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jueves, 8 de mayo de 2025

Marco Aurelio Denegri: Miscelánea humanística

Idioma original: Español

Año de publicación: 2010

Valoración: Muy recomendable

Si desean una muestra anticipada del tono y los temas abordados en este libro, pueden ver en YouTube algún episodio de La función de la palabra, con Marco Aurelio Denegri. En esencia, el libro desarrolla en forma de ensayo diversos asuntos tratados en dicho programa (desconozco si estos textos fueron escritos previamente o constituyen una extensión posterior del contenido televisivo). Como sugiere el título, estos ensayos exploran una variedad de temas cuyo punto común son las inquietudes y aficiones intelectuales del autor: el comportamiento humano, la música, la lingüística, la literatura, el psicoanálisis, las peleas de gallos, entre otros.

Aunque recomiendo ampliamente el programa televisivo, leer los ensayos constituye una experiencia totalmente distinta. Denegri posee un carisma singular; su particular modo de hablar y expresarse, su falta absoluta de reparos a la hora de ejercer la crítica y su extraordinaria erudición convierten en interesante cualquier asunto que aborde. Sin embargo, es en el texto escrito donde despliega plenamente todo su talento.

En estos ensayos queda claro que Denegri no busca únicamente informar, sino también provocar una reflexión crítica en el lector. Se vale de anécdotas, referencias históricas, citas literarias y pinceladas de humor cáustico (lo que hace al programa de televisión sumamente divertido) que mantienen siempre viva la atención. Quizás la mayor virtud de esta colección sea su capacidad de despertar curiosidad hacia temas aparentemente triviales o poco explorados (aunque, a mi gusto, se extiende demasiado cuando aborda temas como el tamaño del pene o la prostitución), demostrando que cualquier asunto, cuando es abordado con inteligencia, rigor y pasión, puede convertirse en una fascinante pretexto para un ejercicio intelectual.

Por último, es una lectura aconsejada para cualquiera que quiera aprender a escribir bien. Pasta muestra, un botón:

Introducción a la ludología

Consideraciones etimológico-semánticas

Por juego se entiende, normalmente, una actividad o ejercicio recreativo, por lo general sometido a reglas, en el cual se gana o se pierde. Jugar, dice el Diccionario, es hacer algo por espíritu de alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse.

El vocablo juego procede del latín iocus, diversión, chanza, burla. locari, en latín, significa chancearse, divertirse, burlarse, bromear. Por eso decimos jocoso de lo que es divertido y gracioso; y al que antiguamente por dinero divertía al pueblo con sus cantos, bailes y juegos, se le llamaba juglar, y juglar se decía también del que, por estipendio o dádivas, recitaba poesías trovadorescas para recreo de reyes y magnates. Jocoso y juglar son derivados de iocus, broma, chiste, jovialidad, fiesta, diversión, recreo.

En latín, para significar juego no se decía iocus, sino ludus; y lúdere no iocari— denotaba jugar. Cierto que lúdere tenía secundariamente el significado que primariamente tenía iocari. Lúdere valía jugar, entregarse a un ejercicio, hacer o practicar ejercicios corporales; valía también escribir cosas ligeras, componer, cantar, desempeñar un papel. Además, según dije, la denotación accesoria de lúdere era distraerse, solazarse, entretenerse, entregarse a los placeres de los sentidos.

Palmaria relación hay entre lo divertido y lo lúdico, pero en lo antiguo nombrar lo lúdico no comunicaba a un tiempo (hogaño es igual) lo divertido (había otro vocablo para eso, iocari); por eso Cicerón, cuando quiere indicar que está hablando en broma, no se limita a decir «per ludum», sino «per ludum et jocum».

A pesar de que lúdere era el verbo propio para significar jugar, el que pasó a las lenguas románicas fue iocari. Y así tenemos, en francés, jouer; en italiano, giocare; en portugés, jogar; en rumano, yuca; y lo mismo las voces correspondientes en catalán y provenzal.

El ludus latino está presente en una serie de voces nuestras; verbigracia, preludio, interludio, eludir, coludir, ludibrio; pero ludir, en el sentido recto de jugar, no consta en el Diccionario de la Academia, el cual, por otra parte, solamente en su vigésima edición de 1984, acogió el adjetivo lúdico, derivado de ludo, castellanizaron de ludus, y de uso bastante general entre gente culta. La Academia quería que dijésemos lúdicro, que nadie dice, y que como señala Corominas es un latinismo crudo que entró en el lexicón oficial en 1939.

El estudio, tratado, discurso, doctrina o ciencia del juego se llama ludología.

jueves, 27 de marzo de 2025

Gustavo Faverón Patriau: Mínimosca

Idioma original: Español  

Año de publicación: 2024

Valoración: Imprescindible 

¿Cómo hablar, en apenas media docena de párrafos, de lo que supone un texto como Minimosca? ¿Qué decir, que no se haya dicho ya, sobre una de las novelas de año 2024? Preguntas que surgen frente a la página (más bien hoja de Word) en blanco, dudas que atormentan a este pobre reseñista frente a una obra tan vasta, tan compleja, tan exigente, tan putaobramaestra, tan 2666 de este segundo cuarto del siglo XXI.

Vaya, ya salió Bolaño. Era inevitable pues el parentesco es innegable. También debe citarse a Borges, a Cartarescu, a Sabato, a Faulkner (why not?), a Lautreaumont (por esto y por lo otro), a Macedonio Fernández (creo que Faverón y Macedonio vienen del mismo planeta)... aunque con un puntito de humor que lo separa ligeramente de los anteriores. La lista podría ser eterna, como el Museo de la (susodicha) novela, pero ya paro.

Y es que en Minimosca hay grietas, fantasmas, fisuras, senderos que se bifurcan, cantos de sirena, paradojas temporales, desdoblamientos y sotneimalbodsed, máscaras, metempsicosis, casualidades, guiños a la realidad histórica, realismo casi sucio, realismo mágico, guiños a la ciencia ficción, novela psico(i)lógica, exploraciones sobre el dolor y la violencia... Podría seguir, pero ya paro. 

Puedo hacer un campo de concentración donde solo quepa un prisionero y que el prisionero sea el guardia (p. 309)

Hay personas que nacen dos veces y son la misma y hay personas que nacen una vez pero son dos (p.523) 

Según el momento en que la recuerde, tres imágenes me vienen a la cabeza: 

  1. La de las matrioshkas, por sus historias dentro de la historia dentro de la historia dentro de la historia y así hasta el infinito (y más allá, que diría aquel)
  2. La de un cuadro cubista, por su fragmentación de líneas y superficies para representar la totalidad de la vida en un solo plano.
  3. La de un altar barroco, recargado de figuras, pero con Arturo Valladares y Mónica Buchenwald ocupando el lugar central.
Cada una de ellas es incompleta por separado (la primera porque no refleja la interconexión de todas las historias, la segunda porque elude el detalle que sí encontramos en la novela y la tercera porque a veces no tengo claro quién está en el centro del meollo), pero si cogemos un poco de aquí y un poco de allá, nos podemos hacer una buena idea.

Como ya habréis podido imaginar, Minimosca es una novela extremadamente ambiciosa en la cabe todo (desde disquisiciones filosóficas sobre arte y literatura hasta sádicos del más variado pelaje, desde "guest starrings" como la de Stephen King o Duchamp hasta Allen Gisnberg) y en la que el lector corre el riesgo de perderse con tanta referencia circular. Pero si nos dejamos llevar por el ritmo que Faverón imprime a las historias y nos sumergimos en la belleza de las metáforas que adornan el texto - formaban como una autobiografía en añicos, hecha de imágenes rotas, como son las biografías de la gente que en un momento se rompe y sus partes caen cada una en un hueco diferente -, encontraremos una novela que tendrá que formar parte, sí o sí, del canon literario del siglo XXI. ¡Lo diga Harold Bloom o no!

También de Gustavo Faverón Patriau en ULAD: Vivir abajo

martes, 4 de marzo de 2025

Gustavo Rodríguez: Cien cuyes

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Recomendable


Es fácil empatizar con personajes vulnerables, por utilizar la palabra de moda. Por ello los relatos en torno a ancianos y niños tienen, entre otros, el riesgo de caer en la ñoñería o la condescendencia, o deslizarse hacia lo lacrimógeno, peligros todos ellos que en mi opinión abocan al libro a un fracaso seguro. Hay que hacerlo muy bien para escapar de todo esto al mismo tiempo que se plantean cuestiones interesantes sobre estos colectivos y se dibujan personajes que realmente tengan algo que aportar.

