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sábado, 21 de marzo de 2026

Jordi Sevilla: Manifiesto por una democracia radical

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Está bien


Mientras escribo esto, hace ya algún tiempo, me entero de que Jordi Sevilla, que fue ministro y asesor del expresidente Rodríguez Zapatero, está presentando un manifiesto (que no es este del que vamos a hablar) de carácter crítico con la trayectoria reciente de su partido, lo que, como era de esperar, le ha supuesto empezar a recibir palos de algunos dirigentes poca dados al debate y la reflexión. Así que parece que a nuestro autor de hoy le gusta eso de escribir manifiestos y presentar propuestas o puntos de vista personales sobre la política, el mercado, el socialismo o la situación internacional, lo que se puede corroborar observando su bibliografía de los últimos diez o quince años.

El pasado 2024 Sevilla publicó este Manifiesto por una democracia radical de sonoro título que, qué quieren que les diga, tiene el aspecto de algo refrescante y vitamínico en este comienzo de 2026 cuando todo parece encresparse hasta el límite, vemos tambalearse la convivencia y desaparecer las estabilidades de décadas pasadas, arrastradas por la polarización, la corrupción y la mentira. Sin ánimo de ponerme apocalíptico, cuando los adversarios o discrepantes se convierten en enemigos a eliminar (aunque sea, de momento,  políticamente) y el mundo pasa a ser gobernado por payasos sin escrúpulos y con muchas armas, que alguien hable de recuperar principios y superar trincheras merece por lo menos unas horas de lectura.

Lo más valioso del libro es en mi opinión el análisis, que seguro que Sevilla ya ha expuesto en algún texto anterior, sobre cómo hemos llegado hasta aquí. Me parece brillante su exposición sobre la ‘revolución’ conservadora de los años 80-90 del siglo pasado, el derrumbe del sistema soviético y la convicción, bastante generalizada, de que finalmente el capitalismo (en su versión más feroz) había finalmente triunfado en el mundo. Desregulación y globalización traerían progresivamente y de manera natural la democracia al mundo entero, y así, tan sencillo, parecía llegado el ‘fin de la Historia’. 

Otra cosa es que todo esto, que tampoco tenía en cuenta la cultura y la idiosincrasia de más allá de las fronteras de Occidente, se fuese fraguando en manos de un mercado salvaje que no tardó mucho en reventar las costuras con la crisis financiera de 2008, que dejó millones de damnificados en las clases medias y trabajadoras, germen de algunos fenómenos que después han seguido engordando. El principal de ellos el populismo, al que el autor dedica buen número de páginas, y sobre el que no creo necesarias mayores explicaciones: también de izquierdas, pero sobre todo de ultraderecha, es una ola que recoge el descontento que se había ido enquistando y, con tintes mesiánicos y eslóganes sencillos dirigidos a lo emocional, provocan la polarización cada vez más extrema, con el disparate, el alarido y el eslogan como guías de la acción política.

Me sorprende hasta cierto punto que el libro ignore prácticamente por completo fenómenos de nuestro tiempo que han podido también contribuir (en realidad o como excusa) a este auge del populismo, como el terrorismo islamista o los movimientos migratorios, pero quiero entender que Sevilla ha querido ser muy cauteloso con estos temas, sabedor de que en su target lector (gente progresista, liberales, con ciertas convicciones humanistas) son asuntos que pueden resultar bastante espinosos.

Pero claro, lo que nos interesa son sobre todo las recetas, la fórmula para avanzar hacia eso que llama democracia radical, que suponemos que es un estadio evolucionado del viejo sistema occidental, la democracia parlamentaria, liberal, el Estado de Derecho, un paso adelante para recuperar sus principios básicos y la conexión perdida con la ciudadanía. La verdad es que aquí el Manifiesto se pone un poco melifluo y no ofrece novedades demasiado llamativas: mayor transparencia y supresión de privilegios de los políticos, avances en la igualdad social para que la democracia tenga una base real, profundización en el feminismo, búsqueda de consensos contra el cambio climático, liberación del mandato imperativo, correcciones en el mercado para reducir la desigualdad, gobernanza transnacional (¿¿¿¿????). 

Salvo algunas alusiones más concretas referidas específicamente a España (ciertos cambios constitucionales) todo suena a generalidades tantas veces escuchadas, derroche de voluntarismo idealista, todo bien razonado y a veces innecesariamente repetido, pero con escaso anclaje con la lamentable realidad actual, como sacar la paloma con la rama de olivo y entonar himnos a la paz en medio de una lluvia de misiles. Creía uno, ingenuamente desde luego, que se podría encontrar alguna propuesta, ideas que invitasen a engancharse a una posibilidad de salir de este marasmo, una luz entre el humo que se vende y el fango de la sobreactuación, pero me temo que si queremos algo más que buenas intenciones habrá que buscar en otros sitios. 


miércoles, 18 de marzo de 2026

Agustín Alonso G.: Demarquía

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable

España. Año 2026 + x (siendo 10<x<20, aprox). El hartazgo que llevó al 15-M y al auge de la extrema derecha ha dado paso a la demarquía, sistema político por el cual los representantes del pueblo son elegidos mediante sorteo puro y duro, aunque el Presidente del Gobierno sigue siendo elegido mediante votación "al uso". 

Este punto de partida nos puede traer a la cabeza a Jose Saramago (Ensayo sobre la lucidez) o a Michel Houellebecq (Sumisión) y nos puede llevar al terreno de la utopía, de la distopía o de la ficción política, pero esto no sería del todo correcto porque, transcurridas unas páginas, el autor pone el foco en algunos de los parlamentarios electos y en sus circunstancias personales, lo que hará que la novela tome la vía balzacquiana o galdosiana. 

Por lo tanto, la obra de Agustín Alonso retrata la realidad social y política del país (sí, alguno dirá que es una novela woke porque en la novela hay negros, homosexuales, etc pero esto ya no es el país uniforme de hace unos años, chavales) haciendo que personajes de diversas edades, procedencias geográficas y sociales, ideologías, etc ocupen el centro del texto. De hecho, y aunque no sé yo si el autor estará muy de acuerdo, creo que Demarquía es una "novela de personajes".

En cualquier caso, el componente político es innegable, tanto es así que será el avance en la tramitación de una nueva Ley de Educación el hilo conductor que hará los personajes interactúen y se vean sometidos a presiones o tensiones que determinarán su comportamiento.

Sea como fuere, y metamos Demarquía en el saco que queramos meterlo, se trata de una utopía convertida en tragicomedia que mezcla hábilmente la ficción política con el retrato social y que posee una serie de virtudes a tener en cuenta:

  • ambición. No se llevan demasiado las novelas de 400 páginas y con muchos personajes. Tendemos a lo breve, pero a mi estos intentos "totalizadores", aunque puedan tener sus defectillos, me parecen dignos de alabar
  • personajes. Por lo general, los persanajes de Demarquía me parecen bien construidos en lo "argumentativo" y creíbles en sus voces. Su evolución resulta razonable y su actuación ante los acontecimientos de la novela es coherente.
  • lo posmo. Demarquía es parcialmente una novela decimonónica (ojo que esto no es peyorativo, ni mucho menos), pero enlaza con la modernidad gracias a la inserción de artículos, noticias, transcripciones de sesiones parlamentarias, etc que están plenamente justificadas en el desarrollo de la trama.
  • el guiño a los thrillers políticos setenteros, aunque no esté por aquí Robert Redford.
En la parte menos positiva dejo tres apuntes:
  • cierta tendencia a la sobreadjetivación en la parte inicial, relacionada con la presentación de personajes.
  • algunos personajes algo descafeinados. Cuando uno opta por meter tantos personajes existe el riesgo de unos "se coman" a otros. Aquí ocurre, creo yo, pero es producto de esa ambición de la que hablaba.
  • la parte más estrictamente "burocrática", que creo que rompe en parte el ritmo de la novela.
A pesar de estás "pegas", completamente subjetivas, me queda la sensación final de una novela recomendable que, como suele ser habitual, ha pasado bastante desapercibida. ¡Aún estamos a tiempo de arreglarlo!

P.S.: Tenía una entrevista grabada con Agustín que se ha perdido en el cementerio de discos duros. Una hora de charla de lo más interesante que queda para otra ocasión. A cambio, podéis escuchar el podcast del autor: El libro del año

martes, 3 de marzo de 2026

Herbert Marcuse: El hombre unidimensional

Idioma original: inglés

Título original: One-dimensional man

Traducción: Antonio Elorza

Año de publicación: 1964

Valoración: Arduo, pero interesante


Allá por los años 60-70 del siglo pasado Herbert Marcuse fue un personaje venerado en el ámbito de la izquierda, donde se empezaba a ver con claridad la necesidad de una renovación, postulados con los que adaptarse a los cambios sociales y alejarse del mundo esclerotizado del stalinismo y sus continuadores. Marcuse era, o así se quiso ver, la simbiosis perfecta entre Marx y Freud, el socialismo clásico visto desde otra perspectiva.

El hombre unidimensional es uno de los primeros trabajos de este filósofo de la Escuela de Frankfurt, y su interpretación (quizá algo sesgada, seguramente muy parcial), junto con otras aportaciones de pensadores de la época, de alguna manera señaló el camino a los poderosos movimientos que iban a irrumpir a finales de los 60.

