Mostrando entradas con la etiqueta novela epistolar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela epistolar. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de diciembre de 2025

Natalia Ginzburg: La ciudad y la casa

Idioma original: italiano
Título original: La città e la casa
Traducción: Meritxell Cucurella-Jorba en catalán para Club Editor y Mercedes Corral en castellano para Lumen
Año de publicación: 1984
Valoración: recomendable


Hay autores de calidad literaria indiscutible que, por un motivo u otro, hay quedado fuera de mis lecturas habituales. Y hace tiempo que debía ponerle remedio a Natalia Ginzburg, una de las más conocidas escritoras italianas del siglo XX.

Empieza la novela con Giuseppe, un joven romano que le manda una carta a su hermano Ferruccio diciéndole que irá a vivir con él a Princeton (Estados Unidos) donde enseña biología en la universidad; el motivo de su traslado es irse con él para cultivarse y encontrar un trabajo, a la vez que buscar su mentoría pues Giuseppe se reconoce a sí mismo como «una persona insegura. Necesito alguien que me dé seguridad. Mi hermano es un hombre que tienen todas las cualidades que yo no tengo, tiene un temperamento tranquilo y las ideas claras. Me encuentro muy unido a él». Aun así, y pese a su firme voluntad, la partida de su ciudad natal no les es fácil, pues reconoce que «dejo mi casa, donde vivo desde hace más de veinte años» y admite que «ahora creo que querría quedarme aquí un poco más. Creo que es mejor que me vaya pensando que aquí, en Italia, mi vida era una joya. La verdad es que me parece una joya ahora que me voy. Antes de decidirme a marchar la encontraba insoportable». Así, con su marcha a los Estados Unidos de América, deja atrás también a Lucrezia y a su propio hijo y a los que ella tuvo con otra relación; Lucrezia, una mujer de la que estuvo profundamente enamorado pero que llegó un punto en el que se distanciaron, pues «llega un momento, en la vida, que todas las cosas que miramos por primera vez nos resultan extrañas. Las miramos como turistas, con interés, pero fríamente. Pertenecen a los demás».

En esta novela escrita en forma epistolar, la autora centra el relato en Giuseppe, pero abre el abanico a una serie de personajes de su entorno que conformaran el espectro de protagonistas que conforman la obra. De esta manera, aunque Giuseppe ejerce como pilar estructural a nivel argumentativo el peso de la historia lo constituye el paisaje social que se edifica a su entorno, pues, a partir de las cartas que se envían entre las diferentes personas de su entorno (hijo, amigos y familiares) de manera directa pero también cruzada, Natalia Ginzburg teje una novela que, a base de relaciones epistolares entre unos pocos personajes nos permite conocer no únicamente la vida de su principal protagonista sino también la de una sociedad que ubicaríamos en la sociedad postindustrial italiana de los ochenta. Así, a través de las distintas misivas podemos dibujar el mapa paisajístico de la historia que narra y es a través de sus distintos ángulos que somos conscientes de que la verdadera historia no la relata el protagonista sino todos aquellos que conforman su mundo, su entorno y su comunidad.

Estilísticamente, el tono y lenguaje de los personajes es seco, a veces contundente, con un alto grado de pesimismo con el que afrontan sus respectivas vidas que se pone de manifiesto, por ejemplo, al hablar de la cuñada, una mujer que «siempre sonríe. Sonríe con la boca, pero los ojos y el resto de la cara no sonríen. Ella y yo hablamos en inglés y francés, pero no tenemos nada que decirnos en ninguna lengua», o también cuando profesa la decepción tras su llegada a Nueva York en cuanto a la relación con su hermano, una relación que «se ha cortado. Parece que ahora no tenga tiempo para mí»; una sensación compartida por gente cercana a él, quienes constatan que Giuseppe «fue a América a refugiarse bajo las alas de su hermano. Pero los hermanos no tienen alas». De esta manera, vemos la dureza e incluso rencor en las cartas que se escriben, pues rezuman tensiones del pasado mal resultas, desajustes no corregidos y ciertas heridas mal cicatrizadas. Hay tirantez entre personas que tuvieron un pasado que ha quedado muy atrás, pero quizá no tanto como parece, pues hay un resquemor latente que la autora plasma con un lenguaje directo y veces tosco con el que se dirigen unos a otros, pero especialmente al tratar ciertos aspectos que les carcomen: una relación, la venta de una propiedad a precio de saldo o la paternidad ausente.

