jueves, 23 de mayo de 2024

Stephen King: El fugitivo

Idioma original: inglés
Título original: The running man
Traducción: Hernán Sabaté Vargas
Año de publicación: 1985
Valoración: Recomendable si no esperas una historia de terror

Antes de nada, comentar que esta novela fue una de las que Stephen King sacó bajo el pseudónimo de Richard Bachman, quizá en un intento de alejarse de las novelas de terror que tanto éxito le han proporcionado.

¿Y qué nos propone aquí el archiconocido autor? Bueno, es cierto que no es este un “libro de miedo” en la línea de Misery o It, pero también es verdad que el bueno de King no hace mucho por ocultar su verdadera identidad: el mundo de la novela es un escenario agónico y moribundo donde no cabe sitio para la esperanza.

Nos alejamos de horrores sobrenaturales y nos ubicamos en un futuro distópico en el que la televisión (librevisión) se ha erigido como tótem de las falsas esperanzas y única vía de escape para el sucedáneo de vida que lleva la mayoría de la gente. Pero claro, no una televisión como la conocemos nosotros: una versión maligna, pervertida y morbosa que juega con la vida de los concursantes para regodeo de los pobres diablos televidentes; aunque visto así, la verdad es que sí que suena como la nuestra... en fin.

Ben Richards - interpretado por Arnold Schwarzenegger en una adaptación para el cine, probablemente el actor con el físico que peor podría encajar con el personaje - es un pobre hombre con una mujer obligada por las circunstancias a prostituirse y una pequeña niña enferma a la que no puede costear los fármacos; el clásico estereotipo de fracasado (en el “buen” sentido, una persona que jamás tuvo posibilidades) que nos remite a las obras más reconocibles de King. Apremiado por las circunstancias, y rozando un nihilismo ya bastante acusado, decide presentarse a uno de los concursos más salvajes pero también con más retribución de la librevisión: El fugitivo.

Este programa es una especie de Battle Royale un poco desnivelado: Todos contra uno. El concursante debe mantenerse el mayor tiempo posible con vida mientras toda la sociedad lo persigue. Cuanto más tiempo libre, más dinero para la familia - se da por hecho que ningún concursante puede sobrevivir -.

Pues bien, Ben, hastiado, cabreado con el mundo, conocedor de que no va a salir vivo de la prueba, decide dar el todo por el todo: comienza una aventura suicida que le lleva a batir los récords de duración del concurso y a un inesperado final (no tan inesperado, si tienes un poco de intuición) que dejará huella en la historia de la librevisión.

Una vez esbozado el argumento, creo que los temas a tratar están más que claros: la más evidente, el presunto alienamiento producido por la televisión y medios de comunicación (King no fue capaz de prever Internet, no le culpo), la lucha de clases, la conspiración, y la rebelión del antihéroe que busca justicia en un mundo donde no hay – no puede haber – lugar para ella. Nada nuevo bajo el sol, pero eso no significa que sea malo; es muy  difícil ser original. 

Es una novela rápida y corta, sin mayor trascendencia, interesante para aquellos que quieran ver a Stephen King fuera de su ámbito habitual – aunque como digo, no tan fuera como para no reconocerlo – e interesante, claro que sí. Pero no es ninguna maravilla. Solo se la puedo recomendar a aquellos fans del geniecillo malvado de Maine a los que no les importe salirse por un breve espacio de tiempo del género de terror, pero no muy lejos.


Todo lo de Stephen King reseñado en ULAD aquí.

miércoles, 22 de mayo de 2024

Yasmina Khadra: Los virtuosos

Idioma original: Francés
Título original: Les vertueux
Año de publicación: 2022
Traducción: Wenceslao-Carlos Lozano
Valoración: Recomendable

Es curioso. Pese a ser Yasmina Khadra uno de los escritores árabes más leídos y traducidos (si no el que más), hasta ahora solo hemos reseñado una de sus novelas. Enmendamos en parte el "error", extensible por cierto a la literatura árabe, con la reseña de su última novela, esta Los virtuosos localizada en la Argelia natal del autor y ambientada entre los años 1914 y 1950, aproximadamente.

Protagonizada por Yacin, una suerte de Ulises de las arenas del desierto argelino sometido a pruebas que a veces entroncan con las del héroe homérico, Los virtuosos no puede tener un comienzo más prometedor: el citado Yacin, pastor más pobre que las ratas y más inocente que un recién nacido, es "convocado" por el caid, una especie de caudillo local, para que sustituya al hijo de este en el ejército francés que combatirá en la Primera Guerra Mundial. Promesas y amenazas mediante, al bueno de Yacin no le quedará más remedio que embarcarse en el horror.

Terminado el periplo europeo, Yacin regresa a su Argelia natal y la novela pasa de ser una novela de "formación" a ser más una novela de "aventuras" en la que sucesivos destierros y reencuentros, búsquedas y hallazgos, violencias y remansos de paz, nos harán acompañar a Yacin y a algunos de sus compañeros de armas en su particular odisea y nos acercarán a la historia argelina de la primera mitad del siglo XX.

Pese a ese prometedor punto de partida inicial, creo que a esa primera parte de la novela le cuesta despegar. En particular, las escenas bélicas me remiten a películas ya vistas, a libros ya leídos y a historias más y mejor contadas (me vienen a la cabeza testimonios directos como El miedo de Chevalier, Sin novedad en el frente de Remarque o películas como la inolvidable Senderos de gloria). Esto no significa que sea una mala primera parte de la novela, ojo. Su integración en el todo de la novela es más que correcta y cumple su función como introducción de personajes que luego serán fundamentales en el desarrollo de la novela y como presentación del personaje de Yacin. 

A partir de ahí, creo que la novela crece. La historia trágica y, al mismo tiempo ridícula, de Yacin se convierte en la historia de sucesivas búsquedas, interiores o no, en una exploración por las contradicciones del ser humano en un contexto histórico y geográfico muy determinado pero bastante universal. 

Así, Los virtuosos resulta ser un texto en el que ternura y crudeza se complementan, en el que el destino juega un papel clave y que, pese a cierta desproporción entre el peso de unas escenas y otras (por ejemplo, los más de 10 años de cárcel de Yacin se despachan en un puñado de páginas mientras otros períodos más breves y más de "transición" ocupan mucho más espacio) y algunas expresiones algo chirriantes (desconozco si venían ya de serie o son cosas de la traducción), acaba dejando un buen sabor de boca.

También de Yasmina Khadra en ULAD: El loco del bisturí

martes, 21 de mayo de 2024

Daniel Saldaña París: El baile y el incendio

 
Idioma original: español
Año de publicación: 2021
Valoración: muy recomendable

Como uno más entre los (muchos) espíritus libres que escriben en este blog, la elección de mis lecturas responde a los mecanismos más erráticos y azarosos, dándose la casualidad de que en los últimos tiempos he reseñado muchos libros de Sexto Piso y todavía más de Anagrama. No pondré a prueba la paciencia de los lectores asiduos con la repetición cansina de los motivos de mi enorme cariño por esta editorial, hasta el punto de perdonar su insistencia en publicar la insufrible entrega anual de la Nothomb (la equivalencia literaria del primo pesado que se presenta en todas las celebraciones familiares cuando nadie lo quiere a su lado). Pero sí que os haré partícipes de esta curiosa casualidad: los dos últimos libros han sido, la portada lo proclama con cierta discreción levemente condescendiente con los eternos subcampeones (por favor, no hagamos símiles futbolísticos), finalistas de sendos Premios Herralde.

Hasta aquí la analogía con mi anterior reseña con la que esta brillante novela tiene bien poco que ver. Y no voy a establecer comparaciones que solo pueden rezumar odio e injusticia. Mi patrón oro establecería que Estrella distante es el 10 absoluto - certera, breve, densa, mortífera - y (aquí la elección se hace más huidiza) Ordesa es el 0 ejemplar - ñoña, estúpida, repetitiva, irrelevante. 

Y quizás el párrafo anterior tenga más de preámbulo de lo que parece, ya que esta El baile y el incendio es una novela de obvios regustos bolañescos, desde la elección de México (en este caso, la ciudad de Cuernavaca) como escenario hasta la estructura con cambios de narrador, la existencia de los amigos unidos desde la infancia, la evocación con discontinuidades temporales de los vínculos, quebradizos pero perseverantes, generados en la adolescencia y la juventud.

