martes, 27 de noviembre de 2012

Michel Houellebecq: Plataforma

Título original: Plateforme
Idioma original: francés
Año de publicación: 2002
Valoración: imprescindible

Hace unos días que leí un libro cuyo argumento me recordó poderosamente a éste: nada de plagio, simplemente esa especie de mecanismo de la memoria, que se instala con fuerza, por el que no puedes dejar de establecer comparaciones. Hasta el punto de, años más tarde de mi primera experiencia, hacerme decidir a releer esta maravilla.
Aunque Houellebecq, desde entonces, sólo ha entregado dos novelas más (y sendas recopilaciones de ensayo y poesía), este libro aún se mantiene fresco y vital, y lo considero su obra cumbre. Bueno, obra cumbre entre otras de enorme altura. Lo que me hubiera gustado tener el pretexto de una reseña para darme otro festín como el de la primera vez que leí El mapa y el territorio.

Plataforma es otra de esas novelas de Houellebecq donde, desde la angustia existencial, la middle age crisis, y todos sus fantasmas particulares, su autor atiza a diestro y siniestro. Sin contemplaciones, sin cálculo de riesgos mercantiles o incluso físicos (afirmaciones de este libro le llevaron a ser señalado por el islamismo radical), en los libros de Houellebecq recibe todo el mundo. Anda que se corta este hombre. Las descripciones de encuentros sexuales, las experiencias más truculentas, las sensaciones de asco y desazón, a pelo y sin precauciones, descritas procazmente, con una frescura y una convicción abrumadoras.

A Houellebecq le importa un pepino el escándalo que produzcan sus afirmaciones directas, o las que pone en boca de sus personajes. Es rabiosamente moderno, es rabiosamente ambicioso y escribe con la chulería del que sabe que sus seguidores irredentos no es que le rían, es que le idolatran las gracias. Sé que hay gente que no traga su imagen de enfant terrible. Sé que hay gente que considera que esa postura áspera y nihilista es una opción muy fácil de tomar. Más hoy en día. ¿Lo era hace más de quince años, o hace solamente diez, cuando publicó esta novela?. No; entonces el mundo occidental vivía montado en esa alfombra mágica que en este libro se critica, el ocio y el consumo desaforado como instrumentos para combatir el aburrimiento y el desencanto, como únicos estímulos para sacar el pie de la cama. La vuelta de tuerca, a cualquier precio, para obtener algo mejor que la última vez; sea un coche, sea una casa, sea una experiencia sexual extrema, sea una cena carísima en un restaurante en el otro extremo del planeta.

He aquí el Houellebecq novelista, y, como el ensayista o el poeta, mucho más filósofo y sociólogo de lo que a muchos les gusta o les resulta confortable. Lo que en sus libros parecen recriminaciones auto-inflingidas no son más que, en el fondo, reconocimientos conscientes de culpabilidad. Houellebecq nos dice que él también es uno de esos tipos, que qué hay de malo convertir esa condición en la centralidad de su obra, en el leit-motiv de su carrera, en el core business de su negocio como escritor.
Y, sabéis, se le perdona, mientras escriba libros como éste, donde las páginas vuelan, en el que uno, que no es tan raro ni tan retorcido ni tan me against the world, se ve a sí mismo, en medio de su lectura, moviendo la cabeza en sentido afirmativo, rebuscando dónde anotar alguna frase (frases de esas lapidarias, sí, tramposas, sí, demagógicas, sí, de las que produce a un ritmo frenético) a la vez que siguiendo una trama a la que una relectura, aunque se conozca su desenlace, no aleja un milímetro de su enorme disfrute (más bien lo contrario, te hace sentir bien, en casa), al reencontrarte sus planteamientos, sus agrias y retorcidas experiencias y la portentosa manera en que las describe. Mientras haga todo eso y lo haga tan bien, cedo el privilegio de criticar sus apariciones, sus desapariciones, sus caprichos, o su peinado, a cualquier otro que quiera hacerlo.

Dicho ésto, esta novela trata de un hombre de unos 40 años, funcionario público asqueado de su existencia que, tras el asesinato de su padre, se toma un descanso, recupera algo su maltrecha ilusión por la vida,  y se empareja con una joven ejecutiva a la que conoce en un viaje, y con la que vive una gratificante relación física y sentimental (descrita con todo tipo de detalles), influyéndola finalmente para poner en marcha un tipo de viajes directamente orientados al turismo sexual. Lo hacen inspirados en su viaje a Tailandia, pero proyectan expandir esa idea a todo el globo.
En medio de toda esa historia, Houellebecq nos explica cómo es el mundo de hoy (bueno, el de hace 10 años, no hay gran diferencia), y por qué, a su entender, está mal que sea así.

El lector decide.

También de Michel Houellebecq en Un libro al día: Las partículas elementalesEl mapa y el territorio

25 comentarios:

Cities: Moving dijo...

Aún recuerdo el estado de shock en que me quedé al terminar este libro. Plataforma es con diferencia mi novela preferida de Houellebecq y un clásico inmediato por derecho propio.

GirlnBlue dijo...

