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miércoles, 14 de enero de 2026

Pedro Torrijos: Catedral de escombros

Idioma: español

Año de publicación: 2025

Valoración: recomendable... quizás

Para quien nos lea desde fuera del Reino de España, hay que explicar, por si no lo saben, que el 29 de octubre de 2024 se produjo, cerca de la costa mediterránea, una Depresión Aislada a Niveles Altos o DANA  que provocó unas violentas lluvias torrenciales y éstas una riada catastrófica que arrasó varias localidades de la provincia de Valencia, sobre todo las situadas en la periferia sur de la capital. El resultado fue, además de los enormes costes materiales, la pérdida de 230 vidas humanas, muchas de las cuales, sin duda, podrían haberse salvado de haberse dado a tiempo la alarma prevista para casos así. Este penoso suceso es el que sirve de hilo conductor al arquitecto, divulgador y escritor Pedro Torrijos para guiarnos, en este pequeño ensayo, por un recorrido geográfico e histórico peculiar: el que transcurre por grandes desastres en los que la arquitectura o la ingeniería fallaron -o, casi peor, no lo hicieron, en algún caso- produciendo la muerte de miles de personas.

De esta forma, nos lleva a diversos escenarios catastróficos de los últimos 70 años, que ocuparon primeras planas en los periódicos y muchos minutos de telediario, aunque, en algunos casos, ya han sido olvidados fuera de las localidades donde sucedieron: desde el derrumbe del Rana Plaza en Bangladesh, en 2013, al de los almacenes Sampoong de Seúl, en 1995; del derrumbe de la presa francesa de Malpasset en 1959, al no derrumbe de la de Vajont, en Italia, cuatro años más tarde -lo sí que se derrumbó, sobre el embalse, fue la montaña adyacente, provocando una ola de 250 metros de altura que sobrepasó la propia presa-; del derrumbe del techo del teatro Knickerboker de Nueva York, en 1922, a, en España (aunque seguramente sería fácil encontrar ejemplos similares por todo el mundo) el del restaurante de la urbanización de Los Ángeles de San Rafael, en 1969. Por no obviar otra tragedia ligada al agua, en Valencia: la crecida del río Turia en 1957. La narración de todos estos sucesos, siempre bien aderezada por los comentarios, disquisiciones y digresiones sobre temas variados que le van surgiendo en el relato: desde la necesidad, precisamente, de explicar lo que ocurre por medio de un relato, hasta disquisiciones arquitectónicas o históricas. Es verdad que a veces parece irse un poco por las ramas, pero siempre retoma el hilo y, además, esta forma  de contar es característica de este autor, como sabrá quien haya leído algún otro de sus libros o lo siga en las redes sociales.

Ningún problema por mi parte, sin embargo. Otra cosa ocurre cuando se refiere al desastre que abre libro y al que vuelve de forma recurrente a lo largo del libro, la riada del 29 de octubre de 2024. En el cuarto capítulo, titulado, apropiadamente, La culpa y el espectáculo, hace un repaso de todas las culpas que se han atribuido, desde diferentes ámbitos, acerca de lo sucedido. Es verdad que hay algunas "culpas" que el propio autor desestima como absurdas, como las que se echaron -interesadamente, añado yo- sobre la Agencia Española de Meteorología -AEMET- o la Confederación Hidrográfica del Júcar. O incluso el propio sistema democrático, así en conjunto... Pero cuando menciona a los otros posibles responsables más directos, como el Gobierno de la nación y el Gobierno de la Comunidad Valenciana, se diría que pone la responsabilidad de ambas instituciones en el mismo plano, cuando no fue así, en absoluto. Y, lo que es peor, que quienes atribuyen estas responsabilidades o culpas, si se quiere, a unos y a otros también están en el mismo plano, cuando en un caso se trata de las familias de las víctimas y afectados de esas localidades -y el pueblo valenciano, en general-, mientras que, por otro lado, pueden ser, perfectamente, trols agitadores de la ultraderecha o incluso partidos políticos que tratan de aplicar la estrategia del calamar creando una nube de tinta. O, peor aún, de mierda. No son lo mismo, para nada, pero claro, ya se sabe -se explica anteriormente en el libro- que los humanos necesitamos encontrar culpables para poner punto final y procesar las desgracias que nos ocurren y tal y cual... No es porque haya una necesidad de justicia cuando hay muertos provocados por la incompetencia, en el mejor de los casos, de los responsables de que esa desgracia no ocurra o, cuando menos, provoque los menos daños posibles, no, qué va...

Además, en el epílogo viene a decir que la alarma que debió emitir a tiempo el Gobierno de la Generalitat Valenciana  y que se hizo con fatal retraso, cuando ya había decenas de fallecidos, en realidad tampoco hubiera servido de mucho, por la saturación de señales, noticias, avisos de todo tipo a las que estamos sometidos hoy en día. Ya que, según el este libro, "si hemos llegado hasta este punto quizá no se trate de fabricar más sirenas, sino de aprender a distinguir el silencio. Porque a veces el problema no es que falte la señal, sino que no sabemos cuándo ha empezado a sonar. O peor, que suene todo el tiempo". Pues puede ser, pero en este caso no sabemos lo que habría pasado de emitirse a tiempo, puesto que ni hubo señal ni sirena ni nada de nada... Porque en la tarde del 29 de octubre del 2024 el entonces señor presidente de la Generalitat Valenciana, el (muy poco) Honorable don Carlos Mazón, que debía autorizar esa alarma, estuvo varias horas pasándoselo pirata en el reservado de un restaurante junto a una atractiva señora y haciendo caso omiso de las informaciones de que algo grave estaba ocurriendo. Y la siguiente en el escalafón que podía haber autorizado la alarma, la señora consejera doña Salomé Pradas (hay que señalar que Torrijos no da ningún nombre... al menos en este tema) resultó ser una incompetente e irresoluta incapaz de tomar ninguna decisión por sí misma, no fuera a ser que la movieran de la silla.  Luego sí que hubo responsables y aun culpables, señor Torrijos. Que yo entiendo que no se quiera mojar demasiado porque el asunto todavía está en proceso judicial y, por supuesto, nadie ha sido condenado (todavía), pero tampoco me parece de recibo escribir un ensayo sobre esta tragedia, un año después de lo ocurrido e irse por los cerros de Úbeda, como si estuviéramos hablando sólo a nivel teórico, de una hipótesis de trabajo o un suceso acaecido hace mucho tiempo y muy lejos -peor aún: en el resto de casos que menciona, sí que da nombres de arquitectos y constructores, sin ningún problema, incluyendo, cómo no, al ínclito Jesús Gil-... En fin, que se puede ser cauto y eso es respetable e incluso aconsejable, pero ante todo hay que ser lo suficientemente honesto para no andar templando gaitas en un asunto así, que después puede haber malentendidos... Ahora bien, como, por mi parte, yo también intento serlo (y sin ánimo de templar nada), no quiero acabar la reseña sin reiterar que, en todo lo demás, este libro está muy bien.