Natalia es una coreógrafa a la que le sale una oportunidad que le ha posibilitado su emparejamiento con Argoitia, pintor de cierta celebridad, mayor que ella: ha de organizar un baile en unos jardines públicos, Erre, amigo y anterior pareja, ha regresado a su ciudad natal tras una mala experiencia amorosa. Conejo, tercer elemento, sigue viviendo en la ciudad con el padre que ha sufrido una ceguera definitiva como prueba del deterioro que la edad avanzada acarrea. Su relación no es exactamente un triángulo. De hecho los tres protagonistas solo coinciden en escena de forma retrospectiva. El telón de fondo es una ciudad rodeada de bosques y campos que se queman, un remedo de pandemia donde el agua escasea, los conspiracionistas creen que la población está siendo envenenada o narcotizada por un nuevo metal, las cenizas flotan en el ambiente y se responsabiliza a esas situaciones de extraños episodios callejeros: la gente rompe a bailar y se comporta de modos extraños e inexplicables. Cada uno de los protagonistas, Natalia, Erre, Conejo, toman la voz en una de las partes del libro. El día de la presentación de la coreografía parece ser el punto en que finalmente han de confluir. En el camino, especialmente en las partes de Natalia y Erre (la de Conejo es para mí la parte más directa, más terrenal) evocarán, sobre todo Natalia, su iniciación sexual, y algunas de sus influencias culturales, circunstancia ésta que permite a Saldaña otro giro, al insertar anécdotas e historias que convierten esta novela en un muy estimulante ejercicio de estilo y solvencia narrativa.


lunes, 20 de mayo de 2024

Walter Hill , Matz & Jef Balas perdidas

Idioma original: francés

Título original: Balles perdues

Año de publicación: 2015

Traducción: Gema Moraleda García

Valoración: entre recomendable y está bien

Supongo, espero, QUIERO PENSAR que no hará falta que explique quién es Walter Hill pero, aunque sólo sea por rellenar esta reseña en atención a una hipotética e improbable persona que no lo conozca (léase con tono desengañado) lo comentaré: Walter Hill es una leyenda viviente (de momento y por muchos años, ahora que nos ha dejado otro monstruo del cine de entretenimiento, Roger Corman) del cine norteamericano, sobre todo de acción, director de grandes títulos del género como The Driver, The Warriors, Southern Comfort, The Long Ryders, Límite 48 horas, Johnny el Guapo, Cruce de caminos, etc. y productor y/o guionista de otras películas incluso más míticas, como la saga Alien... 

Ahora bien, ¿qué tiene que ver este cinesata de arraigada y celebrada carrera con el mundo del cómic o, para ser más exactos, con el de la Bande Dessinée? Pues bien, resulta que durante la promoción de la película Una bala en la cabeza, dirigida por él, pero basada en un cómic dell guionista francés Matz (Alexis Nolent), éste preguntó a Hill si, a su vez, no guardaría algún guión en el cajón del escritorio que pudiese ser trasladado a viñetas. El cineasta le respondió que un montón de ellos, entre otros el de este Balas perdidas, que había escrito 30 años antes.  A resultas de esta colaboración, Matz se puso manos a la obra junto con el ilustrador Jef (Jean-François Martínez) y el resultado, al cabo de unos años, fue este cómic o novela -negra- gráfica que hoy reseñamos (luego repetirían la experiencia con Cuerpo y alma), toda toda una lección del noir más clásico aunque, sin duda, -aprtiendo de un guión de Walter Hill no podía ser de otra forma-, bastante escorado hacia el hardboiled.

Sinopsis de la historia: en la época de la Ley Seca llega, a un pueblucho de Arizona, un tipo trajeado en un lujoso coche, buscando al dueño del bar, con el objeto de que salde cierta deuda... Sólo que el tipo trajeado es Roy Nash, un asesino implacable que, hasta poco antes, cumplía condena en una cárcel de Chicago, de donde se ha fugado con ayuda de la Mafia, a cambio, eso sí, de que lleve a cabo un ajuste de cuentas múltiple para ellos (*) Su siguiente parada será Los Ángeles, donde Roy, además, intentará encontrar a su antiguo amor, Lena, el verdadero motivo de su fuga y búsqueda.

Como cualquiera puede imaginar, la historia está llena de tipos duros como el pedernal, villanos más malos que la sarna y mujeres bellas como un sueño húmedo... Destaca, además, tanto el elegante trazo de Jef y su composición panorámica de las viñetas como la cuidada ambientación, gracias en buenamedida, al acertado uso de la transferencia fotográfica y de una paleta de color de lo más adecuado, sobre todo en la parte que se desarrolla en Arizona.

Tampoco os voy a engañar: esta novela gráfica -y supongo que el guión original de Hill- tiene más de recreación p incluso de homenaje al cine negro más clásico que de una historia que aporte un punto de vista original al género, pero, aún así, no me cabe duda de que los amantes del noir, del polar y del cómic, en general, disfrutarán de lo lindo con ella. Después de todo, lleva encima el marchamo de calidad de toda una leyenda...

(*) Esta primera parte tiene un regusto a una película dirigida por Hill en 1996, El último hombre o Last Man Standing (o quizá sea al revés, puesto que su guión de Balas perdidas es anterior).




domingo, 19 de mayo de 2024

Re-reseña: El regreso, de Walter de la Mare

Idioma original: Inglés
Título original: The Return
Traducción: Jorge Salvetti
Año de publicación: 1910
Valoración: Recomendable

Arthur Lawford, un «ser más bien aburrido y sin gracia» (página 10), «alguien medio muerto, apenas consciente, sin un solo pensamiento o deseo realmente vivo en su cabeza o en su corazón» (página 175), de «vida monótona y angustiosa» (página 13), se duerme sobre una lápida. Al despertar tiene un rostro ajeno, «delgado y aventurero» (página 28).

Así empieza El regreso, exquisita novela de horror psicológico del escritor británico Walter de la Mare. La obra narra cómo un hombre propicio a la enfermedad experimenta una metamorfosis. Su cara es sustituida por la de un desconocido; asimismo, su cuerpo, voz y letra se parecen a los de una persona distinta. Incluso sus pensamientos y forma de actuar cambian, sutilmente al principio y acentuadamente después. 

Dicho cambio afecta a Lawford de distintas maneras; según transcurre la historia, le produce un pavor indescriptible, aflicción existencial, vergüenza resignada o cierto encanto seductor. También otros personajes se ven salpicados, en mayor o menor medida, por el extraño fenómeno: Sheila, la esposa del protagonista; Alice, su hija; Bethany, su amigo el párroco; Herbert y Grisel, unos hermanos excéntricos que viven junto al río, etc...

La premisa de El regreso es, pues, harto interesante. Además, hay que remarcar que Walter de la Mare dota a su fórmula terrorífica de un trasfondo extremadamente sugerente. Y es que el autor emplea una posible posesión como excusa para reflexionar sobre cómo nuestra identidad, aparentemente estable, puede variar súbitamente, y cómo aquéllos que nos rodean pueden reaccionar ante ello. Otro tema explorado subrepticiamente en la novela sería la imposibilidad de comunicarse eficazmente con los demás. 

Asimismo,Walter de la Mare cavila en torno a las diferencias culturales y sociales. No en balde el protagonista, un británico acomodado, parece haber sido invadido por el espíritu de un tal Sabathier, un francés libertino que se suicidó siglos atrás.  

El primer aspecto formal a resaltar de El regreso es su prosa. Aunque algo recargado para los estándares actuales, la elegancia, precisición y minuciosidad del estilo de Walter de la Mare resultan extremadamente agradables para los sibaritas de las letras.

Por su parte, los diálogos de la obra están muy bien escritos, pues varían en función del personaje o estado de ánimo al que representan y saben mimetizarse adecuadamente con el tono oral. Sin embargo, acusan cierta afectación y redundan en demasía sobre los mismos asuntos, por lo que pueden llegar a hacerse pesados.

Otro apartado sumamente conseguido de El regreso es su potente atmósfera. Como sucede en otras ficciones de Walter de la Mare, ésta envuelve a la historia con una neblina vagamente asfixiante y tenuemente espectral. 

Por último destacaría la ambigüedad del conjunto. Walter de la Mare desdibuja lo narrado (contra todo pronóstico, la precisión y minuciosidad de la prosa del autor no desentonan en absoluto con la mentada narración desdibujada), sugiere un elemento sobrenatural y cierra con un final abierto; todos estos detalles se confabulan para que las certezas del lector se desmoronen. ¿Los sucesos tienen una base psicosomática o sobrenatural? ¿Cuál de las muchas teorías contradictorias de Herbert es cierta? ¿Cuando el libro termina, es Lawford realmente el mismo que en un inicio? 

Veo a mucha gente comparando El regreso, por obvias razones, con La metamorfosis de Franz Kafka. Aunque, personalmente, creo que la obra de Walter de la Mare tiene muchas más similitudes con El Castillo del esritor checo. Y es que en ambas aparecen, por ejemplo, una atmósfera onírica, interminables diálogos plagados de redundancias y un personaje femenino en el que el protagonista deposita vanamente todas sus esperanzas.

El regreso es, en suma, una novela recomendable, sobre todo para amantes de la literatura extraña y ambigua; una que evidencia el talento de un escritor único que deslumbró a autores de la talla de H.P. LovecraftDylan Thomas o Robert Aickman. Inédita hasta ahora en español, la editorial Adriana Hidalgo la trae a nuestro idioma con una impecable traducción de Jorge Salvetti.


