lunes, 5 de agosto de 2013

Gershom Scholem: Walter Benjamin. Historia de una amistad

Idioma original: alemán
Título original: Walter Benjamin, die Geschichte einer Freundschaft
Año de publicación:  1975
Valoración: muy recomendable

Si visitáis la sección de Filosofía de cualquier librería de calidad, no os costará descubrir en la mesa de novedades varias ediciones de obras de Walter Benjamin y diversos ensayos sobre su vida o su pensamiento. La suya es quizá la figura intelectual del siglo XX a cuya recuperación se están dedicando en España los mayores esfuerzos en los últimos años. Adscrito habitualmente en los manuales al marxismo heterodoxo de la Escuela de Frankfurt, lo cierto es que la obra de Benjamin tiene más de heterodoxa que de marxista. En ella convive un voluntarioso compromiso político de izquierdas, que le empujaba al materialismo histórico, con una formación metafísica, un tono poetizante en el estilo y una irreductible tendencia a lo místico. Ingredientes, estos, no muy comunes en un "intelectual comprometido" de los años 30. 

A partir del momento en que recibe la influencia del legado marxista (y esto no pasa seriamente hasta 1929), el pensamiento de Benjamin estará atravesado por una tensión irresoluble -y a la postre irresuelta- entre dos polos. Estos condensan opciones a la vez políticas, emocionales, teóricas y metodológicas, y pueden sintetizarse en dos ciudades: Moscú y Jerusalén. El libro de Scholem es una guía inmejorable para entender la relevancia de ese segundo polo en la vida y obra de Benjamin. No se trata de una biografía al uso, sino del relato de una profunda amistad mantenida a lo largo de décadas y contada por uno de sus protagonistas.

Scholem conoce a Benjamin en 1915 en el Berlín donde ambos habían nacido. El segundo, con 23 años, se había ganado ya una cierta fama como incipiente teórico en el seno del movimiento estudiantil, mientras que el primero, con 18, estaba activamente involucrado en grupos sionistas y estudiaba con pasión hebreo y literatura judía. Con el tiempo, Scholem acabaría emigrando a Palestina y se convertiría en el fundador del estudio moderno de la mística judía (como ya comentamos aquí). Su visión, por tanto, es la más apropiada para arrojar luz sobre la ambigua relación de Benjamin con su propia herencia judía. Criado en una familia asimilada, Benjamin no fue nunca un practicante de la religión mosaica, pero esta no dejó de permear su obra, en la forma, por ejemplo, del mesianismo secularizado que anima su filosofía de la historia. Scholem revela cuán cerca estuvo Benjamin de emigrar a Palestina (con ayuda de su amigo) y de iniciar allí una carrera académica que muy probablemente le hubiera conducido por otros derroteros.

Esta que es la mayor riqueza del libro, es también su mayor debilidad: la vida y la obra de Benjamin las presenta Scholem desde un punto de vista cuando menos sesgado, a la luz exclusivamente de su relación con el judaísmo. Otras influencias innegables se presentan más bien como interrupciones o injerencias en la evolución "natural" de su pensamiento. De cualquier manera, el relato de Scholem es una fuente de información de primera, que fascina por el respeto con que presenta las muy duras circunstancias que fueron cerniéndose sobre la existencia de su amigo. En ocasiones el pudor parece hacerle pasar de puntillas justo por aquello que sería lo más revelador de una determinada decisión u orientación en su obra. Pero uno siente, en cualquier caso, que está bien así.