viernes, 15 de agosto de 2025
Javier Puga Llopis: Arabia feliz
viernes, 23 de mayo de 2025
Barry López: Sueños árticos
Año de publicación: 2003
Traducción: Mireia Bofill
Valoración: Fascinante, aunque irregular
La primera mitad del texto se centra, fundamentalmente, en la ecología, biología e historia evolutiva, pero no como algo aislado sino situándolo en el contexto de la presencia humana en las tierras polares. Para ello pone el foco en cuatro animales (ánsar nival, buey almizclero, oso polar y narval) y en su biología, en su comportamiento social, en sus formas de adaptarse al entorno y en su vinculación con la actividad humana, lo que nos lleva, incluso, hasta la historia medieval. Personalmente, esta parte del texto me resulta de lo más didáctica y fascinante, tanto por lo fácil que lo hace Lopez como por mi desconocimiento sobre el tema.
Con el capítulo 5, Migraciones, el texto vira hacia lo antropológico e histórico. El espectáculo de las migraciones en el mar de Bering da paso a las migraciones humanas, a los procesos adaptativos a los ritmos de la naturaleza, pero también a las pérdidas culturales o lingüísticas de los últimos siglos. En este mismo "paquete" podemos incluir los capítulos dedicados a la luz y al hielo o al paisaje ártico. Paisajes físicos, mentales y espirituales, huellas pasadas y presentes, mapas que reflejan realidades y / o deseos. Especialmente interesantes resultan las páginas dedicadas a las formas de ver y sentir el paisaje, a la historia cultural, a las diferencias entre la mirada de los pobladores locales y la mirada occidental.
Finalmente, los mapas dan paso a una breve historia de los viajes por el Ártico, desde San Brandán o las sagas islandesas hasta los ligados al desarrollo industrial del presente. Aquí entra en juego algo que decía en el primer párrafo de la reseña. Lo que sabemos de ella. Para bien o para mal, he leído bastante sobre viajes al al Ártico y me queda la sensación de que esta parte del texto es, en cierto modo, un "refrito", un resumen de historias pasadas a la que le falta esa mirada del autor que sí se puede apreciar en el resto del libro. Vaya, que puede funcionar perfectamente como "guía para no iniciados", pero se queda corto para alguien que ya haya leído a Rasmussen, Cook, Peary, Amundsen y compañía.
Por tanto, y pese a esa pequeña decepción que deja el final del libro, mejor rescatar la parte positiva que este tiene, esas páginas centradas en la historia natural, en la historia evolutiva y en lo antropológico. Merecen la pena, de verdad.
domingo, 16 de febrero de 2025
Hampton Sides: En el reino del hielo. El terrible viaje polar del USS Jeannette
Año de publicación: 2015
Traducción: Miguel Marqués
Valoración: Muy recomendable
(...) Que el barco había partido desde América y atravesó el océano, que había quedado atrapado en el hielo y navegó a la deriva durante 2 años, que la banquisa lo aplastó y terminó hundiéndose, que 33 hombres se vieron obligados a marchar durante 3 meses sobre el hielo, arrastrando 3 embarcaciones, hasta encontrar aguas abiertas, que las 3 embarcaciones se habían separado durante una tormenta (...)
Os podéis imaginar, por tanto, que la Expedición del USS Jeannette fue, en su gran mayoría, un catálogo de penalidades, una trágica y dramática historia de héroes y mártires que libran una feroz batalla contra la muerte en la que habrán de hacer frente a decisiones y dilemas que pueden cambiar destinos.
En este sentido, todo el libro puede ser leído como una gran novela de aventuras, tanto por los hechos en sí como por la estructura elegida por el autor. Ahora que lo pienso, me resulta extraño que no haya alguna serie o alguna película sobre la expedición porque hay una poética muy clara en el libro sobre todo lo que uno va dejando atrás hasta llegar a la muerte (esposa e hijos, el barco, los trineos, los papeles, los compañeros...) y alguna que otra imagen tiene una potencia visual tremenda (unos hombres emergiendo del lodo en una playa, como si de las criaturas semilegendarias de Ramiro Pinilla se tratara). Fijaos, por ejemplo, en el laconismo de las últimas entradas del diario de De Long, infinitamente menos conocidas que las de Scott pero tan terribles y desoladoras como las del británico:
Lunes, 24 de octubre. Día 134. Ha sido una noche dura.Martes, 25 de octubre. Día 135Miércoles, 26 de octubre. Día 136Jueves, 27 de octubre. Día 137. Iverson está moribundoViernes, 28 de octubre. Día 138. Iverson ha muerto a primera horaSábado, 29 de octubre. Día 139. Dressler ha muerto durante la nocheDomingo, 30 de octubre. Día 140. Boyd y Görtz han muerto durante la noche. El señor Collins está a punto de morir.
De todas formas, sería extremadamente reduccionista quedarnos con esa lectura porque todo viaje de estas características es fruto de unas circunstancias y de un contexto social, político, científico, cultural, etc. Así, el autor dedica unas 200 de las 550 páginas del libro a ese contexto y para ello se sirve, además del propio De Long, en dos personajes tan antagónicos como el magnate de la prensa, y mecenas de la expedición, James Gordon Bennett y el geógrafo alemán August Petermann.
A través de personajes como estos, como el naturalista de origen escocés John Muir o el ya citado George Melville, el autor nos habla de una nación en reconstrucción, del sueño ártico como encarnación de las aspiraciones de la joven república de convertirse en una potencia mundial, de los intereses económicos y el escaso o nulo respeto por los pueblos originarios (justo ahora que cierto personaje de piel naranja quiere "comprar" Groenlandia), etc. Son estas otras vertientes del libro las que hacen que este se eleva más allá de una epopeya polar.
Por terminar, En el reino del hielo es una magnífica y terrible historia muy bien contada, de esas que hacen que uno se pase luego (y durante) horas buscando datos sobre lugares como la Tierra de Wrangel, las islas Diomedes, las islas Aleutianas o Nueva Siberia o pueblos como los yakutos o los chukchis. ¿Será grave, doctor?
viernes, 27 de diciembre de 2024
Fridtjof Nansen: La travesía de Groenlandia
Título original: Pa ski over Gronland
Año de publicación: 1890
Traducción: Mario Puertas
Valoración: Bastante recomendable
A finales del siglo XIX, y pese a nombres que ya forman parte del mito (Bellinghausen, Ross, Nordenskjold, etc), la exploración polar se encontraba "en pañales" y muchas terra incognita esperaban aún el momento de ser holladas por el ser humano. La historiografía y la literatura se han centrado en la carrera por los polos o en expediciones en las que la tragedia ocupa un lugar fundamental, ya sea como amenaza o como realidad. Bien, ya es hora de reivindicar otras expediciones y otros personajes.