Con todo ello, Ginzburg teje un relato muy humano a partir de las diferentes cartas que se intercambian los personajes que permiten que vayamos conociendo el devenir en sus vidas y el contraste de opiniones diferentes que tienen sobre un mismo aspecto. Así, se trata de una novela sumamente coral, en el que la realidad siempre es diferente según el punto de vista de quien la observa; un claro reflejo de la realidad en la que la vida de cada uno es vivida e interpretada por los allegados, quienes expresan, opinan, pero también sienten y padecen en sus propias vidas y las de sus seres queridos quienes, incluso estando a distancia de ellos, les profesan cariño, simpatías, pero también roces y discrepancias. Ginzburg nos retrata la vida de unos personajes entrelazados a lo largo de dos años y medio, y es a través de las cartas que se van enviando de unos a otros que conocemos sus vidas, sus temores, sus tragedias, sus alegrías y sus vivencias. Un relato que nos lleva a una Roma como punto nuclear, en las que los infortunios amorosos o vitales nos llevan de Nueva York a Roma, en una línea argumental que se traza desde la amistad y el amor, desde las relaciones paternofiliales a la pobreza económica, de hijos, padres, amigos, amantes. Nos habla de penurias y desamores, de alegrías y esperanzas, de tristeza, mucha tristeza en unas vidas en las que siempre falta algo: un eslabón en la cadena afectiva, unas palabras dichas de más o de menos, pasos en falso hechos o no dados. Y la importancia de las casas, lugar en el que albergan no únicamente objetos sino sentimientos, convirtiéndose en el legado que nos une a los que vinieron antes y a los que vendrán después, compartiendo unos recuerdos que siempre las sobreviven, las hospeden unos u otros.

Otros libros de Natalia Ginzburg en ULAD: Aquí

martes, 3 de octubre de 2023

Re-reseña: Lady Susan, de Jane Austen

Idioma original:
Inglés
Título original: Lady Susan
Año de publicación: 1871
Valoración: Entre recomendable y está bien

Lady Susan, de Jane Austen, es una novela que la autora escribió de joven, aunque no se publicó hasta después de su muerte. Trata sobre una mujer que ha enviudado recientemente cuyo objetivo es, por un lado, casar a su hija con un hombre adinerado mucho mayor y, por el otro, hallar ella misma un buen partido. Sus dotes para manipular a su entorno son asombrosas; sobre todo se le dan bien los hombres, a quienes logra seducir o enternecer, según se tercie, con pasmosa facilidad. 

Muchas son las virtudes de Lady Susan:

  • La prosa de Austen es una auténtica delicia. Incluso sus oraciones llenas de subordinadas derrochan fluidez y claridad.
  • La protagonista (y villana) de la historia no resulta especialmente memorable, pero como personaje ficticio despierta mucho interés y, a nivel de caracterización, exhibe una complejidad la mar de satisfactoria.
  • La ambientación que dejan entrever estas páginas, así como el retrato social, funcionan pese a ser algo esquemáticos. 
  • La ironía que emana (en ocasiones cargada de mala leche) critica muchos de los males de la época.
  • Nunca cae en el moralismo barato. Aunque entre líneas se puede adivinar qué es lo que opina Austen de las personas egoístas, las injusticias estructurales (por ejemplo, la vulnerabilidad de las mujeres que perdían a su marido) o los matrimonios por conveniencia, la autora no convierte su obra en un panfleto reivindicativo.

Los defectos que le veo a Lady Susan son los siguientes:

  • Pese a que es una buena novela, palidece al compararla con otras de Austen, por lo que más de uno puede acudir a ella con unas expectativas demasiado altas.
  • El formato epistolar obliga a la autora a tomarse ciertas licencias que hacen que el lector deba suspender la incredulidad en demasía. Por ejemplo, es poco verosímil que la protagonista conspirare de forma relativamente abierta, cartas mediante, con su cómplice. 
  • En ocasiones, el conjunto se me antojó reiterativo. Y no porque, dada su narrativa coral, los mismos eventos fueran abordados desde varias perspectivas, sino porque, de vez en cuando, el mismo personaje hablaba de un tema abordado previamente sin ofrecer nueva información.
  • El final es anticlimático. ¿Qué hay del carácter vengativo de la protagonista? Ésta apenas presenta batalla durante el desenlace. La facilidad con que abandona sus planes, y la ausencia de justificaciones al respecto, me hizo arrugar una ceja.
  • Ya he dicho que Austen se cuida mucho de caer en la moralina barata. Aun así, hay un final feliz demasiado evidente, con una protagonista, aunque no sometida a un castigo ejemplarizante, más o menos vencida moralmente.    

