martes, 16 de marzo de 2010

Ramiro Pinilla: La higuera

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2006
Valoración: Imprescindible

¿Alguien se cree que un hombre pueda pasar treinta años de su vida sentado debajo de una higuera? Yo sí, gracias a la sabiduría narrativa de este autor. Nacido en Bilbao allá por 1923, a pesar de haber recibido el Premio Nadal en 1960 y el Nacional de Narrativa en 2006, entre otros, a pesar de que, todavía el año pasado, añadió un nuevo título a su más que sólida obra, su nombre resulta desconocido para una inmensa mayoría de lectores.

El relato tiene su origen en un suceso ocurrido en plena guerra civil y finaliza a mediados de los 60. Pero no temáis, no se os va a llevar al trote por tres décadas ni a abrumaros con datos y nombres. Lo que se nos cuenta es un suceso insignificante, apenas una anécdota, que adquirirá categoría de símbolo y, a través del cual, el autor indaga tanto en el corazón de los hombres como en los vaivenes sociales e ideológicos de la España de le época. Es curioso comprobar que casi nadie actúa por convicción propia, que el mimetismo impera en todos los tiempos, igual que el miedo, los prejuicios, la pura inercia, la envidia, la crueldad.

¿Quién es Rogelio Cerón? ¿Un héroe, un santo, un demente? Esta novela trata de la culpa. O mejor, de la conciencia culpable que lleva al remordimiento y cuyo último destino es la expiación. Si llevamos esta secuencia a sus límites últimos, nos situamos en la España de los años 1936-39 y contemplamos las barbaridades que se cometieron entonces (en este caso, por parte del bando nacionalista) ya tenemos el punto de partida de "La higuera".

Lo que sigue puede parecer, así enunciado, una situación inverosímil, pero la habilidad de Pinilla va dotando a la historia de todos los elementos precisos para hacerla creíble, nos va introduciendo en ese mundo demente y ahí nos deja, como espectadores aterrados unas veces, conmovidos otras, siempre imbuidos de compasión en el mejor sentido del término. No sé cómo se consigue retratar lo inamovible, lo estático, y que de ello surja un relato dinámico que nos mantiene intrigados hasta la última línea, pero, también en este caso, el autor conoce los resortes exactos que debe mover para lograrlo.

Al final de todo este tinglado he echado algo en falta: el perdón. Sólo una persona tiene la facultad de otorgarlo y no lo hace. ¿O sí? En cualquier caso, no de forma explícita. Y, aunque así fuera, aunque el perdón se realizase en el fuero interno de ese niño que ya creció ¿de qué le sirve al antiguo culpable si nunca, jamás, lo va a saber?

13 comentarios:

Santi dijo...

José María Pozuelo, que fue mi director de tesis y es crítico de narrativa española actual en el suplemento del ABC, me habló muy bien de esta novela. Vino a decir, como tú, que era una de las mejores novelas españolas que había leído en mucho tiempo. Aquí te dejo el enlace a su reseña, que tiene muchos puntos en común con la tuya:

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=5580&sec=32&num=772

Montuenga dijo...

Traje la trilogía a casa a la vez que "La higuera". A ésta la usé para saber si merecía la pena tragarse el tocho de 700 y pico pgs. Y lo merece. A ver si me animo pronto con ella.

Ácabo de leer la reseña de tu profesor. Muy interesante y completa, se vé que conoce bien al autor. Es verdad que opinamos lo mismo pero, aparte, coincidimos en cosas que son totalmente objetivas.

Espero que te decidas a leerla (ya... con dos recomendaciones) y los demás también.

Ico dijo...

Gracias por la recomendación, el tema y la descripción que haces de la novela parece muy interesante... saludos.

Jaime dijo...

Buff, Montuenga, ¿quieres dejar de reseñar libros tan apetecibles? Es que me ocasionas todo un problema. Acabo de terminar Mortal y rosa de Umbral, y me ha encantado. Qué tristísimo es, pero qué tristeza tan estremecedora y tan bella. (¿No es horrible que los seres humanos podamos hacer belleza de la muerte?) Y ahora me dan unas ganas tremendas de volver a hacerte caso y empezar a leer éste. Pero sabes cuál es la consecuencia de eso, verdad? Pues que son libros que no puedeo reseñar, porque ya lo has hecho tú, con lo cual mi ritmo de reseñas disminuye necesariamente, y tu ritmo debe aumentar en consecuencia. ERGO: algún repugnante, por favor!!
(Iba a decir que es broma, pero no, no es broma. Lo que sí hago es darte las gracias;).