El viaje que hoy os traemos a ULAD es el que Fridjtof Nansen (y cinco compañeros: los noruegos Sverdrup, Dietrichson y Kristiansen y los lapones Balto y Ravna) realizara en 1888 cruzando en esquís y trineo, por primera vez en la historia, el hielo continental groenlandes, partiendo desde la costa Este y llegando a Godthab (actual Nuuk) después de un par de meses.
Más allá del innegable valor que la travesía de Groenlandia tiene desde el punto de vista estrictamente "deportivo", el viaje de Nansen y sus compañeros tiene importancia por tratarse de una de las primeras expediciones modernas en cuanto a personal, logística, etc, así como por las relaciones que establece con los pobladores locales. En este sentido, creo que Knud Rasmussen bebe mucho de Nansen en su magnífica De la Groenlandia al Pacífico.
Pero como ya hemos dicho alguna vez, el viaje a través del hielo no comienza en el momento en el que Nansen y compañía pisan el hielo continental y, así, el libro de Nansen abarca desde la etapa de formación "polar" de Nansen hasta el invierno que hubieron de pasar en Godthab, pasando por aspectos logístico - organizativos de la expedición, historia de la exploración polar, el viaje de Noruega a Groenlandia (vía Islandia), el contacto con comunidades inuit o la propia travesía.
Cuatro son las vertientes que, en mi opinión, conviven en el Nansen escritor y personaje y hacen del noruego uno de los exploradores más amables: la poética, la didáctica, el humanismo y la humorística.
Las descripciones del feroz paisaje islandés, de las costas groenlandesas o de las auroras boreales no tienen nada que envidiar a las que pudieran trazar escritores "profesionales"
Al encontrarnos en medio de fiordo, el ocaso del sol descendente acariciaba con su resplandor las montañas de basalto del Isafjord; sus laderas occidentales sonreían a la luz del atardecer, mientras las sombras frías se arrojaban, ocultándose en todas las grietas de los rellanos situados cerca de las cumbres y colándose en las hendiduras que el agua ha ido enterrando en la verticalidad de los laterales, dejando resaltar con más nitidez las singulares formaciones horizontales.
El carácter didáctico de Nansen y sus textos se deja ver en la parte dedicada a la logística de la expedición, en sus comentarios acerca del hielo, la geología, la vulcanología, etc. y, especialmente, en la recapitulación de anteriores expediciones por Groenlandia y en el aprendizaje obtenido de ellas.
Su vertiente humanista se percibe en la relación que establece con las comunidades con las que se cruza y con las que ha de convivir en el invierno de 1889, en cómo interactúa con ellos, en cómo observa y habla de sus costumbres, modos de organización social, etc. Son capítulos cercanos a lo antropológico y nos dejan una visión bastante avanzada en comparación con otros "prohombres polares" de la época bastante más cabroncetes. Otro punto que habla a favor de Nansen es el recurso a los testimonios de sus compañeros de travesía. No es tampoco muy habitual.
Y por último, el humor, que siempre sobrevuela la narración de Nansen. Ya sea en el barco que les lleva de Islandia a Groenlandia, en las peripecias de Balto y Ravna o en sus penalidades a través del hielo, Nansen se aleja de lo "épico" y opta por una vía más humorística y sorprendente.
Lo único que hace que la valoración no sea superior es, curiosamente, la parte de la travesía propiamente dicha. No sé si se debe a ese alejamiento de lo "épico" por parte de Nansen, pero me resulta algo reiterativa y aburrida. Al menos, si la ponemos en relación con otras partes del libro.
En cualquier caso, y como decían en Amanece que no es poco, en este pueblo lo que hay es verdadera devoción por Nansen. ¿O era por Faulkner?
P.S.: Me encantan los libros de viajes que incluyen fotografías, mapas, etc. En este caso, un montón de fotos tomadas por Nansen (y sin retocar, ojo) acompañan al texto y dan testimonio de la aventura.
martes, 17 de diciembre de 2024
Michael Smith: Un héroe olvidado. La historia de Tom Crean, el hombre que sobrevivió a la Antártida
Traducción: Tomás Fernández Aúz
Año de publicación: 2000
Valoración: Entre está bien y recomendable
sábado, 3 de agosto de 2024
Edgar-Max: El camino pagano
martes, 30 de julio de 2024
Liv Arnesen: Las niñas buenas no van al Polo Sur
Liv Arnesen fue, allá por 1994, la primera mujer en llegar en solitario al Polo Sur. Esos dos datos, primera mujer y en solitario, son fundamentales a la hora de hablar de este libro porque tanto uno como el otro determinan su contenido.
Así, este "Las niñas buenas no van al Polo Sur" inauguraría una nueva categoría que podríamos definir como literatura polar de género, aquel por obvio y este por su carácter más o menos excepcional en el círculo de aventureros polares.
Literatura polar, por supuesto, ya que el libro es, en términos generales, la historia de su viaje al Polo Sur, pero con un fuerte componente de género. Desgraciadamente, Arnesen no lo tuvo igual de fácil que aventureros hombres (los estereotipos y tabúes tan difíciles de romper, la incomprensión, la mayor dificultad a la hora de encontrar patrocinadores, etc) y lo deja bien a las claras en la primera parte del libro. Sin victimismos, pero llamando al pan pan y al vino vino.
Pero además de esto, el texto tiene varias subvariantes que lo hacen diferir del clásico relato de expediciones polares.
Por un lado, bascula entre el pasado histórico, el pasado más reciente y el presente porque el viaje no comienza al llegar a la Antártida y la idea del viaje no nace de la nada. Los pioneros Nordenskjoll, Nansen, Amundsen o Shackelton y viajeros más recientes como Erling Kagge son figuras clave para entender la atracción de Arnesen por la inmensidad blanca y azul de las regiones polares, y sus historias se entrelazan con la de la propia autora. Además, la parte dedicada a la preparación e intendencia (en su más amplio sentido) es tan importante o más que el propio recorrido en el continente helado.
Por otro lado, el texto tiene un marcado carácter intimista. Mientras que en su primera mitad predominan las reflexiones sobre sueños o metas, en su segunda mitad priman los comentarios sobre la propia interioridad, las tensiones y los miedos derivados del propio viaje y la forma de afrontarlos.