Pese a no pertenecer al selecto grupo de obras maestras de la narrativa de Austen, Lady Susan sigue siendo una ficción destacable, sobre todo en lo que concierne al personaje que le da título. Y es que la tal Lady Susan se aleja de otros arquetipos femeninos concebidos por la autora de Orgullo y prejuicio. Su encantadora belleza oculta una maldad inequívoca, espoleada por su pobreza. ¡Cuán lejos está dispuesta a llegar con tal de lograr sus objetivos! ¡Cómo manipula a las personas de su entorno! ¡Qué mal trata a su propia hija! ¡Pero qué fascinante resulta como personaje literario!


jueves, 9 de julio de 2020

Roberto Bolaño: Los sinsabores del verdadero policía

Idioma: español
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable (sobre todo para fans)

"Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de ésta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayoritarias, sin embargo, eran las de maricones y la de los maricas (...)".

De esta forma tan jacarandosa comienza Los sinsabores del verdadero policía; después el tal Padilla, alumno y amante del profesor Amalfitano, se explaya en una clasificación casi taxonómica y bastante tronchante de los poetas más famosos, según su grado de mariconez, etc. (pido disculpas por emplear este tipo de lenguaje y temo arder en el Infierno por ello, pero creedme que en este caso no se puede decir de otra forma). Padilla, que es un poco el númen malévolo -viciosillo sería más propio- de la novela, es un brillante joven barcelonés que, entre sesión de sexo y otra de poesía, se pelea con quien haga falta y escribe una novela titulada El Dios de los homosexuales. Amalfitano es un profesor de literatura chileno que recae en la Universidad de Barcelona tras un periplo por medio mundo, junto a su hija Rosa. Seducido por Padilla -nunca antes había tenido relaciones sexuales con hombres-, el escándalo de follar con ese alumno y otros provoca que le despidan (la novela se desarrolla en los años 80 del siglo XX, que eran más pacatos que los actuales, aunque quizá menos mojigatos) y encuentre como única salida un puesto en la Universidad de Santa Teresa, en Sonora, México. Desde allí inicia una relación epistolar intermitente con su ex-alumno y ex-amante, que articula buena parte de la novela.

Pero no todo es sexo homoerótico y sin freno -aunque hay bastante y sin ambages- en esta novela, que está estructurada en cinco capítulos cuyos títulos oscilan entre lo obvio y lo críptico: La caída del muro de Berlín - Amalfitano y Padilla - Rosa Amalfitano - J. M. G. Arcimboldi - Asesinos de Sonora; en ellos encontramos desde descripciones de lugares o trayectos vitales bastante peculiares a historias protagonizadas por soldados de la División Azul, por sicarios y policías mexicanos, por famosos pintores norteamericanos... Hay un capítulo entero -muy á la Perec, me atrevo a decir- dedicado a la vida, obra y circunstancias de un supuesto escritor francés, Arcimboldi, uno de cuyos libros tradujo en cierta ocasión Amalfitano. Lo acompañan reseñas de lectura del resto de sus títulos, hechas por Padilla. hay una reivindicación de ciertas poetas francesas poco ortodoxas -y esta vez reales-, como Gilberte Dallas. Hay historias de amores imposibles y la presencia de la muerte en forma de SIDA (ya digo que la novela está ambientada en los 80). En general, la sensación que deja el libro es de desesperanza, o quizás más de extrañamiento, de vacío...

Esto se debe, tal vez, a que hablamos de una novela cuyos elementos, personajes, capítulos, parecen ir dispersándose por vericuetos extraños, para luego volverse a reunir, pero dejando huecos, preguntas, desconexiones... Se trata,a demás, de una de esas novelas póstumas (es decir, publicadas póstumamente, claro) de Bolaño, aunque su recopiladora/editora asegura que la había dejado prácticamente terminada, enigmático título incluido. para rematar, y como habrán deducido desde el principio de la reseña los más azcérrimos bolañistas, e incluso algunos que no lo sean tanto, esta novela es una suerte de spin-off de otra mucho más célebre y monumental (y también publicada póstumamente): 2666. Al menos, se repiten algunos personajes como Amalfitano, su hija Rosa y el escritor Arcimboldi... Si a los lectores les resulta más o menos satisfactoria una u otra, o laas dos por igual, eso ya lo debe decidir cada cual. A mí, al menos, y pese a la sensación algo desconcertante que, como digo, deja su lectura, me ha gustado.

Más libros de y sobre Roberto Bolaño de los que estoy dispuesto a contar reseñados en ULAD: aquí

lunes, 22 de agosto de 2016

Andrés Neuman: La vida en las ventanas

Idioma original: español
Año de publicación: 2002 (revisada en 2016)
Valoración: está bien

La vida en las ventanas es una novela epistolar para el siglo XXI: en vez de cartas, emails. Y dado que fue publicada originariamente en 2002 (yo tuve mi primera cuenta de email solo un año antes), debió de ser una de las primeras obras en usar ese recurso. Claro que eso no la convierte necesariamente en una gran novela, y el hecho de reeditarla ahora, aunque "adaptada", hace que se note todavía más lo rápido que se mueve el tiempo en el siglo XXI...

