viernes, 31 de diciembre de 2021

Reseña + entrevista: Flor fané de Sara Morante

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: muy recomendable

Siempre he tenido debilidad por las ilustraciones de Sara Morante, desde que las descubrí en las cubiertas de libros de Impedimenta o Contraseña y era un placer reconocerlas entre las demás en las mesas de las librerías (ayudaba, por supuesto, su estilo tan característico, aunque éste también ha ido evolucionando con el tiempo); mayor satisfacción  aún supone verla convertida  en una ilustradora exitosa y hoy en día casi emblemática dentro de esta actividad, que en los últimos tiempos vive, al menos en España, un florecimiento más que notable. Morante, además de continuar ilustrando libros ajenos (de autores como Mark Twain, César Vallejo, Emily Brontë o Sylvia Plath), siempre con ese toque exquisito y enigmático que le es propio, realizar el cartel de la Feria del Libro de Madrid, etc. también  es autora de algunas novelas propias, que ilustra: así fue, en 2015, con la elegante  La vida de las paredes y ahora con esta Flor fané, de muy reciente aparición. 

Ahora bien, a diferencia de La vida de las paredes, que, aún con sus momentos  oscuros, era una narración más amable, Sara Morante ha optado en este nuevo libro por impactarnos con una historia dura, descarnada, aunque tampoco se recree en los momentos más brutales -de hecho, al sortearlos en general, consigue que los percibamos como más escalofriantes,  me parece-; Flor fané nos cuenta la historia de una niña, Olga, desde que es prácticamente un bebé hasta el fin de su adolescencia. Vive en un caserón de una localidad costera con una madre apocada y un padre controlador y violento que pronto comienza a maltratarla con las excusas más nimias, tras años de hacer lo mismo con su esposa. Tan sólo las esporádicas visitas de la abuela de Olga otorgan alguna tregua a la perenne tortura física y psíquica que el tipo inflige a su familia. La niña y luego joven Olga se refugia en el mundo secreto y silencioso de sus juegos y dibujos y, más tarde, en la relación con sus amigas, pero sabiéndose siempre diferente a ellas, marcada por el infierno que vive en su casa.

Este proceso, en un principio gradual y en el que tan perturbadora resultan la amenaza constante y la erosión psicológica que conlleva como las agresiones en sí, está narrado con gran habilidad por la autora, de igual forma que demuestra una gran sensibilidad a la hora de plasmar el mundo propio en el que se refugia, o trata de hacerlo, Olga. Cierto es que cuenta con el recurso de las ilustraciones  -aunque el nivel literario de la novela resulta ya de por sí notable-, que añaden a la historia un plus simbólico e incluso un tanto onírico. Porque tampoco es que se trate de reflejar, sin más, lo que podemos leer en el texto; en general, las ilustraciones forman parte intrínseca de la narración, que sin ellas resultaría menos completa. Ilustraciones realizadas, además, con una variedad de técnicas para adecuarse a cada momento de la historia, desde el dibujo a lápiz o a dos tintas -negro y rojo sobre blanco, característicos de alguna etapa anterior de esta ilustradora- al uso de collages o dibujos infantiles  para plasmar el universo interior de Olga.

Una novela, en fin, que incide sobre un tema espinoso y difícil con una delicadeza y sensibilidad dignas del mayor elogio, amén de que como libro en sí mismo resulta una delicia por su estupenda edición.



La autora de esta novela, ha tenido la amabilidad de contestar algunas preguntas para Un Libro Al Día, así que no podemos sino agradecerle doblemente (o triple) habernos hecho un hueco en el trajín de las fiestas navideñas y, además, de la promoción de su libro:

- Flor fané representa cierto cambio respecto a tu anterior La vida de las paredes, que aunque también tenía algún rincón oscuro, era una ficción más amable, mientras que aquí la historia es mucho más dura. ¿Esto lo tenías claro desde que te planteaste su escritura o fue adquiriendo ese cariz al ir tomando forma?


- Tenía claro que iba a ser una historia más profunda y más íntima. La vida de las paredes es una historia coral narrada en tercera persona; Flor fané es el monólogo interior de una niña hasta que alcanza la adolescencia, y su contexto personal es duro. Es inevitable que se aprecien las diferencias entre las dos historias. En el caso de Flor fané, la violencia no es el único tema que se trata, pero sí condiciona su vida, su actitud y su mirada, inevitablemente. Partiendo de esto, sabía que tenía que llegar hasta el hueso y que iba a ser una narración cruda, pero con momentos de luz, porque ese contraste es tan real como la vida misma.



- Además de una historia de maltrato, también es una historia de crecimiento y superación, e incluso más allá....¿Te planteaste siempre que fuera una suerte de "viaje del héroe (heroína, en este caso)"?


- Me interesaba sobre todo su mirada y su evolución a medida que alcanza la adolescencia, y explorar esa fortaleza que nace de la ira; la ira que la quema y que llega a confundir con la felicidad. Tal vez haya una tendencia a evitar  sentimientos como la rabia y la ira, pero a mí me parecen fundamentales, necesarios y humanos. Las rendiciones, las resistencias, la capacidad de sentir apego, y otra serie de aprendizajes y revelaciones con los que se va encontrando también vertebran ese camino hacia la madurez. Con todos sus errores y todos sus aciertos.


- La figura de la madre es la más ambigua o indefinida de la novela, pues aunque en principio nos la presentas como indudable víctima, luego adquiere el carácter de cómplice del maltrato, o así la ve Olga...¿Tan fácil es caer en un lado u otro de la línea que separa a víctimas de victimarios?


- La madre es víctima, y ese autoritarismo del padre anula poco a poco su propia autoridad e identidad  -tal vez porque le falta esa ira de la que hablábamos-, y tras esa sumisión está su papel de cómplice. No obstante, es la voz y la mirada muy personal de Olga, me he querido centrar en ella y en cómo percibe a sus padres. Así que, sí, percibe a su madre de forma ambigua e indefinida. Ahí reside lo complejo y perverso de la situación, ¿cómo son en realidad sus padres? 


- Me ha gustado mucho la sensibilidad con que reflejas el mundo imaginario y secreto en el que se refugia Olga, pero que creo común a todos o a muchos niños es algún momento. ¿Te ha costado mucho rememorar esa etapa de la infancia o quizás las personas con ocupaciones creativas (y en especial la ilustración) no habéis nunca perdido el contacto con ella?


- Sinceramente: me ha costado muchísimo recuperar la mano de mis cinco años. Es verdad que los dibujantes e ilustradores mantenemos esa conexión con el lenguaje visual, que no hemos dejado de expresarnos a través de dibujos, pero, al igual que pasa con el léxico, la forma de dibujar y de mirar de un niño es diferente, y yo he tenido que quitarme de encima once años de dibujo profesional y un buen puñado más para volver a esa forma de expresar sentimientos y pensamientos que tienen los niños. Y no ha estado nada mal como experiencia, por cierto.


- ¿Cómo ha sido el proceso creativo de este libro? ¿Primero escribiste el texto y luego hiciste las ilustraciones o viceversa? ¿O fue un proceso conjunto, de ambos elementos al mismo tiempo?


- Terminé la novela en 2019 sin ninguna intención de ilustrarla, pero siendo consciente de que faltaban partes muy importantes por contar; darle más peso a los personajes secundarios y los momentos que Olga pasa con ellos, y muy especialmente desarrollar esas formas de matar al padre, ese universo simbólico al que recurre como lugar seguro, para racionalizar lo que sucede a su alrededor. En otoño de 2020 surgió la posibilidad de trabajar con Astiberri y vi claro que con ilustraciones y secuencias de dibujos podía darle profundidad e intimidad a su voz, y completar la historia con esas partes de la narración que no estaban en el texto. 


- En este libro has utilizado diversas técnicas de ilustración, desde dibujos a lápiz, a color, collages...¿Esto lo has hecho así porque querías darte el gusto de desplegar toda las posibilidades que se te ocurrían o fue una decisión que tomaste según desarrollabas la historia?


- Al principio quería centrarme en los lápices negros. Veía la historia oscura, sobria. A medida que empecé a sumergirme en la voz de Olga, en su mirada infantil, me di cuenta de que los colores son muy necesarios y se puede narrar la crudeza a todo color. Luego se me ocurrió utilizar distintos estilos, para dar forma a los que hace la misma Olga, desde los dibujos infantiles a las hojas de diario en la adolescencia, que narran en primera persona lo que siente, lo que sucede a su alrededor, y lo hace de forma más oscura, también con un lenguaje más duro. Haber utilizado todas las técnicas me ha facilitado dar realismo a su voz. 


7- Supongo que no vas a dejar tu labor ilustradora de otros libros, pero ¿tienes planes para algún otro completamente tuyo o vas a dejar que se asiente bien Flor fané antes de planteártelo?


