Año de publicación: 1997-1998
Valoración: monumental
Dios: soy tan poco anglófilo que ni siquiera me gustan los Beatles (ni los Stones). Así que cuando una novela de más de seiscientas páginas* es proclamada como la Gran Novela Londinense, apenas siento una cierta curiosidad. Gran Novela Londinense: o sea, ¿vamos a tener una Gran Novela para cada gentilicio? Pasaremos de la Americana a la Barcelonesa, ¿llegaremos a conocer la Gran Novela de Motilla del Palancar?**
Supongo, para empezar, que ese grandilocuente apelativo requiere que, de alguna manera, una novela sea ambiciosa, sea de amplio espectro, incorpore algún elemento que la permita convertirse en definitoria, al menos, del momento en que transcurre.
Bien, esto Caledonian Road lo cumple. Aunque haya que aportar el matiz de que vivimos en tiempos en que todo sucede muy deprisa, pero al menos nos alcanza la memoria de los grandes trazos que sitúan en contexto la obra, y de algunos, aunque nos suenen lejanos, aún no nos hemos olvidado: Covid, Brexit, Bitcoin, guerra de Ucrania, Epstein files. Sí, desde luego una buena amalgama para empezar. O'Hagan crea una novela coral cuyas piezas empiezan a encajar pronto. Obviamente hay influencias palpables, ese retrato social que muestra las desigualdades dentro de una gran ciudad de Occidente ya lo hizo Tom Wolfe en La hoguera de las vanidades, quizás algo más extremo y sin tantas interacciones como las que O'Hagan nos procura aquí.
Campbell Flynn, un escritor que ha tenido un enorme éxito con un libro sobre Vermeer, ha empezado a acumular deudas, las propias de su excesivo estilo de vida. Conectado con la clase alta británica (que sale muy mal parada, algunos diálogos protagonizados por aristócratas son delirantes, por estúpidos, por hipócritas, o directamente por surgir de un universo paralelo de despilfarro y pedantería), pero Flynn disfruta de influyentes conexiones en el who's who de la ciudad, lo que le permite trazar un extraño plan: publicará, con un torpe joven actor como cara visible que prestará su nombre, un polémico libro de autoayuda. Necesita dinero, necesita no poner su prestigio en tela de juicio, y Elizabeth, su paciente y aristocrática esposa, sin enterarse de nada de lo que ocurre a su alrededor, comprenderá su situación, aunque sea de forma transitoria. Hay muchos personajes aquí: Milo, un alumno suyo muy hábil en la darknet, le sirve de cicerone en las nuevas tecnologías. Moira Flynn, su hermana, es una diputada laborista que intenta mantener una postura ética enmedio de las tormentas que se generan por doquier. No así William Dyre, amigo de la infancia, de alguna escuela y universidad elitista, este ya pringado hasta el tuétano: relacionado con prebostes de la oligocracia rusa residente en Londres, sus tentáculos llegan hasta bien abajo y con muchas sucias raíces: tráfico de inmigrantes, cultivos de marihuana, empresas textiles que explotan sin escrúpulos, Dyre lleva una existencia que combina presencia en selectos actos y amantes jóvenes enganchadas a las drogas. También tiene un hijo, Zak, una especie de eco-yuppie que ha decidido plantar cara a la figura paterna sin renunciar a su privilegiado estilo de vida.
Seiscientas sesenta páginas de constantes cambios de escenario y de, alguna vez, difícil seguimiento de las tramas. Vamos de salones de enormes pisos repletos de caras obras de arte a estrechos apartamentos de inmigrantes polacos obligados a buscarse la vida. Quizás, en ese afán de completar el cuadro, Caledonian Road se acerque algo al registro de un best-seller, pero los retratos de los personajes son claramente literarios, sus trazos son definidos con matices y sus dudas y contradicciones no se esbozan a brochazos. Flynn parece el anti-héroe torturado e inseguro que piensa que su situación se arreglará algún día, de alguna manera. Dyre, el potentado arrogante e inmoral, pagado de sí mismo que sabe que siempre va a contar con una vía de escape. Los jóvenes que aparecen en la novela cubren todas las posibilidades, desde los desgraciados que han estado en el momento inadecuado en el escenario de un crimen o en el interior de un contenedor, hasta aquellos que parecen mantener una postura ética inquebrantable.
Caledonian Road, que toma el nombre de una de esas largas calles que atraviesan la ciudad y en la cual hay enormes desniveles sociales, es una buena novela, quizás la necesidad de O'Hagan de atender tanto personaje y dejar trazos nítidos de cada uno sea lo que justifique su extensión. A lo mejor O'Hagan necesita eso para completar su socavada denuncia de la sociedad british, en la que, aunque haya que recurrir a la traición, cuanto más alto se está en el escalafón social, más segura es la impunidad, sea por los medios que sea que esta se alcance. Es una novela intensa, a veces algo difícil en su seguimiento, pero, sin dudas, brillante e interesante.
*Umbral no escrito que la certifica como tocho
**Sin ofender: broma interna del blog que llevaría varias reseñas adicionales explicar
Al principio todo era luz, pero estaba sola.
Todo era hermoso, pero estaba
sola.
Nací la primera, de entre las piedras
de un río donde mucho
mucho tiempo después
jugarían los niños.
