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martes, 19 de mayo de 2026

Manuel Moyano: El imperio de Yegorov

Idioma: español

Año de publicación: 2014

Valoración: recomendable

Hay novelas (y películas y ensayos, etc.) que comienzan por todo lo alto, para después ir perdiendo fuelle a medida que transcurre n sus páginas. Menos frecuente es el caso  contrario: libros que comienzan de una manera francamente mejorable, incluso penosa, pero que luego nos van atrapando con su prosa, con la historia que cuentan, hasta dejarnos noqueados con un final memorable (el principal ejemplo que se me ocurre es el de Madame Bovary, aunque ya sé que no es del agrado de todo el mundo). Por último, también ocurre a veces que la novela en cuestión tenga un gran comienzo o, cuando menos, intrigante y un final que deje picueto/a al lector o lectora, pero que en medio, en su estadio central sea, si no aburrido, más bien rutinario, de forma que se avanza más por hábito lector que por verdadero interés. Podría éste ser el caso de esta estupenda, por lo demás, El imperio de Yegorov... Pero digo que podría serlo porque no es lo ocurre con ella, exactamente, por tres razones principales, a mi entender:

  1. Su contenida extensión -menos de doscientas páginas-, que la convierten en una novelette muy fácil de leer y, sobre todo, facilita que ese decaimiento que comento (quizá sería más exacto hablar de cierta sensación de previsibilidad... que en este caso, además, resulta ser errónea) no llegue a cuajar en un desasimiento hacia la novela.
  2. La entretenida estructura narrativa, que podríamos considerar como espistolar -es decir, modernamente epistolar, a base de e-mails, además de informes, comentarios en blogs, fragmentos de noticieros o incluso la lista de dramatis personae, etc.-, que impide o dificulta cualquier atisbo de aburrimiento.
  3. Y, sobre todo, porque nos hayamos ante una de esas narraciones que no se completan (o no se entienden) hasta la última línea de texto -de forma literal, en este caso-; eso provoca que, a partir del momento en que se vislumbra el devenir de la historia, la lectura se vuelva aún más absorbente y acelerada. Se acabó cualquier tiempo muerto...

¿Pero de qué va esta novela, al fin y al cabo? Lo cierto es que no se puede -o se debe- contar mucho del argumento, para no espoilear a troche y moche (y que luego me llenéis los comentarios de justificadas quejas indignadas... Aunque, por otro lado, si no cuento nada también lo vais a hacer). La historia empieza en 1967, cuando un equipo de antropólogos japoneses, ayudados por un misionero español, se internan en la selva de Papúa-Nueva Guinea en busca del escurridizo y, en apariencia, no demasiado evolucionado pueblo de los hamulai. Una vez encontrados y ya conviviendo con ellos, la estudiante Izumi Fukada contrae un parásito cuya infección sólo puede paliarse gracias a una planta de la zona, según ha aprendido la sabiduría ancestral de los hamulai. El grupo retorna a Japón sin mayores problemas, pero este suceso deparará en el futuro consecuencias imprevisibles... A partir de esta premisa Moyano va tejiendo una urdimbre fascinante, una historia que transita entre la novela de aventuras, el noir, la ciencia-ficción, la distopía política, la ironía e incluso el body-horror (es fácil acordarse de alguna película de éxito reciente... aunque posterior, por cierto, a esta novela). Una novela que ya no podemos considerar una rara avis en el panorama de la literatura en español, cada vez más variado, tanto en las formas como en los temas que trata, pero sí que es lo suficientemente imaginativa y hasta sorprendente para merecer la atención de quien quiera disfrutar un rato -un ratito, que tampoco es tan larga, como ya he dicho- de una lectura cautivadora -sobre todo en ciertos tramos, ya digo también- y que deja un inmejorable sabor de boca.

viernes, 6 de marzo de 2026

Ali Smith: Gliff

Idioma original: inglés
Título original: Gliff
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y Magdalena Palmer en castellano para Nórdica
Año de publicación: 2024
Valoración: está bien


Llegué a la literatura de Ali Smith con mucho interés; su cuarteto estacional me parecía muy interesante y el resultado de sus lecturas fue altamente satisfactorio. Lamentablemente, lo que ha venido después no ha terminado de encajarme, pues en ocasiones encuentro que le falta redondez y, en otras, creo que peca por exceso de simbología o alegorías. Este libro lo ubicaría en este último caso.

Tal y como nos tiene acostumbrados la autora escocesa, el libro arranca fuerte y directo, con un inicio prometedor que sitúa a la familia protagonista del texto en su propia casa, sorprendiéndose al encontrar que los límites de su hogar han sido marcados en su exterior. Su sorpresa llega acompañada de indignación, pues «alguien había pintado una línea roja en el suelo alrededor de nuestra casa», algo que les causa extrañeza a la vez que incomodidad y la autora es hábil transmitiendo al lector esa misma sensación que nos llega acompañada de un presagio que denota un clima enrarecido, tenso e inquietante; además, la situación no parece tener fácil solución porque, por añadidura, su madre se halla en una suerte de residencia por lo que no puede ayudarles a gestionar esta angustiante situación.

Una vez establecida la premisa y sin entrar a desgranar el argumento, vemos rápidamente que en esta novela Ali Smith sigue incidiendo en sus temas habituales: la IA, el uso de móviles y pantallas, la pérdida de valores de la sociedad o la amenaza constante de una especie de totalitarismo que amenaza las vidas de sus protagonistas. De esta manera, orquestando el argumento en torno a estos temas ya recurrentes en la obra de la autora, Ali Smith se vuelve más críptica que nunca, y teje una trama argumental centrada en una familia de hermanos que se encuentran inmersos en una sociedad totalitaria que les expropia las casas sin ni siquiera saber cuándo, ni por qué, ni tan solo por quien. Así, ellos (y otras personas en situaciones parecidas) luchan contra el sistema, un orden rígido y totalitario que coarta las libertades de la gente a todos los niveles, incluso restringiendo la libertad de pensamiento y eliminando cualquier iniciativa popular o civil que pretenda cambiar las cosas, forzándoles a perpetuar el discurso establecido «porque cambiar lo que estaban haciendo quería decir que no ganarían tanto dinero». 

Así, en esta novela de cariz marcadamente distópico, las autoridades dictaminan y clasifican, organizan y separan, establecen y segregan, para facilitar su control, para simplificar su gobierno, para someter a sus ciudadanos. Este aspecto es claramente descrito por la autora cuando afirma que «toda la gente que vive aquí, incluyendo los niños asilvestrados, en aquel momento eran no-verificables. Lo eran, esencialmente, por culpa de las palabras. Una persona había estado no-verificada por decir en voz alta que una guerra era una guerra cuando no estaba permitido nombrarla guerra. Otra persona se había visto declarada no-verificable para escribir en línea que el asesinato de mucha gente por parte de otra gente era un genocidio (…) otra había estado no-verificada para hablar en una protesta sobre el derecho de las personas a protestar». Así, el estado ordena, clasifica y discrimina. Y aparta. Y excluye.

De esta manera, y a pesar de que el enfoque es interesante pues trata los temas habituales de la autora en pro a la denuncia contra la restricción de libertades y a la lucha contra la discriminación en un amplio espectro, y a pesar también de que uno esté ya acostumbrado a que las novelas de Ali Smith tengan un punto críptico que causa que el mundo donde se desarrollan sus personajes sea nebuloso y algo irreal, en este caso considero que la autora lo lleva excesivamente al extremo porque, a diferencia de sus anteriores libros donde el argumento estaba trazado (ni que fuera grosso modo) para tratar, a partir de él, una serie de temas en los que su afilada prosa discurría fácilmente lanzando dardos a diestro y siniestro, aquí va demasiado por vía libre, sin un hilo conductor que sostenga sus denuncias e incomodidades sociales o políticas y sin una gran profundización en sus personajes que permita una ya no identificación, pero al menos sí una empatía.

Por todo ello, y a pesar de que leer a Ali Smith siempre es un reto a la vez que una ventana abierta desde la que unas políticas autoritarias pretenden entrar en nuestras vidas, en este caso no he disfrutado como esperaba con su lectura por un argumento excesivamente fragmentado que únicamente en su tramo final consigue alinear. En cualquier caso, y a pesar de ello, uno puede siempre sacar algo de provecho en esta autora, aunque en ocasiones tenga que surfear en un texto un tanto precipitado y anárquico.

viernes, 27 de febrero de 2026

Emilio Bueso: Ahora intenta dormir

Idioma: español

Año de publicación: entre 2010 y 2014, en revistas y compilaciones de relatos. Reunidos en este único tomo, en 2015.

