martes, 25 de septiembre de 2012

Ray Loriga : El hombre que inventó Manhattan

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: decepcionante

#RayLorigafacts /1. Sus abogados finalmente no pedirán la pena de muerte para el fotógrafo que le tomó una imagen limpio y sonriente.
#RayLorigafacts /2. Es mentira que esté picado con Johnny Depp por quien aguanta más tiempo sin lavarse el pelo. De hecho, no conoce a Johnny Depp.
#RayLorigafacts /3. Pidió ser admitido en el Chelsea Hotel. Luego pidió ser expulsado. Luego pidió volver, para poder suicidarse en una de sus habitaciones.

¿Y por qué cargo de esta manera contra Ray Loriga? (su nombre real no es Ray, por cierto). ¿Por qué saco un partido algo sesgado del hecho de saber o especular sobre su vida?.

Algunos párrafos de este libro pueden ayudar a responder:

"Sin embargo, en los últimos tiempos -¿días?, ¿meses?- Laura cautela mostraba ante su propia belleza."

"Era el año 1945, Molly tenía diecisiete y esa ligera bruma en la cabeza y en los ojos que tienen las chicas al llegar a Manhattan, todo podía ser. Pero no fue."

"No era muy alto y tenía las manos pequeñas y aunque no era guapo de una manera vulgar... para qué engañarse, la verdad es que era guapo a rabiar y sin embargo: 'No es eso -se decía Simonetta- hay algo más.'."

"Gran carcajada. Silencio. Pasa un ángel y enseguida Fernando se ha cambiado de sitio y está ya tan cerca de mi hermana que una palabra suya bastará para sanarla."

"'Qué maravilla', se dice entonces, si es que los ratones se dicen algo (probablemente no, pero qué más da, si nosotros tampoco nos decimos nunca nada fuera del absurdo mundo de la literatura) y echa a correr entre la hierba."

Si bien yo añadiría a la respuesta:

Pues porque cada línea de esta colección de relatos parece querer insistir en el mismo objetivo. Que quien los escribe conoce NY, que vive allí y conoce los cruces de sus calles, la ubicación de todos los lugares de cierto peregrinaje underground. Que no puede pasar por alto esa circunstancia en cada uno de los relatos, como si ese puro alarde lo elevara de narrador a testigo directo, a elemento catalizador necesario en las reacciones. Esa es la enorme pega de la que este libro no puede desprenderse en ninguna página: la necesidad de Loriga de epatar, de impresionar y restregar por la cara su circunstancia personal: que no es para tanto, un escritor afincado en NY, con pretensiones de malditismo, con miles de influencias asimiladas de las más diversas maneras, rebosante de ellas hasta el punto de que, en vez de empujarlo, lo acaban lastrando.
El libro en su integridad parece una de esas horribles camisetas de I was there: estuve en Central Park, estuve en el edificio Dakota, estuve en el hotel Chelsea, en todos esos cruces de calles, en todos esos montones de rincones. Estuve en muchos bares en los que, nada más entrar y sentarme, pensé : "esto va para el libro". Y con enormes pretensiones de, a través de cortas historias, mostrar un mensaje trascendente sobre la ciudad más célebre del mundo, que es como decir sobre el mundo entero.
Leer en la contraportada del libro una reseña que lo compara con Houellebecq o Murakami me hace tener ganas de ajustar las cuentas a más de un crítico. Yo añadiría muchos otros, pero no para compararlo: para verificar como copia sus personajes, como fusila no sus frases o sus párrafos, sino eso tan inespecífico que es el espíritu literario: Carver, Salinger, Auster, Burroughs, Pynchon. Que Loriga es un gran lector, al menos, nos queda claro. Que ello se traduzca en un mínimo de talento, en el mínimo que se sostenga a la altura de su estudiada y atormentada imagen, eso es harina de otro costal. Intentando tejer relatos sutilmente relacionados como Carver, por ejemplo, pero dejándolos inacabados, en su gran mayoría, o, los que sí, quedando en toscos apuntes de pretendida novela negra con una pesada aura de misticismo. Las últimas treinta páginas, en un libro que no llega a las 200, son interminables, a medida que uno se da cuenta de que las tramas no se resuelven y que todo acabará resultando un banal entretenimiento con pretensiones teórica, y fallidamente, esteticistas.

9 comentarios:

Montuenga dijo...

Y ¿qué me dices del lenguaje? Así, a bote pronto, parece una mala traducción del inglés. ¿No te parece? Paula.

Quizá pretenda demostrar que, no solo piensa en inglés, sino que tiene tan olvidado el castellano que le resulta casi imposible traducirlo. ¿Escribe siempre así?

Francesc Bon dijo...

Pues creo que en algún momento de la lectura me vino a la cabeza algo parecido; no sé si por expresiones algo fuera de lugar o por construcciones que resultaban ligeramente chirriantes. El muestreo es bastante aleatorio. Puede que deba probar otros libros del mismo autor, pero agradecería un tiempecito.

Cities: Moving dijo...

Ya que dejas abierta la puerta a intentarlo de nuevo con Loriga, yo te recomendaría "Tokyo ya no nos quiere". Curiosamente acabo de releerme "Trífero" y aunque le he encontrado algunas carencias menores, me ha gustado bastante.

Francesc Bon dijo...

Como soy un tipo asiduo a las segundas oportunidades, anoto tu sugerencia para pasadas unas semanas. También porque prefiero alejar el mal regusto de éste: nunca se sabe.

Anónimo dijo...

¡Madre del amor hermoso! Te habrás quedado a gusto después de esta crítica, qué digo, cotilleo. Montuenga, cuando uno vive en otro país y el noventa por ciento del tiempo se lo pasa expresándose en otro idioma es normal ir perdiendo pericia a la hora de hablar el propio. Y te lo digo yo, que estudié Hispánicas y conozco perfectamente mi lengua, y aun así a veces no recuerdo palabras por hablar otro idioma. Otra cosita: que determinadas expresiones no sean las más utilizadas no significa que sean agramaticales. Los listillos suelen poner el grito en el cielo a la primera de cambio y meten la gamba hasta el fondo. A mí Ray Loriga me gusta.

Francesc Bon dijo...

Pues gracias por el comentario a la reseña, qué digo, festín. Si supiera tu nombre mejor, por eso. Pues igual me equivoqué en la elección del libro, ya caerá algún otro: seré precavido y buscaré el más cortito. No es cuestión de prolongar el sufrimiento más de lo indebido.

Francesc Bon dijo...

A ver si pillas los dos errores, por cierto.

Alejo Casares dijo...

Loriga tiene algo que no sé cómo describir. Me fascinó "Tokio ya no nos quiere", no por su mérito literario -que podría resultar complicado de encontrar- sino por tocar fibras que han demostrado ser de difícil acceso en todos mis años como lector.

Esa novela me ha llevado a otras del mismo autor, novelas que me han dejado un gusto a poco, a muy poco. Sigo leyéndolo porque quisiera volver a encontrar lo que me dejó la primera vez... una búsqueda sin resultados.

Pese a que le tengo fe, su decepcionante último bodrio ("El bebedor de lágrimas") y tu reseña me ponen cuesta arriba cualquier intento de volver a él.

Gracias por la crítica.

Francesc Bon dijo...

Pues me has recordado que debería darle una segunda oportunidad y que Tokyo ya no nos quiere eres la segunda persona que me lo recomienda. A ver si le hago un huequecito... Gracias por el comentario.