Al principio no eché en falta el amor
porque no lo conocía.
El conjuro original fue siempre
nuestro nombre en labios de otros:
en la oscuridad de los caminos
alguien nos llama por primera vez.
Sentí que todo lo que decía era redundante y absurdo. ¿Para qué decirlo entonces?, les preguntaba a mis gatos y a los caracoles. ¿Para qué decirlo entonces?, le preguntaba a mis amorcitos muy queridos. ¿Para qué decirlo entonces?, me preguntaba a mí misma cada vez que sentía ganas de cantar.
Aunque Un conjuro no me haya producido la sorpresa y, por ello, el deslumbramiento de Un amor, es probable que este sea un aún mejor libro de poesía: más complejo, más maduro, sin que ello suponga perder la frescura, y elevado, creo, porque el misteroso poder del mito y de la fábula.
Título original: George Sprott 1896-1975
Año de publicación: 2009
Traducción: Esther Cruz Santaella
Valoración: recomendable
Biografía de un personaje ficticio (o biografía ficticia de un personaje... no, creo que esto es menos correcto) o mejor dicho, biografía gráfica, puesto que tal es el género de este libro, escrito y dibujado, además por uno de los autores cuya obra sirvió para forjar el ya más que manido concepto de "novela gráfica", el canadiense Gregory Gallant, que firma como Seth. En este caso, la biografía ficticia trata sobre un caballero llamado George Sprott, ex-seminarista, "explorador" (es decir, de aquella manera) del Ártico canadiense en su juventud y luego presentador durante más de veinte años de un supuesto programa sobre esa región y sus recuerdos, Estrellas boreales, en un cadena local -supongo que también ficticia- la CKCK. Un tipo que, tras una fachada de bonhomía e incluso campechanía (adjetivo que suele ser engañosos, como bien sabemos en España), esconde también ciertas sombras, secretos y defectos poco halagüeños. Tampoco es que sea un asesino en serie, ni nada de eso; tan sólo se trata de las miserias habituales, de los remordimientos que nos reconcomen durante toda la vida, de los arrepentimientos por lo que pudo haber sido y no fue, de las pequeñas infamias cometidas y quizás sólo conocidas por nosotros mismos... en fin, lo que nos puede pasar a cualquiera.
Lo más interesante del libro, ya que la vida ficticia del protagonista, si no anodina, tampoco resulta ser un tráfago de experiencias intensas, momentos al límite y hedonismo desenfrenado -bueno, un poco sí, porque tuvo numerosas conquistas amorosas, pese a estar casado-; lo mejor del libro es cómo nos cuenta esta vida Seth. Además de su estilo característico -viñetas pequeñas que componen juntas escenas grandes; personajes dibujados con simpáticos trazos, cromatismo que tiende a utilizar sólo un color- aquí incluye páginas con paisajes árticos y fotos de modelos en cartón de los edificios donde se desarrolla la historia de George: la emisora de televisión, el bar-restaurante que frecuentaba, la sala de conferencias... Pero, además, la historia dista de ser lineal; es cierto que se nos narran los momentos previos al fallecimiento del protagonista, en 1975, pero además encontramos otros instantes de su vida, reflexiones o declaraciones -un tanto cuñadas, pero old fashioned- de George, varios testimonios de personas que le conocieron, le amaron -su sobrina Daisy- o no pudieron hacerlo -la hija mestiza a la que abandonó-, trabajaron con él o incluso se han dedicado a coleccionar sus recuerdos... Y, por supuesto, los recuerdos y sueños -literalmente- del propio George... De hecho, me parecen magníficas las páginas que recrean los sueños que le asaltan cuando se queda roque en medio de sus programas de televisión...
Otras obras de Seth reseñadas en Un Libro al Día: La vida es buena si no te rindes, Ventiladores Clyde
Título original: Kürk Mantolu Madonna
Traducción: Rafael Carpintero Ortega
Año de publicación: 1943
Valoración: muy recomendable
Uno de esos ejemplos de novela corta casi perfecta (en línea con otras obras como Las batallas en el desierto, quizá sin llegar a su riqueza formal), de pocos personajes muy bien construidos y definidos con varias capas de complejidad que nos conducen a través de su tragedia personal a observar el drama colectivo del mundo abocado a la fractura en el que habitan.
Es un tanto paradójico el éxito reciente entre la gente joven, de esta novela de un autor turco un tanto olvidado en comparación con otros compatriotas más prolíficos y galardonados como Orhan Pamuk. Por un lado, es una gran noticia que se lea con tal avidez la última novela de Ali 80 años después de su asesinato, pero a la vez me pregunto cuánto de este éxito se debe únicamente a la trágica historia de amor y a su simpleza superficial. Sin querer entrar mucho en juicios de valor me alegro profundamente de que esta novela llegara a mis manos y celebro su éxito como una manera de traer a la actualidad la figura de Ali, que vivió en sus carnes el desmantelamiento del Imperio Otomano y la creación de la nación turca. Como personaje de su tiempo Ali sufrió censuras, encarcelamiento y finalmente asesinato por ser punta de lanza de la libertad de expresión en un momento de fervores nacionalistas. Todo este contexto no es baladí, pues si bien su obra más conocida es esta “historia de amor corta”, entre las capas de esta pieza se intuyen todas estas vicisitudes y ahí la paradoja de que se vuelva un best-seller en base a su romance de anhelos trágicos y su sugerente título y se ignore todo lo demás.
