Título original: Ghost Stories
Traducción: Jordi Martín Lloret en catalán para Grup62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable para fans
Título original: Canoës
Traducción: Javier Albiñana Serraín
Año de publicación: 2021
Valoración: Está bien
Hay un dicho que reza: “No hagas de tu pasión tu trabajo”. Supongo que muchos de los seguidores de este blog son apasionados de la lectura y, por extensión, algunos también de la escritura. Pero al leer este tipo de libros siempre me viene a la cabeza la misma cuestión: ¿de qué escribe alguien que se ve obligado a escribir?
Fuera de unos pocos escritores consagrados, que pueden vivir cómodamente de sus regalías, la mayoría de quienes han hecho de la escritura su profesión están, de una u otra manera, obligados a escribir, independientemente de la disciplina y de las imposiciones propias del oficio. Incluso yo me veo impelido a escribir esto bajo un estricto calendario.
Como un músico que, agotado en medio de una larga gira, sube al escenario y aun así da un buen espectáculo, este libro me parece una obra escrita bajo la inercia de la profesión. Canoas está pulcramente escrito, con frases que me parecieron muy bellas (“Mi centro de gravedad se ha desplazado unos centímetros”, dice una niña al darse cuenta de que está madurando) y con algunas ideas o cuestionamientos perspicaces. Pero si tuviera que describir este libro de cuentos con unas pocas palabras, estas serían: falto de inspiración.
Los cuentos (y una novela corta) comparten un leitmotiv: las canoas y las voces. Personas silenciadas, voces perdidas, voces que se buscan, que se graban, que se deforman o que apenas consiguen abrirse paso entre el ruido del mundo. En ese sentido, el libro tiene una unidad temática clara, incluso elegante. Sin embargo, esa misma unidad no siempre alcanza para sostener el interés. Hay relatos que parecen más ejercicios de estilo que verdaderas exploraciones narrativas; textos construidos alrededor de una imagen sugerente, pero que no terminan de adquirir cuerpo.
Mi cuento favorito es “Nevermore”, donde unas artistas sonoras, casi brujas, se dedican a ir recolectando voces. El cuento tiene un interesante guiño a El cuervo, de Poe, y quizá sea donde mejor se combinan la extrañeza, la musicalidad de la prosa y esa obsesión por la voz como huella íntima de una persona. Ahí sí sentí que la premisa encontraba una forma propia.
Maylis de Kerangal es una escritora multipremiada, y en Canoas se nota por qué: la precisión de la frase, el cuidado del ritmo, la inteligencia con la que observa ciertos gestos mínimos. Pero también se nota, al menos para mí, una cierta falta de necesidad. No es un mal libro, ni mucho menos; está escrito con una solvencia que muchos autores envidiarían, pero no solo de pan vive el hombre.
Canoas me dejó la impresión de una obra correcta, elegante, por momentos luminosa, pero rara vez urgente. Un libro que se lee con interés, aunque difícilmente con entusiasmo.
Otras obras de Maylis de Kerangal en ULAD: Reparar a los vivos
Título original: Kamogawashokudo
Traducción: Victor Illera Kanaya
Año de publicación: 2023
Recomendación: Prescindible
Según nos informa la solapa interior de este libro, ha sido tal el éxito de esta novela que se ha traducido a más de veinte idiomas, se ha adaptado a la pantalla por NHK TV y se ha convertido en una saga de ocho novelas en Japón. Con tan apabullante presentación uno esperaría caer en las redes de una novela excelentemente escrita, con un argumento sorprendente y unos protagonistas memorables. Nada más lejos de la realidad. Nos encontramos con una novela que, si bien está correctamente escrita y es agradable de leer, se desarrolla con una estructura tremendamente repetitiva y con unos personajes planos y poco estimulantes.
La premisa de Los misterios de la taberna Kamogawa es muy sencilla. Nos encontramos con una taberna escondida en Kioto, regentada por un padre y su hija, a la que acuden una serie de personajes de distinta extracción social para que los propietarios de la taberna les preparen un plato del que guardan un excelente recuerdo y que les transporta a un momento especial de su pasado.