Marcuse analiza en profundidad la sociedad industrial avanzada, ese mundo en el que, aunque de manera muy embrionaria para lo que después estamos viendo, se atisbaba la irrupción masiva de las máquinas en el proceso productivo. En ese análisis encuentra cosas, como la existencia de una alienación basada en la creación de necesidades artificiales que ‘hacen la servidumbre agradable y quizá incluso imperceptible’, de manera que el individuo se muestre dócil y hasta  agradecido por ese nivel de bienestar, de manera que no incomode al sistema. Sustituyamos los ejemplos de Marcuse por los nuestros, radio y Tv por redes sociales y wifi, cadena de música por experiencias de fin de semana, lavadora por air frier, y tendremos un diagnóstico certero de la situación actual en las sociedades avanzadas: satisfacción de ‘necesidades’ materiales a cambio de no cuestionarse nada. 

Aquella conciencia feliz del obrero satisfecho con su maquinita impide distinguir entre lo real y lo percibido, y se pasa de ser esclavo del señor feudal a esclavo de las circunstancias objetivas del mercado, o de lo que algunos dicen que son esas circunstancias objetivas. Y el lenguaje es uno de los instrumentos más poderosos para inyectar convicciones y hacer funcionar la anestesia.

El uso del lenguaje y la importancia del pensamiento filosófico en su análisis consumen buena parte del libro que, no lo olvidemos, se mueve en el campo de la filosofía y por tanto se muestra generalmente árido y cuajado de conceptos abstractos no fáciles de digerir.

Marcuse no era un visionario, no era la suya una mirada prospectiva hacia el siglo XXI, mucho más sencillo: estaba describiendo la sociedad de su tiempo, inicios de los años 60. Lo impactante es entonces hasta qué punto los mecanismos son los mismos y la situación idéntica, tal vez exacerbada, con la diferencia de que aquellas taras que él mismo, entre otros, contribuyó a desvelar no han provocado ahora movimientos hippies, pacifistas o contestatarios, sino la búsqueda de soluciones populistas y autoritarias.

Como es habitual en el gremio de los pensadores, el autor no ofrece recetas para superar la situación, apenas ideas más o menos vagas, como la necesidad de redefinir las prioridades o de preservar el pensamiento crítico, nada demasiado novedoso o que no se haya repetido una y mil veces durante el medio siglo largo que ya ha transcurrido desde la publicación del libro. Aunque tuviese clara la necesidad de un cambio de rumbo, de una ruptura del sistema, el mismo Marcuse no parecía tener nada claro que ese hombre que ha sido ‘objeto de una dominación efectiva pueda crear por sí mismo las condiciones para la libertad’. Le deja a uno algo descolocado la sinceridad de esta duda, pero seguramente esa desconfianza es buena muestra de su clarividencia, porque con toda probabilidad el ser humano sigue siendo hoy en día tan unidimensional como el que conoció Marcuse, puede que más. 


miércoles, 14 de enero de 2026

Pedro Torrijos: Catedral de escombros

Idioma: español

Año de publicación: 2025

Valoración: recomendable... quizás

Para quien nos lea desde fuera del Reino de España, hay que explicar, por si no lo saben, que el 29 de octubre de 2024 se produjo, cerca de la costa mediterránea, una Depresión Aislada a Niveles Altos o DANA  que provocó unas violentas lluvias torrenciales y éstas una riada catastrófica que arrasó varias localidades de la provincia de Valencia, sobre todo las situadas en la periferia sur de la capital. El resultado fue, además de los enormes costes materiales, la pérdida de 230 vidas humanas, muchas de las cuales, sin duda, podrían haberse salvado de haberse dado a tiempo la alarma prevista para casos así. Este penoso suceso es el que sirve de hilo conductor al arquitecto, divulgador y escritor Pedro Torrijos para guiarnos, en este pequeño ensayo, por un recorrido geográfico e histórico peculiar: el que transcurre por grandes desastres en los que la arquitectura o la ingeniería fallaron -o, casi peor, no lo hicieron, en algún caso- produciendo la muerte de miles de personas.

De esta forma, nos lleva a diversos escenarios catastróficos de los últimos 70 años, que ocuparon primeras planas en los periódicos y muchos minutos de telediario, aunque, en algunos casos, ya han sido olvidados fuera de las localidades donde sucedieron: desde el derrumbe del Rana Plaza en Bangladesh, en 2013, al de los almacenes Sampoong de Seúl, en 1995; del derrumbe de la presa francesa de Malpasset en 1959, al no derrumbe de la de Vajont, en Italia, cuatro años más tarde -lo sí que se derrumbó, sobre el embalse, fue la montaña adyacente, provocando una ola de 250 metros de altura que sobrepasó la propia presa-; del derrumbe del techo del teatro Knickerboker de Nueva York, en 1922, a, en España (aunque seguramente sería fácil encontrar ejemplos similares por todo el mundo) el del restaurante de la urbanización de Los Ángeles de San Rafael, en 1969. Por no obviar otra tragedia ligada al agua, en Valencia: la crecida del río Turia en 1957. La narración de todos estos sucesos, siempre bien aderezada por los comentarios, disquisiciones y digresiones sobre temas variados que le van surgiendo en el relato: desde la necesidad, precisamente, de explicar lo que ocurre por medio de un relato, hasta disquisiciones arquitectónicas o históricas. Es verdad que a veces parece irse un poco por las ramas, pero siempre retoma el hilo y, además, esta forma  de contar es característica de este autor, como sabrá quien haya leído algún otro de sus libros o lo siga en las redes sociales.

Ningún problema por mi parte, sin embargo. Otra cosa ocurre cuando se refiere al desastre que abre libro y al que vuelve de forma recurrente a lo largo del libro, la riada del 29 de octubre de 2024. En el cuarto capítulo, titulado, apropiadamente, La culpa y el espectáculo, hace un repaso de todas las culpas que se han atribuido, desde diferentes ámbitos, acerca de lo sucedido. Es verdad que hay algunas "culpas" que el propio autor desestima como absurdas, como las que se echaron -interesadamente, añado yo- sobre la Agencia Española de Meteorología -AEMET- o la Confederación Hidrográfica del Júcar. O incluso el propio sistema democrático, así en conjunto... Pero cuando menciona a los otros posibles responsables más directos, como el Gobierno de la nación y el Gobierno de la Comunidad Valenciana, se diría que pone la responsabilidad de ambas instituciones en el mismo plano, cuando no fue así, en absoluto. Y, lo que es peor, que quienes atribuyen estas responsabilidades o culpas, si se quiere, a unos y a otros también están en el mismo plano, cuando en un caso se trata de las familias de las víctimas y afectados de esas localidades -y el pueblo valenciano, en general-, mientras que, por otro lado, pueden ser, perfectamente, trols agitadores de la ultraderecha o incluso partidos políticos que tratan de aplicar la estrategia del calamar creando una nube de tinta. O, peor aún, de mierda. No son lo mismo, para nada, pero claro, ya se sabe -se explica anteriormente en el libro- que los humanos necesitamos encontrar culpables para poner punto final y procesar las desgracias que nos ocurren y tal y cual... No es porque haya una necesidad de justicia cuando hay muertos provocados por la incompetencia, en el mejor de los casos, de los responsables de que esa desgracia no ocurra o, cuando menos, provoque los menos daños posibles, no, qué va...

Además, en el epílogo viene a decir que la alarma que debió emitir a tiempo el Gobierno de la Generalitat Valenciana  y que se hizo con fatal retraso, cuando ya había decenas de fallecidos, en realidad tampoco hubiera servido de mucho, por la saturación de señales, noticias, avisos de todo tipo a las que estamos sometidos hoy en día. Ya que, según el este libro, "si hemos llegado hasta este punto quizá no se trate de fabricar más sirenas, sino de aprender a distinguir el silencio. Porque a veces el problema no es que falte la señal, sino que no sabemos cuándo ha empezado a sonar. O peor, que suene todo el tiempo". Pues puede ser, pero en este caso no sabemos lo que habría pasado de emitirse a tiempo, puesto que ni hubo señal ni sirena ni nada de nada... Porque en la tarde del 29 de octubre del 2024 el entonces señor presidente de la Generalitat Valenciana, el (muy poco) Honorable don Carlos Mazón, que debía autorizar esa alarma, estuvo varias horas pasándoselo pirata en el reservado de un restaurante junto a una atractiva señora y haciendo caso omiso de las informaciones de que algo grave estaba ocurriendo. Y la siguiente en el escalafón que podía haber autorizado la alarma, la señora consejera doña Salomé Pradas (hay que señalar que Torrijos no da ningún nombre... al menos en este tema) resultó ser una incompetente e irresoluta incapaz de tomar ninguna decisión por sí misma, no fuera a ser que la movieran de la silla.  Luego sí que hubo responsables y aun culpables, señor Torrijos. Que yo entiendo que no se quiera mojar demasiado porque el asunto todavía está en proceso judicial y, por supuesto, nadie ha sido condenado (todavía), pero tampoco me parece de recibo escribir un ensayo sobre esta tragedia, un año después de lo ocurrido e irse por los cerros de Úbeda, como si estuviéramos hablando sólo a nivel teórico, de una hipótesis de trabajo o un suceso acaecido hace mucho tiempo y muy lejos -peor aún: en el resto de casos que menciona, sí que da nombres de arquitectos y constructores, sin ningún problema, incluyendo, cómo no, al ínclito Jesús Gil-... En fin, que se puede ser cauto y eso es respetable e incluso aconsejable, pero ante todo hay que ser lo suficientemente honesto para no andar templando gaitas en un asunto así, que después puede haber malentendidos... Ahora bien, como, por mi parte, yo también intento serlo (y sin ánimo de templar nada), no quiero acabar la reseña sin reiterar que, en todo lo demás, este libro está muy bien.