El hilo conductor de Cien cuyes lo constituye Eufrasia, una mujer madura cuya ocupación consiste en el cuidado de ancianos. Les acompaña a domicilio, poco después también en una residencia, en un laborioso pluriempleo con largas trayectorias en las que establece un fuerte vínculo con sus clientes. Pero aunque Eufrasia está casi siempre en escena, es hilo conductor más que protagonista, porque el protagonista absoluto de la novela es la vejez: tipos muy diferentes de ancianos, la viuda solitaria con problemas de movilidad, el antiguo surfista, la mujer elegante y de mundo, el modesto poeta, el severo oriental siempre fiel a su origen. Muy diferentes, sí, pero marcados sin remedio por la avanzada edad que les hace homogéneos por encima de sexo, origen o personalidad: la decadencia física, a veces también mental, los achaques malamente combatidos con pastillas y sobre todo, la conciencia inquebrantable de que la muerte ronda muy cerca, que la historia se acaba y la pendiente hacia el final es acelerada e irremediable.

Todos ellos, alejados de familias y con la nómina de amistades cada vez más recortada, se plantean, como imagino cualquiera hará a esos niveles, la posibilidad de una despedida digna, el dar por terminado el recorrido sin esperar a que la naturaleza lo haga más largo y doloroso de lo necesario. Estamos hablando claro está de la eutanasia en su sentido más amplio, poner el punto final voluntariamente cuando ya todo está dicho y vivido.

El libro lo plantea de forma muy directa, quizá demasiado directa porque deja poco margen a la duda desde muy pronto. Y aparentemente tampoco se abre al debate, porque ¿quién puede negar a alguien el derecho a bajar su propia persiana cuando a nadie perjudica con ello? ¿quién es capaz de obligar a seguir luchando y sufriendo el deterioro, la soledad, la indefensión? ¿cómo se puede condenar una decisión consciente y fría de terminar un calvario que siempre va a ser más y más doloroso? Se diría que de alguna manera el autor rehúye el conflicto y, si acaso, deja al lector la responsabilidad de buscar una antítesis.

Es cierto que el relato presenta siempre una situación ideal. Los ancianos están en pleno uso de sus facultades, nada les ata ya a la vida, se sienten libres y hasta jubilosos por terminar de forma honorable, indolora y hasta un punto divertida, circunstancias que en el mundo real no convergen con tanta facilidad. Pero es una hipótesis para plantear la reflexión. Y además el autor lo hace de forma impecable, sin abusar de emotividad, con sencilla elegancia que llena de naturalidad todas las situaciones.

Quizá la técnica narrativa esté un poco por debajo del estilo. Como decía antes, todo parece bastante obvio casi desde el principio, y una cuestión que a pesar de todo no deja de ser tan delicada se plantea de forma casi idílica, para resolverse de manera algo endeble y evasiva. Pero no importa demasiado. Lo importante es que el libro se lee de forma placentera gracias a la amabilidad y el buen gusto que mantiene en todo momento, y sobre todo porque deja ahí, bien claras, esas preguntas fundamentales que deberían impedir prejuzgar comportamientos que en algún momento nos pueden parecer terribles, pero que a lo mejor, más pronto o más tarde, pueden presentarse en nuestro horizonte.


martes, 17 de septiembre de 2024

Mario Vargas Llosa: Los cachorros

Idioma original: español

Año de publicación: 1967

Valoración: imprescindible

Por muy desorientada y mediática que haya sido últimamente su existencia, aquí reseñamos libros y no vida y milagros de sus autores. 
Los cachorros, novela corta, cortísima (entonces, intensísima) es una maravilla absoluta. Cuarta novela de su autor, en absoluto obra de tanteo, sino más bien obra de confirmación, totalmente consciente, por lo que todas sus intenciones son manifiestas y no nos encontramos ante un experimento de concisión, sino ante una obra premeditada.

Y qué joya: vaya por delante que el ejemplar leído alcanza las cien páginas de las que más de la mitad la constituyen (clásico en las ediciones de Cátedra) una extensa introducción incluyendo bibliografía - que leeré tras esta reseña para evitar ser condicionado - más un nutrido grupo de notas a pie de página con explicaciones tanto sobre los localismos empleados - alguna aclaración necesaria, muchas de ellas fáciles de comprender en función del contexto - por lo que el texto original, desnudo de complementos, debe estar sobre las cuarenta y cinco o cincuenta páginas. Pero vaya texto: perfecto desde todos los ángulos. Los cachorros sigue las correrías de un grupo de niños peruanos, cada uno de ellos provisto de su curioso apodo o mote, que (aquí todo es elipsis, glorioso elipsis) no siempre es explicado, aunque sí, relativamente, el del protagonista, el Pichula Cuéllar, figura que aporta el pretexto para la patada inicial del relato, pues se le da entrada en el primer párrafo, que ya aporta todo el regusto de la novela: concisión, urgencia, cambios súbitos, hasta en la misma sentencia, de sujeto y tiempo verbal, cada frase necesaria para el contexto, y apenas media docena de líneas de la novela: 
"Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del Terrazas, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágilos, voraces. Ese año, cuando Cuéllar entró al Colegio Champagnat."

Lo lógico sería que muchos se lanzaran a por esta novela simplemente por lo que este resplandeciente inicio presagia, pero continúo, para los escépticos. La trama, ese recorrido vital del grupo de muchachos, de cachorros, desde sus correrías de patio de colegio hasta sus primeros escarceos con la madurez, el descubrimiento de la sexualidad, sus opciones vitales y las tentaciones en que caen, sus estudios, su futuro, sus decisiones u omisiones. Esa es, básicamente, la trama y el que pueda no tener nada de nuevo - novela coral, ejemplo no moralizante de los distintos caminos que puede ofrecer la vida - no significa que ese camino no sea placentero y fascinante. El lenguaje, vivaz, nervioso, plagado de localismos peruanos y sudamericanos, sólo hace que aportar un éxtasis adicional y se convierte en un personaje más, delicioso contemplar su evolución y deliciosa esa irrupción - espero que constante e inacabada - de términos nuevos,  de gloriosa corrupción que desafía anquilosamiento y provoca sin vergüenza a toda almidonada institución que pretenda, aún hoy, limitar y protocolizar. Los personajes, que la concisión de la novela apenas permite más que retratar en trazo grueso y precipitado, acaban resultando familiares y cercanos, modestos iconos que retratan tanto el íntimo entorno de las amistades tejidas en la convivencia escolar como el entramado social. En fin, la novela es un emblema, un modesto emblema ya que no suele relacionarse entre las obras cumbre de su autor - sitio reservado a proyectos de mayor extensión- pero un  significativo ejemplo de como en literatura el minimalismo y la concisión no son para nada sinónimos de racanería o volatilidad. 

Reseñado de Vargas Llosa en ULAD: aquí



lunes, 28 de agosto de 2023

2x1: Perro con poeta en la taberna y Los ermitaños de Antonio Gálvez Ronceros

Idioma original: Español
Año de publicación: 1962-2018
Valoración: Entre está bien y recomendable

Un novelita breve y un libro de relatos, de unas sesenta páginas cada uno y separados por más de cincuenta años, son la carta de presentación del recientemente fallecido Antonio Gálvez Ronceros en las librerías españolas. 

Perro con poeta en la taberna (2018) es una novelita con toques valleinclanescos en la que el autor recurre al perro que habla y algunas otras exageraciones (hombres de 3 y 5 metros de altura, hombres con cabeza de huevo) para hablarnos del "cojudismo" del mundillo literario peruano, entendiendo por "cojudismo" la soberbia, la vanidad, la petulancia, el clasismo o el racismo. Un hilarante catálogo de agravios y resentimientos que dejan con una sonrisa en la cara y a los que se les puede achacar una cierta falta de empaque. Bien como sucesión de anécdotas, no tanto como conjunto.

P.S.: Seguro que los protagonistas de las anécdotas tienen nombres y apellidos. Me gustaría conocerlos. Un poco de "marujeo" literario, vaya.

Por su parte, Los incrédulos (1962) me parece mucho más interesante. Siete relatos breves ambientados en el mundo rural constituyen el volumen. En ellos, el humor y el habla popular son los elementos fundamentales: aquel en el planteamiento y desarrollo de los textos; este en toda su extensión. El lenguaje como herramienta en manos del autor.

Lo tragicómico también recorre los siete relatos, en los que podemos encontrar algunos toques que los ligarían con el "gótico andino" y con la tradición oral de la región. Tragos, abusos de poder, violencias, muertes y espíritus variopintos que sirven como contexto para mostrar una realidad que no suele estar en el centro del "relato".

