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domingo, 25 de octubre de 2009

Confieso que he leído: Justine o los infortunios de la virtud del Marqués de Sade

Idioma original: francés
Título original: Justine, ou les malheurs de la vertu
Fecha de publicación: 1791
Valoración: atrévete a leerlo. No es para tanto

Decidiendo qué novela escoger para esta serie de autoflagelamiento literario casi no tuve ninguna duda. Al instante recordé al marqués de Sade y el haber leído libro y medio suyos. Esta reseña debía tratar un libro cuya lectura nos avergonzara reconocer por su escaso nivel literario, por haber sido un putruño para el cerebro y por, y a pesar de ello, habernos gustado, al menos lo suficiente como para haber leído el libro entero.

Y confieso que leí Justine palabra por palabra, hoja por hoja, hasta terminarlo. Y no sólo eso, reconfieso que además comencé, años después, otra de sus obras, Filosofía en el tocador. Eso sí, no pasé del cuarto de libro, y fue más que suficiente.

Supongo que con Justine depende del punto de vista con el que se lea el libro. Justine es una joven que ha decidido mantenerse en el camino de la virtud y no apartarse de él bajo ninguna circunstancia. Lástima que el destino le depare algo completamente distinto. Desde el principio se tiene que enfrentar a terribles situaciones de vejaciones, humillaciones y obligaciones que le apartan de ese camino. Pasa por varios lugares intentando encontrar algo bueno y recto y siempre se topa con lo contrario. Más o menos, este es el argumento central. Pero...

Al pensar en esta novela y en su autor lo primero que se suele venir a la cabeza es la idea de relatos de carácter sexual. Aberraciones sexuales que sufren o realizan sus protagonistas. Pero, lo que he visto al preparar esta reseña es algo diferente. En una sociedad como la francesa de finales del siglo XVIII, con una moral, digamos, relajada, una joven intenta seguir otro camino, presentándose este como extraño en el medio en el que se encuentra. Se dirige a varios lugares buscando reposo y bondad, y donde se supone que debe hallarlos, pero no es así. Ni los nobles de altísima alcurnia, ni los frailes, ni los alguaciles. Todos someten a las mujeres a las más profundas vejaciones. Quizá fue esto, más que las anécdotas sexuales en sí mismas, lo que escandalizó a la sociedad de su época. Es una crítica profunda al modo de vida pre y postrevolucionario.

El marqués de Sade perteneció a esa nobleza, participó activamente a favor de la Revolución, fue un autor de teatro de gran éxito y fue obligado a casarse con una noble a la que no amaba, y con lo que se excusaba para tener numerosas amantes. Pasó treinta años en la cárcel, y otros muchos en un manicomio, donde al final murió, a causa de algunos escándalos que protagonizó con prostitutas. Sin embargo, no es una vida con grandes escándalos o enormes perversiones, como podríamos creer. Gozó de visitas importantes hasta su muerte, y antes del encarcelamiento, medró en la carrera militar. Tiene publicadas numerosas obras, a pesar de la destrucción a la que fueron sometidas por su familia y por los mandatarios. Sus herederos aún tienen catorce obras de teatro inéditas. El estilo literario no es escaso en absoluto y no, no resulta ser un putruño para el cerebro.

Había elegido esta obra para reconocer que sí, que había leído de cabo a rabo todo lo que le ocurre a Justine. Y no es para tanto. Desde el punto de vista de crítica a la sociedad, es magnífico, aunque el estilo no es de gusto de todos. ¡Diantres, acabo de “desdemonizar” al demonio!

viernes, 5 de mayo de 2023

Fight Combo: La condesa sangrienta.

Más que célebre es la historia de la condesa húngara Erzébet o Elizabeth Báthory, que a comienzos del siglo XVII se supone dio muerte, personalmente o como comandataria, a cientos de muchachas con el objeto de  satisfacer sus impulsos sádicos. aunque también de llevar a cabo prácticas en teoría rejuvenecedoras, como darse baños en la sangre de sus víctimas o rituales brujeriles. No sé si cientos, pero sin duda sí que decenas de libros se han escrito sobre ella (y también se ha realizado más de una película); los más conocidos en el ámbito hispanófono son, con seguridad, el que escribió la poeta argentina Alejandra Pizarnik y, antes que éste, el que le dio lugar, de otra poeta, la francesa Valentine Penrose, ambos con el mismo título, La condesa sangrienta y publicados, con algunos años de diferencia, en la década de los 60 del siglo XX. Veamos cuáles son las concomitancias y diferencias entre ellos:

Idioma original: francés

Título original: Erzsébeth Bàthory. La Comtesse sanglante

Año de publicación: 1962

Traducción: M. Teresa Gallego Urrutia e Isabel Reverte

Valoración: más que recomendable

No sé hasta qué punto este libro se considerará canónico sobre el tema, en el ámbito historiográfico, pero, como digo, al menos sí que se considera una obra literaria importante, quizá la principal que ha dado lugar la historia/leyenda de Erzébet Báthory. Y eso se debe a que, si bien parece que Valentine perose buscó y utilizó toda la bibliografía y documentación que pudo encontrar sobre la figura de la condesa Báthory, al final no compuso una biografía al uso. o; mejor dicho, sí que lo hizo, pero no se limitó a eso: este libro es también la crónica de una época y un lugar en pleno cambio, la Hungría de alrededor de 1600, que estaba evolucionando desde la ferocidad -por no decir la barbarie- de una sociedad aún feudal y guerrera (ante la amenaza turca, principalmente), hacia la implantación de un estado fuerte, centrado en la figura del emperador y más orientado a los vientos provenientes de Europa occidental. Pero, sobre todo, es una orgía para los sentidos, un derroche de suntuosidad literaria, tanto en lo que respecta a los aspectos más "ambientales", digamos -las descripciones de fiestas y banquetes, de bosques y castillos, de elementos climáticos, de paisajes urbanos, las genealogías familiares-, como de aquellos otros inevitablemente horrendos, sanguinarios, morbosos... las torturas y los asesinatos, las masacres, incluso, que dejan tras de sí cadáveres, charcos de sangre y hedor.

Como ya he mencionado, Penrose estructuró este libro como una biografía de la condesa, pero también a modo de crónica familiar, tanto de los perturbados Báthory como de los respetados Nàdasdy, la familia de su esposo. Y de la situación política del Imperio Germánico (del que Hungría no formaba parte, pero Austria, sí) en la época de los Habsburgo. pero sobre todo, el libro es un estudio sobre la locura sádica y narcisista, así como de la abyección humana, pues la condesa no perpetraba sola sus crímenes, sino que necesitaba la ayuda de sus siniestras sirvientas -Dorkó, Jó Ilona, Kata Beniezsky, Fitzkó-, la complicidad de muchas personas que cooperaban en la tarea de conseguirle víctimas y el silencio, ya fuera cómplice o cobarde, de muchas otras que sabían o sospechaban los que ocurría en su castillo de Cjelthe, o en otras de sus residencias, incluso en la propia Viena.  Porque, además, La condesa sangrienta, no sé si de forma intencionada por su autora, aunque cabe pensar que sí, tiene una lectura política: la condesa y sus secuaces no se cebaban con las hijas de la nobleza húngara, aunque hubieran podido hacerlo, sino con una infinidad de chicas campesinas que sus propios padres ponían a su servicio; así lo hacían, en primer lugar, para evitarse  problemas evidentes, pero también porque la condesa Báthory consideraba que tal era su privilegio, al pertenecer ella a una de las principales familias del país... y, ciertamente, como tal estaba protegida por los poderosos, incluso cuando se destapó todo el pastel y hubo que imponerle algún castigo. este privilegio de clase también era evidente en el caso de Gilles de Rais, el asesino en serie (o incluso de masas) con quien más se puede comparar a la Báthory -de hecho, Valentine Penrose le dedica un capítulo entero de su libro-, perteneciente, a su vez, a la más alta nobleza francesa del siglo XV.