Hay una historia tomando forma en mi cabeza/ordenador/libreta, llevo unos meses trabajando en ella, pero todavía no he salido del todo de la historia de Olga. No tengo prisa y creo que las historias necesitan ritmos pausados, así que sin urgencia la escribiré, como escribí Flor fané


Agradecemos una vez más su amabilidad a Sara Morante y le deseamos lo mejor para este nuevo año ( y a todos/as vosotros/as). Para quien tenga interés, aquí encontraréis más reseñas de sus libros en Un Libro Al Día: La vida de las paredes

jueves, 30 de diciembre de 2021

Ana Flecha Marco: Piso compartido

Idioma original:
español
Año de publicación: 2018 (2021 en Mr. Griffin)
Valoración: recomendable

La primera vez que oí hablar de Ana Flecha, quizás como mucha otra gente, fue por culpa de aquel lamentable twit de Bernardo Domínguez, el dueño del grupo Malpaso, en que la llamaba "ridícula" por reclamar una deuda de "poco menos de 4 mil euros" por trabajos realizados para las editoriales del grupo. Con ese twit, y la reacción que provocó, muchos descubrimos también la campaña #MalpasoPagaYa, que lamentablemente todavía está vigente, porque, en fin, Malpaso todavía no ha pagado (¡Malpaso paga ya!).

Así que, qué forma tan fea de saber de la existencia de Ana Flecha, pero qué bueno haber llegado a saber que existe, porque resulta que Ana Flecha es mucho más que lo que decía ese twit infame: es también, y sobre todo, escritora, traductora (especialmente del noruego al español; uno de sus últimos trabajos es la traducción de Los inquietos, de Linn Ullmann), intérprete, ilustradora, editora y, ojo a esto, reescritora de jotas tradicionales con perspectiva feminista en el proyecto Ajuar, como se puede leer en su página web pesonal

Y a su faceta de escritora para adultos (porque también tiene obra infantojuvenil), pertenece este Piso compartido, una novelita que reedita la editorial Mr. Griffin después de que se publicase originalmente, en 2018, en Bombas para Desayunar. (Uso el término "novelita" sin las connotaciones despectivas que a veces tiene el término, en atención a su extensión, unas 100 páginas, y porque Ana Flecha usó ella misma el término en el título de otra publicación, Dos novelitas nórdicas, que espero leer también en breve).

Piso compartido comienza como comienzan muchos sueños: la protagonista se encuentra, sin saber muy bien cómo ni por qué, en un piso que no es el suyo pero que es casi idéntico al suyo, rodeado de cinco señoras a las que no conoce de nada, que hablan por los codos y que parecen aceptar con naturalidad su presencia. De hecho, cuando llega la noche la acompañan amablemente hasta "su habitación", en la que, nuevamente como pasa en los sueños, ya están recogidas y ordenadas todas sus cosas, sin que tampoco se sepa muy bien cómo ni por qué. A partir de ese momento y a partir de ese día tan extraño, la narradora irá conociendo a las cinco señoras, sus diferentes historias y acentos, las particulares reglas de un apartamento que nunca abandonan, y también su propio papel en un escosistema tan peculiar como acogedor.

Creo que hay dos características que hacen que esta sea una lectura no solo agradable sino cálida, reconfortante. La primera es que las excentricidades de las señoras, su personalidad y sus vivencias son descritas con respeto y cariño, con un toque poético, rozando a veces lo fantástico. Uno de los ejemplos más memorables es "la caja" en la que las señoras guardan, en papeles y cintas, aquellas palabras que no quieren que se pierdan, las que más les gustan a cada una de ellas (y que recuerda a aquella otra escena de Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe, en que un señor lleva al banco papelitos con palabras para que se las guarden).
 
La segunda característica es un sentido del humor delicado, sutil y nunca dañino. Un humor que nace a veces de lo absurdo de las situaciones, o de la contradicción entre lo que las señoras dicen y lo que dice la realidad, o también en la agilidad verbal de los personajes y/o de la escritora. Es fácil imaginar que en otras manos (las de un señoro cualquiera, por ejemplo), una trama semejante hubiera degenerado en un humor de brocha gorda sobre las "abuelas" que no saben conectarse a internet y que se dedican a hacer yoga y a jugar al scrabble, ya ves tú qué ridículas. En cambio, con esta idea Ana Flecha construye una historia basada en el respeto mutuo, la amistad, la solidaridad o, también, la sororidad femenina y feminista, que se plasma por ejemplo en el encuentro de las mujeres en torno a las agujas de bordado para contar historias (en "El filandón"), o en la peculiar forma de ordenar su biblioteca, por el apellido de las madres de los/as autores/as, y no por el del padre.

Portada de 'Piso compartido'
en ed. Bombas para desayunar
Quizás la mayor pega que se le podría poner a la novela es que da la sensación, en cierto modo, de ser un esbozo de lo que podría haber sido una novela mayor, más ambiciosa: lo que tenemos es la presentación de un conjunto de personajes, sus historias, sus relaciones y sus hábitos; una atmósfera, un universo narrativo y un modo específico de contarlo. Lo que podríamos haber tenido es una visión de ese mismo ecosistema en en acción, en confrontación con algún problema, conflicto o aventura. En todo caso, su carácter de "novelita" es también uno de los rasgos que la hacen muy disfrutable, porque ¿a quién no le gusta una novela de 100 páginas, que se puede leer prácticamente en una noche?

Esta es, en fin, una novela bonita. Diría que es deliciosa si no fuera porque parece que eso hay que decirlo con una taza de té en la mano y estirando mucho el dedo meñique ("es una novela de-li-cio-sa", dijo Lady McShattenshire-Smith); diría que es entrañable, si esa palabra no estuviera contaminada de connotaciones odiosas ("en estas fechas tan entrañables, la Reina y yo..."). Es, en fin, una novela bonita, buenista, buenrollista si se quiere. Dicen que ahora está de moda el malismo, el cinismo, el canallismo a lo Trump, Bolsonaro o (ejem) Ayuso. Pero a pesar de eso, o quizás precisamente por eso, hay que defender la capacidad de inventar historias que nos muestren el camino para ser mejores y para ayudarnos los unos a los otros (y las unas a las otras, en este caso), que hablen de tejer redes y de construir comunidades y no de la lucha del "elegido" por salvar el mundo; algo que también aprecié, y mucho, en La hija única de Guadalupe Nettel o en Los últimos románticos de Txani Rodríguez. 

Como diría Benedetti (otro autor buenista y quizás por eso muy denostado por cierta crítica), es importante defender la alegría, sin ingenuidad pero con firmeza, como una trinchera, un principio, una bandera, un derecho. Leer, recomendar y regalar Piso compartido podría ser un buen principio.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Charlotte Malterre-Barthes y Zosia Dzierżawska: Eileen Gray. Una casa bajo el sol

Idioma original: inglés
Título original: A house under the sun
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable

Aileen Gray, arquitecta y diseñadora pionera de la arquitectura moderna a la que imprimió un estilo personal propio, casi epidérmico, regido por la sensorialidad y capacidad de los espacios para albergar y dar refugio. Ella ha sido —oh, sorpresa— otra de esas grandes creadoras y artistas silenciadas de la historia a las que, en el mejor de los casos, se las despojaba de la autoría de su obra para adjudicársela a alguno de sus colegas varones.

Desde que empecé en la facultad de arquitectura que tengo un temita con Le Corbusier (*), al que en adelante llamaré SAASCUECE (señoro arquitecto altamente sobrevalorado con un ego como Estambul). En otras reseñas en las que venía a cuento mencionarlo me he mordido la lengua para no darle protagonismo. Y a pesar de lo mucho que me ha hervido la sangre tras leer Una casa bajo el sol voy a optar de nuevo por callarme, porque quiero destinar este espacio y este momento para devolverle a Aileen Gray su legítimo lugar. Por eso me centraré en esta fábula gráfica que explica con tanta sensibilidad la relación entre la arquitecta y su magnífica casa bajo el sol, conocida bajo el particular nombre de E-1027.

Resumen resumido: Aileen proviene de una familia irlandesa acomodada pero pronto da muestras de no pertenecer a esa atmósfera hermética y convencional. Su despertar artístico se iniciará en Londres y continuará en el círculo bohemio de la rive gauche de París, en el que conocerá al arquitecto rumano Jean Badovici. Él le pedirá que proyecte la E-1027, un refugio para ambos en la Costa Azul. Esa casa será objeto, causa y efecto de algunos de los hechos arquitectónicos y vitales más trascendentes de la vida de Aileen.

