miércoles, 17 de octubre de 2018

Semana del arte #3: Tom Wolfe: La palabra pintada

Idioma original: inglés
Título original: The painted word
Año de publicación: 1975
Traducción: Diego Medina
Valoración: Interesante


Tom Wolfe tenía mucha cultura, una aguda capacidad de observación y la habilidad para abordar cualquier tema con rigor. Así que cuando el Arte Moderno se cruzó en su punto de mira, él afiló el lápiz y alumbró La palabra pintada, un ensayo crítico/humorístico cuya argumentación será más o menos acertada (los expertos opinarán) pero es, desde luego, sólida, divertida y tan cáustica como toda la obra de este autor. No en vano el subtítulo es: El arte moderno alcanza su punto de fuga.

Resumen resumido: el Arte Moderno, nacido a finales del siglo XIX con el fin de romper con toda expresión artística anterior que necesitara de una «literatura» para poder ser contemplado, acaba siendo igual de literario y dependiente de una teoría que lo sostenga hasta el punto de que la expresión artística prácticamente desaparece y tan solo queda la teoría.
«Nada de “ver sea creer”, tonto de mí: “creer es ver”, porque el Arte Moderno se ha vuelto completamente literario: las pinturas y otras obras sólo existen para ilustrar el texto»
La palabra pintada es un ensayo corto (144 páginas) que se estructura mediante un prólogo y seis capítulos, cuyos títulos ya nos dan una idea del contenido y el tono: 1.La Danza de los Bohemios / 2. No se invita al público (Nunca se le ha invitado) / 3. El todo Nueva York montado en un caballo cubista / 4. Greenberg, Rosenberg & Lo Plano / 5. Hola, Steinberg (Adiós, Greenberg) (Tú también, Rosenberg) (La alegría vuelve a Culturburgo) / 6. He aquí el paso decisivo.

Los temas concretos que se abordan a lo largo de la argumentación propuesta por Wolfe, resultan bastante polémicos porque apuntan varias cuestiones que no pueden dejarnos impasibles:
  • Que el Arte Moderno, entendido como algo vivo, ya no está en manos de los artistas si no de los críticos (y pone un ejemplo muy interesante en relación a Jackson Pollock).
  • Que el Arte Moderno está secuestrado por el poder económico y depende absolutamente de él.
  • Que el Arte Moderno pereció auto fagocitado por sus propias teorías y por llevar demasiado lejos la máxima de «el arte por el arte».
  • Que así como en literatura, música y otras disciplinas del arte, el gran público forma parte del proceso y su opinión se valora, no sucede lo mismo con las artes plásticas modernas.
Wolfe cierra con un epílogo, clímax de todo lo expuesto, donde expresa de forma más directa su opinión al respecto. Y si Wolfe pensaba todo eso el año 1975, daría cualquier cosa por saber qué opina del Arte Moderno actual. A modo de muestra:
«(…) los científicos de mediados del siglo XX procedían a partir de los descubrimientos de sus predecesores para elevarse desde ellos hasta las alturas… mientras que los artistas, por su parte, ignoraban los hallazgos legados por sus maestros desde la época de Leonardo da Vinci y, aterrorizados, los reducían o desintegraban con el disolvente universal de la Palabra»
La palabra pintada ofrece una lectura amena, divertida y muy interesante en la que se disecciona la cuestión del Arte Moderno haciendo que parezca algo sencillo cuando en realidad no lo es. Se puede leer perfectamente sin tener grandes conocimientos sobre arte pero para que la lectura sea plenamente satisfactoria requiere —o al menos ha sido así en mi caso— de una relectura más atenta ya que aparecen muchas fechas, nombres propios y acontecimientos que pueden hacer que perdamos de vista el juguetón hilo argumental que Wolfe plantea. Porque es a lo largo de ese hilo argumental (perfectamente pautado) que Wolfe desmonta, desmiembra y deslegitima todo el artefacto teórico que llevó al Arte Moderno hasta lo que conocemos ahora. Un baño de ironía corrosiva.