Aunque lo más destacable de este La condesa sangrienta, aparte del obvio impacto gore que guardan sus páginas, es la recreación  de todo un mundo cerrado, malsano, aunque fascinante, que denota la desconexión con la realidad de alguien que se siente libre de llevar hasta el límite sus fantasías e impulsos más sádicos y homicidas... (por entendernos y para quien la haya leído, la novela malrrollera por excelencia, La chica de al lado, sería una versión doméstica de esta gran producción hollywoodiense en tecnicolor). Una recreación de un mundo tan endógeno que llega a poseer cierto carácter onírico, lo que no es de extrañar habiendo sido Valentine Penrose, antes que nada, una poeta del movimiento, aunque el tono literario del libro recuerde más al simbolismo decimonónico. En cualquier caso, os aseguro que es una lectura que no puede dejar indiferente a nadie.


Idioma original:
español
Año de publicación: 1966
Valoración: también recomendable

Pocos años más tarde que el libro de Penrose y, son duda, entusiasmada por éste, la poeta Argentina Alejandra Pizarnik publicó su propia versión -comenzada, al parecer a modo de reseña-, que puede considerarse casi como un resumen del libro anterior o incluso, más aún, una condensación (o, en este caso, "condesación"... vale, perdón, ya lo dejo) al estilo Reader's Digest. Claro que en absoluto su intención era hacer más "digerible" la historia; bien al contrario, Pizarnik se centra casi en exclusiva -también su libro es considerablemente más corto- en ciertos aspectos que más le interesan: su deriva sádica y truculenta más que en el color local o de la época. Como ella misma explica: "La perversión sexual y la demencia de la condesa Báthory son tan evidentes que Valentine  Penrose se desentiende de ellas, para concentrarse exclusivamente en la belleza morbosa del personaje." Y adjunta una cita de Jean-Paul Sartre, que podrían firmar muchos psycho-killers: "El criminal no hace la belleza: él mismo es la auténtica belleza."

También cita, para que no se diga, a René Daumal, Gombrowicz, Rimbaud, Baudelaire, Milose, Octavio Paz, Antonin Artaud, Pierre-Jean Jouvé y diversas elegías del cancionero. Y, por supuesto, al marqués de Sade, que no puede faltar en toda esta salsa:
"Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible."

No conozco lo suficiente la obra de Pizarnik como para explicar cómo encaja  en ella su "condesa sangrienta" (si a alguien le interesa mucho saberlo, parece que César Aira tiene publicado un ensayo sobre esta escritora. Según él, por lo visto, Pizarnik no quiso seguir por este camino, que para ella quedaba agotado con este libro). Sin duda, su impronta poética ve reflejada en la belleza que consigue sacar de esa pesadilla splatterpunk que suponen los crímenes de la condesa y compañía, algo que se ve reforzado por las magníficas ilustraciones, entre góticas y simbolista, de Santiago Caruso para esta edición de Libros del Zorro Rojo (no es la única ocasión, por cierto, que este ilustrador argentino ha puesto imágenes a la obra de su compatriota). El libro, cierto es, no tiene la riqueza descriptiva ni la ambientación de que hace gala el de Valentine Penrose, pero gana en síntesis y en un esteticismo más depurado, así como en una mirada más "filosófica" (si se quiere decir así) sobre la atracción del abismo que conlleva asomarse a la figura de la condesa Báthory y a sus perturbados crímenes. Ambos libros, en cualquier caso, resultan recomendables, aunque quizá no muy digeribles para según que estómagos, yo aviso...



sábado, 26 de octubre de 2024

Georges Bataille: Madame Edwarda

Idioma original: francés

Título original: Madame Edwarda

Traducción: Salvador Elizondo

Año de publicación: 1937

Valoración: Rarito, curioso


Mira que en general me gustan los libros raros, me atraen, y en este blog hay algunos ejemplos, cosas que se han escrito para romper moldes, buscar caminos sin explorar. Pues puedo afirmar que este Madame Edwarda podría entrar en el top 10 de los textos más extraños que he leído nunca.

Es raro mi ejemplar, el libro físico (aclaro que no es el de la imagen), comprado a un vendedor de viejo . Edición mexicana de 1977, tiene setenta y una páginas, de las que treinta y siete las ocupan un prólogo de Salvador Elizondo, siempre metido en estas movidas, y un prefacio del propio Bataille dirigido a Pierre Angélique, el seudónimo que utilizó para esquivar la polémica en las primeras ediciones. Es decir, quedan para el relato apenas treinta y cuatro páginas, ninguna de las cuales llegará a quedar ocupada siquiera en su mitad. Por si fuera poco, cuenta mi pequeño volumen con un exlibris del puño y letra del pintor Vicente Roscubas, aunque le faltan, ya sería la leche, los varios grabados que nada menos que René Magritte elaboró para este texto.

Extraño es también el autor, Georges Bataille, de cuya filosofía dice Elizondo que es imposible una exposición razonada, lo cual es algo tranquilizador, aunque se esfuerza el escritor mexicano en aportar algunas ideas. Bataille es uno de esos tipos de principios del siglo XX que tocaba los asuntos más sensibles, o mejor, los destripaba sin cortarse ni un poco: el misticismo, el sexo y la muerte iban en el mismo lote, y hasta parece que quiso fundar una especie de secta en la que se pretendían ofrecer sacrificios humanos. La verdad es que estos tres campos, aunque en una medida algo más civilizada, también los vemos relacionados en algunos otros autores, desde el marqués de Sade hasta gente mucho más moderna pero, visto el panorama, tampoco creo que sea cuestión de intentar profundizar más por ese camino.

Con estos antecedentes, el texto en sí de Madame Edwarda tampoco le va a la zaga en materia de rareza. Con esas treintaypocas páginas mediadas podríamos hablar de un relato corto, pero es más bien un esbozo, que el mismo narrador duda de si tendrá continuidad. La madame que aporta el título regenta un prostíbulo y el narrador es su cliente, que le elige entre la oferta disponible. El tipo parece en principio algo descolocado aunque es evidente que visita con frecuencia locales parecidos. Tras alguna escena de sexo explícito más bien turbio, identifica a Edwarda con Dios, no se sabe si movido por el éxtasis o por algún tipo de mortificación, pero en todo caso parece que bastante en línea con algunas de las ideas erótico-místicas que profesa el autor. 

