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martes, 16 de junio de 2026

Fight Combo: Douglas vs. Ressler

Como uno de los muchos seguidores (ya casi nostálgicos) de la serie de Netflix Mindhunter (1), después de verla por primera vez me dediqué a investigar un poco sobre los investigadores reales del FBI que habían inspirado a los personajes de Holden Ford y Bill Tench. A uno de ellos, Robert Ressler, en el que se basa el bueno de Bill, ya lo conocía de un reportaje que vi hace tiempo en RTVE. Del otro, John Douglas -Holden Ford, para entendernos- no tenía noticia, pero resulta que es quien escribió el libro, junto al cineasta y escritor Mark Olshaker, que dio pie a esta serie ya de culto. También Ressler, por su parte, ha escrito varios libros, pero junto a Douglas y a Ann Burgess -la enfermera psiquiátrica que se supone inspiró a la doctora Wendy Carr de la serie- tan sólo el "manual" Homicidio sexual: patrones y motivos, de 1988. Es más, en las entrevistas  de ambos que leí no hacían ninguna referencia el uno del otro, pese a la estrecha vinculación que se les puede suponer, habiendo vivido juntos momentos tan intensos en sus entrevistas a los asesinos más pavorosos, en su época, de Estados Unidos. Así que me dije "cuate, aquí hay tomate" y no sólo el de la portada del libro de Douglas, por lo que, cuando he tenido oportunidad, he leído un libro de cada uno (tienen varios) para ver si lograba dilucidar esta curiosidad mía... Bueno, y por si había salseo, tampoco os voy a engañar.


Idioma original: inglés

Título original: Mindhunter. Inside the FBI elite serial crimen unit

Año de publicación: 1995

Traducción: Ana Guelbenzu

Valoración: bastante recomendable

Se supone que, de la pareja de investigadores del FBI que,  a finales de los 70, comenzaron a llevar a cabo entrevistas a los presos más violentos de EE.UU., sobre todo asesinos masivos y en serie, y que desarrollaron el trazado de perfiles de autores de crímenes, John Douglas -igual que Holden Ford- era el más egocéntrico y deseoso de atención de los dos. Por tanto, comencé la lectura del libro con cierta prevención... Y es cierto que se trata, en buena medida, de una autobiografía y, sobre todo, un recorrido por la carrera profesional del señor Douglas -con fotos al final del libro, por si fuera poco- ; los primeros capítulos, por ejemplo, se dedican, de una manera innecesariamente exhaustiva, a contarnos su infancia y juventud, su poco fructífero -al menos, en lo académico- paso por la universidad y su más aprovechado servicio en las Fuerzas Aéreas (en las que no vio un avión ni mucho menos un combate ni en pintura). Pero el caso es que, ya sea por la simpatía del autor o por el buen hacer del otro coautor, para cuando nos metemos en la harina criminal, Douglas ha conseguido caer bastante bien al lector (al menos en mi caso) y a partoir de ahí ya todo es remar a favor de corriente. 

Su paso como agente de calle en Milwaukee tiene cierto interés (es curioso pensar, además, que pudo cruzarse alguna vez por la calle con un jovencito Jeffrey Dahmer), pero es cuando pasó a la célebre Unidad de Ciencias del Comportamiento de Quantico cuando el libro toma vuelo y asistimos, aunque de forma más directa, a lo que los espectadores de la serie ya conocemos de sobra: las entrevistas a Ed Kemper, Charlie Manson, Jeff Brudos, Richard Speck, Berkowitz y demás star system del "serialkillismo"... Puede resultar muy interesante, por cierto, para los fans de la serie, comprobar cómo determinadas escenas o giros de guión ya están presentes en el libro, aunque en ocasiones de una forma diferente o con otros protagonistas. Pero pronto Douglas -bueno, y Olshaker- se pasa al tema que realmente le interesa: cómo se pueden utilizar todo el estudio que hicieron del comportamiento de estos criminales y el desarrollo del análisis de perfiles para la identificación y captura de otros asesinos, a ser posible antes de que hagan más daño. Los autores nos muestran un montón de ejemplos, empezando por un terrible suceso que también aparece en la serie: el asesinato de decenas de niños negros en Atlanta a comienzos de los años 80; pero también encontramos  muchos otros casos, de una variada tipología, desde violadores y destripadores a envenenadores de fármacos, secuestradores, acosadores de políticos, etc. Toda una fiesta del crimen, vaya... Hay que decir, en honor de Douglas, que en el último capítulo reconoce que sus métodos no son infalibles y que, por desgracia, no siempre se consigue atrapar a los psychokillers más peligrosos. Como ejemplo, pone dos casos en los que trabajó, sin éxito: el del llamado asesino de Green River y el de BTK, en el Medio Oeste. aunque debo hacer ver, sin embargo, que cuando Douglas y Olshaker publicaron este libro, estos dos asesinos (de lo peorcito que ha habido en el panorama de los serial killers, si cabe hacer una clasificación) aún no habían sido atrapados, pero unos años más tarde, por suerte, sí que lo fueron. Es obligado señalar que, pese a la fama de estrellita que se le suele atribuir a Douglas (aparecía de vez en cuando en la tele y fue asesor de películas como El silencio de los corderos), da la impresión de ser un tipo con los pies en la tierra sobre el crimen, ni "buenista" -ha visto demasiado para confiar en la bondad humana-, ni tampoco partidario de la mano dura sin más. Más bien considera que muchos criminales no habrían llegado a serlo si hubieran crecido en un entorno familiar estable y feliz, si hubiera un sistema adecuado de servicios sociales para poder detectar los problemas y encauzarlos adecuadamente, y si muchos hombres (que son la inmensísima mayoría de los criminales de este tipo) no viviesen inmersos en un estado de frustración y en un complejo de inferioridad permanente, de tal forma que sus anhelos de control y poder están en la raíz de tantas violaciones y asesinatos.