Una casa bajo el sol no pretende ser, ni mucho menos, una biografía exhaustiva sobre la vida y la obra de Eileen Gray, pero sí logra construir y condensar toda una órbita de acontecimientos pasados y futuros en relación al episodio de la E-1027 que nos acerca con sensibilidad e ingenio tanto a su personalidad como a su visión sobre su concepción de la arquitectura y los espacios:
  • La formación de la visión artística y humana de Eileen, tanto por su particular infancia como por sus aprendizajes junto a un artesano esmaltador.
  • El choque conceptual con sus contemporáneos varones (con SAASCUECE a la cabeza) que, a pesar de compartir las líneas generales de la arquitectura moderna, entendían que una casa debía ser una máquina racional para vivir, mientras que ella consideraba que los espacios también debían responder a las necesidades primitivas de confort, seguridad o belleza más vinculadas al instinto. Para Eileen, los materiales, los acabados, la luz, las texturas, la disposición del mobiliario dentro de un espacio tenía una incidencia irrevocable en la experiencia sensorial de dicho espacio. Ella no congregaba en absoluto con el mantra form follows function ya que consideraba que la función no es algo rígido en el tiempo si no que evoluciona según las necesidades y por ello los espacios tienen que tener capacidad de adaptación.
  • Eileen Gray proyectaba desde una concepción muy orgánica, contra lo que la imagen de su obra final pueda suscitar, y mantenía ese vínculo con los edificios y las piezas de mobiliario como si fueran un miembro más de su cuerpo. La E-1027 es una prolongación de sus inquietudes arquitectónicas y una materialización de su idea de vida junto a Badovici y el que consideraba su refugio común pero, por el mismo motivo, cuando su relación se rompe ella no tiene escrúpulos en buscarse otro refugio para ella sola: «Los recuerdos se aferran a las cosas, así que es mejor empezar de cero». Y lo mismo sucede cuando SAASCUECE mancilla las paredes de la E-1027 con sus intrusivos murales ya que, a partir de ese momento, Eileen Gray se niega a volver a pisar la casa.
Otro aspecto ineludible que se narra es la construcción del relato de SAASCUECE, secundado por Badovici y con la complicidad de una estructura cultural patriarcal para desdibujar la autoría de Eileen Gray sobre la E-1027.

La historia de Una casa bajo el sol está basada en información absolutamente verídica, lo que no impide que la narración se permita ciertas licencias poéticas: así como Eileen Gray percibe la E-1027 como uno de sus miembros que, sin embargo, no duda en cortarse, en alejarse de ella cuando cambian sus circunstancias vitales, SAASCUECE mantiene una relación enfermiza de posesión desde el momento que la visita por primera vez, la mancilla posteriormente con unos murales que nadie le ha pedido, se apropia su autoría aprovechando su privilegio de arquitecto consagrado, trata de que a la muerte de Badovici la compre una de sus admiradoras y es el último lugar en el que duerme la mañana antes de morir ahogado en la playa que hay justo enfrente.

La narración gráfica y el estilo fluyen con mucha elegancia, con trazo negro sobre una paleta de verdes ocres y azules para distinguir el tiempo en el que transcurre cada momento. Un regalo para la vista al tiempo que transcurre esta historia que debió ser contada hace ya mucho mucho tiempo.

(*) Afortunadamente, no estoy sola.

martes, 28 de diciembre de 2021

I Congreso ULADIANO (Y entrevista exclusiva al invitado sorpresa)


Pues sí, queridos. Acabamos este pandémico 2021 y queremos hacerlo por todo lo alto. Porque el próximo 1 de marzo de 2022 este sacrosanto blog cumple 13 años (o 12 + 1, que dirían los supersticiosos) y ha llegado la hora de celebrarlo con vosotros. Así, gracias a la anónima y desinteresada aportación de un mecenas que desvelaremos en tan señalada ocasión, hemos reservado para el fin de semana del 26 y 27 de febrero una planta entera de Hotel Bali (Benidorm) con el fin de celebrar... ¡el I CONGRESO ULADIANO!

Estamos hartos de virus, de pandemias, de provacunas y antivacunas, de AstraZeneca, Pfizer y demás familia. Es hora de reunirnos y celebrar, con todas las medidas que las autoridades ordenen, la entrada en la adolescencia del blog.

Por supuesto, estaremos el equipo actual de ULAD y antiguos colaboradores. ¡Pero queremos contar con vosotros! El aforo y el presupuesto son limitados, así que aquellas personas interesadas en acudir (con un máximo de dos personas por familia) deberán enviar un mail a unlibroaldia@gmail.com con sus datos personales con el fin de ir gestionando las reservas.

Por último, y pese a que a medida que os pongáis en contacto con nosotros os iremos detallando el programa de festejos, os adelantamos algunas de las actividades: talleres de escritura, talleres de crítica literaria, cata de vinos, batucada, visita guiada por la ciudad de Benidorm, pase VIP para la discoteca Privilege y una mariscada bien surtida para todos, con su opción vegetariana o vegana para quien así lo solicite en la inscripción al evento

Además de esto, contaremos con la presencia exclusiva de uno de los escritores del momento, de un gran amante de las playas y la gastronomía española: el gran... ¡¡¡¡MICHEL HOUELLEBECQ!!!! Vale, inicialmente queríamos contar con Ana Iris Simón, pero entre la reseña poco elogiosa de Santi y que está liada con su nueva novela "Ramiroquai", una ucronía en la que un joven falangista llamado Ramiro Ledesma descubre la música electrónica, pues hemos tenido que recurrir al astro francés. Por cierto, ese sábado 26 de febrero... ¡es el cumple de Michel! 

Lo dicho, gentes: enviadnos un mail a unlibroaldia@gmail.com para ampliar información e ir cerrando detalles.

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Dejémonos de falsa modestia. El único debate para hablar de la mejor estrella literaria del siglo es si su ejército de incondicionales debe llamarse houellebecquianos o houellebecquistas. Todo lo demás son zarandajas, y si de algo ULAD debe sentirse orgulloso es de que , a toda prisa y encajándolo en fechas, antes de que las onerosas filtraciones sobre su próxima novela, Anéantir, precipiten el estallido promocional, Michel Houellebecq nos haya concedido una entrevista en mucha profundidad.
Porque el amigo José de Montfort dejó algunos aspectos no tratados en su afanoso intento anterior, pero es lo que tiene el músculo financiero. Nosotros hemos apostado fuerte (cuatro cartones de Gauloises - le da para un par de días-, un par de vouchers para seminarios de enología y un pase VIP para el tour "Murcia, qué hermosa eres") y aquí está el resultado.

Impertinente. Nocivo. Obsceno. Cínico. Enfadado. Narcótico. Tozudo. Experto. Solitario. El es Michel Houellebecq. 

ULAD: Sr. Houllebecq, ¿Qué se siente sabiéndose el mejor escritor de todos los tiempos? 

M.H.: Bueno, es algo que llevo con modestia y naturalidad. Pese a eso, me gustaría que me dieran más premios y pasta. No sé, el Nobel, el Planeta, el Nadal, el del Ayuntamiento de Motilla del Palancar... Todos. Lo que pasa es que me tienen manía porque alguna vez se me ha calentado la boca y eso no me lo perdonan.

ULAD: ¿Está preparando una novela sobre la pandemia?

M.H.: No exactamente. Es sobre otra pandemia, la de los escritorzuelos "guapetes" a los que su puta editorial española les hace tanto caso que se olvidan de que tienen en su catálogo al mejor escritor de la Historia.

ULAD: ¿Usted cree en las vacunas?

M.H.: Yo solo creo en Michel Houellebecq, los Gauloises y el Burdeos.

ULAD: ¿Cuál fue la fuente de inspiración de su última novela? 

M.H.: La parienta (la de ahora, quiero decir). Qianyum, luz de mi vida, fuego de mis entrañas... De ahí que Anéantir sea mi novela más luminosa, tanto como una cerilla encendida en la cara oculta de la Luna.

ULAD: ¿Puede hablarnos de su proceso creativo?

M.H.: No, que luego me lo copia Carrere. Sólo diré que los Gauloises, el tintorro y Tinder tienen mucho que ver.

ULAD: ¿Qué se siente sabiéndose un icono sexual tanto para mujeres como para hombres?

M.H.: Y no te olvides de todas esas cosas nuevas que hay hoy en día que no se sabe si son carne o pescado. Dicho esto, pues igual que lo de ser el mejor escritor del mundo: con modestia y naturalidad. Creo que en mi persona se concentran el ideal clásico de la belleza física y una mente privilegiada.

ULAD: ¿Hasta dónde llega su amistad " íntima" con Gérard Depardieu?

M.H.: Es verdad que Thalasso tenía una alta carga homoerótica, pero eran exigencias del guion. ¡Yo soy un macho galo de los de toda la vida! Lo único que comparto ahora mismo con Gerard es asesor fiscal.

ULAD: ¿Su aparición como personaje en el último álbum de Ásterix supone su consagración definitiva como una gloria nacional francesa o es más bien usted quien ha dotado de inmortalidad a esos dibujitos de galos bigotudo?

M.H.: Creo que es una pregunta absurda. Lo cojonudo es que no me han mandado ni un puto ejemplar de prensa. Bueno, tampoco Flammarion ni Anagrama. Al final me voy a tener que comprar mis propios libros.

ULAD: 734 páginas ¿No cree que ese exceso inusitado puede cargar las armas de sus enemigos?

M.H.: ¡Que se jodan y se las lean enteritas! No, de verdad, es una puta obra maestra que dudo pueda crearme (más) enemigos, aparte de los moros, los suecos, las feministas, los maricas y toda esa ralea

ULAD: De sus estancias en España recuerdo las menciones a David Bisbal en La posibilidad de una isla. ¿De verdad un cantante espantoso es lo único que merece que usted mencione acerca de la cultura ibérica?

M.H.: Eh, también hablo de las playas nudistas y de los puticlubs de la A3! Y de lo que no hablo, he de confesar que me gustan mucho las migas, el kalimotxo, Andrea Levy, los casettes con los chistes de Arévalo y el Gran Prix.