Este carácter intimista hace que a la historia de Arnesen le falte algo de "épica", tanto es así que la propia autora se refiere a sí misma "no como descubridora sino como turista extrema que está en la Antártida solo por el placer de hacer la ruta". No es que el viaje no la tenga (que Liv se hizo más de 1100 kilómetros esquiando y tirando de un trineo de 100 kilos de peso, joder!!) pero la autora opta por otra vía y eso es algo que puede decepcionar a quien busque algo más clásico.
Pero si buscas una aventura polar contada desde un punto se vista diferente y narrada de forma amena y sencilla, esta puede ser vuestra historia.
viernes, 14 de junio de 2024
Juan Goytisolo: Campos de Níjar
Año de publicación: 1960
Valoración: Recomendable
Juan Goytisolo es uno de esos grandes maestros de mediados del siglo pasado, un miembro del pequeño ramillete de autores (no voy a citar a nadie más para que no me critiquen) que todos los amantes de la literatura deberíamos conocer a fondo. En realidad tengo que confesar que tampoco conozco más allá de algunos de los títulos más representativos de su obra narrativa, carencia imperdonable que intento empezar a corregir, un poco al azar, con este su primer libro de viajes, escrito cuando Goytisolo todavía no se había desprendido del todo de sus inicios realistas y más bien poco arriesgados.
El viaje tiene bastante poco de épico y mucho más de exploración. El autor, que andará por los veintimuchos años, más de lo que parece lucir el muchachito de la cubierta, parece que conoce previamente algo del terreno, y busca una inmersión total. Recordemos, estamos en la España de finales de los 50 del siglo pasado, todavía lastrada por una década de autarquía y en su mayor parte sin desprenderse de los harapos de siglos de pobreza, atraso e incultura, en especial en las zonas rurales más profundas. Y el escenario es quizá uno de los más extremos que el viajero pudiera buscar: la comarca al Este de Almería, a veces hacia el interior (Níjar), y otras mirando a la costa (Cabo de Gata, Rodalquilar, Agua Amarga, Carboneras). Entre medias, campos desolados, minúsculos poblados, carreteras o caminos desiertos, paisajes africanos, vegetación enana o inexistente bajo un sol abrasador.
Algunos o muchos de estos lugares son ahora pequeños pueblos con encanto o destinos turísticos con chalets apetecibles, urbanizados y cosmopolitas aunque relativamente tranquilos. Pero setenta años atrás apenas aparecía de cuando en cuando un turista francés algo extravagante, y el cierre de algunas minas había dejado despoblación y paupérrimas aldeas donde el objetivo era la pura supervivencia. Se diría que Goytisolo, a quien por venir de Barcelona los vecinos miran como a un extraterrestre, busca sin embargo el alma de la comarca, y la va encontrando en esas gentes que se asoman a las puertas, los niños medio desnudos que le rodean, o los paisanos que le dan conversación en la taberna.
Se desplaza en autobús, en la caja de un camión o en un carro tirado por un burro, se aloja en las pocas fondas que encuentra, y deja hablar a los lugareños, el joven camionero, el señorón dueño de un pueblo entero (un personaje muy de Berlanga), la pareja de civiles, el viejo que vende frutas de la chumbera. Vamos, lo que define al viajero y le diferencia del turista, dejarse llevar, cero comodidades, ver y escuchar, ir registrando lo que le rodea sin filtros, en estado natural.
A diferencia de otros libros de viajes, no hay atisbo de humor, seguramente porque tampoco se encuentra ocasión, y tampoco de ensalzamiento artificial. Como mucho, se puede decir que Goytisolo, además de dejar constancia casi notarial de lo que ve, realiza sobre su relato un cierto ejercicio de estilo, dejando que su prosa se enriquezca con un léxico quizá excesivamente prolijo (guadapero, serillo, cenacho, algaida o jábega son algunos términos encontrados en una página al azar). Pero tampoco es justo criticarle demasiado por ello. Es un autor joven, todavía dominado por el realismo, que parece buscar un camino para progresar en su técnica. Afortunadamente encontraría más adelante ese rumbo, bastante diferente de este.
Con todo, deja algunas reflexiones interesantes que trascienden al paisaje o a sus habitantes. El autor cree encontrar la clave de una tierra que debería resistir la tentación de sentirse tarjeta postal o pieza de museo:
'Por eso me gusta Almería. Porque no tiene Giralda ni Alhambra. Porque no intenta cubrirse con ropajes ni adornos. Porque es una tierra desnuda y verdadera'.
Algo que seguramente hubiera firmado Carlos Cano, que retrataba esas tierras en un precioso pasodoble. Los tiempos han cambiado mucho, pero no estaría de más darle una vuelta a la idea, no ya en Andalucía, en cualquier otro lugar.
Otras obras de Juan Goytisolo reseñadas en ULAD: Señas de identidad, Don Julián / Juan sin Tierra, Las virtudes del pájaro solitario
domingo, 26 de mayo de 2024
Ernest Schakleton: Sur. Relato de la Expedición del Endurance y Aurora 1914-1917
Este es el resumen resumido de la odisea que hubo de pasar la expedición del Endurance, liderada (a su manera, que toca desmitificar un poco) por Sir Ernest Shackleton y esto es lo que, a grandes rasgos, se narra en Sur.
Pero como suele ocurrir, esta es solo una parte de la historia. Y es que la Expedición Transantártica no fue, solo, "la expedición de Shackleton" ni Sur es solo la historia del Endurance. Porque fueron dos los barcos que se dirigieron al continente helado (aunque la Historia "Oficial" hable solo del Endurance en el que iba Sir Ernest), porque hay personajes, como Worsley o McNish, claves para entender el feliz desenlace de la aventura que no han sido debidamente reconocidos, porque Sir Ernest quizá no fue ese jefe tan "megamaravilloso" al que, por otro lado, sería injusto negar su mérito (pero de ahí a casi canonizar hay un trecho), etc.
De todo lo anterior se deriva una posible doble lectura del libro, en función de si el lector tiene o no conocimientos previos sobre las peripecias de Shackleton y compañía. ¡Al lío!
En el caso de que sea la primera vez que uno oiga hablar de la expedición, alucinará con el viaje. Una aventura que roza los límites de lo increíble, hombres en situaciones extremas en plena noche polar, drama, tragedia, la condición humana, recetas culinarias, etc condensadas en casi 600 páginas.