En resumen, buena carta de presentación de un autor contemporáneo de grandes de la literatura peruana como Vargas Llosa, Arguedas o Scorza, pero bastante alejado en lo formal y estilístico de unos y de otros. Si acaso, se podría acercar algo a los dos últimos en Los incrédulos, con su protagonismo a clases y hablas populares, aunque creo que desde un enfoque bien diferenciado.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Santiago Roncagliolo: Y líbranos del mal

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2021

Valoración: Está bien (o, lo que es lo mismo en este caso, un poquito decepcionante)


Si no recuerdo mal, supe de Santiago Roncagliolo allá por 2003 o por ahí, cuando una amiga de un viejo foro de internet (Alquimista, ojalá sigas bien) nos hacía llegar los artículos culturales de Luis Algorri, entonces conocido como Incitatus. Con su tono habitualmente enfático, Incitatus hablaba de un muy joven autor peruano al que presagiaba un futuro brillante, probablemente a raíz de la publicación de su primera obra de cierta repercusión, tal vez Pudor. Mucho más tarde terminé por conocer directamente algo de Roncagliolo en Abril rojo, que me gustó bastante, y decido abrirle de nuevo la puerta al saber de la publicación de Y líbranos del mal.

Las buenas vibraciones de la anterior lectura se confirman en las primeras páginas de esta nueva novela. Se presenta a una familia de peruanos emigrados en los Estados Unidos, con apariencia de estabilidad y completo olvido de las raíces, excepto por las esporádicas visitas de la abuela, que intenta transmitir a su nieto algunas tradiciones. Ante el deterioro en la salud de la anciana y la rotunda negativa del padre a pisar de nuevo el Perú, es el nieto, el joven James, el que se desplaza para atenderla en sus últimos meses de vida. Como es lógico, el chico sufre el shock de encontrarse en una cultura que ya le es completamente ajena y, sobre todo, ante un panorama de chismorreos y silencios que no entiende, pero que parecen ocultar algo sospechoso en torno a su familia, en concreto a su padre.

Esto es una especie de prólogo, con un espléndido dibujo de personajes, secuencias medidas de diálogos, acción y silencios, todo muy prometedor. 

Sin embargo, el relato, ya situado en Lima, empieza a volverse algo gaseoso. James va obteniendo indicios de algo que ocurrió en el pasado, encuentra gestos hoscos, personajes huidizos y miradas inquietas, y se decide a indagar. La trama tiene bastante de novela de formación y una pizca de thriller, al tiempo que el joven siente sobre sí el choque de un entorno más bien hostil, lo que Roncagliolo no desaprovecha para presentar la fractura entre los barrios privilegiados, como el de su familia, y la enorme ciudad donde predomina la pobreza, vestida de un cierto embrutecimiento y, sobre todo, dominada por códigos que el protagonista no es capaz de desentrañar. Por cierto, que el ambiente de esas zonas vip de tendencia anglófila recuerda un poco al que pintaba Bryce Echenique en Un mundo para Julius, aunque lejos de la sutileza y la gracia de que hacía gala don Alfredo.

El caso es que toda esa construcción de misterios y sospechas va a dar a un relato centrado en un grupo religioso (podríamos llamarlo secta), que identificamos como el Sodalicio, de cierta repercusión allá por los 70 del siglo pasado, y asimilable quizá a otros colectivos parecidos. Allí se mezclan fanatismo religioso, clasismo, adoctrinamiento y abusos sexuales, bajo el dominio de un iluminado cuyo poder se va extendiendo sin freno. Es todo ello un material que parece bien apropiado para un texto lleno de tensión, con fuerte carga de denuncia y cierto punto de misterio.

Pero a la novela la falta consistencia, parece una simple adición de elementos con una conexión bastante discutible, y que se traduce en unos cuantos testimonios dispersos (el cura que conoció al líder, el psicólogo que fue su discípulo, un desconocido alcohólico lleno de rencor, la cooperadora social que fue despreciada por el padre), conducidos a veces por largos relatos en primera persona, otras a través de un dudoso narrador omniscente. Tampoco queda muy claro el papel, poco a poco predominante, que juegan unas relaciones homosexuales que, así incrustadas entre los entresijos escabrosos de ese grupo sectario, podría decirse que aportan, queriéndolo o no (espero que no), una especie de plus de sordidez.

Una sucesión de retazos a la que falta coherencia, que no termina de conformar una historia de la potencia esperada, algo que desde luego sorprende (para mal) en un autor que otras veces ha demostrado capacidad para hacer funcionar historias más o menos complejas. Da la impresión de que Roncagliolo ha querido a toda costa montar una novela en torno a estos temas espinosos, y ha hecho prevalecer sobre la lógica narrativa el deseo de exponer (o más bien dejar entrever) una turbiedad general, de forma que el resultado suena a veces más bien a crónica periodística novelada, cuando no a obra de encargo. Todo lo cual, sin dejar de constituir una lectura aceptable, porque Santiago escribe bien y siempre hay momentos de alguna brillantez, resulta algo decepcionante para quien espera bastante más de un autor que, está claro, ha tenido momentos mejores.


También de Santiago Roncagliolo en ULADLa pena máximaAbril rojoEl amante uruguayoTan cerca de la vida

lunes, 28 de noviembre de 2022

Gabriela Wiener: Huaco retrato

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: recomendable

En Huaco retrato Gabriela Wiener hace un ejercicio, casi, de triple reflexión. Una la emparenta con cierta brillante novela de Patricio Pron: el escritor de origen latinoamericano curioso por indagar en sus ancestros, en aquella primera generación de europeos a los que diferentes circunstancias empujaron a establecerse al otro lado del Atlántico y como sus descendientes sienten el impulso de cuadrar el balance. En este caso es Charles Wiener, un explorador austríaco que se aventura por Perú y lo hace desde la perspectiva siniestra y reaccionaria habitual de la época. Es decir, a cambio de su presencia allí en nombre de un eventual progreso, se apropia de cuanto no es suyo. Desde objetos artísticos, esos huacos retratos, porcelanas figurativas, hasta personas. Su descendiente, la escritora que se apellida de forma tan exótica para sus orígenes más inmediatos, detalle que regresa esporádicamente a la narración. No se considera blanca, sus rasgos conservan poderosos detalles raciales, y busca entre los recuerdos de la familia a esa nativa seducida por el hombre blanco, el que implacable se erige por encima de los pobladores originales y los desprecia, humilla y ridiculiza. En esa búsqueda llegará a conocer mucho a sus generaciones más cercanas, como ese desprecio ha desaparecido o ha fundido a gris.

En medio de esa investigación, surgen otras líneas argumentales, y aquí Wiener, prosa decidida, estilo depurado, cercanía con el lector, efectúa otro retrato, este casi un autorretrato en la que, como en otra excelente novela de Santiago Gamboa, el trasfondo de la migración se apodera de la trama,. Wiener es una escritora peruana establecida en Madrid, subsistiendo de sus libros y colaboraciones. Un entorno al que se ha adaptado pero en el que le cuesta todavía considerarse una más. La identidad cuyo complemento busca no parece consolidarse al completo. Aún se ve una sudaca, una persona a la que los madrileños se han ido adaptando y ya no miran sorprendidos, pero a la que siempre le va a faltar algo para ser considerada uno de los nuestros. Aquí la reflexión se torna más matizada y subliminal. La dicotomía propio/ajeno es un difícil escollo y, aunque no se trate de una crítica social en toda regla, sí que es un riachuelo que discurre junto al texto. Lo cual completa con su integración en un curioso triángulo amoroso. Convive con un hombre y una mujer en una relación a tres bandas que presenta las complicaciones morales y logísticas propias. Toda esa composición justifica el título del libro. El Huaco retrato que muestra sus rasgos casi caricaturizados lo constituyen esos tres esbozos; curiosidad por la identidad original, adaptación en curso, opción por relaciones poco convencionales. Sobre todo, un texto directo y sincero que elude el preciosismo y va directo al grano.

jueves, 20 de octubre de 2022

Claudia Ulloa Donoso: Yo maté a un perro en Rumanía

Idioma original: Español                        
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable

Casi toda novela lleva en su interior un viaje, ya sea real o metafórico y ya funcione como redención o revelación. De todo un poco hay en el extraño viaje que contiene este Yo maté a un perro en Rumanía, debut en la novela de la peruana afincada en Noruega Claudia Ulloa Donoso, de quien tuve oportunidad de leer hace un tiempo su personalísimo (y también recomendable) libro de cuentos Pajarito.

Esta vez el viaje es, al menos inicialmente, una huida de la soledad, de la oscuridad, de la depresión, un recorrido que nos lleva de Noruega a Rumanía y en el que se entrelazan diversos extrañamientos (geográfico, cultural, lingüístico, etc), vida y muerte, amor y deseo, luz y oscuridad, presencias y ausencias, etc. O como dice al final del texto:
Puntos en el infinito. La carretera oscura. Una recta. Casas, ciudades, países. Segmentos. tu, yo, mi perro. Más puntos. Dos planos paralelos. Los vivos y los muertos. Triángulos y círculos. El tiempo lineal o circular. Los gitanos. El radio del presente. Pasado y futuro en un eje. La cama y el ataúd un cruce de dos rectángulos. Cinco cuadrados. Mosaicos de Trajano. Una cruz. Aviones y camposantos. Caballos.
El comienzo de la novela es apabullante. Un perro lleva la voz de un primer capítulo onírico y absorbente que da paso a una parte central del texto, narrada por su protagonista femenina, que semeja por momentos una road movie con toques de misterio y en la que poco a poco se va aportando información sobre el pasado de los protagonistas al tiempo que estos recorren una Rumanía extraña, sórdida y tierna al mismo tiempo. Después del shock que supone ese primer capítulo, esta parte central vira hacia una narración más "realista" que me parece algo lastrada por un ritmo más bajo, por ciertas reiteraciones y algunas tramas secundarias que no acaban de aportar en exceso. 