ULAD: Una celebridad de su repercusión, ¿nunca se ha sentido tentado por dar el salto a la política?

M.H.: El único salto que tengo previsto dar es el salto del tigre esta noche con la parienta.

ULAD: De que hay más en su ordenador: ¿porno, música tecno o planes de acabar con Carrére?

M.H.: 95% porno y 5% tecno. Lo de Carrere se lo he encargado a unos sicarios albanokosovares.

ULAD: ¿De los tres países dónde ha vivido (Francia, obviamente, Irlanda y el Cabo de Gata en España), en cual lo han tratado mejor? ¿Y peor? ¿Cómo han sido esas experiencias?

M.H.: Me quedo con España porque el tabaco y el tintorro son más baratos. En Francia son un poco estirados (mira, por ejemplo, el mongolo de Henri-Levy) y en Irlanda cuando no están bebiendo orín de caballo están follando con animales de granja y a mi ese rollo no me va.

ULAD: ¿Cómo justifica estar influido por Celine, Sade, Lovecraft, Camus, Huxley y tener un estilo plano? ¿O no es verdad que usted haya confesado tal cosa?

M.H.: ¿Plano yo? Te reto a duelo cuando quieras. Y, otra cosa, ellos me plagiaron a mi. Se llama plagio por anticipación.

ULAD: Por último, ¿qué nos puede adelantar de cara al evento del 26 y 27 de febrero en Benidorm?

M.H.: Estoy muy contento de que se hayan acordado de mí y por eso hago esta excepción a lo de no conceder entrevistas ni promocionar Anéantir. Para ese fin de semana, estoy pensado en llevar de acompañante a Frederic Beigbeder! Si se viene Fred, los baños del parlamento británico comparados con los del Hotel Bali pueden parecer un jardín de infancia. 

lunes, 27 de diciembre de 2021

Ibram X. Kendi: Marcados al nacer. La historia definitiva de las ideas racistas en Estados Unidos

Idioma original: inglés
Traducción: Jesús Negro García y Francesc Pedrosa Martín
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable
Título original: Stamped from the Beginning: The Definitive History of Racist Ideas in America

Son muchos los libros que han tratado el tema del racismo y del antirracismo (en ULAD hay reseñados muchos de ellos), pero pocos lo han hecho con la profundidad del libro que nos ocupa y narrando su evolución a lo largo de la historia. El propósito de este libro del Doctor Ibram X. Kendi, una de las principales voces antirracistas en EE.UU. y ganador del National Book Award, es hacer un recorrido histórico del racismo en Estados Unidos; en palabras del propio autor, «Marcados al nacer narra la historia integral de las ideas racistas, desde sus orígenes en la Europa del siglo XV, pasando por la época colonial (…) hasta llegar al siglo XXI y a los debates actuales sobre los acontecimientos que están teniendo lugar en nuestras calles».

Para aclarar conceptos que se irán viendo a lo largo del ensayo, Kendi nos detalla las diferencias entre las posiciones segregacionistas (culpar a las propias personas de las disparidades raciales), antirracistas (quienes señalan con el dedo la discriminación racial) y asimilacionistas (que afirman que tanto las personas negras como la discriminación racial son responsables de las disparidades raciales, que «los comportamientos inferiores de los negros podrían superarse si se les diera el entorno propicio»). Kendi nos habla también de la «interseccionalidad», el «prejuicio derivado de la intersección de las ideas racistas y otras formas de intolerancia, como el sexismo, el clasismo, el etnocentrismo o la homofobia» como elementos a combatir.

Kendi estructura el libro en cinco grandes partes y utiliza como “guías” a Cotton Mather, Thomas Jefferson, William Lloyd Garrison, W.E.B. Du Bois y Angela Davis, los cinco «teóricos raciales más destacados o provocativos durante sus respectivas vidas, puesto que escribieron, divulgaron y enseñaron ideas de índole racial (y no racial) tan fascinantes como originales, influyentes e incluso contradictorias». Así, el libro parte de la colonización y nos narra el inicio de la esclavitud y del comercio de esclavos africanos, en el siglo XV; ahí comienza «la historia registrada de las ideas racistas contra los negros», pues «la mayoría de los cautivos vendidos en Europa occidental eran europeos orientales, hechos prisioneros por los saqueadores turcos en todo el territorio alrededor del Mar Negro. Muchos de los cautivos eran eslavos, de manera que el término con el que se designaba a dicha etnia pasó a ser raíz de la palabra “esclavo” en la mayor parte de los idiomas del occidente de Europa». Con la llegada de Colón a América y la masacre que supuso para los indígenas, el esclavismo se extendió pues «prácticamente desde el momento de la llegada de Colón, una oleada de colonos españoles comenzó a degradar y esclavizar a los indígenas del continente, transfiriendo los constructos sobre los pueblos africanos a los americanos nativos».

De esta manera, el libro de Kendi hace un repaso del racismo en orden cronológico y abarca diferentes aspectos de la sociedad, tratando de manera transversal los siguientes aspectos de la sociedad en los que el racismo ha sido presente a lo largo de los siglos y que aquí agrupo, no de manera cronológica, sino en su ámbito de incidencia:

Racismo ideológico:
Kendi nos habla de cómo Mather y Cotton, prevenientes de Inglaterra, crearon escuelas y universidades coloniales en EE.UU., donde se enseñaba literatura griega y latina y estudiaron Aristóteles quien «consideraba que los antiguos griegos eran superiores a todos los que no eran griegos» provocando de esta manera que los puritanos estadounidenses aprendieran «una serie de fundamentos para las jerarquías humanas, de manera que comenzaron a creer que algunos eran superiores a otros» y, de manera similar a Aristóteles con los griegos, los puritanos «creían ser superiores a los americanos nativos, a los pueblos africanos e incluso a los anglicanos, es decir, a todos aquellos que no fuesen puritanos». 

Ya en la época de Thomas Jefferson, «las ideas de la Ilustración dieron legitimidad a este histórico “sesgo” racial, el vínculo entre la luz, la piel blanca y la razón, por un lado, y entre la oscuridad, la piel negra y la ignorancia, por otro» así como Carl Linneo (padre de la Ilustración en Suecia) que junto con «sus compañeros “ilustrados” también creaban jerarquías humanas; dentro del reino europeo, situaban a los irlandeses, a los judíos, al pueblo romaní y a los europeos del sur y del este en el nivel más bajo». Kendi cita también a Voltaire y sus ideas racistas al afirmar, sobre la raza negra, que «aunque su razonamiento no sea de una naturaleza distinta al nuestro, es al menos claramente inferior» y que «los pueblos africanos son como animales —agregaba— que viven únicamente para satisfacer las necesidades corporales» así como también David Hume que, aunque se oponía a la esclavitud, era terriblemente racista al afirmar que «soy proclive a sospechar que los negros (…) son inferiores a los blancos» o también Kant, quien afirmaba que «la humanidad alcanza su máxima perfección en la raza de los blancos». Así, el debate estaba entre los defensores de la monogénesis y los de la poligénesis, un debate que se alargaría a lo largo de décadas.

«A medida que se incrementaba el número de negros libres en la década de 1790 y el número de esclavos negros empezaba a disminuir en el Norte, el debate racial cambió; de los problemas de la esclavitud de paso a hablar de la condición y las capacidades de los negros libres». Así, se pasó a la estrategia de «persuasión por elevación» basada en «la idea de que era posible persuadir a los blancos para que abandonasen sus prejuicios racistas si veían que las personas negras mejoraban su conducta (…) La carga de las relaciones entre razas recaía directamente sobre los estadounidenses negros». 

Activismo:
En 1833 se forma la Sociedad Antiesclavista estadounidense, quienes en 1835 «se valieron de las nuevas tecnologías para difundir la palabra del abolicionismo a los potenciales conversos» y «llegaron a abrumar a la nación entre veinte mil y cincuenta mil ejemplares semanales de su panfleto abolicionista. Ya, en 1966, se forma la Marcha contra el miedo de Mississippi y surgió el grito «Black Power» como concepto que resumía las demandas del control negro para las comunidades negras. Ese mismo año «Huey Newton y Bobby Seale redactaron el programa de diez puntos para su recién fundado Partido de los Panteras Negras para la Autodefensa» y un año más tarde, Angela Davis, una vez volvió de sus estudios de filosofía en Alemania y «ayudó a crear el Sindicato de Estudiantes Negros en la Universidad de California en San Diego». Poco tiempo después, «la muerte de King convirtió a innumerables activistas con doble conciencia en antirracistas de conciencia única, y el Poder Negro creció hasta convertirse en la mayor organización antirracista desde el periodo posterior a la Guerra de Secesión». Así se narra la evolución del activismo en defensa de la comunidad negra y termina hablando de los asesinatos de Trayvon Martin y otros muchos, y la creación de la plataforma #BlackLivesMatter a manos de Alicia Garza y Patrisse Cullors

Racismo cultural:
Kendi también afirma que, junto con los colonos, las ideas racistas llegaron por parte de un grupo distinto, el de los dramaturgos, y hace mención a autores de textos racistas a través de las obras de teatro del siglo XVII; desde el racismo de Shakespeare en Otelo y «la inferioridad negra a superioridad blanca» a «un malvado y sobresexuado Arón» de Tito Andrónico o «La tempestad» con el personaje de «Calibán, el hipersexual hijo bastardo de un demonio y una bruja africana, descendiente de una ‘raza vil’». 