En cambio, para quien ya haya visto o leído algo sobre la expedición Sur puede ser otras cosas. La aventura no deja de ser brutal y posee todos los elementos que hacen de ella algo casi mítico, pero el lector más "experto" verá cómo ese "ejemplo de liderazgo" que pareció ser Shackleton igual no lo fue tanto y descubrirá otros nombres y otras historias con los que podrá sentirse más identificado.
Sobre el liderazgo de Shackleton, llaman la atención cuatro cosas:
- su escaso o nulo agradecimiento a dos personajes clave en toda la historia. Y es que Sir Ernest y el James Caird jamás habrían llegado a las Georgias del Sur tras un viaje de 1600 kilómetros orientándose como buenamente pudieron sin Frank Worsley, pero es que igual Worsley y Shackleton igual estaban criando malvas en 1916 si no hubiera sido por McNaish (el carpintero, así a secas
para el cabronazo de Sir Ernest). - las pocas referencias a la organización del grupo durante la expedición, lo que unido a ciertas referencias a drásticas medidas dejan entrever a un Shackleton muy en su papel de jefazo. (A ver, ¿quién cojones es Sir en este puto barco, so inútiles?)
- su nula autocrítica. Sí, todo tu grupo llegó vivo y todo lo que quieras pero algo mal tuviste que hacer, ¿no?
- la poca atención que presta a los sentimientos o historias de sus compañeros de expedición. El tono de la narración es más bien frío y centrado en aspectos exteriores o en el propio narrador (aunque hay momentos en los que trasluce bien la desesperación y el hastío del grupo) y lo aleja de tipos como Nansen, mejor escritor y (parece que) mejor persona que Sir Ernest.
En cuanto a otros nombres y otras historias, me refiero fundamentalmente a los diarios de uno de los miembros de la expedición del Aurora: Ernest Joyce. La aventura (con ecos de los últimos de días de Scott) de su grupo con los depósitos de víveres, con dos mil kilometros a cuestas, ventiscas, frío espantoso, etc y la oscura poética que esconden sus lacónicos diarios deberían figurar entre lo mejor de la exploración polar.
Releo lo anterior y parece que se trata de un ajuste de cuentas con Sir Ernest. Si lo es, lo es con el Shackleton "mito", lo que no significa que no reconozca los méritos y el valor de un texto verdaderamente recomendable para amantes de trágicas aventuras polares con final (no tan) feliz.
miércoles, 27 de marzo de 2024
José Alejandro Adamuz: Una vida posible
Año de publicación: 2023
Valoración: Bastante recomendable
Dice Juliana González-Rivera en el también magnífico La invención del viaje que el viaje "es metáfora de la vida, de la muerte, del conocimiento, de la escritura", que el viaje es, al mismo tiempo, "una huella y una herida". De todo eso (y más) hay en este Una vida posible del periodista, escritor y viajero José Alejandro Adamuz.
La premisa del texto es el viaje que el autor realizó junto con su pareja, allá por el año 2014, a través de América Latina. Dos años en los que saliendo de Costa Rica, la pareja subió (¿solo en el mapa?) hasta Ciudad de México y bajó (¿solo en el mapa? a la mítica y magnética ciudad de Ushuaia.
Pero no solo median los 8716 kilómetros en línea recta que van de la capital azteca a la capital del fin del mundo. También han pasado casi 10 años desde el inicio del viaje hasta la publicación del libro. Y así como el espacio físico condiciona, obviamente, el viaje y la narración, el tiempo ejerce de filtro en la memoria y el recuerdo y hace que el viaje no termine con la vuelta a casa.
En este sentido, el autor trabaja esas doble vertiente, la del viaje propiamente dicho y la del recuerdo del viaje, a través de los dos presentes que se aúnan en el texto, y lo hace a través de dos tiempos que se solapan , el del presente de la propia narración y del presente de los hechos. A estos dos tiempos se ha de sumar el pasado, los tiempos de los grandes viajes y de los viajeros que escribieron (¿o eran tal vez escritores que viajaron?): Kapuscinski, Chatwin, Humboldt... Referencias o hitos en el camino que recorremos con la finalidad de volver para contarlo, como Odiseo.
Con esto el viaje en sí se desplaza un poco del centro del relato (está claro que hay paisajes y gentes, hay lo anecdótico explicando el mundo) y este lo ocupan las reflexiones sobre el propio viaje, sobre la escritura, sobre la historia y la evolución del hecho de viajar y de cómo hacerlo.
Historia, periodismo, antropología, utopías y fracasos, curiosidades, referencias histórico literarias, etc en un texto al que creo que solo se le puede achacar haber cargado demasiado la mirada en el exterior (al menos a mi me hubiese gustado un poco más mirarse hacia adentro) pero que resulta una verdadera delicia para cualquier amante de los viajes y de la literatura, sea o no de viajes. Y si, además, son un poco mitómanos, miel sobre hojuelas.
P.S.: Días después de escribir la reseña, me viene a la cabeza un verso de la canción Pasear del valenciano Julio Bustamante que dice: "Pasear, escribir, pensar, tal vez beber, ¿qué son sino maneras de rezar?". Algo de eso hay en este libro, no sé si me explico.
miércoles, 10 de enero de 2024
Julian Sancton: Un manicomio en el fin del mundo. La odisea del Bélgica en la Antártida
Título original: Madhouse at the end of the Earth: The Belgica's journey into the dark antártica night
Traducción: David Muñoz Mateos
Año de publicación: 2021
Valoración: Está muy bien
Seguro que muchos de vosotros habéis oído hablar de la expedición del Endurance, aquella liderada por Ernest Shackleton y que entre 1914 y 1916 vivió una de las mayores odiseas de la historia de la exploración polar. Ahora, ¿sabíais que, allá por 1897-1899, una expedición "liderada" por el belga Adrien de Gerlache vivió una situación muy similar (aunque con un antes y un durante algo diferente al de los británicos)?
Por si acaso, os cuento que la del Belgica fue una expedición internacional y multidisciplinar que allá por los últimos años del siglo XIX viajó a la Antártida, mitad con afán científico/ investigador y mitad por entrar en la Historia (con mayúsculas). El caso es que, por unas cosas o por otras, los chavales se quedaron atrapados en el mar de Bellingshausen (como Shackleton en el mar de Weddell, vaya) y realizaron la primera invernada antártica de historia. Total, que la cosa empezó a degenerar, a nivel físico y mental y... como decía Mayra Gómez Kemp en el Un, dos, tres (¡hostia, qué putoviejo soy!), hasta aquí puedo leer.
