Título original: La llum subterrània
Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar esta reseña
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
Título original: Consum preferent
Año de publicación: 2023
Valoración: muy recomendable
Alba Giraldo Doménech (la combinación de apellidos de origen castellano y catalán no es nada gratuito, me parece, para empezar), protagonista absoluta de la novela, vomitando pedazos de salmón ahumado, que ha engullido de forma compulsiva, y que su cuerpo no ha tolerado, como una especie de metáfora de la falta de adaptación a un teórico pequeño lujo que se ha permitido para cenar. Una imagen potente, conforme esa modesta inversión (8,75 €) se va a ir por el inodoro tras dejar un poso agrio, de placer efímero que revierte en arrepentimiento, en culpabilidad, en sensación de desamparo, una metáfora de desencanto de generación Z que puede, a primeras, resultar algo familiar para el lector de hoy.
Uy; ya tenemos otro testimonio en persona interpuesta, otra también agria queja que acabará haciendo aflorar las consabidas reivindicaciones generacionales sobre la falta de oportunidades, lo precario de todo, lo caro de todo, lo injusto de todo, lo desigual de todo, la presión de la gran ciudad como puzzle en el que no encajas, ay qué digo, como Tetris en el que los bloques caen pero no para alinearse sino para aplastarte, no, como árido paisaje en el que las multitudes - en las calles, en el transporte público, en pisos de pequeña superficie con espacios compartidos - solo hacen que exacerbar esa angustia, esa soledad, esa percepción de ser únicos entre un océano de borregos que acuden (con suerte) a un puesto de trabajo alimenticio por el que hay que dar las gracias varias veces al día. Mientras se observa como otros (con más suerte) te adelantan por los dos flancos, casi seguro de que si cambias de carril para ir más rápido ése pasará a ser el carril más lento. Por no hablar (2023) de la IA, esa que (2026) ya pronto generará sus prompts en función de tus consultas anteriores y arrinconará a tu cerebro con sus predicciones y sabrá qué te apetecerá consumir y cómo te sentará y (last but not least) si puedes permitírtelo.
Pues no. Genovart (que trabaja para algunas editoriales, pero publica su primera novela en Anagrama) dinamita esas preconcepciones con una novela muy bien planificada y con ciertos hallazgos estilísticos que le aportan una cierta musicalidad, como un mantra que (he leído su original en catalán) ha traído algun quebradero de cabeza en su traducción al castellano. Texto en catalán, contrapuntos extraidos del rico refranero castellano, seguramente herencia de los orígenes del personaje, seguramente testigo subliminal de la absoluta impureza del menguante catalán callejero de Barcelona, aquel que interactúa con la inmigración, con los ascendentes de procedencias peninsulares, con los expat, con los Erasmus, con los compañeros de piso, de trabajo, de borrachera asequible con latas de cerveza del paki, y que, desde los primeros párrafos, intercala esos refranes con total naturalidad y desparpajo, con una sensación desinhibida de que el bilingüismo es un hecho que hay que asumir, incluso porque los pasajes (menos) en inglés siempre surgen de referentes universales como letras de clásicos pop.
Y lo que le acontece a Alba sí que podemos encajarlo en cierto estereotipo: trabajos precarios insuficientes para acometer un proyecto vital ajustado a ciertos patrones - ahorro, apareamiento, estabilidad, rutina que no por ser rutina deja de ser anhelada, un techo en el que refugiarse a dormitar o follar o ver una serie o leer algo, esas cosas tan nimias para muy poca gente, tan difícil para la mayoría a pesar de la formación, a pesar de la firmeza de una voluntad que se resiste a esperar la benevolencia de la fortuna, que alarga la mano para asir algo que ineludiblemente se aleja. Detrás de eso, el monólogo que se extiende por las ciento ochenta páginas, salpicado muy ocasionalmente de diálogos siempre esquemáticos, siempre revestidos de cierto aire casual que explica cómo todo va por dentro, cómo Alba anhela una situación en que pueda resolver ese montón de inseguridades - trabajos que no cuajan, pseudonoviazgos que no se consolidan, amistades siempre al borde de la ruptura por nimiedades, una peca o mancha en su rostro que acapara puntualmente la atención, sobre todo en sus chispeantes conversaciones con su madre. Una escapada veraniega al pueblo, falso punto y aparte en que tiene que ordenar sus ideas y desurbanizarse.
A Genovart habrá que seguirla de cerca: aventuro que futuras obras representen cambios de registro y que sabrá esquivar con eficacia cualquier cosa parecida a convertirse en cronista de la generación Z. También que su trayectoria vital y artística se capilarizará en sus textos sin acapararlos y monopolizarlos. Impresión o hipótesis a la que llego a la vista de la habilidad con que ha convertido Consumir preferentemente en un sutil alegato que piensa localmente y actúa globalmente. Frase de la que ya me arrepiento, pero con algo hay que cerrar la reseña.