Nota final: no me extrañaría que en los comentarios aparecieran los (o el) anónimos de costumbre quejándose de que ya estamos otra vez hablando de política y que si patatín y patatán... Dejando aparte de que, por lo que sea, sólo suele haber quejas desde un punto de vista "extremocentrista", por decirlo así, el libro habla de un suceso y unas responsabilidades (políticas, aunque yo espero que también penales) ocurrido en Valencia hace menos de quince meses... ¡Qué coño, pues claro que hay que hablar de política, que no vivimos en una urna de cristal! Y entonces se trató de una riada en l'Horta Sud de Valencia, pero también puede ocurrir en otros sitios. O que se produzcan unos incendios en Castilla y León o Galicia, una nevada en Madrid o una incluso pandemia mundial... Más nos vale estar un poco más atentos a lo que hacen nuestros dirigentes y no cogérnosla tanto con papel de fumar, ni siquiera en un blog que habla de libros, porque nos jugamos la vida, literalmente...

También de este autor en Un Libro Al Día: Territorios improbables

sábado, 27 de diciembre de 2025

Alison Bechdel: Consumida

Idioma original: inglés

Título original: Spent

Año de publicación: 2025

Traducción: Rocío de la Maya Retamar

Valoración: muy recomendable

Última novela gráfica, hasta la fecha (me cuesta un poco no llamarla cómic, por razones que ya explicaré), de la célebre autora Alison Bechdel, de carácter, si no autobiográfico, como el resto de su obra o al menos la que yo conozco, sí que autoficcional... En verdad, esto de una "novela gráfica autoficcional" debería echarme para atrás, pero, en este caso, no sólo no lo ha hecho sino que ha resultado ser una de mis lecturas más divertidas del año. Además de esta feliz e incluso sorprendente circunstancia, otros motivos me decidieron a leer este Consumida:

  • El buen recuerdo que tenía de la obra más célebre de Bechdel (aparte de la tira cómica Unas lesbianas de cuidado, en la que apareció el ahora conocido como "test de Bechdel"... y entonces sólo un chiste), la muy recomendable Fun Home... aunque no sea, sin embargo, la alegría de la huerta como novela gráfica, sino todo lo contrario.  No obstante, he de reconocer que se me hizo bola el anterior libro de esta autora, El misterio de la fuerza sobrehumana y no llegué acabarlo (menos aún a reseñarlo).
  • El hecho de que en el concepto autoficcional de este libro pese más, creo, la parte de "ficción" que la de "auto". Es cierto que la protagonista principal es una dibujante llamada Alison Bechdel, de aspecto similar al de la autora y que vive, en gran medida, de las rentas generadas por el libro sobre su relación con su padre -sólo que aquí el padre no es funerario, sino taxidermista y la historia se ha acabado convirtiendo en una serie de televisión de gran éxito-; por lo demás, el resto de personajes y sus circunstancias vitales resultan ser, al parecer una mezcla entre la elementos reales y otros debidos claramente a la ficción -como algunas amigas rescatadas de la tira cómica que he mencionado antes-: la Alison del libro vive en una granja de la muy progresista Vermont, en la que mantiene un santuario de cabras enanas, junto a su mujer, Holly, gran amante de la vida rural y que se convierte en toda una influencer para ese nicho de público internetero. Ambas llevan una vida de lo más hogareña, pero no autosuficiente, puesto que compran un montón de cosas por Amazon o, en el otro extremo, en una cooperativa local de productos orgánicos escandalosamente caros.

Por lo demás, les amigues de la pareja son una pandilla de boomers izquierdistas que residen en una cooperativa mixta de vivienda compartida -una especie de comuna para sesentones, para entendernos-, preocupades por el activismo político, el poliamor, las identidades de género, el multiculturalismo, veganismo... en fin, ya sabéis, el surtido completo. Pero, sobre todo, por mantener su coherencia ideológica a ciertas edades y en ciertas coyunturas, puesto que la trama de la historia se sitúa en la época postpandémica, durante la última parte del mandato de Biden, cuando el trumpismo amenazaba con arrasar de nuevo EE.UU. Porque si el universo woke se ve aquí satirizado, aunque sea de forma amistosa, lo mismo ocurre con su contrapartida MAGA, representada por la figura de la conservadora hermana de Alison, Sheila, antiabortista y creadora de "arte con semillas" (como suena). El contraste entre ambas visiones políticas no hace sino alimentar la paranoia de Alison, presentada como un personaje un tanto "woodyallenesco" (el de antes de su cancelación por motivos un tanto resbaladizos, quiero decir); a su bloqueo creativo (= procrastinación galopante) se le une el bombardeo continuo de noticias sobre el desastre al que está abocado el mundo y su país en particular. De todos modos, las ideologías y sus derivaciones no son los únicos ámbitos que reciben la ironía de Bechdel; lo mismo ocurre con el de la producción de series televisivas o la tiranía de las redes sociales.


Esta ironía, o quizás sería mejor hablar de una retranca amable, se convierte en el tono general que recorre todo el libro, ya desde el propio enunciado de los títulos de su capítulos, sacados de El capital de Marx -debido a que la Alison de ficción trata de escribir un libro para combatir el "capitalismo tardío", ayudándose del tratado de Marx... del que sólo llega a leer el índice-, mientras que las protagonistas están metidas en la misma vorágine de superficialidad y consumismo que el resto de sus conciudadanos y que el mundo occidental, en general. No obstante, uno no puede dejar de sentir simpatía por los personajes -sobre todo por Alison-, pese a sus indecisiones, contradicciones, divagaciones y dudas... O precisamente debido a todo esto. Bechdel no se ceba con sus personajes, entre otras cosas porque el que está basado en ella misma es el primero en quedar en evidencia, por lo que, por ridículos que pueda presentar los comportamientos ajenos, no se considera por encima de nadie... Así, el mensaje final que nos queda es el de que las cosas pueden pintar mal y el mundo ser endiabladamente complicado para quien tenga la voluntad de cambiarlo a mejor, pero siempre les -nos- quedará la amistad, la cooperación, el respeto y los lazos comunales para resistir la tormenta hasta que llegue un tiempo más propicio. Y el humor, por supuesto, que es la base sobre la que se asienta todo el libro y que consigue que se lea no ya con complacencia, sino con auténtica diversión. De ahí lo que comentaba al principio; cierto es que esta obra debería considerarse una novela gráfica, en tanto que es autoconclusiva, pero, por su tono humorístico, no puedo por menos que verla como un "cómic", en el sentido más amplio del término.


Otros títulos de Alison Bechdel reseñados en Un Libro Al Día: Fun Home¿Eres mi madre?

martes, 23 de septiembre de 2025

Iñaki Gil: Arde París

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Está bien


Es probable que ocurra en casi todos los países, al menos en Europa, pero pienso que en nuestro vecino del norte la encrucijada histórica y política se manifiesta ahora mismo con una crudeza especial. La alta tasa de inmigración y su concentración en lugares muy concretos, la desertización industrial de amplias regiones, y la tendencia creciente a apostar por los populismos han convertido Francia en un polvorín donde chocan cada vez con más fuerza antagonismos clásicos y modernos: grandeur y déclinisme, europeísmo y nacionalismo, extremismos mutantes, la tierra de asilo y el gran reemplazo, el laicismo republicano y los fanatismos más feroces.

El periodista Iñaki Gil, durante años corresponsal en París y por tanto se supone que buen conocedor de la realidad francesa, ofrece un repaso a las circunstancias sociales y políticas que conducido a la situación actual, lo que, con sesgo digno de clickbait, llama la Nueva Revolución francesa. Con un orden expositivo algo cuestionable, empieza centrándose en la inmigración, que ha ido creando ghettos en los extrarradios de las principales ciudades, y muy especialmente en París. Jóvenes de segunda y tercera generación, junto con los recién llegados, forman enormes colectivos con problemas obvios de identidad cultural, a veces seducidos por el integrismo islámico, y casi siempre sin ninguna perspectiva de futuro. De todo ello se siguen problemas graves de inseguridad y, claro está, la aparición de la extrema derecha lanzando la caña, asuntos todos ellos que más adelante se irán tocando parcialmente.

Al mismo tiempo (no soy capaz de decir si como causa, como consecuencia, o al margen) la desaparición/distorsión de las ideologías, fenómeno de alcance mundial, deja a los electores a merced de los populismos (demagogia, soluciones fáciles a problemas complejos), y a los partidos tradicionales prácticamente fuera de combate, o de alguna manera autoexcluidos, que también. En esta confusión surgen movimientos autónomos muy potentes, algo muy francés, como el de los chalecos amarillos, muestra clara de descontento social que derivó en episodios de violencia. 

