domingo, 11 de noviembre de 2012

Reseña interruptus: Contraluz de Thomas Pynchon

Idioma original: inglés
Título original: Against the day
Año de publicación: 2006
Valoración: decepcionante

Esta, queridos amigos ULADianos, es la reseña de un fracaso, pero no sé muy bien si de un fracaso mío o de Thomas Pynchon. El caso es que no he conseguido terminarme Contraluz. Empecé a leerla con mucho ánimo; luego la fui abandonando poco a poco para dedicarme a otras lecturas; y ahora mismo ya tengo que reconocer que me da una terrible pereza retomarla, y que es mejor reconocerlo: no voy a seguir leyendo. Que conste que considero a Thomas Pynchon un gran escritor, uno de esos eternos candidatos al Nobel con toda justicia atendiendo a su originalidad: V es una novela alucinógena que en cuanto a exigencia está al nivel de los libros más exigentes, pero que, precisamente por su ambición y su imaginación desbordada, me atrapó; La subasta del lote 49, más breve, pero igualmente psicodélico, es una lectura recomendable para enfrentarse a este autor; no he leído El arco iris de gravedad, que algunos consideran su obra maestra.

Describir una novela de Thomas Pynchon nunca es fácil; usando una analogía (que será imprecisa como todas las analogías) se podría decir que Pynchon hace con la novela lo que Schöenberg con la música sinfónica: la despoja de algunos de sus elementos más reconocibles (la armonía, la melodía; la trama, los personajes como seres complejos psicológicamente) y resulta por eso mismo desconcertante e incluso desasosegante. Más que con una estructura narrativa, Pynchon juega con temas y resonancias que se repiten aquí y allá, y con distintos niveles de realidad que se entrecruzan en el texto. A todo esto se añade una ironía y un humor juguetón (los nombres de los personajes son a menudo notoriamente ridículos) y muchas veces paródico (en el original inglés, por lo que se lee, se incluye una alternancia de estilos literarios que me temo que se pierde, o se atenua, en la traducción española).

En Contraluz algunos de estos temas son la duplicidad (de identidades, de nombres, de situacione), simbolizada especialmente por el espato de Islandia, un misterioso mineral que permite refractar la luz y acceder a dimensiones paralelas; la relación entre luz y energía, con el inventor Nicola Tesla como invitado de honor; o el tema de la venganza, que domina la relación entre muchos de los individuos que pululan por la novela.

La construcción en forma episódica, saltando de una localización a otra (literatura cosmopolita, sin duda, la de Pynchon) hace difícil seguir a tantos personajes (más bien nombres, o "actantes", en el sentido de que hacen o les suceden cosas pero escasamente parecen portar una personalidad individual), de manera que la atención del lector debe centrarse en cada pasaje particular, renunciando casi por completo a intentar abarcar el conjunto. Así, uno puede seguir con interés las aventuras de "Los chicos del azar" o de los Traverse, para luego perderlos de vista durante muchas páginas, y volver a encontrarlos

El problema, diría yo, es que esta peculiar técnica de escritura solo funciona con una de dos condiciones: o que cada uno de los episodios sea verdaderamente seductor y mantenga la atención del lector (caso de V); o que la novela sea lo suficientemente corta como para terminarse antes de agotar al lector (caso de La subasta del lote 54). Contraluz no cumple ninguna de las dos condiciones (son más de 1000 páginas con páginas divertidas y otras que no llevan a ningún sitio especial), lo que conduce al fracaso. Lo que no sé es si al fracaso de Pynchon o al mío...

13 comentarios:

Paula dijo...

Ohhh... Qué sensación más poco agradable. Por muy genio y por muy Pynchon que seas supongo que no la vas a clavar siempre.

Tengo curiosidad por ver qué opina la gente que haya leído el libro, a ver si le pasó lo mismo. Igual así descubrimos si es "cosa tuya" o cosa de Pynchon, ¿no?

Francesc Bon dijo...

Pues a mí me parece una reseña de una gran honestidad: pues en el fondo te precipita al libro, si no a leerlo, a curiosear en él, a indagar si todos comulgamos con esa desorientación inducida. Mi única pega, Santi, es si otros muchos libros que no acabaste, supongo, en tu vida, no merecían tambien esa reseña-interruptus, si Pynchon merece un respeto por toda esa otra obra o esa presión crítica que lo aclama. Pues mira por dónde, servidor podría aportar cuatro semi-reseñas de DeLillo, como una especie de collage de despropósitos, y mira que casi me han dado ganas de hacerlo.

Paula dijo...

Yo soy la que suele proponer cosas poco "ortodoxas" según los cánones del blog, pero es que lo de las "semirreseñas" o "libros que no he conseguido acabar" no me parece mala idea. De vez en cuando, claro, que además suele ser más habitual acabar un libro que no acabarlo... (Al fin y al cabo, el blog es nuestro y podemos jugar con él cuanto queramos sin mancillar su espíritu, ¿no? :-}).