Afortunadamente, la novela remonta el vuelo en un último tercio en el que la narración se fija en lo geográfico en un determinada zona de Moldavia y se convierte en un juego de espejos (Ovidiu / Mihai frente a su contraparte femenina) que funciona a la perfección. La narración se vuelve más extraña y envolvente y se recupera ese tono oscuro y onírico del primer capítulo hasta llegar a un magnífico final.

Más allá de esto, sí que hay tres cosas comunes a todo el texto que me parecen destacables:
  • la musicalidad. Eso sí, nada de flautas o violines. Aquí predominan las frases breves que resuenan como martillazos. ¿Me explico?
  • la parte poético - onírica del texto
  • la evolución lenta y casi imperceptible de la relación de los dos principales protagonistas
Todo esto hace de Yo maté a un perro en Rumanía una novela recomendable y un debut que merece mucha más atención de la que ha tenido hasta ahora en medios "serios" (hasta ahora muy muy escaso)

sábado, 8 de octubre de 2022

Ciro Alegría: El mundo es ancho y ajeno

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1941
Valoración: Muy recomendable

Texto fundamental de lo que fue dado en llamar "narrativa indigenista" (de la segunda ola, diría yo, porque ya Alcides Arguedas publicó en 1919 "Raza de bronce"), "El mundo es ancho y ajeno" es una novela total que emparenta con otros textos de su tiempo y espacio geográfico (aprox) como "Doña Bárbara" en aquello de ¿civilización o barbarie?, al tiempo que también lo hace con la modernidad del primer mundo (y aquí podéis poner todas las comillas que queráis).

La primera de las familiaridades tiene que ver con un argumento que, en líneas muy generales porque sus más de 600 páginas dan mucho de sí, vendría a ser la historia de la comunidad de Rumi y de cómo esta hace frente y se ve afectada por el "progreso" que trata de imponerse (y se impone) a sangre y fuego por gamonales y poderosos de todo tipo. 

Narrada en tercera persona y con una constante interpelación al lector por parte del autor, El mundo es ancho y ajeno es una novela eminentemente realista, lo que no excluye ese componente mítico que más tarde sería utilizado en mayor medida por Arguedas* o Scorza**. Y esto pese a un primer capítulo que parece señalar un camino que posteriormente se bifurca en senderos que permiten al autor manejar con acierto diferentes registros y lenguajes que van del western a la denuncia social y de habla híbrida de los indios al lenguaje rimbombante de leguleyos y periodistas. De esta ruptura, de esta variedad viene la relación con una cierta modernidad norteamericana o europea de la que hablaba.

Superada una quizá algo pesada primera parte de la novela (pongamos un 25%), centrada en la presentación de personajes y situaciones y con una constante oscilación entre el costumbrismo y la magia, la novela cobra vuelo, varía, toma otras direcciones, otros rumbos, y pasa a ser un recorrido por los distintos caminos tomados por los comuneros de Rumi tras el despojo sufrido. Esto hace que la acción transcurra por escenarios dispares como la propia puna, la selva, las minas o la propia Lima, que Alegría pueda recurrir a la "historia dentro de la historia dentro de la historia" y que nos ofrezca un completo cuadro del Perú de 1912-1915 en el que el indio es masacrado, ninguneado, esclavizado en nombre del "progreso". Obviamente, El  mundo es ancho y ajeno es una novela política con un mensaje muy claro, pero con independencia de este su calidad literaria es muy alta, tanto por variedad de registros como por ritmo y belleza de la narración o por contundencia y claridad del mensaje.

Los únicos dos motivos por los que no puedo valorar la novela como "imprescindible" serían la idealización de algunos de los personajes (el mensaje puede ser igual de claro mostrando unos personajes con más tonos de gris, más "complejos") y esa primera parte de la novela quizá algo sobreexplicada. 

Más allá de estos dos apuntes, El mundo es ancho y ajeno es una novela totalmente universal que bien merece una recuperación y lectura desde este 2022 en el que en nombre del progreso siguen queriendo vendernos tantas y tantas motos.

*Libros de Arguedas reseñados en ULAD: El zorro de arriba y el zorro de abajo y El Sexto

** Libros de Scorza en ULAD: La tumba del relámpago

lunes, 23 de agosto de 2021

Alfredo Bryce Echenique: Muerte de Sevilla en Madrid

Idioma original: español

Año  de publicación: Firmado en París 1971 . 

Incluido en La felicidad, ja ja 1974. 

Edición exenta 1994

Valoración: Se deja leer



Este don Alfredo siempre jugando con los dobles sentidos. Aclaro que el Sevilla del título no alude a la ciudad sino a un peculiar protagonista que enseguida conoceremos. En cuanto al autor de la novela, aún reconociendo sus méritos literarios, jamás ha acabado de conectar conmigo del todo (yo con él, en realidad) por razones absolutamente subjetivas: su sentido del humor y el mío son, más o menos, como el aceite y el agua. Entiendo su ironía pero me dan un poco de grima esos personajes suyos, tanto los que ejercen de su alter ego como estos otros, del estilo de Sevilla, que en mi opinión resultan singularmente patéticos. Un relato largo que integró en un principio el compendio titulado La felicidad ja, ja, y más tarde se publicó también como volumen independiente. es el caso de esta edición de Alianza, sesenta y dos páginas de un palmo de largo por medio de ancho que disfrutarán sobre todo los forofos del género humorístico. Aunque se trata de un humor muy amargo y bastante caricaturesco. Esto le resta verosimilitud pero otros autores –Valle Inclán a la cabeza– han salido airosos del intento, claro que eso significaría jugar en ligas muy, muy altas.

El pobre Sevilla lleva una existencia apacible entre un trabajo de administrativo de cuarta, la convivencia con su absorbente tía, sus hábitos inmutables y sus no menos arraigadas prácticas religiosas. Se le retrata sin compasión como un pobre hombre, lleno de tics tranquilizadores que constituyen para él una rutina sin sobresaltos. Todo parece ir bien en su vida siempre que nada altere este modus vivendi, pero entonces resulta ganador de un concurso al que nunca se presentó, en el que se hace participar, entre otros, a los peruanos con apellido de ciudad española y cuyo premio –que le sobrepasa, al que no es capaz de negarse y no por falta de ganas– consiste en un viaje turístico a España, algo así como el planeta Júpiter para un individuo de su condición.

Lo que ocurre antes y después del aterrizaje en Madrid no tiene, hablando objetivamente, demasiada importancia, pero como sabemos B.E. es especialista en sacar punta a las situaciones más triviales. Debo adelantar, aunque ya lo habrán deducido, que la cosa no acaba bien para nuestro héroe. El resto de personajes está al servicio de las (deprimentes) peripecias de Sevilla, tal como debe ser en cualquier narración bien trabada, el problema surge cuando esas andanzas son absolutamente irrelevantes. Un ejemplo, se abusa demasiado de la figura de Salvador Escalante, astro deportivo académico mitificado por nuestro personaje hasta la obsesión y que fallece convenientemente cuando ya no interesa al argumento. Otro más, ¿entrevistar al ganador peruano del concurso como requisito previo a su viaje por España hunde al prometedor conde español de la Avenida hasta el punto de destruir su incipiente carrera como gerente de la compañía de aviación que convoca el concurso? Admito que mantener una conversación con alguien tan feo y desastroso como carente de habilidades sociales puede provocar, todo lo más, un dolor de cabeza pasajero pero me niego a admitir que algo así pueda destruir a nadie; la ironía tiene sus propias reglas y este mundo de dementes no significa gran cosa. Según avanza la trama la situación no mejora, incidencia tras incidencia nos vamos sumergiendo en un absurdo que tiene poco de trascendente. Virtuosos de este tipo de humor ha habido unos cuantos en la historia y yo no encuadraría a este novelista entre ellos pero, como suelo decir, es solo mi opinión.

De todas formas y para hacer justicia al autor, diré que esto es lo peor que ha leído suyo con mucha diferencia. Si no hablásemos de literatura, cabría pensar que el argumento no es más que una artimaña para promocionar un hotel madrileño perfectamente identificable, aunque eso sería mucho suponer y tendríamos que aceptar una lógica absolutamente ajena a estas páginas.


