miércoles, 25 de mayo de 2022

Ali Smith: Chica conoce chico

Idioma original: inglés
Título original: Girl meets boy
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y MAgadalena Palmer en castellano para Nórdica Libros
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

Destaqué hace poco que el éxito comercial de obras recientemente publicadas por diversos autores permitía a las editoriales hacer una indagación en sus obras anteriores y decidirse por dar el paso a recuperar obras que ya tienen algunos años pero que, por razones no conocidas, quedaron sin traducción. Pasó con Tevis y su gran novela «Sinsonte», traducida después de ver el éxito de Gambito de Dama, y ahora pasa también con Ali Smith y la obra que nos ocupa, originalmente publicada en 2007 pero traducida este mismo año tras el éxito de su cuarteto estacional. 

El inicio del libro es altamente enigmático con una primera gran frase que capta la atención desde el primer instante al empezar diciendo que «Os hablaré de cuando fui una chica, dice nuestro abuelo» para continuar el relato dirigiéndolo hacia a la protesta y la reivindicación porque, como es habitual en Smith, su obra está nutrida de proclamas pero también guiños y referencias a otros libros y relatos (como en puede ser el «If—», de Rudyard Kipling, al afirmar que «si puedes soportar oír la verdad que has dicho (…) si puedes llenar el minuto irrecuperable. Con sesenta segundos que valgan la distancia recorrida. Tuya es la tierra y todo lo que contiene»).

Es en estas páginas iniciales donde vemos enseguida la marca de la autora, pues la escritura Ali Smith siempre sobresale en los diálogos intergeneracionales; sucedía en su cuarteto estacional y sucede aquí (principalmente al inicio del libro), en este libro publicado originalmente mucho antes. Porque ese contraste entre generaciones y visiones del mundo ofrece a la autora una oportunidad mayúscula para abordar los complejos problemas de la sociedad desde sus polos más opuestos: el de la inocencia y el optimismo que nace de quien no ha visto aún sus sueños y anhelos rotos por un mundo carcomido y autodestructivo, y quien ve la historia como algo que podemos recuperar y enderezar a través de las nuevas generaciones si conseguimos que tomen consciencia de cómo era todo, y cómo debería ser. Porque, como es habitual, en los textos de Ali Smith siempre el peso del cambio recae en los jóvenes y la autora parece ser consciente de ello cuando en boca de Anthea Gunn, una de las voces narradoras, de veintiún años, profesa que «me hubiera gustado ser vieja. Estaba cansada de ser tan joven, tan estúpidamente lista, tan estúpidamente olvidadiza. Estaba cansada de tener que ser nada».

Cabe decir que el estilo de Ali Smith ha permanecido bastante invariable a lo largo del tiempo, si bien es cierto que ha afilado su estilo. Aun así, para el lector que haya leído su cuarteto estacional, es perfectamente identificable su trazo y sus objetivos en este libro publicado hace quince años; Ali Smith nutre sus novelas de críticas sobre la sociedad, las injusticias y esgrime una defensa inquebrantable sobre la naturaleza y la necesidad de preservar la ecología ante la imperiosa y ávida necesidad de la humanidad en abusar de ella. Y, en este caso, las hermanas que copan el protagonismo de la historia trabajan en Pure, una agencia creativa que debe encontrar el eslogan perfecto para comercializar agua embotellada. Esta vertiente del relato sirve para nutrir la historia de críticas y proclamas, algo siempre presente en primer plano en las novelas de Smith y lo encauza hábilmente para poner de relieve el ansia imparable del consumismo cuando uno de sus personajes afirma, sin tapujos ni ética, que «el agua no es un derecho humano. El agua es una necesidad humana. Y eso significa que la podemos comercializar». De igual manera, Ali Smith también carga contra las injusticias patriarcales, contra el machismo a todos los niveles, contra los bajos salarios de las mujeres y los pocos puestos directivos que ocupan en las empresas y encarna en sus personajes la lucha y las contradicciones existentes en la sociedad.

Y, en medio de ese torbellino de críticas, la autora abre una vía en el relato para encaminarlo hacia las relaciones humanas y, a través del mito de Ifis y Yante, hablar de la relación afectivas entre dos chicas. La habilidad de la narradora en describir los sentimientos de ambas sobresale al hablarnos de la exploración de los cuerpos y la descubierta de los sentimientos guardados, inexpertos y encerrados esperados a ser liberados por la explosión de sus sentimientos que irrumpen porque «éramos hojas, éramos un cuchillo que podía penetrar en el mito, éramos dos cuchillos lanzados por un brujo, éramos flechas lanzadas por un dios, hacíamos diana en el corazón, hacíamos diana en casa (…) éramos la pluma que dominaba la gravedad», «yo era todos mis sentidos abiertos juntados en una cabeza de alfiler, y era un ángel que sabía cómo utilizar las manos así, como alas». Smith rinde culto a Ovidio, y afirma de él que, «es muy variable, como escritor, mucho más que la mayoría. Sabe, mejor que la mayoría, que la imaginación no tiene género. Es realmente bueno. Honra todos los tipos de amor. Honra todos los tipos de historia».