Luego están los comentarios para que los lectores puedan decir: "Pues no estoy de acuerdo: yo me lo acabé y me lo leí luego cuatro veces más y me pareció maravilloso".

Así que enhorabuena por esta "semirreseña".

Santi dijo...

Pues es que yo suelo dejar muy pocos libros sin terminar. Por muy poco que me esté gustando, me esfuerzo por terminarlo, aunque sea leyendo en diagonal. Pero en el caso de Contraluz eso habrían sido otras 500 páginas, y con todo lo que tengo para leer...

Anónimo dijo...

El fracaso es claramente tuyo. El lector impaciente, mejor que yo, que me enrollaría demasiado, te dice por qué: "Esta, como todas las novelas de Pynchon, no es para los regurgitadores de bestsellers tópicos ni los admiradores de la sencillez expositiva". ¡Ups, se ha "pasao"!

izas dijo...

Bueno, puede que sea simplemente una cuestión de gustos. Pynchon es un gran escritor, sí, pero a mí sus libros no me atrapan.

Francesc Bon dijo...

El lote que se subastaba en el otro libro de Pynchon era el 49. Freud tendría una explicación sobre el que hayas puesto el 54, donde acabarías siendo un pervertido, un obseso, homosexual reprimido, varias de esas cosas o todas a la vez. Como yo no soy Freud, pienso que 54 es el número de la famosa discoteca de NY (y de BCN en los 80) y que lo que te pasa en que sólo piensas en ir de fiesta. Perillán.

Sonsoles dijo...
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Sonsoles dijo...
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Sonsoles dijo...

Yo no he logrado terminarme (lo intenté 5 veces) Out of África, el resto lo reconozco han caído todos, no sé más si por amor propio o por valentia, pero no me preocupa.

Con el Sr Pynchon no me había atrevido todavía. Vivo en Lieja y hay una librería en Bruselas que se llama "Punto y coma" a la q puedo encargar libros en español (dirás tú q serán fáciles de encontrar, pues va a ser que no. Ni siquiera en el Fnac puedo pedirlos). Por otro lado soy partidaria de empezar lento y llegar a cimas más altas con el tiempo, cómo en el amor o el sexo vaya, así que encargaré tu lote 54 ;-P (es broma) para empezar despacito con este autor tan escurridizo q hace tan bien por huir de todos y cada uno de nosotros: pobres mortales atrapados en la mediocridad.
Besos
G

Anónimo dijo...

El fracaso sería tuyo, pero no por no acabar la novela (cada quien tiene sus gustos y eso es más respetable que el respeto), pero cuando dices que; "El problema es que esta peculiar técnica de escritura solo funciona con una de dos condiciones: o que cada uno de los episodios sea verdaderamente seductor y mantenga la atención del lector (caso de V); o que la novela sea lo suficientemente corta como para terminarse antes de agotar al lector (caso de La subasta del lote 54)", lo que haces es condicionar el estilo de la novela al gusto del lector, es decir, que una expresión del arte "se acomode" al observador y no que éste trate de entenderla. Es como si le pidieras a Stravinsky que compusiera sinfonías más melódicas porque esas le gustan más al "escuchador". Por otra parte tampoco es obligación ni leer a Pynchon ni tratar de entenderlo, forma parte de una arista del arte por la que no todos quieren pasar, por diversas razones, y eso, no tiene por qué ser malo.

Santi dijo...

Bueno, tienes razón, es posible pensar en formas de arte que no necesiten al receptor para ser "actualizadas" o completadas, que funcionan en sí mismas como objeto hermético y autorreferente. Finnegan's Wake sería un extremo en ese sentido. Pero también hay obras herméticas "buenas" y obras herméticas "malas"; naturalmente, es difícil juzgarlo, pero en mi opinión V es un ejemplo de novela muy difícil, pero buena (por su estructura, su profundidad, su originalidad...), y Contraluz me parece una obra fallida, porque es hermética y además es ininteresante, repetitiva, sinsorga. La dificultad no asegura la calidad, como la sencillez tampoco la asegura...

Anónimo dijo...

Es que ninguna obra de arte necesita el condicionamiento al receptor. Otra cosa es que el resultado nos guste o no. A mi chifla Pynchon, y a pesar de eso no pude con Mason y Dixon y abandoné en la página 500. Sin embargo tiendo a creer que no se trata de una obra fallida sólo porque a mi no me haya gustado, es sólo una obra de arte que, por alguna razón, no logró producir en mi el "efecto" que otras de las novelas de Pynchon. En todo caso, quede claro que todo esto es subjetivismo y matices, y que no defiendo la novela sólo porque haya sido escrita por Pynchon. Saludos.