Porque, incluso para un señoro heteropatriarcal, etc. como soy yo, el testimonio de este otro más que señoro (pues cuenta ya con más de 80 años) no deja de resultarle, al fin y al cabo, como una especie de parte de guerra contra las mujeres. Quitando, por ejemplo, el ya mencionado asesinato de niños de Atlanta y algún que otro caso en el que se dio muerte a varones, aunque como "daños colaterales", si se me permite tan desalmada expresión, la sensación que deja el libro es la de ser una crónica de un feminicidio más sistemático de lo que parece, llevado a cabo por los miembros más extremistas (el "brazo armado", por decirlo así) de una sociedad profundamente misógina. Niñas, mujeres adultas, ancianas, estudiantes, prostitutas... Da igual la tipología de las víctimas, ya sea según la edad o "factor de riesgo" (este concepto es un tanto escurridizo, pero es innegable que una trabajadora sexual tiene más posibilidades de ser atacada que, por ejemplo, una maestra de escuela); el mundo parece decidido a meter a sus mujeres en cintura y para hacerlo suelta de vez en cuando a sus "perros locos" (figuradamente, quiero decir, pues Douglas no piensa que la mayoría de estos asesinos estén locos, en un sentido legal del término).

Visto para sentencia (es un decir) Mindhunter, vamos ahora con otro libro escrito por la pareja profesional de Douglas, Robert Ressler, esta vez junto al escritor Tom Shachtman:

Idioma original: inglés

Título original: I Have Lived in the Monster-

Año de publicación: 1998

Traducción: María Faidella

Valoración: entre recomendable (para interesados) y está bien

Para ser riguroso, debería haber leído El que lucha con monstruos, libro de Robert K. Ressler (el Bill de la serie, para entendernos), en el que explica todo este proceso de investigaación, las entrevistas con asesinos, etc. Es decir, el equivalente al libro de Douglas... así que, por no repetir exactamente lo mismo y tener una visión complementaria del asunto, me decanté por este Dentro del monstruo, en el que Ressler -también junto a otro escritor digamos "profesional"- nos cuenta su carrera como consultor privado, una vez jubilado del FBI (bueno, por no repetir los temas y porque éste es el libro suyo que encontré, no os voy a engañar). Por cierto que, al igual que el otro libro reseñado, éste cuenta al final con una serie de fotos ilustrativas, alguna de las cuales bien se podrían -o incluso debería- haber ahorrado.

He de decir que este libro es un tanto más desorganizado que el de Douglas y Olshaker (aunque repito que la comparación adecuada debería ser con El que lucha con monstruos); en principio, en él Ressler hace un repaso a los casos más señeros en los que ha intervenido, de una forma u otra, desde que dejó el FBI, tanto en EE.UU. como en Europa, Japón y Sudáfrica. No todos esto casos, en realidad, se refieren a lo que conocemos como "asesinos en serie" (término acuñado por el propio Ressler, si bien parece que recogiendo la idea de un investigador alemán del periodo de entreguerras), sino que nos habla también de casos de parricidio, los atentados con gas sarín en el metro de Tokio, algún homicidio imprudente bastante lescandaloso, etc. Aunque la parte mollar del libro sí que está dedicada a los serial killers, tanto con una historia o relación de los mismos antes de que la Unidad de Ciencias del Comportamiento se pusiera a estudiarlos como con dos entrevistas de lo más llamativas, a los más que célebres John Wayne Gacy, el "Payaso Asesino" -que, curiosamente, había vivido en el mismo vecindario que Ressler durante su infancia y juventud- y el apuesto galán que aparece en la cubierta del libro, el llamado "Carnicero de Milwaukee", Jeffrey Dahmer, uno de los asesinos en serie que más atención ha recibido en los ultimos tiempos, inspirador de novelas, series de televivión y cómics. precisamente la inclusión de estas entrevistass a dos asesinos cuyas víctimas eran varones jóvenes y también que se nos cuente otros casos similares, como el del asesino de hombres gays de Kensington o el de adolescentes negros en Ciudad del Cabo ace que, con este libro la sensación de estar leyendo la crónica de un feminicidio no sea tan intensa como con el otro (en este último caso, además, parece que nos encontremos ante una especie de "metasesino", que se guía por las indicaciones que encuentra, justamente, en otros libros de Ressler).

En general el libro de Ressler y Shatchman no parece tan bien organizado, cronológica y temáticamente, como el de Douglas y Olshaker (repito que quizás el equivalentew será más bien su otro libro, anteriormente citado); si bien denota una mayor profundidad en el análisis psicológico, el conjunto da una sensación más de un cúmulo de "batallitas" contadas por un señor jubilado -batallitas sobre investigaciones criminales y asesinos en serie, claro, que no es que se dedicara a contemplar obras-, preocupado, sobre todo, por dejar bien limpio su nombre en el tema de sus actividades como consultor. A este respecto, es muy puntilloso, por ejemplo, al exolicar su actuación en el caso del asesinato de una joven madre en el parque de Wimbledon Common, en Londres, en el que una añagaza del periódico sensacionalista The Sun le puso en un situación incómoda. pero, sobre todo, busca responder a las críticas que, por lo visto, le hacían algunos de sus antiguos compañeros del FBI, porque sus servicios de experto a veces eran requeridos por las defensas de los presuntos asesinos -es el caso, por ejemplo, de lo ocurrido con Dahmer, aunque en ese caso, lo que trataba de probar la defensa no era su inoncia, sino que el tipo estaba totalmente cucú bananas enajenado a la hora de cometer sus crímenes-; de ahí que en un momento determinado afirme que  "los celos profesionales son duraderos y no es fácil erradicarlos". Por si no quedaba claro lo que habia escrito unas páginas antes: "Algunos antiguos colegas míos del FBI han hecho circular que he ido en busca de trabajos como 'testigo experto' (...)". Cosa que él se preocupa mucho de desmentir una y otra vez.