Nota final: no me extrañaría que en los comentarios aparecieran los (o el) anónimos de costumbre quejándose de que ya estamos otra vez hablando de política y que si patatín y patatán... Dejando aparte de que, por lo que sea, sólo suele haber quejas desde un punto de vista "extremocentrista", por decirlo así, el libro habla de un suceso y unas responsabilidades (políticas, aunque yo espero que también penales) ocurrido en Valencia hace menos de quince meses... ¡Qué coño, pues claro que hay que hablar de política, que no vivimos en una urna de cristal! Y entonces se trató de una riada en l'Horta Sud de Valencia, pero también puede ocurrir en otros sitios. O que se produzcan unos incendios en Castilla y León o Galicia, una nevada en Madrid o una incluso pandemia mundial... Más nos vale estar un poco más atentos a lo que hacen nuestros dirigentes y no cogérnosla tanto con papel de fumar, ni siquiera en un blog que habla de libros, porque nos jugamos la vida, literalmente...

También de este autor en Un Libro Al Día: Territorios improbables

jueves, 23 de noviembre de 2023

Víctor Navarro: Una casa fuera de sí

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2022

Valoración:  Muy interesante


Empiezo por el final: me ha gustado mucho este librito. A veces es reconfortante leer a profesionales de un determinado sector ajeno a nuestro trabajo o aficiones más marcadas, sirve para abrir la mente hacia realidades de las que desconocemos casi todo y valorar puntos de vista en los que seguramente no habíamos reparado. En esta ocasión se trata de un libro relacionado con la arquitectura (ojo, Beatriz, esto te puede gustar), concretamente con la construcción de la Casa Gehry, la vivienda del propio arquitecto canadiense, hoy tan famoso, cuando era para casi todo un mundo un perfecto desconocido.

Gehry y su esposa habían decidido mudarse a Santa Mónica, y fue ella, la esposa, quien localizó una casa que consideró idónea, un caserón sin estilo demasiado definido, algo más bien anodino y similar a las viviendas de los vecinos. Para el joven arquitecto (véase en la foto con el bigote) la elección debió suponer o bien un shock por la vulgaridad de la construcción, o quizá un subidón pensando lo que podría hacer para aplicar sus ideas sobre aquel edificio. Porque el mantenimiento de la vieja casa, la elegida, debía ser una condición no negociable. Así que Gehry se puso a pensar cómo mejorar aquello.

La solución, aparentemente salomónica, fue mantener el caserón original y revestirlo con algo más interesante. Así que se decidió por añadirle una especie de cerramiento discontinuo (algo que recuerda a alguna de las cajas vacías de Oteiza), utilizando materiales baratos, incrustarle un cubo de vidrio y despojarle de buena parte de los acabados para dejar vista la estructura portante de madera. Es decir, una casa dentro de otra, generando un diálogo entre ambas, y renovando el carácter del conjunto a base de integrar materiales diversos y crear espacios comunes. Dicho sea todo ello desde el punto de vista de lo que el profano, es decir, yo mismo, ha podido sintetizar a partir de lo que cuenta el libro.

No hay en el texto apenas descripciones técnicas, pero sí reflexiones muy interesantes sobre la forma de imaginar y diseñar semejante rareza. Por ejemplo, la influencia de anteriores proyectos en los que Gehry había trabajado, como la Casa Davis (otro ejemplo de casa circunscrita en una especie de contenedor) o algunos centros comerciales, a cuyo origen y funcionalidades dedica el autor algunas páginas de gran interés. O la necesidad, desde el punto de vista conceptual, de que esa dualidad entre el viejo edificio y su nuevo revestimiento sea percibida tanto desde el exterior, que es lo más evidente, como desde el interior.

Lo más divertido es sin duda la indignación de los vecinos de un barrio tan apaciblemente burgués al contemplar esa cosa extravagante donde antes había un tranquilo caserón, seguramente tan parecido al suyo. Dice Navarro que lo más insoportable debió ser observar la vieja casa rodeada y perturbada de forma tan violenta, como si se tratase de un conocido torturado a la vista de todos. 

Parece mentira que un libro sobre un asunto en principio tan específico y tan técnico pueda resultar atractivo, pero en mi opinión sí que lo es, en buena medida porque está desarrollado, entiendo yo, sin entrar en demasiados detalles que pudieran desorientar o aburrir al lector, pero manteniendo el rigor necesario cuando se trata de valorar aspectos conceptuales o incluso artísticos. Es un mundo algo extraño el de los arquitectos, al menos el de aquellos que van un poco más allá de lo ordinario (y Gehry va bastante más allá), porque reúne elementos de multitud de campos, y se supone que el resultado debe mantener cierto grado de armonía entre todos ellos… aunque conocemos muchos ejemplos en los que no es así.

De hecho, en mi condición de simple curioso y lector raso, a la vista de las fotos de la Casa Gehry (unas cuantas incluidas en el libro), el invento me parece original, sí, pero francamente feo. Como tampoco, vistos los interiores, me parece una casa demasiado apetecible para vivir. Así que su evolución posterior, que también se cuenta, fue un progresivo y yo diría inevitable proceso de descafeinado, ajustando volúmenes, retocando paramentos y sustituyendo materiales para cambiar un poco menos de arte por algo más de confort. El autor, que me parece muy profesional pero también muy razonable, lo argumenta de forma impecable:

‘Toda obra inaugura un espacio de posibilidades que con el tiempo se van matizando, las soluciones se ponen en entredicho, las limitaciones funcionales se van consolidando, el entusiasmo va decreciendo, y la casa es empujada a una nueva mutación’.

Porque, señores, la casa le proporcionó a Gehry un prestigio que después no ha hecho más que aumentar, pero a fin de cuentas era una vivienda en la que supongo que cada día había que levantarse, desayunar y hacer todas esas cosas rutinarias que llenan nuestros horas. Y vivir en una obra de arte quizá no era la mejor idea.


viernes, 29 de abril de 2022

Owen Hatherley: Paisajes del comunismo

Idioma original: Inglés
Título original: Landscapes of Communism: a history through buildings
Año de publicación: 2017
Traducción: Noelia González Barrancos
Valoración: Interesante

Atentos a la no tan pequeña diferencia entre el título original y el de la traducción española. Ese "a history through buildings" es muy importante pues explica de forma ciertamente intuituiva lo que el lector encontrará a lo largo de las 690 páginas, nada más y nada menos, del libro. Porque este "Paisajes del comunismo" es, en esencia, un recorrido por la historia reciente (siglo XX y XXI) de buena parte de los países del telón de acero a través de los espacios más "exclusivos" de este sistema político - económico.