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y está bien
Para quien no la conozca, Desirée de Fez es una crítica de cine especializada en los géneros fantástico y de terror, colaboradora de programas televisivos, miembro (¿al final se podía decir "miembra" o no?) del equipo del Festival de Sitges y conductora del recomendable podcast Marea Nocturna, además de, como queda hoy patente, escritora de libros sobre, como es fácil de adivinar, el cine fantástico y de terror. De eso mismo, de hecho, va este Reina del grito... o quizás no del todo. O no sólo, mejor dicho. Porque la clave de este ensayo la podemos encontrar en el subtítulo: Un viaje por los miedos femeninos. Un viaje, eso sí de la mano de, cómo no, el cine fantástico y, sobre todo, de terror.
Porque, precisamente, lo que nos explica la autora, que se confiesa no ya asustadiza o timorata, sino directamente aterrada por las diferentes circunstancias que se encuentra y se ha ido encontrando por la vida, es cómo las películas de este género (aclaremos ya que no necesariamente se trata de películas que dan "mucho susto", sino, en general, películas que utilizan los diferentes elementos característicos y el lenguaje propio del género de terror para contarnos sus historias) le han ayudado de una u otra manera a identificar y enfrentarse con sus miedos e incluso, aunque parezca paradójico, a superarlos. Por citar solamente los ejemplos más obvios, la película Carrie le sirvió para asumir el paso de la infancia a la adolescencia (simbolizada en la primera regla, como es más que evidente); La posesión, la superación de una relación de pareja tóxica; Rosemary's Baby (me niego a repetir el título que se le dio en España a este film), los miedos inherentes al embarazo y El exorcista, el miedo a la posibilidad de fallar en su labor como madre... No son las únicas películas, que aparecen, claro, sino que muchas más son mencionadas y, en más de una ocasión, comentadas con cierta atención, a los largo de los diecinueve capítulos del libro. Desde clásicos setenteros como La profecía o Halloween a títulos más recientes de lo que algunos llaman "terror elevado", como Babadook o Hereditary, pasando por The Conjuring, ¿Quién puede matar a un niño?, Amenaza en la sombra... en fin, que el libro puede ser una buena fuente para sacar una lista de títulos para quien quiera adentrarse en el género. pero no es, que quede claro, un ensayo cinematográfico sobre el mismo; que no busque nadie aquí un análisis de los subgéneros -aunque de alguno que otro sí se habla-, los directores/as -ídem-, interpretaciones -lo mismo-, recursos escénicos, técnicos y narrativos, y demás pormenores que se suelen detallar en los ensayos sobre cine. Anécdotas, que también es algo que aparece con frecuencia en esta clase de libros, sí que hay, a montones, de hecho. pero no son anécdotas referentes a rodajes, promociones de pelis, etc. -de festivales sí que hay alguna que otra-, sino que en su gran mayoría se refieren a la vida privada y laboral de la autora, a sus recuerdos de infancia y juventud, y a sus dificultades para desenvolverse con soltura en los entornos en los que ha ido transcurriendo su vida. Dificultades por cierto, que, en su aspecto profesional, se refieren principalmente al hecho de haber sido, hasta hace poco, una de las pocas mujeres y joven, por añadidura, que desempeñaba su labor en un entorno muy masculinizado...