Reseña original: Aquí

sábado, 18 de mayo de 2024

Reseña + Entrevista: Ella en la otra orilla y La cigarra del octavo día de Mitsuyo Kakuta

Idioma original: japonés
Título original: Taigan no kanojo (対岸の彼女); Yokame no semi (八日目の蝉)
Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Año de publicación: 2004; 2007
Valoración: muy recomendable x 2

Había pensado en escribir reseñas separadas para estas dos novelas, pero opté por presentarlas juntas para presentar la obra de una autora que, en mi opinión, no ha sido suficientemente apreciada fuera de Japón. Aunque Mitsuyo Kakuta es una figura destacada en su país, no ha alcanzado la fama internacional de otros escritores japoneses. A través de estas dos obras —las únicas de Kakuta traducidas al español hasta la fecha— se abordan temas comunes como la maternidad, el papel de la mujer en la sociedad moderna, el aislamiento y las crisis de identidad.

Mitsuyo Kakuta ha escrito numerosas novelas, cuentos y ensayos, algunos de los cuales han sido adaptados a series o películas; por ejemplo, "La cigarra del octavo día" está disponible en Netflix. Además, y es la principal razón por la que soy su fan, Kakuta-san ha llevado a cabo la monumental tarea de traducir al japonés moderno el Genji Monogatari (además de usar un lenguaje simple, sin los honoríficos), la obra fundacional de la novela japonesa. Pero bueno, a lo que los truje.

“Ella en la otra orilla” cuenta la historia de Sayoko, una madre que, a pesar de estar casada (parece ser que los padres desobligados están por doquier), se enfrenta sola a la crianza de su hija, al tiempo que lucha por darle sentido a su vida más allá de los roles de "madre" y "ama de casa". Sayoko decide tomar las riendas de su vida y consigue un trabajo en una empresa de limpieza. Allí se reencuentra con Aoi, la que será su jefa, una vieja amiga de la universidad y presidenta de la empresa. Aoi, soltera y volcada al trabajo y a los placeres, representa un claro contraste con la vida de Sayoko.

La dinámica entre Sayoko y Aoi sirve como muestra de las elecciones (o resignaciones) de vida y las presiones sociales que enfrentan las mujeres en Japón, y por extensión, en todo el mundo. A través de este reencuentro, Sayoko y Aoi comienzan a cuestionarse sus propias identidades y las decisiones que ha tomado a partir de graduarse de la universidad. Los monólogos de Sayoko mientras realiza sus tareas de limpieza aparecen como momentos profundamente conmovedores y reveladores. Kakuta aprovecha estos momentos de aparente trivialidad para explorar las profundidades de la insatisfacción y la resignación de Sayoko. A través de sus reflexiones, entendemos su lucha interna y su sentido de identidad, que se ve continuamente fragmentado entre su rol como madre y esposa, y sus propias aspiraciones personales. Estos monólogos no solo enriquecen la comprensión del personaje, sino que también plantean preguntas sobre el sacrificio, la felicidad y el autoconocimiento. Además, la dificultad que experimenta la hija de Sayoko para relacionarse y hacer amigos le recuerda sus propias luchas del pasado. A medida que Sayoko observa y reflexiona sobre las dificultades de su hija, se enfrenta a sus propios recuerdos de aislamiento y ansiedad social, aunque está determinada a ayudar a su hija a superar estos obstáculos.

Por otro lado, “La cigarra del octavo día” ofrece una historia igualmente compleja sobre los lazos familiares y las consecuencias de las decisiones pasadas. La protagonista, Kiwako, secuestra a la bebé de su amante. Esta decisión desesperada inicia una cadena de eventos que no solo afecta la vida de Kiwako sino también la de la niña y su familia biológica. A lo largo de la novela, Kakuta teje en entramado de emociones y conflictos éticos, explorando situaciones como la maternidad ilegítima y la identidad robada.

Otro de los temas de esta novela, y que es de mi particular interés, son las sectas religiosas, cuyo auge en Japón a partir de la segunda mitad del siglo XX ha sido tema de debate público. Desde casos infames de cultos que recurren al terrorismo y a la violencia, como Aum Shinrikyo, hasta aquellas que mas que preocupación, provocan vergüenza ajena. En este caso, se nos presenta una comunidad religiosa formada exclusivamente por mujeres, la cuales se dedican a una vida de devoción y ascetismo, aunque algunas enfrentan un conflicto interno al cuestionar la legitimidad y las intenciones de su líder. La inserción de este contexto permite a Kakuta explorar cómo las creencias y la fe pueden ser manipuladas y convertirse en herramientas de control emocional y psicológico, principalmente en personas que acuden en momentos de desesperación.

La narrativa de "La cigarra del octavo día" no solo destaca por su intensa exploración de los lazos rotos y la búsqueda de redención, sino también por cómo Kakuta maneja las complejidades de las relaciones humanas entrelazadas con los temas de poder, fe y vulnerabilidad. A medida que la historia de Kiwako se desarrolla, se revelan las capas de su propia lucha interna y deseo de pertenencia, mostrando cómo su acto inicial de desesperación se entrelaza con las vidas de aquellos a su alrededor.

Ambas novelas, aunque distintas en sus tramas, se entrelazan en su exploración de la maternidad y la identidad femenina, ofreciendo una perspectiva empática hacia las presiones sociales que moldean las vidas de las mujeres en la sociedad japonesa contemporánea.

Mitsuyo Kakuta es, a mi parecer, una voz esencial en la literatura japonesa. Sus obras traducidas al español son solo una muestra de su capacidad para contar historias que son a la vez íntimas y universales. "Ella en la otra orilla" y "La cigarra del octavo día" son ejemplos destacados de su talento y son altamente recomendables no solo por su mérito literario sino también por abordar aspectos de la cultura japonesa que frecuentemente quedan marginados en las obras de autores más mainstream.

Kakuta san tuvo la enorme amabilidad de platicar conmigo en persona acerca de sus libros. Aquellos que estén interesados en profundizar en su obra o escuchar las opiniones sobre los temas abordados directamente de la autora pueden checar la entrevista en el link de abajo.



viernes, 17 de mayo de 2024

Camila Fabbri: La reina del baile

Idioma original: español
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable

A riesgo de, a estas alturas, inventar la Re-member-seña voy a tener que entregarme a una algo futil digresión.

Hoy 13 de Mayo de 2024, la reseña se publica cuatro días después, he de devolver mi ejemplar de La reina del baile a la biblioteca barcelonesa donde lo tomé prestado. De hecho, hay otras cuatro peticiones del libro a continuación de la mía, así que entiendo que el libro está solicitado y por lo menos hay cuatro potenciales lectores, digamos, algo impacientes de que les llegue su turno. Ello implica que lo obtuve hace justo un mes, y que seguramente en cuanto me hice con el ejemplar - supongo que por algún comentario o alguna reseña que despertó mi curiosidad - no tardaría (la novela no alcanza las doscientas páginas) más de una semana en leerlo por lo que, mala costumbre que tengo de esperar a que llegue el día de publicar para afrontar su redacción, me lanzo a redactarla el día 12, y he de hacer un esfuerzo mental para recordar detalles memorables. De un libro que fue finalista del Premio Herralde.

Quiero decir: esta es una novela de estructura moderna, aunque ya algo convencional, Los capítulos dan saltos atrás en el tiempo y tienden a confluir: empezamos con un accidente de tráfico con nuestra protagonista y una adolescente en el vehículo. El juego de la casualidad trágica se pone en marcha y parece que toda la novela se enfoque en resolver cierto enigma: qué hacen esas dos personas juntas en ese vehículo, cuándo la evolución de la trama no las relaciona en absoluto. La protagonista se ha separado y ha viajado a casa de una amiga y anda por ahí un perro de curioso nombre (o curioso apellido) pero, cosas de las estructuras modernas aunque ya algo convencionales, no hay grandes sobresaltos argumentales al margen de esos hechos tan de hoy en día, los emparejamientos, las separaciones, los devaneos existenciales, cierta angustia generacional de ese rango de edades entre boomer y millenial. Todo simplemente OK,  aunque la contratapa disponga de elogios más que encendidos de escritores de cierto perfil. La alternancia de capítulos y los diferentes tempos otorgan cierto aire de suspense. Aunque sabemos que el accidente no ha tenido efectos devastadores, el tiempo está congelado mientras se presenta la ayuda, las liberan del vehículo, la internan en la ambulancia y acuden al hospital. En la otra trama, todo es más dilatado, existe la relación, la ruptura, esa especie de huida sin rumbo, quizás demasiado estructurado para que todo quede así, abierto, estimulante, impecable desde el punto de vista narrativo.