¿Pero qué nos cuenta esta Madona con abrigo de piel? Sin ahondar mucho en la trama, la novela funciona a dos niveles, siendo el corazón de esta la historia vital de Raif Efendi, a la que el lector llega a modo de diario encontrado por el narrador; compañero de oficina del protagonista en el tiempo actual de la novela. Es a través de este diario que se conoce la infatuación de nuestro protagonista Raif con una obra de arte y posteriormente con su autora cuando vivía en el Berlín de entre guerras.
El motor narrativo es la soledad de Raif en este Berlín, a la vez castigado por la posguerra, pero simultáneamente símbolo de lo elevado, lo europeo y del escapismo y libertad de los que carece en el restrictivo hogar familiar en Turquía. Raif es un personaje eminentemente solitario, que no encaja en su realidad social, que encuentra una vía de escape en la gran urbe, donde nadie lo conoce y donde además conecta con Maria, otra alma en pena, que comprende su soledad. Pero en una Europa fracturada llena de fronteras y almas en pena, encontrar a tu igual si bien es un júbilo pasajero, está abocado al desastre. Raif y Maria quieren escapar de las convenciones de su mundo, ansían una libertad que aún no está lista para ellos pues nacieron en el momento y lugar equivocados, pero aún así decidieron intentarlo y es en el fracaso de donde radica la belleza y el dolor de este relato. A su vez el narrador en el primer nivel narrativo nos trae un precioso alegato a comprender y mirar al otro como un igual, a reconocer su mundo interior y a ofrecer una amistad pura sin juzgar.
En conclusión, lo más magistral de la obra de Ali, es trasladar al lector esa sensación de impotencia de los personajes ante los cambios que estaban fermentado en la Europa de los años 20 y 30. Aun así, siendo cierto que el contexto político juega un papel, es casi un bloqueo existencial el que les impide decidir sus destinos, pues a pesar de los muros invisibles que crea la Historia a su alrededor, algo detiene sus acciones, un pesimismo intangible, una desesperanza. Es esta indagación en la resignación vital donde la prosa sencilla y directa de Ali consigue emocionarme. Cuando los sueños se pierden queda el estoicismo y la soledad, la vida interior y las páginas de un diario donde esconderse uno mismo del mundo, una cárcel privada ante la incomprensión.
Firmado: Alberto Ibáñez
Título original: Where Good Ideas Come From
Año de publicación: 2010
Traducción: María Sierra
Valoración: muy interesante
Pues una lástima que llevemos más de una década sin que este escritor haya publicado más ensayos como este Las buenas ideas. Un misterio que debería desentrañar, aunque quizás el libro contenga las respuestas a este silencio de forma algo inquietante.
Este magnífico ejemplar va más allá de meras recomendaciones que siempre pueden ser subjetivas o incluso efímeras. Steven Johnson selecciona (lo cual no deja de ser un posicionamiento) una serie de conceptos que han permitido a la humanidad consolidar avances. Inequívocamente todas estas ideas acaban confluyendo en los aspectos que tienen que ver con tecnología, y la mayoría en aspectos científicos que hoy acaparan nuestro día a día, pero que partieron de una primera iniciativa (muchas veces colectiva, casi coral) que puso los cimientos, que sirvió de punto de partida.
Los conceptos que Johnson incluye en su texto tienen puntos en común que explican que todos los avances hayan experimentado colosales aceleraciones entre el siglo XX y el XXI. Johnson insiste mucho en la importancia de la colectividad, de la ebullición de elementos en convivencia, y como urbanita, me ha gustado que incida en la importancia de las ciudades como factor clave, en la coexistencia como detonador de las innovaciones, partiendo de la creatividad individual que se integra con otras y genera poderosas alianzas que hacen avanzar al colectivo. Aquí se habla sobre la evolución de las especies, sobre la imprenta, sobre Internet, sobre incubadoras, sobre Darwin y sobre Brian Eno, y Johnson sabe tejer un magma unificador, sabe aislar elementos comunes que identifican esos avances, sin descartar a veces la suerte o la casualidad, desde una óptica de un descabellado sentido común y un estilo narrativo que aúna lo abstracto o conceptual con aquello que al lector profano (pero curioso) puede parecer palpable y concreto. Importante, cuando se trata de divulgar, alejarse de los conceptos excesivamente complejos. Johnson lo consigue, y este libro es una maravilla.
Y ya puestos a divulgar, supongo que las ideas "grandes" podemos homologarlas con las buenas, ?no?
Traducción: Pablo Martín Sánchez
Año de publicación: 2026
Valoración: Recomendable
Jerome Ferrari fue profesor de filosofía en Córcega y sus padres son originarios de la isla, de ahí que esta isla mediterránea se convierta en un elemento central de sus obras. El escritor francés conoce de primera mano el impacto demoledor que tiene el turismo de masas sobre su adorada isla y realiza un inmisericorde análisis sociológico de un universo donde las tensiones humanas se radicalizan y la convivencia diaria se convierte en un ejercicio de supervivencia. Inevitablemente, se produce un choque entre los habitantes primigenios y las hordas invasoras de turistas que toman posesión de la isla, especialmente durante el verano. Ese enfrentamiento se convierte en el eje central sobre el que bascula La isla.