El protagonista de La vida en las ventanas es Net (sí, Net), un universitario veinteañero irónico y algo inmaduro, miembro de una familia que se quiere presentar como disfuncional (pero que en realidad no es demasiado diferente de muchas familias de clase media españolas) y que escribe obsesivamente emails sin respuesta a su ex-novia, Marina, mientras empieza una relación con otra chica, Cintia, contándole su vida y la de su hermana Paula, la de sus padres o la de su amigo Xavi, barman-literato (o literato-barman) en trayectoria descendente.

Y en realidad, eso es todo lo que hay: Net (sí, Net) hablando de sí mismo, de su familia y de sus amigos; paseando, saliendo de copas, emborrachándose, ligando, masturbándose, consiguiendo trabajos precarios, abandonando trabajos precarios, follando, aburriéndose, comiendo, viendo la tele. Como la vida misma. Personalmente esperaba que la novela fuese creciendo, hasta llegar a algún tipo de clímax, pero más allá de alguna revelación sobre la familia del protagonista, la novela se mantiene en un mismo tono hasta el final.

Así que casi podía hacer como ciertas revistas de cine cuando critican películas, y ponen un cuadradito con "lo mejor" y "lo peor" para lectores vagos que no tienen ganas de leerse la reseña entera:

Lo mejor: el sentido del humor y la ligereza con la que se cuenta la historia. Algunos hallazgos ingeniosos de estilo (antítesis, metáforas, repeticiones). Los personajes secundarios, como la hermana o el amigo.

Lo peor: Cuando el personaje (¿el autor?) quiere ponerse profundo sobre la vida, sobre la soledad o sobre la muerte, y no consigue elevarse más allá del tópico. La intrascendencia del conjunto.

No cabe duda de que Andrés Neuman tiene una pluma ágil y un sentido del humor afilado. Pero eso no es suficiente para escribir una gran novela, si no hay además una buena historia por detrás; y en este caso, la verdad, no la hay. Queda la anécdota de que sea (probablemente) una de las primeras novelas epistolares compuestas por emails, y las ganas de leer a Andrés Neuman escribiendo sobre algo con más "chicha". Pero eso tendrá que ser en otra novela...

También de Andrés Neuman: Hacerse el muerto

jueves, 30 de julio de 2015

Colaboración: Contra el viento del Norte de Daniel Glattauer

Idioma original: alemán
Título original: Gut gegen Nordwind 
Año de publicación: 2010
Traducción: Macarena González
Valoración: recomendable

Deberíamos ponernos las pilas e ir creando un nuevo subgénero literario e, incluso, una nueva categoría en este blog: literatura emiliar, variante cibernética de la epistolar. Son muchos los títulos en que sus personajes cruzan correos de una forma esporádica e incluso hay alguno que nos deja su dirección electrónica: el desternillante Pablo Miralles de Lo mejor que le puede pasar a un cruasán nos deslizaba hace años la suya en la última página. El libro que traemos hoy aquí, va, sin embargo, mucho más allá: Daniel Glattauer se limita a reproducir el intercambio de emails de sus personajes. Desaparece y en su lugar coloca una pantalla.

Leo Leike recibe por error un correo electrónico de una perfecta desconocida. La respuesta, por pura cortesía, generará entre ellos un diálogo virtual inteligente y adictivo. La situación aboca inevitablemente a los protagonistas a un encuentro analógico que van, asustados, posponiendo. 
El autor alemán, después de ganarse al lector con una historia y un texto que derrochan empatía, ingenio y sensibilidad, la cierra en falso: escribe esta primera obra pensando ya en su continuación. Su desenlace, pienso humildemente, es más comercial que literario.

El emilio o el chat dejan de ser aquí meramente funcionales, pierden inmediatez y ganan profundidad y sutileza: es el único dardo con que cuenta Cupido y está bien afilado. Este volumen pone al lector frente a una nueva forma de comunicar –y madurar- emociones, afectos y relaciones. El vértigo, la compulsión con que se suceden y se suplementan los mensajes –también en su secuela, Cada siete olas– asusta a los mismos protagonistas, que prefieren dilatar esa relación virtual, no conocerse para no desengañarse.

Hay páginas en ellos de una lucidez dolorosa; los corresponsales a menudo se detienen y reflexionan en torno a ese soporte digital que los ha conectado fortuitamente y sobre el que cimientan, apuntalan, su relación: su sentido, la dependencia que les produce, sus ventajas, sus inconvenientes.