Estas son algunas impresiones personales sobre el tema, solo en parte apoyadas en el texto. Porque, aunque en principio pudiera pensarse lo contrario, no hay que pretender buscar en el libro una elaboración teórica coherente sobre la situación social y política francesa. En realidad se trata más bien de apuntes sobre cuestiones más o menos inconexas, donde tienen cabida demasiados chascarrillos (las amantes de los últimos presidentes, las peculiaridades del matrimonio Macron, la familia Le Pen y sus ramificaciones), contado todo ello con un lenguaje muy periodístico, rápido y directo, que bordea a veces el amarillismo. Este estilo, que puede tener un pase en el ámbito de la prensa (depende de gustos), me parece que entona claramente peor en un libro, que en mi opinión pediría más reflexión y elaboración que acumulación de cifras, datos demoscópicos o detalles vistosos. Y claramente la falta profundidad y un mínimo de estructura expositiva.

Sin perder de vista estas carencias, y pasando un poco por alto informaciones irrelevantes, la verdad es que la lectura del libro aporta algunos datos con los que completar la idea que podamos tener sobre la situación política y social más allá de los Pirineos. Hablamos de un país complejo, uno de los pesos pesados de Europa, con algunos valores firmemente asentados aunque interpretados de formas muy divergentes, donde las pugnas fundamentales del siglo se están manifestando con mayor fuerza, y cuyo futuro, en un plazo no lejano, podría abrir a sus vecinos puertas que a lo mejor deberían permanecer cerradas.


domingo, 14 de abril de 2024

Manuel Azaña: La velada en Benicarló

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1939

Valoración: Muy recomendable


Apenas unos meses después del levantamiento del 18 de julio, y ante la proximidad de los sublevados a Madrid, Manuel Azaña, presidente de la República, fija su residencia entre Valencia y Barcelona. Precisamente allí, en Barcelona, escribe La velada en Benicarló, reflexionando sobre la guerra que, aunque todavía duraría dos años más, empezaba a tener una perspectiva bien oscura para la República. La reflexión se hace extensiva a aspectos más amplios hasta constituir una especie de testamento político en el que Azaña expone sus convicciones sobre cómo debe funcionar un régimen democrático, el valor de la cultura y la necesidad de reconciliación. Hay un fondo de estupor y desesperación que recuerda a algunos pensadores del 98, y que también, claro está, entronca con el liberalismo jacobino que siempre profesó.

El texto tiene el formato de una charla entre diversos personajes, entre los que podemos distinguir al propio Azaña, junto a profesionales de diferentes tendencias dentro del arco político republicano. Podríamos ponerles nombres, en los que seguramente estaba pensado el autor, pero es lo menos importante. Aunque aparenta ser una dialéctica abierta, está claro que Azaña quiere transmitir, por encima de todo, su visión del momento.

Como fácilmente se deduce del hecho de estar escribiendo sus reflexiones al mismo tiempo que no lejos suenan las bombas, Azaña es, más que un político, un intelectual, lo cual siempre presenta el peligro de desconectar de la realidad social. Uno de sus personajes critica abiertamente que sueñe con ‘una República de gentes finas, sin muchedumbres, una República para la Academia de Ciencias Morales y Políticas’, republicanos de cátedra que hablan bajito y sorben tazas de té. Es consciente del reproche y no se defiende, probablemente porque es verdad. Por eso no entiende, o no puede sufrir, la salvajada, el descontrol, la ofuscación de los agresores pero también de algunos sectores rojos que defienden esa su República ideal, pero también otros objetivos que finalmente supondrían su propia negación.

Ante el panorama sombrío que se presenta, identifica los motivos por los que se puede perder la guerra: 

“La política franco-inglesa [de no intervención]; la intervención armada de Italia y Alemania; los desmanes, la indisciplina y los fines subalternos que han menoscabado la reputación de la República y la autoridad del Gobierno; por último, las fuerzas propias de los rebeldes”

La tercera de estas razones parece sumir a Azaña en el desencanto y la amargura: admite, admira y agradece el levantamiento popular contra los golpistas, pero la desorganización y la imposición de intereses partidarios han dado al traste, al menos en el momento en que escribe, con la capacidad de mando de los militares profesionales, quienes debían liderar una estrategia sólida como única forma de enfrentar la situación. Las milicias, los sindicatos y los comisarios políticos imponen sus criterios y a veces se boicotean o se enfrentan entre ellos. Cada uno hace, nunca mejor dicho, la guerra por su cuenta, y los momentos heroicos se quedan en episodios puntuales y poco relevantes para la defensa de la República. El pesimismo y tal vez la falta de energía del presidente alimentan, y quizá exageran, esa visión frustrante del momento.

Que nadie piense en equidistancias, Azaña es un ferviente republicano ya desde antes de la dictadura de Primo de Rivera, alguien que cree en un Estado moderno y en la posibilidad de la convivencia aunque en ese momento resulte algo ilusorio. Cometió errores graves y quizá anduvo escaso de capacidad para maniobrar en momentos difíciles, bien sea por sus propias limitaciones, o por lo explosivo de la situación. Pero es ante todo un demócrata que para detener la sangría y salvaguardar las libertades está dispuesto a casi todo. Como algunas otras (pocas) voces de la época, intenta mantener el conocido lema de “Paz, piedad y perdón”, con muy poco éxito desde luego. Una proclama tal vez demasiado ingenua, o un llamamiento desesperado por frenar el derrumbe.

Con su prosa algo decimonónica y un modo de razonar en abstracto tan lejano a nuestra política de hoy en día, el libro ofrece un punto de vista diferente, en buena parte ignorado al verse sepultado por las circunstancias, pero que merece mucho la pena conocerse. Y de paso deja otra reflexión que parece pensada a propósito para los tiempos actuales:

“A muchos españoles no les basta con profesar y creer lo que quieran: se ofenden, se escandalizan, se sublevan si la misma libertad se otorga a quien piensa de otra manera”


miércoles, 8 de noviembre de 2023

Hélène Carrère D'Encausse: Alexandra Kolontai

Idioma original: Francés

Título original: Alexandra Kollontai. La Walkyrie de la Révolution

Traducción: Lara Cortés

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable

Pese a haber sido, entre otras cosas, Gran Cruz de la Legión de Honor, miembro de la Academia Francesa desde 1991, Secretaria Perpetua del susodicha academia desde 1999 o Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales, Hélène Carrèrre D'Encausse es más conocida por estos lares por ser la madre de Emmanuel Carrère que por su propios méritos. Cosas de "la vida", ya sabéis.

El caso es que por fin nos estrenamos en esto de reseñar a Carrèrre D'Encausse y lo hacemos con esta magnífica biografía de Alexandra Kolontai, quien fuera la Comisaria de Pueblo de Asuntos Sociales (aka Ministra de Asuntos Sociales) allá por 1917-18 y la primera Embajadora de la historia.

Se inicial el libro con una breve introducción sobre la evolución de la situación política de Rusia en el siglo XX (decembristas, abolición de la servidumbre, Tkachov, Bakunin, Pugachow, crecimiento de la industria, conflictividad laboral y social, etc) que sirven para situar a Kolontai en su contexto histórico.

Tras esa introducción, Carrèrre D'Encausse entra en materia y nos cuenta la vida y obra de un personaje fascinante y contradictorio situado en un contexto histórico tan terrible, convulso y atrayente como la Rusia/URSS de 1905-1945. En esa narración se intercalan la vertiente íntima de la vida de Kolontai y su vertiente pública, en la que destaca su permanente implicación en políticas en favor de la mujer y su labor diplomática en Escandinavia a finales de los años 20 y en los años 30.

Tres son los aspectos que me gustaría destacar en lado más "genérico" del texto:

  • su ritmo (ya sabemos de dónde lo ha heredado Emmanuel). Si es que hay partes de libro que puedes ser leídas casi como un "thriller político"!!!
  • su carácter preminentemente divulgativo. No son necesarios grandes conocimientos a nivel "teórico" para seguir el texto. Un conocimiento e interés previo mínimo, sí, pero no ser un especialista en marxismo-leninismo, vaya.
  • su espíritu desmitificador aun sin dejar de reconocer los méritos de cada uno: Lenin no fue un santo (también había ahí un macho-alfa tirando a sanguinario), Kolontai no fue solo una ferviente feminista (en el fondo hay un ser contradictorio, con sus sombras, dudas y cuestionamientos (y ahora lo desarrollo más)), etc. 
Entrando algo más al detalle, me quedo con los capítulos que abarcan el período 1917-1939. Me parece que la autora dibuja muy bien el ambiente de esperanza, terror y paranoia que caracteriza la época y creo especialmente relevantes y reveladores cómo son y cómo van evolucionando las posiciones políticas e ideológicas (menchevique, bolchevique, oposición de izquierdas, stalinismo, etc) y su relación con el poder y sus máximos exponentes (Lenin, Stalin, Bujarin, Zinoviev, etc). Nos queda la duda de saber si Kolontai fue, en el fondo, un animal adaptativo, una revolucionaria sincera o alguien que, llegado el momento de las purgas y ejecuciones, solo buscaba sobrevivir. Quizá una mezcla de todo lo anterior.