Si se refierea de esta forma a su ex-compi John Douglas es difícil de decir, puesto que en todo el libro Ressler sólo lo menciona en una ocasión. Douglas, en cambio, sí que habla varias veces de Ressler, aunque como si se tratara de un colega más de la Unidad, como también menciona a muchos otros -Roy Hazelwood, Park Dietz, etc.-,  no tanto como el compañero de tantas horas de viaje a lo largo y ancho de EE.UU. y, sobre todo, el que se había metido con él en pequeñas salas de un montón de prisiones a entrevistar a los asesinos más temibles que se conocían por entonces (quiero decir, fuera de los que podían encontrarse en el gobierno y las Fuerzas Armadas de su país). En algún momento difiere de la opinión de Ressler con respecto a la salud mental de Jeffrey Dahmer y menciona, como quien no quiere la cosa, cierto juicio de asesinato en Seattleen el que los dos iban a declarar, en lados opuestos del proceso penal y, por lo que sea, Ressler decició no hacerlo... 

Por otro lado, en El que lucha con monstruos (aunque repito que no lo he leído) al parecer Ressler contradice en algunos detalles la versión de Douglas de a quién se le ocurrió qué en sus entrevistas con diversos serial killers... En fin, digamos que, sin que se expliciten sus diferencias y tampoco ninguno le falte al respeto al otro, parece claro que, a partir de un determinado momento no había lo que se dice el mejor de los rollos entre ambos. Lo que no sé es que pudieron pensar sobre los personajes de la serie que inspiraron sus figuras: bueno, perdón, en realidad, sí sabemos lo que pensó Robert Ressler: nada en absoluto, porque falleció en 2013, antes de que se rodase dicha serie. En cuanto a John Douglas, lo único que he podido encontrar es que no le parecía mal (aunque quien la haya visto seguramente encontrará al personaje de Holden Ford brillante, pero también bastante más cargante que el de Bill Tench... es decir, Ressler). Pero Douglas tiene ya 80 años y probablemente y más aún después de loq ue ha visto, se encuentra ya por encima de las vanidades del mundo (no se puede decir lo mismo de todos los señoros norteamericanos de su generacíón... y que cada cual piense en quien quiera). 

(1) Para los "muy cafeteros": sabed que, si bien parece que la serie no tendrá continuación como tal, de vez en cuando si que salen rumores de que David Fincher podría dirigir una o varias películas-secuelas de la misma... Crucemos los dedos, a ver si es cierto.

(1 bis) Para los "muy pero que muy cafeteros" le podéis echar un ojo, si no lo habéis hecho ya, a otra serie de Netflix, la muy cinéfila a la par que repugnante  Monstruo: la historia de Ed Gein, sobre este célebre asesino -entre otras cosas-, y en concreto, al final de la misma (el chivatazo hay que agradecérselo a Oriol, por cierto).

viernes, 28 de julio de 2023

Fight Combo (y resopón de ULAD hace Historia): El affaire Martin Guerre

Existe un claro vínculo entre la Historia y la ficción, ya hablemos de literatura o de cine: a menudo, un escritor o escritora extrae de los estudios, documentos y manuales sobre algún hecho o personaje histórico la idea y el material para escribir una novela más o menos fiel a lo ocurrido en la realidad; de vez en cuando, una de estas novelas históricas es adaptada en el guion de una película que, a su vez, incrementa la popularidad tanto de la novela como del hecho histórico o personaje en cuestión. Éste suelo ser el camino habitual, pero, en alguna ocasión, el sentido de esta influencia se invierte, lo que deviene en un caso más interesante. Tal fue lo ocurrido con la figura de Martin Guerre, el joven hijo de un hacendado de un pueblo de los Pirineos, que un día decidió ausentarse de su casa por un tiempo para escapar del enojo de su padre, dejando atrás esposa e hijo. Cuando regresa, ocho años más tarde, parece haber cambiado su carácter -a mejor, eso sí- y todo el mundo le acoge con alegría. Sin embargo, en su esposa, Bertrande de Rols, y en su tío se instala poco a poco la sospecha de que ése no es su auténtico marido y acaban por denunciarlo por impostor, produciéndose el juicio subsiguiente.

A partir de noticias recogidas en diversos libros, desde el siglo XVI -bien es cierto que, entre otros, se habla de él en uno de los Ensayos de Montaigne, que asistió al juicio en Toulouse en 1560 y sobre todo en el que escribió uno de los jueces, Jean de Coras, aunque también en textos de Alexandre Dumas y Rubén Darío- la novelista americana Janet Lewis escribió, como primer título de una trilogía de novelas históricas dedicadas a controversias jurídicas por el uso abusivo de pruebas circunstanciales, La mujer de Martin Guerre, que sirvió de base para la película francesa El regreso de Martin Guerre (que luego tuvo un remake hollywoodiense, ambientado en la Guerra Civil estadounidense); como asesora del proyecto cinematográfico trabajó la historiadora Natalie Zemon Davis, quien, a raíz de su investigación para la película, publicó a su vez un libro, esta vez ya de Historia propiamente dicha, con, en principio, todos los requisitos académicos, titulado de igual manera.