Otras obras del autor: Un mundo para Julius, Las obras infames de Pancho Marambio,

viernes, 26 de febrero de 2021

Borja Goyenechea: El francés y otros relatos

 

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: bastante recomendable

Aunque sea personalmente reacio a prejuzgar en función de circunstancias particulares de los autores, he de reconocer que leer a Borja Goyenechea (21 años, improbable miembro de una Generación Z literaria, como más adelante explico) tras leer a un Don DeLillo (seis décadas les separan) publicando- onerosamente, eso sí - al ralentí, me resulta una experiencia curiosa. Aunque sea por los planteamientos de partida, y ya no fuerzo más la comparación pues no se trata de eso: Goyenechea no tiene miedo a iniciar sus relatos con bloques de texto de cierto espesor conceptual, resulta curioso en estos tiempos donde el uso del skip amenaza cualquier manifestación artística el joven autor se atreva con párrafos de entrada que podrían asustar al lector poco bregado. 

Por si el incierto presente del mundo literario no fuera suficiente, publicar una primera obra en plena pandemia e iniciarla con un cuento - un excelente cuento - que refiere al virus y lo coloca en el centro sin apenas preámbulos, requiere de un autor joven mostrar personalidad, y Goyenechea no se queda ahí. Aunque muestre altibajos, los propios del escritor que, por edad y curiosidad propia, especulo, genera obra casi a medida que engulle la de otros y la deja transpirar en sus escritos. Me apuntan Mairal, pero diría que Cortázar también y, presumo, pero puedo equivocarme, que algo de Saer y algo de Borges o Bolaño, claro, el realismo mágico, por supuesto, y algún préstamo de esa corriente de escritoras de las que ya hablamos aquí, jóvenes escritoras en español escoradas sin miedo hacia relatos de terror, de suspense, de carnalidad desacomplejada.

Los personajes de Goyenechea son centrales, casi siempre lo que les ocurre es periférico en sus relatos. Son personajes que sufren y que muestran ese sufrimiento en su diálogo interior, otra seña de identidad, algo que puede que trabe o dificulte el avance en lo narrativo pues no hay aquí ligereza ni frivolidad, hay párrafos con contenido valioso en cada arranque. Sufren porque han tomado decisiones radicales que pueden acarrearles trágicas consecuencias. Son soldados que se refugian en cuevas o seres que huyen o tipos a los que no les llega el dinero para tomar agua, para comprar un ataúd. Ese padecimiento lleva a ciertos grados de desesperación. El libro mantiene una unidad en ese sentido y cada lector hallará su cuento favorito e identificará esas influencias lógicas, personalmente creo que lectores y autores constituyen mundos separados como para que yo, en tanto que perteneciente a los primeros, le dé un consejo al autor cara a futuras obras, que tiene la pinta de haberlas y creo que de mayor enjundia. Le he visto decisión, buen trato del lenguaje, capacidad de describir la paleta psicológica (de hecho la única referencia literaria directa es a Kafka), le he visto la obvia intención del debutante en demostrar versatilidad, puede que con algún disculpable exceso de rigidez, pero en general El francés y otros relatos es un alentador ejercicio que conjuga ambición y maneras, que compensa esa soledad del escritor de fondo (estudiante peruano en Madrid, dice la solapa) con la convicción de quien confía en lo que escribe. No le colguéis etiquetas porque, entre la maraña de juntaletras situacionistas que anega la edición independiente - o directamente la autoedición para allegados y amiguetes, le veo una luz propia que él, creo, sabrá pulir y definir.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Claudia Salazar Jiménez: La sangre de la aurora

Idioma original: Español
Año de publicación: 2013 (en España en 2020)
Valoración: Está muy bien

Memoria, dignidad, justicia. Diferentes maneras de acercarse al tema, ya sea desde la crónica, desde lo autobiográfico o desde lo puramente ficcional. Nombres que resuenan en mi cabeza: Svetlana AlexievichEdurne PortelaNora Strejilevich ...

Perú, años 80... Lima, la ciudad de la garúa, de los apagones, de la violencia ciega...

Tres voces, tres mujeres, tres clases sociales diferentes... Marcela, la educadora social que acaba ingresando y "ascendiendo" en la guerrilla de Sendero Luminoso , Modesta, la campesina, y Melania, la joven de clase alta que se dedica al fotoperiodismo... Tres formas de buscar la libertad, el desarrollo personal, pero también, en ocasiones, tres formas de huir...

Tres cuerpos, tres maneras de entender la sexualidad, tres modos de desear y amar, un solo campo de batalla...

Los mecanismos del poder, en su más amplio sentido, la violencia ejercida desde uno y otro bando en nombre del pueblo pero siempre contra el pueblo... la violencia, el miedo y terror que igualan y que se ceban con y contra las mujeres...porque ella era solo un bulto (y, además, intercambiable).

Un texto breve, este "La sangre de la aurora", de apenas 125 páginas, fragmentario, inconexo, de frases breves y punzantes. Una novela en la que Salazar Jimenez va mezclando voces y registros. Porque no hay una única verdad, la realidad no es tan sencilla como blanco o negro. Interrogatorios, testimonio, monólogo interior, narración en primera persona... "cholos", "serranos", iluminados, niñas bien... Y aquí también vienen a la cabeza José María Arguedas o Manuel Scorza, ya reseñados en este blog, por ese dar voz a los sin voz, por esa narrativa desde la "periferia".

Un texto, en definitiva, desde una óptica femenina, que crece a medida que pasan las páginas, que duele, que se acaba quedando en la cabeza. Un descubrimiento, oigan.

miércoles, 29 de julio de 2020

Fernando Iwasaki: Ajuar funerario

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: entre recomendable y está bien

El género del relato, en su versión más minimalista (quizá habría que hablar de un "microgénero") ha tenido y tiene conspicuos representantes en lengua castellana, como Augusto Monterroso, Ana María Shua o Santi Pérez Isasi. También, y de forma pertinaz, el peruano, aunque afincado en Sevilla, Fernando Iwasaki, que nos ofrece en este volumen titulado Ajuar funerario -se refiere, por los visto, a la costumbre que existe en Perú de ornar a los difuntos para el funeral con alhajas... que luego se retiran, claro-, nada menos que cien microrrelatos de carácter terrorífico o que tienen que ver, de una forma u otra, con la muerte. 

Cierto es que son cuentos mínimos, la mayoría de los cuales no llega a una página y algunos no pasan de unas pocas líneas, pero, caramba... ¡son cien! Cien ideas que hay que desarrollar, cien historias apenas germinadas que hay que cuidar para llegar a convertir en una pequeña plantita, en un retoño que trasplantar a un suelo más espacioso o consumir así mismo, en ensalada... La mayoría , aunque no todos, de estos microcuentos tienen como tema la muerte, en su versión de dar miedito, claro está; encontramos así los clásicos (aunque en algún caso con una vuelta de tuerca) temas de fantasmas -Abuelita está en el cielo, Antigüedades, Aullidos, La OuijaAire de familia-; la variante de casas encantadas -La casa embrujada, Hay que bendecir la casa, Cosas que se mueven solas-, así como los no menos clásicos vampiros, hombres lobos y otros tipos de monstruos, más o menos novedosos o exóticos: El extremo, Réquiem por el ave madrugadora, Resaca, Multiculturalidad...

Encontramos también otras tipologías de microrrelatos que varían un poco el imaginario terrorífico clásico: por una parte, muchos cuentos con niños de protagonistas, un recurso siempre efectivo para dar canguelo al personal, como todos sabemos -La cueva, Los ángeles dormidos, El deseo, El cachorro, El balberito, Vamos al colegio-; las monjas también son figuras que a Iwasaki le resultan especialmente siniestras, vete a saber por qué (bueno, no es difícil de comprender): Las reliquias, Las manos de la fundadora, De incorruptis, Dulces de convento... Y, por la razón que sea, la conducción de automóviles, sobre todo de noche, también es un elemento que aparece a menudo en los cuentos: W. C., El pasajero , con un especial hincapié en la célebre figura de la "chica autoestopista", que merece hasta tres cuentos, con sus variantes sobre el tema. Se puede hacer también un apartado muy divertido con reescrituras de personajes clásicos: Peter Pan, en el relato que lleva su nombre; El apócrifo Frankenstein, mezclando a éste con la leyenda judía del Golem y con Jesucristo; Caperucita  Roja en Caperucita Reloaded, claro, y el Ratoncito Pérez en el muy regocijante Del "Bestiario del cementerio" de Fray Antonio Fuente La Peña... Por último y enlazando con éste último microrrelato, un apartado que sin duda satisfará a los lectores de Un Libro al Día: aquellos minicuentos que tienen relación, precisamente, con libros, en algún caso tan notorios como la propia Biblia: Del apócrifo evangelio de San Pedro (IV, 1-3), Del "Diccionario Infernal" del padre Plancy o el que lleva por título El bibliófilo. Aunque no sólo de libracos vive el hombre (y la mujer, por supuesto): el mundo digital está presente en A mail in the life y El dominio (www.infierno.com, en este caso)...