Con esta novela, Ali Smith lanza un canto a la libertad y a la vida, al amor, cuando los sueños y las posibilidades se encuentran, cuando la «muerte encuentra vida encuentra final encuentra principio una y otra vez, la historia de la naturaleza en sí, siempre inventiva, haciendo una cosa a partir de otra y convirtiendo una cosa en otra, y nada dura, ni nada se pierde, y nada muere nunca, y las cosas pueden cambiar, porque las cosas siempre cambiarán, y las cosas siempre serán diferentes, porque las cosas siempre pueden ser diferentes». Y, sin duda, el lector también es diferente cuando termina cualquiera de sus libros, pues su estilo hace que sea una autora de referencia para identificar y abordar los problemas de nuestra consumista y ambiciosa sociedad.

También de Ali Smith en ULAD:  La historia universal, OtoñoInviernoPrimaveraVerano

martes, 24 de mayo de 2022

3*1: La traición de Rita Hayworth, El beso de la mujer araña y Pubis angelical de Manuel Puig

El próximo mes de diciembre se cumplen 90 años del nacimiento de Manuel Puig, magnífico escritor argentino contemporáneo de buena parte de "las vacas sagradas" del boom pero que no llegó a alcanzar en vida (ni en muerte) el reconocimiento que estas tuvieron, en buena medida porque su escritura y su vida poco o nada tienen que ver con el canon o las modas del momento.

Afortunadamente, Seix Barral se ha animado a reeditar buena parte de su obra y así el pasado mes de abril se han publicado (en formato grande y con prólogos de Antonio Muñoz Molina, Camila Sosa Villada y Bob Pop) "El beso de la mujer araña", "Pubis angelical" y "La traición de Rita Hayworth". 

Sirvan, por tanto, estas reediciones y estas tres breves reseñas como homenaje a la figura de un autor que supo combinar como pocos lo culto y lo popular, la forma y el fondo.

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Año de publicación: 1968
Valoración: Bastante recomendable

Novela de debut (y vaya debut) de Manuel Puig en la que buena parte de su obra posterior aparece ya prefigurada, texto que va desde la novela de formación a la crónica y la denuncia, libro de fortísima carga autobiográfica que se deja ver, por ejemplo, en el nombre del pueblo en que transcurren los hechos y en el apellido de su protagonista (Coronel Vallejos y Casals, trasunto de General Villegas y Puig, respectivamente) o en la sensibilidad del propio Casals. 

Novela de formación de un "inadaptado" en busca de una ¿explicación? a su alteridad, crónica y denuncia por la vía del retrato coral de un tiempo (1933-1948) y un lugar (un pueblo perdido en la Pampa) en el que los roles y las expectativas determinan la vida de las gentes. Machismo, clasismo, chismorreos, habladurías...aparecen descritos sin tapujos haciendo bueno aquello de "Pueblo pequeño, infierno grande".

Pero como ya sucede en otras obras de Puig, el fondo está íntimamente ligado a la forma. En esta ocasión la novela avanza a través de 16 capítulos en los que predomina el monólogo interior, pese a ese comienzo con diálogos desconcertantes, y en los que Puig hace un manejo brutal de la oralidad y de los diferentes registros de los protagonistas. Curiosamente, solo 3 de ellos están narrados por Toto Casals, pero los 13 restantes sirven para ir completando los huecos y conociendo la vida de Casals, su alteridad y su forma de "enfrentarse" a ella.

Todo lo anterior para construir un texto que huele a polvo y a sexo por los cuatros costados y al que sólo se le puede achacar una cierta dificultad en los momentos iniciales, algún que otro capítulo "de relleno" y cierta dispersión en cuanto a la forma que no acaba de encajar tan bien como en "El beso de la mujer araña", por ejemplo. Cuestión de gustos, quizá, pero yo hubiese preferido una determinada opción (o monólogo interior o diálogo, pero no esa mezcla). 


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Año de publicación: 1976
Valoración: Imprescindible

Esta es la segunda lectura que hago de la novela y he de confesar que me ha parecido más interesante aún que la primera vez. Nuevas capas, nuevas impresiones se superponen al recuerdo de aquella primera lectura y me descubren un texto sumamente complejo en el fondo y arriesgado en lo formal.