Si me extiendo un poco más acabaría reproduciendo el contenido completo, porque tampoco hay mucho más, aparte de una escena final algo más larga y también de alto voltaje sobre la que, si no tenemos nada mejor que hacer, se podría elucubrar un rato. Naturalmente, no es una narración normal, sino una sucesión de flashes, alguno de los cuales, no muchos, pueden sonarnos a surrealismo, ideas a medio formular sobre el placer y el dolor, e imágenes a veces sugerentes, a veces brutales, en las que la temperatura se mantiene siempre en el nivel de ebullición. 

No sé si esto es un juego o la representación plástica de la peculiar filosofía del señor Bataille, y tengo la duda, que espero que Oriol me pueda aclarar, de si esto puede considerarse bizarro en sentido literario. Es extraño, es diferente, puede hacer reír o dar cierto repelús, son unos minutos de inmersión en el mundo de este autor, que perfectamente se puede calificar de sórdido, pero al que también se le pueden encontrar algunas lecturas más. Pero ojo, veamos la advertencia inicial, algo que podría ser una poesía, una amenaza o una broma:

‘Si tienes miedo de todo, lee este libro, pero, antes que nada, escúchame: si ríes, es que tienes miedo. Te parece que un libro es una cosa inerte. Es posible. ¿Y sin embargo, como suele suceder, tú no sabes leer? ¿Deberías temer…? ¿Estás solo? ¿tienes frío? ¿sabes hasta qué punto el hombre es ‘tu mismo’? ¿imbécil? ¿y desnudo?'

Se podrían dedicar horas a pensar, debatir y escribir muchas cosas sobre lo que Bataille esconde tras el pequeño disparate de este librito, probablemente haya quien lo ha hecho. Por mi parte me limitaré a dejar constancia de que existe y de que también es bueno echar de vez en cuando un vistazo a cosas que se salen de lo normal.

Ah, y acabo de enterarme de que allá por los 80 hubo un grupo japonés que rulaba bajo este nombre, Madame Edwarda, en plan after-punk o cosa parecida, bastante en la línea.

También de Georges Bataille en ULADHistoria del ojo

domingo, 19 de febrero de 2017

Jorge Riechmann: Peces fuera del agua

Idioma original: español
Año de publicación: 2.016
Valoración: Se deja leer (pero hay que ser un poco generoso)


Alguna vez habrá que escribir una metaentrada sobre cómo y por qué elegimos los libros que leemos (hasta es posible que ya lo hayamos hecho, pero la verdad, no me he molestado en indagar). En el caso particular, este libro estaba bien situado en un expositor donde suelen colocar títulos recientes e interesantes. Me fío bastante de ese expositor en concreto, me decidí a echarle un vistazo y, en efecto, lo que vi me resultó atractivo. Parecía un libro atípico: un señor que yo no conocía en absoluto escribía cosas en cortos párrafos separados por encabezamientos (no encabezados) en negrita y en minúsculas, en un vistazo muy rápido se veían comentarios acerca de la sociedad actual, el capitalismo, el medio ambiente. Tenía pinta de transgresor, de diferente.

Y la verdad es que esa impresión de la primera ojeada responde bastante a lo que uno se encuentra cuando lee, ya en casita y con más o menos tranquilidad, ‘Peces fuera del agua’. Nada más empezar nos encontramos con unas cuantas páginas con citas de intelectuales, activistas, eruditos, blogueros y articulistas sobre cosas muy actuales, algunas de cierto calado filosófico o sociológico, otras son más bien ocurrencias, reinterpretaciones, también algunos datos objetivos sobre nuestra civilización, un poco de todo.

Terminan las citas pero el esquema general continúa. Ahora es el propio Riechmann el que va tocando asuntos diversos, la mayor parte de las veces apoyado en textos o reflexiones de otros autores, algunos célebres (no sé, desde Tucídides o Max Weber, hasta Terry Eagleton o Lewis Mumford, a quien tendremos en ULAD dentro de poco), y otros perfectamente desconocidos para los que somos ajenos al mundillo del pensamiento. Las referencias son amplísimas, a veces de otros libros, revistas, mails privados, artículos de prensa, blogs, de todo. A veces parece que estemos leyendo un híbrido entre diario y libro de citas: hoy leo un libro y comento un párrafo, mañana es un correo que me manda un colega, otro día lanzo una idea que se me ocurre.

Bueno, y ¿de qué habla ‘Peces fuera del agua’? Pues, dado el formato, como digo, de casi todo lo divino y o humano. Si tomamos como idea principal del libro la que más se repite, diríamos que anuncia nada menos que el fin de la civilización, el ‘ecocidio’ y el genocidio que tendrán lugar en la segunda mitad del siglo XXI (‘el siglo de la Gran Prueba’), el colapso de la sociedad industrial, el agotamiento final de las fuentes de energía, todo ello causado por el ‘tanatocapitalismo’ global digital financiarizado -por resumir un poco. Esta línea de pensamiento se repite cada pocas páginas, a veces más enfocado desde el punto de vista ecológico, otras desde una perspectiva más política (Riechmann tampoco se corta definiéndose como anticapitalista, ecosocialista, ecofeminista y animalista). Ilustro la cuestión con un ejemplo que también se repite varias veces: cuenta el autor que –se supone que conceptualmente- el Titanic ya estaba hundido antes incluso de avistar el iceberg, y lo mismo nos pasa a nosotros: la catástrofe es ya inevitable, pero aun así debemos luchar por minimizar los daños en lo posible. Mucho, eh?

Alrededor de esta negra visión se arremolinan mil y un reflexiones sobre temas más o menos conexos: la degradación de la democracia, la tecnociencia, datos acerca de la destrucción de la naturaleza, la desigualdad, el consumismo. Vamos, que no rezuma optimismo la lectura, lo cual tiene bastante lógica si tenemos en cuenta que don Jorge considera al ser humano un ‘simio averiado’ –concepto también reiterado en unas cuantas ocasiones. En un tercer círculo encontramos a su vez reflexiones sobre temas digamos más habituales en el ámbito de la filosofía y el pensamiento: la razón, el autoengaño, el poder de la lucha… En esta zona, Riechmann se muestra más pausado, aunque sin abandonar una cierta acidez irónica que, a fuerza de impregnar todo el texto, acaba resultando un poco cansina.

Y la verdad es que entre esta acumulación de fragmentos de pensamiento y pequeñas explosiones pasadas por el tamiz del ingenio hay algunas cosas que no dejan de tener su interés, y hasta algunos pasajes brillantes (el valor de la poesía, o un divertido párrafo en el que reúne a Sade, Nietzsche y Rimbaud). Aunque también hallamos algunos comentarios que merecen calificarse directamente de majaderías. 