Pero hay claras ausencias ya que el autor deja de lado tanto el ámbito rural como, esta vez por motivos básicamente presupuestarios, las experiencias latinoamericanas, africanas o asiáticas (con la excepción de un pequeño apartado dedicado a China) y por tanto, su título podría ser más bien "Paisajes (urbanos) del comunismo (europeo)".

Dicho esto, nos centramos en un texto estructurado en 8 capítulos que toman como punto de partida espacios tales como las magistrales (macrobulevares construidos entre 1930 y 1980), los mikrorajones (los ciclópeos complejos de vivienda), los condensadores sociales (lugares destinados a acoger la "nueva vida colectiva", fuera de teatros o iglesias), los metros o los memoriales para, a partir de la evolución de los mismos, reconstruir la historia del movimiento socialista / comunista y explicar cómo los sucesivos vaivenes y contradicciones (por no decir brecha entre ideología, promesas y realidad) del sistema afectaron a aspectos como el urbanismo, la arquitectura o el uso del espacio público. 

Puestos a elegir alguno de los capítulos y por motivos de interés y amenidad, me quedo con el dedicado al metro, uno de los mayores éxitos de la arquitectura soviética en los que se aúnan espacio igualitarios y "pan y circo", y con el dedicado a los mikrorajon, por su vínculo con la actualidad.

Todo lo anterior en un texto que, por lo tanto, pone de manifiesto los logros, desastres y excentricidades de la arquitectura soviética y que funciona como ensayo histórico, ensayo político y guía de viajes al mismo tiempo. Eso sí, la sensación que me queda tras la lectura de las 690 páginas es que el texto se encuentra algo descompensado en la proporción "descripción / análisis". Pongamos que la proporción es de 60/40 o 65/35, por lo que para alguien como yo, con nulos conocimientos de arquitectura / urbanismo, el texto se hace algo repetitivo en ese aspecto.

Por contra, la parte "analítica" me parece mucho más interesante, ya sea en su vertiente histórica o en su vertiente vinculada a la actualidad. Porque Hatherley pone sobre la mesa, mezclando lo trágico y lo cómico, cuestiones tales como:
  • La utilización del espacio público
  • La relación entre el poder, urbanismo, arquitectura y propaganda.
  • La "inocuidad" del urbanismo y la arquitectura, ya sea en los años del estalinismo o en la actualidad (tanto me da que se llame mikrorajon, PAU o "urba")
  • ¿Existen otros modelos posibles de ciudad?
  • Las infinitas e interminables instrumentalizaciones y reescrituras de la historia 
Resumiendo. Libro "de Historia", sí, pero libro que habla (mucho y bien) del presente y de un debate al que no parece prestarse demasiada atención.

sábado, 24 de julio de 2021

Reseña + entrevista: Territorios improbables , de Pedro Torrijos

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: muy interesante y recomendable

Aquellos de nuestros lectores que tengan cuenta en Twitter (que, sin duda, utilizan para compartir recetas de cocina, memes de gatitos y comentarios sobre Eurovisión, nada de propagar bulos e insultos a sus adversarios políticos) es más que posible que conozcan los hilos de #LaBrasaTorrijos, el hashtag que utiliza el arquitecto y profesor -y ahora escritor- Pedro Torrijos para difundir unas maravillosas, sorprendentes y, sobre todo, muy entretenidas historias sobre lugares que parecen imposibles, imaginados tan sólo por alguna mente fantasiosa, pero que en verdad existen o han existido alguna vez y que, desde toda su poesía, originalidad, horror o diversión, nos interrigan y dan respuestas, a un tiempo, sobre nosotros mismos, los seres humanos que los hemos creado (en más de un caso, hay que decir, seres humanos que estaban un poco cucú...).

Por fin, recientemente, Torrijos ha recogido el anhelo de buena parte (por no decir todos) de sus seguidores tuiteros y ha plasmado en un libro muchos de estos fascisnantes hilos. Reunidos en cinco partes -Lo que ya no está, Lo que tenemos delante, pero no vemos, Lo que no podemos dejar de ver, Lo que no queremos mirar, Lo que no debería existir-, encontramos aquí ciudades hechas de aire y ciudades anegadas por la arena, pueblos donde sus habitantes viven enterrados como muertos y otros donde los muertos -también enterrados- superan con mucho a los vivos; pueblos "potemkin" donde nadie mora sus edificios y otros donde, en cambio, todos viven en uno solo. Ciudades abandonadas en medio de la selva o el océano y rascacielos en pleno desierto. Ciudades que crecen sin control como un tumor maligno y edificios que lo hacen como una planta mutante... alguno incluso desafiando al dios que pretende honrar.

Conoceremos la historia de la casa de los cientos de habitaciones y miles de fantasmas, la del edificio que era un serial killer -es literal-, la de la isla de los cadáveres de plástico. La historia del alemán megalómano que quiso crear un supercontinente (y no es quien vosotros pensáis). La del solar más caro y pequeño del mundo; la de la casa que pretendía rascar los Infiernos; la del edificio construido con sombrillas. El museo que es una cicatriz.

Todo ello contado con una amenidad y ligereza -incluso llaneza- también digna de elogio; no os asustéis aquellos/as que huís de los términos demasiado técnicos, conceptuales o directamente pedantes: no encontraréis nada de eso en este libro. Muy al contrario, es un libro para todo el mundo, para ayudarnos a amar la arquitectura, el urbanismo y las maravillas y curiosidades que nos tiene reservadas este nuestro mundo. 

Para quien esté interesado/a, recordad: podéis leer estas historias en los hilos de #LaBrasaTorrijos, que aparecen todos los jueves en la cuenta de Twitter de @Pedro_Torrijos (me atrevo a recomendar, asimismo, otras estupendas cuentas que hacen divulgación sobre diversos temas, como @itineratur , @Wurtz3el , @Azul_Mistico o, sobre cine, la magnífica de @Okinfografia). Y, por supuesto, en este estupendo libro que esperemos tenga continuación en otros muchos de este autor...

*          *          *    

Además de por escribir sus divertidos y fascinantes hilos y libro, debo agradecer a Pedro Torrijos la gentileza de haber respondido a unas preguntas para Un Libro Al Día:

-No eres quien ha inventado los hilos de divulgación en Twitter, pero sí uno de sus más conspicuos cultivadores, al menos en España o en español...¿Te podríamos considerar como una especie de rey Aragorn o caballero jedi que capitanea los ejércitos de la luz frente a las hordas de trolls, bots y demás patulea que pulula por las redes sociales?

-Jajajaja, más allá de lo de ser o no un líder, si que creo que formo parte de un tipo de divulgadores tuiteros o creadores de contenido tuitero que intentamos escapar del ruido y la furia que, a veces, se hace dominante en las redes sociales. Y somos bastantes, ojo, no soy el único. Como dije a finales del año pasado, dicen que Tuiter es un lugar hostil pero yo creo que no, yo creo que Tuiter puede ser un lugar estupendo, solo es necesario explorarlo y mirarlo en los lugares adecuados.