Valoración: recomendable 

El castellonense Emilio Bueso es uno de los nombres señeros de la literatura fantástica y de terror española actual, pero, por lo que sea (no es que leamos sólo a ex-yugoslavos raros, ni nada de eso) aún no lo habíamos reseñado en este blog. Pues vaya de aperitivo, antes de, algún día, meternos con novelas más contundentes, este libro de relatos publicado por la imprescindible editorial Valdemar en 2015 (y que cuenta, como puede verse, con una cubierta de lo más adecuada, a partir de una obra del no menos singular pintor Zdzislaw Beksinski). Este volumen, en verdad, es una recopilación de cuentos que, o bien fueron publicados anteriormente en otras antologías o revistas, o bien el autor mantenía en barbecho en su cajón de inéditos, hasta encontrarles un destino apropiado. En conjunto, se trata de dieciocho relatos de temática, ambientación y extensión variadas, que podemos agrupar de la siguiente forma (por emplear alguna):  

  • Recreaciones bastante singulares de los personajes y situaciones clásicos del género del terror: la bruja -Vecina-; zombies -Tras una persiana veneciana-; posesiones diabólicas, tanto en Abuela  como -esta es incluso aún más original- en Dial; fantasmas -Barrer, quizás soñar y Bola de mierda-; la licantropía (de aquella manera) en De lobos y hombres y el vampirismo en la magnífica El hombre revenido.
  • Las distopías climático/cataclísmicas de En falta de palabras, La próxima vez que se desate la tormenta del infinito sobre nosotros y Al garete.
  • Relatos pesadillescos, es decir, a medio camino entre lo onírico y lo angustioso, en Lamphead y Del vértigo de un hospital.
  • Homenajes a maestros del género; más explícitos -Innsmouth, Massachusets (no hace falta decir a quién)- o menos, en la ligottiana persecución de Me sigue desde hace rato.
  • Finalmente, un mezcladillo de relatos, en los que encontramos desde el asesino controlador de Controller (¿dónde, sino?), los desconcertantes viajes en el tiempo de Cartero de medianoche o la maravillosa y terrible sinestesia de La resaca de ella.
¿Ya he mencionado los dieciocho o me he dejado alguno? Como se ve, estamos ante un buen surtido de galle... de relatos que abordan diferentes temas y formas de afrontar el género del terror. En general, no obstante, podemos determinar ciertas características comunes, que conformarían el estilo de Bueso (a falta, por mi parte, claro está, de leer alguna de sus novelas, para confirmarlo):    

- Una reconfiguración de los tropos típicos del géneros. No es que no estén presentes, pero se nos cuentan de otra manera.
- Maestría en la creación de ambientes, de escenarios y situaciones en los que es fácil sumergirse y suspender la incredulidad (en algunos casos más que en otros, también es verdad) por parte del lector. Y variaditos, geográficamente: desde un parking subterráneo de Castellón a una granja de Corea del Norte, del Corn Belt norteamericano a un pueblo de la Italia decimonónica. De la costa de Nueva Inglaterra a un cuartel militar en Ceuta, pasando por Groenlandia...  
- El dominio del lenguaje, no sólo como forjador del hilo narrativo, sino de auténtico catalizador de la energía, ya sea ésta maligna, angustiosa, desesperada o ciega. Una forma de contar que no te deja retroceder ni descansar un instante, al margen del resultado final, más convincente o menos, de la historia.

Por último, ¿cuales son los mejores relatos de esta compilación (puesto que quizás eso sea lo que más os intereses a algunos de vosotros/as)? Pues en mi opinión, y por elegir sólo media docena de ellos, sin duda la apocalíptica historia de vampiros de El hombre revenido; la no menos intensa posesión demoníaca (o así) en Abuela; la distopía a lo Waterworld de Al garete; la original fábula de ¿brujería? que nos propone Vecina; la procesión de "caminantes" de Tras una persiana veneciana  y, por supuesto, la bella y hermosa historia de amor que encontramos en La resaca de ella. Aunque no sólo estos, claro: también podríamos hablar de la original recreación del mito faústico que cuenta Dial o de Bola de mierda, una historia de fantasmas enraizada en la Guerra Civil (eso siempre da mucho juego, como bien sabemos en este blog). Da igual, queda comprobado que, en cualquier caso, Emilio Bueso es un escritor que cualquier aficionado/a a la literatura, sea de género o no, debería tener en cuenta. Eso sí, quedáis sobre aviso: luego no intentéis dormir...                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

viernes, 18 de abril de 2025

Agustina Bazterrica: Las indignas

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: bastante recomendable

Lo que ocurre dentro de los muros de un convento siempre ha dado mucho juego en la ficción: luchas por el poder, fanatismos, humillaciones, pasiones prohibidas... en fin, salseos varios, que se dice; ello se puede comprobar en novelas como, por mencionar sólo dos reseñadas en este inimitable blog, La abadesa de Crewe o Extramuros. El que sale en Las indignas no es un convento católico; ni siquiera un beguinaje -si bien está situado en un antiguo monasterio-, pero tanto da. O incluso mejor así para quien lea esta novela, porque el culto que siguen las protagonistas de la misma, aunque inspirado, al menos en cuanto a las formas, en la Iglesia católica, permite, e incluso está fundado, sobre el sacrificio, el castigo corporal, la dominación jerárquica y hasta el sadomasoquismo... elementos totalmente ajenos al cualquier variante del cristianismo, como sabemos todos , sin ninguna duda. Pero que son de lo más sabrosos para aderezar cualquier narración de terror religiosos, que, al fin y al cabo, es lo que encontramos en esta novela.

Convento, pues (permitidme denominarlo así, por comodidad), llamado por sus moradoras la Casa de la Hermandad Sagrada -tal es su "congregación"- y que para ellas es un refugio en medio de un mundo asolado por los desastres medioambientales, el envenenamiento de la Naturaleza, las guerras por los recursos básicos como el agua, las enfermedades contagiosas mutantes, la violencia generalizada y el hambre, más generalizada aún. Es decir, una distopía post-apocalíptica a la que, por otro lado, parecemos dirigirnos sin demasiada preocupación. Así, multitud de chicas van llegando a ese refugio e integrándose en una comunidad religiosa jerarquizada de una forma muy rígida: en lo más alto se encuentra Él, el único hombre del lugar, una suerte de profeta siempre oculto y que deja la organización y, sobre todo, la administración de la disciplina a la férrea e inclemente -o directamente sádica- Hermana Superior (a la que yo imagino como una especie de Lady Dimitrescu, lo confieso). Ésta gobierna sobre un número indeterminado de Indignas -las que podríamos considerar novicias- de entre las cuales son escogidas, de vez en cuando, las Elegidas, -Auras Plenas, Diáfanas de espíritu y Santas menores-, con supuestos poderes pero que son mutiladas para potenciarlos y las perfectas y clarividentes Iluminadas. Todas tienen como criadas a las impuras e incluso deformes Servidoras, la casta más baja dentro de este particular microcosmos femenino cerrado -o casi- sobre sí mismo, en el que, como cualquiera puede suponer, menudean las envidias, las rencillas y las jugarretas, castigadas, cuando se atrapa a las responsables -o a las no responsables, que eso parece dar un poco lo mismo- con una saña y crueldad desorbitada, pero muy adecuada para regir la comunidad con mano de hierro y terror.

Todo esto lo vamos conociendo a través de una indigna que escribe a escondidas su historia, en ocasiones usando su propia sangre, una narradora sin nombre y, si bien no me atrevo a decir que poco fiable, desde luego parcial y subjetiva. No es una santa; pese a que empaticemos con ella, no deja de compartir malos sentimientos, peores propósitos y deleznables actos. Algo la salva, no obstante (no diré qué) de convertirse en la mala de la historia o una de ellas en una narración en la que no escasean. Con no poca justificación, si se quiere, dadas las difíciles circunstancias. Lo otro que salva a la narradora-protagonista de caer en la mezquindad inherente a la supervivencia es el aura lírica que envuelve toda la narración -recordemos que está contada en primera persona-, esa forma de contar la historia con la que Bazterrica consigue dotarla de una poesía un tanto mórbida pero conmovedora, una singularidad que distingue a esta novela de los obvios referentes a los que puede recordarnos: desde La carretera (o cualquier otra narración postapocalíptica al uso) a Hellraiser u -obviamente- cualquier chaladura del marqués de Sade, en el caso de los momentos más terroríficamente BDSM. También tiene algo que recuerda a El cuento de la criada, en la rígida jerarquización de las mujeres y de las funciones que deben cumplir y, por supuesto, de toda la narrativa de terror más gótico-religiosa, que no es escasa, precisamente... O incluso, si tenemos en cuenta referencias no literarias, un toque de Mad Max. Fury Road (a ver, sí, cada cual tiene sus filias), aunque claro está que sin camiones de guerra ni guitarristas de rock lanzando llamas. Da igual, las referencias son múltiples pero el resultado es inequívoco: una novela intensa y perturbadora, impregnada de un aroma entre mágico y alucinógeno, también quizás algo tóxico, que ayuda a que su lectura deje una huella difícil de borrar.  Habrá quien prefiera olvidarla, claro, pero sospecho que le va a resultar difícil...