En suma, se trata de una recopilación de microcuentos notable, con más de una docena (pongamos un 15%) que me han parecido excelentes y, de los restantes, digamos que la mitad están bastante bien, mientras que el resto parte de ideas interesantes, pero su plasmación no siempre resulta satisfactoria. Pero, en fin, que en un libro con cien relatos, más de un 60% de ellos (y ya sé que está feo andar con porcentajes con estas cosas de la literatura, pero es que en este caso me lo han puesto a huevo) resulten, cuando menos, apreciables, sorprendentes y hasta divertidos, cuando no excelentes, me parece que está muy requetebién... Eso sí, recomiendo a quien se disponga a leerlos que no lo haga de un sola vez, sino poco a poco, dos o tres relatos de vez en cuando; de otra forma, el exceso puede llegar a un cierto empacho, además de que, cuando la lecturase encuentra con uno de los mejores cuentos, los siguientes palidecen, de forma inevitable, por comparación y la impresión final quizás quede un tanto decepcionada, o al menos, resulte más tibia de lo que merece este libro.

Para finalizar la reseña, y con permiso, espero, de su autor y de todos vosotros, reproduzco aquí uno de los cuentos más cortitos de este Ajuar funerario, pero también uno de los que más me han gustado:

Como en el fondo soy un romántico, no me importó que el pobre novio pasara toda la noche en la morgue con el cadáver de su chica. Al día siguiente lo encontramos en la camilla, desangrado y desnudo, muerto de amor. La novia todavía no aparece.

martes, 5 de mayo de 2020

Mario Vargas Llosa: Tiempos recios

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Entre está bien y recomendable

Tengo sensaciones contradictorias tras la lectura de "Tiempos recios". Por una parte, una relativa "alegría" tras comprobar que Vargas Llosa sigue siendo capaz de escribir novelas disfrutables; por otra, cierta tristeza tras comprobar que los tiempos de las grandes novelas de Don Mario no volverán (o eso creo). Porque "Tiempos recios" es una novela ágil. solvente y entretenida en las que Vargas Llosa utiliza algunos de los recursos que le dieron fama, aunque sin acercarse a cotas alcanzadas en obras como "La ciudad y los perros" o "La fiesta del chivo".

Precisamente con esta última guarda cierto parentesco, tanto en temática como en personajes. En esta ocasión, nos trasladamos a la Guatemala de la segunda mitad de los 40 y primera mitad de los 50, época de intentos democratizadores por parte de los gobiernos de Arévalo y Árbenz que se vieron torpedeados por los intereses y maniobras de la United Fruit, bananera que hacía y deshacía a su antojo en Centroamérica, y la CIA.

Quizá el punto de partida sea uno de los aspectos más destacados de la novela: el proceso de creación, a partir de una serie de mentiras repetidas de forma machacona y de jugar con los miedos de la población (o como dijo Goebbels, ese demócrata de toda la vida,  «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad») de un estado de opinión contrario a Arévalo y Árbenz, que acabaría con la obligada renuncia de este a la presidencia de la República y la instauración de una serie de juntas militares, a cual más sanguinaria. O como escribió en el año 1928 Edward Bernays, uno de los ideólogos de la campaña anti-Árbenz (es decir, antidemocratización de Guatemala):
La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Quienes manipulan este desconocido mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder en nuestro país...La inteligente minoría necesita hacer un uso continuo y sistemático de la propaganda.
Una posterior "puesta en situación" acerca de la política guatemaltelca de la época da paso a la novelización de los hechos históricos, los cuales, por otra parte, fueron de lo más novelesco, con conspiraciones internacionales, asesinatos, traiciones, pronunciamientos militares, "líos de faldas", agentes secretos, mentiras.... Vargas Llosa consigue en "Tiempos recios" que la frontera entre realidad y ficción se difumine y lo hace, en buena medida, gracias al manejo de diferentes voces y saltos temporales que tanto éxito le dieran en el pasado. Estos recursos, además, permiten que el texto no sufra apenas altibajos en cuanto a ritmo, tensión e interés y que se lea con cierta facilidad aunque uno no tenga mucha idea de historia guatemalteca y centroamericana.

En el lado menos positivo, diría que esa lectura fácil juega en contra de "Tiempos recios". No es una cuestión de "elitismos" ni nada por el estilo, sino que uno sabe de lo que Vargas Llosa ha sido capaz y tiende a situar ahí, de manera injusta tal vez, el nivel de exigencia. Así, "Tiempos recios" parece demasiado para todos los públicos. Por ejemplo, en su vocabulario, demasiado "monocorde" y lejos de la variedad y riqueza de otras obras, en el tratamiento de los personajes, también excesivamente "planos" si exceptuamos el personaje (clave, por otro lado) de Marta Borrero, o en ciertas reiteraciones y sobreexplicaciones en la parte central del texto. 

Resumiendo, una novela que deja en el aire más preguntas que respuestas, centrada en los destinos particulares y su inserción en el curso de la Historia, entretenida y amena, con un buen manejo de los tiempos y la tensión, pero que podría haber sido mejor si Vargas Llosa se hubiera atrevido a asumir más riesgos y hubiese dado una vuelta de tuerca más a los recursos empleados.

Tambiénn de Mario Vargas Llosa en ULAD: La guerra del fin del mundoCinco esquinasLa ciudad y los perrosPantaleón y las visitadorasConversación en la CatedralEl sueño del celtaLa fiesta del chivo

viernes, 3 de enero de 2020

Gustavo Faverón Patriau: Vivir abajo

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

Una barbaridad de novela. Una barbaridad de novela es la que ha parido Gustavo Faverón: barbaridad por la forma, abarrocada, excesiva, laberíntica; pero también por lo que cuenta, por el fondo: las barbaridades, las innumerables violencias que se han infligido a América latina -aunque no sólo- durante el perturbado siglo XX (y parece que tampoco sólo el siglo XX, por desgracia). Una barbaridad de novela, alucinada y alucinante, desbordante, aunque dotada al tiempo de una estructura, de una intención más férrea de lo que puede parecer en un principio...

Novela desbordante, ya digo, por laberíntica , por orgánica, si se quiere, que avanza como el magma en el fondo del océano o, más bien como uno de esos gusanos marinos ondulantes, que se enrosca y desenrosca sobre sí mismo y hacia fuera de sí mismo. Novela subterránea como los innumerables caminos secretos que trazan las lombrices de tierra y los topos que se alimentan de ellas; novela que, en cierto, modo, también recrea esa caza ciega, ese escabullirse y encontrarse, de topos y lombrices, en sus túneles bajo tierra.

Porque aquí el título no sólo es metafórico: Vivir abajo se llama así porque hay quien pasa la vida viviendo -si es que eso es vida- abajo, bajo la superficie de la vida aparente y "normal": los presos, los desaparecidos, los torturados, los muertos... Pero también sus carceleros, sus torturadores, sus asesinos llevan una vida subterránea -no en vano, el grabado de una cárcel de Piranesi que ilustra la cubierta española de la novela parece haber sido hecha ex profeso para ella hace casi 300 años-; de todo eso, torturas, violaciones, asesinatos, matanzas, está repleta esta novela, que le saca las tripas, para orearlas y mostrarlas en su miseria, a lo que ha sido la Historia reciente -quizás también la actual, quizás la de siempre- de América y del mundo. todo ello a partir de la figura enigmática y en principio ominosa de George Bennett, cineasta y asesino norteamericano, hijo de un militar y agente de la CIA  y una boliviana. Pero no sólo, porque la historia de George se va ramificando en una miríada de historias de quienes le rodean o se topa en su camino y así vamos conociendo las desventuras de niños maltratados, de soldados americanos en Yugoslavia, de cineastas experimentales,de pyragues paraguayos, de un guitarrista peruano, de un preso brasileño, de un superviviviente de Auschwitz, de un bosnio dueño de una librería, de un senderista nadador, de torturadores chilenos, de torturadores norteamericanos, de torturadores alemanes, de nazis de diversa condición y voluntad de serlo... porque el nazismo, como epítome de la crueldad humana, es la matriz a partir de la cual parecen haber sido generados muchos personajes, muchos comportamientos y devenires que aparecen en el libro.