-¿Que necesita tener un lugar, edificio o historia para merecer un hilo de #LaBrasaTorrijos? ¿Ser un sitio insólito, paradójico, ejemplificante... o simplemente curioso?

-Que sea susceptible de contar una historia sobre él. Es decir, la inmensa mayoría de los lugares XD. En realidad, lo importante no es ni el lugar ni la historia que se cuenta, sino cómo se cuenta. Al final, todas las historias ya se han contado antes (y, probablemente, todas de pueden reducir a la Anábasis de Jenofonte), así que lo que hace una historia buena es cómo se cuenta; cuáles son sus recursos, sus registros, su tempo, su métrica, su desarrollo...

-En tus hilos y en el libro muestras una vocación no sólo divulgativa, sino también desmitificadora de la arquitectura, huyendo del lenguaje demasiado técnico o rimbombante. ¿Cómo crees que reciben estos hilos tus colegas arquitectos, un gremio que tiene fama de..ejem, estar un tanto encantados de haberse conocido... (por decirlo así)?

-Más que encantados de habernos conocido, creo que los arquitectos somos intelectualmente muy onanistas: hablamos para nosotros de cosas que solo nos interesan a nosotros empleando términos que solo conocemos nosotros. En realidad no es malo que un gremio tenga un lenguaje y un entorno de comunicación particular, lo que es más dudoso es que ese lenguaje y ese entorno de comunicación sea prácticamente el único que se practica. Dicho lo cual, yo creo que a mis colegas arquitectos les gustan mis hilos igual que a cualquier otra persona: algunos les gustarán más y algunos les gustarán menos porque, en realidad, lo que yo cuento es historias, y las historias llegan a todos los oídos que les apetezca escucharlas.
 
-¿Y en tu caso particular, esta labor divulgadora ha cambiado de alguna manera tu forma de ejercer tu oficio?

-De hecho, ahora mismo, esa labor divulgadora es mi oficio. Mi trabajo es la comunicación y la divulgación.

-Los capítulos de tu libro o tus hilos de Twitter muestran ante todo una visión humanista de la arquitectura , en su sentido más amplio; incluso cuando hablas de lugares y edifcios abandonados o que ni siquiera han sido concebidos para que los habiten personas. ¿Te parece que a veces la arquitectura más "espectacular" y los "arquitectos estrella" han olvidado esa vertiente más humanista o eso no es más que otro tópico sobre esta disciplina que tenemos los profanos?

-Creo que todos (o casi todos) los arquitectos quieren que los usuarios de sus edificios vivan lo mejor posible y sean lo más felices posible dentro de esos edificios. Otra cosa es que consigan eso que se proponen, bien por problemas en el diseño, en la construcción, en la normativa, promoción, ayuntamientos y todos los miles de agentes que intervienen en la construcción de un edificio. Hay que tener en cuenta, eso sí, que las funciones de una obra de arquitectura no son únicamente las convencionales; a veces tienen una función simbólica, o histórica. Hacer que todos esos elementos encajen bien no es siempre fácil. Dicho lo cual, yo estoy bastante en contra del concepto arquitecto-estrella, aunque creo que es más un problema de las entidades y los ayuntamientos que los encumbraron que de su labor como arquitectos que, salvo excepciones, suele ser bastante buena.

-Supongo que te resultará casi imposible, porque es como pedirle a alguien que elija entre uno de sus hijos, pero ¿tienes algún hilo ohistoria que te sea favorito, por simple cariño o, al contrario, por la dificultad que te causó encontrar los datos necesarios, etc.?

-Como bien dices, es imposible. Algunos días es una, otros días es otra... Quizá la de Heritage USA, el parque temático dedicado a Jesucristo, que es un capítulo del libro, sea una de las que más me molan.

-¿Puedes adelantarnos alguno de los temas que van a ser objeto de #LaBrasaTorrijos próximamente o mejor esperas a darnos la sorpresa?

-Pues mira, una que contaré en la tercera temporada, que empieza en septiembre, es la de la casa de un millonario francés que iba en silla de ruedas y que limpiaba una inmigrante extremeña. Una historia MUY especial.

Deseando leer pronto ésta y otras nuevas historias, nos despedimos de Pedro Torrijos, agradeciéndole una vez más su amabilidad.

sábado, 3 de julio de 2021

Andrés Barba: Vida de Guastavino y Guastavino

Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: está bien

Hace poco leí (y reseñé, que la máquina no puede parar) un librito de Georges Perec que hablaba sobre la isla de Ellis y en donde contaba cómo los inmigrantes que llegaban allí eran recibidos en la sala más grande que habían visto nunca. Pues bien, en uno de los siguientes libros que he leído se habla, oh, casualidad, de la construcción de la bóveda de esa sala, a cargo de la "Guastavino Fireproof, Construction Company", al igual que otras cubiertas semejantes en edificios tan emblemáyico de E.E.U.U. de principios del siglo XX como el Smithsonian de Whasinton D.C., la biblioteca de Boston, la iglesia St. John the Divine de Nueva York, la Grand Central Station, el Madison Square Garden, la academia militar de West Point... entre muchos otros ejemplos. Y todo ello utilizando bóvedas tabicadas recubiertas de azulejos, como las quye se llevaban usando en el Mediterráneo desde cientos de años atrás.

Los artífices de esta hazaña fueron Rafael Guastavino y su hijo, de igual nombre, de origen valenciano y emigrados para hacer las Américas en 1881 -bueno, el padre, puesto que el hijo no era entonces más que un niño, también para dejar atrás un pufo monetario de cierta cuantía que había cometido-; tras los consabidos tiempos duros y haber patentado la "invención" de este sistema tradicional de cubierta ignífuga, éste llegó a convertirse en casi un símbolo, suavemente art déco, de la incipiente arquitectura norteamericana, en una época en la que empezaba a despegar hacia el cielo, literalmente. y Guastavino padre, a codearse con los Rockefeller, Morgan y Vandervilt, aunque también se arruinó en una ocasión y quien llegaría a hacerse rico en verdad fue su hijo, ya entrado el siglo XX.

Andrés Barba consigue pergeñar aquí una novela biográfica (coincidente en el tiempo , por cierto, con otra de Javier Moro, que dudo que llegue a leer) breve, pero bastante resultona, aunque gracias, sobre todo, al esfuerzo del autor por otorgarle alguna densidad -parece que es el fruto de una beca para escritores que le concedienron en N. Y., así que se entiende el pundonor de presentar un buen producto final-; centrándose sobre todo en dos elementos hasta cierto punto especulativos, la ambición desmedida del padre y la rivalidad con el hijo, así como cierto resquemor que pudiera sentir éste. El caso es que todo el libro exuda la sensación de que sin la excelencia y habilidad de Barba al desplegar sus recursos literarios, la cosa habría quedado bastnate más ramplona... Sí, lo sé, en eso consiste justamente la literatura, pero, aunque parezca paradójico, ymás al tratarse de una novela, la tutela del escritor sobre el texto me resulta un poco excesiva, dando como resultado un estilo un tanto overdressed, por decirlo así. Un ejemplo:
"No sabemos nada y la historia es mentira y el amor no existe, pero a veces basta el miedo, el miedo como el hilo dorado de un fábula, para recuperar todas las realidades perdidas; la verdad , la ciencia, el amor.

