sábado, 31 de agosto de 2013

Ramiro Pinilla: El cementerio vacío

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Ya habréis podido notar, los que seáis seguidores habituales de este blog, que por aquí tenemos debilidad por Ramiro Pinilla, un escritor de Getxo (Vizcaya) que está a puntito de cumplir los ochenta años; que ha ganado casi todo lo ganable en España (el Nadal, el Nacional de Narrativa, finalista del Planeta cuando el Planeta no era todavía la chufla que es hoy...) y que sin embargo creo que es bastante desconocido más allá del Ebro (más allá para abajo, quiero decir). Y no merece, porque es un escritor como la copa de un pino.

Dicho esto, la verdad es que las últimas tres novelas que ha publicado Pinilla no son probablemente las mejores de su producción: Solo un muerto más, la antecesora de este El cementerio vacío, era una curiosa novela policiaca protagonizada por un peculiar detective getxotarra, Samuel Esparta; Aquella edad inolvidable no conseguía atrapar en su presentación de un ex-futbolista reducido a distribuidor de cromos; y esta última, que como digo es una segunda parte de Solo un muerto más, sin la originalidad ni la sorpresa de aquella primera, resulta también algo decepcionante.

El cementerio vacío es, por lo tanto, la segunda parte de esta serie quijotesca (lector obsesivo de novela negra se convierte en detective y mezcla fantasía y ficción, ¿hace falta ponerlo más claro?); de hecho, en esta novela se menciona constantemente la primera de la serie (como en la segunda parte del Quijote se menciona la primera parte, otra pista más). El librero Sancho Bordaberri se ve forzado a encarnar nuevamente al detective Samuel Esparta para resolver un nuevo caso: el asesinato de la joven y hermosa Anari, precisamente en la noche de la romería de San Baskardo, la noche que había elegido para huir con un "maketo" que resulta ser el principal sospechoso del crimen.

La novela vuelve a emplear los recursos que surtieron efecto en Solo un muerto más: la ironía metaliteraria que inunda el texto; una ligera crítica socio-política (del franquismo y del nacionalismo vasco a partes iguales); y sobre todo la trama policial, el eje que articula todo lo demás. Es por aquí por donde a Ramiro Pinilla se le escapa la novela, porque en realidad la investigación del crimen, si se despoja de muchas idas y venidas y muchos diálogos que dan vueltas una y otra vez sobre lo mismo, al final resulta un poco sinsorga. Claro que en la propia novela (¿he dicho ya que es metaliteraria hasta la extenuación?) se apunta a que esta no es una novela policiaca estrictamente, sino algo de otro género más amplio; pero no nos engañas, Ramiro: esta es una novela de género y como tal hay que juzgarla...

Lo mejor, probablemente, en esta novela como en la anterior de la serie, es la ambigua pero entrañable relación de Sancho Bordaberri con su ayudante/secretaria Koldobike, que como un Sancho femenino acepta entrar en el juego de la fantasía de su jefe. Le daría todavía otro toque más a la serie si Ramiro Pinilla acentuase algo más la tensión sexual no resuelta entre los dos personajes, pero no sé si tirará por ahí en el futuro...

En fin, esperemos que Ramiro Pinilla viva muchos años más, y que conserve la cabeza como la conserva, para ver si todavía tenemos la oportunidad de leer un tercer caso de Samuel Esparta; y que sea mejor que este...

También de Ramiro Pinilla: La higuera, Aquella edad inolvidable, Verdes valles, colinas rojas 1: La tierra convulsa y Verdes valles, colinas rojas 2: Los cuerpos desnudos + Verdes valles, colinas rojas 3: Las cenizas del hierro, Huesos, Solo un muerto más

1 comentario:

Paula dijo...

Solo un apunte: está a punto de cumplir los noventa, no los ochenta :-)