Idioma original: inglés

Título original: The Wife of Martin Guerre

Año de publicación: 1941

Traducción: Antonio Iriarte

Valoración: recomendable

La mujer de Martin Guerre es un novela histórica -como ya digo, primera de una trilogía- que recrea los hechos fundamentales de esta suplantación y denuncia, pero es, antes que libro de Historia, una novela; en aras de una narración más ágil su autora obvió algunos aspectos del asunto, simplificó el proceso judicial y acentuó el dramatismo de un final apoteósico, aunque respetando en gran medida lo que sucedió en realidad, bien es cierto... Pero, sobre todo, otorgó el protagonismo, ya desde el propio título y una mayor hondura psicológica a la esposa de Martin, Bertrande de Rols, de la que se nos cuentan sus actos y pensamientos desde el día de su boda, a la tierna edad de once años, hasta la resolución del insólito asunto (que no voy a contar). No obstante, y pese a esa atención, no queda muy claro el motivo de su cambio de parecer respecto a su supuesto -o no- y recobrado -o tampoco- marido, más allá de su convicción por esclarecer la verdad, la defensa de su honestidad y de sus valores cristianos. Aún así, resulta, sin duda, un personaje de lo más interesante y hasta memorable.

Destacan también, en esta notable aunque corta novela, la reconstrucción, es de suponer que pormenorizada, de la vida campesina hace casi 500 años y, sobre todo, las maravillosas descripciones de la naturaleza y el efecto del paso del tiempo sobre ella que nos brinda Janet Lewis. Un punto fuerte de esta novela, que, no obstante y como ya he explicado, deja a un lado ciertos aspectos del asunto, que para se recogidos y explicados debieron esperar aún cuatro décadas más a que se escribiera...


Idioma original: inglés

Título original: The Return of Martin Guerre

Año de publicación: 1983

Traducción: Helena Rotés Rull

Valoración: más que recomendable

A día de hoy, este libro de la historiadora norteamericana Natalie Z. Davis es el más conocido sobre este famoso affaire, cosa notable, al tratartse de un estudio histórico, propiamente dicho (de microhistoria, en realidad, siendo uno de sus ejemplos más célebres), con sus disquisiciones habituales, sutilezas -jurídicas, y religiosas, en este caso-, notas y lista interminable de referencias bibliográficas. pero, claro, tode este asunto tiene unas connotaciones y derivaciones tan fascinantes -la impostura, la identidad, la inquietante posibilidad de tener un döppelganger-, además de un carácter literario tan perfectamente estructurado desde el punto de vista narrativo, que no se pueden obviar. Sin embargo, hay también algunos puntos, puntualizaciones que no se pueden soslayar desde el rigor historiográfico, que la novela de Lewis no tocaba y es te libro, en cambio, desarrolla e incluso les concede gran importancia:
  • El origen vasco de Martin Guerre y su familia-oriundos de Hendaya y cuyo apellido proviene, al parecer, de Daguerre-, es decir, de una región del reino de Francia donde algunas costumbres y, sobre todo, la preservación y transmisón del patrimonio familiar son diferentes a las del condado de Foix, donde se asentaron.
  • Las disensiones religiosas de la época, inmediatamente anterior a las guerras de religión que asolaron Francia. En Gascuña, de hecho, la presencia protestante era muy importante y Davis insinúa que tal vez Bertrande pudiera haberse visto atraída por la Reforma (sin olvidar que el juez del caso que escribió el primer libro al respecto del mismo, Arrest Memorable, tenía simpatñias cada vez mayores por el protestantismo y, lo que es más, años más tarde acabó linchado por ello).
  • El papel mucho más ambiguo de Bertrande de Rols, a la que, por otro lado, se le da aquí menos protagonismo. Natalie Davis supone que , en realidad, estaba muy a gusto con su marido "nuevo" o "recobrado" (según) y que  si le denunció fue sólo al verse obligada a ello, pero que en secreto prefería perder el juicio.
Ésta es, precisamente, la principal objeción que se pone al libro de Davis y que hace arrugar el morro a algunos historiadores: que abundan las suposiciones, extrapolaciones, las "hipótesis que podemos dar por válidas", los sobrentendidos admisibles en una narración literaria, pero no tanto en una obra de tipo histórico. De hecho, en cierto modo se puede extender el análisis que hace esta autora del Arrest Memorable de Coras a su propio libro, cuyas "características esenciales" consistirían también "en su mezcla de estilos y de enfoques. Se trata de un libro sobre cuestiones legoles que cuestiona el funcionamiento de la ley; de un relato histórico que sugiere dudas sobre su propia veracidad (...) un texto a medio camino entre el cuento moral, la comedia y la tragedia(...) en el que los héroes parecen villanos y los villanos parecen héroes y en el que la historia se cuenta de dos maneras distintas al mismo tiempo".

Pero esa es, justamente, la clave de la fascinación que produce la peripecia de Martin Guerre y los libros (y películas) que se han basado en ella; la Historia vista no como una reliquia que acumula polvo en un museo, sino como un trozo palpitante de vida (perdón por el topicazo), una porción de la experiencia humana que nos concierne tanto a nosotros como aquellas gentes del siglo XVI en los Pirineos.

viernes, 5 de mayo de 2023

Fight Combo: La condesa sangrienta.