Hasta ahora -aquí queríamos llegar- la red hablaba de literatura. Por fin la literatura nos muestra el mundo 2.0 en el que vive, siente y se relaciona el lector del siglo XXI. Una nueva generación de narradores avanza ya por ese camino. También en 2010, Alpha Decay publicaba Richard Yates, la segunda novela de Tao Lin, escrita con los Google Talks de un par de adolescentes, y más reciente (2014) es Mis whatsapp con mamá de Alban Orsini, publicada por Grijalbo, tan significativa como intrascendente.

 Firmado: Aster Navas

domingo, 6 de julio de 2014

Luis Sepúlveda y Mario Delgado Aparaín: Los peores cuentos de los hermanos Grim

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2004
Valoración: está bien

El chileno Luis Sepúlveda y el uruguayo Mario Delgado Aparaín escribieron al alimón esta suerte de novela epistolar (tal vez, supongo yo, ellos también la escribieron así, por medio del intercambio de cartas o correos) en la que se nos cuenta la investigación científico-biográfica que llevaron a cabo los expertos en el tema de los “payadores” (una especie de músicos-cantores repentistas propios del Cono Sur), el Doctor profesor Segismundo Ramiro von Klatsch, de Tortitas, enla Patagonia chilena, y el profesor doctor Orson C. Castellanos, de Mosquitos, Uruguay, acerca de los mellizos Abel y Caín Grim, eximios pero indocumentados representantes de aquel arte.


El tono de la historia es, como puede suponerse, descaradamente jocoso y aun humorístico, ya desde el mismo lenguaje ampuloso utilizado por ambos profesores corresponsales, o los nombres de los personajes que pululan tanto por las andanzas de los hermanos Grim como por las vicisitudes de sus estudiosos (don Juan de Dios Wayne, viudo de Silver, el capitán Buenos Días Eterovic; Kohemé Nené Lizarraga-Kaltwasser-Dupont; Humberto de las Mercedes Bogart….), aunque también es posible que en ciertos rincones del planeta tales nombres sean más habituales de lo que pensamos. No sé.

Como se ve, buen humor es lo que abunda en este libro. Los autores, sin embargo, apenas hacen algún conato de utilizar lo que, en mi opinión, podía haber supuesto una mina de oro para provocar la risa: la coincidencia del apellido de los protagonistas con los otros hermanos Grimm, los alemanes de los cuentos y toda una panoplia de personajes. En cambio, en lo que sí abundan es en comentarios irónicos o paródicos sobre la Historia y la política de Hispanoamérica. Algo que,  a ellos les puede haber divertido mucho, pero, me temo, dejará de hacerlo a los lectores de un futuro próximo (o de otro ámbito geográfico).

De todas formas, el principal problema es que, según va transcurriendo el intercambio de cartas entre los dos pintorescos estudiosos, la historia principal (la investigación sobre los hermanos payadores) va perdiendo protagonismo en favor de los avatares de los personajes secundarios (como los carteros Miguel Strogoff y Rosevél Aldao) y, lo que es peor, va perdiendo fuelle hasta finalizar de manera un tanto abrupta y esperpéntica. Da la impresión, en realidad, de que los dos autores, que comenzaron pasándoselo pipa escribiendo esta novela epistolar a cuatro manos, fueron perdiendo el entusiasmo, el interés o, simplemente, el absurdo que caracteriza el humor de la narración se fue agotando a sí mismo y a los propios autores.

Al final, sin embargo, hay, a modo de apostilla, un glosario bastante divertido de términos que aparecen en el libro, y que será, además, de no poca utilidad al lector hispanófono, pero no oriundo del Cono Sur. Supone una guinda de más humor a un libro en el que éste sobra, hasta incluso correr el riesgo de volverse empalagoso. Eso sí, es una lectura de lo más recomendable para pasar un buen rato, más aún si el que lo lee siente algún prejuicio hacia la literatura de humor, por frivolona y escapista. El humor de esta novela también es, por supuesto, frívolo y escapista, pero siempre se puede disimular aduciendo que es una obra sobre la cultura popular latinoamericana, y su resistencia  frente a la opresión política y la globalización impuesta por la sociedad de consumo yankificada... o algo por el estilo. Como se suele decir (o no): se ríe, pero se aprende.

viernes, 16 de mayo de 2014

Colaboración: Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska

Idioma original: español
Año de publicación: 1978
Valoración: Muy recomendable

Lo primero, es de bien nacidos ser agradecidos, dar las gracias a este blog que puso en mis manos esta pequeña joyita que me ha permitido acercarme hasta la ahora desconocida por mí Elena Poniatowska, último Premio Cervantes, y cuya prosa es sencilla pero de una eficacia pasmosa. Porque digámoslo ya: esta novela corta de apenas 96 páginas conmueve y remueve, agita el interior, estremece y te hace empatizar con el dolor y el desamparo de Angelina Beloff, y su infinita soledad, y su amor no correspondido.