Y otra vez, la duda. Por suerte (recuerdo muy vagamente Crash, una película algo enfermiza, creo recordar, de David Cronenberg, en que gente que había sufrido accidentes de tráfico se relacionaba de forma algo turbia) esta no es una novela que se recree en las casualidades que se esconden tras cierto tipo de tragedias. Más que morbosa, diría que es una novela dinámica y más bien esperanzada, o no del todo desesperanzada. Pero me preocupa eso, que en tres semanas su rastro se desvanezca hasta al punto de no retener una escena, una imagen, un párrafo.

jueves, 16 de mayo de 2024

Karl Schlögel: Terror y utopía. Moscú en 1937

Idioma original: Alemán 
Título original: Terror und traum
Año de de publicación: 2008
Traducción: José Aníbal Campos
Valoración: Casi imprenscindible

Dos metáforas constituyen el capítulo inicial y final de esta mastodóntica obra de poco más de 1000 páginas con la que el profesor alemán Karl Schlögel dibuja un panóptico del Moscú y la Unión Soviética en el tristemente célebre año de 1937. No son decisiones casuales, obviamente. 

La primera, la elección de un análisis de El maestro y Margarita de Bulgakov (nota mental nº1: tengo que releerla y reseñarla) como apertura de la obra, resulta de la estructura que posteriormente adoptará Terror y utopía, de ese vuelo con el que Bulgakov y Schlögel tratan de aprehender la totalidad de la vida moscovita pasados veinte años del triunfo de la Revolución. Pero no solo eso porque, al igual que ocurre en la novela, en Terror y utopía lo insólito ya no es extraordinario.

La segunda, la elección del gigantesco Palacio de los Soviets de Boris Iofán que debía construirse sobre los restos de la demolida Catedral del Cristo Redentor y que finalmente resultó inacabado (en parte por la invasión alemana), sirve como perfecta metáfora del destino de la URSS.

Entre medias, como ya digo, treinta y ocho capítulos que recorren casi todos los ámbitos de la vida de un año que ha pasado a la Historia por los Procesos de Moscú, pero que encierra aspectos que quizá han quedado olvidados o infravalorados a la luz de las terribles purgas y matanzas que asolaron al país en esos años (y anteriores y posteriores, ojo) y de las que los 3 Procesos de Moscú son solo un porcentaje ínfimo. Porque Moscú en 1937 no se agota en lo político.

Habla así Schlögel de un país y un momento histórico que quizá hayan sido simplificados en años posteriores, pero que esconden una complejidad que hace de Moscú y de 1937 un lugar y un tiempo tan terrible como fascinante, al menos para mí. De esta forma, conocemos un país que constituye un inmenso laboratorio social, que se encuentra inmerso en una serie de cambios demográficos debidos a la colectivización forzosa y a la industrialización, que resulta una sociedad de arenas movedizas que un Partido debilitado por purgas y nepotismos parece incapaz de controlar, pero también un país que juega con la modernidad en lo artístico / cultural, que avanza como pocos lugares lo habrán hecho en tan breve espacio de tiempo.

Moscú en 1937 es un lugar y un tiempo de síntesis y de homogeneización pero también de crisis, de permanente estado de excepción, con un poder debilitado en sus cimientos, con un orden social en equilibrio precario, etc. Cambios y coyunturas que provocan ese nuevo orden social del que el Censo de 1937 (de cara a las elecciones de diciembre) se hace eco, del que el Plan General de Reconstrucción de Moscú (1935) es reflejo, y que supone un cambio de paradigma en todos los ámbitos: económico, cultural, artístico, laboral, político, o incluso físico, etc. Nada escapa a este nuevo país que se construye, a esta nueva identidad que desde las altas instancias se intenta crear, y para ello sirven el arte, los nuevos medios de masas, la propaganda, los desfiles los descubrimientos geográficos, etc y, sobre todo, la violencia política. Porque nada mejor que un enemigo más o menos imaginario contra el que "unir fuerzas".

Todo esto es lo que muestra Schlögel en este monumental Terror y utopía. Para ello se sirve de archivos y publicaciones de la época, de actas, de estudios posteriores, de testimonios de extranjeros (destacan los de Lion Feuchtwanger y el embajador estadounidense Joseph Davies) o de nacionales como Yelena Bulgakova. 

Si con algo me tuviera que quedar de Terror y utopía, además de con el mérito del autor en hacer que una lectura de unas 1000 páginas (y de un tema tan denso) sea relativamente amena, es con esa visión global que va más allá de reduccionismos y que hace que el libro funcione tanto como ensayo sociopolítico, reportaje cultural o novela de terror (considerando "la parte de los crímenes" de 2666 como novela de terror). Moscú en 1937 es, al mismo tiempo, laboratorio social, campo de reclutamiento y vanguardia de corrientes artísticas y culturales, pero casi nada de esto es algo aislado. Moscú en 1937 no se agota en lo político pero lo político "infecta" casi todos los campos.

En el lado menos positivo, tengo la impresión de que Schlögel deja fuera el culto a la personalidad de Stalin. Se cita, aparece por ahí, pero quisiera saber cómo se forja, cuáles son los mecanismos que llevan a un pueblo a una ceguera tal que permita atrocidades semejantes es algo que merecería más espacio en el texto. Digo yo.

En cualquier caso, creo que Terror y utopía es un texto imprescindible para cualquier interesado en la materia, un hilo del que tirar hacia otras lecturas que profundicen o completen (Bulgakov, Platonov, Robert Conquest, Feuchtwanger, Bujarin, Ordzhonikidze, cine o arquitectura soviético, la construcción del canal Volga-Moscova, literatura concentracionaria, etc) lo ya apuntado en el texto. Tarea hay por delante.

miércoles, 15 de mayo de 2024

Mario Levrero: Dejen todo en mis manos

Idioma: español

Año de publicación: 1994

Valoración: está bien

Un escritor uruguayo no demasiado exitoso recibe el encargo, por parte de sus editores, de localizar en una ciudad del interior del país a quien haya escrito una novela magnífica que han recibido y con quien no pueden ponerse en contacto. El improvisado detective se desplaza a esa desabrida localidad, a la que llama penurias, y, durante los días de su estancia allí, lleva a cabo unas pesquisas más o menos exitosas -me callo si finalmente tiene éxito en la misión encomendada o no-, conoce a una serie de personajes más o menos pintorescos y tiene algunos encuentros, más o menos eróticos. con mujeres...

Novelette ésta (perfectamente la podría haber etiquetado como "zoom" de tan corta que es) que bebe, como es obvio, de la clásica novela negra norteamericana -de hecho, en el libro encontramos más de una referencia a Raymond Chandler-, sólo que con un tono paródico e incluso bufo, lo que, digámoslo claramente, es lo que salva la historia, que, por lo demás, tampoco tiene mucha chicha, más allá de algunas reflexiones del protagonista y de la ambientación en un escenario un tanto laberíntico y onírico -los propios sueños del escritor-sabueso tienen también bastante presencia en la novela, por cierto-; tengo entendido, sin haberla leído, que esta ambientación está relacionada con la de La ciudad, del mismo autor. Aunque, de hecho, a mí tanto la localidad de Penurias como la repetición de ciertas rutinas diarias del tipo me han recordado algo la película Atrapado en el tiempo... influencia que bien podría haber existido en su redacción, de no ser el estreno de este filme justamente contemporáneo de la publicación del libro. Lo mismo me ocurre con la prosa de César Aira, cuyo estilo me ha recordado esta novelita de Levrero. Pero, probablemente (quien sepa más del tema, que se manifieste, si quiere), la influencia, de existir, sea en sentido contrario, puesto que la mayor parte de la muy extensa obra del argentino se ha publicado después de este librito.

En cualquier caso, estamos ante una novela cortita y divertida -en algún momento, incluso hilarante-, aun sin demasiada sustancia y que, con seguridad, no se encuentra entre las obras más señeras de este escritor uruguayo. Se lee en un plis-plas, eso sí, luego está bien para pasar el rato y hasta ahí.

Otros libros de Mario Levrero reseñados en este blog: Trilogía involuntariaLa banda del ciempiés

martes, 14 de mayo de 2024

Joyce Carol Oates: Un jardín de placeres terrenales

Idioma original:
Inglés
Título original: A Garden of Earthly Delights
Traducción (al catalán): Núria Busquet Molist
Año de publicación: 1966
Valoración: Ambicioso y decididamente recomendable

Menudo novelón es Un jardín de delicias terrenales. Varios son los aspectos por los que destaca esta ambiciosa obra de Joyce Carol Oates: la sensibilidad del conjunto, la voluptuosidad de su prosa, el tono agridulce global, su capacidad para retratar a la América rural y la complejidad de su elenco.

La protagonista indiscutible de Un jardín de delicias terrenales es Clara, quien en un inicio convive con su familia de jornaleros, luego escapa junto a Lowry, se casa con Curt y finalmente cuida de su hijo Swan. 