En cualquier caso, lo que es indudable es que Alexandra Kolontai fue un personaje histórico con un poder de atracción bestial,  una mujer "en tierra de hombres" que abrió (o trató de abrir) caminos hasta entonces vedados para ellas y que Hélène Carrère D'Encausse nos la ha acercado a través de una biografía de lo más completa y altamente recomendable.

sábado, 14 de octubre de 2023

Boris Groys: Filosofía de la cura

Idioma original: Inglés
Título original: Philosophy of Care
Año de publicación: 2022
Traducción (al catalán): David Cuscó
Valoración: Está bien

Filosofía de la cura, de Boris Groys, es un ensayo bastante asequible. Presenta una prosa sencilla y fluida; asimismo, acota pertinentemente los conceptos que introduce, e incluso los revisita con frecuencia.

Por otro lado, no resulta complicado seguir su discurso general, aunque en ocasiones haga gala de tesis poco nítidas o argumentaciones farragosas. También entorpece al hilo conductor del conjunto un marco teórico inestable; Groys, además de filósofo, es crítico de arte, y en Filosofía de la cura desplaza algo abruptamente su foco de estudio desde el individuo y la sociedad a la cultura. 

Así pues, Groys habla en estas páginas, entre otras cosas, sobre historia, política, cultura y arte. Y lo hace desde el prisma de la «civilización actual», esa cuyo «objetivo supremo» es «la protección de las vidas humanas». Porque «la función principal» de «los Estados modernos» «es cuidar del bienestar físico de sus poblaciones». Qué bien suena esto, ¿verdad? Pues ya no tanto cuando lo complementamos con esto otro: «La obligación de estar sano es la exigencia básica y universal que se impone al sujeto contemporáneo».

Groys siente cierto apego hacia la cosmovisión nietzchiana (de la cual extrae la terminología de «amos y esclavos», «voluntad de poder», «eterno retorno»...), además de las lecturas y matizaciones que de ésta se derivan («lucha de clases»...). Pese a ello, elabora una exposición propia, que salpimenta igualmente, aunque en menor medida, con otros pensadores: Platón, Debord... 

Quizá se le podrían reprochar dos cosas al ensayo. En primer lugar, que su segunda mitad pone el foco, de forma un tanto abrupta, a cuestiones más concretas, olvidándose completamente del planteamiento más generalista inicial. También que los conceptos barajados, aunque acotados, parecen no ajustarse siempre a los contextos en que el autor los aplica.

Sea como fuere, Filosofía de la cura es una obra breve pero enjundiosa, compleja pero asequible, que solamente se ve lastrada por un par de defectos. Sin duda, merece la pena leerla para ver cómo de un planteamiento incial relativamente delimitado se pueden explorar multitud de ideas.

lunes, 18 de septiembre de 2023

Anthony Giddens: La política del cambio climático


Idioma original
: inglés
Título original: The politics of climate change
Traducción: Francisco Muñoz de Bustillo
Año de publicación: 2009
Valoración: Interesante

Después de leer un ensayo tan vital y optimista como En defensa de la Ilustración, de Steven Pinker, necesitaba aminorar mi estado de euforia; si hay algo en lo que todos los opinólogos del cambio climático coinciden, es que no está la situación – ni estará en un futuro próximo – para echar cohetes.

A pesar de tener ya quince años de antigüedad en el momento de mi lectura, y eso es mucho decir en este tema, el principal aliciente – para mí – de este libro respecto a otros volúmenes que podrían considerados como más o menos similares, es el enfoque político que aborda.

Partamos por el principio; el pensamiento central de la divulgación de Giddens es el que con una absoluta falta de humildad ha bautizado con su propio nombre, la paradoja de Giddens: “como los peligros que representa el calentamiento global no son tangibles […], muchos no harán nada […] al respecto”. Fenómeno del que muchos nos habríamos dado ya cuenta en su momento, pero no nos hemos molestado en bautizar.

Después de plantearnos semejante paradoja, el autor contextualiza: nos explica por encima las causas y orígenes del cambio climático, la crisis del petróleo, el uso del gas natural, etc. Se realiza una revisión somera sobre nuevas posibles fuentes de energía y sus presumibles dificultades de implantación, refiriéndose aquí tanto a las renovables como a las nucleares y termonucleares. 

Trata Giddens de abarcar múltiples visiones del tema, por lo que también da espacio a teorías escépticas pero fundamentadas (nada de negacionismo per se, sino escepticismo lógico), al movimiento verde y su historia, al famoso “desarrollo sostenible” que define como un oxímoron, e incluso a otras visiones más optimistas al estilo laissez faire, déjalo que se curará solo.

Aboga también por el liderazgo de la UE en temas medioambientales (adiós EEUU) y se lamenta de un posible Brexit todavía no producido cuando se escribió este libro.

Posteriormente entramos en lo que más he valorado de este libro; más allá de analizar causas, buscar culpables y/o escandalizar al público (lo cual, desde mi punto de vista, no está de más), Giddens hace un ejercicio de valentía y PROPONE. Es decir, plantea escenarios asumibles con hechos concretos con los cuales el cambio climático pueda neutralizarse.

Las proposiciones del autor son tanto vagas como muy concretas; en cuanto a las más vagas, son fundamentalmente de carácter político: promover la cooperación, pactar más allá de izquierda-derecha, formar a la población sobre el clima, etc. Nada nuevo. Pero veamos las más concretas: aviso de que algunas medidas que razona y argumenta Giddens no son fáciles de asumir por nosotros, occidentales del primer mundo. 

Por ejemplo, desde un punto de vista humanista, el autor aboga por que los países en vías de desarrollo puedan (justifica éticamente este razonamiento) contaminar más, siempre y cuando se den dos supuestos: a) los países más avanzados deben disminuir su nivel de contaminación desde ya y b) esta contaminación debería valer para aumentar el nivel de desarrollo de estos países en crecimiento.

Es decir, adiós protocolo de Kyoto, entre tantas otras cosas. No me digan que no es controvertido.

Otro argumento: debemos dejar de utilizar el PIB como medida de bienestar para pasar a utilizar otros índices en los que sí se vean mejor reflejados el estado medioambiental de nuestro entorno (GPI, ISEW o SSI).

Uno más, más convencional: quien contamina paga. Aquí la sorpresa sería quién y porqué paga (lean el libro).

En fin, una serie de medidas muy interesantes (y más que me dejo en el tintero) que nos harán adoptar una nueva perspectiva sobre un grave problema, lo cual generalmente es el primer paso para encontrar una solución cuando nos encontramos enquistados.

jueves, 14 de septiembre de 2023

Donatella di Cesare: El complot en el poder

Idioma original: Italiano
Título original: Il complotto al potere
Año de publicación: 2021
Traducción: Francisco Amella Vela
Valoración: Recomendable (sobre todo para interesados)

Los habitualmente llamados conspiranoicos, sus escuelas de pensamiento, sus descabelladas teorías, sus inverosímiles asociaciones o su pose de librepensadores me fascinan. Pero tengo claro que no hay que ridiculizarlos; no más que al ser humano promedio, quiero decir. ¿O acaso creéis que vosotros estás libres de argumentarios falaces, sesgos cognitivos y cámaras de eco? Puede que éstos sean menos pronunciados que los de los conspiranoicos, no lo niego, pero precisamente por eso son tan peligrosos como las manías persecutorias de un pontificador del Nuevo Orden Mundial, las pajas mentales de un terraplanista o los delirios de un negacionista del cambio climático.

La italiana Donatella di Cesare reflexiona, en su ensayo El complot en el poder, sobre muchos temas relacionados con los «complotistas». Lo hace a través de una prosa desprejuiciadamente literaria, repleta de preguntas retóricas y salpicada por apenas un puñado de citas académicas.

Personalmente, creo que al conjunto lo lastran capítulos que se alargan más de la cuenta y ciertas redundancias. Al margen de eso, me parece una obra bastante asequible, preñada de conclusiones a tener en cuenta. 

Entre las múltiples virtudes que he encontrado a este ensayo, destacaría:

  • En ningún momento simplifica los elementos barajados. 
  • No subestima el problema político que supone el «complotismo», sobre todo para la «democracia contemporánea», ni su uso como herramienta que se niega a aceptar el «azar» y fomenta el «maniqueismo».
  • Empatiza con los «complotistas», pues sabe que se sienten «víctimas del caos presente y del futuro angustioso» y necesiran dar sentido a un mundo «ilegible» y a una «historia humana» devenida «enigmática». Asimismo, recrimina a los «anticomplotistas» la reprobación, estigmatización, patologización, ridiculización, deslegitimación y burla a las que los someten, por «ineficaz» y «contraproducente». 
  • Estructura su discurso de tal manera que es fácil seguir su tren de pensamiento, enlazar ideas y localizar argumentaciones previamente abordadas.
  • Describe con precisión los conceptos explorados. Por ejemplo, «complot», «conjura» y «conspiración», que aunque a menudo se usan a modo de sinónimos, pueden llegar a tener implicaciones radicalmente distintas.
  • Tiene pasajes impagables, como ese en que caracteriza a un «agitador» o un «presunto librepensador». Asimismo, me ha encantado su forma de evocar el «resentimiento» o «la archiescena del complot».
  • Su ironía, muy puntual y siempre respuetuosa.
  • Referencia a personajes (Trump, Le Pen...) y fenómenos (QAnon, «la gran sustitución»...) actuales.
  • Menciona a no pocas novelas (Sumisión, El desembarcoEl nombre de la rosa, entre otras).