El problema es que las casi 350 páginas se convierten en un muestrario más o menos aleatorio de erudición –y que se note- mezclada con ocurrencias, aforismos y apuntes, un paisaje ideológico abierto y bastante deprimente que nunca termina de constituir un cuerpo teórico coherente. Seguramente, uno es demasiado clásico como para saber apreciar el valor de esta pléyade de sentencias dispersas, pero me da la impresión de que el libro, pese a recurrir a montones de argumentos de autoridad, acaba pareciendo una interminable sucesión de tuits: y con ese formato, pese a que entre ellos encontremos algunas ideas valiosas, el conjunto termina siendo perfectamente prescindible.


domingo, 15 de mayo de 2022

Guillaume Apollinaire: Los diablos enamorados

Idioma original: Francés
Título original: Les diables amoureux
Año de publicación: 1964
Traducción: Julio Monteverde
Valoración: Recomendable para interesados

Supongo que a todos os suena Guillaume Apollinaire, narrador, poeta, dramaturgo, crítico de arte y periodista. Pues bien, resulta que este señor era un gran entendido en eso de la literatura erótica y llegó a escribir, además de obras de género bastante destacables (pienso en Las once mil vergas), decenas de prólogos para los trabajos calenturientos de otros.

Los diablos enamorados, volumen de la editorial sevillana El Paseo, recupera una serie de introducciones de Apollinaire que contextualizaron diversas obras eróticas. 

A mi juicio, las virtudes de este tomo serían: 

  • Que entrega enfoques curiosos sobre autores tan manidos como el Marqués de Sade. 
  • Que da a conocer obras alejadas del canon. Y es que, en palabras de Julio Monteverde, traductor y prologuista de Los diablos enamorados, Apollinaire pensaba que «frecuentar solo las obras consensuadas como maestras no lleva más que a sitios que ya conocemos», y que es en los márgenes «donde estalla lo nuevo, lo diferente, la sorpresa».

Por otro lado, la especificidad de este libro es su mayor lastre; sólo aquellas personas interesadas en la materia tratada podrán extraerle jugo. Sea como fuere, lo recomiendo, aunque sea a los degenerados que, como un servidor, sabrán sacar provecho a los conocimientos de uno de los mayores "enfant terribles" de la Literatura.


También de Guillaume Apollinaire en ULAD: Las once mil vergas

viernes, 18 de abril de 2025

Agustina Bazterrica: Las indignas

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: bastante recomendable

Lo que ocurre dentro de los muros de un convento siempre ha dado mucho juego en la ficción: luchas por el poder, fanatismos, humillaciones, pasiones prohibidas... en fin, salseos varios, que se dice; ello se puede comprobar en novelas como, por mencionar sólo dos reseñadas en este inimitable blog, La abadesa de Crewe o Extramuros. El que sale en Las indignas no es un convento católico; ni siquiera un beguinaje -si bien está situado en un antiguo monasterio-, pero tanto da. O incluso mejor así para quien lea esta novela, porque el culto que siguen las protagonistas de la misma, aunque inspirado, al menos en cuanto a las formas, en la Iglesia católica, permite, e incluso está fundado, sobre el sacrificio, el castigo corporal, la dominación jerárquica y hasta el sadomasoquismo... elementos totalmente ajenos al cualquier variante del cristianismo, como sabemos todos , sin ninguna duda. Pero que son de lo más sabrosos para aderezar cualquier narración de terror religiosos, que, al fin y al cabo, es lo que encontramos en esta novela.

Convento, pues (permitidme denominarlo así, por comodidad), llamado por sus moradoras la Casa de la Hermandad Sagrada -tal es su "congregación"- y que para ellas es un refugio en medio de un mundo asolado por los desastres medioambientales, el envenenamiento de la Naturaleza, las guerras por los recursos básicos como el agua, las enfermedades contagiosas mutantes, la violencia generalizada y el hambre, más generalizada aún. Es decir, una distopía post-apocalíptica a la que, por otro lado, parecemos dirigirnos sin demasiada preocupación. Así, multitud de chicas van llegando a ese refugio e integrándose en una comunidad religiosa jerarquizada de una forma muy rígida: en lo más alto se encuentra Él, el único hombre del lugar, una suerte de profeta siempre oculto y que deja la organización y, sobre todo, la administración de la disciplina a la férrea e inclemente -o directamente sádica- Hermana Superior (a la que yo imagino como una especie de Lady Dimitrescu, lo confieso). Ésta gobierna sobre un número indeterminado de Indignas -las que podríamos considerar novicias- de entre las cuales son escogidas, de vez en cuando, las Elegidas, -Auras Plenas, Diáfanas de espíritu y Santas menores-, con supuestos poderes pero que son mutiladas para potenciarlos y las perfectas y clarividentes Iluminadas. Todas tienen como criadas a las impuras e incluso deformes Servidoras, la casta más baja dentro de este particular microcosmos femenino cerrado -o casi- sobre sí mismo, en el que, como cualquiera puede suponer, menudean las envidias, las rencillas y las jugarretas, castigadas, cuando se atrapa a las responsables -o a las no responsables, que eso parece dar un poco lo mismo- con una saña y crueldad desorbitada, pero muy adecuada para regir la comunidad con mano de hierro y terror.

Todo esto lo vamos conociendo a través de una indigna que escribe a escondidas su historia, en ocasiones usando su propia sangre, una narradora sin nombre y, si bien no me atrevo a decir que poco fiable, desde luego parcial y subjetiva. No es una santa; pese a que empaticemos con ella, no deja de compartir malos sentimientos, peores propósitos y deleznables actos. Algo la salva, no obstante (no diré qué) de convertirse en la mala de la historia o una de ellas en una narración en la que no escasean. Con no poca justificación, si se quiere, dadas las difíciles circunstancias. Lo otro que salva a la narradora-protagonista de caer en la mezquindad inherente a la supervivencia es el aura lírica que envuelve toda la narración -recordemos que está contada en primera persona-, esa forma de contar la historia con la que Bazterrica consigue dotarla de una poesía un tanto mórbida pero conmovedora, una singularidad que distingue a esta novela de los obvios referentes a los que puede recordarnos: desde La carretera (o cualquier otra narración postapocalíptica al uso) a Hellraiser u -obviamente- cualquier chaladura del marqués de Sade, en el caso de los momentos más terroríficamente BDSM. También tiene algo que recuerda a El cuento de la criada, en la rígida jerarquización de las mujeres y de las funciones que deben cumplir y, por supuesto, de toda la narrativa de terror más gótico-religiosa, que no es escasa, precisamente... O incluso, si tenemos en cuenta referencias no literarias, un toque de Mad Max. Fury Road (a ver, sí, cada cual tiene sus filias), aunque claro está que sin camiones de guerra ni guitarristas de rock lanzando llamas. Da igual, las referencias son múltiples pero el resultado es inequívoco: una novela intensa y perturbadora, impregnada de un aroma entre mágico y alucinógeno, también quizás algo tóxico, que ayuda a que su lectura deje una huella difícil de borrar.  Habrá quien prefiera olvidarla, claro, pero sospecho que le va a resultar difícil...


También de Agustina Bazterrica en Un Libro Al Día: Cadáver exquisito

martes, 25 de diciembre de 2018

Camille Paglia: Vamps & Tramps. Más allá del feminismo

Idioma original: Inglés 
Traductor: Santiago García
Año de publicación: 2001
Valoración: No sé

Camille Paglia, profesora de Humanidades en la Philadelphia University of Arts, fue catapultada al espacio mediático tras la publicación de su ensayo más académico, Sexual Personae (1990). Desde entonces, la pensadora ha sido omnipresente en la radio, la televisión y la prensa estadounidense. Sus radicales y polémicas sentencias siguen dando de qué hablar incluso a día de hoy, pues algunas de sus inquietudes están todavía vigentes.  

