Título original: Das Versprechen
Traducción: José María Valverde
Año de publicación: 1958
Valoración: Recomendable alto
El ritmo es, me parece a mí, un elemento esencial en una obra literaria. El ritmo debe adecuarse a lo que se cuenta y a cómo se cuenta, sincronizado con la prosa y marcando el paso al lector. Hay mil ejemplos de esa sintonía y otros tantos de su ausencia, y me da la impresión de que esta semana temática dedicada a textos más bien breves y contundentes está estrechamente relacionada con el ritmo, porque si un libro de pocas páginas no consigue atinar con el ritmo idóneo casi seguro que terminará siendo desechable aunque ofrezca otras virtudes.
Si ven la valoración que pongo arriba, habrán podido suponer con acierto que esta novela corta de Friedrich Dürrenmatt (cuya recomendación tengo que agradecer a Oriol) da en el clavo con el ritmo, y hasta se podría decir que es su mayor activo. Porque la historia en sí es más bien poco rompedora si consideramos los montones de películas y libros que llevamos en la mochila a estas alturas. Se trata de una serie de crímenes que tienen como víctimas a niñas que aparecen asesinadas y probablemente, no se dice de forma explícita, objeto de violencia sexual. A partir de ahí se desarrolla una trama policial encabezada por un inspector muy capacitado que se tomará el asunto como algo personal. A la dificultad de la investigación se suman factores que la hacen aún más ardua, como la absoluta ausencia de indicios, la presencia de alguien con toda la apariencia de culpabilidad, la furia de los vecinos de las víctimas o los intereses mezquinos de otros mandos policiales. Nada demasiado especial, como se ve.
Pero el talento para narrar algo puede convertir una historia más o menos convencional en algo mucho más valioso. Está el ritmo al que me refería al principio, la cadencia exacta para mantener la tensión sin abrumar al lector, pero hay más. Un relato construido a partir de niñas vestidas de forma similar que son asesinadas mientras deambulan por un bosque tiene el punto insano de una reinterpretación cruda del cuento de Caperucita, claro está, además de la sospecha que sobrevuela sobre los habitantes de las apacibles poblaciones suizas donde se desarrolla. Y ciertas escenas (el disparatado desenlace de una larga vigilancia, la desesperante disertación de una anciana) recuerdan, con cuarenta años de antelación, a algunas extravagantes secuencias de Twin Peaks, donde también asistíamos a momentos disruptivos donde el absurdo surgía de improviso en un contexto de máximo dramatismo.
Pinceladas que dan al libro un aire moderno, novedoso, una forma de tratar la novela policiaca desde un ángulo diferente engrandeciendo así el relato. Como lo hace un ligero rasgo metaliterario que se queda en amago aunque sobrevuela suavemente todo el texto. Son virtudes que hacen muy atractiva la lectura y que nos hacen perdonar algún pequeño pecadillo, como recurrir a un relativo, aunque bien elaborado, deus ex machina para resolver alguna cuestión.
Tratándose de un texto más o menos breve y que consigue captar toda la atención sin apenas momentos de relajación, me parece que encarna muy bien ese concepto de novela piraña, lo que quiera que eso sea, al que hemos querido dedicar estas entradas prenavideñas. Y oiga, para un regalito no muy caro y con garantía de éxito también es muy válido.