Sea como fuere, estéis entre los "listillos" o los "ignorantes", este libro se Julian Sancton es absolutamente recomendable tanto por tratarse de uno de los escasísimos textos en castellano sobre la expedición del Bélgica como por la propia calidad del mismo.
Y es que son varios los motivos que hacen que haya disfrutado como un gorrino en un lodazal (o unas focas de Weddell en el mar de Weddell (siempre que no sean atacadas por una ballena)) leyendo este libro. Así:
- Se lee como una novela de aventuras. La historia hace que esto sea posible, pero también la estructura elegida por el autor contribuye a esta lectura. La referencia a un Julio Verne mezclado con Edgar Allan Poe es inevitable.
- La diversidad de las fuentes, que permite una aproximación a la historia desde diferentes ángulos.
- El aspecto psicológico del texto, que no siempre aparece de forma explícita en otras historias polares.
- La importancia del aspecto científico de la expedición. Es obvio que queda eclipsado por la parte más "aventurera" pero tuvo (y tiene) su importancia y como tal aparece reflejado en el texto.
- Los tres personajes principales, que son bien descritos a lo largo del libro: el melifluo De Gerlache, el decidido Amundsen y el polifacético (y algo trolero) Cook.
- Su carácter más o menos introductorio a la historia de la exploración polar, al ofrecer la "prehistoria" y pequeñas biografías de dos personajes claves como Cook y Amundsen.
P.S.: ¡Que alguien publique el testimonio de Adrien de Gerlache sobre la expedición, por favor!
Otros libros sobre expediciones polares reseñados en ULAD: De la Groenlandia al Pacífico (Rasmussen), La batalla por el Polo Norte (Cook & Peary), Diario del Polo Sur (Scott), Al Polo Norte en avión (Amundsen), Pyramiden, Héroes de la Antártida, El Ártico desde la ventana de un Zeppelin, Solo (Byrd), Atrapados en el hielo (Shackleton), Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo (James Cook) y El Terror (que novela la trágica expedición de Franklin al Ártico)
miércoles, 27 de diciembre de 2023
Ignacio Jáuregui: Rituales. Un viaje por el hilo que nos une: de Jerusalén a Benarés
Año de publicación: 2023
Valoración: Bastante recomendable
Ya en el prólogo del texto el autor nos avisa: este no es un texto de carácter antropológico ni un ensayo sobre religión. Se trata, simple y llanamente (aunque de simple tenga más bien poco), de un cuaderno de viaje, de una observación atenta e indisciplinada que tiene como centro, en su más amplio sentido, los rituales, entendiendo estos como maneras de hacer codificadas, con un componente impráctico, que perduran en el tiempo transmitidas a través de generaciones y que sirven, en último término, como vínculos de pertenencia.
Así, este Rituales de Ignacio Jáuregui se aleja del tratado erudito con profusión de datos y fechas y pone el foco en las pequeñas cosas, en chispazos de belleza efímera, en episodios abarcables que favorecen la obtención de una impresión general.
Dividido en tres partes (Entre creyentes, Presencias y Ceremonias), el texto desmenuza usos y costumbres que hablan del paso del tiempo a la vez que de la innegable capacidad adaptativa del ser humano, de vivencias que hemos de situar por encima de la creencia, de procedimientos que tendemos a vilipendiar (y yo el primero, ojo) pero que nos definen y nos otorgan asideros más o menos inestables.
Y aunque no sea intención del autor que la Historia o la Religión sean centrales en el texto, es inevitable que ambos se cuelen por la gran mayoría de ellos y nos lleven a reflexionar sobre intolerancias e influencias, sobre tradiciones trasplantadas, sobre ritos y negocio, sobre lo absurdo de nuestro eurocentrismo muchas veces simplificador.
Más allá de lo anterior, de esa vertiente que seguro disfrutan los amantes de la Historia, el texto destaca por otros motivos:
- su evidente voluntad de estilo, especialmente lograda en metáforas e imágenes.
- su potencia visual y sensorial. Esta claro que el material trae esa potencia "de serie" (la India, Irán, Jerusalén, Etiopia, etc), pero luego hay que ponerla negro sobre blanco.
- su mirada / enfoque. Por una parte, el viajero se echa a un lado y actúa más de "medium" entre escenario y lector; por otro, se muestra profundamente respetuoso con aquello que ve, lo que no impide que la aparente objetividad de las descripciones añada sutiles toques de ironía y humor.
- su amor por el detalle, por las pequeñas cosas de la vida (una joven ante un altar dorado en una iglesia ortodoxa, unos niños que se remojan en la plaza de Isfahan, el vestido verde de una de las amigas de una novia etíope, etc), por esos rasgos de humanidad compartida más allá del espacio y el tiempo
domingo, 3 de diciembre de 2023
Knud Rasmussen: De la Groenlandia al Pacífico
jueves, 24 de agosto de 2023
Cook y Peary: La batalla por el Polo Norte. La controversia y el fraude, 1908-1909
Traducción: L. Gándara?
Valoración: Entre está bien y recomendable
jueves, 10 de agosto de 2023
Re-reseña: Arenas de Arabia, de Wilfred Thesiger
Año de publicación: 1959
Traducción: Gracia Rodríguez
Valoración: Está muy bien
Arenas de Arabia es uno de esos libros de viajes que deberían formar parte del canon, tanto por su propio enfoque y contenido como por lo que supone de ruptura con los clásicos del género de décadas precedentes.
Porque si bien el contexto son los vaivenes que Wilfred Thesiger dio por los territorios al Sur de la Península Arábiga (el Territorio Vacío, Omán, Yemen o Emiratos Árabes) entre 1945 y 1950, el meollo del texto no es el viaje en sí o la propia experiencia personal del viajero sino que el centro de sitúa en un mundo en descomposición y en los beduinos del desierto, seres que viven en condiciones extremas y que suponen para el viajero y el lector todo un descubrimiento.
La descomposición de la que hablo es eminentemente cultural, claro, pero tiene sus raíces en lo económico. Y es que el descubrimiento de las ingentes reservas de petróleo supone una modificación radical de formas de vida tradicionales y marcadas por valores alejados de nuestros estándares actuales, así como del paisaje urbano de la región (sirva el ejemplo de Dubái, que 80 años antes de convertirse en una ultramoderna urbe refugio de reyes prófugos era apenas un pueblo de 2000 habitantes). Así, en el texto de Thesiger podemos leer acerca de la organización social, económica, familiar, cultural, etc de las tribus del desierto, y diría que este es el aspecto más interesante del libro.