Pero, ¿quién es, realmente, Paglia? Depende. Para algunos es una abanderada de la libertad de expresión y de pensamiento, la altavoz de un feminismo «razonable», una heroica militante que aboga por una reforma de la Universidad. Para otros, una mera agitadora, una intelectual oportunista y deshonesta, la figura de la celebridad de pandereta por excelencia.  

¿Y si preguntamos a la propia Paglia cómo se definiría ella misma? La respuesta, me temo, es de lo más frustrante. Al menos, si nos basamos en la que podemos obtener de Vamps & Tramps, la primera obra de la autora publicada en España, descatalogada en la actualidad. Y es que en este libro misceláneo, compuesto por ensayos, entrevistas, artículos, columnas, críticas literarias, transcripciones de proyectos audiovisuales, etc..., lo más cerca que está Paglia de autodefinirse es el término vago e impreciso de «libertaria». También se considera una feminista «comprometida» y «disidente». Pero, como digo, estas palabras tan abstractas nada nos ayudan a la hora de ubicarla ideológicamente. En cambio, su forma de pensar sí que podría darnos algunas pistas al respecto. 

Las controvertidas opiniones de Paglia (sobre la pedagogía, la legalización de las drogas, la prostitución, la homosexualidad, la pornografía, etc...) suscitan reacciones muy polarizadas, como podréis imaginar. A continuación, dejad que señale algunas de las tesis que defiende en Vamps & Tramps, sin entrar en juicio de valor alguno. Por cierto, las voy a extraer de este enlace, pues Eugenio Sánchez Bravo las ha simplificado de un modo admirable: 


  1. «El excesivo proteccionismo legal logrado por el triunfo de los movimientos gays y feministas convencionales impiden el desarrollo, la eclosión, del verdadero potencial de hombres y mujeres.»
  2. «El feminismo tiende a una victimización constante de la mujer y el niño, amenazados por un patriarcado feroz. La inocencia originaria de niño y mujer tienen su fundamento filosófico en Rousseau. Frente a esto, Paglia propone otra visión del ser humano, más consciente de su perversidad, que se apoye en Freud, Darwin, Nietzsche, Sade…»
  3. «El objetivo feminista de terminar con la violencia de género reeducando o reprogramando a los hombres es una estupidez que ignora los abismos del inconsciente. Son las mujeres quienes tienen que aprender a defenderse por sí mismas. (...)»


Llegados a este punto, aclaremos algo. Los trabajos compilados en Vamps & Tramps no gravitan exclusivamente en torno a las ideas políticas de Paglia. No obstante, éstas son sin lugar a dudas las aportaciones más interesantes del volumen; además, en ocasiones Paglia las mete con calzador en textos que no necesariamente tendrían por qué incluirlas. Es por estas razones, pues, que he decidido enfocar esta reseña en las cuestiones políticas que plantea Paglia y apenas incidir en otros temas que puedan aparecer en el libro. 

Y sí, aunque hasta ahora he sido completamente neutro, ha llegado el momento de que me moje un poco. Empecemos destacando los que, a mi juicio, son aspectos positivos del discurso de Paglia:

  • Está a favor de las «metas últimas» del feminismo y la liberación gay. Para mí, esto es innegociable: dichas metas son objetivos legítimos y, sobre todo, deseables. Otra cosa es cómo alcanzarlos, claro...

  • Señala a intelectuales dogmáticos y proclives al doble rasero, ideas sobrepolitizadas, gimnasias mentales y trampas retóricas (sobre todo las de la izquierda americana)... Y temas tabú sobre los que, se quiera o no, hay que debatir. 

  • Es muy atractivo para las masas. No sólo porque la pensadora aborde temas actuales o haga alusiones frecuentes a la cultura pop, sino porque, además, lo hace alejada de la erudición plomiza.   

  • Su manera de criticar, implacable y sin concesiones, sienta como un soplo de aire fresco en un ambiente asfixiado por la corrección política. 

  • Ah, y no puedo olvidarme de la idiosincrasia pagana que emplea Paglia. Gracias a ella logra imágenes muy poderosas (en especial, literariamente hablando): la mujer como suma sacerdotisa de un jardín del edén, dueña de un poder atávico y turbador; la esfera social en tanto que circo sexual repleto de guerreros y atletas... 

Y ahora, listemos los aspectos negativos del discurso de Paglia: 

  • Tiende a caricaturizar a su oposición (llega a usar tres nombres satíricos a lo largo de Vamps & Tramps, que yo recuerde, para designarla). O a aludirla de forma condescendiente. Y claro, sé que en EEUU hay corrientes de pensamiento verdaderamente esperpénticas, pero enfocarse solamente en feministas neuróticas y victimistas, estudiantes sectarias e infantilizadas, académicos oportunistas o alejados de la realidad, activistas amargados o periodistas adoctrinados, no me parece intelectualmente honesto. 

  • A veces, Paglia se monta unos hombres de paja que ya le gustaría a los habitantes de Summerisle. Y ni siquiera cuando se centra en figuras más definidas, como Rousseau o Foucault, ataca en serio a sus argumentos.  

  • En ocasiones usa ejemplos o comparaciones de cuestionable relevancia para reforzar su punto de vista. Esto se puede percibir cuando emplea su idiosincrasia pagana para apoyar sus palabras. Como ya he adelantando, ésta es muy funcional literariamente, pero carece de solidez científica como para avalar ningún argumento. 

  • Desempolva al obsoleto psicoanálisis freudiano. Un ejemplo perfecto es cuando lo usa para aseverar que «cualquier mujer, gay o hetero, que no pueda responder a los penes o que los encuentre horrendos o risibles es que ha quedado traumatizada por alguna temprana experiencia».  ¿Y qué hay de esa vez en la que lo emplea, junto a una interpretación errónea de la novela Lolita, para impulsar su ética sexual sobre los menores de edad?  

  • Paglia parece, en algunos de sus trabajos, más preocupada en promocionar Sexual Personae que en abordar el tema que tenga entre manos. También la he notado, puntualmente, tan empeñada en causar controversia y ser rupturista que prefiere soltar cualquier frase altisonante a una reflexión más honesta pero menos poderosa. 

En definitiva, Vamps & Tramps es un muestrario excelente con el que tener una visión panorámica del pensamiento de Paglia. Sin embargo, lo recomiendo solamente a lectores desprejuiciados que sean capaces de obviar la ocasional barbaridad proclamada por la académica estadounidense y puedan, asimismo, extrapolar las virtudes de su discurso.

Entendámonos. La edición de este volumen, a cargo de la editorial Valdemar, es irreprochable: traducción libre de gazapos, pertinentes notas a pie de páginas, índice onomástico, algunas imágenes y un breve pero intenso prólogo redactado por Jesús Palacios. Y, como ya he dejado claro, el libro tampoco es un mal comienzo si uno quiere adentrarse en la mentalidad de Paglia. Pero hay que reconocer que, si no es el caso, se puede volver algo cargante. Su heterogeneidad conlleva una dispersión perjudicial para el discurso de la autora; por un lado, se siente poco profunda y, asimismo, reiterativa; por otro, le sobran páginas que se desvían de los temas interesantes. Porque si algo hay en Vamps & Tramps son páginas. Muchas páginas. Demasiadas.  


