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domingo, 7 de julio de 2019

Semana de la arquitectura y el urbanismo #7: ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, de Tom Wolfe

Idioma original: inglés
Título original: From Bauhaus to our house
Año de publicación: 1981
Traducción: Antonio-Prometeo Moya
Valoración: Muy interesante

La fiebre post-olímpica convirtió la Facultad de Arquitectura de Barcelona en una bomba de relojería. Por una parte, el alumnado estaba masificado y sujeto a un nuevo y leonino plan de estudios plagado de fases selectivas; por otra parte, la plantilla docente —compuesta en gran parte por arquitectos consagrados— era presa de una gravísima epidemia de egos (y bolsillos) inflamados. Tal era el grado de endiosamiento que muchos profesores decidieron poner en práctica un método pedagógico revolucionario: la enseñanza por osmosis. Efectivamente, consideraban que bastaba con verlos o tenerlos cerca para que uno, automáticamente, empezara a pensar y a proyectar como un arquitecto experimentado. Pero al constatar que la osmosis no daba los frutos que se esperaban, solo cabía suponer que los alumnos eran todos unos completos ignorantes y por ello, dos o tres veces al trimestre, se nos invitaba a tirar la toalla e irnos a estudiar Farmacia, entre otras muchas salidas de tono.

Cuando miro hacia atrás y reparo en alguna de aquellas situaciones, me pregunto cómo es posible que ningún estudiante sucumbiera al suicidio u homicidio, y más teniendo en cuenta que nos pasábamos las horas en la sala de maquetas manipulando cúteres, punzones y sierras. Otra cuestión es si sucumbimos o no a la enajenación mental. En mi caso, y dando por hecho que mi cordura —la que fuere— se mantuvo intacta, solo se me ocurren tres posibles motivos: que soy terca, que soy práctica y que siempre buscaba algún refugio para no sentirme como un pulpo en un garaje. La lectura de ¿Quién teme al Bauhaus feroz? fue uno de esos refugios. 

Resumen resumido: el nacimiento y evolución de la Arquitectura Moderna desde la Europa arrasada de finales de la Primera Guerra Mundial, hasta la fundación de la Bauhaus, su llegada —y colonización— de los Estados Unidos y todo lo que se derivó de ello y que todavía sigue en boga en pleno siglo XXI. 

Tom Wolfe escribió este ensayo después de La palabra pintada, otro de similares características pero centrado en el Arte Moderno. Existen ediciones en las que ambos ensayos se publican juntos ya que comparten tono y argumentario. No hay más que leer el primer párrafo de ¿Quién teme al Bauhaus feroz?:
«Oh, hermoso país, el de los horizontes espaciosos, el del ambarino oleaje del trigo, ¿existe otro lugar en el mundo donde tanta gente rica y poderosa haya costeado y soportado tal cantidad de arquitectura que detesta como el que abarcan nuestras benditas fronteras?» 
Así como en el ensayo sobre el Arte Moderno Wolfe explicaba cómo todo se había desarrollado alrededor de la premisa de huir de la letra (crear obras de arte sin una explicación al margen que las explicara) y cómo el arte había acabado siendo precisamente pura teoría. En este ensayo sobre la Arquitectura Moderna, Wolfe esgrime la tesis de que la premisa acuñada en Europa tras la Primera Guerra Mundial, que era huir de lo burgués, acaba convirtiéndose en puro estilismo costeado por las grandes fortunas estadounidenses. Y huir de lo burgués se traducía en la premisa empezar de cero, algo que todos los alumnos de la Bauhaus repetían sin cesar y que bebía de las mismas fuentes que el manifiesto Ornamento y delito de Adolf Loos. 
A partir de ese punto, Wolfe desarrolla su tesis sobre cómo la premisa se va viciando hasta llegar al punto actual en el que el formalismo y el discurso dejan a la Arquitectura al margen y tenemos varias generaciones de arquitectos que han proyectado sobre el terreno y enseñado en las aulas con ese único propósito. Porque la cuestión que subyace a lo largo de todo el texto es la siempre difícil situación en la que se halla la Arquitectura al ser considerada un arte pero con una clara vocación al servicio de las necesidades terrenales del ser humano. Al fin y al cabo, que cuatro pandillas de artistas plásticos se debatan sobre si el lienzo es material o inmaterial es una cuestión que no afecta a la calidad de vida de las personas. Que cuatro pandillas de arquitectos banalicen con la vivienda social (en la que solo van a poner los pies para hacerse la foto el día de la inauguración) para experimentar sus caprichos estéticos y confirmar sus teorías sobre cómo debe vivir la clase obrera, es otra cosa muy distinta. 