También es digno de mención el retrato humano de los acompañantes de Thesiger. Creo que los libros de viajes suelen pecar de excesivo "eurocentrismo" y, en este caso, Thesiger pone el foco en sus acompañantes y en su entorno sociocultural.
Además de lo anterior, en Arenas de Arabia hay antropología, geografía, botánica, meteorología, arquitectura, historia árabe y europea, zoología, geología, etc. Un completísimo recorrido por un paisaje aparentemente uniforme y desolado que esconde secretos, sorpresas y tesoros.
Por supuesto que hay espacio para aspectos organizativos o logísticos y para sensaciones y emociones personales del autor en el texto (faltaría más!!). El hambre, la sed, el miedo, etc son parte importante del viaje, pero no son lo fundamental del libro porque fui hasta allí para hallar paz en las dificultades del viaje por el desierto y la compañía de sus gentes.
Todo lo anterior, ademas, con un lenguaje eminentemente sencillo y adecuado al carácter fundamentalmente descriptivo del texto, lo que no excluye cierta poesía en la observación de los fenómenos naturales. Por ejemplo, a veces paraba la lluvia y yo me asomaba y veía, recortadas contra la noche, al casi continuo resplandor de los rayos, las oscuras formas donde los otros yacían bajo sus cobertores como túmulos sepulcrales en una húmeda orilla.
Para terminar, un aspecto que hace que la valoración del libro no sea un imprescindible: cierta dificultad a la hora de seguir los conflictos entre las diferentes tribus y algo de confusión en la descripción de las mismas. Creo que ahí a Thesiger le falta cierta claridad expositiva.
Pese a esto, ya digo que Arenas de Arabia merece un lugar de honor dentro de la literatura de viajes. Ahora, ¿os animáis a cruzar el desierto?
La reseña original AQUÍ
sábado, 15 de julio de 2023
Manuel Astur: La aurora cuando surge
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien
Por una vez empezaré por esa parte que a tantos lectores (nos) incordia: la faja promocional. Tras un esperable halago al autor, dice Santos Sanz Villanueva (El cultural) que ‘si el riesgo literario fuera un mérito principal de los escritores, tendría [Astur] asegurado un puesto en el podium’. Sensu contrario viene a decir que el riesgo literario, claro está, no es un mérito principal de los escritores. ¿Cuáles son esos méritos principales entonces? ¿Entretener? ¿Agradar al lector? ¿Estimularle a base de recetas como las que hace muy poco nos ofrecía Palahniuk? Pues ya lo siento, don Santos, pero para este oscuro lector y reseñista el riesgo literario es, por supuesto, un mérito fundamental para valorar un libro. Un riesgo, claro está, con sentido, con proporción, que busca algo, y que se la juega a que mucha gente lo rechace simplemente por no encontrarse con lo que esperaba, con lo que es cómodo y conocido. Así que, señor Sanz, me temo que si volvemos a encontrarnos no vamos a coincidir en la mayoría de nuestras opiniones.
Pero es que además, aparte de que sospecho una doble lectura a eso que en principio parece un elogio, tampoco entiendo esa alusión al riesgo refiriéndose al libro de Manuel Astur, al que no encuentro por ninguna parte nada que se parezca a riesgo literario. La aurora cuando surge cuenta un viaje por Italia que el autor realiza un año después de la muerte de su padre. Es un viaje más o menos largo, de norte a sur, empezando por la Toscana y Génova, pasando por Pisa, Siena, Roma o Nápoles para terminar, creo, en Sicilia. Pero visitando también, y deteniéndose con cierto deleite, en pequeñas poblaciones menos conocidas, algunas ajenas al turismo. Astur es ecuánime, y dedica un tiempo semejante a los grandes monumentos y a aquellos pequeños pueblos donde parece encontrar un alma escondida de lo italiano, no necesariamente más auténtica, simplemente una especie de cara interior más difícil de detectar.
A lo largo del trayecto hay tiempo para todo, desde tomarse tranquilamente una cerveza o un spritz en una terraza hasta admirar un monumento, observar a los ancianos en una taberna o contemplar los distintos tonos del mar según las latitudes, abrir un espacio a la lectura o a la composición (Astur introduce unas cuantas poesías escritas sobre la marcha), recordar a grandes creadores que eligieron aquellas tierras para vivir o para morir, y naturalmente, dedicar reflexiones a su padre difunto, con la distancia que ponen los meses transcurridos y la herida todavía reciente pero en proceso de cicatrizar.
El tono es pausado, amable, a veces con algún tinte irónico, pero siempre templado. A Astur no le gustan las masas de turistas, pero no les insulta (como Barceló), ni saca conclusiones filosófico-políticas (como Escohotado) de las artimañas para sacar dinero a los extranjeros. Hay una atmósfera de observación relajada y generalmente abierta a la belleza que recuerda más bien a Josep Pla. Pero por encima de todo predomina una prosa poética muy marcada, encontrando a cada paso la metáfora, la imagen, el tropo, el aforismo, figuras que sin llegar a recargar demasiado el texto, le otorgan una esencia claramente lírica. Esto no es en absoluto riesgo literario, es simplemente un estilo particular del autor, que habrá a quien entusiasme y a quien suene a demasiado almibarado. Obviamente me encuentro entre estos últimos, me gusta bastante poco ese empeño en buscar la frase redonda, la imagen poética de cada cuerpo y cada sombra.
No deja de ser cierto que, con tal despliegue de recursos, alguna que otra vez da en el clavo, como cuando afirma que ‘la mayoría de los versos solo son verdaderos para el que los vivió –y, si son buenos, consiguen serlo también para el lector.’ Una reflexión que tiene algo de escalofriante para quien, como casi todo el mundo en algún momento, se haya arriesgado a escribir algo, sea poesía o prosa. Pero en general, ya digo, salvo que a uno le entusiasme mucho esta forma de expresarse, creo que Astur es mucho más interesante cuando se olvida un poco de los florilegios y se sitúa más a ras de suelo. Pongamos como ejemplos un pequeño pasaje sobre la estancia de Lord Byron en Génova, un párrafo dedicado a escudriñar en los sonidos de la naturaleza, o breves historias sobre ascensiones al Vesubio o al Etna. Se sale el autor de su propio carril y en mi opinión luce mucho más, aunque habrá quien guste más del tono general del libro, y en ese caso disfrutará desde luego mucho más que yo.