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable alto
Seguramente Tiempo de silencio es el libro que más veces he releído (tampoco muchas, no se vayan a creer), quizá porque, aparte de la inacabada Tiempo de destrucción, tampoco había mucho más que leer de este autor, fallecido joven como muchos grandes genios. Galaxia Gutenberg rescata desde hace poco todo lo editable de Martín-Santos, ya saben, esas cosas encontradas en los cajones, que incluyen algo de poesía, teatro, algunos relatos cortos, junto a un libro de carácter técnico del psiquiatra afincado en San Sebastián. Material para completistas, del que me interesa por encima de lo demás el tomo III de la serie, eso que se llama Novelas inéditas, y que son dos narraciones más bien breves de época juvenil en las que vamos a ver si brilla ya el talento de Martín-Santos que se manifestaría algo más adelante.
La verdad es que estos dos relatos se parecen bien poco a lo que vendría después. Lo cual, dicho sea entre paréntesis, me parece que deja ver una característica interesante, la capacidad de un autor para construir obras de diferente factura, estilo y contenido. Martín-Santos apenas despliega los recursos que más tarde utilizará en Tiempo de silencio, pero parece ir madurando una forma de narrar algo especial, modulándose hacia la introspección y marcando un ritmo extremadamente lento con el que provoca cierta angustia y la sensación de verse uno atrapado en los escenarios asfixiantes que diseña. Apunta maneras, muestra su talento para narrar pero todavía no ha explotado.
Son también dos relatos bastante diferentes entre sí. El vientre hinchado es en todos sus aspectos un drama rural, una narración endogámica que no se mueve del entorno de una casucha de labranza, entre campos resecos bajo un sol aplastante. Tres personajes que, si se me permite tomar el giro precisamente de Tiempo de silencio, son ‘tierra apenas removida’, individuos que superan por poco el umbral de lo humano, van conformando algo parecido a una tragedia que sin embargo es la vida misma, el destino de existencias que dan miedo de puro básicas. Lo más primario del ser humano mostrado con toda la crudeza, solo viéndoles desenvolverse y sondeando en lo posible (poco) sus emociones, más bien sus reacciones. Aunque el estilo es netamente realista, el contenido lo aproxima de forma decidida hacia el tremendismo que estuvo de moda unos años atrás.
El Saco es una novela que podríamos encuadrar en el género carcelario, y podría muy bien exportarse a un medio audiovisual. El relato, con el mismo ritmo lento y algo obsesivo, resulta más convencional que el anterior y, dentro de lo que representa como thriller, va descubriendo perfiles de personajes llenos de matices en una trama que parece a veces oscura y otras sumamente sencilla. Es una historia muy bien narrada aunque no se puede decir que su argumento ni su desarrollo sean demasiado originales. Más parece un ejercicio o un divertimento de autor todavía no decidido a tomar un camino concreto, pero se lee con interés y muestra la versatilidad de Martín-Santos para construir historias diferentes, y permitiéndose esconder de principio a fin el personaje que le da título.
El primero de los relatos da la impresión de mejor trabajado y con mayor riesgo, y en mi opinión resulta más valioso desde el punto de vista literario. Aun así, no siendo fácil identificar aquí al autor con sus obras mayores, todo desprende sensaciones de estar ante un talento literario todavía embrionario que despertaría muy pronto, cargado con todo un arsenal de recursos que todavía ni siquiera asoman.