La primera vez que leí ¿Quién teme al Bauhaus feroz? me sentí reconfortada y vigorizada. Porque lo que descubrí en aquellas páginas ya rondaba de algún modo por mi cabeza aunque yo jamás hubiera sido capaz de expresarlo con tanto rigor y desparpajo. Y el modo en el que Wolfe despoja a Le Corbusier de su aura divina me pareció impagable —las teorías de Le Corbusier deben haber propiciado gran parte de los sueños húmedos de tantos profesores de proyectos...—. Wolfe lo baja, efectivamente, de su pedestal:
«Su Vers une architecture fue la Biblia. Hacia 1924 era uno de los genios imperantes de la nueva arquitectura. En su mundo era… ¡Corbu!, del mismo modo que Greta Garbo era ¡la Garbo! en el suyo; y todo por la energía de sus manifiestos, su fervor y un puñado de casitas (...)» 
para ponerlo en el lugar que le corresponde: el de un teórico y comunicador de excepción y ya está. Y lo mismo hacía con el Estilo Internacional, con la Bauhaus, con Gropius… Mi pobre cabecita no estaba acostumbrada a semejante raudal de sensatez e ironía juntas: 
«En Yale, después de una de las apabullantes intervenciones de Fuller, los estudiantes de arquitectura cayeron en un extático trance de acción rebelde y colectiva. Construyeron una enorme cúpula geodésica de riostras de cartón y la colocaron en lo alto de Weir Hall, el edificio neogótico de piedra gris de la escuela de arquitectura, mientras desafiaban al decano a que se atreviese a hacer algo al respecto. No lo hizo y la cúpula se fue pudriendo poco a poco.» 
Sé que llego tarde pero: muchas gracias señor Wolfe.

sábado, 6 de julio de 2019

Semana de la arquitectura y el urbanismo #6: La casa, crónica de una conquista, de Daniel Torres


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable

Concebido inicialmente como un proyecto por entregas, La Casa. Crónica de una conquista se publicó finalmente como un apabullante volumen –por tamaño, extensión y ambición- que reflexiona a través de la narración gráfica sobre los tres mil años de relación que los seres humanos llevamos con la vivienda, con el lugar donde moramos (del latín morari, detenerse). La ¡casa! que en los juegos infantiles es refugio seguro,  la casa que se nos cae encima, la que jamás hay que empezar por el tejado, el lugar que es idea y que nos retrata e identifica; esa es la esencia que recorre las casi seiscientas páginas de este libro. O, resumido en un interrogante, ¿de dónde nos viene el concepto del hogar?

Estructurado en 26 capítulos, que arrancan a las orillas del río Jordan 1.200 años AC para concluir con una hipótesis de lo que nos puede deparar el futuro más inmediato, este concienzudo trabajo del dibujante Daniel Torres (Teresa de Cofrentes, Valencia, 1958) reflexiona sobre uno de los ámbitos, actividades y espacios más personales y universales de la condición humana, la vivienda, y lo hace poniendo a las propias personas –comunes, anónimas, vulgares- en el centro de interés, como protagonistas. En el libro se habla por supuesto de arquitectos y de materiales, de escuelas y de modas, de planos y de escalas, pero hay un par de axiomas que subyacen, poderosos y tremendos: Hasta hace poco más de un siglo, la inmensa mayoría de la Humanidad ha vivido en condiciones deplorables, terroríficas y, hoy en día, al menos una tercera parte de ésta habita en chabolas o infraviviendas. Y uno más; la vivienda siempre ha sido un bien escaso y, por tanto, caro. La mano de obra es abundante y, en consecuencia, corta su retribución. Ley de hierro, tan duro como el que sale de la fundición.

El proyecto requirió seis años de elaboración para ser entregado a imprenta, la mitad para documentación, estructuración y diseño y otro tanto para plasmarlo sobre el papel. El dibujo de Daniel Torres es muy ilustrativo y meticuloso, fotográfico, con abundancia de detalles y una composición muy cuidada, con una paleta de colores sosegada, con predominio de tonos pastel y protagonismo del ocre y del siena, una elección que refuerza la intencionalidad profunda del relato, encajado en una estructura narrativa clásica, con secuencias que arrancan en un gran plano general para dirigir al lector hacia el menudeo de la narración. La información gráfica y textual está dispuesta con esmero, muy ordenada, y su colocación en las páginas evita que la profusión de datos y detalles se haga farragosa. Este es un trabajo amplio y minucioso, pero no academicista ni de tesis, porque su objetivo es divulgativo. Formalmente resulta un buen ejemplo de ese tipo de cómic que hace ya casi medio siglo se denominó línea clara –en contraposición a  la línea chunga- y que tuvo en el Tintín de Hergé a uno de sus referentes ineludibles.