P.D: Es inevitable terminar sin meter una pequeña aguja. Muy pequeña, solo una palabra, pero que me ha sonado tan mal que no lo puedo pasar por alto. Creo que era refiriéndose a Taormina, cita Astur a varios artistas que se trasladaron allá a vivir. Entre ellos, el ‘fotógrafo homosexual Wilhelm von Gloeden’, que no tengo ni idea quién era, pero la pregunta es: ¿ser fotógrafo homosexual es una profesión algo diferente de ser fotógrafo a secas? Seguro que es un simple desliz, pero convendría cuidar un poco más los detalles, porque no hace falta lupa para detectar cosas así de feas.
domingo, 4 de junio de 2023
Antonio Escohotado: Sesenta semanas en el trópico
Año de publicación: 2003
Valoración: Muy recomendable
Me atrevería a decir que con Antonio Escohotado ocurre, como con algunos otros autores, que la perspectiva que tenemos a nivel digamos popular viene algo sesgada por determinadas circunstancias. En su caso, la amplia difusión y consiguiente polémica de la colosal Historia general de las drogas, junto con los más o menos conocidos problemas que le acarreó el uso de estupefacientes y la defensa pública de su legalización, han podido oscurecer la trayectoria mucho más amplia y variada de su autor. Escohotado, de formación filosófica y jurídica, era un señor con un bagaje cultural espectacular, insaciable lector siempre ansioso por indagar y profundizar en diversas áreas del conocimiento, además de experimentar por sí mismo, sin intermediarios. En alguna parte del libro habla de esos tratados en los que el noventa por ciento son reciclaje de lo que otros han dicho, y su posición parece ser exactamente la contraria.
Sesenta semanas en el trópico parte de una de esas experiencias, un año sabático que se toma con cerca de sesenta años, al parecer muy condicionado por una separación dolorosa y con cierta percepción de entrada en una etapa de la vida desde la que se vislumbra un final. Poniendo tierra de por medio, Escohotado escapa al sudeste asiático para una larga temporada. Es pues, al menos para empezar, un libro de viajes con un parentesco relativo con el fantástico Un bárbaro en Asia de Henri Michaux, del que a veces toma cierta inspiración y demuestra conocer bien.
En lo que tiene de viaje, el relato se centra en Tailandia, que es su base de operaciones, a partir de su estancia en Koh Samui y alrededores. De ahí Escohotado hace varias incursiones en países vecinos, Vietnam, Myanmar y Singapur, y naturalmente nos deja imágenes y comentarios sobre sus gentes, las playas, algunos retazos muy interesantes de su historia, los célebres masajes y los no menos famosos mosquitos, la alimentación o la prostitución. Más aún que el artista belga, Escohotado es un viajero experimentado, que se sorprende poco, asimila y digiere lo que encuentra, y elabora conclusiones. Conclusiones y reflexiones son en efecto la parte sustancial del libro, más allá de la simple narración de lo que acontece, que dicho sea de paso, tampoco es demasiado.
Las situaciones o anécdotas que obviamente desfilan por el libro vienen a ser puntos de partida para obtener una imagen del entorno: la influencia de la religión y tal vez del clima, una historia política compleja y dominada por dictadores, reyes iluminados por la divinidad y terribles conflictos, el teórico enganche con la modernidad y cierta disposición psicológica a la pasividad y la marrullería perfilan un entorno que al autor no parece seducirle del todo, al margen de lo atractivo de determinados parajes. Quizá el ejemplo más plástico de ese sistema es un complicado peregrinaje desde su refugio playero a Bangkok para reparar un ordenador, un hilarante episodio de lo que el occidental se puede encontrar cuando se sumerge en las dobleces del entramado social. La opinión de Escohotado está claramente escorada hacia el modelo liberal-occidental basado en un comercio eficiente y gobernado por la certeza, con la iniciativa y la laboriosidad por bandera, al menos teórica, frente a la cultura de la pasividad, el regateo y la sonrisa embaucadora, cuya víctima es sobre todo, claro está, el incauto turista. Por eso, de esa perspectiva mayoritaria solo escapa Singapur, una llamativa mezcla de productividad china y capitalismo brutal.
El punto de vista es ciertamente diferente del sociológico (y más comprensivo) de Kapuscinski o, como decía antes, del más radical (para bien y para mal) del sorprendido Michaux, y se aproxima en algunos momentos al que exhibía Houellebecq en Plataforma, si no recuerdo mal (y que me perdone Koldo), privado de aquel cinismo pero igualmente distante al valorar ciertas realidades, pongamos por caso la prostitución. Pero que no parezca que todo son refunfuños de occidental agraviado por un entorno ávido de sacarle los cuartos. Las reflexiones vuelan mucho más lejos y se adentran en materia filosófica, en buena parte de la mano de Hume, terreno donde es indudable que Escohotado se mueve con soltura, sondeando también en torno a la botánica, la política, economía, psicología o historia.
El autor, que llega al Sudeste para elaborar un trabajo sobre la pobreza en esas latitudes tropicales, concluye que la cultura, la educación, y por derivación la higiene, pueden ser las claves de un desarrollo que solo ha adoptado de occidente su mecanismo más material y operativo. Hay mil meandros por los que cabría extenderse, pero por ir terminando, diremos que, abriéndose paso entre una prosa de frases breves y contundentes, encontramos pensamientos de la sutileza de este:
'Aquello que Epicuro llamaba hedoné y Lucrecio voluptas, es inseparable de una voluntad elegante que disfruta la existencia sin sabotajes sublimes ni pedestres, tratando con arte los límites de cada situación. Mucho más que distinguirse por patrimonio material, fuerza física o salud, los humanos se gradúan por la medida en que disfrutan de cosas grandes y pequeñas con virtud e inocencia'.
Defensa casi emocionante de cierto disfrute de la vida y sus placeres ejerciendo siempre uno mismo el dominio y siendo capaz de gozar en la plena consciencia de lo elegido y limitado. Como todo el texto está impregnado de subjetividad, en este punto parece dejar también una alusión oblicua en relación con las drogas, asunto que también tendrá su lugar en el libro (a modo de epílogo, se cuenta una posterior y muy curiosa experiencia con la ayahuasca en la Amazonía brasileña).
Pero no solo en este aspecto despunta a ratos el carácter personal de la narración: aquella compleja situación familiar de la que arranca la aventura asoma de tanto en tanto, dejando claro que Escohotado, lejos de ocultarla, siente la necesidad de dejarla al aire, quizá para que cicatrice, quizá como una forma de disculpa. Es incluso el tema que tiene el honor de ocupar también las últimas líneas, cargadas de una emotividad inesperada, y que confirman que, sin dejar de ser un libro de viajes, es también un amplio ejercicio de reflexión, y tal vez también de expurgación.