Qué reconfortante es encontrarte esta referencia en tu lista de blogs seguidos, cuando recientemente has conocido la existencia de este autor y precisamente, te has decidido a leerle (o al revés, más bien parecía que el libro no podía resistirse a ser leído por mí). Cómo reconforta, decía, leer reseñas que no tiran por el camino que parecen coger todas, que es el de la aparente actitud misógina y desdeñable del autor. Hace unos días me decía '¿A mí qué me importa de lo que se le acuse, si cuando estoy leyendo su libro se suceden carcajadas, ojiplatismos y reverencias? Pues eso, a mí que más me dará, cuando es por libros como este, que leo...'. Y es que he acabado el libro y aún no lo he devuelto, porque a veces se antoja como un manual. Porque no puede ser más crudo ni más real. Porque no puede ser más soberbio en sus ejecuciones. Porque te lo tragas todo, sin darte cuenta. Y encima lo dejas ahí, por si necesitas volver a por más. Me he pasado un poco, creo xD Pero muchas gracias por la reseña, me ha encantado. La comparto ;)

Francesc Bon dijo...

Gracias por el comentario!. Clásico inmediato, sí señor. Y una segunda lectura no ha hecho más que confirmármelo.

Francesc Bon dijo...

Todo lo contrario, GirlnBlue (bonito nick) nada de pasarse. Todo un lujo que una humilde pero entusiasta reseña se vea respaldada por comentarios tan entusiastas. Pues tengo la sensación de que Houellebecq toca ciertas fibras que otros son incapaces, o ya ni intentan.

Demóstenes dijo...

Es un muy buen libro, aunque a mí se me antojó un poco irregular en su desarrollo. Pero es una sensación que a menudo tengo con Houellebecq.

Anónimo dijo...

¿Middle age crisis? ¿En serio? ¿Qué sigue? ¿Os da un infarto si escribís «crisis de la mediana edad», o crisis de envejecimiento? ¡Por Dios!

Francesc Bon dijo...

Sorry ! My fault!!

Perdón... aunque no deberían sorprender ciertos extranjerismos en este mundo de hoy en día... "crisis de envejecimiento"? No sé no sé.

¿Y por qué no dices nada de lo de enfant terrible?. En todo caso, gracias por el comentario, vigilaré esos excesos.

Anidiego dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anidiego dijo...

Me toco leer este libro sin saber ni quien era el autor o esta novela. Me quede realmente sorprendido. Personajes crudos con la realidad y sus pensamientos. Fatalista el autor a mi parecer, pero no va mal por donde tira. Un mundo de hipocresía.

Francesc Bon dijo...

Gracias por el comentario. Plataforma es una de mis novelas de cabecera.

Anónimo dijo...

Precioso libro! Me hizo pensar en esa gran actriz que es Jessica Lange (la mas sexual de todas las actrices).

Francesc Bon dijo...

Gracias por el comentario!. Pues para nada me importaría leerlo una tercera vez, pero espero tener noticias de Houellebecq pronto!

Nelson dijo...

Buen libro aunque prefiero otros del mismo autor. Se nota demasiado las costuras y el final de Valerie era bastante predecible. Me dio la impresión que Michel lo escribió a las apuradas y no se dio el tiempo necesario a corregirlo exhaustivamente. Todo esto sin desmerecer la novela porque sin duda vale la pena leerla.

Francesc Bon dijo...

Pues Nelson, te he de decir que no me importa que a Houellebecq se le noten las costuras, pues no veo sus novelas desde la óptica clásica de desarrollo de novela. Sí que puede ser algo previsible que el cúmulo de felicidad explote, pero en Houellebecq no lo considero un defecto para nada. Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Redactor, ¿cual fue el libro que, segun decis en tu reseña, te hizo recordar a "Plataforma"? :)

Francesc Bon dijo...

Ay dios! no me acuerdo... hice ese comentario a cuenta de alguno, lo recuerdo, pero no sé cual. Van a tener razón los que dicen que leo demasiado.
Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Jajaja! No hay problema. En caso de recordarlo, por favor, hacer el favor de mencionarlo por aquí. SALUDOS.

Anónimo dijo...

Jajaja! No hay problema. En caso de recordarlo, por favor, hacer el favor de mencionarlo por aquí. SALUDOS.

Iván dijo...

Un gran libro. Pero me sigo quedando con Las Partículas Elementales.

Francesc Bon dijo...

Gracias Iván: la única novela de Houllebecq que me despierta cierto escepticismo es La posibilidad de una isla

El lector Invisible dijo...

Un lubro 100% recomendable. Me ha encantado su lectura.

Un saludo

Aquí dejo mi reseña, gracias.
http://ellectorinvisible.blogspot.com.es/2015/08/plataforma-michel-houellebecq-2001.html

Francesc Bon dijo...

Gracias, Lector no-tan-invisible. Sigue siendo mi Houellebecq favorito, lo cual, teniendo en cuenta el extraordinario nivel del escritor francés, lo convierte en una de mis diez o veinte novelas favoritas. Todo el mundo debería leerla.

paola dijo...

Plataforma es uno de mis libros favoritos. Me caló hondo.
Podrías recomendarme alguna otra novela del estilo? He leído casi todas de Houellebecq.

Gracias!
paola

Francesc Bon dijo...

Ay Paola, si yo supiera de un libro que pudiera gustarme como mes gustó Plataforma. Es cuestión de disfrutar lo que se pueda de la búsqueda. Si que hay dos escritores franceses a los que se tiende a relacionar con Houellebecq: Fredèric Beigbeder (que no me gustó nada) y Virginie Despentes (que tengo que probar).
Saludos y gracias por el comentario.

Koldo CF dijo...

Despentes no tengo ni idea, pero Beigbeder es a Houellebecq lo que Modiano a Proust, por poner un ejemplo.

Houellebecq es único