Así que sí: este libro se trata, más que de un ensayo sobre un tipo particular de cine, de una suerte de memorias de la autora, concretadas a través de esos dos vectores, sus miedos particulares (o generales, pues muchos de ellos seguramente sean compartidos por buena parte de sus congéneres) y las pelis de terror. Es decir, una piedra más en el muro de literatura autorreferencial o "literatura del yo" que se ha ido erigiendo (y cerrando) alrededor de los indefensos lectores/as a lo largo de este siglo XXI. Como, personalmente, odio casi toda turra ególatra que nos viene emparedando ya digo, en lo que va de siglo, lo lógico, habrá quien piense, hubiera sido abandonar este Reina del grito en cuanto me olí la tostada o, en último caso, haberlo puesto a caer de un burro en esta reseña, lo que tampoco estoy haciendo (dejadme acabar); hay, sin embargo, ciertas particularidades del libro que han propiciado que mi parecer vaya por otros derroteros, más favorables. A saber:
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable
Palestina; primeros años del siglo I, durante el mandato del emperador Octavio Augusto. "¿Qué han hecho los romanos por nosotros?", se preguntaban los judíos que vivían en aquellas tierras, sojuzgados por Roma, dos mil años antes de que sus descendientes se dedicaran a perpetrar un infame genocidio sobre los hombres, mujeres y niños de Gaza. Bueno, pues aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, sí que hubo un romanos que hizo mucho por unos judíos en concreto; se trata de Pomponio Flato, ciudadano del orden ecuestre y filósofo natural -o aspirante a serlo- quien, tras sufrir cierto descalabro en su salud y peculio durante su búsqueda por Cilicia de ciertas aguas milagrosas, llega a Nazaret acompañando al tribuno Apio Pulcro. Allí es contratado por un niño de nombre Jesús, hijo de María, para que le ayude a exonerar a su padre, el carpintero José (sí, ya sé quienes parece que son, pero, igual que el autor de la novela, no lo voy a afirmar, no sea que concitemos la animadversión de los ínclitos Abogados Cristianos o de cualquier otra agrupación, congregación o secta integrista, ya se encuentre dentro de la Iglesia Católica o fuera de ella), condenado por el asesinato del rico Epulón. En su pesquisa, digan de un Sam Spade, Philip Marlowe o incluso un Gran Lebowsky, Pomponio indagará en los diferentes estratos de la sociedad nazarena, entrevistando tanto a la acaudalada familia de la víctima o a su criado, el efebo griego Filipo, como a mendigos y cortesanas, sacerdotes del Sanedrín o legionarios romanos. Con ayuda, eso sí, del párvulo Jesús y de su agreste primo Juan.
Más allá de su adscripción al género de misterio o, de forma más improbable aún, a la novela histórica, El asombroso viaje... es sobre todo una obra llena de humor (no obstante, y lo digo siempre que reseño algo de este autor, no se trata de Sin noticias de Gurb. Repito: NO SE TRATA DE SIN NOTICIAS DE GURB... No sea que se me llenen los comentarios de gente diciendo lo mucho que les gustó ésta y lo que les han decepcionado otras novelas de Mendoza); es verdad que un humor quizás no del gusto de todo el mundo, puesto que se basa, en gran medida, en el contraste entre la pedante prosopopeya de la que hace gala el protagonista y las situaciones o comentarios algo chuscos entre las que se mueve; también, en continuas referencias culturales que tal vez hoy en día ya le sean ajenas a una parte de la población lectora -digamos que para disfrutar de la novela conviene tener ciertas nociones de Historia Sagrada, filosofía clásica, mitología grecolatina, las fábulas de Esopo y las tradiciones navideñas catalanas, entre otras cosas-, pero pensemos que Eduardo Mendoza es ya un señor de cierta edad que se educó, por tanto, en una época en la que a estos conocimientos se les daba mayor importancia. Pero estoy convencido de que quien esté en condiciones de disfrutar de esta lectura, con su despliegue de erudición, ironía y sorna, sin duda lo hará; cierto es que no estamos ante una de las grandes obras de este escritor, no siquiera, insisto, ante una de sus mejores novela cómicas, pero, desde luego, tampoco es uno de los títulos, más deslavazados, con los que nos decepciona de vez en cuando, impelido, creo yo, por la urgencia editorial. Así que sí, El asombroso viaje... es una novela que me atrevo a recomendar sin reparo alguno (y eso que me consta que entre los reseñistas de este mismo blog, por los general tan atinados, hay a quien no le gusta nada... Pero bueno, pensemos que también hay a quien le encantan ciertos libros perpetrados por Sara Mesa o Marta Sanz).
Y, por supuesto: #StopGenocidioGaza y #VivaPalestinaLibre...
Más obras del gran Eduardo Mendoza reseñadas en Un Libro Al Día: aquí
Año de publicación: 2012
Valoración: Decepcionante
Si esto fuese una conferencia podría titularse como ‘La desconexión: formas de escribir y formas de leer’. O, más coloquialmente, ‘Por qué hay libros que quizá deberían gustarnos y sin embargo no nos gustan’. Y que quede claro que he hecho un esfuerzo generoso para que el libro me guste, quizá porque es cortito, quizá porque tenía ‘buena pinta’. Hasta me he planteado leerlo de nuevo buscando lo que no encontré, pero hasta ahí creo que no voy a llegar.
La mayoría de las veces tenemos bastante claro por qué no nos gusta un libro, y lo achacamos siempre al autor, porque no nos agrada cómo escribe, no nos interesa lo que cuenta, es demasiado largo, demasiado superficial o demasiado profundo, ininteligible, aburrido, pobretón. Esta vez yo creo que las culpas habría que repartirlas porque, por circunstancias del momento, mi lectura ha sido excesivamente fragmentaria para un texto que apenas sobrepasa las ciento cincuenta páginas. Ya sé que a nadie le importa si leo rápido o despacio, del tirón o a trozos, pero en este caso creo que puede tener su importancia, porque el relato es por su parte también fragmentario, un collage de escenas breves, escenarios diferentes y personajes muy diversos que seguramente requerían una lectura mucho más concentrada.