Desde las primeras páginas, Ferrari no duda en criticar la plaga turística que asola la isla que ama: "En contra de lo que cabría esperar, pues las personas sensatas habrían huido siempre en verano de la costa tórrida e insalubre, una locura colectiva había llevado a concentrar en las playas a masas cada vez más compactas de estúpidos extáticos que acudían a cultivar sus futuros melanomas embadurnándose con aceites de coco y cremas bronceadoras bajo el sol ardiente, a que les picaran los mosquitos y las avispas insaciables, a compartir sus miasmas y sus micosis en la templada infusión mediterránea, y encima dispuestos a pagar por ello".
Gran parte de ese litoral es propiedad de los Romani, una familia originaria de la isla y que con el paso de las generaciones, prácticamente por casualidad, se han convertido en prósperos terratenientes que se aprovechan esquilmando sin ningún tipo de miramientos a los turistas. Precisamente el último descendiente de la saga, Alexandre, "un parásito lánguido, violento y perezoso, un ser irresponsable, mujeriego y sin escrúpulos como lo fueron todos sus ancestros", se convertirá en el protagonista de un desagradable incidente que pondrá sobre la mesa el frágil equilibrio de la convivencia en la isla.
Alexandre interpreta una pequeña burla de unos turistas en uno de sus restaurantes como una afrenta al honor familiar y llevará a cabo una venganza desmedida. Ferrari pone sobre la mesa el peso que el honor, la tradición y la familia tienen para los habitantes de la isla y lo contrapone con el aire despreocupado y festivo con que se manejan los turistas.
Para hacernos entender lo ineludible del incidente, el escritor francés se retrotrae en el tiempo y nos describe las andanzas, no muy edificantes, de varios antepasados de la familia Romani. A través de esas andanzas conoceremos el desarrollo de la isla y entenderemos la forma de pensar y actuar que guía los actos de los distintos miembros de la familia. De esa forma comprenderemos por qué nuestro protagonista se ve impulsado, casi por necesidad, a responder de manera tan agresiva una provocación casi insignificante. De alguna manera la violencia que dirigió las vidas de sus ancestros está inmersa en el ADN de Alexandre, cuya reacción desaforada excluye toda lógica.
Ferrari escribe con mucha elegancia. Son frases largas, pero directas, concisas y narrativamente cercanas al reportaje periodístico. Permite que la historia fluya sin interrupciones y ocasionalmente, a través de las reflexiones del profesor que narra la historia, indudablemente su alter ego, no duda en tomar partido y criticar desaforadamente los excesos del turismo de masas que, al fin y al cabo, es el desencadenante de la tragedia: "Exigieron comida de proximidad. Música de proximidad. Se empeñaron en que sus vacaciones tuvieran sentido...Me cuesta creer que al principio nos alegrásemos por ello. De haber sido más astutos los habríamos confinado a todos en la costa prohibiéndoles alejarse del mar y mantener con nosotros otras relaciones que no fueran comerciales o sexuales".
Parece que esta novela es el inicio de una trilogía conectada temáticamente. Desde luego, el inicio es prometedor.
Título original: Обломов
Año de publicación: 1858
Traducción: Lydia Kúper de Velasco
Valoración: Recomendable
Volvemos por un rato a los grandes novelones rusos del XIX, en este caso con una obra de importante éxito en su época, admirada por el mismísimo Tolstoi y que sin embargo parece algo olvidada en los cánones que normalmente manejamos en España. Una historia en realidad bastante sencilla pero que en manos de un representante de tan ilustre entorno literario adquiere relevancia y extensión respetable.
Historia sencilla, sí, pero que nos deja bastantes cosas memorables, y algunas sorprendentes.
Oblomovismo
Ilia Ilich Oblómov es un terrateniente que apenas conoce sus propias tierras y en realidad no se ocupa de nada en absoluto: es el rey de la procrastinación, tiene siempre unas cuantas cosas en mente, que invariablemente son proyectos que nunca se materializan, gestiones que no se llevan a cabo, mejoras que se diluyen entre siesta y siesta. Al parecer, él no fue siempre así, de manera que podríamos buscarle algunos diagnósticos relacionados con desórdenes psicológicos. Pero la verdad es que Oblómov tampoco sufre, es perfectamente consciente de su abulia, en realidad no le agrada pero tampoco tiene ninguna intención real de emprender otros caminos. Él mismo bautiza su estatus como oblomovismo, una forma de vivir de la que él es el paradigma.
En alguna parte he leído que la prosa de Goncharov carece de humor, pero no es cierto en absoluto. La vida de nuestro personaje, casi siempre inmóvil en su habitación, disputando con su desagradable mayordomo y recibiendo algunas visitas, ofrece momentos muy cómicos y una considerable agudeza en el retrato de personajes, como ese Alexeiev que no es alto ni bajo, ni amable ni antipático, ni generoso ni tacaño, ni divertido ni aburrido. Alguien que parece personificar la media nacional en todo, y que además nunca contradice a nadie.