La cultura popular no ayudó a erradicar el racismo, como se demuestra con Edgar Rice Burroughs y su creación literaria, en 1912, de «Tarzán de los monos» en la que un huérfano de padres blancos se cría en África central y «se convierte en el cazador y guerrero más habilidoso de la comunidad, más que ninguno de los simios africanos con los que convive, (…) protege a una mujer blanca llamada Jane de los violentos negros y simios de la zona (…) enseña a escribir a los africanos, tal que si se tratase de niños, a combatir y cultiva sus propios alimentos». También habla del estreno, en 1915, de la película «El nacimiento de una nación» y sus ideas racistas o la publicación, en 1916, de “The passing of The Great Race”’ de Madison Grant en el que idea una escala étnico-racial que sirvió de referencia a Hitler para su “Mi lucha” y que él mismo define como “mi biblia”». Ya en 1933 se estrena King Kong que «no deja de ser un remake de ‘El nacimiento de una nación’ enmarcado en un escenario isleño a lo Tarzán» o en 1936 con el estreno de «Lo que el viento se llevó», donde «se ofrece un retrato de los señores blancos como nobles y atentos, y de los esclavos como leales aunque gandules, poco preparados para la libertad».

Racismo legislativo:
El libro hace también un repaso de como las leyes fueron modificándose a lo largo de los siglos y parte de 1705, con la revisión del código fiscal en Massachussets (…) en la que los legisladores de Virginia hicieron obligatoria la participación de las patrullas de vigilancia de los esclavos (…) por parte de grupos de blancos. «En la misma legislación se negaba a los negros la posibilidad de ocupar cargos públicos», en 1808 «un Tribunal de Carolina del Sur dictaminó que las mujeres esclavas carecían de derechos sobre sus hijos»; afortunadamente, la historia empezó a cambiar cuando, en 1848, se produce la primera convención por los derechos de las mujeres que reclamaban el «voto para todos los ciudadanos, con independencia de su género o raza» y, en el 17 de julio de 1862, se aprobó la Ley de Segunda Confiscación que «disponía que todos los africanos con duelo que huyesen a las líneas del ejército de la Unión o que residieran en territorios ocupados por la Unión “quedaban liberados para siempre de su esclavitud”» o el 31 de enero de 1865 donde se aprueba la decimotercera enmienda que abolía la esclavitud. El 27 de febrero de 1869 se aprueba la decimoquinta enmienda en el que «se prohibía que Estados Unidos o los estados denegasen o limitasen el derecho de voto ‘en virtud de la raza, el color o la condición anterior a la esclavitud’». También la ley de derechos civiles de 1964 que «declaraba ilegal la discriminación por motivos de raza, color, religión, sexo u origen nacional en los organismos y las instalaciones gubernamentales, así como en la vivienda, la enseñanza y el empleo públicos».

Racismo académico:
Con los test de admisión a la universidad, la discriminación seguía produciéndose, creando «nuevas barreras que coartaban a los negros pobres. ‘La clase de ha convertido en algo más importante que la raza a la hora de determinar el acceso a los negros a los privilegios y al poder’». Aportando datos, Kendi asevera que en 2004, «la probabilidad de que un estudiante blanco se inscribiera en las universidades más selectivas» era cinco veces superior a que lo hiciera un negro.

Racismo policial:
A pesar de que nadie conocía las tasas delictivas, como los «índices de arrestos y encarcelamientos de negros» eran superiores, «daban pábulo a las ideas racistas de que los negros quebrantaban más la ley» y «tales suposiciones hacían girar la rueda de la discriminación racial en el sistema judicial penal, que alentaba una mayor suspicacia hacia las personas negras, la presencia de más policía en los barrios negros, un mayor número de arrestos y un encarcelamiento más prolongado, lo que a su vez aumentaba más la suspicacia, etc.» y nos habla del Verano Rojo en 1919, de los linchamientos por parte del Klan en 1980 así como «el terror perpetrado por grupos de policía a lo largo y ancho del país, desde registros a mujeres en los que eran obligadas a desnudarse y abusos sexuales contra ellas hasta golpes propinados con la culata de la pistola en la cabeza de los hombres negros».

Racismo antropológico:
«En 1853, (…) en Francia, el aristócrata realista Arthur de Gobineau publicaba en cuatro volúmenes su “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” en el que (…) incluía un análisis sobre la “verdad colosal” de la jerarquía racial de la poligénesis. (…) Entre las especies blancas, la aria era la suprema, creadora indiscutible de todas las grandes civilizaciones de la historia del mundo». Las teorías de Gobineau tuvieron mucho éxito entre los alemanes, con el resultado ya conocido por todos.

Por todo ello, el libro que ha escrito Kendi es un repaso detallado y exhaustivo del racismo existente en Estados Unidos. Un ensayo donde predominan los hechos históricos más que la opinión del autor quien traza un recorrido que nos lleva desde el primer tráfico de esclavos hasta nuestros días, evidenciando que el racismo ha existido durante siglos y siempre ha sido mantenido y alimentado por motivos racistas, obviamente, pero también por intereses eminentemente económicos y políticos. Así, como es habitual, racismo y clasismo se asocian para lograr el interés común de las clases «nobles» blancas y sus egoístas y privados intereses porque tras este extenso ensayo, Kendi constata que «el poder nunca va a sacrificarse a sí mismo y renunciar a sus intereses» y que «solo puede garantizarse un Estados Unidos antirracista si quienes están en el poder son antirracistas por principios, de manera que las políticas antirracistas se conviertan en la norma habitual». 

También de Ibram X. Kendi en ULAD: Cómo ser antirracista

domingo, 26 de diciembre de 2021

Reseña + entrevista: Las listas del pasado de Julie Hayden

Idioma original:
Inglés
Título original: The lists of the past
Año de publicación: 1976
Traducción: Inés Garland
Valoración: Bastante recomendable

Pues estamos de celebración. Asistimos al nacimiento de "Muñeca infinita", editorial de sugerente nombre que se lanza a la arena con la publicación de "Las listas del pasado", libro de la estadounidense Julie Hayden inédito hasta la fecha en español. 

Estructurado en dos partes, "Vidas breves" y "Las listas del pasado", el volumen se compone de una docena de relatos en los que parece observarse cierta carga autobiográfica y que guardan una serie de elementos comunes: la delicadeza y el detalle que los recorre, el entralazamiento vida-muerte, su carácter híbrido entre lo descriptivo y lo psicológico, su complejidad a pesar de su aparente sencillez,  su estilo "cinematográfico" con el empleo del flashback y del travelling, etc.

Si tuviera que definir los relatos de Hayden de alguna manera, diría que son "realismo impresionista" (toma ya). Dejándome de gafapastismo, son textos en los que, por lo general, "nada" ocurre: no hay giros, no hay sorpresas ni golpes de efecto. Quien busque algo así que se olvide de acercarse a los relatos de Hayden. Por contra, quien guste de relatos que hablen de la puta vida cotidianeidad, de textos delicados (y hasta cierto punto evocadores) que no caigan en la ñoñería, en la cursilería o en la puñetera nostalgia del pasado, encontrará en "Las listas del pasado" un libro plenamente disfrutable.

Decía anteriormente que dos son las partes en las que se divide "Las listas del pasado". La primera de ellas, "Vidas breves", se compone de relatos que van desde los recuerdos infantiles hasta los amores no correspondidos. Quisiera destacar aquí "Ratas bebé de un día de vida", relato de un día en la vida de una mujer alcohólica con un final entre hermoso y triste, y "En palabras de", quizá el relato más atrevido técnicamente y el que demuestra un mejor manejo de los símbolos por parte de la autora.

La segunda parte, "Las listas del pasado", es un conjunto de cuentos interconectados sobre la enfermedad y muerte del "patriarca" de la familia, hasta el punto de que pueden ser también leídos como si de una novela fragmentaria se tratase. Es en esta segunda parte donde la delicadeza y el detalle de los que hablaba se manifiestan más claramente. Destacan, especialmente, el tratamiento de los diferentes estados por los que atraviesan los familiares del enfermo y el propio enfermo y del momento del fallecimiento del "patriarca", perfectos en su sencillez.

Así que muy buen estreno este de Muñeca Infinita con el rescate de un libro que, con los matices que hemos comentado, esperemos encuentre los lectores que merece.

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Aprovechamos la ocasión para charlar sobre esto de montar una editorial, libros y otras hierbas con Juan Pablo Díaz Chorne, responsable de Muñeca Infinita.

ULAD: Después de unos años en el mundillo editorial, ¿qué es lo que te anima a dar el salto a un sello propio?

JPDC: Una confluencia de factores. Por un lado, que por edad era casi un ahora o nunca para cumplir una fantasía que tenía hace bastante tiempo, y a pensar que había llegado el momento en que estoy preparado para ponerla a prueba y, porque no decirlo, seguramente a cierta necesaria ilusión e inconsciencia. Más prosaicamente, también a un despido imprevisto en la segunda semana del primer confinamiento estricto de la pandemia y a encontrarme en una nueva posición en la que no tenía tanto que perder. Llevo tiempo trabajando en el sector del libro y sé dónde me meto, con todo lo bueno y malo que tiene eso.