Más que célebre es la historia de la condesa húngara Erzébet o Elizabeth Báthory, que a comienzos del siglo XVII se supone dio muerte, personalmente o como comandataria, a cientos de muchachas con el objeto de  satisfacer sus impulsos sádicos. aunque también de llevar a cabo prácticas en teoría rejuvenecedoras, como darse baños en la sangre de sus víctimas o rituales brujeriles. No sé si cientos, pero sin duda sí que decenas de libros se han escrito sobre ella (y también se ha realizado más de una película); los más conocidos en el ámbito hispanófono son, con seguridad, el que escribió la poeta argentina Alejandra Pizarnik y, antes que éste, el que le dio lugar, de otra poeta, la francesa Valentine Penrose, ambos con el mismo título, La condesa sangrienta y publicados, con algunos años de diferencia, en la década de los 60 del siglo XX. Veamos cuáles son las concomitancias y diferencias entre ellos:

Idioma original: francés

Título original: Erzsébeth Bàthory. La Comtesse sanglante

Año de publicación: 1962

Traducción: M. Teresa Gallego Urrutia e Isabel Reverte

Valoración: más que recomendable

No sé hasta qué punto este libro se considerará canónico sobre el tema, en el ámbito historiográfico, pero, como digo, al menos sí que se considera una obra literaria importante, quizá la principal que ha dado lugar la historia/leyenda de Erzébet Báthory. Y eso se debe a que, si bien parece que Valentine perose buscó y utilizó toda la bibliografía y documentación que pudo encontrar sobre la figura de la condesa Báthory, al final no compuso una biografía al uso. o; mejor dicho, sí que lo hizo, pero no se limitó a eso: este libro es también la crónica de una época y un lugar en pleno cambio, la Hungría de alrededor de 1600, que estaba evolucionando desde la ferocidad -por no decir la barbarie- de una sociedad aún feudal y guerrera (ante la amenaza turca, principalmente), hacia la implantación de un estado fuerte, centrado en la figura del emperador y más orientado a los vientos provenientes de Europa occidental. Pero, sobre todo, es una orgía para los sentidos, un derroche de suntuosidad literaria, tanto en lo que respecta a los aspectos más "ambientales", digamos -las descripciones de fiestas y banquetes, de bosques y castillos, de elementos climáticos, de paisajes urbanos, las genealogías familiares-, como de aquellos otros inevitablemente horrendos, sanguinarios, morbosos... las torturas y los asesinatos, las masacres, incluso, que dejan tras de sí cadáveres, charcos de sangre y hedor.

Como ya he mencionado, Penrose estructuró este libro como una biografía de la condesa, pero también a modo de crónica familiar, tanto de los perturbados Báthory como de los respetados Nàdasdy, la familia de su esposo. Y de la situación política del Imperio Germánico (del que Hungría no formaba parte, pero Austria, sí) en la época de los Habsburgo. pero sobre todo, el libro es un estudio sobre la locura sádica y narcisista, así como de la abyección humana, pues la condesa no perpetraba sola sus crímenes, sino que necesitaba la ayuda de sus siniestras sirvientas -Dorkó, Jó Ilona, Kata Beniezsky, Fitzkó-, la complicidad de muchas personas que cooperaban en la tarea de conseguirle víctimas y el silencio, ya fuera cómplice o cobarde, de muchas otras que sabían o sospechaban los que ocurría en su castillo de Cjelthe, o en otras de sus residencias, incluso en la propia Viena.  Porque, además, La condesa sangrienta, no sé si de forma intencionada por su autora, aunque cabe pensar que sí, tiene una lectura política: la condesa y sus secuaces no se cebaban con las hijas de la nobleza húngara, aunque hubieran podido hacerlo, sino con una infinidad de chicas campesinas que sus propios padres ponían a su servicio; así lo hacían, en primer lugar, para evitarse  problemas evidentes, pero también porque la condesa Báthory consideraba que tal era su privilegio, al pertenecer ella a una de las principales familias del país... y, ciertamente, como tal estaba protegida por los poderosos, incluso cuando se destapó todo el pastel y hubo que imponerle algún castigo. este privilegio de clase también era evidente en el caso de Gilles de Rais, el asesino en serie (o incluso de masas) con quien más se puede comparar a la Báthory -de hecho, Valentine Penrose le dedica un capítulo entero de su libro-, perteneciente, a su vez, a la más alta nobleza francesa del siglo XV.

Aunque lo más destacable de este La condesa sangrienta, aparte del obvio impacto gore que guardan sus páginas, es la recreación  de todo un mundo cerrado, malsano, aunque fascinante, que denota la desconexión con la realidad de alguien que se siente libre de llevar hasta el límite sus fantasías e impulsos más sádicos y homicidas... (por entendernos y para quien la haya leído, la novela malrrollera por excelencia, La chica de al lado, sería una versión doméstica de esta gran producción hollywoodiense en tecnicolor). Una recreación de un mundo tan endógeno que llega a poseer cierto carácter onírico, lo que no es de extrañar habiendo sido Valentine Penrose, antes que nada, una poeta del movimiento, aunque el tono literario del libro recuerde más al simbolismo decimonónico. En cualquier caso, os aseguro que es una lectura que no puede dejar indiferente a nadie.