En el aspecto formal, Puig se sirve de materiales, técnicas y registros de lo más variados para narrar la relación entre Valentín (preso político) y Molina (preso común por abuso de menores, nada menos) en el universo cerrado de una celda. Diálogo, narración pura y ensayo (a pie de página), informes, películas, boleros, psicoanálisis... a través de los cuales avanza una historia con una estructura plenamente teatral que nos habla de las infinitas posibilidades de la novela.

En cuanto al fondo, dos son las principales lecturas: la política y la sexual. La primera nos habla de la distancia entre la "vanguardia del proletariado" y el propio proletariado y de la necesidad de acercamiento entre ambos; la segunda pone a la izquierda política del momento frente al espejo de sus propias contradicciones. Luchas de liberación política y luchas de liberación sexual, si, en lo colectivo y en lo íntimo. 

En resumen, novela que condensa a la perfección la apuesta estilístico / política de Manuel Puig y que sigue absolutamente vigente 46 años después de su publicación.

Otra visión de El beso de la mujer araña en ULAD AQUÍ

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Año de publicación: 1979
Valoración: Muy recomendable

Si "La traición de Rita Hayworth" es el intento de ¿explicar? la propia otredad y "El beso de la mujer araña" es la aceptación (y el logro de la liberación por el camino) de la otredad, podemos decir que "Pubis angelical" sería algo así como una combinación de ambas.

De ahí esa triple vía en la que la historia de Ana, mujer argentina exiliada en México e ingresada en un hospital por padecer una grave enfermedad, ocupa el carril central y en la que las historias de Ama, actriz de éxito en los años 30 y 40, y de W218, quien presta servicios civiles obligatorios de carácter sexual en un futuro distópico, no son otra cosa que proyecciones de la propia Ana.

Tres historias, tres mujeres que son solo una y que nos hablan de relaciones de poder que apenas varían en el fondo, de la búsqueda de un sentido, ya sea a través de la acción política, de la pura fantasía, del amor o del sexo. Para ello, y como viene siendo habitual en él, Puig hace uso de diversos formatos y registros en función de los diferentes planos: diálogos, entradas de diario, narración omnisciente... novela romántica, folletín, distopía, texto político (ojo al análisis sobre la argentineidad y sus clichés) ensayo psicoanalítico... pero sobre todo novela feminista, sí, de toma de conciencia.

Pero así como en "La traición de Rita Hayworth" esa combinación no me parece depurada al 100%, creo que en "Pubis angelical" las piezas encajan mucho mejor. Cada plano su formato, cada mujer (o cada proyección de mujer) su registro, siempre dentro de un texto plagado de vasos comunicantes en el que destaca, por encima de todo, la evolución (en todos los aspectos) del personaje de Ana.

También de Manuel Puig en ULAD: Boquitas pintadas

lunes, 23 de mayo de 2022

Reseña + Entrevista: Todo en orden de Luis Sánchez Martín

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2022
Valoración: Entre recomendable y está bien

Todo en orden compila once relatos de extensión variable. Once relatos que abordan temas como el ostracismo, la precariedad, la depresión, la soledad y la muerte desde un enfoque pesimista no exento de cierta dignidad. 

En general, los cuentos de Luis Sánchez Martín me han parecido correctos; eso sí, creo que un par son más flojillos que el resto y mejorarían con sólo aplicarles algunas modificaciones. Por ejemplo, su prosa se podría pulir, ya que peca de erratas ocasionales, reiteraciones intrusivas, frases excesivamente largas o estructuras redundantes. Asimismo, opino que sus premisas tienen margen de maniobra en lo que a exprimir al máximo su potencial respecta. 

Sea como fuere, aprecio el regusto a realismo sucio que dejan las historias de Luis; también el humor negro y la mala leche que supuran. Del conjunto destacaría "Distrito Federal" por su lograda atmósfera y su ambiciosa trama, "Nada en el buzón" por sus inquietantes implicaciones y la pieza que da nombre a la antología por abocarnos a la espiral de venganza de un antihéroe que no tiene nada que perder.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Luis ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Luis. Antes que nada, deja que te diga que me encanta la franqueza que destila Todo en ordenSe nota que no te asusta desnudar tus imperfecciones frente al lector; que no te acompleja mostrarte frustrado, rabioso y resentido con la vida. Eso es de ser un valiente.