ULAD: Para los profanos en la materia, ¿cuánto dura el proceso desde que surge la idea hasta que Muñeca Infinita es una realidad? ¿Es tan agotador como puede parecer desde fuera?

JPDC: No sé si calificaría Muñeca Infinita como realidad. Hasta que no sea empresarial y culturalmente un proyecto viable no hablaría en esos términos. Y eso no lo sabremos en un tiempo. Si te refieres al momento de aparición del primer libro, que fue el pasado 15 de noviembre, te diría que una decisión fuerte al respecto la tomé seguramente alrededor de noviembre de 2020 y la constitución de la empresa y las primera negociaciones de derechos vienen de enero de 2021 (pero ya llevaba unos meses leyendo posibles libros a publicar). Es agotador y divertido al mismo tiempo. Más todavía cuando uno está empezando un proyecto y todo es nuevo y está por hacer por primera vez. Pero el trabajo editorial es siempre el del hombre orquesta, que trabaja sin parar en muchos frentes al mismo tiempo y en un negocio que no genera demasiadas alegrías económicas.

ULAD: ¿De dónde viene el nombre de la editorial: “homenaje” a las matrioshkas o algo más?

JPDC: Es un nombre que nos parecía que funcionaba bien para comunicar la idea que queríamos trasladar con la editorial. Esta idea de la muñeca sin fin, sí, pero también del laberinto, de la huella. Esa muñeca rusa como catálogo en que los libros se encuentren y encajen unos con otros, que lleven en su interior otros libros y otras lecturas. Nuestro lema viene a ser: Porque hay muchos libros dentro de cada libro, y muchos lectores dentro de cada lector.

ULAD: En un país en el que se lee lo que se lee (en cantidad y calidad) hemos asistido en los últimos años al nacimiento y consolidación de algunos sellos (me vienen a la cabeza MalasTierras o La Navaja Suiza) que tienen un catálogo parecido al que apunta a ser el catálogo de Muñeca Infinita. ¿Hay hueco para más gente?

Creo que siempre hay hueco para quien haga bien las cosas y tenga algo que aportar y para quien sea capaz de darle viabilidad a su proyecto en un entorno complejo a varios niveles. Estas dos cosas no son necesariamente la misma. Por un lado, los avances tecnológicos han hecho que crear una nueva editorial sea relativamente barato (al menos comparado con otros negocios), pero al mismo tiempo su supervivencia en el mediano y largo plazo es cada día más complicada. Hace poco hojeaba un libro de cálculo editorial de los años 70 y se decía que se vivía un entorno complicado porque las tiradas medias apenas llegaban a los 15.000 ejemplares. Hoy en día lo usual, incluso en editoriales medianas, es moverse entre 1000 y 2000 ejemplares para una novedad. Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Mucho más barato y sencillo montar una editorial, mucha más competencia y dificultades para darle la rentabilidad suficiente para sobrevivir. Todas las semanas llegan a las librerías muchísimos nuevos libros y muchos de ellos son fantásticos, cada vez hay más editoriales pequeñas, medianas y grandes que lo hacen muy bien, así que el reto para la supervivencia está en captar la atención y el interés del lector entre tanta oferta hasta el punto de que quiera adquirir uno de tus títulos. A fin de cuentas, el éxito de una nueva editorial se reduce a lograr algo que se dice muy rápido pero es muy difícil de hacer, una comunidad de interés que siga tus publicaciones y se fíe de tu criterio. Construir un espacio y una comunidad desde los que compartir libros que se consideran importantes.

ULAD: Las cuatro primeras referencias del sello corresponden a libros publicados originalmente en Estados Unidos en los 70, 80, 90. Sin dar muchas pistas (por si acaso), ¿cómo es esa labor de investigación y cómo se quedan los herederos de los derechos cuando llega un editor del otro lado del charco diciendo que quiere publicar ese libro?

JPDC: Los casos a los que me he enfrentado son muy distintos ya en los primeros seis libros contratados. Algunos títulos los descubrí por una recomendación, otros investigando en webs de todo tipo, mirando en librerías, etc. En cualquier caso, no se suele tratar directamente con los herederos de los derechos sino con agentes literarios de aquí o del extranjero o con los editores originales. Aunque los primeros seis libros que publicaré son rescates, nunca habían sido publicados en español y en algunos casos nunca habían sido traducidos a otras lenguas, así que tanto los autores como sus herederos están muy agradecidos. Y luego se dan casos incluso curiosos y graciosos. Estoy en contacto con el sobrino de Julie Hayden, nuestra primera autora que publicó su primer libro en 1976 y murió en 1981. Peter, su sobrino, es guionista de series como House o The Good Doctor y su club de fans en Argentina están ya recomendando el libro en redes.

ULAD: Al hilo de lo anterior y de una reciente y absurda polémica acerca de que es más probable que te publiquen hoy en día siendo mujer, las cuatro referencias de las que hablábamos son libros escritos por mujeres. ¿Casualidad o línea editorial marcada desde el inicio?

JPDC: De entrada, diría que pura casualidad, pero no creo del todo en las casualidades. Digamos que no lo he hecho a propósito, pero inconscientemente es más que probable que me haya visto influenciado por el hoy. También, al ser una editorial de rescates, seguramente haya mejores textos a rescatar e inéditos en español de mujeres. Por otro lado, uno de los primeros libros que quise rescatar era de un hombre, polaco, pero por costes de traducción decidí dejarlo para más adelante, así que ese tipo de factores también influyen. Otro dato curioso: Los primeros cinco libros son de mujeres y traducidos por mujeres. El sexto, de una gran feminista de la segunda ola, lo está traduciendo un hombre.

ULAD: Primera referencia: Julie Hayden y “Las listas del pasado”. Relatos, autora maldita, no publicada en español… ¿Toda una declaración de intenciones?

JPDC: La idea es que sí sea una declaración de intenciones, pero también creemos que es un libro buenísimo con el que estamos muy orgullosos de arrancar. "Las listas del pasado" lo descubrí por una recomendación de Lorrie Moore en una entrevista y es perfecto para inaugurar una editorial principalmente centrada en rescates de clásicos modernos. Hayden, trabajadora del The New Yorker, publicó este, su único libro, en 1976 y poco después murió y desapareció del mapa hasta que en 2010 Lorrie Moore, que la había descubierto en la universidad, leyó un relato suyo en un pódcast del mismo The New Yorker, "Ratas bebé de un día de vida", que se hizo viral y el libro en un tesoro que encontrar en las librerías de viejo. Salieron algunos artículos de prensa sobre su vida y obra y en 2014 a Cheryl Strayed, autora de "Salvaje" (convertida luego en una película protagonizada por Reese Witherspoon), le encargaron recuperar un libro descatalogado que mereciera una segunda vida. A través de una amiga y su post de Facebook descubrió a Hayden y quedó tan enamorada y sorprendida por el hecho de que no estuviera publicada como yo mismo años después. Un pódcast, Facebook, y un libro que aparece y desaparece y que además le habla muy bien a nuestro presente. ¿Qué mejor título para rescatar e inaugurar una editorial de este tipo?

ULAD: Tirando un poco más del hilo, ¿veremos en 2022 en el catálogo de Muñeca Infinita algún libro de autores “actuales”?

JPDC: Pues no era mi idea en un principio, pero justo estoy pensando en contratar a una autora de un país del este que escribe en francés. La novela se publicó en 2016 y ella nació en 1982, así que sí creo que puede hablarse de actual. De todos modos, aunque hay una gran felicidad en descubrir nuevas voces (y no renunciamos a ella) no es menos hermoso rescatar del fondo de una estantería o del olvido grandes libros y decirle al lector: mira lo que te has estado perdiendo. Esto es una maravilla y estaba completamente olvidado o nunca había llegado hasta aquí. En cualquier caso, también publicaremos algunos títulos ya editados hace muchos años en España pero que se encuentran injustamente desaparecidos de las librerías o con traducciones manifiestamente mejorables. Y también como te comentaba algunas novedades, pero no por el hecho de serlo, sino porque realmente valgan la pena, pensamos que vayan a perdurar y dialoguen bien con el catálogo.

ULAD: Pregunta obligada a todo editor: ¿qué autores actuales te gustaría que aparecieran en el catálogo de Muñeca Infinita? ¿Qué libros de cualquier época te hubiese gustado publicar?

No sé si estoy malinterpretando la pregunta, pero soy muy contrario a esa idea de confundir catálogo de una editorial con gusto personal. El gusto personal está ahí, pero es sólo uno de los factores a la hora de publicar un libro, tanto o más importante que el gusto personal es que nuestros títulos sean considerados como necesarios por los lectores actuales y como pertinentes para hablarle a nuestra época de los temas que a todos nos conciernen. Digamos que creo que hay que mirar más al afuera que al adentro a la hora de publicar. Al menos yo siempre pienso a la hora de contratar un libro en por qué considero importante publicarlo y cómo voy a comunicarlo a los demás.