También de Luis Martín-Santos reseñado en ULAD: Tiempo de silencio
Título original: Le rêve du jaguar
Año de publicación: 2025
Traducción: Regina López
Valoración: muy recomendable
Ineludibles aromas de Robertson Davies, tratándose de una bildüngsroman y de Libros del Asteroide. Pero esta excelente novela de Miguel Bonnefoy no se limita a eso. La historia de Antonio Borjas, que en un primer flash-back, con mucha influencia del boom, ya se nos muestra como la de alguien que, a pesar de ser abandonado siendo un recién nacido, está asistiendo a inauguraciones de calles que llevan su nombre, resulta constituir una novela ambiciosa y luminosa, una visión caleidoscópica que muestra unas importantes décadas de evolución de una sociedad, que refleja sus altibajos e ilumina sus contradicciones. Todo ello en un ejercicio no despojado de equilibrismo. Aunque su autor represente un cierto paradigma proclive a cierto posicionamiento (nacido en Francia de progenitores venezolanos y chilenos), el de Bonnefoy no es un dedo acusador, si no más bien un testimonio ligeramente tiznado de circunstancias personales, convenientemente aderezadas para otorgarle un tono, a veces, casi espiritual.
Curioso, y supongo que la traducción tendrá algo que ver, apreciar que aunque el original de la novela sea en francés, la poética del texto, su cadencia, su recreación de escenarios o situaciones le aportan un aire caribeño. Como si Bonnefoy tuviera esa condición en el substrato de su narrativa. Por qué, desde luego, García Márquez es una clara referencia aquí. Esa carnalidad sugerida, ese intercalado de pasajes con detalles - casualidades, coincidencias, encuentros - no digamos mágicos pero si que con la carga de fantasía onírica para comprender ese ensamblaje, muy visible al final de libro, entre creación y un muy digerible detalle de auto ficción. Todo ello, eso sí, con un estilo preciso, directo, con la dosis justa de descripciones de situaciones, de lugares, la dosis que permite ubicar la novela pero consigue universalizar los detalles de la trama.
Quizás, pero ya es ponerse muy exigente, llamar Venezuela a la hija de Antonio y Ana María, los dos pujantes médicos que no tienen miedo alguno a su abierta militancia para mejorar la sociedad en la que crecen y a la que ven evolucionar, puede resultar algo forzado, un detalle que nos haga creer en esa analogía, que estamos viendo el progreso de un país reflejado en la vida de uno de esos personajes públicos inapelables: apasionado, pícaro, seguro de sí mismo, coherente. Quizás ese detalle, nimio a todas luces, fuerce un poco ese símil, pero ya es buscarle los tres pies al gato, y sería injusto centrarse en cuestiones de poco calaje cuando nos encontramos ante una magnífica novela caribeña.
Más libros de Bonnefoy en ULAD, aquí
Año de publicación: 2026
Valoración: Bastante recomendable
(...) un libro para la gente que ya tiene demasiado con vivir, en carne propia, todas las tragedias del mundo y que podría encontrar, en esta ficción, quién sabía, no una comedia, pero al menos una versión más pequeña de esas tragedias, para divertirse con ellas: como una favela menos furiosa dentro de la favela tremebunda.
(...) escriba un libro que sea la historia de su vida, y, como su vida está tan llena de ficciones, haga que esa novela sea también un relato acerca del poder de las historias, sobre cómo las fantasías reemplazan a la vida y nos llevan a ser otros (...)
Estos dos fragmentos extraídos de las páginas 186 y 158, respectivamente, podrían funcionar como resumen de Madame Vargas Llosa, novelita con la que Gustavo Faverón Patriau rinde homenaje, obviamente, a Mario Vargas Llosa, pero también a Borges (¿o será a Pierre Menard?, a Bolaño, a Werner Herzog, a Flaubert, etc. (*)
Vale, pero... ¿qué carajo es Madame Vargas Llosa? Pues es una bufonada grotesca y oscura, una tragicomedia a cuatro voces en la que el centro lo ocupan los diversos encuentros (o "encuentros") que Vargas Llosa mantiene con esas cuatro voces y personajes de la novela y que tiene como tema fundamental la necesidad de contar historias.