Si bien los primeros capítulos se desarrollan a orillas del Mediterráneo, a partir del siglo IX los ejemplos que se abordan se centran en la Europa Occidental y a partir del XIX en los Estados Unidos. Los argumentos tratados son tan variados como sugerentes. Desde la aparición en el siglo XIII de los planos sobre papel, que confirió a la arquitectura la condición de transportable, a la importancia de factores como los cañones o las ratas en la configuración de las urbes o de objetos como las llaves, la iluminación o los desagües fueron modelando las casas como un decorado para la vida, reflejando mentalidades, necesidades y apariencias. Posteriormente, la acumulación de bienes se hizo símbolo inexcusable de bienestar; enseres, novedades indispensables, exotismos, lujos, sorpresas ingeniosas, fruslerías, regalos… La aparición de nuevas fuentes de energía llenó las casas de máquinas hasta transformar la vivienda en un mecanismo, eficiente, serializado, impersonal. Quizás aquí se le puede plantear un pero al libro, al focalizar el relato en lo que supuesta o convencionalmente retrata las épocas, en qué se considera digno de atención y qué no, dejando de lado vastísimas realidades. Aunque eso es lo que ocurre inevitablemente cuando hay que tomar decisiones sobre cómo aprovechar el (siempre) limitado espacio a nuestra disposición.

 

martes, 2 de julio de 2019

Semana de la Arquitectura y el Urbanismo #2: En construcción, VVAA

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

Leí en algún sitio que las obras destinadas al público infantil, cuando son buenas, están destinadas a cualquier público. Y eso es exactamente lo que sucede con esta pequeña joyita ilustrada por Juan Berrio.

Resumen resumido: Clara, una niña de primaria, tiene que preparar un trabajo de investigación junto a otros compañeros y eligen la arquitectura como tema. Eso le llevará a interactuar de un modo diferente con su entorno para ir descubriendo cómo la arquitectura nos envuelve en todos los ámbitos de nuestra vida.

Lo que, al fin y al cabo, nos está proponiendo En construcción es que observemos nuestro entorno con la curiosidad renovada de un niño y con el fin de re descubrir todos esos elementos y conceptos arquitectónicos que conviven con nosotros desde siempre y que hacen nuestra vida más confortable: desde el marco de una puerta hasta la construcción, paso a paso, de un edificio residencial entre medianeras.


La novela se estructura mediante capítulos cuyo orden y contenido responde a un criterio técnico: 1. Anteproyecto, 2. Proyecto de ejecución, 3. Estructura… pero su desarrollo resulta distendido y ameno en el que los conceptos arquitectónicos y las pesquisas cotidianas de Clara se amalgaman con naturalidad.

El tono llano de la narración, así como las ilustraciones límpidas y detallistas de Juan Berrio pueden llevar a engaño en cuanto a la sustancia de la novela ya que, detrás de esa imagen de librito ligero hay una grandísima labor por condensar adecuadamente y transmitir algunos conceptos de envergadura con rigor e ingenio. La introducción, sin ir más lejos, aborda con sencillez y efectividad cuestiones básicas tan dispares como la escala o la estructura urbana aunque, personalmente, lo que más me maravilla es el modo en el que se explican los esfuerzos a los que puede estar sometida una estructura utilizando el columpio de un parque.


Pero la historia de Clara y sus pesquisas arquitectónicas contiene un mensaje subyacente que es, a mi parecer, el verdadero leitmotiv de la novela: el trabajo en equipo.
  • El trabajo que tiene que hacer Clara para el colegio es un trabajo en conjunto con otros compañeros de clase.
  • El modo en el que Clara aborda la tarea de descubrir la arquitectura implica a su familia y a su entorno ya que la narración muy a menudo avanza mediante el diálogo y las interacciones de los personajes.
  • El proyecto arquitectónico, como ya avancé en la metaentrada de ayer, y tal como la novela se encarga también de explicar, es un proyecto colectivo en el que se amalgaman las ideas y las tareas de muchas personas.
  • La propia novela, En construcción, también es un trabajo en equipo entre un ilustrador (Juan Berrio), una arquitecta (Sonia Rayos) y una docente (Silvana Cortés).
El (buen) trabajo en equipo es el único modo, no solo de que el proyecto arquitectónico llegue a buen puerto, si no cualquier otro proyecto.