Si la pregunta es qué autores actuales les “envidio” a otros editores, te diría que algunos nombres que se me pasan rápidamente por la cabeza serían: Coetzee, Jane Smiley, Yuri Herrera, Emiliano Monge, Sara Mesa, Eider Rodríguez, etc.

Entre los clásicos: Beckett, Munro, Faulkner, Diderot, Montaigne, Joseph Brodsky, Graham Greene, Juan José Saer. Tantos…

sábado, 25 de diciembre de 2021

Guadalupe Nettel: Después del invierno

Idioma original: español

Año de publicación: 2014

Valoración: Esta bien



Un título sugerente el de esta novela (Premio Herralde, 2014). Después del invierno llega la primavera con todos sus tópicos de luz y calor, pero hay primaveras francamente desapacibles. No conozco las intenciones de Nettel en este aspecto, pero el invierno de sus personajes no acaba, o bien acaba sin que se noten grandes cambios climatológicos. Por supuesto, la trayectoria que se describe los ha convertido en otros, pero no diría que más primaverales en el sentido convencional de la palabra.

Claudio y Cecilia. ¿Qué tienen en común? Es obvio que nada en absoluto. Como ni siquiera viven cerca, era poco probable que se cruzasen sus caminos. Y no hablo de barrios, ni siquiera de ciudades distintas, el hecho es que se encuentran en distintos continentes: ella, mejicana, en Francia, él, cubano, residiendo en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, y doce o quince años más viejo; ella, idealista, inteligente y con lo que parece una pequeña neurosis que le impide adaptarse al medio, él narcisista hasta la médula, misógino sin remisión y con un TAC tamaño universo. Y aquí está la clave, a mi modesto entender, de que el argumento cojee por algún sitio. Obviamente, la cojera se debe a que intenta coordinar dos historias absolutamente disparejas, y eso produce continuos desajustes.

La manera de conocerse ya está traída por los pelos, luego él vuelve a su entorno y siente un amor desmesurado por alguien a quien solo ha visto un par de horas y en un contexto grupal. Eso sin contar que no es probable que dos seres antisociales encajen a primera vista con nadie, menos aún entre ellos, sobre todo si están en las antípodas el uno del otro en todo, incluso geográficamente. Por eso, el recurso que encuentra la autora, y que de momento parece funcionar, es hacerles hablar por separado mediante flujos de conciencia que van relatando su día a día. Digo “parece funcionar” porque según los vamos conociendo empezamos a sospechar que aquello no puede acabar en idilio. ¿De qué otra forma, pues? Porque todo indica que esas dos líneas argumentales tienen que acabar confluyendo. Pero las líneas paralelas, por definición, no se encuentran jamás, y cualquier intento de acercamiento acabará en fracaso narrativo, por mucho que se intente disimularlo. Finalmente, están como al principio, solo que un poco más sabios. Y, sí, estoy adelantando acontecimientos, pero no tanto como parece, pues cualquiera que la haya leído convendrá conmigo en que aquello se veía venir.

Por otra parte, tampoco hacía ninguna falta conectarlos, me refiero a Claudio y a Cecilia, pues cada uno de ellos ya tenía entre manos su correspondiente romance, bastante improbable también, repleto de altibajos, pero mucho más interesante ya que consigue mostrar dos historias sentimentales y cuatro procesos psíquicos, narrados con solvencia y que transmiten credibilidad por sí solos. Se trata de los tándems Claudio/Ruth y Cecilia/Tom, que merecían -cada uno por su lado- un tratamiento mucho más meticuloso. De esa forma, se podían haber escrito dos novelas con poca conexión entre ellas aparte del tema de pareja, y muchas posibilidades de índole psicológica, social, y hasta histórica. A mí, particularmente, me hubiese atraído que investigase en el ambiente laboral, amistoso, económico, familiar etc. de los protagonistas, cada uno en su propia novela, se entiende, influidos ambos por una educación y un ambiente familiar que les convirtieron en lo que son ahora, y cuyas condiciones sociológicas y ambientales determinarían de alguna forma su futuro. 

Nettel ha ideado unas claves con mucho potencial pero en mi opinión no las ha manejado con toda la solvencia que exigían. El resultado es un texto que, si bien se lee con interés y empatía hacia los personajes, empieza a decepcionarnos muy pronto por falta de coherencia, verosimilitud y, probablemente, de un plan previo que hubiese previsto cómo debe acabar. He leído que mientras trabajaba en ella la autora publicó otras dos obras, quizá ni ella misma logró conectar del todo con la idea previa o no se concentró lo bastante como para desarrollarla con el rigor necesario. Por lo visto, para el personaje de Claudio -que, ya adelanto, es un parásito sin conciencia de serlo- se inspiró, nada menos, que… en Schopenhauer. Así se explica que su visión resulte tan anacrónica y que para cerrar la historia haya tenido que recurrir a una forzadísima vuelta de tuerca.


Otras obras de Guadalupe Nettel: La hija única, El matrimonio de los peces rojos,

viernes, 24 de diciembre de 2021

Emma Stonex: Los guardianes del faro

Idioma original: Inglés
Título original: The Lamplighters
Traducción: Cristina Riera Carro
Año de publicación: 2021
Valoración: Está bien

Los guardianes del faro es fácil de leer, su misterio engancha y tiene escenas conmovedoras. O sea: como novela, reúne todas las características del "best seller" contemporáneo. Pero no os penséis que estamos ante un libro que carece de alma, escrito a base de fórmulas comerciales y sin mayor ambición que complacer a las masas. Al fin y al cabo, la obra de Stonex es reivindicable, seamos lectores exigentes o ávidos escapistas. 

Estilísticamente hablando, es un ejercicio de sobriedad y elegancia. Asimismo, su argumento despunta por tener una solvente estructura y albergar diversos giros. Sus personajes, sin ser excesivamente complejos, exhiben voces distintivas e idiosincrasias particulares.

Aparte de lo dicho, otro incentivo para abordar este texto sería que se basa en hechos reales. Stonex ficciona aquí (ingente labor de documentación mediante) uno de los acontecimientos más enigmáticos de la Historia: la inexplicable desaparición de varios fareros.  

También querría destacar los reproches que le pongo a este trabajo: para mi gusto, su extensión debería haberse reducido sustancialmente, su prosa carece de naturalidad en algunos pasajes y la narración manipula emocionalmente de tanto en cuanto.

En cualquier caso, Los guardianes del faro entretiene y deleita por igual. Lo recomiendo a todo el que acepte que la literatura se puede disfrutar aunque no tenga grandes aspiraciones. 

jueves, 23 de diciembre de 2021

Miguel Ángel Villena: Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: recomendable, sobre todo para interesados

Uf, casi me pilla el carrito del helao... me refiero a que casi se me pasa este 2021, centenario del nacimiento de Luis García-Berlanga (también, entre otros, de Stanislaw Lem, Patricia Highsmith y Leonardo Sciascia, pero de ellos sí que hemos reseñado libros) sin rendirle un homenaje, si quiera por medio de la reseña de esta biografía escrita por su paisano Miguel Ángel Villena. Vale, que ya sé que éste es un blog sobre libros y no hablamos de un literato, sino de un cineasta, pero tampoco nos vamos a poner tan tiquismiquis y, además, Berlanga es de los pocos creadores que ha visto su apellido convertido en un adjetivo , "berlanguiano", aceptado por la RAE y toda la pesca...Adjetivo que, para quien nos lea desde España seguramente no hará falta definir, pero para el resto, podemos decir que representa una visión entre escéptica, socarrona y cariñosa de una realidad contradictoria, caótica o incluso absurda, amén de hipócrita... (y sobre todo, atañe a la obra cinematográfica de este director, aunque en mi opinión también se le puede aplicar a otros como el coreano Bong Jong-hoo, por ejemplo).

Una visión del mundo en la que hay consenso en que tiene mucho que ver la tierra de origen de Berlanga (además de las flores, de la luz y del color): Valencia. Nacida en una familia burguesa de posibles, en su posterior vis desencantada tuvieron mucho que ver, sin duda, los avatares políticos que zarandearon su juventud: hijo de un político republicano -y nieto de todo un prócer liberal-, García-Berlanga era un "gamberro pijo" de simpatías anarquistas y amigos falangistas, para acabar, tras su paso por el ejército de la república durante la guerra Civil, luchando contra los soviéticos en la División Azul, con el fin de conmutar la pena de muerte a la que el régimen franquista había condenado a su padre... y al volver de Rusia, aún le tocó hacer la mili, al pobre. Otras facetas de su vida no le fueron a la zaga a esta paradójica etapa juvenil: burgués "benestante" pero crítico implacable de su clase social y de la Iglesia; amigo de comunistas, pero refractario a encuadrarse en alguna ideología política; célebre erotómano, pero marido y padre fiel durante toda su vida; misógino, aunque de trato exquisito con las mujeres; tímido recalcitrante , mas sempiterno amante de la bulla mediterránea; con fama de cineasta descuidado, pero en realidad sumamente atento a los detalles y plazos de rodaje y, sobre todo, maestro del complicado plano-secuencia...