Idioma original:
español
Año de publicación: 1966
Valoración: también recomendable

Pocos años más tarde que el libro de Penrose y, son duda, entusiasmada por éste, la poeta Argentina Alejandra Pizarnik publicó su propia versión -comenzada, al parecer a modo de reseña-, que puede considerarse casi como un resumen del libro anterior o incluso, más aún, una condensación (o, en este caso, "condesación"... vale, perdón, ya lo dejo) al estilo Reader's Digest. Claro que en absoluto su intención era hacer más "digerible" la historia; bien al contrario, Pizarnik se centra casi en exclusiva -también su libro es considerablemente más corto- en ciertos aspectos que más le interesan: su deriva sádica y truculenta más que en el color local o de la época. Como ella misma explica: "La perversión sexual y la demencia de la condesa Báthory son tan evidentes que Valentine  Penrose se desentiende de ellas, para concentrarse exclusivamente en la belleza morbosa del personaje." Y adjunta una cita de Jean-Paul Sartre, que podrían firmar muchos psycho-killers: "El criminal no hace la belleza: él mismo es la auténtica belleza."

También cita, para que no se diga, a René Daumal, Gombrowicz, Rimbaud, Baudelaire, Milose, Octavio Paz, Antonin Artaud, Pierre-Jean Jouvé y diversas elegías del cancionero. Y, por supuesto, al marqués de Sade, que no puede faltar en toda esta salsa:
"Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible."

No conozco lo suficiente la obra de Pizarnik como para explicar cómo encaja  en ella su "condesa sangrienta" (si a alguien le interesa mucho saberlo, parece que César Aira tiene publicado un ensayo sobre esta escritora. Según él, por lo visto, Pizarnik no quiso seguir por este camino, que para ella quedaba agotado con este libro). Sin duda, su impronta poética ve reflejada en la belleza que consigue sacar de esa pesadilla splatterpunk que suponen los crímenes de la condesa y compañía, algo que se ve reforzado por las magníficas ilustraciones, entre góticas y simbolista, de Santiago Caruso para esta edición de Libros del Zorro Rojo (no es la única ocasión, por cierto, que este ilustrador argentino ha puesto imágenes a la obra de su compatriota). El libro, cierto es, no tiene la riqueza descriptiva ni la ambientación de que hace gala el de Valentine Penrose, pero gana en síntesis y en un esteticismo más depurado, así como en una mirada más "filosófica" (si se quiere decir así) sobre la atracción del abismo que conlleva asomarse a la figura de la condesa Báthory y a sus perturbados crímenes. Ambos libros, en cualquier caso, resultan recomendables, aunque quizá no muy digeribles para según que estómagos, yo aviso...



lunes, 5 de diciembre de 2022

Fight Combo: Megatiburón contra Crocosaurio

Vale, amigues, antes de que se me eche todo el mundo encima por el título de esta entrada (sí, esto es lo que se llama un clickbait), hablemos un momento sobre los monstruos, esas criaturas pavorosas, aunque fascinantes, que ocupan nuestras pesadillas, pero también parte, en mayor o menor medida, de nuestro tiempo de ocio. Como resulta obvio, no me refiero a los especímenes mutantes de las películas de serie B que ponen en la tele los sábados por la tarde, sino también a los mucho más frecuentes monstruos humanos que pueden vivir entre nosotros sin hacerse notar... ¿Y quiénes son esos monstruos que ocupan la parte alta del ránking en nuestras sociedades occidentales del siglo XXI? Pues, por ejemplo, los siempre cinematográficos asesinos en serie. Los terroristas, claro... (bueno, si sus ideas coinciden con las nuestras, no tanto). Y, cómo no, los violadores pedófilos. Que es, y nunca pensé que escribiría esta frase, adónde quería yo llegar... Como todo el mundo sabe, en la Historia de la literatura la figura del pederasta tiene un nombre y un libro: el Humbert Humbert de Lolita. De hecho, desde que apareció esta novela de Nabokov, hay que tenerlos muy bien puestos (lo que sea) para escribir otra sobre estos tipos y, más aún, que recoja, siquiera en parte, su punto de vista. Pues bien, en tiempos más o menos recientes dos escritoras latinoamericanas lo han hecho y sin arredrarse ante tal reto, Como también es obvio, los resultados no podían ser tan brillantes como el caso de Lolita, pero tampoco resultan desdeñables, en absoluto. Y, aunque, por supuesto, no se trata de comparar dos libros de dos escritoras diferentes (eso está un poco feo), aquí hemos venido a jugar, así que veamos al menos cual de los dos monstruos causa más repeluzno:


Idioma: español

Año de publicación: 2016

Valoración: entre recomendable (para quien se atreva) y está bien

El pederasta/monstruo pentápodo -huelgan las explicaciones sobre el título- de la mexicana Liliana Blum no es aquí un distinguido emigré europeo, sino un pequeño constructor de la ciudad de Durango (no me refiero a la vasca, huelga también decirlo), llamado Raymundo Betancur, un hombre trabajador, formal y afable... todo un pilar de la sociedad,  que se sirve de su tranquilizadora presencia, sus dotes organizativas y su destacable astucia para secuestrar niñas  de las que abusa en el sótano de sus casa. Una joyita, vaya.