En fin: El complot en el poder es un ensayo harto interesante. Os lo recomiendo especialmente a aquellos que sintáis fascinación por los «complotistas», a quienes os mofáis de ellos a la ligera sintiéndonos superiores o a los que pensáis que son una minoría inofensiva sin consecuencias políticas.


Otros ensayos sobre la temática conspirativa: Manifiesto conspiracionista

viernes, 31 de marzo de 2023

VV.AA.: Manifiesto conspiracionista

Idioma original:
Francés
Título original: Manifeste conspiracioniste
Traducción: Emilio Ayllón Rull / Julio Monteverde 
Año de publicación: 2022
Valoración: Curioso

Vaya por delante que me parece razonable, incluso sensato, mostrarse escéptico, cuando no abiertamente desconfiado, ante el prójimo; sobre todo si ese prójimo detenta el poder, se oculta tras una institución o justifica su proceder con una ideología. Es por ello que siempre me he sentido cercano a los conspiranoicos. No a los más trasnochados, por supuesto, pero sí a esos que exhiben unas dosis de saludable recelo y misantropía. 

Espero que el resto os mostréis, también, abiertos a las ocurrencias conspiranoicas. O que, al menos, no entorpezcáis las que tienen sentido. Recordad que «El objetivo de la retórica anticonspiracionista es asegurar a los propietarios de este mundo el monopolio de la capacidad de conspirar.» (34) ¡De modo que no os interpongáis entre aquellos que pretenden «reapropiarse del arte de conspirar» y sus, ¿nuestros?, enemigos! (290)

Los autores, varios y anónimos, del Manifiesto conspiracionista pertenecen a la rama de conspiranoicos moderados. Esos que tiran de hilos tangibles y no se montan pajas mentales esquizofrénicas. Esos que, como ellos mismos insinúan en las páginas de este libro, se adscriben en el linaje de pensadores proclives a la sospecha, como por ejemplo Foucault, Hegel, Marx, Nietzsche, Freud o Adorno, entre otros.

La forma de abordar y recibir el COVID les ha alarmado. Aunque sus denuncias se remontan a periodos anteriores, estos últimos años de pandemia son los que más rechazo les producen; años en los que, según afirman, se ha llevado a cabo una campaña de «ingeniería social» y «biocontrol» para someter a los ciudadanos, restringir sus libertades y, encima, volverlos cómplices de lo anterior. (258-259)

Los conspiranoicos del Manifiesto conspiracionista, sin andarse con rodeos, abordan las críticas obvias que uno podría formularles. Por citar una bastante previsible: sí, el mundo es complejo, pero «Un mundo tan hostil como el que se vislumbra no se hace solo. Nos han hecho (…) un mundo a nuestras espaldas. (…) El solo hecho de que haya un mundo y no varios (…) es fruto de un esfuerzo concentrado.» (23)

Admito que los conspiranoicos de Manifiesto conspiracionista no están libres de defectos. Ni ellos en tanto que conspiranoicos ni sus argumentos para serlo. A veces desprenden un tufo a excepcionalismo que tira para atrás, establecen paralelismos algo forzados o mean fuera del tiesto. Sea como fuere, vale la pena leerlos. No sólo porque sueltan reflexiones que, aunque matizables o abiertamente discutibles, son bastante curiosas. También porque la prosa con que las comunican es deliciosamente torrencial y expresiva. Más próxima, en efecto, a la de un manifiesto que a la de un ensayo propiamente dicho. A veces peca de exaltada, cae en redundancias o dilata en exceso los capítulos, pero insisto en que para mí ha sido una gozada paladearla.

Personalmente, me ha encantado el rapapolvo que se lleva la izquierda en este Manifiesto conspiracionista. Yo, que me considero un izquierdista desencantado, aprecio declaraciones tan honestas y lúcidas acerca de la izquierda como las que siguen: 

«Se ha mostrado (…) irracional a fuerza de racionalismo, oscurantista a fuerza de cientifismo, insensible a fuerza de sensiblería, mórbida por higienista, odiosa por filantrópica, contrarrevolucionaria por progresista, estúpida por creerse cultivada y maléfica a fuerza de querer estar del lado del Bien.» (35-36) «De la derecha nunca ha habido nada que esperar, excepto la perpetuación de la injusticia heredada. Pero que, en el fondo, la izquierda ha estado siempre del lado de los vencedores, limitándose a ser su mala consciencia histérica, eso solo había aparecido a la vista de todos, a lo largo de la historia, en destellos que se olvidaban rápidamente. (…) Reactiva, embrollada, peso muerto, la izquierda ha sido siempre contrarrevolucionaria de la manera más eficaz en que podía serlo: pretendiendo “apoyar al movimiento”. Siempre ausente en el momento en que hay que estar ahí, vive solo en el futuro perfecto, para producir los relatos, los conceptos, las justificaciones que explican y ratifican la derrota.» (40)


PD: A los interesados en esto de las conspiraciones, les recomiendo indagar en aquella de la que nos alertaba Thomas Ligotti en La conspiración contra la especie humana. Esa es la verdadera conspiración. También recomiendo el ensayo de Donatella di Cesare, titulado El complot en el poder.

martes, 6 de diciembre de 2022

Byung-Chul Han: Capitalismo y pulsión de muerte

Idioma original:
 Alemán
Título original: Kapitalismus und Todestrieb
Año de publicación: 2019
Traducción: Alberto Ciria
Valoración: Entre recomendable y está bien

Capitalismo y pulsión de muerte recopila catorce artículos escritos por el filósofo Byung-Chul Han. También incluye, a modo de cierre, dos entrevistas realizadas al autor.

Si bien algunos de los textos aquí reunidos me parecen poco logrados, recomiendo su lectura íntegra. Son, como toda la obra del pensador coreano, relativamente asequibles; ayudan a profundizar en las inquietudes y conceptos recurrentes de su pensamiento; y ofrecen reflexiones inéditas en torno a la inmigración o los refugiados. En otras palabras: valen la pena, pese a sus limitaciones.  

Ciertamente, Byung-Chul Han es más certero diagnosticando problemas que aportando soluciones. De hecho, aunque a nivel abstracto suscribo su reivindicación de los valores humanistas, la moral y la razón, esta me parece una estrategia estéril a la hora de combatir con garantías asuntos tan conflictivos como, por ejemplo, la crisis de refugiados. En asuntos de esa índole siempre predominarán los bajos instintos de la naturaleza humana, el poder del dinero, los intereses de la geopolítica y quién sabe si algún siniestro poder fáctico. 

Por otro lado, cuando Byung-Chul Han acierta lo hace a lo grande. A título personal, comparto al cien por cien su apreciación de que el peligro del capitalismo y la ideología neoliberal radica en su capacidad para seducir a las que serán sus víctimas, o en desviar cualquier tipo de crítica social hacia la problematización individual. 

Igualmente coincido con Byung-Chul Han en que la libertad, ese concepto tan fetichizado, tergiversado y sobrevalorado en la actualidad, es un arma de doble filo. Y es que, por ejemplo, «La autoexplotación es más eficaz que la explotación por otros, porque va acompañada de la sensación de libertad. El sujeto del rendimiento se somete a un imperativo libre, que él mismo se ha generado. También la sociedad de control se basa en esta diálectica de la libertad. El autodesvelamiento es más eficaz que ser desvelado por otro, porque viene acompañado de sensación de libertad.»

En resumidas cuentas: este volumen hará las delicias de aquellos que admiramos a Byung-Chul Han. Obviamente, acusa cierta tendencia a repetir ideas. Además, deja entrever que determinados postulados del autor han quedado un tanto obsoletos, o que pecan de cierta ingenuidad. Sin embargo, insisto en que Capitalismo y pulsión de muerte vale la pena.


jueves, 10 de noviembre de 2022

VV.AA.: Capitalipsis

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien

Capitalipsis se abre con "Rick, cruces y serpientes". Dicho prólogo, cuya autoría desconocemos, me ha encantado. Deliberadamente panfletario, presenta a las claras las intenciones de este volumen misceláneo, así como de los materiales que lo componen.

Después tenemos dos textos de Estíbaliz Robles y Rubén Íñiguez Pérez. A modo de breves ensayos y experiencias personales, ahondan en torno al capitalismo, la religión y el trabajo. El que me ha parecido más logrado es el primero, titulado "Vicio".