Habrá quien se haya dado cuenta por el anterior párrafo, si es que no lo había notado antes, que esta novela denota una indudable impronta "bolañeana" (o como se diga... si es que se dice); así es, aun con un matiz importante: en las novelas de Bolaño, al menos hasta donde yo conozco, suele haber una cierta laxitud, una mayor incertidumbre, que, buscada o no, contribuye a volverlas inquietantes. En la mayor parte de Vivir abajo, sin embargo, no hay tregua: ni la trama ni el estilo aflojan un ápice y obligan al lector a una tensión constante... bien es cierto que hay toques de humor, aunque bien negruzco, repartidos a lo largo de la novela (sobre todo en la historia del Mano Manzano, escritor incesante chilrno, y  en las películas imaginadas por los presos de la cárcel paraguaya). Y aunque no esté explícita, no es sólo la de Bolaño la única presencia tutelar de esta obra: más evidentes -y recurrentes de forms circular- también están las de poetas como el boliviano Jaime Saenz, Alejandra Pizarnik, Robert Frost; cineastas como Klímov y Werner Herzog; pintores como el Bosco; compositores barrocos... y sobre todo, la sempiterna sombra de Shakespeare y de Calderón de la Barca.

Lo repito: una barbaridad de novela que no trata únicamente de la violencia y la represión; es una novela sobre la locura y la redención, la culpa y la venganza, sobre la ficción y la mentira, sobre los padres y los hijos (quizá esto resuma todo lo anterior)... ¿Se trata de la mejor novela publicada el año pasado, o cuando menos en lengua castellana, como en su momento han afirmado algunos "prescriptores literarios" (pero que no me entere yo que le hacéis caso a alguien que no sea de ULAD)? No me atrevo a afirmar tanto, pero sin duda Gusravo Faverómn ha escrito una barbaridad de novela, una brutalidad, un novelón. En serio.

También en ULAD: Minimosca

miércoles, 17 de julio de 2019

Manuel Scorza: La tumba del relámpago

Idioma original: Español
Año de publicación: 1979
Valoración: Bastante recomendable

Si algo tiene de bueno esto de estar en ULAD, además del dinero, la fama, las groupies y demás, es descubrir, gracias a vuestros comentarios, a autores que por uno u otro motivo no habíamos leído. Así, en los comentarios a la reseña de “El zorro de arriba y el zorro de abajo” de José María Arguedas aparecieron dos nombres: Ciro Alegría y Manuel Scorza.

Es de Manuel Scorza y de su “La tumba del relámpago” de quien hoy vamos a hablar. Esta novela es la quinta y última entrega de su pentalogía “La guerra silenciosa” en la que se narra, aunando mito y realidad, la lucha por la tierra en el Perú. 

Es “La tumba del relámpago” una narración en varios planos, a varias voces y con técnicas que van desde el monólogo interior hasta el collage estilo “Libro de Manuel” de Cortázar, aunque siempre poniendo sobre la mesa la injusticia que sufren los campesinos e indígenas del Perú de la cordillera a manos de la “Santísima Trinidad” formada por compañías extranjeras, latifundistas locales y poder político.

Digo que es una narración en varios planos porque en ella se juntan lo mítico, lo histórico, lo político y lo social. Profecías y leyendas locales se ponen en relación con acontecimientos y personajes históricos del Perú (las revueltas de los siglos XVIII, XIX y XX, José Carlos Mariátegui…) y con los sucesos actuales derivados del problema de la tierra.

Digo que es una narración a varias voces porque, aunque el protagonista principal de la novela es el abogado Genaro Ledesma (personaje real que fue miembro destacado de la izquierda peruana entre los años 60 y 80) , los más de 60 breves capítulos que conforman la novela se van centrando en diferentes personajes que poco a poco van confluyendo e interactuando. Mención especial al propio Scorza, autor y protagonista secundario de la parte final del libro.

Y digo que es una narración con variadas técnicas que entroncan con la modernidad de la época porque dentro de la novela hay narraciones convencionales en primera y/o tercera persona, monólogos interiores, proclamas políticas, rupturas temporales, etc.

En cuanto a la trama de la novela, hemos de situarla en la revuelta campesina que tuvo lugar en Cerro de Pasco y alrededores a principios de los años 60. Comienza con lo que podría parecer una novela de formación (la llegada como profesor de Genaro Ledesma a Cerro de Pasco, pueblo minero y campesino situado a 4.300 metros de altitud, y su entrada en contacto con las comunidades locales) que no tarda en convertirse en la toma de conciencia de una realidad basada en el abuso y en las diferencias sociales. El papel del mito y su vínculo con la actualidad en esta primera parte de la novela es muy relevante, hasta el punto que los propios protagonistas de la novela parecen ser actualizaciones de ese mito.

En cambio, en la segunda parte de la novela, esa en la que la trama pasa a centrarse en el intento de recuperación de la tierra por parte de las comunidades locales, el aspecto mítico pierde un peso que es ganado por el aspecto político - social. Los intentos por parte de los líderes locales de organizar a un en ocasiones más que desunido campesinado, las desavenencias con un Partido incapaz de salirse de esquemas preconcebidos e importados de Europa, las proclamas políticas, la interpretación de textos clásicos del socialismo latinoamericano (la sombra de José Carlos Mariátegui es alargada), etc ganan en importancia pero hacen, a mi modesto entender, perder ritmo a la novela. 

De ahí la valoración. Creo que el aspecto doctrinario / ideológico de la novela pesa demasiado y hace que se resienta el lado ficcional y de denuncia de la misma (no sé si en esto tendría algo que ver la propia actividad política de Scorza quien, un año después de la publicación de la novela, llegó a presentarse como candidato a la vicepresidencia del Perú por una coalición llamada Frente Obrero, Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP)). Parte de la agilidad y la fluidez de los primeros capítulos se pierde en aras de aspectos ideológicos que pueden resultar difíciles de seguir para lectores no familiarizados con estos temas.

Pese a lo anterior, "La tumba del relámpago" me ha parecido una buena novela y un más que interesante testimonio de procesos históricos que recorrieron América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Tanto es así que ya está esperando su turno "Redoble por Rancas", aunque eso será ya después del verano.

domingo, 10 de febrero de 2019

José María Arguedas: El Sexto

Idioma original: Español
Año de publicación: 1961
Valoración: Muy recomendable


Para entender mejor esta obra de José María Arguedas es necesario hacer dos comentarios acerca de su vida. El primero hace referencia a su infancia y es que Arguedas, huérfano de madre desde los dos años y medio y semiabandonado por su padre y su madrastra, fue criado fundamentalmente por la servidumbre de la casa paterna, indios en su mayoría, que pusieron en contacto al joven Arguedas con una cultura y una cosmovisión que le marcarían profundamente durante toda su vida. El segundo se refiere al arresto e ingreso en prisión que sufrió Arguedas en 1937 por su participación en las protestas estudiantiles contra la visita al Perú de un general fascista enviado por Mussolini.

El primero de los hechos mencionados marcará toda la vida y obra (indisolublemente unidas) de Arguedas, mientras que el segundo marcará la novela que hoy reseñamos. Porque El Sexto es una novela testimonial que nace de la estancia de Arguedas en el penal limeño que da título al libro. Pero no es solo esto ya que, al mismo tiempo, es una novela con un fuerte componente político y una representación a pequeña escala del Perú de la época. Voy por partes.

El aspecto testimonial de la novela es claro. Si nos quedamos con lo textual, es una novela de denuncia de la situación en el penal. Luchas de poder, malos tratos, corruptelas, vejaciones... El cuadro que presenta Arguedas es verdaderamente aterrador. La brutalidad y la vileza recorren toda la narración y Arguedas no ahorra en detalles escabrosos. Mención especial en este apartado merece el tratamiento otorgado a la sexualidad, muy marcada por la homofobia y el machismo. El sexo aparece en El Sexto como algo abyecto, sucio, turbio y violento, como una herramienta más en manos de los poderosos para envilecer al pueblo. Pese a todo lo anterior, siempre se dejan entrever pequeñas ventanas a la esperanza, ya sea a través de las oníricas huidas de algunos de los personajes o de los rayos de sol que entran en la prisión con el crepúsculo.

El aspecto político no es menos diáfano. La lucha, en el ámbito ideológico, entre los presos del Partido Comunista y los presos del APRA (partido socialdemócrata) es feroz y sitúa en la encrucijada a Gabriel, trasunto de Arguedas y principal protagonista de la novela. 

El tercer aspecto, el de la representación a pequeña escala del Perú, aúna los dos anteriores con la  visión arguediana de su patria. El Sexto es, al menos para mí, una metáfora del Perú de la época. La prisión se divide en dos niveles, el de los "vagos", "maleantes" y presos comunes y el de los políticos, que permanecen totalmente alejados entre sí. El mundo de abajo (el de los comunes) es un mundo cargado de suciedad, violencia y muerte, y se estructura en sus relaciones de poder similares de forma similar al mundo exterior, con una serie de presos que, con la connivencia o directamente a sueldo del poder, explotan de forma brutal a la inmensa mayoría. El mundo de arriba (el de los políticos) se desangra en luchas intestinas y permanece, en gran medida, aislado del mundo de abajo. Entre ambos mundos, y desgarrados por su propia condición dual, una serie de presos políticos de origen serrano (Gabrial, Cámac, Mokontullo, El Piurano...) entrarán en el devastado territorio de los comunes en busca de una justicia y un entendimiento muchas veces imposible, ya que desde sus propias filas son acusados, en ocasiones, de "pequeños burgueses sentimentales" y lindezas similares.