La historia se nos cuenta desde el punto de vista de Cinthia, la última niña secuestrada, su desesperada madre, del propio pederasta -de quien conocemos así la naturaleza de sus apetitos, sin que ello lo haga menos repugnante- y, por último, de un cuarto personaje especialmente interesante: Aimée, una mujer con acondroplastia que es su novia y cómplice y que le escribe después acerca de todo lo sucedido... Que un pederasta tenga una novia enana puede parecer tan sólo una ocurrencia, una humorada de la autora del libro, pero lo cierto es que resulta un personaje clave en esta novela, y quien la dota no sólo de más facetas, sino también de una mayor profundidad. Dejando aparte a la niña y su madre, claro está, Aimée es el personaje más trágico de la novela, al tiempo que quien humaniza una historia que, en otro caso, no dejaría de ser una versión más cruda de la de Caperucita y el lobo. Pero Aimée es la abuelita y el cazador a la vez, víctima, cómplice y verdugo del monstruo, del Barbazul que esclaviza a las niñas. Un acierto de Liliana Blum, este personaje, que ayuda a digerir una historia difícil de leer, por lo que cuenta, pese a la impecable factura de esta novela.


Idioma: español

Año de publicación: 2019

Valoración: está bien

El tono de Degenerado, de la argentina residente en Francia Ariana Harwicz es bastante diferente; en esta novela es tan sólo el propio pederasta asesino quien se dirige a nosotros, o más bien lo hace a sus conciudadanos, a la jueza, a sus padres y, sobre todo, a sí mismo, en un incesante torrente de pensamientos y palabras que le sale a borbotones, un verdadero "chorro de conciencia"  que no pretende ser coherente -y parte de la gracia de la novela consiste en tratar de averiguar hasta qué punto lo es o no-, ni tampoco una confesión de su crimen. De hecho, el degenerado del título, de quien ignoramos nombre y edad exacta, -aunque parece ser un hombre mayor, parece que judío y tal vez de origen lituano o ruso, aunque viva en un pequeño pueblo de Francia (como la autora)- proclama en ocasiones su inocencia, aunque en otros momentos sí queda más claro que es culpable de haber violado y asesinado a una niña. Tampoco es que la claridad sea lo que parece preocupar más a la autora, por otra parte.

De todos modos, hay que señalar que en este chorro de palabras y pensamientos del tipo entra de todo, menos, casi, el propio crimen: va relatando -de aquella manera- su detención y procesamiento, las declaraciones del tribunal y de los testigos, sus propias refutaciones... pero, además, de forma harto confusa, episodios de su infancia -seguramente mixtificados-, recuerdos sobre la relación con sus padres y entre ellos, sus opiniones sobre la sociedad y su hipocresía, etc. En fin, un totum revolutum que resulta interesante e incluso creíble como expresión de una mente atormentada y/o desquiciada, pero más complicado de seguir como hilo narrativo por el que guiarse. Lo mejor, creo yo, es surfear por encima de toda la palabrería y quedarse más con la impresión general que con el sentido, al pie de la letra, de cada frase o párrafo.

Resulta difícil empatizar o siquiera comprender al protagonista, aunque no tanto, que también, porque haya cometido un crimen execrable, como por su carácter caótico, agrio y misántropo. Ni tampoco con los argumentos, un poco tópicos, de su autodefensa, que se resumen en: 

  1. Lo que en unas sociedades y/o épocas es admisible, en otras se persigue.
  2. Todo el mundo es un "degenerado" en la intimidad, porque el que no hace unas cochinadas, hace otras.
  3. Soy un chivo expiatorio de la hipocresía social.
Digamos que trata de resultar "celinesco" y se queda en una imitación de los personajes "houllebecquianos", ya de por sí no demasiado atrayentes. Quizás haya sido esta la intención de la escritora, a quien, al parecer, le gusta resultar heterodoxa y polémica, y en tal caso, lo ha conseguido. Otra cosa es que pueda resultar cautivadora o rompedora esta novela, cuya lectura es interesante, sin duda tanto conceptualmente como en lo  que se refiere a la técnica narrativa resultante, pero que no sé si se recordará con agrado (o desagrado, que tanto da) por quienes la lean. Como "monstruo", pues, al degenerado en cuestión le sobra verborrea y le falta cierta consistencia.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Fight Combo: La semilla de la bruja, de Margaret Atwood vs. La tempestad de William Shakespeare

Idioma original: inglés
Título original: The Tempest
Año de publicación:1611 (1ª representación)
Traducción/adaptación: José Hierro
Valoración: casi imprescindible






Idioma original: inglés
Título original: Hag-Seed
Año de publicación: 2016
Traducción: Miguel Temprano García
Valoración: más que recomendable

Vayamos por orden: para celebrar el 400 aniversario de la muerte de William Shakespeare, la editorial Hogarths (nada que ver con Hogwarts, potterheads, no os emocionéis) encargó a unos cuantos escritores bastante conocidos -Jo Nesbø, Gillian Flynn, Tracy Chevalier...- una serie de novelas basadas en sus obras; la autora más destacada de este grupo es, sin duda, la canadiense Margaret Atwood, que escribió La semilla de la bruja a partir de la comedia (!), un tanto hermética, La tempestad.

En segundo lugar, he de confesar que si el título de esta reseña doble induce a error, ha sido de manera premeditada por mi parte (algo tengo que hacer para conseguir que me leáis, concho, que yo no tengo followers ni haters ni nada, como mis compañeros...): aquí no hay ninguna lucha a muerte en Bangkok, ni esto se parece a una secuela de Freedy vs Jason o Alien vs. Predator, sólo que con caretas de Mrs. Atwood y del Inmortal Bardo de Stratford (me encanta esta expresión tan cursi). En realidad, lo que establecen obra de teatro y novela, o sus dos autores, si se prefiere, sería más bien un baile, un tango en el que el movimiento de uno está determinado por el  movimiento del otro bailarín. Cierto que la obra de Shakespeare es cuatro siglos anterior, por lo que sería quien marcara la parte dominante del tango, la que llevaría a su pareja, aunque sus movimientos tendrían un menor sentido sin ésta. Porque si es evidente que la novela de Atwood no podría existir sin La tempestad, lo cierto es que la novela sirve para explicar la obra, la complementa y aporta muchas claves de interpretación para aquellos que no somos, ni de lejos, expertos en Shakespeare.

