jueves, 18 de marzo de 2010

Louis-Ferdinand Céline: Viaje al fin de la noche

Idioma original: el de los franceses
En su idioma se titula: Voyage au bout de la nuit
Lo publicaron: en 1932
Lo valoro como: Imprescindible

A Dios pongo por testigo que me acabo de quedar sin tildes. Es por un virus de esos del cyber-espacio. Y bueno, puedo esperar a mañana para escribir esta reseña desde otro ordenador, pero la cosa es que deseo hacerlo esta noche, por lo que voy a tratar de escribirla como pueda, es decir: sin tildes. Me parece un reto: voy a hablarles de Viaje al fin de la noche sin poner ni una tilde, aunque mañana voy a tener que hacer una pequeña trampa para colocarle la dichosa plumita al apellido de escritor, eso no se puede evitar. Lo contrario es faltar al respeto a Louis-Ferdinand. En fin...

Venga, adelante.

Lo primero de todo, no voy a mencionar los jaleos que provocaron tres panfletos publicados por el escritor en sus tiempos, los cuales, pese a ser antibelicistas, eran, asimismo, claramente antisemitas. Nada de hablar de tal suceso...Y por tanto, menos tildes que esquivar.

Lo segundo es que aviso desde ya que para escribir esta reseña voy a tener que desgranar parte del argumento porque para hablar al lector apropiadamente de Viaje al fin de la noche es inevitable mencionar los peculiares lugares por los que el protagonista pulula; pero si los enemigos de los spoilers se disgustan por ello, mejor que no sigan leyendo...De todos modos, he de decir que lo verdaderamente revolucionario de esta obra, y lo que la caracteriza, es su lenguaje descarnado, popular e hiriente, el cual ha servido de clara influencia a posteriores autores hartos del formalismo y de las buenas maneras utilizadas hasta entonces para describir EL HORROR EL HORROR.
Ahora, aclarado este otro punto, sigo...

Considero Viaje al fin de la noche uno de mis libros de cabecera porque describe mejor que ninguno la pobreza moral que arrastra buena parte de los hombres que pueblan este planeta. Desde luego, el contexto en el que se ubica la trama es inmejorable para semejante objetivo: la guerra, la Primera Guerra Mundial, en este caso.

El protagonista es un joven doctor llamado "curiosamente" Ferdinand, tan ingenuo e inmaduro, que se enrola en la mencionada guerra; una vez dentro de sus entrañas, es testigo de toda clase de bajezas y aberraciones por parte de los manipuladores poderosos que dirigen las contiendas, seres que tratan de convencer a los pobres soldados que es honroso morir por la patria: una patria que ellos protegen desde confortables posiciones.

Desde luego, Ferdinand prefiere ser tachado de cobarde que perder su vida, y termina por acabar en el Continente africano, en la zona subsahariana, trabajando para cierta empresa que trata a los lugareños como cucarachas. De nuevo asqueado por el medio que le rodea, el joven doctor, al que le dio tiempo en sus horas de soldado a enamorarse de una americana llamada Lola, acaba emigrando a los Estados Unidos con sus esperanzas amatorias y humanas mermadas. Sin embargo, en la tierra de las oportunidades, descubre que sin padrinos su valor se reduce a cero, y que la forma de ocio que propone ese lugar es el cine, un mundo de hermosas falacias que atonta los sentidos.
Antes de volver definitivamente a la capital de su patria, Francia, mencionar que cae en los brazos de una prostituta (que al menos es) real como la arenosa existencia...
Una vez asentado en su ciudad, se dedica a ejercer la medicina en un barrio marginal donde la cotidianidad alcanza niveles de fealdad insospechados.

Viaje al fin de la noche es, pienso yo, un libro que posee grandes atributos tanto a nivel literario como humanista, aunque no es muy apropiado para los lectores que busquen evadirse a territorios de ensueño, romance y finales ejemplares que les saquen de su triste rutina: el amigo Louis-Ferdinand nos arranca, a base de una prosa de sulfuro, de las garras del atontamiento y nos escupe en la cara la cruda realidad.
Vivimos en una tierra muy hostil, amigos, aunque no tengamos acceso directo a sus zonas peligrosas.

