domingo, 2 de septiembre de 2012

Ramiro Pinilla: Verdes valles, colinas rojas 2 y 3

Idioma original: español
Título completo: Verdes valles, colinas rojas 2 - Los cuerpos desnudos; Verdes valles, colinas rojas 3 - Las cenizas del hierro
Año de publicación: 2005
Valoración: Recomendable

Bueno, pues ya está aquí la reseña de las dos segundas partes de Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla (la reseña de la primera parte la podéis encontrar aquí). Y la verdad es que termino la lectura exhausto (2400 páginas en total no son cualquier cosa), pero impresionad: pocos autores españoles vivos habrían sido capaces de crear y sostener un universo de ficción tan poblado y tan complejo como este, y salir airosos. Hay algo de faulkneriano en la forma en que Ramiro Pinilla se plantea el conjunto de su producción, aunque a los que somos de aquí nos resulte raro pensar en Getxo como en un nuevo Yokhnapatawpha.

Estos dos últimos volúmenes de la trilogía continúan las historias del primero, ampliando el arco cronológico hasta la Guerra Civil (tomo II) y hasta finales de los años 60 (tomo III), con lo que la novela ficcionaliza prácticamente un siglo de historia del País Vasco. Los destinos de las dos familias centrales, los Baskardo (o Bascardo) y los Altube continúan entrelazándose, siempre sobrevoladas por la sombra de Ella -que pierde algo de protagonismo en estos dos volúmenes- y de su hijo, el "bastardo" Efrén, representante de una nueva burguesía materialista, españolista y cercana al fascismo.

A lo largo de toda la novela, en efecto, resulta evidente la contraposición constante de ideologías: fundamentalmente, el nacionalismo vasco, con su visión edénica de una realidad sin lucha de clases y ajena a la historia, y las ideologías de izquierdas (socialismo, comunismo, anarquismo...) que vienen a abrir los ojos a determinados personajes sobre la realidad de las injusticias sociales. Quien conozca mínimamente la figura y la obra de Pinilla no podrá dudar de cómo se decantan sus simpatías. Los diálogos entre el maestro Manuel, próximo al nacionalismo, y su discípulo Asier Altube, contrario a él, se convierten por momentos (pero momentos muy escasos) en un trasunto del pensamiento del autor.

He mencionado antes a Faulkner, pero también cabría pensar en una cierta influencia de García Márquez y el realismo mágico: quizás sea simbólico el que lleguen de tierras lejanas, ya sea América o Asia, los elementos más irreales de la trama: la invasión del pueblo por una manada de llamas, la orgía colectiva provocada por la sensualidad magnética de Anaconda o la inspiración para la comuna hippy (avant la letrre) compuesta por los hermanos Fabi, Jaso y Martxel en Oiarzena.

En conjunto, Verdes valles, colinas rojas reconstruye la narrativa del País Vasco, metonímicamente representada por Getxo, desde el nacimiento del nacionalismo hasta el nacimiento de ETA -lo que quizás no sea casual-. El efecto producido habría sido todavía mayor si la novela hubiera sido algo menos morosa, como ya dije en la primera reseña (si se hubieran evitado ciertas repeticiones circulares en la trama, o eliminado determinados aspectos secundarios): no es que una gran novela tenga que ser obligatoriamente una lectura fácil, pero no cabe duda de que se agradece.

También de Ramiro Pinilla: Aquella edad inolvidable, La higuera