También de Agustina Bazterrica en Un Libro Al Día: Cadáver exquisito

viernes, 28 de febrero de 2025

Michel Nieva: La infancia del mundo

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: más que recomendable (sobro todo si eres como Oriol)

Para el año 2272 el calentamiento global habrá provocado una temperatura media en la Tierra de 90º C, los hielos polares se habrán, lógicamente, derretido, provocando la consiguiente elevación del nivel de los mares y en el caso de la República Argentina (saludos desde aquí a nuestros lectores de aquel país), al menos la mitad de su territorio, incluido el conurbano bonaerense,  estará sumergido bajo las aguas. En los terrenos aún emergidos, otrora Pampa, el clima será tropical, con una media de 40º C todo el año y, de hecho, se encontrarán a orillas del llamado Caribe Pampeano, por donde, como si se tratará de un nuevo Panamá, transcurrirá el Canal Interoceánico. Sin embargo, a orillas de este mar no estarán las comunidades más prósperas de la nación -más bien al contrario-, que se encontrarán a orillas del llamado Caribe Antártico, ocupado antes por la banquisa del continente helado y ahora por resorts turísticos y explotaciones mineras, explotados ambos recursos por compañías transplanetarias como la AIS-Influenza Financial Services-YPF, que saca beneficios incluso -o sobre todo- de la especulación a costa de los innumerables virus mutantes que proliferan en la Tierra...

En fin, podría seguir aún un rato enumerando las predicciones científico-técnicas y político-sociales de esta novela de Ci-Fi/distopía, muy logradas aunque, por desgracia, poco imaginativas, dado que todo indica que vamos de cabeza hacia un futuro parecido... Ahora bien, lo que le otorga originalidad, frescura y, por qué no decirlo, mala baba a esta ficción (de momento) es la elección del protagonista, que no es un tipo cualquiera, sino un niño. Y no un niño cualquiera sino el niño dengue, un mutante nacido de una mujer, pero con todo el aspecto de un mosquito gigante (ahora ya se empieza a comprender el por qué de esa cubierta un poco y aún bastante repulsiva que le han puesto a este libro, ¿no?). Como cabe suponer, el pobre niño dengue sufre durante su infancia no ya el asco y el desprecio, sino el acoso de sus compañeritos de cole y de la sociedad en general, pese a que vive en la tampoco demasiado refinada población de Victorica. Sin embargo, según el niño va creciendo, se ve que las hormonas o simplemente la rabia acumulada le hace rebelarse contra su dickensiano sino y comienza a tomarse la venganza por su propia mano pata, primero contra sus congéneres otros infantes y luego contra la Humanidad, en general. Y ahí (y perdón si es un spoiler) comienza la escabechina un t tano gore que hará las delicias de los lectores y lectoras más raritos (y no miro a nadie...).

Hasta ahí, podríamos estar hablando de un simple despiporre más o menos splatterpunk -tampoco llega a tanto-, pero además la novela adquiere otra dimensión debido a la segunda línea narrativa, la que conduce otro personaje importante, otro niño apodado el Dulce -uno, que por cierto, le toca los coj... dípteros al pobre niño dengue-, enganchado a un juego de realidad virtual llamado Cristianos vs. Indios y que, para enredarlo todo, le roba cierta mercancía muy rara y peligrosa a su hermano, contrabandista en el Canal Interoceánico, con imprevisibles consecuencias. Las aventuras del Dulce permitirán a la novela meterse en un tráfago metaliterario muy sugerente y sobre todo, inesperado en una novela relativamente breve.

No quiero entrar en más detalles, porque buena parte del interés de esta novela está en las sorpresas continuas que nos va deparando su lectura. Sólo decir que buena parte de la comicidad que posee se debe al empleo por parte de su autor de un lenguaje muy elaborado, decimonónico, podríamos decir, que contrasta con las barbaridades y despropósitos que nos van desgranando. No sé si la novela se puede considerar dentro del género bizarro o no (tampoco sé si lo bizarro tiene unas características rígidas e inamovibles para su definición, pero resultaría paradójico); doctores tiene la Iglesia bizarra que lo sabrán mejor que yo... Pero me siento obligado a advertir al lector o lectora más o menos normalito/a (también si existe algo así) de dónde se mete si se decide a leer este libro... Que se lo va a pasar pirata, eso también os lo digo...

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Paul Lynch: El cantar del profeta

Idioma original: inglés
Título original: Prophet song
Traducción: Marc Rubió en catalán para Edicions del Periscopi y Eduardo Iriarte Goñi en castellano para Alfaguara
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y está bien


No es la primera vez, ni tampoco será la última, que uno se deja llevar por el reconocimiento que otorgan los premios (en este caso el Booker de 2023) y más aún cuando este viene acompañado de muy buenas críticas. Pero ya sabemos que en los premios no es oro todo lo que reluce ni obras maestras todo aquello galardonado. Y aquí nos encontramos, a medio camino entre un prometedor inicio y un resultado final simplemente aceptable. 

Empieza el relato con Eilish Stack estando de noche en su casa con sus hijos cuando, de golpe, la policía de la Agencia Nacional de la Policía Secreta (ANPS) llama a la puerta de su casa preguntando por Larry, su marido, quien se encuentra fuera del hogar. Esta visita le deja un mal cuerpo a Eileen, una sensación de que «alguna cosa ha entrado en casa (…) una cosa informe pero imperceptible (…) el ambiente que ha entrado en casa continúa presente (…) vuelve a encontrarse cerca de la ventana mirando a fuera. El jardín oscurecido ya no es tan deseable, porque una parte de esa oscuridad ya ha entrado en casa». Teme por su marido, pues es el secretario adjunto del Sindicato de Profesores de Irlanda y nos encontramos en un momento en que el estado está en crisis y ha sacado una ley que da más poder a la ANPS con el objetivo de mantener el orden público. Parece que le acusan de incitar al odio contra el estado, sembrando la discordia y la agitación, algo que la ANPS no puede tolerar pues «si altera la soberanía de las instituciones puedes cambiar la soberanía de los hechos, puedes modificar la estructura de las convicciones» y eso es algo que no van a permitir pues su propósito es combatir las ideas revolucionarias a toda costa, aunque sea convirtiendo el país en un estado policial que implica la búsqueda y captura de los elementos disidentes, entre los cuales se encuentra Larry quien desaparece pocos días después de esa visita. Esta nueva realidad, por prematura, por impensable, por imposible de creer en un estado que, hasta la fecha, era regido en una democracia, convierte la vida de Eilish en un ejercicio de aceptación, adaptación y resistencia a una situación en la que ya nada parece que será como antes con la ausencia de Larry. Una ausencia que anhela que sea temporal, pasajera, pero con la que deberá lidiar mientras se hacer cargo de su familia y que decide combatir sin desfallecer porque reivindica, ante la detención de su marido, que «prefiero morirme que ver deambular su ausencia diaria delante de mis hijos».

Con esta premisa, el autor teje una historia en la que sabe transmitir perfectamente la angustia y el temor de una familia ante las posibles represalias de una policía estatal o represiva. A base de pequeños aspectos cotidianos nos va calando ese temor, porque en esos cambios en el día a día hacen que la tensión vaya impregnando la narración y arrastra al lector en la oscuridad y el peligro que se esconde tras esos pequeños gestos y acciones implantadas y ejecutadas por la policía. La tensión es evidente y es impactante por cercana, por basarse en la cotidianidad alterada de una familia, de la esposa y los hijos, y la más absoluta indefensión ante el abuso de una autoridad que, aunque democráticamente elegida, dista mucho de ser ejemplar y justa. Así, el autor es hábil al aumentar progresivamente la tensión en un texto trufado de reflexiones internas y pensamientos que uno tiene y teme acerca de una sociedad cada vez más cercada en un estado policial que incrementa día a día el control sobre los ciudadanos. Sin grandes giros argumentales ni grandes puntos de inflexión, el relato va aumentando en clímax de una manera constante pero progresivamente sutil. Poco a poco se restringen libertades, poco a poco se aumenta el control, poco a poco se ejerce la represión y aumentan las detenciones por parte de la ANPS ante la sublevación y la protesta.