Otra vez el alma rusa
De esto ya hemos hablado al referirnos a otras obras de la literatura rusa de la época. La actitud en extremo pasiva de Oblómov puede perfectamente verse como una metáfora de la sociedad rusa, de su conformismo o nihilismo. La imagen es de enorme belleza en uno de los primeros capítulos, cuando Goncharov evoca las inmensas planicies en las que, más allá del lento discurrir de las estaciones, no hay grandes fenómenos meteorológicos ni accidentes geográficos, todo resulta estable y predecible, y el mismo paisaje invita a mantenerse uno mismo en ese estado contemplativo, sometido voluntariamente a esa fatalidad, lo mismo los mujiks en sus izbas que su señor en San Petersburgo.
El efecto resulta más potente al oponer a Oblómov la figura de su amigo Shtolz, alemán, inquieto, viajero, encantado de vivir y experimentar, el contrapunto occidental a la postración y la inmovilidad.
Por qué no el amor
El relato deriva pronto en algo que se parece a un folletín. Surge un amor inesperado como la oportunidad para abrir los ojos a otro mundo y Oblómov, ciertamente encantado con la novedad, se ve ante el reto de salir de su burbuja y disfrutar de lo mejor de la vida. Como no podía ser de otra forma, el idilio se extiende por cientos de páginas en las que el exceso narrativo y la obsesión por el detalle pueden hacer la lectura algo pesada, pero todo está tan bien relatado que a cambio de un poco de paciencia tenemos siempre el dibujo perfecto de cada actitud, de los vaivenes y la permanente inestabilidad de una relación naciente, sometida además a dos fuerzas poderosas y que actúan como complementarias: la personalidad de Oblómov, a veces no tan insólita como puede parecer, y los prejuicios de una sociedad que da poco margen a la espontaneidad.
El cuadro está tan bien descrito que seguimos con interés la historia de este amor endeble, y el ritmo moroso de la narración aumenta la ansiedad por conocer en qué terminará el complicado romance.
Desconcierto
Esto que viene ya es una opinión muy personal y con algún grado de spoiler. No me gusta nada la parte final del libro, una especie de apéndice innecesario que no solo desconecta del tronco de la historia, sino que introduce elementos incluso diría que algo dolorosos. Podría ser que Goncharov se haya decidido a poner en primer plano y con toda crudeza lo injusta que es la vida con determinado tipo de personas, cómo aquellos que se suponían amigos, enamorados o benefactores no tienen escrúpulo en arrinconar al débil para alcanzar la felicidad. La honestidad y el buen corazón quedan siempre en el recuerdo, pero la vida la disfrutan otros. En todo caso, todo rezuma una especie de desprecio fatalista hacia Oblómov, y lo peor es que el autor no parece en absoluto consciente de la afrenta, como si su única preocupación fuese redondear el relato de una forma aceptable para el lector.
A pesar de todo, y ya termino, nuestro Ilia Ilich es sin duda uno de esos personajes singularísimos e inolvidables que nos deja la literatura, como Bartleby, Dorian Gray o Bernarda Alba, entre otros bastantes aunque no tan numerosos, figuras irrepetibles a quienes alguien fue capaz de dar vida y dejar para siempre en nuestra memoria.
Título original: 五香街
Traducción: Blás Piñero
Año de publicación: 2002
Valoración: Recomendable
Disclaimer: cometí el grave error de leer simultáneamente esta novela de Can Xue y una de Krasznahorkai. Ya no sé ni qué estoy leyendo.
Con saber las influencias de Can Xue se pueden dar una idea de por dónde va este libro: Kafka, Camus, Jung, Freud y mucha literatura clásica china que desconozco, pero a la que se hace alusión en las múltiples notas del traductor, principalmente relacionadas con el confucianismo y el budismo.
La novela es la anticipación de algo que nunca ocurre, una postergación insufrible, muy al estilo de Franz “Daddy Issues” Kafka, en un mundo lleno de simbolismos oníricos, paranoia colectiva y una atmósfera distópico-judeo-bolchevique que parece inventada por un burócrata con fiebre.
Sí, como ya se lo imaginan: es una novela confusa, que parece no avanzar. La trama es una espiral que oscila alrededor de la Señora X, una mujer que llega a la calle de los cinco aromas desde un lugar indeterminado para irrumpir en la indolencia del barrio. La Señora X se nos presenta como una mezcla de diferentes arquetipos de excepción: es la bruja, el súcubo, el flautista de Hamelin, el ángel del apocalipsis. Es una figura camaleónica, manipuladora, pero que al mismo tiempo parece habitar un plano paralelo desde donde mira hacia esta dimensión a través de un espejo, o de un microscopio.
Los habitantes de la calle, por su parte, reaccionan ante ella como una comunidad que descubre de pronto que tiene conciencia, pero no sabe qué hacer con ella. La observan, la juzgan, la desean, la temen, la convierten en mito, en amenaza, en chisme, en explicación universal de todo lo que no entienden. La Señora X solo necesita existir para que la gravedad a su alrededor se trastoque. Su presencia descompone el orden mediocre del lugar.
Lo más extraño es que la novela avanza precisamente porque nada se concreta. Cada página parece prometer una revelación definitiva, una escena central, un acontecimiento que por fin explique quién es la Señora X, qué quiere, qué representa, qué demonios está pasando en esa calle. Pero Can Xue no da su brazo a torcer. No es que no de respuestas, es que ni siquiera se llega a plantear una pregunta concreta.