Los capítulos que subdividen el libro llevan el nombre de tres de los hombres que tanto han marcado la vida de Clara. El primero, por ejemplo, se titula "Carleton", en honor al padre de nuestra heroína; lo siguen "Lowry" y "Swan".

Son numerosos los temas barajados en esta novela. Yo destacaría la pobreza estructural, el maltrato en todas sus acepciones o las esperanzas y los desencantos existenciales. Estos temas se abordan con absoluta maestría a través del argumento y, en menor medida, de las incursiones en la psicología de los personajes. 

Solamente le pondría dos pegas a Un jardín de delicias terrenales. La primera sería su extensión; aunque el libro no se llega a hacer largo o pesado en ningún momento, dilata innecesariamente ciertas escenas. 

En segundo lugar, reprocharía a la novela que repita de vez en cuando información aportada previamente; esto último puede deberse a que Oates quiere enfatizar determinados detalles, pero a mí me sobran, por ejemplo, tantas menciones a la obsesión de Carleton por el tono de piel blanco, o a la idea de que, para Lowry, Clara no es más que un perro encontrado en la carretera. 

Ah, una última cosa: Un jardín de placeres terrenales es la primera novela (autoconclusiva, tranquilos) de una tetralogía llamada Wonderland. Según tengo entendido, el resto de la saga mantiene el nivel, por lo que estamos hablando sin duda de uno de los proyectos narrativos norteamericanos más grandes en lo que a escala y calidad respecta.


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

lunes, 13 de mayo de 2024

Ian Haydn Smith: Breve historia de la fotografía

Idioma original: inglés
Título original: The Short Story of Photography
Traducción: Carolina Bastida Serra
Año de publicación: 2018
Valoración: Está bien

Con cierta frecuencia es recomendable no hacer mucho caso de los títulos de los libros. A todos nos ocurre, o a mí al menos, que es lo primero que despierta la atención, y especialmente cuando no se trata de libros de ficción le concedemos un carácter descriptivo. Quiero decir, se supone que el contenido responde a lo que enuncia el título. Luego ocurre que a veces no es así y, según lo que hayamos ido a buscar, puede venir la decepción. Pero tampoco siempre.

La verdad es que un título que empieza por ‘Breve historia…’ no pinta nada bien, parece algo que podría venderse con el periódico del domingo, un texto de divulgación sin mucho fundamento, para interesados superficiales en algún asunto. Confieso que era un poco mi caso, empujado a conocer algo más de la historia de la fotografía por culpa de aquella buena novela de Miguel Ángel Hernández que hablaba de daguerrotipos y retratos mortuorios. 

Así que de entrada la elección me pareció equivocada, porque basta abrir el libro por la primera página para comprobar que de historia de la fotografía, entendida como descripción de técnicas, materiales e innovaciones expuesto con cierto orden cronológico, pues prácticamente nada. Pero lo que hay puede tener su gracia si cambiamos el foco: menos historia convencional a la manera de los manuales de arte, a cambio de un muestrario bastante interesante de buenas fotos que han dejado huella en la no tan larga trayectoria de esta actividad, manifestación artística o modo de expresión, como queramos verlo.

Aunque de un formato algo modesto, este sería un libro como para habitar en la estantería del salón, junto a volúmenes sobre animales (pongamos perros o caballos, al gusto), algo de pintura clásica, quizá algún deporte plásticamente vistoso (tenis, automovilismo), paisajes espectaculares o libros sobre mitología ricamente ilustrados. Cosas que podemos enseñar a las visitas cuando de pronto surge la conversación y tenemos a mano el material con el que impresionar. También es verdad que en este caso no impresiona mucho, pero sí que ofrece buenos ejemplos de fotos que por alguna razón hicieron historia, supusieron una ruptura con lo anterior o aportaron innovaciones en técnica, temática o perspectiva.

Hay imágenes sorprendentes, desde aquellas que exigían tiempos de exposición casi eternos, hasta esos mismos efectos buscados a propósito muchas décadas más tarde para crear una atmósfera de misterio, perspectivas insospechadas para fotografiar un pimiento o un tenedor (dos de mis preferidas en el libro), enfoques alucinantes de la gran ciudad por la noche o de un almacén de Amazon, retratos de gobernantes tratados con diferentes técnicas, o imágenes oníricas que hicieron las delicias de surrealistas y dadaístas. Todo un muestrario que arranca desde algunos pioneros del siglo XIX hasta cerca de la actualidad, cada foto con unos breves comentarios para ponerla en contexto y destacar un par de pinceladas sobre su autor.

Entiendo que el objetivo es justamente reunir una serie de imágenes interesantes, que eso creo que lo consigue, más que presentar un relato ordenado sobre la evolución de la fotografía, como insinúa el engañoso título. Pero, siempre desde mi posición de profano, quizá me atrevería a deducir que la historia de este arte, o esta técnica, puede que no admita esa exposición parecida a las que acostumbramos a ver en relación con las artes plásticas o la literatura, organizadas en torno a ismos y tendencias que, al menos en líneas generales, marcan una evolución más o menos explicable y coherente. En el caso de la fotografía el aspecto técnico es fundamental, pero a nivel creativo no está tan claro que haya movimientos que se vayan sucediendo en el tiempo, tal vez se trata de iniciativas o descubrimientos puntuales que conviven con otros de forma más bien aleatoria hasta formar un amplísimo panorama que tiene mucho que ver con el talento o la creatividad individuales. 

Es una primera impresión así, muy desde fuera, pero si nos basta con hacernos una idea rápida de lo que se ha hecho en fotografía desde hace casi dos siglos, el libro ofrece una muestra que tiene su interés, algo que puede servir de aperitivo, quizá para inducirnos a explorar un poco más en ese terreno.

domingo, 12 de mayo de 2024

Reseña + Entrevista: Un descuido cósmico de Liliana Blum

Idioma original: español

Año de publicación: 2023

Valoración: muy recomendable

En el mundo literario, a menudo se presume que podemos conocer el carácter de un escritor a través de sus obras. Autores como Charles Bukowski, Franz Kafka o Alice Munro ofrecen ventanas a sus mundos internos que parecen reflejar directamente sus personalidades complejas y a veces atormentadas. Sus libros actúan como espejos de sus vidas, y los lectores pueden sentir que realmente comprenden a estos escritores desde un punto de vista íntimo y personal. Sin embargo, Liliana Blum desafía esta noción con "Un descuido cósmico". A primera vista, con su naturaleza amable, su ingenio rápido y su dedicada vida a la literatura y a sus cinco perros, Blum parece distar mucho de los oscuros recovecos de la imaginación que explora en sus cuentos. Esta disonancia crea una curiosa tensión: ¿cómo es que una persona que irradia tal calidez puede conjurar historias tan perturbadoras?

Este contraste entre el autor y su obra ofrece una rica área de exploración sobre las obsesiones ocultas que pueden habitar en los rincones más inesperados de la mente. En el caso de Blum, sus cuentos no solo sirven como una salida para tales fantasías macabras, sino que también plantean preguntas sobre la fuente de la creatividad y los límites entre la experiencia personal y la imaginación. A través de su escritura, Blum revela que lo que mostramos al mundo es solo una parte de nuestra compleja realidad interna. Las cosas horribles (lo digo como un halago) que escribe, aunque sorprendentes a la luz de su personalidad amigable, son testimonio de la capacidad del espíritu humano para transitar por múltiples realidades, a veces en contraste directo con la fachada que presentamos.

Influenciada, por un lado, por escritores de terror como Stephen King, y por otro, por creadores de terror, como el asesino serial Edmund Kemper, Liliana crea un abanico de escenarios donde la vida cotidiana de sus protagonistas se retuerce por algún elemento insólito, desde lo más o menos inquietante, hasta lo grotesco. Sus historias invitan a los lectores a explorar los límites de la moralidad y la venganza, a través de personajes que, aunque ordinarios en apariencia, se enfrentan a dilemas extraordinarios.

Desde una mujer que pacta venganza con un asesino, hasta otra que recurre a la brujería para llenar un vacío maternal, Blum explora cómo el deseo y la desesperación pueden llevar a actos de horror extremo. La habilidad de la autora para infundir terror en lo mundano es notoria, haciendo que cada relato resuene con una anticipación y tensión palpables.

En uno de mis cuentos favoritos, Liliana invoca la sombra de Ed Kemper, un asesino serial cuya notoriedad se infiltra en la trama de una manera sorprendentemente íntima y perturbadora. En este relato, Blum no se limita a recrear la figura de Kemper, sino que lo transforma en una entidad espectral, cual ikiryo mitológico, que interactúa con una joven estudiante de intercambio. Este acercamiento a Kemper como un espíritu que posee y manipula, no sólo intensifica el terror inherente a su historia real, sino que también explora la influencia póstuma de tales figuras en la cultura popular y la imaginación colectiva (el hecho de que Kemper siga vivo lo hace aún más escalofriante). A través de este cuento, Blum nos desafía a considerar cómo la infamia y el miedo se perpetúa en nuestra memoria, ofreciendo una meditación sobre el legado de los monstruos en el mundo moderno.