Más allá del tema principal, el uso de las citadas cuatro voces (Maria Trindade, el cineasta Ruy Guerra, el guionista Manoel Magalhaes "Fittipladi" y Rita) permite a Faverón lanzarse a juegos de espejos y desdoblamientos marca de la casa, a digresiones interesantísimas acerca de la "alta" y la "baja" cultura, del plagio o del papel que debe desempeñar la cultura con respecto a la política, a descabelladas historias trufadas de pistas que son trampas o de trampas que son pistas.
Como veis, las obsesiones y los temas de Vivir abajo o Minimosca reaparecen en Madame Vargas Llosa. Lo hacen, eso sí, de forma más "comedida" o menos "ambiciosa / totalizadora" que en las citadas. Y quizá esto haga que los ya conocedores de la obra de Faverón se queden con ganas de más, puede ser. Pero también ofrece la posibilidad de que nuevos lectores se sumen a su universo: al fin y al cabo, 200 páginas intimidan menos que 600, ¿no?
Sea como fuere, es innegable que Faveron tiene una prosa con un ritmo y un estilo propios (¿mezcla de otros, tal vez?) e inconfundible, en los que aúna entretenimiento y profundidad. Es uno de esos autores contemporáneos (otro sería, por ejemplo, Cartarescu) de los que basta leer unas pocas páginas para saber que es él. Y Madame Vargas Llosa es una buena muestra.
(*) Repasando la reseña y repensando Madame Vargas Llosa, diría que algo hay, también, de Manuel Puig en la novela.
También de Faverón Patriau en ULAD: Vivir abajo y Minimosca
Año de publicación: 2026
Valoración: está bien
Cómic de reciente aparición del reputado ilustrador y guionista Luis Bustos, de inequívoco sabor hispánico, si bien adaptado a los tiempos actuales. Me explico: la premisa es bastante sugerente, puesto que nos cuenta un viaje en coche compartido (tipo BlaBlaCar o lo que sea) entre Barcelona y Madrid, justo la noche en la que las calles están convulsas porque se ha producido un asesinato político y una parte del Ejército y la ultraderecha amenazan con un golpe de Estado. En el coche se juntan los jóvenes Pablo y Viri, con el conductor, Ramón, que resulta ser un trasunto no demasiado disimulado del ínclito José Luis Torrente (para quienes nos lean desde fuera de España y no conozcan a este personaje cinematográfico, mi más sincera enhorabuena). Hasta aquí se diría que la narración del viaje era una metáfora de "las dos Españas", algo que tanto juego literario y ensayístico ha dado a lo largo de, como poco, los últimos noventa años, pero resulta que cierto incidente obliga a los viajeros a desviarse de su ruta y buscar refugio en un lugar apartado y bastante peculiar, en el que la historia evoluciona hacia el género de terror y fantástico, aun sin perder el carácter alegórico sobre el momento político actual (que, en realidad, no es exclusivo del Reino de España, sino de buena parte del mundo. Y de hecho, yo casi diría que en España el enfrentamiento político no está tan enconado como en otros sitios).
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable
Juan Gómez Bárcena es uno de los mejores novelistas de la narrativa española actual. Es un autor que apuesta por el riesgo y la creatividad a la hora de abordar sus propuestas. Según él mismo confiesa, de otra manera caería en el aburrimiento. Por eso no es de extrañar que en Lo demás es aire nos entregara una novela coral sobre los habitantes de un pueblo en Cantabria, en Mapa de soledades nos sorprendiera con un ensayo sobre los distintos grados de soledad del hombre contemporáneo y en Abril o nunca vuelva a cambiar de registro y nos ofrezca una lúcida reflexión sobre la paternidad, la culpa y el tiempo.
Daniel es un hombre divorciado que abandona su trabajo como abogado en Madrid y emprende una huida que le lleva a trabajar como instructor de buceo en Benidorm, que es la ciudad donde veraneaba en su infancia. Sus únicos vínculos con su vida anterior son las anheladas visitas de su hija Teresa y su relación con un amigo que dirige un restaurante en la ciudad levantina. Esa rutina se verá interrumpida por una inesperada tragedia personal propiciada por un descuido de nuestro protagonista que trastocará su visión de la vida y, sobre todo, del tiempo.