Así, de forma epistolar —imposible por momentos no pensar en Carta de una desconocida de Zweig— la autora nos va desgranando en doce cartas la pasión injustificada y destructiva de dicha artista hacia su idealizado Diego Rivera. Doce misivas enviadas de forma obsesiva, compulsiva, mecánica, sobre las aristas de la locura. Doce epístolas huérfanas de solemnidad, anémicas, siempre sin respuesta, siempre sin acuse de recibo alguno, para mayor desespero de una Angelina Beloff cada vez más desvalida e infeliz en un París de infaustos recuerdos.

Me sorprende, por cierto, haber leído que desde ciertos colectivos feministas se acusara en su día a la autora por incidir con Angelina Beloff en una figura femenina emocionalmente demasiado dependiente, débil, sumisa, autodestructiva, etc. Y me pregunto yo: ¿esas personas habrán leído acaso las Noches blancas de Dostoievski o las Cartas de amor a Mina Loy de Walter Cravan? ¿Acusarían de lo mismo a Elizabeth Smart y su escritura en primera persona de En Grand Central Station me senté y lloré? ¿No se dan cuenta de que el “Amor”, entendido como fenómeno absurdo, inexplicable y aniquilador, no entiende de géneros? No lo deben ver, no, porque en caso contrario en vez de buscar oscuras intenciones habrían recabado en la prosa de Angelina Beloff y  en sus palabras como dentelladas:

«Angelina, ¿qué no sabes que el amor no puede forzarse a través de la compasión?»
Eso, y no otra cosa, ofrece esta obra: una nouvelle epistolar dolorosa, emotiva e intensa. Y con semejante base en la realidad que de las doce cartas que la componen, la última es de la verdadera Angelina Beloff, ¡de su propio puño y letra! Uf, terrible este hecho, constatar que la realidad sucede de tal manera a la ficción novelada que no se nota el tránsito. Y terrible, casi insoportable, asomarse hoy al retrato que Diego Rivera hiciera de Angelina Beloff y sus insondables ojos tristes...



Me despido de esta reseña con unos versos de Rober Frost, quien escribió: «Para la destrucción / el hielo es poderoso / y bastaría también.». Del hielo y su poder, de eso precisamente trata esta novela. Del frío y la distancia como tortura. De la incapacidad para el desapego como vía crucis personal. Y cerrando el libro, dando un portazo que nos deja helados, inerte, suspendida e irreal como si la observáramos a través de una gasa, quedará para siempre flotando la última pregunta de Angelina Beloff mendigando una respuesta, suplicando a su amado que se dirija a ella y le diga algo, tan solo eso, limosneando patética, resignada y vencida aunque solo sea tal cosa, que le conteste sucintamente: «¿Qué opinas de mis grabados?»

Firmado: David Villar Cembellín

De la misma autora en ULAD: Leonora

jueves, 12 de septiembre de 2013

David Mitchell: El atlas de las nubes

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2004
Título original: Cloud Atlas
Valoración: muy recomendable


El atlas de las nubes es una pieza que el joven músico R. Frobisher compone durante su estancia en casa del gran compositor inglés Vyvyan Ayrs, al tiempo que ayuda a éste a componer una nueva obra, se acuesta con su mujer y se siente atraído por su hija. Todo esto (sus historias con estos tres personajes, su experiencia como discípulo de Ayrs, su trabajo...) se lo cuenta por carta a su amigo Sixmith, quien, en el futuro, conocerá a Luisa Rey (una joven periodista que malgasta su talento en una revista de cotilleos) y le confiará una información capaz de hundir una de las más importantes empresas del país. Sin embargo, la historia de Luisa y Sixmith es tan sólo una parte de un manuscrito que ha llegado a manos de T. Cavendish, un editor que de repente se encuentra atrapado en un asilo para ancianos y quien, a su vez, es el protagonista de una película que ve la androide Sonmi en un futuro quizá no tan lejano como parece.

Estos personajes (amén de otros igual de importantes y cuyas historias y relaciones con éstos serían demasiado largas de contar) protagonizan, a su vez, El atlas de las nubes, novela escrita por David Mitchell (a quien, teniendo en cuenta el tipo de libros que escribe, parecen gustarle los puzzles) y que hace no mucho ha sido llevada al cine.

Seis historias relacionadas entre sí componen esta novela, en la que el autor reflexiona sobre el ansia de poder y del uso del miedo para controlar la vida de los demás. Así mismo, nos habla de lo que puede hacer cada uno para hacer del mundo que le rodea un sitio mejor y nos ofrece su visión particular de la existencia, en la que todo está conectado y en la que ser conscientes de tal conexión es la clave para poder hacer algo que merezca la pena.