A continuación encontramos siete cuentos, uno por cada pecado capital. Todos ellos se pueden enmarcar en los géneros de fantasía, ciencia ficción y terror. Abordémoslos:

  • "Banco Sábado", de José Luis Pascual. En el dedicado a la Ira vemos la venganza de un trabajador de un call center. Es breve pero intenso.
  • "Di mi nombre", de Aránzazu Ferrero. Pereza habla de un futbolista en horas bajas, mataderos y estimulantes. Alberga buenas ideas, aunque su estructura es algo reiterativa. 
  • "Ascenso al trono biónico", de Myke Babylon. Soberbia narra la historia de un rey que, viaje en el tiempo mediante, quiere recuperar su trono. Funciona a la perfección como pasatiempo repleto de acción, drama, suspense y vísceras robóticas; no obstante, hubiera preferido un mayor desmadre.
  • "Él, escritor de terror", de Elena Romea. Envidia nos enfrenta a uno de esos juntaletras anquilosados que se creen genios y desprecian a sus compañeras de profesión. Cumple en tanto que parodia sin grandes pretensiones.   
  • "Will Wird y el viaje hacia Escatón", de H. M. Crespo. En la Avaricia, formato, prosa y argumento conspiran para moldear un simpático homenaje a las space opera. Destacaría su voluntad de deconstruir esos protagonistas intergalácticos de la literatura pulp que son (aparentemente) un dechado de virtudes. 
  • "Vaya higos tiene Alpetragio", de Víctor Martín-Pozuelo. La Lujuria es una gamberrada divertida que se vale de la picaresca, la sátira y la espada y brujería para hablarnos de proezas sexuales.
  • "Mr. Dance y la casa", de Román Sanz Mouta. Gula trata de casas encantadas, riqueza obscena y corrupción. 

En resumen: Capitalipsis es una antología harto irregular. No sólo la calidad de su contenido presenta altibajos; también, o esa impresión he tenido yo, su propósito. Y es que la crítica al capitalismo prometida desde el título del libro se enfatiza o desdibuja en según qué apartado te halles. Con todo, el regusto global que dejan los textos aquí agrupados es positivo. 

martes, 9 de agosto de 2022

Reseña + Entrevista: El coste de la desigualdad, de Diego Sánchez Ancochea

Idioma: Inglés
Título original: The Cost of Inequality in Latin America
Año de publicación: 2020
Traducción: Joan Andreano Weyland
Valoración: Recomendable (especialmente para interesados)

Vivimos tiempos terribles. Quizá sueno demasiado catastrofista; dejémoslo en que vivimos tiempos con un margen de mejora inmenso. Algunos se niegan a verlo porque temen afrontar la verdad, porque les conviene o porque están abducidos por una ideología miope. Sí, es cierto que «se ha reducido la pobreza en muchos países y (...) el mundo es más rico que nunca», pero en general (repito: en general) la desigualdad se ensancha a pasos agigantados, la movilidad social se ha estancado, la meritocracia brilla por su ausencia y las oportunidades escasean.

Y todo esto tiene consecuencias nefastas: la restricción de la libertad, la vulneración de los derechos del individuo, la disminución del poder adquisitivo de las clases baja y media, el descontento social, la desconfianza en instituciones y conciudadanos, el incremento de la violencia, el creciente poder e influencia político de las élites económicas, la creación de monopolios y oligopolios, el deterioro de la democracia, la erosión de lo público, los empleos de baja calidad, la carencia de innovación, el incentivo del populismo, etc...

En El coste de la desigualdad, Diego Sánchez Ancochea aborda la problemática que supone la desigualdad. Lo hace con un talante tan serio y riguroso como abierto al activismo y al optimismo. Lo hace, también, reivindicando en el proceso el papel del Estado, la socialdemocracia, los partidos políticos progresistas, los sindicatos y la movilización activa.

Llegados a este punto, dejad que liste varias de las virtudes que he encontrado en este ensayo:

  • Emplea a América Latina a modo de «advertencia» sin por ello desestimar los aciertos de la región. 
  • Ilustra cómo la desigualdad no sólo implica un presente negativo, sino que nos sumerge en círculos viciosos de los que resultará cada vez más difícil salir en el futuro.
  • Entrega soluciones razonables y plausibles, alejadas de la retórica buenista, simplista y «revolucionaria»: redistribución del capital humano y la riqueza, impuestos a las grandes fortunas, medidas macroeconómicas, regulación financiera, políticas ambiciosas, presión desde abajo a los Estados, movimientos sociales, agendas reformistas, deriva hacia un modelo solidario y comunitario, etc...  

Por no alargarme, diré que el libro de Sánchez Ancochea resulta una agradecida aportación al que, a mi juicio, es un debate clave del siglo XXI: el de la desigualdad. Los datos y argumentos que el catedrático baraja en estas páginas son bastante sólidos. Asimismo, las recetas equitativas que ofrece son siempre bienintencionadas y, aunque en ocasiones su implementación práctica cae en el idealismo, a nivel abstracto me parecen loables.

Lástima que, en un clima intelectual tan polarizado como el actual, El coste de la desigualdad pasará probablemente sin pena ni gloria. Y es que este ensayo reforzará las convicciones de aquellos que ya comulgaban previamente con la inquietud igualitaria, pero provocará indiferencia o rechazo a quienes se oponen a ella. En mi caso me ha ayudado a matizar ciertas ideas, incorporar algunas herramientas analíticas y actualizar bibliografía; no obstante, admito que me ha servido para atrincherarme todavía más en la cámara de eco en la que, de por sí, ya me muevo.


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Me he permitido formular unas preguntas a Sánchez Ancochea. Aunque no todas estaban vinculadas con El coste de la desigualdad, él ha tenido a bien de contestarlas. Gracias, Diego. 

ULAD: En tu libro prácticamente nunca abordas la cuestión de la desigualdad desde una óptica filosófica. ¿A qué se debe esta omisión? ¿Recomiendas alguna obra que sí lo haga y pueda complementar tu exposición?

DSA: Es cierto que el debate filosófico (y ético) sobre la desigualdad es fundamental, pero yo no me sentía como la persona más capacitada para resumirlo dado mi formación de economista político y mi concentración en América Latina. Además, a mí me parecía útil mostrar que, con independencia de la posición filosófica y la visión sobre la naturaleza humana que tenga cada cual, hay que preocuparse por la desigualdad porque tiene un impacto muy negativo en áreas importantes como el desarrollo económico o la calidad de la democracia.

Para mí hay dos autores norteamericanos muy útiles a la hora de reflexionar sobre la filosofía de la desigualdad. Una es Elizabeth Anderson de la Universidad de Michigan, que ha insistido en la importancia de ir más allá de la desigualdad de ingreso y pensar también en la valoración tan asimétrica que hacemos de distintas profesiones y distintas contribuciones a la sociedad. Recomiendo leer su artículo "What is the point of equality?" de 1999 (aunque sea un poco largo), o echar un vistazo a un perfil de ella en el New Yorker de Diciembre de 2018. El otro es Michael Sandel, que ha escrito libros útiles en contra de la meritocracia y el libre mercado.

ULAD: En determinado momento comentas escuetamente que «Somos (...) seres éticos y, por ello mismo, deberíamos rechazar la desigualdad excesiva por ser moralmente errónea.» Suscribo al cien por cien esta premisa y aprovecho para pedirte que la desarrolles un poco.

DSA: Un argumento muy popular es que la desigualdad no debería preocuparnos porque es resultado del esfuerzo de cada cual y es necesaria para que la gente trabaje, invierta y sea creativa. Así, la desigualdad se vincula a los incentivos y se la considera un motor del crecimiento y el desarrollo.

Sin embargo, este argumento resulta poco convincente cuando nos encontramos ante niveles de desigualdad muy altos. En sociedades como la chilena donde el 1% más rico de la población recibe un 30% de todo lo que se produce en un año, los incentivos funcionan en la dirección contraria. Los ricos se dedican a proteger sus intereses y el resto de la población sabe que está jugando a un juego en el que nunca ganará.

Pero más allá de ese argumento pienso que no es fácil justificar un mundo donde el precio de un reloj sea equivalente al salario recibido por muchas personas en toda una vida. Un mundo en que alguna gente gaste en un viaje en avión privado más que lo que gastarán miles de personas en viajes durante toda una vida. Me resulta imposible creer que ese tipo de sociedad sea mejor que una que se preocupa por asegurar un buen nivel de vida para toda la población como objetivo prioritario.

ULAD: Si no recuerdo mal, cuando mencionas formas de paliar la desigualdad especificas que rehuyes las soluciones simplistas y «revolucionarias». ¿Podrías explayarte sobre qué quieres decir con este último concepto?

DSA: Estamos en un mundo donde solemos buscar respuestas novedosas y simplistas ante los graves problemas a los que nos enfrentamos. Pensamos que, por ejemplo, las nuevas tecnologías revolucionarán la forma en que vivimos y que pueden resolver todas nuestras dificultades o promovemos nuestras instituciones que nada tienen que ver con las del pasado.

Yo me pregunto, sin embargo, si lo que tenemos que hacer es mejorar lo que ya tenemos, reconociendo que sabemos las soluciones a problemas como la desigualdad desde hace mucho pero no cómo ponerlas en práctica. Así, por ejemplo, me parece que la democracia juega un papel central en la lucha contra la desigualdad, pero tiene que ser una democracia más auténtica y que se apoye en partidos políticos más sólidos y más participativos. Al final, en el libro acabo con un menú de recomendaciones poco novedoso pero, ojalá, inspirador para luchar contra la desigualdad.