Esta biografía, escrita por el veterano periodista Miguel Ángel Villena -de raíces geográficas similares a las de Berlanga- hace tras estos episodios juveniles, un exhaustivo repaso a la trayectoria del director: su paso por el IEEC -primero como alumno y luego, ya en la Escuela de Cine, como profesor-, su vida familiar y social y, por supuesto, a todas sus películas, desde la primera, dirigida al alimón con Juan Antonio Bardem, a sus obras maestras de los años 50 y 60 -Bienvenido, Mr. Marshall, Plácido, El verdugo-, el cierto declive que vivió después, pese a esa insólita e iconoclasta cinta que es Tamaño natural, el nuevo éxito de la serie de La escopeta nacional y La vaquilla, hasta llegar a sus últimas películas y su testamento cinematográfico que fue París-Tombuctú. El libro diserta además sobre las circunstancias y peculiaridades de cada una de las épocas en las que fue rodando estos films, así como las distintas personas participaron en ellos, en muchos casos amigos del director, tanto actores como Fernando Fernán-Gómez, José Luis López Vázquez, Amparo Soler Leal... ayudantes como Ricardo Muñoz Suay, productores -Alfredo Matas- o guionistas como su propio hijo Jorge y, cómo no, el sin par Rafael Azcona, que formó con Berlanga una pareja irrepetiblemente caústica en la historia del cine español.

He escrito antes "exhaustivo", pero no es sinónimo de "rollazo"; todo lo contrario: el libro, además de escrito con gran soltura, resulta suficientemente variado y ameno para no aburrir al lector en ningún momento. Además de recoger múltiples testimonios de personas que trabajaron o trataron con el director, se basa en gran medida en libros de memorias escritos por él, en colaboración con escritores amigos, como el significativamente titulado Bienvenido, Mr. Cagada -el apodo que le pusieron durante el rodaje de la película que todos suponéis-, y aunque parece ser que Luis García-Berlanga era alguien propensos a equivocarse de fechas e incluso recuerdos concretos, las anécdotas resultan de lo más ilustrativas y, sabrosas...  Como se suele decir (ya casi es un lugar común), lástima que Berlanga no siga entre nosotros porque nuestra cotidianeidad (más aún últimamente), le iba a proporcionar una montón de ideas más para sus películas... Porque somos berlanguianos, queramos o no (el mundo entero, en realidad), no lo podemos remediar.... 

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Elena Fortún: Oculto sendero

Idioma original:
español
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

Elena Fortún (seudónimo literario de Encarnación Aragoneses Urquijo, 1886-1952) tenía todos los papeles para ser excluida del canon de la literatura española del siglo XX: mujer, republicana, exiliada, autora sobre todo de literatura infantojuvenil, ese género tan poco valorado (Elena Fortún es la autora de los libros de la serie de Celia, con la que se entretuvieron y educaronn varias generaciones), con una posición feminista y de disidencia sexual y de género muy de su época, y al mismo tiempo muy avanzadas para su época... Y de hecho, hasta hace relativamente poco, Elena Fortún no figuraba en el canon, salvo para los muy especistas en determinadas épocas o géneros, o para sus antiguos lectores.

Eso, afortunadamente, está comenzando a cambiar, gracias a un doble esfuerzo, académico y editorial. En el lado académico, un grupo cada vez más nutrido de investigadoras (casi todas mujeres, efectivamente), entre las que cabe destacar a María Jesús Fraga (a quien se debe una cartografía de Madrid en Celia en la revolución), Núria Capdevila-Argüelles o Purificación Mascarell (que fue la primera persona a la que oí hablar de Elena Fortún, en un congreso en 2018), han desarrollado diversos estudios sobre su vida, obra y pensamiento. En el plano editorial, y en colaboración con esas mismas investigadoras, la editorial Renacimiento está recuperando las obras completas de la autora en una colección específica, en la que se incluyen obras infantiles y juveniles, teatro, epistolarios o ensayos.

Es en este contexto donde se ubica la edición de Oculto sendero, una novela de tintes claramente autobiográficos, que permaneció inédica más de sesenta años después de la muerte de la autora (de hecho esta pidió que se destruyese el manuscrito, cosa que afortunadamente no sucedió), y que ahora publica, precisamente, Renacimiento, con prólogo de Núria Capdevila-Argüelles, que también es responsable de la edición con María Jesús Fraga.

En un primer nivel, cabría calificar Oculto sendero como una novela de aprendizaje, una coming of age novel, que muestra el progreso del personaje desde la infancia hasta la edad adulta, en un proceso de autodefinición y autodescubrimiento. La protagonista, María Luisa Arroyo, es, como la propia Elena Fortún, una niña nacida en el seno de una familia burguesa de Madrid (hija de comerciantes, aunque con parientes adinerados y aristocráticos), destinada, como todas las hijas de familias burguesas de Madrid (y no solo ellas) al matrimonio, la maternidad, las tareas domésticas. 
 
Solo que María Luisa no es como el resto de las niñas. En primer lugar, porque se resiste a aceptar el papel sumiso y doméstico al que parece destinada. Ella se siente bien leyendo, escribiendo y sobre todo pintando, y no haciendo camas, fregando suelos, cosiendo o gestionando las cuentas de la casa. Únicamente por presión familiar, para huir de una solución peor, acepta casarse con el pintor Jorge Medina, con quien tendrá una hija, pero en esa vida familiar, tradicional y estereotípica, tan ajena a su personalidad, no encontrará la felicidad. (Y en esta línea narrativa, la lectura de Oculto sendero se me mezclaba a veces con el recuerdo de El nudo materno de Jane Lazarre).

Elena Fortún en 1936
(fotografía de 'Crónica')

Pero hay algo más: María Luisa no solo se siente encorsetada y forzada en el modelo de madre y esposa por convicción feminista, sino por una disidencia más profunda, que afecta tanto a los roles de género como a una orientación sexual latente al principio, y decididamente asumida con el paso del tiempo. (De ahí que se pueda decir que Oculto sendero es, también, una coming out novel, una novela sobre la asunción de la propia homosexualidad por parte de la narradora y protagonista). De hecho, la novela se abre ya con dos capítulos que anuncian esta doble disidencia: en el primero, la niña llora desesperada porque la obligan a vestirse con un vestido con puntillas, en vez del traje de marinero (con gorra y todo) con el que ella soñaba; en el segundo, queda hipnotizada y encandilada con la visión de una pareja de lesbianas, con las que coincide en un restaurante: una, morena y masculina; la otra, rubia y femenina; las dos atractivas, cosmopolitas, modernas, admirables.

A partir de este inicio tan revelador, la novela irá mostrando el lento, progresivo y por momentos traumático proceso por el que María Luisa asume quien realmente es en contra de las expectativas y presiones de su familia, sus amistades o su pareja: una mujer "muy masculina", un "chicazo", como constantemente la denominan, a la que le gusta vestirse con traje y corbata, como a la propia Elena Fortún; en definitiva, lo que hoy se denominaría como una butch, como ha propuesto la escritora Haizea Zubieta, gran admiradora de Elena Fortún y de Oculto Sendero. Se trata, como otro personaje le dice a la protagonista, de "entrar en el sendero que hasta ahora ha estado oculto", asumir plenamente su identidad, su sexualidad, su creatividad artística; de vivir plenamente y de forma auténtica, en definitiva. La novela termina, significativamente (perdón por el pequeño spoiler) con la salida de la protagonista hacia el extranjero, huyendo de los últimos "cantos de sirena" de la vida conyugal y familiar tradicional, para abrazar una solidaridad con lo que hoy podríamos llamar "los excluidos del cisheteropatriarcado":

Los míos son esos que despreciáis, […] los parias de una sociedad normal que no tiene otro fin más que reproducirse, los que habéis echado de vuestras honradas casas, llenas de lujuria, lloros de chicos y olor a pañales. Ellos son mis compañeros de camino y me voy con ellos.

El carácter autobiográfico de Oculto sendero es evidente: aunque Elena Fortún escogió la escritura y no la pintura como medio de expresión, muchos otros detalles la identifican con la protagonista de la novela, desde el origen social e histórico, hasta el contexto familiar (madre enfermiza incluida), un activismo feminista vinculado con círculos artísticos e intelectuales de la época de la República, un matrimonio infeliz, un viaje al exilio... Cabe imaginar, por tanto, que también la escritora pasó por el mismo proceso de descubrimiento y aceptación personal, en medio de las difíciles circunstancias históricas y personales que le tocó vivir.
 
En un momento de la novela la protagonista ve a las chicas más jóvenes que ella, más libres e idependientes y piensa: "¿Por qué había venido yo al mundo diez años antes de mi tiempo?" No han pasado desde entonces diez años, sino sesenta, y me pregunto si esa búsqueda de identidad, autenticidad y aceptación es más fácil para los y las jóvenes actuales que para la narradora de la novela. Espero que sí, que algo hayamos avanzado en todos estos años, aunque haya quien eche de menos tiempos pasados que imaginan mejores. En cualquier caso, esos y esas jóvenes ahora tienen a su disposición Oculto sendero, para leerlo, disfrutarlo y, quizás, reconocerse en el espejo de María Luisa Arroyo, de Elena Fortún.