Por cada gesto bajo sospecha, el miedo engendra una constelación de ciudades posibles. dadle el miedo a alguien capaz de construirlas y tendréis el mundo." 

A continucación no se nos narran las dudas de Odiseo por la vuelta a Ítaca ni el vértigo ante la conquista de Asia que pudo sentir Alejandro Magno, sino cómo Rafael Guastavino, no recuerdo si padre o hijo -a veces hay cierta confusión en el libro, supongo que adrede- construía una bóveda ladrillo plano y cemento Portland en algún sitio... Que desde luego es una labor honrada y encomiable, pero más pedestre de lo que cabe suponer al leer el tono del libro. La vida no necesita parecer tan extraordinaria para ser extraordinaria.


Más títulos de Andrés Barba reseñados en Un Libro Al Día:  Las manos pequeñas, República luminosa, La ceremonia del porno, La hermana de Katia

lunes, 21 de septiembre de 2020

Llàtzer Moix: La ciudad de los arquitectos

Idioma original: español
Año de publicación: 1994
Valoración: interesante





Los Juegos Olímpicos del 92 fueron para la ciudad de Barcelona el detonante de una reforma urbanística todavía hoy sin precedentes por su singularidad, efectividad y velocidad. En ese proceso se forjó una nueva conciencia urbanística que es vigente en la práctica profesional actual, así como la figura del arquitecto urbanista como elemento clave ante las grandes operaciones de transformación urbana y, consecuentemente, en la toma de las grandes decisiones que se toman en las cotas de poder. 

Como barcelonesa que soy, además de urbanista profesional y vocacional, esta lectura me ha resultado muy especial ya que ha provocado en mí algo que con el desgaste de los años, del oficio y del trato con ciertos especímenes pensaba que jamás volvería a sentir hacia mi profesión o hacia mi gremio: orgullo. Ya me arrepiento de haberlo dicho pero una tiene un corazoncito peleón que a veces puede más que un más que justificado cinismo. 

Resumen resumido: Crónica periodística desde los primeros albores posibilistas a principio de los 80, con los contactos entre el alcalde Narcís Serra y el presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, pasando por el fichaje del arquitecto Oriol Bohigas al frente del gran proyecto de trasformación urbana, los avatares de dicho proyecto y su ejecución y la culminación con la celebración de los Juegos y su posterior resaca. 

Esta crónica se finalizó en 1993 y se publicó en 1994 en medio de una gran expectación dentro del gremio. Para su elaboración, el autor había realizado multitud de entrevistas a buena parte de los arquitectos implicados y algunos de ellos accedieron a aportar su testimonio con la condición de no ser nombrados. Llàtzer Moix realiza un perfil muy certero de esa gran familia procedente en gran parte de la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona (ETSAB) que participó en primera línea del gran proyecto olímpico. Han pasado más de veinticinco años y hoy podría escribirse un segundo tomo sobre el "qué pasó después".

La crónica ilustra muy bien el origen de las camarillas en el seno de la ETSAB y desarrolla los acontecimientos que llevaron al «destierro» de figuras tan relevantes dentro de la profesión como Rafael Moneo o Ricardo Bofill. Más allá del cotilleo, esa información ayuda a comprender los posteriores acontecimientos en el reparto del pastel así como algunas declaraciones polémicas que surgieron en su momento. El autor también procura aportar diferentes testimonios para que los conflictos y los acontecimientos que explica puedan verse desde diferentes ópticas y en toda su complejidad. Sucede con algunas de las obras más polémicas, como la torre la Telefónica por Santiago Calatrava, que tiene todo un capítulo para ella sola en el que se relata gran cantidad de vicisitudes técnicas, administrativas, económicas e incluso emocionales. 

No falta el sutil toque humorístico en la narración que, más allá de aportar cierto tono irónico en algunos pasajes, ya se nutre de lo cómico del material original, como la contratación de un gestor para "apretar" a los despachos a cerrar los proyectos en terminio y presupuesto. Los métodos tajantes empleados por dicho gestor le valieron el apodo de Terminator entre el colectivo de arquitectos. Tampoco es capricho del autor que en la narración cobren tanto protagonismo los egos. No es un cliché en absoluto y las situaciones que se relatan hablan por sí mismas.

He disfrutado especialmente con el relato sobre la Ronda de Dalt, que al ser una infraestructura y no una edificación, pasó algo inadvertida para los profanos pero que aún hoy se considera todo un ejemplo de buen trabajo en equipo entre arquitectos e ingenieros de caminos. Una demostración de que sí se puede y de que el urbanismo es necesariamente pluridisciplinar.

Así que interesante para cualquiera que quiera acercarse a ese momento tan fulgurante de nuestra historia con la única contra indicación que los lectores ajenos al gremio tal vez acaben un poco empachados de tanto nombre propio.

martes, 7 de abril de 2020

Agustín Ferrer Casas: Mies

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable, sobre todo para interesados

"Biocomic" éste que perfectamente podía haber entrado en nuestra Semana de la arquitectura y el urbanismo que devorásteis con tanta fruición el año pasado, puesto que el Mies del título hace referencia, claro está, al célebre arquitecto Ludwig Mies van der Rohe -se añadió un segundo apellido porque el primero, en alemán significa "miserable", "piojoso", y claro, no era plan-, uno de los más conspicuos y, sobre todo, elegantes representantes del Movimimento Moderno en esta disciplina. Novela bio-gráfica que fue publicada coincidiendo con el 50º aniversario de su muerte, por cierto.

Mies, hijo de un cantero de Aquisgrán, fue formándose como delineante y luego arquitecto, hasta convertirse en uno de los más vanguardistas y reputados de Alemania, además de director de la última etapa de la Bauhaus, hasta que fue cerrada por los nazis, que le fueron poniendo las cosas cada vez más difíciles -parece que el propio Hitler pisoteó los planos de uno de sus proyectos-, lo que provocó que Mies finalmente emigrara a EEUU, para comenzar de nuevo con más de 50 años... aunque, eso sí, como director del Armour Institute de Chicago. Por supuesto, además de su vida, el libro hace un repaso a los más señeros esdificios diseñados por él: la casa Riehl, la Tuhaldt, el exquisito pabellón alemán en la Exposición Universal de Barcelona o, ya en América, los apartamentos Lake Shore Drive, el rascacielos Seagram de Nueva York, o la transparente y prodigiosa cassa Farnsworth. Para acabar con la obra que cierra el círculo de su vida profesional: el Museo de Arte Moderno de Berlín.


