viernes, 23 de marzo de 2012

Colaboración: El amante uruguayo. Una historia real de Santiago Roncagliolo

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Tuve la suerte de acudir en verano de 2011 a un curso de novela cuyo profesor era Santiago Roncagliolo.

Durante el curso, un día, nos resumió esta novela. Su presencia joven y su voz peruana tiene para los catetos en acentos sudamericanos un suave parecido a la voz del venezolano Boris Izaguirre que atraía atención y dulzura, y sin darnos cuenta estábamos hipnotizados e inmersos en su escucha.

Una novela sobre un hombre y un monumento misterioso. Un monumento con forma de lápida en la ciudad de Salto (Uruguay). Un monumento que puede albergar los huesos del escritor Federico García Lorca.

Es una novela de encargo, de 328 páginas, repletas de investigaciones, bibliografía y fotos de Lorca y del protagonista: Enrique Amorim.

Fue él, el propio Amorim, el autor de esas pruebas gráficas de Lorca y quien le regaló la camiseta a rayas para que destacase sobre el resto.

¿A quiénes les puede gustar esta novela?, nos preguntaba Roncagliolo.

Para los españoles, ¿está enterrado Lorca en Uruguay? ¿O es una mentira de tantas de Amorim?
Amorim fue un tipo muy mentiroso: hasta cuatro veces publicó el mismo relato, “Las quitanderas”. “Las quitanderas” son unas prostitutas que también se inventó y con las que curiosamente popularizó dicha palabra.

Para los argentinos, habla de Borges.

Para los chilenos, habla de Pablo Neruda.

Para los uruguayos, habla de Horacio Quiroga y del propio Amorim.

Para el resto aparecen Picasso y Chaplin.

El nexo de unión de todos es Enrique Amorim, un hombre millonario, escritor, que se codeó con todos estos artistas porque él así lo buscó. Y que se enamoró de Federico García Lorca, o “García Loca”, como dice el libro que aparecía en la prensa de entonces, cuando hizo su gira por América del Sur.

El libro se lee muy fácil, está escrito de un modo tan objetivo que sorprende, y siempre intriga a cada página.

Roncagliolo acabó ante su alumnado: ¡que excaven! ¡Que investiguen! ¡Quiero saber si es verdad que está allí Lorca!

Firmado: Perrino