ULAD: Según comentas, «cada país debería concentrarse en los elementos del menú de medidas que le resulten más urgentes en función de su trayectoria histórica y su estructura económica e institucional.» ¿Qué países ves con más potencial llamémosle equitativo, y qué países crees que, al contrario, tardarían en adoptar condiciones propicias?

DSA: A pesar de sus problemas, creo que todavía tenemos mucho que aprender de los países escandinavos. Suecia o Finlandia eran bastante desiguales y no particularmente democráticos a finales del siglo XIX (como lo muestra Thomas Piketty en su libro más reciente), pero fueron capaces de crear sociedades igualitarias y con oportunidades para todos durante el último siglo. Dentro de América Latina, Uruguay es un caso interesante y del que los vecinos pueden aprender mucho.

Me temo que, por el contrario, el resto de América Latina se encuentra con grandes dificultades para reducir la desigualdad. Esto es así porque, como trato de mostrar en mi libro, se enfrenta a círculos viciosos (tanto económicos como políticos y sociales) que son difíciles de romper. Y, por desgracia, hay otros países (como Estados Unidos) que cada vez se parecen más América Latina y van a tener muchas dificultades para hacer frente a una desigualdad desbocada.

ULAD: ¿Has leído La envidia igualitaria, de Gonzalo Fernández de la Mora? En caso afirmativo, ¿qué opinas de los planteamientos allá vertidos?

DSA: Me temo que no lo he leído por lo que, quizás, no debería decir nada. ¡Pero no me resisto a hacer un comentario! Existe un argumento muy habitual que mantiene que se promueve la igualdad por envidia y que las políticas igualitarias generan poco dinamismo económico y limitan la innovación. Estos argumentos, sin embargo, no tienen mucho apoyo en la evidencia empírica. Los países escandinavos que antes mencionaba son de los más dinámicos e innovadores del mundo. Los países latinoamericanos (los más desiguales desde hace décadas), en cambio, tienen dificultades para desarrollarse. Y la envidia tiene poco que ver con los debates éticos que mencionábamos anteriormente y con el deseo de crear sociedades centradas en la promoción de todos los seres humanos por encima de todo.

ULAD: He notado cierto optimismo en tu postura. ¿Qué nos dirías a los que en líneas generales compartimos tus inquietudes igualitarias pero sospechamos que jamás las veremos materializarse de manera satisfactoria?

DSA: ¡Yo soy de talante pesimista, así que me alegro que fuera capaz de disimularlo! Entiendo, Oriol, perfectamente tu escepticismo sobre las posibilidades de cambio. Sin embargo, es importante que esas dudas no nos lleven a la parálisis o a creer que todo va a seguir como hasta ahora. Lo cierto es que el cambio social es posible, que en la misma América Latina hay países con niveles de desigualdad bastante distintos y que sabemos lo que hay que hacer. Creo que lo importante es reconocer que el cambio será lento y sólo posible si somos capaces de ir modificando las políticas y la política de forma pragmática y progresiva pero sostenida.

ULAD: ¿Crees que tu mensaje permeará en gente que hasta ahora no lo compraba? ¿Has logrado, a lo largo de tu trayectoria, hacer que alguien cambie significativamente de parecer?

DSA: ¡Esa es una gran pregunta! Yo traté (no sé con cuánto éxito) de escribir un libro ameno pero a la vez basado en evidencia. Traté, además, de traer al debate una región que no siempre se comprende suficiente y de la que hay mucho que aprender. Ojalá eso lleve a algunos lectores y lectoras a reconsiderar sus visiones sobre la desigualdad o, por lo menos, a estar más dispuestos a hablar sobre este problema y a intercambiar ideas y conversaciones con otra gente. Si logro promover algunas conversaciones entre gente que piensa distinto ya habré logrado bastante.

miércoles, 29 de junio de 2022

Gustavo Bueno: Panfleto contra la democracia realmente existente

Idioma original: Español
Año de publicación: 1997-2008
Valoración: Interesante

Panfleto contra la democracia realmente existente es un volumen recopilatorio. Lo ha editado excelsamente Pentalfa. Reúne nueve textos del filósofo español Gustavo Bueno, escritos entre 1997 y 2008. En todos ellos se aborda, desde una perspectiva crítica, el concepto e implementación de lo que se entiende por democracia. 

A mi juicio, las virtudes de estos textos serían las siguientes: 

  • Su prosa. Pese a emplear algún tecnicismo y su tendencia verborreica, es bastante clara. 
  • Sus argumentos. Son inteligentes y están genialmente estructurados, por lo que no resulta complicado entender su desarrollo.
  • Su estimulante sentido del humor. 
  • El debate que genera. Y es que rechaza postulados de, por ejemplo, la escuela trevijanista, que tan de moda está hoy día.

En resumen: Panfleto contra la democracia realmente existente es una de las obras fundamentales de Bueno. Aunque su lectura y comprensión entrañan cierta dificultad, la recomiendo encarecidamente. Incluso sus aportaciones menos agraciadas merecen ser tomadas en consideración; especialmente por aquéllos que nos consideramos demócratas. 

Ah, el autor reflexionó sobre la democracia en más ocasiones. Su libro El fundamentalismo democrático, publicado en 2010, sería una muestra de ello.


También de Gustavo Bueno en ULAD: El mito de la Izquierda / El mito de la Derecha

domingo, 29 de mayo de 2022

Albert Noguera / Jule Goikoetxea: Estallidos


Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: espeso

Perdonaréis, espero, que abra esta reseña con una algo obvia perorata: las opciones políticas de derechas ya disponen de la mayoría de los medios de comunicación. Por pura definición, tienen los recursos económicos para usarlos para sus fines, los resortes adecuados para elegir sus contenidos, y sería falaz exponer ejemplos de su capacidad de sesgo de la opinión pública. Nos quedaríamos sin espacio. Entonces, digamos, a las opciones de izquierdas les quedan los medios independientes, las editoriales alternativas, las redes sociales (bueno, eso se suele creer), aparte de plantarse en medio de la calle y vociferar sobre lo injusto que es todo y recibir un aluvión de aplausos, de gente que luego ya veremos si llega a votarles.

Pero todo ello no deja de resultar ingenuo y casi entrañable. Y hace unos meses le preguntaba a Jorge Herralde por las editoriales de corte militante (Capitán Swing, por ejemplo, era mencionada) y acordábamos que ese perfil resulta adecuado y hasta necesario. Eso, y las asambleas y los tenderetes donde te regalan un pin y te piden la voluntad. Pero lo primero que debería asimilar la izquierda es que no es malo (podría ser incluso un perverso símil troyano) asimilar el deje capitalista e intentar vender su mensaje aunque sea para ejercer un tímido ejercicio de proselitismo, llámese a éste captar adeptos, convencer a quienes dudan, o, triunfo absoluto, hacerse con conversos. 

Porque esa es la triste realidad de los medios: cada uno consulta los afines y los que le dicen lo que le gusta leer y así estamos reforzando convicciones. Mirad,si no, Twitter y las fake news. De ese panorama libros como este (que, aclaro, dudo si va dirigido al público general, yo lo he tomado de la mesa de novedades de mi Biblioteca Municipal) no ayudan precisamente a escapar. Sus autores son politólogos de claras convicciones ideológicas. Terror para el Estado Español: uno tiene su nombre en catalán, la otra en euskera. O sea, Abascal no va a pasearse haciendo ostentación. Cualquier oyente de ciertas emisoras o lector de ciertos periódicos, si llegara a enterarse de su mera existencia, saldría corriendo hacia el otro lado o lo usaría para prender la barbacoa. Casi desde la portada. Yo ni siquiera puedo decir que, alineado con muchos de sus planteamientos, me haya resultado estimulante. Demasiado párrafo interminable. Demasiado polisílabo encadenado y terminología inasequible, mucha mención de autores, supongo, de los círculos afines y, me temo, pocas ganas de romper la barrera. Ya que estamos, una obsesión por ampararlo todo bajo un manto teórico, una argamasa que aglutina los argumentos de siempre sobre el enorme poder de las grandes corporaciones y cómo éste se sitúa por encima del ámbito político, una clara escora hacia lo conspiranoico, algunos ejemplos ya canónicos - la Primavera Árabe, Bolivia, el procés - para acabar un poco en lo de siempre, que es el dominio del poder del rico, liberal, masculino, blanco y heterosexual, como enorme bota que aprisiona a todo lo que es diferente, que lo aprisiona todo aunque de forma desigual e intermitente para que no siempre se note. Ahí me ha parecido que el texto (en realidad, un diálogo entre los dos autores) se salta una premisa importante, que es que las fronteras entre los colectivos son muy difusas. Y que la pertenencia a los colectivos desfavorecidos no es una garantía de nada en el sentido ideológico: hay mujeres machistas, hay muchos cismas internos en el colectivo LGTBIQ, hay una división enorme incluso en cómo responder ante la opresión. No digo que el libro no contenga planteamientos válidos. Pero incluso su propio título parece un clickbait. En realidad hay muy poca concreción y todo se extiende en ámbitos teóricos que ni harán que nadie cambie su posición e incluso han conseguido que quien la comparte se aburra o se hastíe. Una lástima.