Daniel intentará por todos los medios recuperar un periodo de su vida en el que supone que era feliz y para ello se planteará si existe la posibilidad de volver atrás en el tiempo. Necesita regresar al mes de abril, reparar los errores cometidos y volver a disfrutar de la vida con Teresa. Esa posibilidad de viajar al pasado podría convertirse en un elemento para redimirse de la culpa. Sin embargo, llega a un callejón sin salida: "La memoria nos juega esa clase de trampas. Quiere convencernos de que hubo un tiempo en que fuimos felices, pero también lo bastante idiotas como para no darnos cuenta. No es así, claro. Si en efecto no nos dábamos cuenta es por la sencilla razón de que no éramos felices en absoluto".
A pesar de esas reflexiones, nuestro protagonista decide buscar una solución a la situación de desamparo en que se encuentra y bucea en internet donde muchos usuarios declaran poseer la llave para viajar al pasado. Uno de ellos asegura que la clave está en olvidar, pero advierte: "Nada hay tan difícil como olvidar. Quiero decir olvidar de verdad. La buena noticia es que a todo se aprende. El olvido, también se enseña. Yo seré vuestro maestro y vosotros los alumnos que aprenderán y olvidarán lo que han aprendido".
Quizás precisamente esa insistencia de Bárcena en presentarnos distintos foros y usuarios de internet pueda ralentizar un tanto el avance de la novela, pero también nos muestra que Daniel ha renunciado a sus ilusiones y busca refugio en las redes sociales. Nuestro protagonista arrincona sus relaciones personales y sentimentales y se sumerge en los videojuegos y los chats. Las estaciones se suceden unas a otras y Daniel se hunde en una melancolía perpetua. Con gran habilidad el escritor cántabro nos ofrece un detallado retrato psicológico de los personajes, especialmente de nuestro protagonista al que sitúa al borde del colapso: "Cuando un hombre parece vacío existen dos opciones. Una: creer que está efectivamente vacío. Que las cosas son lo que parecen. La segunda posibilidad es creer que tras ese vacío se cifra algún secreto, una vida demasiado compleja para ser resumida en unas cuantas frases".
En este sentido, la presencia de Benidorm se convierte en una elección fundamental por parte de Bárcena, porque Daniel se desenvuelve en un entorno en el que la superficialidad y la provisionalidad de la forma de vivir en esa ciudad contribuyen a aumentar la soledad autoimpuesta de nuestro protagonista: "en Benidorm la gente se mueve tan deprisa que ni siquiera tienen tiempo de mirarlo". El escritor cántabro utiliza potentes imágenes visuales para sumergirnos en la zozobra interior de Daniel y comprenderemos su necesidad imperiosa de volver una y otra vez a la Cala de los Amarillos donde su vida quedó truncada.
Abril o nunca está narrado con la prosa precisa y sosegada a la que nos tiene acostumbrados Bárcena. El texto se desarrolla con elegancia y naturalidad y quizás con mayor emotividad que otras novelas del autor. Logra transmitirnos sin caer en dramatismos exagerados la lucha desesperada de un ser humano por sobrevivir al dolor. Es una invitación a reflexionar sobre la paternidad, la repercusión de nuestras pequeñas decisiones cotidianas, la importancia de los vínculos afectivos y ¿la inevitabilidad del paso del tiempo?
Tambíen de Juan Gómez Bárcena en Ulad: El cielo de Lima, Kanada, Ni siquiera los muertos.Título original: Die Wahlverwandtschaften
Traducción: José María Valverde
Año de publicación: 1809
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
Como es sabido, Goethe colaboró decisivamente en el nacimiento del movimiento romántico Sturm und Drang, y aportó a esta corriente literaria obras fundamentales como Las desventuras del joven Werther. Ciertamente, más adelante iría tomando caminos algo diferentes, pero si hiciésemos abstracción del intervalo de los más de treinta años transcurridos, se podría pensar que con Las afinidades electivas el gran autor alemán quiso someter a prueba al romanticismo con un test de estrés definitivo.