Dos de esos personajes, hombre y mujer, llegan por separado a Riofrío (Granada, lo he mirado) buscando información sobre algo que tiene que ver con su pasado, quizá datos concretos o más bien un punto de contacto poco definido con algo relacionado con sus orígenes. Hay encuentros algo inocuos con algunos residentes y visitas a ciertos lugares que parecen contener mensajes confusos y signos de una atmósfera especial. Surgen historias de la Guerra civil y recuerdos de paisanos que no terminan de ponerse de acuerdo. Con esta historia se entrecruza la de un periodista que cubría una cumbre económica en Suiza, quien por su parte intentaba escribir una novela sobre una invasión extraterrestre, y varios episodios a su alrededor en torno a intercambios de parejas y prácticas sexuales digamos poco frecuentes.
Vaya, que me parece a mí que hay una heterogeneidad bastante apreciable que se enriquece además con unos cuantos personajes secundarios, fragmentos de discursos, artículos y reflexiones en torno a algún que otro asunto que no recuerdo. Claro, todo esto leído a salto de mata no puede funcionar porque es muy fácil perder el hilo (es hilo tan tenue, tan escondido) y desconectar del todo.
Pero, admitiendo mi parte de culpa en el fracaso, tampoco entiendo bien el objetivo del relato, tal como está concebido. La dispersión, recurso tan utilizado, sirve a distintos fines, pero no encuentro en el libro ninguno de los posibles. Como tampoco termina de cuadrarme la variedad de tonos que irrumpen en mi opinión de forma caprichosa y terminan por generar una sensación de inconsistencia general.
Claro, se diría que pueden ser tics de obra primeriza, pero es que don Luis escribe esto con cerca de ochenta años, y tiene una lista muy respetable de libros publicados, entre los que este es, que yo sepa, uno de los más recientes. No sé, igual es que precisamente por su veteranía y experiencia ha querido construir algo que no he sido capaz de captar, y el resultado empeora incluso por mi forma inadecuada de acercarme al texto. No lo voy a negar, pero como la lectura, correcta o no, y la reseña son mías, no me queda más remedio que concluir que el libro no me ha gustado casi nada.
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable
No deja de ser curioso que Tuli Márquez siga inédito en español por sus cuatro brillantes novelas y, en cambio, su primer título publicado en este idioma sea esta colección de artículos de título inequívocamente zweigiano, casi un guiño o un juego privado, como un acto de levantar la mano y apuntar, sotto voce, en realidad soy un novelista que pasaba por aquí. 365 momentos estelares de la música es un curioso experimento a medio camino entre aquellas añejas agendas que, aparte del santoral del día, añadía citas o aforismos y una de los fetiches habituales de los entornos culturales: las listas de referencias.
Márquez juega con una doble ventaja: la del senior que ya acumula una experiencia de cómo han ido las cosas por este planeta nuestro y la del abnegado pero incansable oyente de todo tipo de música. Me cuesta no imaginar al hombre entregado febrilmente a su oficio de escritor mientras la música desfila por la amortizadísima cuenta premium de alguna plataforma, cuestión que, si el algoritmo se comporta, acaba resultando más práctico y confortable que levantarse cada cierto rato de la silla y elegir ese vinilo, ese CD. O, por despojarlo de tanta alharaca trasnochada, es un freak de la música. Y el reto aquí es vincular efemérides del mundo musical con fechas señaladas de la historia contemporánea, y hacerlo para todas y cada una de las fechas de un año no debe haber resultado sencillo, y ello es perceptible en el ritmo del texto. No hacía falta, por eso, esos tres apuntes en la portada que parecen recomendar el libro como si se tratara de una enciclopedia comprimida, algo impersonal. De impersonal, este libro no tiene nada. Por el, ahora sí, enciclopédico conocimiento de Márquez, que es capaz de saltar de Nino Bravo a Japan, de los Beatles a Kraftwerk, en elecciones que pueden resultar chocantes o incluso antagonistas, y de salpimentar tantas menciones a fechas de publicaciones de discos, de conciertos, con las fechas clave de la historia contemporánea, como recordando esa coexistencia de realidades globales, con una lógica preponderancia de los acontecimientos del mundo occidental (bullidero, por otra parte, de una buena proporción de la producción musical más difundida), lo que acaba procurándonos una excitante y refrescante lectura de esas que empujan a la exploración de nuevos territorios.
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