Pues ya he terminado, juzguen ustedes el resultado, ¿me he expresado adecuadamente sin nuestra querida pluma de sombrero?

10 comentarios:

izas dijo...

Te has expresado claramente, Ian, incluso sin tildes :)

Sin embargo, a mí este libro siempre me ha parecido un clásico sobrevalorado. Lo leí hace ya unos cuantos años y no sólo me pareció de lo más pesado –creo que ésta es una de esas obras que serían mejores después de que les quitaran un par de cientos de páginas–, sino me quitó las ganas de volver a probar suerte con este autor.

Montuenga dijo...

A mí me encantó aunque creo que lo leí demasiado pronto y por eso, además de lo olvidado que lo tengo, seguro que no le saqué todo el jugo. Eso sí, me impresionó muchísimo.
Sobre lo que comentas, hasta el lenguaje es cómplice de lo políticamente correcto: hasta hace muy poco, en realidad, a los que cobraban por esa actividad se les llamaba despectivamente "mercenarios". Ahora, que ya no cuela ese rollo, se les denomina respetuosamente "profesionales". Pero es exactamente lo mismo.
Así que ya ves.

Jaime dijo...

Genial reseña, Ian! Has aplicado el noble arte de las contraintes de OuLiPo a la crítica literaria. Bravo!

Ian Grecco dijo...

Jejeje...¡me gusta eso de las contraintes!

Y si os digo la verdad, me apetece releer este libro, porque creo que, como Montuenga,era demasiado joven cuando hice la primera lectura de lo que mi madre no se cansa de llamar "esa maravilla"...

Y es interesante que personas con buen criterio como Izas opinen que se trata de algo sobrevalorado o pesado.

Ah, por cierto: sigo sin tildes...

Maese Salakov dijo...

A mí me encantó "El viaje al final de la noche". Y puestos a transmitir el horror de la África de la época, lo prefiero mil veces a "El corazón de las tinieblas" de Conrad...

Y más deprimente incluso que éste, aunque menos famoso, es el "Muerte a crédito", también de Cèline. Horriblemente genial. Léalo, señor Ian, que lo va a flipar...

Por último, un saludo a Bukowski que hizo a la Muerte buscar a Cèline en su "Pulp" y fue lo que me condujo a él...

Y eso.

Anónimo dijo...

Eres increíble. Estuve buscando a lo largo de toda la lectura una tilde.......

Ian Grecco dijo...

¡Muchas gracias, Anónimo!

Anónimo dijo...

Hola, acabo de leer el libro. Es una bofetada. Lo leí con un lápiz para subrayar frases y fragmentos que me han impactado. Es muy lúcido, y eso es lo más triste. Celine tenia poca fe en el ser humano, muy poca fe. Pienso que cuando lo tacharon de antisemita se equivocaban, era antihombres. Supo ver la parte más oscura de todos nosotros y lo reflejó con un lenguaje a veces tan soez como la sensación amarga que te deja. Lo recomendaría sin dudarlo un momento.

José Luis García Sánchez dijo...

Una duda acerca de la traducción: no sé si la versión original concuerda con el habla francesa de 1915, pero ¿no suena como a una época más reciente el argot que se ha empleado en español?

Anónimo dijo...

Hola , señor jose luis la copia que leo es una de carmen kurtz y es argot un poco viejo incluso para el Madrid de hoy , es lo que tiene eso de las versiones y las traducciones al castellano los millones de hablantes en el mundo yo soy colombiano tengo 17 años y entendi algo de la jerga de madrid cuando estuve recien gracias a la tve y algunos amigos madrileños pero y para el que no puede y le toca leer a louis ferdinand por medio de carmen kurtz siendo latino ud que me dice(tampoco tengo acentos es por el teclado )