Sigamos guardando un orden: La tempestad se considera una de las comedias de William Shakespeare, más que nada porque la cosa no acaba en un baño de sangre, hay algún que otro amorío y algún pequeño lío argumental. De acuerdo; pero en cualquier caso, es una comedia más bien amarga, con un aire siniestro y poco festivo, pese a algún momento de humor chocarrero, a cargo de los borrachos Trículo y Esteban y el monstruo Calibán. Éste, que en un primer momento seguramente no pasaba de verse como un personaje chusco y risible, con el tiempo se ha convertido en el más interesante e incluso central de la obra. Calibán es hijo de la bruja Sycorax, único habitante de un islote al que llegan Próspero, duque de Milán y su hija Miranda, cuando son traicionados Antonio, hermano de Próspero, y Alonso, rey de Nápoles, y abandonados en un bote en alta mar. Próspero, gracias a su dominio de la magia, consigue que Calibán le obedezca y, lo que es más importante, también Ariel, espíritu del aire, quien provoca una falsa tempestad cuando se enteran que el barco que lleva a sus antiguos enemigos se acerca. Desembarcados éstos en la isla y también Fernando, príncipe de Napóles, Próspero urde su venganza, largamente esperada...

El tema más evidente de la obra es, como se ve, la venganza. Venganza que parece justa, frente a tanta ambición y traición (no es de extrañar que El conde de Montecristo también rumiara la suya aprisionado en una isla); ahora bien, también podrían vengarse Ariel y Calibán del propio Póspero -y de hecho, al menos uno de ellos lo intenta-, ya que los ha reducido a meros criados y esclavos de sus caprichos, igual que él y su hija Miranda son esclavos del destino, que les ha recluido en un islote perdido; y reclusos de las artimañas de Próspero y Ariel son el resto de personajes... ninguno en la obra, en verdad, puede actuar de acuerdo a su libre  voluntad, constreñidos todos de una u otra manera. El tema subyacente, sería, pues, el de la libertad o la falta de ella, más bien... Claro que, ¿libertad de quién? Porque si hay algún personaje sojuzgado y humillado, ese es Calibán -en quién interpretaciones posteriores han querido ver una metáfora de los pueblos nativos americanos y africanos dominados y masacrados por Europa-, el único además que pretende revertir el orden establecido por medio de la violencia, aunque sea a costa de dejarse dominar por otro amo aún más fantoche -habría que ver por cuanto tiempo-, en una suerte de planteamiento prerrevolucionario. El contrapunto -también el complemento- a esta rabia subversiva lo pondría el viejo consejero Gonzalo, a quien le placería establecer en el islote una sociedad ideal, una utopía donde todo fuera armonía y buen rollito.



Si es Calibán el auténtico protagonista  de La tempestad, con más razón habría de serlo de la novela de Margaret Atwood, habida cuenta, además, que se titula justamente La semilla de la bruja... Pues no: el protagonismo se lo lleva aquí un alter ego de Próspero, el director teatral Felix Phillips, traicionado y apartado de su puesto como director de un festival de teatro en una localidad canadiense y que acaba recalando en un programa de alfabetización mediante la literatura para los presos del correccional Fletcher, lo que él aprovecha para montar con ellos una obra de Shakespeare cada año. Hasta que, por fin, llega el momento de interpretar La tempestad. 

Atwood centra toda su narración  en su Próspero/Felix y sus muy penosas circunstancias, con la sutileza psicológica y la perspicacia para observar los detalles que caracterizan a esta autora. Los demás personajes quedan -a excepción, quizás, de la actriz que interpreta a Miranda- reducidos a una serie de bosquejos rápidos aunque suficientemente característicos... Desopilante, por lo demás, resulta el reparto de presos que actúan en la obra, desde el vaina hasta Ocho Manos, pasando por Piernas o Lápiz Chueco... una panda, en todo caso, a la que se le coge cariño y a la que la autora trata con sumo respeto, porque si bien el humor está presente en buena parte de la novela, es un humor suave y socarrón, en ningún caso hiriente ni con los personajes más ruines (bueno, casi).

Entonces, ¿por qué se titula la novela La semilla de la bruja, en una clara referencia a nuestro ínclito Calibán? De hecho, durante toda la novela casi no se hace énfasis en este personaje... En realidad , lo que propone Atwood es que Calibán forma parte de la propia naturaleza de Próspero (de su Próspero/Felix, pero, por extensión, de todos nosotros): si Ariel se podría identificar con la parte luminosa, creativa y espiritual de la naturaleza humana, con el neocórtex más desarrollado, si se quiere, Calibán sería nuestro lado oscuro, vengativo aunque también insumiso, el cerebro reptiliano que todos tenemos ahí, más o menos escondido, hasta que, por algún motivo,  toma el control de todo nuestro ser.

En fin, una novela que tal vez no será considerada entre de las mejores obras de Margaret Atwood, pero que sin duda resulta de lo más recomendable para leer. Y a Shakespeare, claro... ; )


Otras obras de William Shakespeare reseñados en Un Libro Al Día: Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo
Porrón de reseñas de libros de Margaret Atwood en Un Libro Al Día: Aquí