Estilísticamente es indudable que Paul Lynch es hábil al hacer un retrato de una sociedad oprimida, pues lo hace de una manera indirecta y subliminal, que uno casi sin percatarse va tomando consciencia del aumento de la opresión a través de la cotidianidad de la vida de una familia donde van viendo como su vida se ve alterada por el retroceso en las libertades y la opresión ejercida hacia ellos por no someterse al sistema. De esta manera, el lector va percibiendo esos cambios externos sin que sean directamente narrados, los vemos a partir de los pequeños cambios que día a día va sufriendo la familia y algunas noticias en los informativos que miran y oyen (algo que vimos también en «Madre» de Wajdi Mouawad) y únicamente de esta manera el lector va tomando consciencia a través de su propia imaginación, llenando los grandes vacíos que el autor sutilmente va dejando en el texto para no definir ella misma lo que sucede sino dejar un espacio para que cada uno teja su propia distopía. Algo que el propio autor ya deja entrever en el texto cuando uno de sus personajes afirma que «empecé a ver lo que nos hacían, una jugada brillante, te quitan una cosa y la sustituyen por el silencio y te te enfrentas a este silencio en cada momento y no puedes vivir, dejas de ser tu misma y te conviertes en una cosa ante este silencio, una cosa que espera que el silencio termine, una cosa que se arrodilla, suplica y murmura día y noche, una cosa que espera que lo devuelvan lo que le han quitado para poder retomar su vida, pero el silencio no termina, ¿sabes? (…) no termina porque el silencio es la fuente de su fuerza».

Pero, aun y así, también es cierto que, a pesar del logro del autor en transmitir angustia y tensión, el estilo narrativo es algo confuso con párrafos interminables en los que se entremezclan diálogos con la narración y monólogos internos de manera entrelazada, así como una puntuación utilizada que no facilita su lectura pues aparece todo mezclado en un flujo continuo de palabras que agradecerían una cierta estructura más clara en su exposición. Ya comenté en la obra de Jon Fosse que no es fácil meter diálogos en medio de párrafos mezclados con reflexiones y este texto refuerza aún más mi impresión de que un resultado brillante o al menos satisfactorio está al alcance de unos pocos (pondríamos ahí también a Ali Smith, quien destaca al hacerlo en distopias demasiado próximas y reales). Además, para hacerlo más extrapolable a diferentes territorios actuales, el autor no pone contexto, no sabemos cómo se ha llegado al punto de partida, no vemos qué motivos hay detrás, por lo que da la sensación que el autor prefiere lanzar un órdago y una crítica feroz antes que contar una historia y eso es algo que en narrativa es altamente arriesgado ya que, en ausencia de grandes frases o mensajes que lleguen o una profunda sensación de tensión y terror aunque sea in crescendo, es difícil mantener el interés durante trescientas páginas si no hay un arco argumental que lo sostenga. Así que a partir de dos tercios aproximadamente, se entra en un estado de más-de-lo-mismo que echa por tierra lo conseguido anteriormente, entrando en una monótona reiteración en la que el lector solo pretende saber cuándo habrá un giro argumental con el que reengancharse a la historia.

Esta novela, de trágico mensaje, se desmarca de muchas distopías y muestra un oscuro trasfondo pues, en una novela distópica siempre hay algo que nos empuje a seguir y lanzar una mirada (quizás azarosa, quizás a su vez utópica) hacia un posible futuro, aunque sea improbable (incluso en las distopias de Ali Smith hay siempre un atisbo de optimismo), pero aquí no, en este libro no hay ninguna mirada optimista ni una ventana abierta a la esperanza. Y eso me lleva a preguntarme, al finalizar el libro: más allá de la alarma hacia un mundo que podría ser posible en un futuro, ¿qué opciones nos propone el autor para seguir adelante? Parece que no hay opción ni un clavo ardiendo al que agarrase ni una salida (incluso traumática). Todo es negro y lo único que queda es la lucha en un territorio donde tenemos detrás, al acecho, el enemigo y, delante, únicamente un terrible, oscuro e inmenso abismo.

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Nieves Mories: Budapest

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: ¿recomendable?

Un secreto que no lo es, en realidad: hay reseñas facilitas, que se escriben en un plisplás y otras difíciles como un demonio. A ver si adivináis de que tipo es la de esta novela... Exacto, de las jodidas peliagudas de hacer. Porque la novela de la que trata no sólo se sale de lo habitual, tanto en argumento como en su estilo, sino que además resulta complicada de valorar, al menos usando el Sistema Unificado ULAD de Valoración de Libros (no digamos ya poniendo estrellitas a lo Goodreads).

Pero bueno, vamos al lío que aquí hemos venido a jugar... Budapest es lo que podríamos llamar una novela distópica postapocalíptica, aunque no quede muy claro de qué apocalipsis nos están hablando. Es también una novela de viajes, la enésima versión de la Odisea, protagonizada no por un rey griego sino por dos primos -él y ella- que recorren el Páramo en busca de ¿venganza? ¿Justicia? ¿Su pasado, sin más? Sobre todo, Budapest es un cuento terrible, la versión Mad Max, si se quiere, de alguno de los hermanos Grimm (aunque la autora habla de Hans Cristian Andersen en el epílogo) con unos Hansel y Gretel con quienes más le vale no cruzarse a ninguna bruja...

Resumen resumido (a ver si soy capaz): Cara y Carlo son dos primos que vagan juntos por el Páramo, en la orilla opuesta de donde se encuentra la que fue ciudad más bella a orillas del Danubio, en busca, parece del Abuelo de las Tormentas. Han sido criados, tras su paso por el Palacio Encantado, por dos soldados también errantes, Piotr y Santino y acabado convirtiéndose en, tal vez,  las criaturas más temibles en un mundo habitado por lobos, chacales y fantasmas. Un mundo destruido tras la guerra -da igual si  la segunda o la tercera Guerra Mundial. O quizás ambas a la vez- en el que el genocidio ha sido casi total y la contaminación, absoluta, convertida en la nueva naturaleza, en el hábitat en donde deben sobrevivir los primos protagonistas. Cuya historia vamos conociendo no de manera lineal (lineal recta, quiero decir) sino espiral, pues ésta es la forma que adopta la narración, avanzando desde el exterior de la misma hacia el centro, pero dando rodeos, circunloquios, desvíos, metáforas y racconti... Porque esa es otra: el estilo de Mories (al menos en esta novela, que es la única suya que he leído) dista mucho de ser sencillito y meramente funcional;  está compuesto  -y empapado de un lirismo tenebroso que recorre toda la novela- de forma más bien fragmentaria, aunque el resultado final los unifique, por episodios oníricos, analepsis, pensamientos -o sensaciones. O aprensiones- de los protagonistas, recuerdos y presagios- Trufado todo por multitud de poemas, con los de T. S. Eliot a la cabeza, y canciones, desde las de Leonard Cohen a Antonio Vega o El Novio de la Muerte... Un estilo que, curiosamente y al menos según mi opinión, cuanto más tortuoso, complejo y alegórico resulta, más eficaz en la difícil (muy difícil, en este caso) tarea de conseguir la consabida suspensión de la incredulidad. ¿Lo consigue Budapest? Pues sí, pero ya digo que a base de exceso, perversidad y artificio.

De ahí, en parte, que no tenga claro si recomendar o no esta novela, al menos para todo el mundo. No sólo porque no resulte una lectura fácil debido a su estilo (aunque eso también puede atraer a ciertos lectores/as), sino porque lo que envuelve éste es una historia en extremo dolorosa y hasta cruel -no digo que lo sea su autora, sino lo que nos cuenta-, con pasajes cuyo hálito metafórico no esconde imágenes de pesadilla, con un punto gore, incluso... Puede no ser una novela de terror al uso,  y puede que a muchos y muchas aficionadas al género no les acabe de convencer (a otros, seguro que sí), pero no os llamaré a engaño: SÍ que es una historia de terror. Más aún cuando no hace sino reflejar lo que pasó en Europa hace no tanto tiempo y prever lo que puede llegar a pasar, por el camino que vamos...


También de esta escritora en Un Libro Al Día: Agujeros de sol, ModuloramaMadres oscuras

martes, 10 de septiembre de 2024

Karen Russell: Donantes de sueño

Idioma original: inglés

Título original: Sleep Donation

Año de publicación: 2020 (como libro en papel; 2014 como e-book)

Traducción: Rubén Martín Giráldez

Valoración: entre recomendable y está bien

Vamos allá con otra distopía, que sé que es in género que os gusta mucho y del que no estáis hartos7as no nada... Bueno, tranqui todo el mundo, que no estamos ante la enésima versión de El cuento de la criada o Neuromante (ni siquiera de El edificio), sino ante la enésima versión de... ¡tachán!, La peste de Camus... por decir un título emblemático del género o subgénero, no sé de epidemias, pandemias y demás infecciones contagiosas, incluyendo los mordiscos de los zombies.

En este caso, la epidemia en cuestión resulta bastante original, porque se trata de una oleada de insomnio que asola los Estados Unidos (where else?) y que provoca la muerte de los afectados al cabo de no demasiados días sin dormir -menos de los que yo habría supuesto, aunque no dudo de la veracidad del dato-; ante tan peliaguda situación y, sobre todo, la dificultad de encontrar una cura o vacuna la solución pasa por hacer "transfusiones de sueño" a los afectados, de lo cual se encarga una organización sin ánimo de lucro, las Brigadas Duermevela. Éstas se encargan de reclutar donantes, obtener horas de sueño por medio de una sofisticada e imaginativa tecnología y distribuirlas entre quienes las necesitan. Así, la protagonista/narradora es Trish, una voluntaria captadora de donaciones de sueño especialmente eficaz debido a  es la hermana de Dori Edgewater, una de las primeras y más célebres víctimas de la epidemia. Además, Trish es quien consiguió la donación de la milagrosa Bebé A, cuyo sueño resulta no sólo ser de tipo universal, compatible con todos los enfermos de insomnio, sino incluso curativo en muchos casos.