O tal vez no. Tal vez, como dice uno de los personajes, todo es mentira. Todo es un simple juego (muy bien escrito y organizado por el autor) y cada uno de nosotros tiene que jugar siguiendo unas reglas (o no), y cuanto antes se dé cuenta de que nada es real, de que nada importa realmente, antes podrá ser dueño de su destino y disfrutar del mismo.

En cualquier caso, las conclusiones al respecto quedan en las manos del lector. Como también depende de él disfrutar o no de este libro, que no es sino un excelente compendio de diferentes géneros (novela epistolar, de aventuras, thriller, ciencia-ficción...) en el que Mitchell vuelve a demostrar que domina como nadie la creación de personajes y que entretendrá y enganchará a cualquiera que se decida a leerlo.


También de David Mitchell en ULAD: Escritos fantasma, Black Swan Green

sábado, 1 de septiembre de 2012

Lionel Shriver : Tenemos que hablar de Kevin

Idioma original : Inglés
Título original : We Need to Talk About Kevin
Año de publicación : 2003
Valoración : Recomendable

Placeres culpables: siento curiosidad por leer este libro cuando Mario Vaquerizo (no me miréis así) lo menciona como una lectura favorita y veo que lo publicó Anagrama. O sea, una más que dudosa y ambivalente referencia.
Previamente hago alguna indagación: libro que obtuvo premios y que fue fruto de polémicas por lo delicado de su temática y por las segundas lecturas que recibió.
Y aunque en algún momento bordea el estilo de un best-seller, he de reconocer que sólo unas cuantas páginas algo titubeantes lo han alejado del muy recomendable. Que, de hecho, solo las comparaciones con otros libros que han merecido tan alta distinción lo han alejado de ella.

Tenemos que hablar de Kevin es la historia de una relación madre-hijo completamente desastrosa. De como ésta se origina en una decisión algo extraña sobre el embarazo, y como, a partir de ahí, todo se tuerce más y más. Muy leve lo de referirse a ello como que se tuerce, por cierto. Pero es difícil referirse a su argumento sin incurrir en el espoileo;es sumamente sencillo buscar en Google, interpretar algo su portada, o ya no digamos haber visto la película (ni idea de que se había hecho hasta que yo mismo busqué) que hace pocos meses se basó en el libro, y hacerse una idea del motivo por el cual uno no se queda indiferente tras leerlo. La polémica se suscitó en diversas direcciones: que si este libro era un panfleto de 600 páginas contra la maternidad tal como se concibe en Occidente hoy en día, que si se ponía en tela de juicio el modo de vida centrado en el desarrollo y el éxito profesional y económico. Y de regalo, la sombra de lo de Columbine, ya no alargada, sino proyectándose omnipresente en prácticamente cada página.

A pesar de lo cual la autora no toma partido: la historia surge a través de una serie de cartas en que la madre de Kevin le habla a su marido, el padre de Kevin: de cómo todo evolucionaba, de las indudables pistas del desastre que se avecinaba, de hechos que cada componente de la pareja interpretaba en claves antagónicas. Parece un recurso algo forzado al principio, pero todo queda explicado. Sí: todo cierra aquí, aunque uno no quiera atribuirle más parecidos con la realidad para poder disfrutar de una manera más desinhibida (y sin pensar en lo mucho de cierto que puede haber en este libro). Hasta el tono epistolar, hasta el reproche respetuoso queda explicado y justificado. Sí, puede ser que ciertas páginas se recreen en ciertos detalles en exceso y que haya una algo absurda elipsis de unos cuatro o cinco años en la trama, que puede resultar extraña. Pero, aún con esa posición limítrofe entre el drama literario y el thriller destinado a vender millones, Tenemos que hablar de Kevin son 600 páginas de monólogo algo dramatizado, en forma de cartas, que se leen en un suspiro, y que te dejan pensando, entre otras cosas, en si ciertos actos como padres las estamos haciendo bien o mal. En esta sociedad que sobrepone el éxito profesional al familiar. Plantearos si de muchos libros se puede decir lo mismo.

lunes, 11 de julio de 2011

Bill Callahan: Cartas a Emma Bowlcut


Idioma original: inglés
Título original: Letters to Emma Bowlcut
Año de publicación: 2010
Valoración: Recomendable

Sesenta y dos. Ni una más, ni una menos. Sesenta y dos son las cartas que el protagonista de esta novela le envía a Emma Bowlcut, una mujer de la que se enamora en una fiesta y a la que escribe, según afirma, porque no es capaz de hablarle.