Ahora bien, este cómic o novela gráfica dista mucho de ser una simple hagiografía del famoso arquitecto; articulada a través de una conversación con su nieto Dirk, en una avión rumbo a Berlín, no para mientes en abordar la ambivalente posición de Mies ante el régimen nazi - intentó capear el temporal como pudo, aunque no tenía nada que hacer con ellos desde que en 1926 erigiera el monumento a los comunistas CarlLielhnecht y Rosa Luxemburgo-, así como la desaforada ambición que le caracterizaba, sus problemas con el alcohol y, sobre todo, sus infidelidades y traiciones a todas las mujeres que pasaron por su vida (incluso a una edad más que madura y con un físico no demasiado agraciado, el tipo era bastante picaflor). También las relaciones, no siempre cordiales, con otros arquitectos de su época: Peter Behrens, Gropius, Philip Johnson... con Frank Lloyd Wright, que también era bastante pichabrava, parece que se llevaba bien... probablemente porque ninguno de los dos hablaba el idioma del otro.



En cualquier caso, es ésta una biografía nada complaciente, ya digo, pero quizás por ello más interesante, de un arquitecto fundamental de la modernidad, además de una figura de lo más representativa de lo que fue el siglo XX; una novela gráfica que, por si fuera poco, hace gala de un dibujo de un trazo exquisito y un gusto por el detalle excepcional, sobre todo, y cómo no, en la recreación de edificios y ciudades; algo que no es de extrañar siendo su autor, Agustín ferrer Casas, también arquitecto, además de dibujante. Ojalá se prodigue más con obras de este tipo y nivel , tanto narrativo como gráfico.





domingo, 7 de julio de 2019

Semana de la arquitectura y el urbanismo #7: ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, de Tom Wolfe

Idioma original: inglés
Título original: From Bauhaus to our house
Año de publicación: 1981
Traducción: Antonio-Prometeo Moya
Valoración: Muy interesante

La fiebre post-olímpica convirtió la Facultad de Arquitectura de Barcelona en una bomba de relojería. Por una parte, el alumnado estaba masificado y sujeto a un nuevo y leonino plan de estudios plagado de fases selectivas; por otra parte, la plantilla docente —compuesta en gran parte por arquitectos consagrados— era presa de una gravísima epidemia de egos (y bolsillos) inflamados. Tal era el grado de endiosamiento que muchos profesores decidieron poner en práctica un método pedagógico revolucionario: la enseñanza por osmosis. Efectivamente, consideraban que bastaba con verlos o tenerlos cerca para que uno, automáticamente, empezara a pensar y a proyectar como un arquitecto experimentado. Pero al constatar que la osmosis no daba los frutos que se esperaban, solo cabía suponer que los alumnos eran todos unos completos ignorantes y por ello, dos o tres veces al trimestre, se nos invitaba a tirar la toalla e irnos a estudiar Farmacia, entre otras muchas salidas de tono.

Cuando miro hacia atrás y reparo en alguna de aquellas situaciones, me pregunto cómo es posible que ningún estudiante sucumbiera al suicidio u homicidio, y más teniendo en cuenta que nos pasábamos las horas en la sala de maquetas manipulando cúteres, punzones y sierras. Otra cuestión es si sucumbimos o no a la enajenación mental. En mi caso, y dando por hecho que mi cordura —la que fuere— se mantuvo intacta, solo se me ocurren tres posibles motivos: que soy terca, que soy práctica y que siempre buscaba algún refugio para no sentirme como un pulpo en un garaje. La lectura de ¿Quién teme al Bauhaus feroz? fue uno de esos refugios. 

Resumen resumido: el nacimiento y evolución de la Arquitectura Moderna desde la Europa arrasada de finales de la Primera Guerra Mundial, hasta la fundación de la Bauhaus, su llegada —y colonización— de los Estados Unidos y todo lo que se derivó de ello y que todavía sigue en boga en pleno siglo XXI. 

Tom Wolfe escribió este ensayo después de La palabra pintada, otro de similares características pero centrado en el Arte Moderno. Existen ediciones en las que ambos ensayos se publican juntos ya que comparten tono y argumentario. No hay más que leer el primer párrafo de ¿Quién teme al Bauhaus feroz?:
«Oh, hermoso país, el de los horizontes espaciosos, el del ambarino oleaje del trigo, ¿existe otro lugar en el mundo donde tanta gente rica y poderosa haya costeado y soportado tal cantidad de arquitectura que detesta como el que abarcan nuestras benditas fronteras?» 
Así como en el ensayo sobre el Arte Moderno Wolfe explicaba cómo todo se había desarrollado alrededor de la premisa de huir de la letra (crear obras de arte sin una explicación al margen que las explicara) y cómo el arte había acabado siendo precisamente pura teoría. En este ensayo sobre la Arquitectura Moderna, Wolfe esgrime la tesis de que la premisa acuñada en Europa tras la Primera Guerra Mundial, que era huir de lo burgués, acaba convirtiéndose en puro estilismo costeado por las grandes fortunas estadounidenses. Y huir de lo burgués se traducía en la premisa empezar de cero, algo que todos los alumnos de la Bauhaus repetían sin cesar y que bebía de las mismas fuentes que el manifiesto Ornamento y delito de Adolf Loos. 
A partir de ese punto, Wolfe desarrolla su tesis sobre cómo la premisa se va viciando hasta llegar al punto actual en el que el formalismo y el discurso dejan a la Arquitectura al margen y tenemos varias generaciones de arquitectos que han proyectado sobre el terreno y enseñado en las aulas con ese único propósito. Porque la cuestión que subyace a lo largo de todo el texto es la siempre difícil situación en la que se halla la Arquitectura al ser considerada un arte pero con una clara vocación al servicio de las necesidades terrenales del ser humano. Al fin y al cabo, que cuatro pandillas de artistas plásticos se debatan sobre si el lienzo es material o inmaterial es una cuestión que no afecta a la calidad de vida de las personas. Que cuatro pandillas de arquitectos banalicen con la vivienda social (en la que solo van a poner los pies para hacerse la foto el día de la inauguración) para experimentar sus caprichos estéticos y confirmar sus teorías sobre cómo debe vivir la clase obrera, es otra cosa muy distinta. 