Las menciones a estos cuentos es solo para que le vayan midiendo el agua a los camotes. Descubrir cada uno de ellos realmente vale la pena.

"Un descuido cósmico" es, sin duda, una obra que desafía las expectativas, mostrando que el verdadero terror puede surgir no solo de los monstruos, reales o fantásticos, sino del corazón humano. Esta colección es muy recomendable para aquellos que buscan una lectura que combine lo psicológico con lo paranormal, creando así la posibilidad para que aquellos elementos sobrenaturales se materialicen, como diría Hesse.

Si quieren ahondar un poco más en el mundo de Liliana Blum, abajo les dejo el enlace de la plática que pude tener con ella hace unas semanas. Tuvimos de invitados especiales a sus perros. 



Otras obras de Liliana Blum reseñadas en ULAD: El monstruo pentápodo

sábado, 11 de mayo de 2024

Xosé Luis Méndez Ferrín: Arraianos

Idioma original: gallego
Título original: Arraianos
Traducción: Luisa Castro
Año de publicación: 1991
Valoración: Muy recomendable

(Aviso: He leído este libro en el gallego original, por lo que no puedo opinar sobre la traducción).

Méndez Ferrín es una popular figura y gran referente de las letras gallegas que, de hecho, ostentó la presidencia de la Real Academia Galega, por lo que el nivel de expectación respecto a su obra se sitúa bastante alto. Veamos.

Este Arraianos es una colección de diez relatos breves pertenecientes a una época madura del autor, cuando este ya tenía algo más de medio siglo de vida y gran parte de su carrera realizada. Podemos entonces presuponer – y acertar con - un estilo maduro y elaborado, consistente y bien trabajado, donde se pueden observar claramente sus influencias.

Los arraianos del título hacen referencia al gentilicio de A Raia, región fronteriza entre España y Portugal, en la provincia de Ourense, de donde es oriundo el autor y donde toman lugar los relatos que aquí nos atañen, quizá lo único que tengan en común entre ellos. El tiempo donde tienen cabida oscila entre un par de siglos atrás y la posguerra civil, en la primera mitad del Siglo XX.

Si alguno de ustedes es seguidor de la literatura galaica, probablemente se habrá hecho eco de unos rasgos comunes – no tanto como para llamarlo un estilo propio – que comparten varios narradores gallegos, y en concreto varias obras suyas. Me refiero a una especie de realismo mágico a la gallega donde se juntan realidad y fantasía, mundo real y onírico, prosaísmo y superstición, dotado de sus propias reglas y coherencia interna, y que se nutre de un enraizado mundo mitológico muy propio que bebe del folklore gallego.

Méndez Ferrín no podía ser menos y, en esta colección de relatos se deja ver una transparente pátina de fantasía que los envuelve y los contagia en mayor o menor medida, convirtiéndose así – para mí gusto – en el punto fuerte del libro: esa estar y no estar, esa cuerda floja, la delgada línea que separa el mundo concreto y el abstracto.

Puede presumir el autor de estar ducho en el arte de la narración: el estilo varía en cada relato, desde la forma epistolar hasta el soliloquio interno, pasando por las narraciones oscilantes entre primera y tercera persona, por narrador omnisciente o por personaje secundario de la obra, todo ello, como he dicho antes, con gran coherencia y sin resultar forzado en ningún momento, añadiendo, al contrario, gran variedad a la lectura.

Los temas siempre bordean el mundo del ensueño: desde la reencarnación hasta la brujería (tema que protagoniza varios relatos), la soledad, y, sobre todo, la guerra y la venganza/rencor (como unidad indisoluble). Es en la violencia donde se rasgan las vestiduras mágicas y aparece el ser humano más brutal, sin velos tras los que esconder su salvajismo primitivo.

Es esta, en suma, una recopilación de relatos muy recomendables, en un conjunto bastante breve, y de los cuales estoy seguro que complacerán a casi cualquier perfil lector que se ponga con ellos.

viernes, 10 de mayo de 2024

Azorín: El chirrión de los políticos

Idioma original: Español
Año de publicación: 1923
Valoración: De plena actualidad

Escribo esta reseña pasados unos días del amago de dimisión / paripé / período de reflexión (y aquí cada uno que lo llame como le de la gana) del presidente Pedro Sánchez. Y creo que el libro que hoy traemos a ULAD le viene como anillo al dedo a la situación de la política patria.

Porque este "El chirrión de los políticos" de Azorín es, al menos en su parte central, una feroz sátira política sobre la España de la Restauración (período en el que la propia generación del 98 tuvo que ver desde el punto de vista intelectual) y su lenta decadencia hasta la dictadura de Primo de Rivera allá por 1923. Es el tiempo del turnismo, de las prebendas, de colocar a los amiguetes en buenas posiciones, de elecciones amañadas, de palabras vacías y palmadas en la espalda, de escándalos ficticios en uso y beneficio propios, de ruido y furia que no es otra cosa que un teatro de marionetas con el que unos y otros mantienen entretenido al populacho al tiempo que se reparten cargos y beneficios entre trepas, jetas y algún que otro ingenuo de buena fe. Y, aunque en el momento en se sitúa el libro gobiernan los liberales, los conservadores tampoco salen bien parados. Al fin y al cabo, hoy por ti y mañana por mi. Con sus actualizaciones y demás, pero os resulta bastante familiar, ¿no?

A medio camino entre el relato, el ensayo, el reportaje periodístico y el género epistolar, el bueno de Azorín reparte a casi todas las instituciones del Estado: Consejo de ministros, oposición, ministros, parlamento, etc y dibuja un panorama desolador de la clase política, espejo, por otra parte, de la sociedad a la que dice representar.

Como contrapunto a esta, tanto en el prólogo como en el epílogo se nos presenta lo que podría ser una especie de ideario político "azoriniano" a través de Don Pascual, político e intelectual (que no es lo mismo, oigan) retirado. Trasunto quizá del propio Azorín, este Don Pascual refleja el desencanto de la intelectualidad con la clase política de la época, pese a (o precisamente por) haber pertenecido Azorín a esa clase política en ciertos momentos de su vida.

En fin. No he leído nada más de Azorín (a veces nos centramos en las "modernidades" y quizá deberíamos volver la mirada a nuestros "clásicos") e imagino que esta será una obra menor del alicantino. En cualquier caso, resulta un interesante testimonio de los tejemanejes de una clase política y de un país que, aunque es indudable que han cambiado a mejor, quizá no estén, en ciertos aspectos, tan alejados como podría parecer. Veremos qué nos depara el futuro. 

También de Azorín en ULAD: Capricho

jueves, 9 de mayo de 2024

Mónica Ojeda: Chamanes eléctricos en la fiesta del sol

Idioma: español

Año de publicación: 2024

Valoración: no sé qué decir

No me digáis que Chamanes eléctricos en la fiesta del sol no suena a nombre de una banda de neo-rock progresivo, al estilo de Derbi Motoreta Burrito Cachimba, aunque en plan andino. Pero no lo es... aunque bien podría serlo, porque la primera parte de esta novela se desarrolla durante un festival musical semiclandestino, en la falda del volcán Chimborazo, llamado Ruido Solar, en la que se mezclan el rock, el punk, el neochamanismo, las músicas tradicionales indígenas (o que las imitan), las tecnocumbias y yo qué sé que cosas más, y entre las que se cuentan, precisamente, las actuaciones de un grupo llamado Chamanes Eléctricos... Un grupo de chicas y chicos participantes en este festival deciden, en vez de regresar a sus hogares y a una realidad marcada por la violencia de las bandas de narcotraficantes, de la policía y el ejército y de los propios cataclismos naturales, proseguir su viaje y subir hasta un volcán lleno de agua para celebrar allí la fiesta andina del Inti Raymi (la "Fiesta del Sol" en quechua, precisamente). Aunque una de las chicas, Noa, tiene además el objetivo de encontrarse con su padre, que la abandonó cuando era pequeña para recluirse en un hacienda en medio del bosque alto de la zona.

Alrededor de Noa gira, precisamente, toda la novela, aunque sea el único personaje que no tiene voz en la misma, a diferencia de sus compañeros/as de aventura y de su padre, cuyos pensamientos conocemos a través de una suerte de diarios. La susodicha Noa se nos presenta a los lectores tanto como una especie de taumaturga o catalizadora de las fuerzas de la naturaleza, como un personaje con cierto aire de tragedia griega, el de una hija abandonada que acude en busca de su padre (auto) exiliado no tanto para pedir explicaciones como para provocar una catarsis con su presencia. un padre que, a su vez, se nos muestra como una mezcla de filósofo ermitaño, como un Diógenes, y de Norman Bates (que, en verdad, también era un ermitaño), un modelo, en todo caso, de la vida contemplativa, de la introspección autoindagadora, siendo los amigos de Noa  (y por seguir con las referencias helénicas), la representación del pathos primigenio, de la espiritualidad panteísta y la conexión con la Pacha Mama a través de la música y el baile... Y desde luego, esto te queda claro desde el principio, porque menuda turra la que dan los chavales, amigos y amigas lectores/as...