La trama de la historia gira, pues, entorno a esta bebé y también de su antítesis, el Donante Y, pero se centra sobre todo en el conflicto interior de Trish, que se debate entre su intención de ayudar y los sentimientos de culpa que le causan tanto la utilización del fantasma de su hermana muerta como la manipulación de una inocente bebé y sus padres. De esta forma, la novela presenta más momentos reflexivos e incluso intimistas de lo que cabría suponer leyendo simplemente su sinopsis, lo cual, unido a los destellos casi líricos -o sin casi- del estilo que emplea Trish/Karen Russell para contarnos su historia,  provoca que la impresión que deja su lectura sea bien diferente a la que cabría suponer en un primer momento.

Por otro lado, es fácil suponer que esta novela no es sino la mera traslación , que apenas llega a metáfora, de la pandemia de coronavirus, más aún cuando fue publicada en 2020, si Russell se dio prisa en escribirla -la novela no es demasiado larga-, le dio tiempo... Ahora bien, resulta que  Donantes de sueño tuvo una vida anterior al papel como e-book, luego esta teoría se desmorona: no está basada en la pandemia del 2020. además, en realidad podría ser una alegoría de cualquier tipo de epidemia, incluso la del fentanilo, la del universo digital o del populismo de extrema derecha. O incluso -sería una interpretación traída por los pelos, pero no me diréis que no es más estimulante-, se trataría de una historia vampírica, pero vista desde el lado de los chupasangres... -chupasueños, aquí- ¿por qué no? Pues porque todas estas elucubraciones dan un poco igual: la idea de una epidemia de insomnio, del traspaso de sueños -y pesadillas  de unos donantes a los enfermos, la especulación sobre toda la subcultura de que se crea alrededor de esta letal falta de sueño es suficientemente potente y fascinante como para necesitar significar otra cosa. Y es perfecto que así sea.

sábado, 10 de agosto de 2024

Lob, Rochette & Legrand: Rompenieves

Idioma original: francés

Título original: Le Transperceneige 

Año de publicación: 1982 (primer álbum); 1999 y 2000 (segundo y tercer álbumes)

Traducción: Diego de los Santos 

Valoración: bastante recomendable 

¿Qué tal va el verano? ¿Cómo lleváis la canícula del ferragosto (obviamente, me refiero a quienes nos lee desde el hemisferio norte, suertudos de por ahí abajo)? Bueno, pues para refrescarse un poco, al menos la mirada y la mente, qué mejor que pasar un rato de asueto con un libro lleno de imágenes de nieve, de paisajes helados, aventuras a muchos grados bajo cero... Si esa es vuestra opción, este es vuestro libro, en el que nos narran el inacabable trayecto del tren Rompenieves, impulsado por una máquina de movimiento perpetuo, en el que se ha refugiado lo que queda de la Humanidad tras el consabido desastre climático, que ha convertido  la Tierra en un planeta congelado, una bola gigante de helado en la que ninguna vida es posible...

Lo que queda de Humanidad, por cierto, que reproduce los peores defectos de la Humanidad, porque el tren Rompenieves se encuentra estrictamente jerarquizado por clases sociales, con los dirigentes disfrutando de mayor espacio y de los lujos posibles cuanto más cerca de la locomotora, mientras que la clase baja se agolpa encerrada en los vagones y vigilada por los soldados (la metáfora, como puede verse, no es muy sutil, pero funciona). Del último vagón consigue escapar uno de sus moradores, Proloff, quién, tras se capturado por sus vigilantes, es conducido para su interrogatorio, junto a Adeline Bellau, una activista pro-derechos de los más favorecidos, hasta la cabecera del convoy de 1001 vagones. En ese periplo a través de las instalaciones del Rompenieves y su estratificación social consiste la primera de las historias, la original, que componen este volumen integral, publicada en 1982 en À suivre -revista mensual de BD de la editorial Casterman- y que fue llevada al cine de forma magnífica por el gran Bong Joon-ho en 2013 (aunque el guión alteraba en buena medida la trama), antes de convertirse en una serie de Netflix.

La segunda y tercera historias reunidas en este volumen y tituladas El apeador y La travesía, con Benjamin Legrand de guionista, una vez fallecido  Jacques Loeb, cuentan con el estilo de Jean-Marc Rochette evolucionado desde el dibujo perfectamente delineado, con un blanco y negro contrastado -heredero del cómic americano de los 40 y 50- a un trazo más difuminado, inmerso en una escala de grises, más apropiado, quizás, para retratar a unos personajes más ambivalentes. Porque si bien el protagonista de estas nuevas aventuras, Puig Vallès, un "apeador" -es decir, un kamikaze al que se envía a cumplir misiones en el helado exterior cuando el tren se detiene- del tren Rompenieves Dos  o Rompehielos, réplica más grande y autónoma del Rompenieves original, podría considerarse, en un principio, como una mera réplica, también, de Proloff, su posición, en principio de antihéroe, resulta más ambigua, lo mismo que ambiguas parecen las intenciones del comité político-religioso-militar que rige el convoy y, particularmente, la posición del consejero Kennel.

Igual de interesantes que su lectura política resultan algunos temas que nos proponen los autores de este "Rompenieves reloaded"; además del cataclismo medioambiental  que ya conocemos, se nos habla del papel manipulador de la religión, de la amenaza de los variados illuminati que pululan por el mundo, por ridículos que puedan parecernos -en este caso, el ínclito Metrónomo, "cosmosista", en vez de terraplanista, pero da lo mismo- o de la creación de falsas y anestesistas realidades, como se dedica a hacer Val, la hija de Kennel, creadora de mundos virtuales... y sin IA, que tiene más mérito.

En suma, una novela o novelas gráficas postapocalípticas que a los tropos habituales del género suma un escenario original y el sabor inequívoco del cómic o la bande dessinnée ochentera, con su vis heterodoxa y hasta contestataria, cuando, al menos en Europa, este medio partecía estyatr a la vanguardia  y sus posibilidades, infinitas, con multitud de revistas y editoriales disputaándose las obras de grandes creadores -el epílogo de esta edición integral, por cieerto, es de Jean-Pierre Dionnet, editor de la mítica Métal Hurlant-, lejos aún de la invasión del manga y los superhéroes y, sobre todo, de su omnipreswente merchandising... Bueno, quizñas esté exagerando y la noastalgia, ciertamente, si no es in error, tampoco es una solución para todo. En cualquier caso, Rompenieves sigue siendo una gran novela(s) gráfica(s), de las que te permiten pasar un buen rato, a la vez que te obliga a pensar un poquito. Que el mensaje o transfonde sea, como ya he comentado, un tanto obvio no es óbice para su validez. El famoso ascensor social no es aquí vertical (como por ojemplo, en El edificio, de nuestro padre fundador, otra distopía de lo más interesante), sino horizontal y cuesta sangre, sudor y lágrimas hacerlo avanzar. pero la alternativa, quedar a la intemperie, es aún peor... La película de Bong  Jong-ho proponía, en cierto modo, una alternativa...pero eso, como suele decirse, es otra historia.

domingo, 4 de agosto de 2024

Fríða ísberg: La marca


Idioma original:
islandés

Título original: Merking

Año de publicación: 2021

Traduccción: Enrique Bernárdez

Valoración: recomendable 


La marca viene precedida por la clásica campaña promocional que identifica, indistintamente a novela y autora, como "revelación" o "best seller" en un mercado bastante reducido como el de su país de origen, Islandia. Incluso así, el libro tarda más de dos años en presentarse aquí, y eso es mucho para los tiempos que corren. Tanto como para pensar cuántas cosas importantes han sucedido y suceden desde 2021 hasta hoy que pudieran condicionar el encuadre en que percibimos esta novela. Me salen por lo menos tres: las campañas masivas de vacunación del Covid, la guerra de Ucrania, la irrupción de ChatGPT. No es que todo tenga que ver aquí, pero La marca es una novela distópica y cierto sesgo publicitario seguro que acaba estableciendo las sacrosantas comparaciones (Clarke, Orwell, Huxley) y considero, leída la novela, que habría que tener cuidado. 