No es una novela amable. A ratos se siente como escuchar a varias personas discutir sobre un crimen que no ha ocurrido, o sobre un milagro que nadie vio, pero del que todos tienen una opinión moralmente superior. Algunas veces llega a ser irritante, como si Can Xue tuviera algo en contra de nosotros.
Y, sin embargo, hay algo hipnótico en todo esto. Llegué al final de la novela sin saber qué había pasado.
Si recomiendo La calle de los cinco aromas es precisamente por su extrañeza. Recomendada para quienes disfrutan de la literatura incómoda, alegórica, circular, paranoica y con personajes que parecen tener más inconsciente que personalidad.
Por último, como cereza del pastel, las notas del traductor nos ofrecen un panorama amplio sobre la cultura e historia China, principalmente durante el Maoísmo.
Les aconsejo leer este libro con una ópera de Philip Glass de fondo, solo para que la cuña apriete.
Año de publicación: 2026
Valoración: Recomendable
Esta es la novela de debut de Myriam Hache, joven autora nacida en Argentina y residente en España desde hace varios años. Y estos, que aparentemente son solo datos biográficos, son elementos clave para la novela porque La belleza del desastre tiene un claro componente generacional y porque la identidad personal (y su búsqueda) ocupan un lugar importante.
De entrada, La belleza del desastre es una road-movie medio apocalíptica en la que cuatro mujeres (Florencia, Jana, Rocío y Sara) viajan de Barcelona a Galicia huyendo de una nube tóxica que se aproxima a España. Digo de entrada porque el viaje no es solamente una huida de un peligro externo sino que tiene mucho de huida y/o búsqueda de uno mismo, de vía de refundación personal en un mundo convertido en fantasía transhumanista. Podemos, por tanto, poner tres referencias para ubicar la novela: Thelma y Louise, La carretera y En el camino.
Más allá de estas referencias, uno de los aspectos a mencionar de la novela es la elección de las dos narradoras, las primas Florencia y Jana, pintora aquella y escritora esta, que viajan (sí, más viajes) con las imágenes y la palabra a un pasado común que vuelve a repetirse, a un círculo desesperación - ilusión - fracaso - ansiedad del que se busca salir a través del amor, del sexo, de las drogas, facto de la fe y las flores azules, etc.
Y así los temas se abren porque esto, en realidad, no es una distopía ci-fi sino una novela de formación sobre pasados que se repiten, vidas no vividas, ilusiones traicionadas e intentos de redención. Sobre el miedo a ser uno mismo lejos de familia y orígenes, vaya.
Como aspectos más destacables de la novela hay que mencionar:
Título original: Mindhunter. Inside the FBI elite serial crimen unit
Año de publicación: 1995
Traducción: Ana Guelbenzu
Valoración: bastante recomendable
Se supone que, de la pareja de investigadores del FBI que, a finales de los 70, comenzaron a llevar a cabo entrevistas a los presos más violentos de EE.UU., sobre todo asesinos masivos y en serie, y que desarrollaron el trazado de perfiles de autores de crímenes, John Douglas -igual que Holden Ford- era el más egocéntrico y deseoso de atención de los dos. Por tanto, comencé la lectura del libro con cierta prevención... Y es cierto que se trata, en buena medida, de una autobiografía y, sobre todo, un recorrido por la carrera profesional del señor Douglas -con fotos al final del libro, por si fuera poco- ; los primeros capítulos, por ejemplo, se dedican, de una manera innecesariamente exhaustiva, a contarnos su infancia y juventud, su poco fructífero -al menos, en lo académico- paso por la universidad y su más aprovechado servicio en las Fuerzas Aéreas (en las que no vio un avión ni mucho menos un combate ni en pintura). Pero el caso es que, ya sea por la simpatía del autor o por el buen hacer del otro coautor, para cuando nos metemos en la harina criminal, Douglas ha conseguido caer bastante bien al lector (al menos en mi caso) y a partoir de ahí ya todo es remar a favor de corriente.