De manera que, como si se tratase de un reality televisivo, coloca a una admirable pareja disfrutando de su castillo y sus tierras, y les introduce dos visitantes: el capitán, viejo amigo del marido, y una jovencita algo ensimismada que está bajo la protección de la esposa. Para qué queremos más, solo hay que esperar que salte la chispa por algún lado, o por varios a la vez. La vida del acomodado matrimonio va haciendo hueco a sus nuevos invitados, y las cosas se van moviendo, al principio de forma casi imperceptible, para ir cogiendo velocidad poco a poco, igual que en la naturaleza, explica Goethe por boca de sus personajes, los seres, incluso los objetos inanimados, muestran tendencia a unirse o repelerse con otros en función de fuerzas observables aunque no conocidas.
Estamos ante una especie de novela de tesis en torno al amor, y Goethe explora las distintas actitudes de sus personajes, la templanza de unos frente a la inmadurez y la emotividad desbocada de otros, el sturm y el drang se manifiestan con fuerza frente a la prudencia que podríamos definir como burguesa. Son perspectivas completamente diferentes ante las que el autor no toma partido pero, conscientemente o no, los personajes transmiten sensaciones dispares que llegan al lector: el arrebato amoroso que en su momento se puso en valor ahora se ve cómo desemboca en el capricho y la volubilidad que poco falta para que deriven en la pérdida de dignidad y el ridículo.
La reflexión resulta interesante y bien desarrollada una vez que concluimos la lectura, pero ¿qué ocurre mientras pasamos las páginas? Pues que se suceden las parrafadas, largas explicaciones en un lenguaje con frecuencia afectado, y en definitiva un desarrollo lento y poco atractivo que transmite cierto aburrimiento hasta una parte final confusa y algo atropellada, en la que Goethe parece haber querido recuperar el tono de la tragedia romántica de años atrás. Me atrevería a decir que, desde el punto de vista narrativo, la obra tiene algunas deficiencias serias, como la aparición de personajes ajenos a la trama, que son unos cuantos y no aportan casi nada, y los varios estancamientos en torno al paisaje y pequeñas anécdotas poco relevantes.
El ritmo es irregular y le falta quizá precisión y vigor, que solo aparecen en ocasiones puntuales, lo cual puede ser hasta cierto punto fruto de la época, pero a nivel lector creo que todo esto pesa bastante hasta que uno es capaz de verlo con una cierta perspectiva. Otra cosa es que según los entendidos (hay un largo prólogo en el que se extienden sobre estos pormenores) la obra contiene buen número de guiños y mensajes semiocultos, incluidas alusiones oblicuas a los rosacruces y ciertos elementos esotéricos, que tal vez añaden interpretaciones quizá más ricas y de mayor interés para quien sea capaz de detectarlas. Por mi parte, entusiasta lector del Werther en mis años juveniles, como creo que corresponde, y del Fausto algo más adelante, me quedaré con estas dos obras geniales y dejaré Las afinidades electivas como una más en la colección, de la que no dejo de extraer algunas cosas interesantes, pero que queda lejos de aquellas experiencias anteriores.
Sobre la representación de género en nuestras reseñas en ULAD
Introducción
En un post reciente, en una reseña firmada a mi nombre, una seguidora (el comentario era anónimo, pero dejaba claro que provenía de una mujer) nos hizo una observación que no me pasó desapercibida. Señalaba que en ULAD tenemos un claro sesgo hacia la reseña de autores hombres.
Lo primero que quiero decir es que, al menos de mi parte, si esto es cierto, no ha sido algo premeditado. Por supuesto, eso no constituye ni excusa ni justificación. La ignorancia de un problema no hace que este desaparezca. Sin embargo, y aquí entra el mea culpa, sin señalamientos como este, sin autocrítica, los problemas simplemente no se resuelven.