La primera vez que leí ¿Quién teme al Bauhaus feroz? me sentí reconfortada y vigorizada. Porque lo que descubrí en aquellas páginas ya rondaba de algún modo por mi cabeza aunque yo jamás hubiera sido capaz de expresarlo con tanto rigor y desparpajo. Y el modo en el que Wolfe despoja a Le Corbusier de su aura divina me pareció impagable —las teorías de Le Corbusier deben haber propiciado gran parte de los sueños húmedos de tantos profesores de proyectos...—. Wolfe lo baja, efectivamente, de su pedestal:
«Su Vers une architecture fue la Biblia. Hacia 1924 era uno de los genios imperantes de la nueva arquitectura. En su mundo era… ¡Corbu!, del mismo modo que Greta Garbo era ¡la Garbo! en el suyo; y todo por la energía de sus manifiestos, su fervor y un puñado de casitas (...)» 
para ponerlo en el lugar que le corresponde: el de un teórico y comunicador de excepción y ya está. Y lo mismo hacía con el Estilo Internacional, con la Bauhaus, con Gropius… Mi pobre cabecita no estaba acostumbrada a semejante raudal de sensatez e ironía juntas: 
«En Yale, después de una de las apabullantes intervenciones de Fuller, los estudiantes de arquitectura cayeron en un extático trance de acción rebelde y colectiva. Construyeron una enorme cúpula geodésica de riostras de cartón y la colocaron en lo alto de Weir Hall, el edificio neogótico de piedra gris de la escuela de arquitectura, mientras desafiaban al decano a que se atreviese a hacer algo al respecto. No lo hizo y la cúpula se fue pudriendo poco a poco.» 
Sé que llego tarde pero: muchas gracias señor Wolfe.

Otras reseñas sobre obras de Tom Wolfe publicadas en ULAD: aquí

sábado, 6 de julio de 2019

Semana de la arquitectura y el urbanismo #6: La casa, crónica de una conquista, de Daniel Torres


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable

Concebido inicialmente como un proyecto por entregas, La Casa. Crónica de una conquista se publicó finalmente como un apabullante volumen –por tamaño, extensión y ambición- que reflexiona a través de la narración gráfica sobre los tres mil años de relación que los seres humanos llevamos con la vivienda, con el lugar donde moramos (del latín morari, detenerse). La ¡casa! que en los juegos infantiles es refugio seguro,  la casa que se nos cae encima, la que jamás hay que empezar por el tejado, el lugar que es idea y que nos retrata e identifica; esa es la esencia que recorre las casi seiscientas páginas de este libro. O, resumido en un interrogante, ¿de dónde nos viene el concepto del hogar?

Estructurado en 26 capítulos, que arrancan a las orillas del río Jordan 1.200 años AC para concluir con una hipótesis de lo que nos puede deparar el futuro más inmediato, este concienzudo trabajo del dibujante Daniel Torres (Teresa de Cofrentes, Valencia, 1958) reflexiona sobre uno de los ámbitos, actividades y espacios más personales y universales de la condición humana, la vivienda, y lo hace poniendo a las propias personas –comunes, anónimas, vulgares- en el centro de interés, como protagonistas. En el libro se habla por supuesto de arquitectos y de materiales, de escuelas y de modas, de planos y de escalas, pero hay un par de axiomas que subyacen, poderosos y tremendos: Hasta hace poco más de un siglo, la inmensa mayoría de la Humanidad ha vivido en condiciones deplorables, terroríficas y, hoy en día, al menos una tercera parte de ésta habita en chabolas o infraviviendas. Y uno más; la vivienda siempre ha sido un bien escaso y, por tanto, caro. La mano de obra es abundante y, en consecuencia, corta su retribución. Ley de hierro, tan duro como el que sale de la fundición.

El proyecto requirió seis años de elaboración para ser entregado a imprenta, la mitad para documentación, estructuración y diseño y otro tanto para plasmarlo sobre el papel. El dibujo de Daniel Torres es muy ilustrativo y meticuloso, fotográfico, con abundancia de detalles y una composición muy cuidada, con una paleta de colores sosegada, con predominio de tonos pastel y protagonismo del ocre y del siena, una elección que refuerza la intencionalidad profunda del relato, encajado en una estructura narrativa clásica, con secuencias que arrancan en un gran plano general para dirigir al lector hacia el menudeo de la narración. La información gráfica y textual está dispuesta con esmero, muy ordenada, y su colocación en las páginas evita que la profusión de datos y detalles se haga farragosa. Este es un trabajo amplio y minucioso, pero no academicista ni de tesis, porque su objetivo es divulgativo. Formalmente resulta un buen ejemplo de ese tipo de cómic que hace ya casi medio siglo se denominó línea clara –en contraposición a  la línea chunga- y que tuvo en el Tintín de Hergé a uno de sus referentes ineludibles.


Si bien los primeros capítulos se desarrollan a orillas del Mediterráneo, a partir del siglo IX los ejemplos que se abordan se centran en la Europa Occidental y a partir del XIX en los Estados Unidos. Los argumentos tratados son tan variados como sugerentes. Desde la aparición en el siglo XIII de los planos sobre papel, que confirió a la arquitectura la condición de transportable, a la importancia de factores como los cañones o las ratas en la configuración de las urbes o de objetos como las llaves, la iluminación o los desagües fueron modelando las casas como un decorado para la vida, reflejando mentalidades, necesidades y apariencias. Posteriormente, la acumulación de bienes se hizo símbolo inexcusable de bienestar; enseres, novedades indispensables, exotismos, lujos, sorpresas ingeniosas, fruslerías, regalos… La aparición de nuevas fuentes de energía llenó las casas de máquinas hasta transformar la vivienda en un mecanismo, eficiente, serializado, impersonal. Quizás aquí se le puede plantear un pero al libro, al focalizar el relato en lo que supuesta o convencionalmente retrata las épocas, en qué se considera digno de atención y qué no, dejando de lado vastísimas realidades. Aunque eso es lo que ocurre inevitablemente cuando hay que tomar decisiones sobre cómo aprovechar el (siempre) limitado espacio a nuestra disposición.

 

martes, 2 de julio de 2019

Semana de la Arquitectura y el Urbanismo #2: En construcción, VVAA

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

Leí en algún sitio que las obras destinadas al público infantil, cuando son buenas, están destinadas a cualquier público. Y eso es exactamente lo que sucede con esta pequeña joyita ilustrada por Juan Berrio.

Resumen resumido: Clara, una niña de primaria, tiene que preparar un trabajo de investigación junto a otros compañeros y eligen la arquitectura como tema. Eso le llevará a interactuar de un modo diferente con su entorno para ir descubriendo cómo la arquitectura nos envuelve en todos los ámbitos de nuestra vida.

Lo que, al fin y al cabo, nos está proponiendo En construcción es que observemos nuestro entorno con la curiosidad renovada de un niño y con el fin de re descubrir todos esos elementos y conceptos arquitectónicos que conviven con nosotros desde siempre y que hacen nuestra vida más confortable: desde el marco de una puerta hasta la construcción, paso a paso, de un edificio residencial entre medianeras.