Y lo mejor, como en cualquier lectura a mi parecer, es la reflexión posterior que suscita. Personalmente me ha hecho pensar en un texto de Ortega y Gasset que leí hace años, titulado La deshumanización del arte, en el que se lamenta de cómo el Arte Moderno ha perdido el contacto con la gente para convertirse en algo minoritario... tal vez sea la consecuencia natural de retorcer y encorsetar las pulsiones artísticas que antes eran mejor recibidas. O no. En todo caso, me ha parecido muy plausible que alguien se atreva a bajar al Arte Moderno de su pedestal, con argumentos y con rigor. Así que si es cierto eso de que cada civilización/sociedad necesita sus propios narradores, no hay duda de que Tom Wolfe lo fue de la suya y que los ecos de muchas de sus crónicas aún resuenan con autoridad.

Ya para acabar, decir que no contento con desposeer a la pintura moderna de su halo de magia y exclusividad, Wolfe hizo lo mismo con la arquitectura moderna en otro ensayo de similares características titulado ¿Quién teme al Bauhaus feroz? del que os hablaré en otra ocasión.

7 comentarios:

Cities: Moving dijo...

Ahora que lo dices creo que alguna vez he visto un volumen doble de Anagrama que incluye La palabra pintada & ¿Quién teme a la Bauhaus feroz, así que tras leer tu reseña lo voy a poner en busca y captura de inmediato.

Por cierto que respecto al secuestro del arte moderno por el poder económico y las élites culturales, Wolfe coincide plenamente en el planteamiento que Ben Morea y sus grupúsculos de activistas anarquistas hizo una década antes.

Beatriz Garza dijo...

Cities: Moving
Efectivamente, primero hicieron una edición por separado (puede ser que sea esa la que encuentres en bibliotecas o de segunda mano) y luego editaron ambos ensayos juntos.
Interesante lo que comentas de Ben Morea. Lo frustrante es que tales teorías no sean un clamor de dominio público.
Gracias por comentar.

Carlos Andia dijo...

Muy interesante la reseña, Beatriz. De todas formas, yo creo que para opinar sobre arte (como sobre cualquier asunto) hay que tener al menos unas ideas básicas sobre el tema. Imagino que Wolfe las tiene, pero lo que cuentas sobre el libro me hace dudar un poco. Es interesante la cuestión del arte devorado por la palabra (yo diría más bien por el concepto), y también esa dependencia del poder económico o, dicho de otra forma, la mercantilización extrema del arte, o al menos de algunas de sus manifestaciones.

Pero también se podría plantear (no en 1975, pero sí en este siglo XXI) un retorno a la popularización de las obras. Yo creo que el arte (o, vuelvo a decir, algunas de sus expresiones) huye precisamente de las élites culturales para quedar depositado a ras de suelo, para contemplación y disfrute de las masas, un carácter lúdico, a veces irrisorio, que a su vez hace posible su 'monetización', o sea, que las cotizaciones se disparen de forma enloquecedora.

En fin, que habría mucha tela que cortar en este asunto. Enhorabuena por la reseña y perdona por el rollo.

Juan G. B. dijo...

Hola a todos:
Si os interesa, del grupo de los Motherfuckers se habla bastante, con la aparición de uno de sus miembros como personaje, en la nivela de Rachel Kushner "Los lanzallamas". Novela que, por lo demás, viene a ser una sucesión de guiobes de anuncios de colonias cool-vintage (muy apropiados, ahora que se acerca la Navidad).

Beatriz Garza dijo...

Carlos:
Supongo que ese fenómeno del que hablas (y que desconocía), al ser posterior a 1975 tendría que ser incluido en una segunda parte. Llegamos tarde para pedírsela a Wolfe. ¡No te creas que no me fastidia! :D
Gracias por comentar

Juan:
Por si ya no éramos lo bastante frikis... ;P

Anónimo dijo...

¡La Bauhaus que no me la toquen!

Beatriz Garza dijo...

Anónimo:
Me veo en la obligación de advertirte que Wolfe la toca, la retoca y la recontratoca.
:D