También es cierto que el equipo de ULAD está compuesto, en su gran mayoría, por hombres (aunque contamos con una colaboradora, cuya participación reciente ha sido limitada por cuestiones de agenda), con una edad media de cuarenta y tantos años. Desde ese punto de partida, cualquier crítica a nuestro trabajo no solo es válida, sino necesaria. Esto no va de enredarse en discusiones estériles ni ejercicios de retórica; va de tomarse en serio las preguntas incómodas.
A partir de ese comentario, decidí revisar nuestros propios datos. Analicé cerca de 600 reseñas (perdonen que no haya ido más atrás, pero tenemos reseñas acumuladas a lo largo de más de 15 años de vida del blog) y comparé la proporción de autores reseñados con la del mercado editorial en general. Lo que sigue no pretende ser un estudio exhaustivo, pero sí un primer intento, honesto y fundamentado, de entender qué está pasando.
Metodología
Se analizaron un total de 595 reseñas publicadas en ULAD. Para cada una de ellas se identificó el sexo del autor o autora reseñada, clasificando los casos en dos categorías: hombre y mujer (en el blog se han reseñado también autores no binarios, lo cual será tema de un futuro post).
La distribución observada fue la siguiente:
• Autores hombres: 340
• Autoras mujeres: 255
Esto corresponde a una proporción de:
57.1 % hombres 𝑣𝑠 42.9 % mujeres
Para evaluar si esta distribución refleja un sesgo propio del blog o es consistente con el sistema editorial, se compararon estos datos con referencias externas:
1. Producción editorial en España (ISBN, datos recientes).
2. Creación literaria en español.
3. Circuito de traducciones al español.
Se realizaron pruebas estadísticas (test binomial) para evaluar si las diferencias entre la proporción observada y las proporciones de referencia eran significativas (p<0.05). Asimismo, se estimó un intervalo de confianza del 95% para la proporción observada.
Resultados
La proporción de autores hombres en ULAD fue de 57.1%, con un intervalo de confianza del 95% de aproximadamente (53.1%, 61.1%).
Al comparar estos resultados con distintos escenarios:
ULAD, en efecto, reseña una proporción significativamente más grande de hombres que de mujeres. Sin embargo, reseña menos hombres (una proporción menor de hombres) que el promedio del sistema editorial, especialmente en comparación con el ámbito de las traducciones.
Discusión
Aquí viene la parte incómoda, y la importante.
El análisis sugiere que no estamos amplificando el sesgo del mercado editorial. De hecho, en cierto sentido, estamos tirando en la dirección opuesta: reseñamos proporcionalmente más mujeres que lo que el sistema produce.
Y sin embargo, esto no es tranquilizador. Al contrario.
Porque si el problema no está (o no está principalmente) en nuestras decisiones individuales, entonces está en algo más profundo: en el sistema editorial mismo. En qué se publica, qué circula, qué se traduce, qué se promociona y, en última instancia, qué llega a nuestras manos como lectores.
Eso, me parece, es más grave.
Sería cómodo concluir aquí: “no es culpa nuestra”. Pero esa no es una conclusión suficiente, ni mucho menos satisfactoria. El hecho de que el sesgo sea sistémico no nos exime de responsabilidad; más bien nos coloca en una posición desde la cual podemos decidir qué hacer.
Porque aunque no controlemos el mercado editorial, sí controlamos (al menos en parte) nuestras lecturas, nuestras elecciones y, por tanto, nuestras reseñas.
Conclusión (y toma de postura)
Este análisis no pretende cerrar la discusión, sino abrirla.
Los datos sugieren que ULAD no presenta un sesgo de género mayor que el del sistema editorial en el que se inserta. Incluso podría decirse que lo corrige ligeramente. Pero eso no basta.
