viernes, 9 de noviembre de 2012

Imre Kertész : Liquidación

Título original: Felszámolás
Idioma original: Húngaro
Año de publicación: 2003
Valoración: Está bien

Efectos colaterales del último Nobel: interesarme por algunos de los autores que se han hecho con el galardón en los últimos años, sobre todo cuando ya ha pasado un tiempo y todo el revuelo ha remitido. Lo hice con Coetzee y pienso hacerlo algún día con Toni Morrison, por lo que a Mo Yan le esperan unos añitos; manías que tiene uno, de ir contracorriente. Porque cuando uno repara en la frecuencia con que se ha ido a premiar oscuros escritores de países cuya tradición literaria rara vez ha accedido a los dos mercados de mayor referencia aquí (el anglosajón y el hispánico), uno acaba pensando si no se está intentando, por una parte, impartir justicia con las lenguas y literaturas más minoritarias y por otra apelar a una especie de esnobismo global para despistar lo más posible, y de paso para hacerse algo los exquisitos. Lo sé, un juicio algo a la ligera.

Liquidación fue la primera novela que Imre Kertész, escritor húngaro que fue galardonado en el 2002, publicó una vez premiado; no he leído más de él, así que no puedo pronunciarme sobre si esa condición afectó de alguna manera la calidad de su obra; sí he visto las reseñas anteriores publicadas de sus novelas en ULAD, Dossier KSin destino y Diario de la galera, y veo que todas sus respectivas valoraciones superan a la que yo le otorgo. No puedo llegar a una conclusión sobre este hecho sin leerlos, lógicamente, pero sería maliciosa, seguro. Del tipo de los autores que han obtenido importantes premios cuya repercusión altera la esencia de su obra.
Porque Liquidación me estaba gustando mucho. Dentro de su escasa ambición, la novela calaba en mí, en tres capas muy sutiles: la propia historia personal del hombre que recibe un curioso encargo de un amigo, escritor suicidado; el trasfondo del gobierno húngaro que se ha desmoronado como consecuencia de la caída del muro; y el siempre efectivo recurso dramático de la mención de los campos de concentración (pues el escritor suicidado resulta tener un número de prisionero tatuado en un emplazamiento donde sólo se lo ponían a los bebés). Y ocurre que mientras el tema del pasado comunista de Hungría está excelentemente perfilado, a través de menciones prácticamente casuales pero notables, evocando ligeramente el espíritu de películas sobre la Guerra Fría, como La vida de los otros, con eso, justo cuatro o cinco esbozos, sutiles referencias, y un par de escenas típicas de los agentes de la autoridad procurando controlar la disidencia, por el contrario, tanto la historia personal de los dos protagonistas, el escritor suicida y el amigo encomendado, como el asunto de Auschwitz (este último en unas muy confusas páginas donde el nombre del campo es mencionado hasta la saciedad, rozando peligrosamente la banalidad y cierto sentido del absurdo) no se resuelven. No llegamos a conclusión alguna sobre el juego de triángulos amorosos y traiciones entre el escritor y su círculo de amantes y amistades, ni tampoco sobre la incidencia que tiene su condición de ex-prisionero (y la condición de judía de una de las mujeres) en los hechos que se exponen. Así que, por mucho que una buena parte del libro me haya hecho disfrutar, incluso elucubrar si nos acercábamos a un efectista final, al uso de libros como El lector, de Schlink, la novela pierde fuelle, espectacularmente, al final, y traza un desenlace algo desleído que, por lo menos a mí, me ha dejado algo decepcionado.

También de Imre Kertész en Un libro al día : Dossier KSin destino y Diario de la galera

2 comentarios:

Guadalupe Cunyas Salas dijo...

quiero saber los nombres de los personajes de la obra

Francesc Bon dijo...

Pues Guadalupe, lo he tenido que mirar en la web, ya que devolví el libro a la Biblioteca nada más leerlo.
Bé: el escritor suicida.
Kesero: el editor
y
Judith: ex-esposa y lectora del libro.
Gracias por el comentario.