Es en estos personajes situados en un "punto intermedio" donde radica la principal virtud de esta novela y (por lo poco que he leído hasta ahora de Arguedas) del legado arguediano: en el intento de conciliar el hombre nuevo con la tradición ("el hombre vale tanto por las máquinas que inventa como por la memoria que conserva de lo antiguo"), en la tentativa de frenar los intentos de corrupción del indio ("Se empeñan ahora en corromper al indio (...) y convertirlo en miserable imitador, en infeliz gente sin lengua y sin costumbres"), en la denuncia de la explotación de las clases desfavorecidas, en la búsqueda perpetua de una esperanza  y de un entendimiento en medio del horror ("Queremos la técnica, el desarrollo de la ciencia, el dominio del universo, pero al servicio del ser humano, no para enfrentar mortalmente a unos contra otros ni para uniformar sus cuerpos y almas, para que nazcan y crezcan peor que los perros y los gusanos, porque aun los gusanos y los perros tienen cada cual su diferencia, su voz, su zumbido, o su color y su tamaño distintos. No rendiremos nuestra alma")

Un único "pero" le voy a poner a la novela: la quizá excesiva simplificación a la hora de catalogar a la ciudad como fuente de todos los males y la sierra como un mundo, en cierta manera, idílico. No sé yo si todo es tan sencillo, la verdad.

En cualquier caso, da igual. El Sexto es una gran novela, mucho más accesible para un lector europeo que la aquí reseñada "El zorro de arriba y el zorro de abajo" y, por tanto, un punto de partida más "sencillo" para adentrarse en la obra de este gran escritor del que seguiréis teniendo noticias en ULAD.

También de José María Arguedas en ULAD: El zorro de arriba y el zorro de abajo

sábado, 26 de enero de 2019

Jaime Bayly: La noche es virgen

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1997
Valoración: Está bien/Recomendable








El año 1997 el XV Premio Herralde de Novela recaía en Jaime Bayly, un joven autor peruano muy famoso en la esfera mediática latinoamericana. Este presentador, periodista y escritor de treinta y dos años ya contaba con otras tres novelas publicadas y una de ellas, No se lo digas a nadie, estaba a punto de ser adaptada al cine. 

El motivo de empezar con algunos antecedentes no es otro que arrojar algo de luz sobre la particular mirada de este autor puesto que sus novelas suelen habitar el terreno de la auto ficción. Y es que Jaime Bayly era y es un personaje controvertido y provocador que, por poner algunos ejemplos, hace años declaró públicamente su bisexualidad, besó a Boris Izaguirre en el mítico Crónicas marcianas y continuamente juguetea (agitando el avispero) con la posibilidad de postularse a la presidencia de Perú. 

Resumen resumido: con veintitantos años, Gabriel Barrios, guapito y de familia acomodada, triunfa con su programa nocturno en la televisión pública peruana. Aparentemente lo tiene todo para ser feliz, sin embargo pasa las noches consumiendo marihuana y cocaína, y practicando sexo promiscuo. Gabriel piensa que es desgraciado porque en Lima no puede vivir su homosexualidad libremente y por ello fantasea con la idea de irse a vivir a Miami, hasta que una noche conoce a Mariano, el atractivo cantante de una banda roquera local. 

El tema principal de la novela es la búsqueda del amor (o la cruzada contra la soledad) lo que puede sonar manido o poco interesante, pero —vosotros lo sabéis, yo lo sé y Jaime Bayly también lo sabe— el interés no está en la historia si no en cómo se explica y Bayly esgrime una voz muy muy particular para relatar las andanzas de su protagonista Gabriel Barrios: busca el efecto de una oralidad deliberadamente adulterada que nos hace desconfiar continuamente del narrador; la carga irónica también es un rasgo distintivo de esta voz pesimista e inteligente que aprovecha cualquier oportunidad para dar la estocada, a lo que hay que añadir el uso de un lenguaje muy coloquial y un tono que fluctúa con habilidad entre lo taimado, lo grosero, lo crítico y lo desgarrado. Desde el punto de vista formal, se prescinde de las mayúsculas, se integra el estilo directo de los diálogos dentro de los párrafos y el protagonista igual narra en primera persona como se pasa puntualmente a la segunda para dirigirse a un tercero o al propio lector, todo dentro del mismo flujo de conciencia que recorre la novela de principio a fin. 
«(…) qué linda mi mamá, tan espiritual ella, tan desapegada de las cosas materiales porque tiene cuatro empleadas, chofer y jardinero. y cuando el papa polaco vino a lima (papa, amigo, yo no estoy contigo; papa, amigo, yo no estoy contigo), cuando el papa polaco llegó de lo más viajero y papamóvil, mi madre entró en trompo y se entusiasmó como una quinceañera con los menudos y fue a todos los mítines del polaco y cantó hasta perder la voz y fue hasta una barriada de brownies para escuchar en vivo el discurso del papa, al papa unplugged digamos (…)» 
La personalísima mirada de Bayly arrastra al lector hasta una esfera muy íntima de la relación entre Gabriel y Mariano. A pesar de que el personaje de Gabriel Barrios no cae bien —su seductora ironía no compensa el hecho de que es un fenomenal capullo frívolo e inmaduro— el desgarro y la entrega amorosa en la que está apresado funciona como un infalible resorte empático que el lector difícilmente puede eludir, pues quién no ha tenido algún malogrado amor de juventud que le haya dejado más o menos huella. 
«(…) siento su cuerpo flaquito pegadito al mío, qué rico, (…) y le busco su boquita y él se deja y le doy un beso suavecito, despacito, con mucho cuidado, y me quedo con un sabor a sangrecita en la boca y le digo en el oído ya somos hermanos de sangre. luego nos metemos a la ducha calientita y yo lo jabono con cuidado porque au, carajo, cómo duelen estas heridas, y después lo seco despacito y le digo eres tan lindo, mariano, mañana mismo te compro tu guitarra» 
Y esos momentos alcanzan una gran intensidad también porque contrastan con el resto del texto que rebosa mala baba hasta el punto que mis afirmaciones anteriores sobre Gabriel Barrios se quedan cortas ante la cantidad y variedad de comentarios racistas, clasistas, machistas o simplemente soeces que desfilan a lo largo de toda la novela: 
«(…) la vieja, con una cara de no haber tomado desayuno, de haber sufrido las punteadas de los mañosos en el micro, de no haber cagado hace tres días, de tener el coño seco-reseco, de haber tenido su último orgasmo antes del asesinato de Kennedy (y me refiero a Jack, no a Bobby), la vieja le dice a mariano ¿qué has estado haciendo?, ¿qué has estado haciendo que apestas a drogas, ah? (…)» 
Gabriel Barrios habla desde un futuro no muy lejano en el que parece que, finalmente, se ha instalado en Miami. Es una voz que, a pesar de su severa mordacidad hacia Lima la horrible, su gente y los hechos acontecidos, destila cierta nostalgia. ¿Habla un Gabriel Barrios que ha madurado lo suficiente para relativizar sus propias tribulaciones de juventud? ¿Está arrepentido de haberse ido o simplemente tampoco ha encontrado la felicidad en Miami? ¿Utiliza su relato para exorcizar y gestionar su frustración presente o es una autocrítica/sátira hacia el tipo inmaduro y malcriado que fue? Es difícil saberlo dada la naturaleza poco fiable del narrador pero, en todo caso, esta es la cuestión que presenta mayor calado en la novela y que se presta a la reflexión tras la lectura. 

La noche es virgen me ha gustado tanto como cuando la leí hace veinte años, recién publicada, aunque el recuerdo que sin embargo me quedó de ella fue el de una historia superficial contada con bastante gracia; tal vez porque la voz de Gabriel es un artificio tan complejo y poderoso que, sumado al estilo ágil y la ironía del texto, hace que las páginas vuelen en medio de esta historia tan auténtica de (des)amor. Y a veces confundimos lectura fácil con superficialidad. 

En cuanto al título, La noche es virgen resulta muy acorde con la historia que se explica. Decir que la noche es virgen me sugiere que en el ámbito de la noche puede suceder cualquier cosa inesperada o (si nos ponemos al nivel canalla de la novela) que de noche —con platita, cara bonita y un programa en la tele— puede uno hacer lo que le dé la real gana.

Sobre la portada, no hay dudas: El martirio de San Sebastián es una imagen recurrente, casi icónica, para el colectivo gay. ¿Cómo llegó San Sebastián hasta ahí? Aquí unas reflexiones al respecto.