Por mi parte (y hablo aquí a título personal) creo que hay margen, y también responsabilidad, para hacer algo más.
Desde mi pequeña trinchera, puedo:
1. Leer y reseñar a más autoras.
2. Dar visibilidad a escritoras emergentes o independientes.
3. Cuestionar mis propios hábitos de lectura.
4. Y, sobre todo, ampliar las voces que forman parte del proyecto.
En ese sentido, me parece la oportunidad ideal para hacer un llamado abierto:
Si eres lectora y te interesa colaborar con ULAD, puedes empezar enviando tus reseñas a:
colaboraciones.unlibroaldia@gmail.com
Y, si hay afinidad y consenso, por qué no, sumarte como parte del equipo.
Nada nos alegraría más que contar con una mayor diversidad de voces en nuestras reseñas, voces que nos ayuden a ver lo que ahora no vemos, a detectar nuestros puntos ciegos y, en última instancia, a hacer un mejor trabajo.
Año de publicación: 2022
Valoración: muy recomendable
Confieso haber renunciado de forma algo ostensible a participar en la ya algo lejana semana dedicada a las Madres de libro. Diría, incluso, haber hecho algo análogo al troleo cuando publiqué, de forma posterior y hace más de un año, mi algo escéptica reseña de cierto libro de Rachel Cusk.
Hay que tener cuidado a la hora de definirse.
Qué sería más impopular que desmarcarse de forma patente de un colectivo como ése, colectivo, curioso, al que la emergente ideología ultra no sabe dónde ubicar: ¿defendemos a las mujeres que son madres con algún argumento rancio y lacrimoso, o ejecutando una pirueta imposible, lo hacemos desde un feminismo frío y calculador que sitúa a la mujer individuo por delante de ese rol reproductivo que la naturaleza le ha designado?
Todo esto daría para una intrincada, prolongada y seguramente estéril discusión que acabaría con la clásica disyuntiva. No estamos para eso.
De Begoña Gómez Urzaiz hay que leerlo todo: supongo que me perdonará que le otorgue el apelativo de culo inquieto, pero no veo otra manera de definir su compromiso por tomar referencias clásicas y combinarlas con lo más nuevo, sus guiños pop o incluso levemente indies frente a una visión urbana y algo middle-class que puede exaltar a los muy pusilánimes, pero sin dejar de lado perspectivas más radicales, aunque sea meramente por ese efecto de capilaridad derivado de un eclecticismo y una amplitud de miras, cosa que parece tan fácil de describir como difícil de ejercer en este mundo de algoritmos y motores de búsqueda que te planta ante las narices aquello que te cuadra y reconforta.
Aquí, la periodista catalana nos ofrece una serie de artículos, la mayoría sobre celebridades de distintos campos culturales, mujeres que tomaron decisiones difíciles - de esas que te ponen a los pies de los caballos -en relación con su maternidad. El título ya desvela algo sobre aquello a que nos enfrentamos. Habla de Maria Montessori, de Mercè Rodoreda, de Muriel Spark o de Joni Mitchell. También de personajes literarios que han protagonizado circunstancias similares en obras de ficción. Siempre ante el escándalo de sociedades que definen roles y no aceptan salidas de esos roles, sea cuál sea su justificación, sea vivir vidas poco convencionales o sacrificarse por otra finalidad, por su talento, por su profesión. Gómez Urzaiz intercala en esos artículos alguna experiencia personal, alguna reflexión, en una confesión de cómo afronta una mujer joven la conciliación de su profesión y ese esquema preconcebido que le depara la sociedad, ese colectivo monolítico tan presto a juzgar y evaluar. Lo hace con un estilo fresco, rico, culto y desinhibido, lo hace con una actitud abierta, personal y constructiva, igual que aborda las situaciones de los personajes de sus artículos, sin perderse en juicios de valor, sin escatimar información, sin dejar de ser en ningún momento la escritora traviesa y perspicaz que es.
Gómez Urzaiz coordinó un libro que reseñamos aquí