Para empezar, porque la inspiración de Ísberg en estos clásicos, consciente o no, es más que evidente. Ni que sea en esa nomenclatura usada para mencionar vídeos, estupefacientes. Aunque sea para poner en contexto la temática y la sempiterna necesidad de aclarar al lector que estamos en otra sociedad pero que ésta no es tan lejana como pudiéramos pensar. Y otro signo de los tiempos se manifiesta; las divisiones entre antagonistas, viejo fetiche de la humanidad y excusa inmejorable para liarnos a discutir o a enviarnos tropas. La necesidad absurda de generar escenarios donde solo se dispone de dos opciones, norte/sur, este/oeste, izquierda/derecha. Aquí el pretexto es un referéndum para determinar si una prueba psicológica es obligatoria para distinguir a la población que la ha superado o no. La prueba determina el grado de empatía de los individuos por lo que todo puede discutirse, empezando por si es esa cualidad, la empatía, el auténtico test del ácido que puede medir de forma incuestionable la capacidad social del individuo, su grado como ser conviviente. 

La premisa es usada como punto de partida para observar la vida de varios individuos, no sólo basándonos en lo que opinan sobre la situación en sí o el sentido de su voto, sino, imagino y a partir de aquí todo es conjetura sobre si la autora ha planificado a sus personajes para generar un discurso ético de mayor calado, para que veamos situaciones en las cuáles ese factor de verificación puede ser sometido a dudas razonables. El trasfondo obvio es el avecinamiento de un entorno totalitario en el que los individuos, los comercios, los establecimientos son marcados, hayan aprobado el test o no, y la marginalidad a que los no marcados serán progresivamente empujados. Un dilema antiguo y demasiado poco original que admite toda clase de polémicas, desde el excesivo papel del estado en la vida de las personas hasta el engranaje aplastante (qué decir hoy) del pensamiento único como argamasa unificadora de la sociedad. Y esa es mi mayor duda respecto al libro, que sea usado como pretexto para establecer polémicas obvias y que sus personajes, en su mayoría planos y previsibles, usados como estandartes a la hora de juzgar sus comportamientos o incluso alinearse con ellos. Aunque, para mí, le falta algo de visceralidad al libro, algo que lo eleve en lo literario y lo aleje de ser un buen guion para un eventual capítulo de Black Mirror.


lunes, 6 de noviembre de 2023

David Rubín: El fuego

Idioma: español

Año de publicación: 2022

Valoración: entre recomendable y está muy bien

El gallego David Rubín se ha convertido en una estrella del cómic español por derecho propio, lo que no es poca cosa, habida cuenta del magnífico nivel de ilustradores y guionistas -o ambas cosas a la vez, como es el caso- que podemos encontrar por estos lares, por más que el aspecto industrial del sector e incluso el número de aficionados sea más endeble que en países del entorno (no digamos ya en Francia). A Rubín, amén de su excelencia como dibujante y de la espectacularidad de sus páginas, le ha ayudado sin duda a alcanzar este reconocimiento su falta de complejos a la hora de abordar grandes temas, a los que sabe dar un tratamiento gráfico adecuado. En este caso, el libro está ambientado en un futuro próximo en el que un meteorito se está dirigiendo contra la Tierra, con un 85'8 % de posibilidades de colisión y destrucción de nuestro planeta, claro (no sé de qué me suena esto), pero se centra en la caída, no sólo en desgracia, sino en el pozo de sus miserias personales, de Alexander Yorba, el arquitecto estrella encargado de construir una ciudadela en la Luna, la "Nueva Esperanza", para que se pueda refugiar al menos una mínima parte de la población terrestre (como os podéis imaginar, la elite del planeta, aunque no necesariamente siguiendo criterios genéticos).

En una suerte de deconstrucción de sí mismo, Alexander recorre Europa -Finlandia, Ámsterdam, una Roma distópica y desierta, Madrid en llamas- buscando a su familia, amigas, antiguas amantes... que le sirven de espejo para descubrir sus miserias y el fracaso (hasta cierto punto) que ha supuesto su vida. Una deconstrucción del arquitecto protagonista, pero también de la figura del héroe que encarna, pues Alexander Yorba pasa de ser el posible salvador de la Humanidad, o al menos de su supervivencia como especie, a un traidor denostado por todos que debe encontrar de nuevo su rumbo en el tiempo que le queda. Un interés éste por la figura heroica que no es nuevo en la obra de David Rubín, que ya lo ha tratado en títulos como El héroe (cómo no), Beowulf, Gran Hotel Abismo o, incluso, Cuaderno de Tormentas, que es una suerte de bajada de Orfeo a los infiernos o de recreación de la figura de Fausto.

Ayuda a dotar a El fuego de una dimensión épica el espectacular estilo de Rubín, habitual en él, con una ambiciosa y compleja composición de las páginas; un despliegue apabullante del color y un dibujo de trazo vigoroso -por poner un pero, quizás demasiado vigoroso en el caso de las féminas-, amén del uso de variados recursos narrativos y visuales. En cuanto a la historia en sí y la trama de la misma, resulta suficientemente interesante y hasta profunda; quizás, en todo caso, un tanto previsible, una vez planteadas sus premisas, pero es algo que se puede obviar: tampoco es necesario que los guiones estén plagados de plot-twists, cliffhangers, finales sorpresa y demás artimañas a las que nos ha acostumbrado cierta narrativa (sobre todo la audiovisual) en los últimos tiempos.


También de David Rubín en Un Libro Al Día: Gran Hotel Abismo

sábado, 24 de junio de 2023

Bryan Talbot: Bilogía(*) de Luther Arkwright

(*) Nota previa: No me gusta nada lo de "bilogía" o "dilogía", pero, al parecer, según la RAE (echad la culpa a quien ya sabéis), son los términos adecuados para referirse a una obra literaria compuesta por dos volúmenes.

Dentro de la hornada de historietistas británicos, tanto dibujantes como guionistas, que despuntaron en los años 70 y 80, y que han destacado sobremanera desde entonces, lo mismo en el cómic mainstream de superhéroes, etc. como en propuestas más personales y arriesgada emparentadas con la narrativa fantástica y la New Wave de la Ciencia-Ficción, (Alan Moore, Neil Gaiman, Michael Moorcock) encontramos, en un lugar prominente -y ducho, además en ambas facetas, guión y dibujo- a Bryan Talbot y, en particular, aunque no sólo, estas dos obras suyas protagonizadas por su emblemático personaje Luther Arkwright. El primero de estos cómics, publicados por episodios en distintas revistas entre 1978 y 1989 fue el más importante cómic británico del último tercio del siglo XX y tuvo además gran influencia en el devenir posterior de la historieta  no ya británica, sino, debido a la importancia creciente de los creadores de esa procedencia, también en la norteamericana y por ende , mundial.  Ojo cuidao, que esto no lo digo yo, sino personas más autorizadas, creo, como el guionista Warren Ellis o el mismísimo Alan Moore.

Pese a contar con algunos personajes comunes, empezando, claro está por el propio Arkwright u estar ambientados ambos, en su mayor parte, en una Gran Bretaña distópica, que mezcla elementos contemporáneos y aun futuristas con otros victorianos e isabelinos, los libros difieren en varios aspectos, pero, sobre todo, en el técnico: el primero, en blanco y negro -evidentemente, por economía presupuestaria, pero que también corresponde al desarrollo del argumento- denota un estilo menos naturalista y una técnica que imita los grabados victorianos  -lo que dificulta un tanto su visualización, aunque le dota de "autenticidad"-; en la segunda parte el dibujo está mejor conseguido y las viñetas muestran una explosión de color. La planificación de la página y el desarrollo narrativo, no obstante, son igual de ambiciosos en ambos casos , aunque en El corazón del Imperio Talbot mejoró en lo que respecta a claridad expositiva... Pero , en fin, veamos con más detalle cada uno de los libros:


Idioma original: inglés

Título original: The Adventures of Luther Arkwright

Año de publicación: 1978-1989

Traducción: Carlos Díaz Maroto (edición de 2003; Oscar Palmer y Luis Alboreca (edic. de 2016)

Valoración: recomendable 

Veamos si soy capaz de resumir el locurón narrativo que supone este cómic: Luther Arkwright es una especie de agente 007 con poderes psiónicos que se mueve de un paralelo a otro del multiverso (sí amigos y puede que alguna que otra amiga: éste no es un concepto que haya inventado la editorial y productora MARVEl... registrado, tal vez), tratando de neutralizar la acción de los elementos disruptores que llevan la entropía y el caos a los diferentes "continuums", a causa, sobre todo, del influjo de un misterioso artefacto, el Ópalo de Hielo Ardiente (bueno, ¿qué tal va? ¿Sencillito, no?). Arkwright actúa bajo las directrices del programa Ragnarok, creado por la Inteligencia Artificial W.O.T.A.N., situada en Valhalla Nova, en el paralelo 00.00.00, el más estable de todos. 