Montuenga dijo...

Jajajaja, Jaime. Muchas gracias a ti.

Anónimo dijo...

No vale destripar el final...

Laura dijo...

A mí me pareció una de las mejores novelas que he leído también.
La leí hace mucho y la recuerdo con nitidez: para mí, una garantía de calidad es que la memoria conserve el rastro de una narración.
Pinilla lo borda.

Maese Salakov dijo...

Es muy buena novela. No sé si imprescindible -yo la colgaría un "muy recomendable"- pero sí muy buena. La primera parte le falla un poco, pero es verdad que tiene algún que otro momento excelente. Me sumo a la recomendación...

(y me recuerdo a mí mismo que aún tengo pendiente su trilogía, umh)

Santi dijo...

Buenísima, sí señor. Bien contada, terriblemente humana, profunda, cómica por momentos...

Solo le pondría una pega: no me acaba de convencer esa especie de "prólogo" y "epílogo" con una voz distinta, que creo que están ahí para intentar explicar las cosas al lector, para que no se pierda (sobre todo el epílogo), pero no sé si son verdaderamente necesarios. Habría que leer la parte central de la novela individualmente, para ver qué efecto produce...

Paula dijo...

¿Puedo preguntar qué clase de narrador utiliza? (¿Y cómo lo hace?). Lo digo porque a mí me está mosqueando un poco el de Las ciegas hormigas, pero no voy a destripar los contenidos de una posible -espero- futura reseña...:D

Santi dijo...

Pues la novela está dividida en tres secciones: una gran sección central narrada con la voz y el punto de vista del protagonista; y dos secciones mucho más cortas, que sirven como de prólogo y epílogo, en la voz de otro personaje. ¿Te vale esto? O sea, en las dos secciones más cortas se podría hablar de "narrador testigo" y en la larga, de "narrador protagonista", y siempre con la visión limitada propia de estos personajes. ¿Te vale así? :)

Paula dijo...

Vale, vale. Me vale :D Gracias.

Venga, voy a decir por qué lo digo... Es que en Las ciegas hormigas también utiliza un narrador en primera persona (aunque alternando diferentes personjes en secciones cortas), y en mi humilde opinión lo utiliza de una manera torpe y entorpecedora. Los personas dicen cosas como: "Estoy cosiendo los botones del abrigo" (ejemplo tonto). Como una mera descripción de la acción que el personaje está llevando a cabo en ese momento, que quedaría muchísimo más natural en boca de un narrador en 3ª persona. En algunos casos, me parece, como tú dices, Santi, que intenta darlo todo mascadito: "Mi tío acaba de salir por la puerta para ir a no sé dónde". ¿Por qué no dejar que el lector, que no es tonto, se dé cuenta de que la escena del tío ha ocurrido poco antes por sí solo y por detalles más sutiles?

No sé si me explico.

Vaya chapa.

Santi dijo...

Pues sí, ahora que comentas esto, me acabo de acordar de una cosa que me chocó ya cuando la leí: se supone que, durante la sección central, estamos leyendo los pensamientos de Rogelio Cerón, el protagonista: están narrados en primera persona, en presente, y un diario no es, porque el personaje no tiene cómo ni dónde escribir. Y de repente, llega un punto en que el personaje dice/piensa: "dejo pasar ocho años en los que no ocurre nada interesante". ¿Cómo? ¿No se supone que estábamos presenciando "en vivo" lo que pasa por la cabeza de Rogelio? La respuesta debe ser que no, obviamente: que lo que estamos viendo es una versión manipulada (por el propio Rogelio, pero también, demasiado evidentemente, por el escritor). Es decir, que el estatuto de la narración (quién la produce, cuándo, en qué condiciones) queda indefinido, y por momentos chirría.

Aparte de esto, como comentaba antes, sí, a veces da la impresión de que Pinilla se fía poco de su "lector implícito": le quiere dar las cosas demasiado mascadas. Esta impresión a mí solo me la dio en la parte final, que casi se parece a esas letras que salen al final de las películas donde dice "Michael Murphy cumplió condena en la prisión X; hoy vive en Nueva York y tiene tres hijos".

Que conste que como novela me sigue pareciendo un novelón; pero la técnica narrativa a veces patina un poco, diría yo...