Su paso como agente de calle en Milwaukee tiene cierto interés (es curioso pensar, además, que pudo cruzarse alguna vez por la calle con un jovencito Jeffrey Dahmer), pero es cuando pasó a la célebre Unidad de Ciencias del Comportamiento de Quantico cuando el libro toma vuelo y asistimos, aunque de forma más directa, a lo que los espectadores de la serie ya conocemos de sobra: las entrevistas a Ed Kemper, Charlie Manson, Jeff Brudos, Richard Speck, Berkowitz y demás star system del "serialkillismo"... Puede resultar muy interesante, por cierto, para los fans de la serie, comprobar cómo determinadas escenas o giros de guión ya están presentes en el libro, aunque en ocasiones de una forma diferente o con otros protagonistas. Pero pronto Douglas -bueno, y Olshaker- se pasa al tema que realmente le interesa: cómo se pueden utilizar todo el estudio que hicieron del comportamiento de estos criminales y el desarrollo del análisis de perfiles para la identificación y captura de otros asesinos, a ser posible antes de que hagan más daño. Los autores nos muestran un montón de ejemplos, empezando por un terrible suceso que también aparece en la serie: el asesinato de decenas de niños negros en Atlanta a comienzos de los años 80; pero también encontramos muchos otros casos, de una variada tipología, desde violadores y destripadores a envenenadores de fármacos, secuestradores, acosadores de políticos, etc. Toda una fiesta del crimen, vaya... Hay que decir, en honor de Douglas, que en el último capítulo reconoce que sus métodos no son infalibles y que, por desgracia, no siempre se consigue atrapar a los psychokillers más peligrosos. Como ejemplo, pone dos casos en los que trabajó, sin éxito: el del llamado asesino de Green River y el de BTK, en el Medio Oeste. aunque debo hacer ver, sin embargo, que cuando Douglas y Olshaker publicaron este libro, estos dos asesinos (de lo peorcito que ha habido en el panorama de los serial killers, si cabe hacer una clasificación) aún no habían sido atrapados, pero unos años más tarde, por suerte, sí que lo fueron. Es obligado señalar que, pese a la fama de estrellita que se le suele atribuir a Douglas (aparecía de vez en cuando en la tele y fue asesor de películas como El silencio de los corderos), da la impresión de ser un tipo con los pies en la tierra sobre el crimen, ni "buenista" -ha visto demasiado para confiar en la bondad humana-, ni tampoco partidario de la mano dura sin más. Más bien considera que muchos criminales no habrían llegado a serlo si hubieran crecido en un entorno familiar estable y feliz, si hubiera un sistema adecuado de servicios sociales para poder detectar los problemas y encauzarlos adecuadamente, y si muchos hombres (que son la inmensísima mayoría de los criminales de este tipo) no viviesen inmersos en un estado de frustración y en un complejo de inferioridad permanente, de tal forma que sus anhelos de control y poder están en la raíz de tantas violaciones y asesinatos.
Porque, incluso para un señoro heteropatriarcal, etc. como soy yo, el testimonio de este otro más que señoro (pues cuenta ya con más de 80 años) no deja de resultarle, al fin y al cabo, como una especie de parte de guerra contra las mujeres. Quitando, por ejemplo, el ya mencionado asesinato de niños de Atlanta y algún que otro caso en el que se dio muerte a varones, aunque como "daños colaterales", si se me permite tan desalmada expresión, la sensación que deja el libro es la de ser una crónica de un feminicidio más sistemático de lo que parece, llevado a cabo por los miembros más extremistas (el "brazo armado", por decirlo así) de una sociedad profundamente misógina. Niñas, mujeres adultas, ancianas, estudiantes, prostitutas... Da igual la tipología de las víctimas, ya sea según la edad o "factor de riesgo" (este concepto es un tanto escurridizo, pero es innegable que una trabajadora sexual tiene más posibilidades de ser atacada que, por ejemplo, una maestra de escuela); el mundo parece decidido a meter a sus mujeres en cintura y para hacerlo suelta de vez en cuando a sus "perros locos" (figuradamente, quiero decir, pues Douglas no piensa que la mayoría de estos asesinos estén locos, en un sentido legal del término).
Visto para sentencia (es un decir) Mindhunter, vamos ahora con otro libro escrito por la pareja profesional de Douglas, Robert Ressler, esta vez junto al escritor Tom Shachtman:
Idioma original: inglés
Título original: I Have Lived in the Monster-
Año de publicación: 1998
Traducción: María Faidella
Valoración: entre recomendable (para interesados) y está bien
Para ser riguroso, debería haber leído El que lucha con monstruos, libro de Robert K. Ressler (el Bill de la serie, para entendernos), en el que explica todo este proceso de investigaación, las entrevistas con asesinos, etc. Es decir, el equivalente al libro de Douglas... así que, por no repetir exactamente lo mismo y tener una visión complementaria del asunto, me decanté por este Dentro del monstruo, en el que Ressler -también junto a otro escritor digamos "profesional"- nos cuenta su carrera como consultor privado, una vez jubilado del FBI (bueno, por no repetir los temas y porque éste es el libro suyo que encontré, no os voy a engañar). Por cierto que, año igual que el otro libro reseñado, éste éste cuenta al final con una serie de fotos ilustrativas, alguna de las cuales bien se podrían -o incluso debería- haber ahorrado.
He de decir que este libro es un tanto más desorganizado que el de Douglas y Olshaker (aunque repito que la comparación adecuada debería ser con El que lucha con monstruos-; en principio, en él Ressler hace un repaso a los casos más señeros en los que ha intervenido, de una forma u otra, desde que dejó el FBI, tanto en EE.UU. como en Europa, Japón y Sudáfrica. No todos esto casos, en realidad, se refieren a lo que conocemos como "asesinos en serie" (término acuñado por el propio Ressler, si bien parece que recogiendo la idea de un investigador alemán del periodo de entreguerras), sino que nos habla también de casos de parricidio, los atentados con gas sarín en el metro de Tokio, algún homicidio imprudente bastante lescandaloso, etc. Aunque la parte mollar del libro sí que está dedicada a los serial killers, tanto con una historia o relación de los mismos antes de que la Unidad de Ciencias del Comportamiento se pusiera a estudiarlos como con dos entrevistas de lo más llamativas, a los más que célebres John Wayne Gacy, el "Payaso Asesino" -que, curiosamente, había vivido en el mismo vecindario que Ressler durante su infancia y juventud- y el apuesto galán que aparece en la cubierta del libro, el llamado "Carnicero de Milwaukee", Jeffrey Dahmer, uno de los asesinos en serie que más atención ha recibido en los ultimos tiempos, inspirador de novelas, series de televivión y cómics. precisamente la inclusión de estas entrevistass a dos asesinos cuyas víctimas eran varones jóvenes y también que se nos cuente otros casos similares, como el del asesino de hombres gays de Kensington o el de adolescentes negros en Ciudad del Cabo ace que, con este libro la sensación de estar leyendo la crónica de un feminicidio no sea tan intensa como con el otro (en este último caso, además, parece que nos encontremos ante una especie de "metasesino", que se guía por las indicaciones que encuentra, justamente, en otros libros de Ressler).