También de Camille Paglia en ULAD: Sexual Personae

domingo, 2 de julio de 2017

Zoom: ¡Ponte, mesita!, de Anne Serre

Idioma original: francés
Título original: Petite table, sois mise!
Año de publicación: 2012
Traducción: Javier Albiñana
Valoración: estoy confuso


Aviso: en las escasas cuatro páginas que componen el primer capítulo de esta novelita, encontramos ya todo un repertorio de parafilias sexuales, por no decir perversiones varias; a saber: travestismo, narcisimo, ninfomanía, pederastia e incesto -de hecho, y dicho sin ironía alguna, se agradece el contrapunto convencional que nos ofrecen lesbianismo y adulterio-; y todo ello, para olvidar cualquier remilgo que quedase, en el seno de una misma familia, compuesta de padre, madre y tres angelicales niñas, más el aporte de amigos y conocidos de ambos géneros, todos bien dispuestos al frenesí lúbrico con mayores y menores, sin discriminación...

Sí, lo sé: contado así en frío suena horrible, casi -o sin casi- una apología del abuso infantil (aunque no olvidemos que estamos hablando de una obra de ficción, sin más consecuencias). Pero un poco de relax... perdón quiero decir de calma: una vez asumido que nos encontramos ante una obra literaria de incuestionable "inmoralidad", el despiporre sexual resulta bastante divertido y del todo inofensivo; en realidad, cabe sospechar que se trata de la enésima variante del épater les bourgouises al que son tan aficionados en las letras francesas (un clásico de lo más burgués, por otra parte)... o, en el mejor de los casos, un añadido más a la tradición erótica, también muy arraigada en esa literatura. Erotismo un tanto brutico, si se quiere, pero tira que te va...

Esto, por lo que se refiere a la primera parte de la novelita o relato -que viene a ocupar casi la mitad de la misma-, que es donde está el tomate. También es la parte que posee más potencia, -por coherencia y ritmo, no sólo por salacidad-, el pulso narrativo más firme que las otras dos, que no dejan de ser un añadido aguado y hasta insípido, en comparación con el subidón cafeínico que proporciona la primera. la razón de este desequilibrio resulta fácil de adivinar: la historia parece haber sido planteada como una especie de reflejo especular de la célebre Justine de Sade (autor que es mencionado un par de veces en este breve libro); aquí, al revés que en la otra novela, la joven protagonista migraría del vicio en el que le educa su propia familia a la virtud y moderación que encuentra en el mundo exterior. Aunque, por la razón que fuera, también parece que la autora de este relato desistió de tal  propósito, tras un comienzo prometedor y apañó unas continuación y desenlace bastante más flojos con las notas o borrador que le quedaba, para pergeñar algo mínimamente publicable. Esa es la impresión que da, al menos.

Otra cosa más complicada de dilucidar es a qué demontres se refiere el sorprendente título de este rel... novel... lo que sea; en principio, parece que hace referencia a un cuento de los hermanos Grimm, La mesa, el asno y el bastón maravillosos, en el que el hijo de un sastre expulsado de casa por su padre, recibe el regalo de una mesita que, a una orden suya, se llena de las más suculentas viandas... pero antes de volver con ella a casa de su padre se la roban  Que esta alusión pretende ser la metáfora de algo es evidente, pero no he sido capaz de averiguar de qué exactamente... ¿la infancia perdida? ¿La inocencia perdida? ¿El paraíso... la libertad erótica perdida? ¿Algo que se pierde, lo que sea...? Ni idea. Quien sea más agudo que yo, espero que me ilumine.

En cuanto a la valoración, miedo me da hacerla, entre otras cosas porque temo que se nos llenen los comentarios de lectores ofendidos ante la procacidad pederasta y aún más, la alegría sin remordimientos con que se cuenta. Pero lo cierto es que, repito, esa es la mejor parte, al menos en términos literarios, de la narración, con un toque onírico-costumbrista que contribuye a otorgar cierta fascinación a las prácticas más soeces de las que nos hacen sabedores (no con todo detalle, no se me asusten); si la autora hubiese mantenido el tono y la tensión a lo largo de toda la obra, o quizás simplemente el mismo interés, otro gallo nos cantaría... pero así, la verdad, no sé. Ni sé, ni quiero saber, que todo lo que diga puede ser utilizado en mi contra. 

Uf, menos mal que Lolita ya está reseñada...


viernes, 30 de septiembre de 2022

Gabrielle Wittkop. El necrófilo

Idioma: francés

Título: Le nécrophile

Año de publicación: 1972

Traducción: Lydia Vázquez Jiménez

Valoración: repugnante (a ser posible, pronúnciese a la manera gallega: "repunante")

Hay en el mundo literario francés toda una tradición, ejercida con mayor o menor fortuna y por voluntariosos enfants terribles (o no tan enfants), de épater les bourgeoises (en los últimos años, más bien, épater les progressistes). Algo menos evidente, pero quizás más interesante sea toda una corriente, o quizás tan sólo un hilo, a través del tiempo, de escritoras francesas que han escandalizado a la sociedad bienpensante con sus narraciones o incluso autoficciones en la que el tema sexual no sólo resulta explícito, sino que se lleva a extremos que pocos de su colegas varones han tocado. A bote pronto, se me ocurren los nombres de Anaïs Nin, Marguerite Duras, Catherine Millet, Marie Darrieusecq, Anne Serre, Virginie Despentes... (tal vez debería empezar por Colette, pero a estas alturas resulta de lo más pudorosa) y seguro que hay muchas más.  A pesar de que alguna de éstas ha escrito libros de agárrate que vienen curvas, ninguna ha llegado, creo, a traspasar la frontera de  uno de los comportamientos más execrados por la sociedad, bien pensante o no, como Gabrielle Wittkop en esta novela, que, sin más artificio, cuenta la historia de un necrófilo; es decir, alguien que se pone verraco se excita sexualmente con los cadáveres.  

En este caso, se trata de un anticuario parisino llamado Lucien, que se dedica a profanar tumbas recientes en diversos cementerios de la ciudad para llevarse los cuerpos a su apartamento -suena harto complicado, lo sé- y allí hacer guarrerías disponer de ellos a su antojo y satisfacción... Un asco, sí, y más aún cuanto que madame Wittkop no nos ahorra detalles sobre las maniobras que ejecuta el susodicho Lucien ni sobre la evolución natural de los cuerpos en descomposición, que como todo el mundo sabe, no permanecen precisamente inalterados a temperatura ambiente... (y no sigo, porque me están dando arcadas al acordarme). Todo ello envuelto en el delirio en el que vive este hombre, aparentemente un tipo tranquilo y educado, pero en su interior como las maracas de Machín. A través de su diario, que es la forma en que está conformada la novela, nos enteramos de sus cuitas para conseguir "amantes", aquéllas y aquéllos que le han dejado un recuerdo más imperecedero, de dónde le viene tan morbosa querencia por la carne muerta... en fin, toda una serie de pormenores de los que casi mejor hubiera sido no saber nada, por más que se trate de una ficción. Ojo, que tampoco digo que éste sea un mal libro, ni mucho menos; de hecho, cuenta con páginas bellísimamente escritas, con ese estilo suntuoso y alambicado, pero fascinante y que no pierde el nervio narrativo, que tan bien les sale a los literatos/as franceses (a algunos/as, por lo menos). Atendiendo a este aspecto (y como pasa, por ejemplo, con ¡Ponte, mesita!, de Serre), la novelita sería, sin duda, recomendable... si obviáramos todo lo demás. Porque, así como otras reseñas que califican a su libro reseñado como "repugnante" parecen utilizar este calificativo en el sentido de "muy malo", "inadecuado" o incluso "inmoral", yo lo he usado aquí de acuerdo con su más estricto significado: "repugnante" quiere decir que da mucho repelús, carallo...