También de Antonio Escohotado en ULAD: Rameras y esposas
miércoles, 12 de abril de 2023
2x1: Una raza que desaparece. Los indios tehuelches de la Patagonia de Ramón Lista y Mujeres en tierra de hombres. Historia de las primeras colonizadoras de la Patagonia de Virginia Haurie
Valoración: Está bien
- Porque cambia el punto de vista "tradicional". Buena parte de la Historia e historias de la Patagonia ha sido contada por escritores y viajeros, casi siempre en masculino, no argentinos o chilenos (ya no hablo de patagónicos). Por suerte, este libro nos narra los acontecimientos desde otra óptica y poniendo en foco en protagonistas olvidadas, ya vivieran en el siglo XVII, XIX o XX, que vienen a ser, en la mayoría de los casos, paradigmas universales del rol que cumplieron (y cumplen) las mujeres, del lugar que les dio (y da) la Historia y del aporte de lo femenino a la cultura.
- Porque se encuentran constantes referencias a los pueblos indígenas (tehuelches, selknam, yagán, etc), asimilados y masacrados en apenas unas décadas.
- Porque se vuelve a demostrar que, pese al paso del tiempo, los humanos no hemos cambiado tanto. Decía con anterioridad que en el libro encontramos una mezcla de pasado y presente. Pues bien, en ella observamos que las motivaciones que llevaron a unos y a otros a tierras australes no han variado tanto en estos 2 siglos y medio.
- Porque hay una cierta desmitificación del papel del "pionero". No todo son seres puros plagados de bellos ideales. Hay aventureros, asesinos, misioneros, corsarios, explotadores de toda condición y seres en busca, simplemente, de una vida mejor.
- Porque hay historias verdaderamente magníficas, como la de las mujeres galesas de Chubut, la de Macagua, experta en canibalismo, ritos macabros y asesinato de turcos, la de Sonia, que salvó del remate la biblioteca de Esquel, la de Carmen Funes, miembro de la tropa que acompañó al General Roca en la campaña que aplastó a los indígenas en 1879, la de las diversas "reinas patagónicas", la de Gertrudis y su trágico destino como esposa del primer Comandante Político y Militar de Malvinas en tiempos de la invasión británica de 1833, etc.
- Porque la autora se esfuerza en variar los registros con los que se presentan las diferentes historias. Se combinan primera y tercera persona en las narraciones, entrevistas, cartas, etc. con el fin de "huir de la monotonía".
jueves, 22 de diciembre de 2022
Reseña + Entrevista: Diario del Polo Sur de Robert Falcon Scott
Valoración: Imprescindible para interesados (y muy recomendable para el resto del mundo)
Aclaración previa: Los diarios incluidos en este volumen hacen referencia a la etapa final de la expedición; concretamente, desde el 1 de noviembre de 1911 hasta el 29 de marzo de 1912. No se incluyen, por tanto, anotaciones sobre el viaje a Nueva Zelanda y desde aquí a la Antártida, la aclimatación previa, etc.
Es espantoso; no puedo escribir más
Estas seis palabras constituyen la penúltima frase que el capitán Robert Falcon Scott consignó en sus diarios y expresan, en toda su crudeza y sencillez, los terribles sufrimientos por los que hubieron de atravesar los miembros de la expedición del Terra Nova. Pero esta frase no es más que el final de un continuo crescendo que, pese a (o precisamente por) la ausencia de voluntad literaria y a la falta de revisión / corrección del texto, transmite de forma vívida la angustia, experiencias, miedo, esperanza y temor del grupo de Scott.
Uno siente que acompaña a Scott, Bowers, Evans, Oates y Wilson, sufre por ellos, por los ponis y por los perros, maldice la nieve semiderretida, abomina de la monotonía del paisaje, odia con todas sus fuerzas los sastrugi, lamenta el "fracaso" (¿fue realmente un fracaso?) de haber llegado semanas después que Amundsen y los suyos al Polo, etc. Y todo esto pese a la brevedad y frialdad aparente de las entradas iniciales, dominadas por los datos sobre temperatura, distancia recorrida, dirección de viento o estado del hielo; frialdad que se mantiene en días posteriores en los que paulatinamente el texto se ensombrece en entradas en las que a los citados datos se añaden confesiones y estados de ánimo hasta llegar a las terroríficas jornadas finales.
Quizá son estas entradas finales del diario las más destacables. Los aspectos técnicos de la marcha apenas son un breve apunte y Scott mira más a su interior y a los padecimientos de sus compañeros. Son páginas en las que la muerte es una presencia nítida, lo que las concede, al mismo tiempo, una crudeza aterradora y una humanidad impresionante.
Además de lo anterior, los diarios del capitán Scott son una crónica de los errores cometidos (la elección de los ponis, la infrautilización de los perros, la opción de la travesía del gigantesco glaciar Beardmore, la insuficiencia de las raciones alimenticias y, sobre todo, la no decisión de dar marcha atrás cuando los presagios no eran para nada favorables) y muestran, a su vez, una curiosa falta de autocrítica (lo que no niega la malísima suerte que tuvieron, ojo).
En fin, quizá la historia ha hecho que Scott quede en un segundo plano con respecto a Amundsen o Shackleton por aquello de que ni llegó el primero al Polo Sur ni consiguió devolver sanos y salvos a los restantes miembros de la expedición (spoiler: el también murió). Creo que poco importa a estas alturas, pero no está de más reconocer el valor de una hazaña colosal (no culminada por bien poco) y de unos diarios que se sitúan entre lo mejor de la literatura de viajes de todos los tiempos. Ahí queda eso.
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Dicho esto, y debido a la imposibilidad de entrevistar al bueno del Capitán Scott, charlamos con Teresa y Ángel (muchas gracias a ambos), editores de este magnífico libro y responsables de la editorial Interfolio. Estas son nuestras preguntas y las jugosas respuestas:
ULAD: Vinculado a los clásicos, ¿cómo funciona el tema de los derechos de estos textos? ¿Con quién os tenéis que pelear para conseguirlos?
ULAD: Por último, vuestro catálogo está disponible únicamente en papel. ¿Tenéis idea de que esté disponible en formato ebook? (que conste que yo también soy de la vieja escuela del papel, aun a costa de tener libros por todas partes)