Aunque no todo es deber y trabajo, claro... a Luther no le faltan oportunidades para el esparcimiento erótico, tanto con su compañera, la agente Rose Wylde, como con la guerrera rusa Octobriana -este personaje, al parecer, procede de una "leyenda comiquera" de la época soviética-, así como con la princesa Anne, a la que Luther deja un par de bollos en el h... quiero decir que está encinta de gemelos. Precisamente en el paralelo 00.72.87, que es en el que vive esta princesa, se desarrolla la mayor parte de la acción. Allí Inglaterra vive bajo el régimen de una estricta República Puritana, desde los tiempos de Oliver Cromwell, ocupando siempre sus descendientes el papel de Lord Protector. Los disidentes y revolucionarios, en cambio, se agrupan bajo la bandera monárquica para combatir a los puritanos con la ayuda, en teoría, del zar de Rusia y el Kaiser prusiano -que, en realidad, pretenden hacerse con Inglaterra-; todo este batiburrillo histórico se desarrolla, como no podía ser menos, en medio de una ambientación que mezcla elementos retrofuturistas, armas de la I Guerra Mundial, la época de la Guerra Civil inglesa y la Restauración, la Victoriana y aún de los sixties del siglo XX.


No voy a seguir porque yo mismo me hago la p... ficha un lío (quiero decir que ni entiendo todo lo que tenía apuntado); Sin embargo, quien se proponga la lectura de este cómic, que no se asuste, pues todo resulta más fácil según van pasando las viñetas. En cuanto al estilo gráfico, además del remedo de los grabados que he mencionado antes, hay que admitir que las figuras resultan al principio un tanto envaradas y de trazo inexperto -recordemos que la historia se fue publicando por entregas a lo largo de más de diez años-, algo "fanzinero", por decirlo así, amén de que el acentuado contraste de los claroscuros, sin grises y con pocas tramas de transición, dificulta a veces su escrutinio. No obstante, se aprecia una importante evolución (a mejor, se entiende) hasta las últimas páginas del cómic.



Idioma original: inglés 

Título original: Heart of Empire. The Legacy of Luther Arkwright

Año de publicación: 1999

Traducción: Raúl Sastre

Valoración: más que recomendable

Diez años más tarde se publicó una segunda parte de Las aventuras... titulada El corazón del Imperio (con el explícito subtítulo en inglés El legado de Luther Arkwright). La acción se desarrolla nuevamente en el paralelo 00.72.87, veintitrés años después de la Gloriosa Revolución y la Pax Britannica subsiguiente. En el Imperio gobierna desde entonces, de forma despótica, la reina ana, convertida en una terrible vampiresa, con un aire entre Isabel I y  Lady Dimitrescu (bueno, en este caso sería al revés), mientras que en el país pululan tanto místicos y visionarios, como opositores demócratas, conspiradores neopuritanos y agentes extranjeros, como el cardenal Barberini, asesino a las órdenes del Vaticano. La princesa Victoria, la hija superviviente de los gemelos que Ana tuvo con Luther Arkwright se siente cada vez más inquieta tanto por la situación del país como porque siente que una amenaza indeterminada pone en peligro a todos. Su padre, el héroe de la nación, desapareció hace mucho tiempo...

Esta Gran Bretaña distópica sigue siendo un maremágnum de elementos steampunk, isabelinos, victorianos, etc., pero ahora aderezados con una sobredosis -se entiende que con ánimo satírico- de símbología nacional-imperialista, con la estética resultante que cabe suponer: hay Union Jacks por todas partes, barroquismo, oropel a manta y exaltación monárquica (que no dejen de leerlo todo el que tenga mono del British Style tras los fastos funerarios y coronarios de los últimos tiempos). Ayuda a este despliegue, claro está, que este volumen sea a todo color, lejos del tenebrismo del primer libro de la bilo... dilo... lo siento, no puedo: del primero libro de los dos. Por lo demás y aunque también aparece el dichoso multiverso, además de que encontramos también viejos personajes secundarios, como Fairfax o el periodista americano Hyram Kowalsky, la historia es aquí más fácil de seguir, más "disfrutona", si se me permite el vocablo. Igual que en la primera parte o incluso de forma más explícita, las escenas de sexo tienen su presencia e importancia en la trama... Quizás esto se deba a que , en lo que se refiere al dibujo, la pericia de Talbot mejoró considerablemente entre el primer volumen de Luther Arkwright y éste. Así, entre el uso del color y el magnífico dominio del trazo, este segundo es una delicia para la vista.

En fin, para terminar, señalar que no es necesario leer la primea parte para entender esta segunda y viceversa, pero sí conviene hacerlo con las dos, porque, pese a su disparidad de estilo y la dificultad, en algún momento de seguir lña trama, ambas se enriquecen con la lectura de la otra y es la mejor forma de aumentar el disfrute lector. Que es de lo que se trata.




Otros cómics de Bryan Talbor reseñados en Un Libro Al Día: Sally Heathcote, sufragistaLa virgen roja

sábado, 15 de abril de 2023

Cory Doctorow: Walkaway

Idioma original: inglés
Título original: Walkaway
Traducción: Enrique Maldonado Roldán, para Capitán Swing
Año de publicación: 2018
Valoración: entre se deja leer y está bien


Uno ve el argumento de este libro en el que nos ubica en un futuro donde todo puede construirse mediante impresiones en 3D y en el que un grupo reducido de habitante decide abandonar la sociedad ultra capitalista y se imagina una versión robotizada o futurista de «La parábola del sembrador» de Octavia E. Butler pasado por el filtro distópico del autor de «Radicalizado». Y aquí entramos de nuevo en el tema de las expectativas, en este caso basadas en la lectura del recopilatorio de cuentos del mismo autor. Pero las expectativas en este caso no ayudan, pues el resultado no es el que este humilde reseñista (y, por ello, de opinión subjetiva) esperaba. Vayamos a explicar los porqués.

Empieza el libro situando a “Hubert, etc.”, uno de los protagonistas (de nombre abreviado por él mismo), en una fiesta comunista clandestina; alguien que «a sus veintisiete años, superaba en siete al siguiente parrandero de más edad». Ya, en estos dos apuntes iniciales (el del extensísimo nombre del protagonista, así como por el tono altamente coloquial mostrado), uno ve desde donde se aproxima el autor a esta distopía: el humor. Y en esta aproximación es donde encuentro el primer escollo, pues particularmente no encajo en las lecturas con este recurso; un tono humorístico que provoca que a uno le cueste meterse en la historia y ubicarse en ese escenario futurista en el que no se sabe muy bien quienes son los personajes ni qué pretenden. Además, argumentalmente la escena inicial ya sucede en un punto álgido de clímax y descoloca al lector que avanza en la lectura para saber muy bien de qué va todo esto. Porque vemos drones, vemos una fiesta comunista organizada en un local ocupado, vemos drogas y máscaras de camuflaje. Vemos el interior de la historia, pero desconocemos por completo el exterior del que únicamente sabemos que estamos en un escenario futuro, con drogas sintéticas, drones, coches que conducen solos, cafeterías con robots en lugar de camareros y que la acción se ubica en Toronto, pero poco más. De todos modos, esta confusión inicial tiene su punto atractivo, pues incita a querer avanzar en la trama y profundizar en ella.

De esta manera, ya en esos primeros compases vemos que el tono y el estilo de Doctorow en esta novela se asemeja mucho más al del cuento «Minoría modélica» de su libro «Radicalizado» que al del resto de cuentos incluidos en ese volumen y se acerca mucho al propio de las novelas policiacas de ex polis que están de vuelta de todo al utilizar un lenguaje extremadamente coloquial con tacos y abuso de la jerga y del lenguaje directo como se evidencia al leer que «Seth lanzó una sonrisa cargada de significado a Hubert, etc., una mención sin palabras a sus sentimientos por Natalie. Hubert, etc., no estaba de humor. Había tenido a un hombre muerto en sus brazos. Estaba ensangrentado, cansado y mareado» o cuando describe que «Natalie llevaba un pijama amplio a rayas blancas y negras, y ni se había puesto sujetador, pero Hubert, etc., no se quedó mirando, ni siquiera un poco»). Con todo ello, o uno está mentalizado para leer una novela algo “gamberra” o cuesta conectar y empatizar con los personajes que pueden parecer demasiados simples y superficiales a simple vista, poco definidos. 

A nivel argumental, superada la escena inicial, la historia realmente empieza cuando los protagonistas se encuentran en un suceso en el que las cosas no salen como estaba previsto y deciden abandonar el sistema social, político y económico establecido y basado en una continua vigilancia policial y capitalismo extremo para convertirse en “andantes” y vivir en los márgenes, en las “afueras” de la sociedad y unirse a otras personas con esa misma mentalidad, formando una comunidad jerárquicamente plana en la que «preguntarle a alguien si puede ponerte a trabajar es decirle que esta al cargo y someterte a su autoridad. Las dos cosas están prohibidas. Si quieres trabajar, haz algo. Si lo es de ayuda, tal vez lo deshaga yo más tarde (…) es un comportamiento pasivo-agresivo, pero así son los andantes». De esta manera, los andantes constituyen una sociedad sin ningún control policial, sin vigilancia, pues «las personas que utilizan este sitio decidieron que preferían que los robaran a que los vigilaran. Las cosas no son más que cosas, pero que te graben todo el rato te pone los pelos de punta».