¿Qué le pudo inducir a una señora en apariencia tan reflexiva, culta y distinguida como era Gabrielle Wittkop (recomiendo a todo el mundo que vea la entrevista que concedió en un programa de Bernard Pivot y que se puede enlazar desde la página web de la editorial Cabaret Voltaire) a escribir una novela tan escabrosa como ésta, descartada, creo yo, la motivación de épater, etc.? Puede que, como declara ella en esa entrevista, la idea de que las mujeres no han de ponerse límites, tampoco en literatura. O su ansia y voluntad de libertad en todos los ámbitos, como se puede deducir a tenor de la muy interesante biografía de esta escritora (por lo demás, discípula declarada del marqués de Sade, según ella)... pero yo tengo la sospecha que quizá esta idea de ir más allá de cualquier límite permisible o al menos permitido (se entiende que en la ficción) venga del acicate que supuso, en su momento, el éxito de la Lolita de Nabokov y que pudo hacerle pensar: "Si tú te has atrevido a contar una historia desde el punto de vista de un pederasta, yo voy a ir más allá, viejo ruso de los co..." Dicho de otro modo. un "sujétame el cubata" en toda regla. O quizás simplemente lo hizo porque pudo y porque quiso, como otro marqués, el del Viso, qué sé yo. En todo caso, advierto a quien se plantee leer esta corta (afortunadamente) novela: por utilizar el argot taurino, aténse los machos y que Dios reparta suerte... La van a necesitar.

Nota final: por un momento pensé en programar esta reseña el día 31 de octubre o el 1 de noviembre, pero, visto lo visto, hubiese resultado de pésimo gusto hasta para mí...

viernes, 7 de junio de 2013

Georges Bataille: Historia del ojo

Idioma original: francés
Título original: Histoire de l'oeil
Año de publicación: 1928
Traducción: Margo Glantz
Valoración: qué quieres que te diga

Pues sí, señores: después de mi severo trompazo con la Jelinek me atrevo con otro de esos clásicos de la historia de la literatura erótica o pornográfica o como los señores lectores quieran llamarle a la literatura con descripción profusa de actos sexuales. 
Que, francamente, tampoco es exactamente lo que hace Bataille: pesadito con los huevos (los de animal) y los ojos, el tío. Entonces ahí siempre acuden los sesudos analistas de dobles sentidos a explicar que si el huevo es la metáfora del origen y te largan el rollo padre. Miren: uno se acerca a la literatura de esta clase con sanas intenciones. Encontrarse con algo que tenga cierto valor como para haber sido publicado y, de paso, experimentar la punzadita de la excitación. Que no somos de piedra, vamos. Y Bataille no ha conseguido ni una cosa ni la otra. Más bien algo de asquito con tanta obsesión por ciertos fluídos. Lo siento, no es que vaya a escandalizarme yo a estas alturas. Que no esperaba soft-core como las películas de Adrian Lyne. Que ya he leído a Apollinaire y al Marqués de Sade, y a estos a brutos Bataille no les gana. 
Así que va, lo suelto ya: Historia del ojo es una cosita bastante mediocre. Con sus detalles escabrosos, crueles, truculentos, provocativos, su amoral (pero impostado, me da la sensación) desprecio de la vida humana, su falta de respeto a figuras claves en la moral occidental (la inocente parejita me recuerda a los dos pájaros de Natural Born Killers), y su, imagino, célebre escena con el sacerdote y el cáliz que, supongo, en su día suscitaría enorme escándalo. O la del ojo, que naturalmente es rememorada en clave Buñuel / Le chien andalou. O la de la asistencia a la corrida de toros. Todas inverosímiles y con una carga onírica que bla-bla-bla, pero que hoy en día me parecen pataleos pueriles estilo caca-culo-pis-pedo.
A mí, que se me echen al cuello en orden si es posible, esta breve novela, sacada del contexto de su época, que son los años 20, me parece una absoluta banalidad cuyo único objeto es la provocación y que hoy ni eso consigue. No pretendía sutileza ni lírica: hubiera preferido hasta que fuera más escabroso pues, hasta en la cuestión sexual, el libro es repetitivo, anodino, falto del mínimo sentido de la variedad que, hoy en día, cualquier estudio de cine X ya tiene más que sobre-explotado. Sería un mero cuento picante donde dos adolescentes desvergonzados se entregan al sexo enfermo sin ningún sentido de la contención. Sería cuatro o cinco escenas con sus consecuencias, y ya está. No: no he leído las  sombras de las narices, pero no creo que sea tan diferente: una escena literaria aburrida en una sociedad conservadora, vamos a sacar cualquier tontería con perversiones para despertar a la gente, y, de paso, a vender. Igual el planteamiento de Bataille no fue tan mezquino, pero los resultados no creo que anden muy lejos.  En el fondo, un libro enternecedor.  

También de Georges Bataille en ULADMadame Edwarda

martes, 28 de diciembre de 2021

I Congreso ULADIANO (Y entrevista exclusiva al invitado sorpresa)


Pues sí, queridos. Acabamos este pandémico 2021 y queremos hacerlo por todo lo alto. Porque el próximo 1 de marzo de 2022 este sacrosanto blog cumple 13 años (o 12 + 1, que dirían los supersticiosos) y ha llegado la hora de celebrarlo con vosotros. Así, gracias a la anónima y desinteresada aportación de un mecenas que desvelaremos en tan señalada ocasión, hemos reservado para el fin de semana del 26 y 27 de febrero una planta entera de Hotel Bali (Benidorm) con el fin de celebrar... ¡el I CONGRESO ULADIANO!

Estamos hartos de virus, de pandemias, de provacunas y antivacunas, de AstraZeneca, Pfizer y demás familia. Es hora de reunirnos y celebrar, con todas las medidas que las autoridades ordenen, la entrada en la adolescencia del blog.

Por supuesto, estaremos el equipo actual de ULAD y antiguos colaboradores. ¡Pero queremos contar con vosotros! El aforo y el presupuesto son limitados, así que aquellas personas interesadas en acudir (con un máximo de dos personas por familia) deberán enviar un mail a unlibroaldia@gmail.com con sus datos personales con el fin de ir gestionando las reservas.