Porque ahí está la gran pega que se le puede poner a esta novela: que los personajes -cierto que cada uno con sus propias voces, algunas más exaltadas, por no decir flipadas, que otras- insisten una y otra vez sobre los mismos temas: la conexión espiritual con el padre Sol y la madre Tierra y sobre todo, con sus hijos los volcanes; la búsqueda de la misma a través del desenfreno músico-danzante, como modernas -o antiguas, dado que se trata también de recuperar la intuitiva sabiduría atribuida los pueblos indígenas- bacantes que adorasen de esta forma a todo lo que haya que adorar; el parloteo chamánico-psicodélico y sus derivadas poéticas, filosóficas e incluso religiosas... En fin, mucha, mucha cháchara que acaba convirtiéndose en la corteza más o menos dura de una burbuja de pretenciosidad y humo que el lector o lectora deben decidir si prefieren o no pinchar (cierto es que hay un par de voces, la de Nicole, mejor amiga de Noa y, hasta cierto punto, la de Pedro, que se salen de esa dialéctica y suponen un alivio entre tanta monserga ¿new-wave? ¿neoindigenista? ¿intoxicada, sin más?). El discurso del padre de Noa, por su parte, también agobia un poco, pero en otro sentido, el del ensimismamiento místico-polvoriento que, por supuesto, también puede ser bastante insufrible. Al final, uno tiene ganas de que el Chimborazo pete de una vez y sepulte de una p*** vez a toda esta gente... (Es broma. Peace & Love, mis panas).

Supongo que no es necesario, pero me gustaría dejar claro que esa pretenciosidad a la que aludo se refiere al discurso de los personajes de la novela, no a la labor de la autora de la misma (aunque ya me doy cuenta de que ella es la responsable tanto de elegir dichos personajes como su discurso, es obvio); muy al contrario, la prosa de Ojeda me parece excelente y perfectamente adecuada para caracterizar a cada uno de los personajes -algo de especial relevancia puesto que los conocemos, salvo a Noa, a través de sus monólogos-; si la idea es que uno u otro nos resulten unos cansinos o unas petardas de cuidado, la autora es consecuente con sus respectivas idiosincrasias y les hace soltar a cada uno el speech correspondiente. No hay problema, en principio, pero llega un momento en que, por acumulación, la cosa se te hace  (se me hace) bola. Y eso que, por momentos y merced a la persuasión de un estilo y una destreza literaria sin duda más que notables, a uno (a mí) se le olvida aquello que no le acaba de convencer de la novela y se deja atrapar por la magia (lo siento, no hay otra forma de decirlo) de unas palabras hábilmente elegidas y ordenadas, de un ritmo y una tensión narrativa bien conseguidas y de una historia que, al menos por lo que respecta a su argumento, no carece de interés. De ahí mi valoración, que es posible que decepcione a quienes buscan un dictamen rápido e inequívoco para saber si acercarse o no a un libro: en este caso, no sé muy bien qué pensar. De verdad lo digo...

(La cubierta del libro, eso sí, es magnífica).

Otros (y estupendos libros de Mónica Ojeda reseñados en este blogNefandoMandíbulaLas voladoras

miércoles, 8 de mayo de 2024

Shirley Jackson: El reloj de sol

Idioma original: Inglés
Título original: The Sundial
Traducción: Maia Figueroa Evans
Año de publicación: 1958
Valoración: Recomendable (aunquen no para todo el mundo)

Cuando uno acude a las obras de Shirley Jackson ya sabe, a grandes rasgos, con qué va a toparse. A fin de cuentas, la pluma de la autora rezuma personalidad, y sus historias giran siempre en torno a los mismos temas, personajes y escenarios. 

Pese a esto, Jackson todavía depara sorpresas a sus lectores. A mí me maravilló, por ejemplo, con la apabullante originalidad de Siempre hemos vivido en el castillo, e hizo lo propio con la extraña unicidad de Hangsaman. Ahora vuelve a asombrarme con El reloj de sol, sátira cáustica donde las haya cuya premisa resulta de lo más curiosa.

¿De qué trata esta novela, preguntáis? Pues de un grupo de personas, parientes y conocidos, que conviven en una gran mansión. Una serie de circunstancias las llevarán a creer que el fin del mundo se avecina y que ellas se convertirán en los últimos seres humanos sobre la faz de la tierra. Mientras se preparan para semejantes acontecimiento, friccionarán en un ambiente asfixiante y disfuncional.

De las virtudes de El reloj de sol destacaría:

  • Su negrísimo sentido del humor.
  • Las interacciones entre personajes. Me gustan especialmente, por su oblicuidad, aquéllas que involucran a la señora Halloran, Essex, Julia o Fancy.
  • Ciertas escenas magistralmente narradas. Pienso, por su enfoque onírico y su factura expresiva, en la de la ¿visión? de la tía Fanny. Asimismo adoro, por el cinismo que desprende, aquella en la que los habitantes de la mansión se relacionan con algunos miembros de «los verdaderos creyentes» en el capítulo 5, o la perversa trampa que la señora Halloran tiende a Julia en el 9.
  • Su capacidad para crear microcosmos que se encajan los unos dentro de los otros cual matrioshkas (la casa donde transcurre gran parte de la historia, pero también la de las muñecas de Fancy, o el apartamento dentro de la mansión que ocupaba la madre de la tía Fanny).
  • Su clímax, cruelmente ambiguo.

Por otro lado, estos son los defectos que le encuentro a El reloj de sol:

  • Es una propuesta algo irregular. Aunque su idea global es harto interesante y ostenta pasajes brillantes, la novela llega a hacerse pesada o atascarse.
  • Tiene demasiados personajes. Al lector le cuesta ubicarlos a todos, y la autora no exprime a varios de ellos.
  • Su ritmo. Entiendo que es deliberadamente lento, pero por momentos lo es en exceso.

Resumiendo: El reloj de sol es una novela muy particular. Aunque a mí me ha encantado, no la recomendaría para iniciarse con Jackson. Sea como fuere, tampoco la descartaría, en caso de que la autora os guste y la premisa os llame la atención. A fin de cuentas, está perfectamente escrita, ostenta sinergias interesantes, tiene pasajes extraordinarios (de corte onírico o directamente extraño) y hace gala de un sentido del humor magnífico.


También de Shirley Jackson en ULAD: Aquí

martes, 7 de mayo de 2024

Giosuè Calaciura: Yo soy Jesús

Idioma original: italiano

Título original: Io sono Gesù

Traducción: Miguel Ros González

Año de publicación: 2021

Valoración: Se deja leer


Interesante, atractivo. No me refiero a ningún actor famoso, sino a un libro que promete contar la historia de Jesús de Nazaret en sus años jóvenes, esa etapa de la que aquello que se llamaba Historia sagrada no dice casi nada, al menos que yo sepa. El Mesías de los cristianos, profeta para los musulmanes, era un hombre de carne y hueso al margen de otras consideraciones, y debió tener una infancia, una adolescencia y una primera juventud. Ante este vacío, Calaciura ofrece una versión posible, fantaseando sobre cómo pudo ser, creando algo que con un criterio laxo podríamos clasificar como novela histórica. Y sí, me parecía interesante, aunque no del todo novedoso, porque otros ya lo hicieron antes, como el conocido El evangelio según Jesucristo de Saramago, que no he leído y creo que se adentra en el mismo tema. 

Las expectativas son importantes cuando leemos un libro, lo que uno espera de él antes de empezar o consumidas unas pocas páginas va a determinar en buena parte la opinión que finalmente nos formemos. En este caso yo esperaba una recreación en la que el necesario grado de imaginación entroncase con lo que sabemos (en mi caso, muy poquito) por los pasajes bíblicos, pero también con el contexto histórico, una visión diferente, laica si se quiere, de una etapa que resulta desconocida, quién sabe si por desinterés de los evangelistas o por la voluntad deliberada de ocultarla.

Jesús escribe en primera persona, una especie de memorias de juventud que se inician a una edad indeterminada que podríamos situar en la adolescencia. Y el relato que se monta Calaciura lo describe mejor que nadie uno de los inevitables elogios que adornan la solapa: ¡El Evangelio de Calaciura es una novela de aventuras! (lo dice Tutti Libri). Al margen de la rima, supongo que involuntaria, y del muy discutible carácter elogioso de la cita, es exactamente así. En vez del niño seriecito que se perdió y fue encontrado en el templo discutiendo con los sacerdotes (episodio por cierto ausente del libro), lo que sí tenemos es un circo ambulante, un par de novias, bandidos no identificados que arrasan la aldea, ataques de perros asilvestrados y una sequía que calcina los campos. En algún momento se puede pensar que el autor está dándole una vuelta a las siete plagas de Egipto, pero lo dudo mucho, creo que simplemente se ha lanzado a un relato de acción, en general además bastante deficiente.