La novela cuenta al final con un anexo de vocabulario muy útil y didáctico así como con un capítulo final titulado Grandes maestros, en el que se enumera a una serie de arquitectos con el dibujo de alguna de sus obras más representativas. Quizá esta sea la parte del libro que me resulta más tendenciosa al recoger únicamente arquitectos modernos y regirse, en mi opinión, por incluir a los incontestables de siempre (ya me perdonaréis pero en mi época estudiantil acabé bastante saturada de tanto Le Corbusier y tanto Mies Van Der Rohe), los mediáticos/grandilocuentes de siempre, y un surtido variado de otros también conocidos, por aquello de que la vida es una caja de bombones.

Tan solo añadir que mi valoración de recomendable lleva implícito el hecho de que aunque la novela hable de arquitectura, para abrirla no hace falta que sientas una curiosidad especial por la arquitectura porque, cuando la cierres, sí la tendrás.

lunes, 1 de julio de 2019

Semana de la Arquitectura y el Urbanismo #1: De qué hablamos cuando hablamos de arquitectura


Decía Walter Gropius que el proyecto arquitectónico abarca desde el diseño de un tenedor hasta el de una ciudad; y es que bastaba con que Walter Gropius —fundador de la Bauhaus y conocido con el sobrenombre de Príncipe de plata— abriera la boca para que sus discípulos convirtieran en dogma cualquier cosa que saliera de ella. Gropius aparte, la experiencia y la práctica del oficio han demostrado que, efectivamente, en el acto de proyectar un tenedor o una ciudad, el único factor que difiere es la escala. No obstante, dada la complejidad y la pluridisciplinariedad que subyace en el proyecto urbano, me resisto a subyugar el término urbanismo y, por lo tanto, me referiré siempre a la arquitectura y el urbanismo (en adelante, A&U). 

La Semana de la A&U tiene como objetivo dar visibilidad a unas cuantas obras en las que la A&U juega un papel protagonista; pero hay tantos libros que se ajustan a tal premisa que resulta imposible ofrecer una muestra representativa en solo una semana ya que, por más que hayamos establecido un marco temático, esto no deja de ser ULAD donde, por definición, reseñamos lo que queremos. De todos modos, y conscientes de que os vamos a dejar con ganas de más —y ahora que mis compañeros no me escuchan—, no es descartable que repitamos fórmula en un futuro para recoger más obras de interés que no hayan tenido cabida en esta primera incursión. Así que se aceptan sugerencias. 

El hecho de que las novelas, biografías, ensayos o novelas gráficas que versan alrededor de la A&U sean tan numerosas se debe a la fuerte atracción que dicha disciplina/arte/oficio ejerce sobre la mente humana. ¿Por qué será? 

1. Porque todo proyecto de A&U trata de aunar necesidades de distinta naturaleza o, lo que es lo mismo, de encontrar el equilibrio entre conflictos de diferente naturaleza. Y como todo el mundo sabe, si hay un conflicto, hay una historia. Y la A&U es una cantera de conflictos, algunos tan genuinos como: 
  • ¿Arte o Pragmatismo?
  • ¿Yo o el Colectivo?
  • ¿Cuál es la apuesta estética?
2. Porque toda obra de A&U modifica su espacio y las dinámicas vitales del ser humano. Y eso significa poder. Y tal vez por eso aquellos que ostentan o ansían el poder siempre han visto la A&U como una herramienta para alcanzar sus propósitos. 

3. Porque todo proyecto de A&U aúna gran cantidad de elementos y actuaciones que sólo pueden combinarse de un único modo (existe una metáfora muy efectiva: por más que mezcles huevo, aceite, sal y vinagre, la mayonesa no existirá si no logras ligar debidamente todos los ingredientes). Del mismo modo, todo proyecto de A&U aúna gran cantidad de manos y mentes —dejemos atrás de una vez el paradigma del arquitecto solitario— que deben coordinarse para llevar la obra a buen puerto y ese hecho también da lugar a multitud de situaciones y conflictos dignos de ser contados. 

4. Porque EL ARQUITECTO —a pesar de lo que acabo de decir justo antes— sigue siendo para el imaginario colectivo una figura enigmática. (¿Quién estaba detrás de todo el invento de Matrix?. Curiosamente, un arquitecto).

Podría pasarme la semana entera con mis elucubraciones. En todo caso, esta primera Semana de la A&U de ULAD ofrece una selección para todos los gustos en la que la novela gráfica tiene, además, una representación notable. En términos genéricos y para no hacer ningún spoiler
  • Ensayos sobre arquitectura y urbanismo. 
  • Reflexiones alrededor de la vivienda como icono arquitectónico y como elemento fundamental para la vida del ser humano. 
  • La arquitectura en su vertiente más constructiva y cotidiana. 
  • Las facetas del arquitecto como figura pública y como figura privada. 
  • La relación de la arquitectura con el poder.  
  • La siempre conflictiva relación de la arquitectura con mamá Arte. 
Esperamos que os guste.