En general el libro de Ressler y Shatchman no parece tan bien organizado, cronológica y temáticamente, como el de Douglas y Olshaker (repito que quizás el equivalentew será más bien su otro libro, anteriormente citado); si bien denota una mayor profundidad en el análisis psicológico, el conjunto da una sensación más de un cúmulo de "batallitas" contadas por un señor jubilado -batallitas sobre investigaciones criminales y asesinos en serie, claro, que no es que se dedicara a contemplar obras-, preocupado, sobre todo, por dejar bien limpio su nombre en el tema de sus actividades como consultor. A este respecto, es muy puntilloso, por ejemplo, al exolicar su actuación en el caso del asesinato de una joven madre en el parque de Wimbledon Common, en Londres, en el que una añagaza del periódico sensacionalista The Sun le puso en un situación incómoda. pero, sobre todo, busca responder a las críticas que, por lo visto, le hacían algunos de sus antiguos compañeros del FBI, porque sus servicios de experto a veces eran requeridos por las defensas de los presuntos asesinos -es el caso, por ejemplo, de lo ocurrido con Dahmer, aunque en ese caso, lo que trataba de probar la defensa no era su inoncia, sino que el tipo estaba totalmente cucú bananas enajenado a la hora de cometer sus crímenes-; de ahí que en un momento determinado afirme que "los celos profesionales son duraderos y no es fácil erradicarlos". Por si no quedaba claro lo que habia escrito unas páginas antes: "Algunos antiguos colegas míos del FBI han hecho circular que he ido en busca de trabajos como 'testigo experto' (...)". Cosa que él se preocupa mucho de desmentir una y otra vez.
Si se refierea de esta forma a su ex-compi John Douglas es difícil de decir, puesto que en todo el libro Ressler sólo lo menciona en una ocasión. Douglas, en cambio, sí que habla varias veces de Ressler, aunque como si se tratara de un colega más de la Unidad, como también menciona a muchos otros -Roy Hazelwood, Park Dietz, etc.-, no tanto como el compañero de tantas horas de viaje a lo largo y ancho de EE.UU. y, sobre todo, el que se había metido con él en pequeñas salas de un montón de prisiones a entrevistar a los asesinos más temibles que se conocían por entonces (quiero decir, fuera de los que podían encontrarse en el gobierno y las Fuerzas Armadas de su país). En algún momento difiere de la opinión de Ressler con respecto a la salud mental de Jeffrey Dahmer y menciona, como quien no quiere la cosa, cierto juicio de asesinato en Seattleen el que los dos iban a declarar, en lados opuestos del proceso penal y, por lo que sea, Ressler decició no hacerlo...
Por otro lado, en El que lucha con monstruos (aunque repito que no lo he leído) al parecer Ressler contradice en algunos detalles la versión de Douglas de a quién se le ocurrió qué en sus entrevistas con diversos serial killers... En fin, digamos que, sin que se expliciten sus diferencias y tampoco ninguno le falte al respeto al otro, parece claro que, a partir de un determinado momento no había lo que se dice el mejor de los rollos entre ambos. Lo que no sé es que pudieron pensar sobre los personajes de la serie que inspiraron sus figuras: bueno, perdón, en realidad, sí sabemos lo que pensó Robert Ressler: nada en absoluto, porque falleció en 2013, antes de que se rodase dicha serie. En cuanto a John Douglas, lo único que he podido encontrar es que no le parecía mal (aunque quien la haya visto seguramente encontrará al personaje de Holden Ford brillante, pero también bastante más cargante que el de Bill Tench... es decir, Ressler). Pero Douglas tiene ya 80 años y probablemente y más aún después de loq ue ha visto, se encuentra ya por encima de las vanidades del mundo (no se puede decir lo mismo de todos los señoros norteamericanos de su generacíón... y que cada cual piense en quien quiera).
(1) Para los "muy cafeteros": sabed que, si bien parece que la serie no tendrá continuación como tal, de vez en cuando si que salen rumores de que David Fincher podría dirigir una o varias películas-secuelas de la misma... Crucemos los dedos, a ver si es cierto.
(1 bis) Para los "muy pero que muy cafeteros" le podéis echar un ojo, si no lo habéis hecho ya, a otra serie de Netflix, la muy cinéfila a la par que repugnante Monstruo: la historia de Ed Gein, sobre este célebre asesino -entre otras cosas-, y en concreto, al final de la misma (el chivatazo hay que agradecérselo a Oriol, por cierto).