Deficiente porque tiene el tono algo recargado de cierta literatura juvenil y, al margen de algunas incongruencias y anacronismos, sobre todo porque casi todas estas aventuras resultan simples, reiterativas y gratuitas, sin un origen justificado ni desarrollo o conexión a una idea coherente. Una especie de pasatiempo que podría haberse prolongado doscientas páginas más si Calaciura hubiera seguido tirando de esa inventiva un poco pueril, o su editor se lo hubiese aconsejado.

Pero, claro, le he puesto una valoración en la que algo se puede salvar. Quizá el aderezo de algunas escenas y personajes bíblicos muy conocidos (aunque creo entender que colocados de forma bastante caprichosa), insinuaciones bastante bien traídas en torno a la ya clásica disquisición sobre la virginidad de María, o ligeros apuntes (insuficientes) relacionados con la suspicacia de Roma ante cualquier atisbo de rebelión en sus posesiones. Tal vez lo más logrado es la muy diferente relación que José y María tienen con su hijo. El padre parece intentar marcarle el camino hacia una vida normal de carpintero honrado, ella aparenta ocultar tras un velo de silencio el secreto decisivo que solo ha de revelarse cuando llegue el momento. Esa lucha interior de María se transmite de alguna manera a su hijo, que a veces es consciente de que hay algo importante que no conoce y que quizá no le permitirá vivir la vida normal que ahora le seduce. En este sentido, siendo generosos podríamos ponerle la etiqueta de novela de formación.

Esto, más alguna que otra escena bastante lograda, y un par de giros hábiles sirven para suavizar el fiasco. Pero, como decía antes, todo dependerá de las expectativas del lector cuando empieza el libro: he intentado advertir de lo que hay, pero si alguien gusta de una narración simple, entretenida y sin pretensiones, con el toque de color que le pueden dar personajes muy conocidos, adelante con el asunto.  


lunes, 6 de mayo de 2024

Ottessa Moshfegh: Mc Glue


Idioma original:
inglés
Título original: Mc Glue
Traducción: Inmaculada C. Pérez
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien

He de reconocer que cierto perfil de autor tiene la cualidad de atraerme hacia sus obras. Tampoco voy a negar que el aparato promocional de las editoriales obre su cometido y, en el caso de Ottesa Moshfegh, tanto Eileen como Mi año de descanso y relajación contaron con el suficiente atractivo para captar mi humilde atención, si bien para el caso de esta última aprecié cierta unanimidad entre sus lectores que me hizo albergar la esperanza de un cierto salto y que resultó, ecuación que no suele fallar, en una cierta decepción. A pesar de eso, Moshfegh me parecía una autora a seguir, por juventud y actitud y ante la constatación de que las carreras literarias pueden tener cierta fluctuación.

Primer contratiempo: en el mundo de los fajines y la sutileza (o no tanto) promocional, esta Mc Glue publicada en castellano en 2024 es una primera novela. No queda claro (me pasó hace un año con Mairal y Asteroide) si no se accede a la solapa interior, por lo cual el equívoco es, aunque sea sibilinamente, demasiado fácil. Esta no es la novela siguiente a un año... sino el debut de su autora. ¿Un engaño? Bueno, cada uno se pronunciará, pero, a un mes de Sant Jordi, y de una escritora que ya genera cierta expectación en fin, vamos a dejarlo y no nos metamos en especulaciones.

Mc Glue, al margen de estas reticencias, es, como mínimo, una novela valiente en su planteamiento. Nick Mc Glue está encerrado en un camarote en un barco, allá por 1851. Custodiado por marineros mientras el barco en el que navega se dirige al puerto donde será entregado para ser juzgado pues, dicen, ha asesinado a su amigo Johnson. Esto, amigos, es una novela psicológica donde asistimos a toda la reflexión de Mc Glue que se encuentra aturdido y confundido sobre los hechos, y sus 140 páginas (una primera parte en el barco y una segunda ya en tierra, recibiendo visitas de madre y abogado) representan un ejemplo de lo que se diría corriente de conciencia, pues hasta los diálogos son meros asideros para evaluar la progresión del personaje, errático y meditabundo, inseguro en todo momento debido a los efectos del alcohol, los pasados y los presentes, cosa que adscribe esta ópera prima en varias corrientes a la vez: la narrativa alcohólica, la confesión personal de cierto calado, la situación claustrofóbica propia de las novelas marineras. Con lo cual uno puede referirse tanto a Melville como a Saer (efluvios muy tenues de El entenado pueden surgir aquí) e incluso a obras emblemáticas como El túnel, pero siento advertir que esas referencias son solo temáticas. Me temo que Moshfegh alarga en exceso el planteamiento y convierte el texto más en una suerte de suspense sobre los hechos que veo irresuelto y que deja el valor de esta obra en meramente testimonial de ( e insisto en la valentía de la autora en elegir este escenario) un inicio de carrera.

domingo, 5 de mayo de 2024

Fernanda Melchor: Falsa liebre

Idioma original: español

Año de publicación: 2013

Valoración: recomendable

Durante una entrevista, cuestionaron a Juan Rulfo sobre cómo logró capturar con maestría las voces del campo mexicano en sus cuentos y novelas, como si hubiera grabado conversaciones de la gente de los altos de Jalisco para luego transcribirlas. Al sumergirnos en sus relatos, es posible "escuchar" las voces emergiendo de la tierra. Rulfo respondió de manera muy honesta, aunque un poco avergonzado: “Tuve que inventarles el modo de hablar y de expresarse, porque ellos no se expresan así. Cualquier persona que tratara de encontrar esos paisajes o esas personas, no las encontraría. Quise retratar los rostros de esos personajes, pero la gente es común y corriente como en todas partes. No tenían nada de especial”. En “Falsa liebre”, se cae en la misma trampa.

Con una habilidad extraordinaria, Melchor otorga voz a sus personajes de una manera que recuerda a Rulfo; parece replicar fielmente su lenguaje, en este caso, el de jóvenes marginales de una ciudad costera mexicana. Aunque desconozco los antecedentes personales de Fernanda, es posible que su niñez en ambientes similares o su labor periodística le hayan permitido acercarse a la realidad de quienes poblarían su novela. Sin embargo, sospecho que, al igual que Rulfo, todo es inventado, resultado de la gran capacidad de fabulación de Melchor. Y con esto no me refiero a que Fernanda esté dándonos una visión manipulada de la realidad, si no que ha tenido que recrear y revivir esas personas imaginándolas como ella querría que fueran, tomando como punto de partida su ubicación y su contexto.

La obra narra dos historias: la de dos chicos que recurren al robo y la prostitución para sobrevivir y la de un joven que espera anhelante el nacimiento de su hijo, al tiempo que vive una vida sin significado ni motivación mas allá de las drogas. Ambas tramas se desarrollan en un contexto de marginación, violencia, adicciones, etc., entrelazándose fatalmente, muy al estilo de “Amores perros”. Lo destacable no es tanto la trama, que aborda la miseria y violencia (temas que personalmente me tienen un poco cansado), sino el estilo de Melchor, el cual es muy fluido.

En entradas previas de este blog, al reseñar otras obras de Melchor, se ha elogiado su destreza para emplear un lenguaje que combina la crudeza y pasión del habla cotidiana con su vasta cultura literaria, y concuerdo plenamente. La voz del narrador describe con precisión los escenarios, el ambiente, las motivaciones y conflictos de sus personajes. No obstante, al llegar a los diálogos, no puedo evitar recordar esas palabras de Rulfo, “ellos no se expresan así”. Aunque la ficción concede numerosas licencias, incluyendo la libertad en el uso del lenguaje, resulta chocante cuando un joven desfavorecido, carente de educación, afectado por las drogas y sumido en la pobreza, pronuncia diálogos que bien podrían rivalizar con los de Hamlet, pero aderezados con vulgaridades y blasfemias. Esta discrepancia me saca de la ficción y, hasta cierto punto, me hace sentir ligeramente defraudado, especialmente cuando se busca una representación fiel de la realidad. Es como ver a los indigentes en las telenovelas que, aunque despeinados y cubiertos de suciedad, lucen dientes blancos y ropa perfectamente planchada.

No me malinterpreten, leer a Fernanda Melchor es un verdadero placer. Y considero que esos aspectos que personalmente me resultan desagradables se atenúan en sus obras posteriores. Tanto el libro como su autora son altamente recomendables. Sin lugar a dudas, de las mejores escritoras hispanohablantes de su generación.

Otras obras de Fernanda Melchor en ULAD: Temporada de huracanesAquí no es MiamiPáradais