A lo largo de estas sesenta y dos misivas, el autor habla de su afición al boxeo, de sus hobbys, de su rutina diaria, de la gente a la que ve o con la que habla, de sus sentimientos, de sus deseos y frustraciones, mientras teje una red con la que página a página se desnuda ante ella (y ante el lector), al tiempo que se libera.

Sesenta y dos cartas que son pequeñas canciones, grandes poemas en los que Callahan habla no sólo del amor, sino también (y sobre todo) de la soledad y la dificultad para amar a alguien y ser correspondido. Lejos de cualquier tipo de sensiblería, con un estilo que es al mismo tiempo frío y profundamente sentido, el autor presenta un alterego tan pronto débil y cobarde como fuerte y valiente, acostumbrado a sobrellevar la derrota pero deseando por una vez hacerse con la victoria.

sábado, 28 de mayo de 2011

Franz Hessel: Romance en París


Idioma original: alemán
Título original: Pariser Romanze. Papiere eines Verschollenen
Año de publicación: 1920
Valoración: Recomendable


Estamos en el año 1912 y París desborda actividad: es el paraíso de artistas, bohemios, escritores, mujeres deshinibidas y hombres burgueses. Todos encuentran su lugar en una ciudad como ésta, abierta a cualquiera que quiera adentrarse en ella y, como asegura su protagonista, "la más carnal de todas". A este efervescente lugar ha llegado Lotte, una joven alemana que necesita mejorar su francés (y que desea, sobre todo, "conocer el verdadero París"). Para ello, le presentan al protagonista de Romance en París, un enigmático joven que la guiará por la ciudad y que acabará enamorándose de ella.

Narrada en forma de carta que el protagonista escribe desde la contienda (tres años después de que ocurran los hechos, en plena Guerra Mundial), este libro cuenta su proceso de enamoramiento y la conciencia (¿equivocada?) de que Lotte nunca podrá ser suya. Narrada de forma pausada, muy poética en muchas ocasiones, nos introduce en una vida en la que la fascinación por la joven alemana es lo único tangible y donde todo lo demás se desdibuja y se pierde.

Pero, además de una novela interesante, este libro es algo más. Habla de juventud, de sueños... y hay quien lo ha visto como el origen del triángulo amoroso narrado en Jules et Jim. Romance en París sería, por tanto, el comienzo de una historia de amor donde Hessel le habla a Roché de Lotte, sin saber que él también acabará enamorándose de ella.

lunes, 11 de abril de 2011

Johann Wolfgang von Goethe: Las desventuras del joven Werther

Idioma original: alemán
Título original: Die Leiden des jungen Werther
Año de publicación: 1774
Valoración: imprescindible

Esta novela epistolar nos habla de Werther, un joven voluble y apasionado cuyo subjetivismo transforma la realidad en la que vive: no solo la Naturaleza parece impregnar sus emociones, sino que él mismo contagia a la Naturaleza de sus estados de ánimo. Por eso podemos decir que Werther es un relato más de emociones que de acciones.

Huyendo de algún sitio y de alguna mujer, el joven llega a Walheim, una pequeña ciudad donde se dedicará a la vida ociosa y contemplativa del artista desocupado: paseos campestres, pintura, fiestas... Allí conocerá a Lotte, un "ángel del hogar" que cuida de sus hermanos tras la muerte de su madre. Werther hará caso omiso de las voces que lo previenen sobre enamorarse de una joven comprometida.

El futuro matrimonio de ella trunca desde el principio el posible romance entre ambos jóvenes. Aunque también el lector tiene que estar prevenido: como toda la novela está narrada a través de la distorsionada lupa de Werther, resulta imposible conocer los verdaderos sentimientos de Lotte con respecto al joven y con respecto a su prometido, Albert. Este último se nos presenta como la figura antitética del romántico Werther: hombre práctico, no derrocha tiempo que no le reporte beneficios; mesurado, no hace alarde de grandes pasiones.

Werther intentará en distintas ocasiones enderezar su vida y mitigar las pasiones que la dominan, pero, ¡oh!, ¿qué alma romántica podría tener éxito en tal empeño, y más a finales del siglo XVIII?



El síndrome Werther se propagó en el momento de la publicación del libro, contagiando las venturas y desventuras del protagonista a los jóvenes románticos de la época. La moda wertheriana condicionó incluso los modos de vestir: ellos querían ser Werther; ellas, Charlotte. Y muchos decidieron terminar como el protagonista.

Pese al éxito arrollador de la novela, Goethe siempre se arrepintió de haberla escrito. ¿Quizá porque creyese que en ella quedaban demasiadas fantasías y pasiones pueriles al descubierto...?

Con ayuda de un pajarito...


Otras obras de Johann W. Goethe en ULAD: Fausto