La novela se estructura mediante capítulos cuyo orden y contenido responde a un criterio técnico: 1. Anteproyecto, 2. Proyecto de ejecución, 3. Estructura… pero su desarrollo resulta distendido y ameno en el que los conceptos arquitectónicos y las pesquisas cotidianas de Clara se amalgaman con naturalidad.

El tono llano de la narración, así como las ilustraciones límpidas y detallistas de Juan Berrio pueden llevar a engaño en cuanto a la sustancia de la novela ya que, detrás de esa imagen de librito ligero hay una grandísima labor por condensar adecuadamente y transmitir algunos conceptos de envergadura con rigor e ingenio. La introducción, sin ir más lejos, aborda con sencillez y efectividad cuestiones básicas tan dispares como la escala o la estructura urbana aunque, personalmente, lo que más me maravilla es el modo en el que se explican los esfuerzos a los que puede estar sometida una estructura utilizando el columpio de un parque.


Pero la historia de Clara y sus pesquisas arquitectónicas contiene un mensaje subyacente que es, a mi parecer, el verdadero leitmotiv de la novela: el trabajo en equipo.
  • El trabajo que tiene que hacer Clara para el colegio es un trabajo en conjunto con otros compañeros de clase.
  • El modo en el que Clara aborda la tarea de descubrir la arquitectura implica a su familia y a su entorno ya que la narración muy a menudo avanza mediante el diálogo y las interacciones de los personajes.
  • El proyecto arquitectónico, como ya avancé en la metaentrada de ayer, y tal como la novela se encarga también de explicar, es un proyecto colectivo en el que se amalgaman las ideas y las tareas de muchas personas.
  • La propia novela, En construcción, también es un trabajo en equipo entre un ilustrador (Juan Berrio), una arquitecta (Sonia Rayos) y una docente (Silvana Cortés).
El (buen) trabajo en equipo es el único modo, no solo de que el proyecto arquitectónico llegue a buen puerto, si no cualquier otro proyecto.

La novela cuenta al final con un anexo de vocabulario muy útil y didáctico así como con un capítulo final titulado Grandes maestros, en el que se enumera a una serie de arquitectos con el dibujo de alguna de sus obras más representativas. Quizá esta sea la parte del libro que me resulta más tendenciosa al recoger únicamente arquitectos modernos y regirse, en mi opinión, por incluir a los incontestables de siempre (ya me perdonaréis pero en mi época estudiantil acabé bastante saturada de tanto Le Corbusier y tanto Mies Van Der Rohe), los mediáticos/grandilocuentes de siempre, y un surtido variado de otros también conocidos, por aquello de que la vida es una caja de bombones.

Tan solo añadir que mi valoración de recomendable lleva implícito el hecho de que aunque la novela hable de arquitectura, para abrirla no hace falta que sientas una curiosidad especial por la arquitectura porque, cuando la cierres, sí la tendrás.

lunes, 1 de julio de 2019

Semana de la Arquitectura y el Urbanismo #1: De qué hablamos cuando hablamos de arquitectura


Decía Walter Gropius que el proyecto arquitectónico abarca desde el diseño de un tenedor hasta el de una ciudad; y es que bastaba con que Walter Gropius —fundador de la Bauhaus y conocido con el sobrenombre de Príncipe de plata— abriera la boca para que sus discípulos convirtieran en dogma cualquier cosa que saliera de ella. Gropius aparte, la experiencia y la práctica del oficio han demostrado que, efectivamente, en el acto de proyectar un tenedor o una ciudad, el único factor que difiere es la escala. No obstante, dada la complejidad y la pluridisciplinariedad que subyace en el proyecto urbano, me resisto a subyugar el término urbanismo y, por lo tanto, me referiré siempre a la arquitectura y el urbanismo (en adelante, A&U). 

La Semana de la A&U tiene como objetivo dar visibilidad a unas cuantas obras en las que la A&U juega un papel protagonista; pero hay tantos libros que se ajustan a tal premisa que resulta imposible ofrecer una muestra representativa en solo una semana ya que, por más que hayamos establecido un marco temático, esto no deja de ser ULAD donde, por definición, reseñamos lo que queremos. De todos modos, y conscientes de que os vamos a dejar con ganas de más —y ahora que mis compañeros no me escuchan—, no es descartable que repitamos fórmula en un futuro para recoger más obras de interés que no hayan tenido cabida en esta primera incursión. Así que se aceptan sugerencias. 

El hecho de que las novelas, biografías, ensayos o novelas gráficas que versan alrededor de la A&U sean tan numerosas se debe a la fuerte atracción que dicha disciplina/arte/oficio ejerce sobre la mente humana. ¿Por qué será? 

1. Porque todo proyecto de A&U trata de aunar necesidades de distinta naturaleza o, lo que es lo mismo, de encontrar el equilibrio entre conflictos de diferente naturaleza. Y como todo el mundo sabe, si hay un conflicto, hay una historia. Y la A&U es una cantera de conflictos, algunos tan genuinos como: 
  • ¿Arte o Pragmatismo?
  • ¿Yo o el Colectivo?
  • ¿Cuál es la apuesta estética?
2. Porque toda obra de A&U modifica su espacio y las dinámicas vitales del ser humano. Y eso significa poder. Y tal vez por eso aquellos que ostentan o ansían el poder siempre han visto la A&U como una herramienta para alcanzar sus propósitos. 

3. Porque todo proyecto de A&U aúna gran cantidad de elementos y actuaciones que sólo pueden combinarse de un único modo (existe una metáfora muy efectiva: por más que mezcles huevo, aceite, sal y vinagre, la mayonesa no existirá si no logras ligar debidamente todos los ingredientes). Del mismo modo, todo proyecto de A&U aúna gran cantidad de manos y mentes —dejemos atrás de una vez el paradigma del arquitecto solitario— que deben coordinarse para llevar la obra a buen puerto y ese hecho también da lugar a multitud de situaciones y conflictos dignos de ser contados. 

4. Porque EL ARQUITECTO —a pesar de lo que acabo de decir justo antes— sigue siendo para el imaginario colectivo una figura enigmática. (¿Quién estaba detrás de todo el invento de Matrix?. Curiosamente, un arquitecto).

Podría pasarme la semana entera con mis elucubraciones. En todo caso, esta primera Semana de la A&U de ULAD ofrece una selección para todos los gustos en la que la novela gráfica tiene, además, una representación notable. En términos genéricos y para no hacer ningún spoiler: 
  • Ensayos sobre arquitectura y urbanismo. 
  • Reflexiones alrededor de la vivienda como icono arquitectónico y como elemento fundamental para la vida del ser humano. 
  • La arquitectura en su vertiente más constructiva y cotidiana. 
  • Las facetas del arquitecto como figura pública y como figura privada. 
  • La relación de la arquitectura con el poder.  
  • La siempre conflictiva relación de la arquitectura con mamá Arte. 
Esperamos que os guste.