Con esta premisa, uno avanza sin haber conectado de lleno con la historia. En libros futuristas donde la realidad es distinta a nuestra época, la conexión con la historia es a través de sus personajes, ellos son el nexo entre un mundo imaginado y el nuestro, pero si no hay esa conexión empática, la conexión se rompe y la distancia entre libro y lector se agranda abismalmente. En medio de situaciones más o menos cómicas, el autor intercala mensajes ideológicos que sí tienen su interés, pues giran de manera cíclica y continua en torno al sistema capitalista y al comunismo, a los métodos de trabajo basados en objetivos y su consecuencia de competitividad versus el trabajo por placer o la búsqueda de la realización personal por la satisfacción personal de hacer las cosas bien por uno mismo. Esa parte con carga ideológica sí consigue captar la atención. Porque es evidente que el capitalismo se basa en aprovechar cada instante de la vida y hacerlo a través de gastar dinero para explotar la vida al máximo. Pero, y ahí el autor lanza la cuestión clave: ¿qué ocurriría si se descubriera una forma de vivir eternamente? ¿Seguiríamos viviendo al límite? ¿Seguirían siempre mandando los mismos (pocos) durante toda la eternidad? Porque «encontrar una cura para la muerte» significa «el final de la historia (…) el final de la moralidad, de todo. Si puedes vivir para siempre…, volver de la muerte…, todo vale. Atentados suicidas. Asesinatos en masa. Por eso los zotas están tan espantados como la idea de que todo el mundo lo tenga». Y con ello llega el dilema, pues «los zotas no eran amigos de nadie, pero tenían un interés en la continuación de una civilización cuya cumbre ocupaban. Estos científicos, frikis y vagos no estaban capacitados para gestionar un planeta». Y ahí radica el enfrentamiento, entre clases, entre sistemas, pues el objetivo de conseguir la inmortalidad es noble a ojos de los andantes, pues contribuirá a una mejor sociedad más cooperativa y solidaria porque «¿cómo pueden cegarte tus objetivos a corto plazo si estás planificando una vida eterna?» Teniendo los medios tecnológicos la fórmula es simple: «te escaneas, sacas un cuerpo nuevo del almacén y viertes los datos en él». Porque la inmortalidad «no solo es la posibilidad de regresar de entre los muertos, sino la capacidad de repensar qué significa estar vivos». 

Así mismo, de igual manera que el autor critica el capitalismo extremo afirmando que «si la excusa para poner a un puñado de cabrones ricos al mando del mundo era que sin ellos nos moriríamos de hambre, ¿cómo iban a permitir que la gente viviera sin su firme pero amoroso liderazgo?» a su vez, remarca la importancia de imponer cierta estructura jerárquica pues, contraponiendo el modelo con la versión opuesta te puedes dar cuenta que «te crees que has encontrado una forma en la que todo el mundo puede salir adelante sin jefes. Siempre hay jefes. Y sin no sabes quién es, no puedes cuestionar su liderazgo. Un sistema de jefes secretos es un sistema sin rendición de cuentas ni consentimiento. Es una manipulocracia».

Lamentablemente, hay que llegar al tercio del libro para empezar a interesarse verdaderamente por la historia que narra. Le sobran muchísimas páginas y situaciones que no aportan demasiado al relato, no es necesario tanto contenido para situar la historia y centrar el propósito. También considero que los toques de humor utilizado, aunque sirven para quitar peso a otras partes más densas, rompen en ritmo y le dan cierto aire de ligereza que no encaja con lo que el libro pretende denunciar y, a media lectura del libro, no está muy claro si va hacia un libro de supervivencia postapocalíptica, un tratado sobre los problemas y deficiencias del capitalismo o sobre la inmortalidad y sus posibles consecuencias. O de todo ello a la vez en una mezcla en la que no llega a profundizar en ninguno de los temas. Incluso a veces parece que ni el autor se toma en serio cuando va introduciendo chascarrillos que rompen cualquier pretensión de hacer un texto de más calado o cuando nutre el libro de relaciones personales y pasionales que no aportan nada a la historia. Un estilo que se parece en parte a lo que hacía Marc-Uwe Kling en «QualityLand», pero en ese caso el contenido ideológico del libro era menos ambicioso y conseguía mejor su propósito.

Bien es cierto que el autor se muestra perfectamente lúcido y hábil en la exposición de ciertos dilemas y problemas sociales, pues una vida eterna implica un cambio de mentalidad, porque el mensaje que subyace en el trasfondo de la historia es que «si no encontramos la forma de cambiar la gratificación de hoy por la supervivencia de mañana…». Sin eso, la sociedad no se abonará al cambio y este debe empezar por la ilusión, por la esperanza, porque tal y como afirma uno de los personajes, «lo que estamos haciendo, Gretyl, es ejercer la esperanza. Es lo único que puedes hacer cuando la situación demanda pesimismo. La mayoría de la gente que tiene esperanza ve sus experiencias frustradas (…) la esperanza es el precio de acceso. Sigue siendo una lotería con unas posibilidades de mierda, pero al menos es nuestra lotería». Y, aunque las posibilidades de éxito sean pocas, aunque las cartas estén marcadas y los premios a los que podemos acceder únicamente sean, en la mayoría de los casos, los premios de consolación, debemos intentar conseguirlos y luchar para que, al menos en algún caso, consigamos alcanzar aquello a lo que aspiramos.

También de Cory Doctorow en ULAD: Radicalizado, Mierdificación

miércoles, 29 de marzo de 2023

Pedro Mairal: El año del desierto


Año de publicación: 2005

Idioma original: español

Valoración: bastante recomendable


Queridos señores de Libros del Asteroide: 

Comprendo que las editoriales pequeñas e independientes hayan de abrazarse a sus aciertos y sacarles partido comercial pues sus rendimientos garantizan la toma de riesgos en otras apuestas no tan rentables o fructíferas. Me gusta ese equilibrio y lo que implica en la balanza del fondo editorial. Pero miren, y no niego que sea yo el culpable por no hacer caso a todas las listas de novedades o leer minuciosamente el texto en las contraportadas. Así que este es el segundo libro cuya lectura inicio pensando que, por fin, esta es la novela que Mairal ha escrito tras la grandísima La Uruguaya. Culpa mía, insisto, pero claro, una vez tienes el libro en las manos, has pasado por caja, asumes el despiste, qué otra cosa que dejar de refunfuñar y empezar a leer.

Y El año del desierto sorprende. Por la ambición, para empezar, porque es poco usual en las literaturas no europeas, no estadounidenses, asumir un protagonismo local para un fenómeno global. Esta novela es una distopía argentina. No se desarrolla en NY, ni en Londres o París, escenarios de enorme proyección en los iconos culturales al uso. Tampoco en alguna metrópolis futura oscura y superpoblada. Claro que uno puede establecer cierto paralelismo de la actitud totalitaria con las dictaduras que asolaron al país hace algunas décadas. Pero no, los escenarios son concretos y cercanos, conocidos para los habitantes, lógicamente ajenos para quienes no conocemos Buenos Aires, en cualquier caso curiosamente orgánicos. Mery o María, de lejana ascendencia irlandesa, trabaja en una oficina cuando los acontecimientos se precipitan. La intemperie, oscura organización que ha pasado a dominar el país, lo ha sumido en una corriente de retroceso, donde se culpa al progreso, en especial al tecnológico, del deterioro de la sociedad. Todos los avances han de ser neutralizados, hay que regresar, como mínimo, a la primera mitad del siglo XX. Los sublevados piensan que esa ha sido la desgracia de la humanidad, y, ya de paso, también el acceso de las mujeres a los puestos de trabajo. Con lo que la primera circunstancia que afecta a María es la pérdida de su empleo, y esta no va a ser la única. Al cuidado de su padre, que sufre una enfermedad degenerativa, el progresivo retroceso en acceso a los avances va complicando su vida. María ve como Alejandro, su pareja, desaparece y es movilizada militarmente. Ve como su presente se desmorona a sus veintitrés años, como debe refugiarse en edificios cerrados y ve cómo sus desplazamientos pasan a suponer elevados riesgos y como su dignidad como persona empieza a sufrir mella. Acaba entregada a una especie de lupanar y todo es sordidez, todo es opresión.

Al margen de este planteamiento, quizás muy explotado literaria y visualmente (sin in más lejos, en la muy mediocre serie The last of us) Mairal le otorga una perspectiva curiosamente original. Con un lenguaje freso y chispeante, diría que en algún momento María, tenaz pero resignada incluso cuando una especie de tribu extraña y alienada la hace prisionera, me recuerda al chico que embarca en la excelsa El entenado de Juan José Saer, lo cual son palabras mayores, y aunque la extensión de la novela sea algo excesiva para su planteamiento, Mairal se desmarca aquí de los personajes circunspectos de sus otras novelas y El año del desierto es, a la vez, coherente con el resto de su obra.