Por último, y pese a que a medida que os pongáis en contacto con nosotros os iremos detallando el programa de festejos, os adelantamos algunas de las actividades: talleres de escritura, talleres de crítica literaria, cata de vinos, batucada, visita guiada por la ciudad de Benidorm, pase VIP para la discoteca Privilege y una mariscada bien surtida para todos, con su opción vegetariana o vegana para quien así lo solicite en la inscripción al evento

Además de esto, contaremos con la presencia exclusiva de uno de los escritores del momento, de un gran amante de las playas y la gastronomía española: el gran... ¡¡¡¡MICHEL HOUELLEBECQ!!!! Vale, inicialmente queríamos contar con Ana Iris Simón, pero entre la reseña poco elogiosa de Santi y que está liada con su nueva novela "Ramiroquai", una ucronía en la que un joven falangista llamado Ramiro Ledesma descubre la música electrónica, pues hemos tenido que recurrir al astro francés. Por cierto, ese sábado 26 de febrero... ¡es el cumple de Michel! 

Lo dicho, gentes: enviadnos un mail a unlibroaldia@gmail.com para ampliar información e ir cerrando detalles.

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Dejémonos de falsa modestia. El único debate para hablar de la mejor estrella literaria del siglo es si su ejército de incondicionales debe llamarse houellebecquianos o houellebecquistas. Todo lo demás son zarandajas, y si de algo ULAD debe sentirse orgulloso es de que , a toda prisa y encajándolo en fechas, antes de que las onerosas filtraciones sobre su próxima novela, Anéantir, precipiten el estallido promocional, Michel Houellebecq nos haya concedido una entrevista en mucha profundidad.
Porque el amigo José de Montfort dejó algunos aspectos no tratados en su afanoso intento anterior, pero es lo que tiene el músculo financiero. Nosotros hemos apostado fuerte (cuatro cartones de Gauloises - le da para un par de días-, un par de vouchers para seminarios de enología y un pase VIP para el tour "Murcia, qué hermosa eres") y aquí está el resultado.

Impertinente. Nocivo. Obsceno. Cínico. Enfadado. Narcótico. Tozudo. Experto. Solitario. El es Michel Houellebecq. 

ULAD: Sr. Houllebecq, ¿Qué se siente sabiéndose el mejor escritor de todos los tiempos? 

M.H.: Bueno, es algo que llevo con modestia y naturalidad. Pese a eso, me gustaría que me dieran más premios y pasta. No sé, el Nobel, el Planeta, el Nadal, el del Ayuntamiento de Motilla del Palancar... Todos. Lo que pasa es que me tienen manía porque alguna vez se me ha calentado la boca y eso no me lo perdonan.

ULAD: ¿Está preparando una novela sobre la pandemia?

M.H.: No exactamente. Es sobre otra pandemia, la de los escritorzuelos "guapetes" a los que su puta editorial española les hace tanto caso que se olvidan de que tienen en su catálogo al mejor escritor de la Historia.

ULAD: ¿Usted cree en las vacunas?

M.H.: Yo solo creo en Michel Houellebecq, los Gauloises y el Burdeos.

ULAD: ¿Cuál fue la fuente de inspiración de su última novela? 

M.H.: La parienta (la de ahora, quiero decir). Qianyum, luz de mi vida, fuego de mis entrañas... De ahí que Anéantir sea mi novela más luminosa, tanto como una cerilla encendida en la cara oculta de la Luna.

ULAD: ¿Puede hablarnos de su proceso creativo?

M.H.: No, que luego me lo copia Carrere. Sólo diré que los Gauloises, el tintorro y Tinder tienen mucho que ver.

ULAD: ¿Qué se siente sabiéndose un icono sexual tanto para mujeres como para hombres?

M.H.: Y no te olvides de todas esas cosas nuevas que hay hoy en día que no se sabe si son carne o pescado. Dicho esto, pues igual que lo de ser el mejor escritor del mundo: con modestia y naturalidad. Creo que en mi persona se concentran el ideal clásico de la belleza física y una mente privilegiada.

ULAD: ¿Hasta dónde llega su amistad " íntima" con Gérard Depardieu?

M.H.: Es verdad que Thalasso tenía una alta carga homoerótica, pero eran exigencias del guion. ¡Yo soy un macho galo de los de toda la vida! Lo único que comparto ahora mismo con Gerard es asesor fiscal.

ULAD: ¿Su aparición como personaje en el último álbum de Ásterix supone su consagración definitiva como una gloria nacional francesa o es más bien usted quien ha dotado de inmortalidad a esos dibujitos de galos bigotudo?

M.H.: Creo que es una pregunta absurda. Lo cojonudo es que no me han mandado ni un puto ejemplar de prensa. Bueno, tampoco Flammarion ni Anagrama. Al final me voy a tener que comprar mis propios libros.

ULAD: 734 páginas ¿No cree que ese exceso inusitado puede cargar las armas de sus enemigos?

M.H.: ¡Que se jodan y se las lean enteritas! No, de verdad, es una puta obra maestra que dudo pueda crearme (más) enemigos, aparte de los moros, los suecos, las feministas, los maricas y toda esa ralea

ULAD: De sus estancias en España recuerdo las menciones a David Bisbal en La posibilidad de una isla. ¿De verdad un cantante espantoso es lo único que merece que usted mencione acerca de la cultura ibérica?

M.H.: Eh, también hablo de las playas nudistas y de los puticlubs de la A3! Y de lo que no hablo, he de confesar que me gustan mucho las migas, el kalimotxo, Andrea Levy, los casettes con los chistes de Arévalo y el Gran Prix.

ULAD: Una celebridad de su repercusión, ¿nunca se ha sentido tentado por dar el salto a la política?

M.H.: El único salto que tengo previsto dar es el salto del tigre esta noche con la parienta.

ULAD: De que hay más en su ordenador: ¿porno, música tecno o planes de acabar con Carrére?

M.H.: 95% porno y 5% tecno. Lo de Carrere se lo he encargado a unos sicarios albanokosovares.

ULAD: ¿De los tres países dónde ha vivido (Francia, obviamente, Irlanda y el Cabo de Gata en España), en cual lo han tratado mejor? ¿Y peor? ¿Cómo han sido esas experiencias?

M.H.: Me quedo con España porque el tabaco y el tintorro son más baratos. En Francia son un poco estirados (mira, por ejemplo, el mongolo de Henri-Levy) y en Irlanda cuando no están bebiendo orín de caballo están follando con animales de granja y a mi ese rollo no me va.

ULAD: ¿Cómo justifica estar influido por Celine, Sade, Lovecraft, Camus, Huxley y tener un estilo plano? ¿O no es verdad que usted haya confesado tal cosa?

M.H.: ¿Plano yo? Te reto a duelo cuando quieras. Y, otra cosa, ellos me plagiaron a mi. Se llama plagio por anticipación.

ULAD: Por último, ¿qué nos puede adelantar de cara al evento del 26 y 27 de febrero en Benidorm?

M.H.: Estoy muy contento de que se hayan acordado de mí y por eso hago esta excepción a lo de no conceder entrevistas ni promocionar Anéantir. Para ese fin de semana, estoy pensado en llevar de acompañante a Frederic Beigbeder! Si se viene Fred, los baños del parlamento británico comparados con los del Hotel Bali pueden parecer un jardín de infancia.