiosos, repugnantes. Pero sí deben resultar atractivos, creo yo, por algún motivo; y este Souto Menaya a mí solo me ha resultado irritante.

Y la verdad es que sigo sin entender por qué Pinilla decidió incluir esa especie de resumen inicial, que desvela casi todas las claves fundamentales de la trama...

Francesc Bon dijo...

Está claro que al ritmo del blog no pueden aparecer 365 obras maestras al año : reseñar esos libros que fluctúan entre el 5,5 y el 7,2 es difícil. No es ser justo despreciarlos como no lo es recomendarlos ávidamente.