L.S.M.: No sé si soy valiente porque lo hago desde una silla frente a un ordenador, pero desde luego planto cara (simbólicamente) a un sistema (llámalo neoliberalismo, llámalo capitalismo) que nos ha hecho creer que la sumisión y el tener el tiempo libre justo para ver un rato la tele(basura) por la noche, porque el resto del tiempo hay que trabajarlo para pagar una hipoteca que se lleva el 70 % del sueldo y un BMW que no necesitamos, es el modo de vida que tenemos que aceptar como normal. No sólo eso, sino que debemos rechazar, “reprogramar” a quien no piense así.

ULAD: ¿No te preocupa que tus cuentos se puedan malinterpretar? Lo digo porque hoy día mucha gente es incapaz de separar al autor de la obra, la ficción de la realidad. Igual alguien lee Todo en orden y se imagina que eres un sádico y un degenerado (risas).

L.S.M.: Y para el modelo de persona que describo en la anterior respuesta quizá lo soy. Mr. Wonderful me come los huevos, reivindico el derecho a estar enfadado y legitimo ciertos tipos de violencia. Creo que deberíamos preguntarnos por qué se considera terrorismo lanzar un cóctel molotov contra una sucursal bancaria, pero no es terrorismo que esa sucursal bancaria deje en la calle a una familia con hijos y sin ingresos (y que la deuda se mantenga aún después de quitarles la casa); por qué no es violencia que te obliguen a trabajar 10 horas de lunes a sábado por 800 euros y sí lo es darle un guantazo a ese empresario. Y así, infinidad de violencias que hemos legitimado y a las que no nos permiten enfrentarnos, pues han creado una burocracia ‘legítima’ y unas leyes que no sirven absolutamente para nada.

ULAD: Se te da bastante bien construir personajes de dudosa moralidad con los que, sin embargo, es fácil empatizar, e incluso simpatizar. ¿Cuál es tu truco?

L.S.M.: Todo es real, tan sencillo como eso. Lo que cuento ocurre, y busco incomodar. Si incomodo y eso ayuda a que la gente vea la realidad de otro modo (o, simplemente, vea LA REALIDAD), sin los filtros del Mr. Wonderfulismo y la “poesía de mierda” (frases de sobre de azúcar, memes con arcoíris de Facebook, etc…), he logrado el objetivo. Y si incomodo porque alguien cree que exagero y se enfada porque ese no es su mundo, también (por idiota, a ver si abre los ojos algún día).

ULAD: Tengo entendido que eres un admirador incondicional de Charles Bukowski. Y lo cierto es que se nota la influencia que ha tenido el autor en tu literatura. ¿Extrapolas deliberadamente su visión del mundo a España o simplemente nuestra tierra se parece, en el fondo, a los EEUU decadentes y sórdidos que él ayudó a desenmascarar?  

L.S.M.: No admiro, ADORO a Bukowski. Y sí, creo que nuestra España actual (la del milagro económicJOJOJOJOO) se parece a aquellos EEUU donde él tuvo que dormir en la calle sobre cartones para poder trabajar por unos céntimos la hora. Vivo en la huerta de Murcia, y en los últimos años han salido a la luz varios casos de empresas que tenían a los trabajadores en condiciones de esclavitud, con jornadas de doce horas, descontándoles el tiempo para comer e incluso ir al servicio y durmiendo hacinados en zulos y almacenes. En pleno siglo XXI, empresarios que van en Mercedes paseando sus barrigas y tocando el culo a las camareras porque se creen con ese derecho.

domingo, 22 de mayo de 2022

V.V.A.A.: Buenos Aires Noir

Idioma: español 

Año de publicación: 2019

Valoración: entre recomendable y está bien

No he estado nunca en la ciudad de Buenos Aires, pero ya os digo que, si alguna vez tengo la suerte de caminar por sus calles, sin duda tendré muy presentes (junto con muchas otras páginas de la inagotable literatura argentina) los relatos que componen este Buenos Aires Noir; un libro en el que el título ya lo dice todo: se adscribe al género negro, en diferentes variantes, y se desarrolla en la capital porteña. La peculiaridad es que cada uno de estos cuentos, escritos por catorce autores del género diferentes  - de edades variopintas y de ambos sexos  por igual- y  reunidos por uno de ellos, Ernesto Mallo,  tiene lugar en un barrio distinto de Buenos Aires y casi todos en la época actual, componiendo entre todos un mosaico de lo más interesante para conocer la "vibra" de esa gran urbe. Además, claro está, del disfrute inherente a la lectura de muchos de ellos.

Los relatos, agrupados en tre bloques. Infidelidades, Amor y Crímenes imperfectos, son todos bastante cortos -entre 5 y 15 páginas- y están escrito en un castellano que oscila entre el estándar con los lógicos modismos argentinos y el argot porteño más o menos desatado, que quizá dificulte la comprensión para los  lectores de otras latitudes,aunque entre lo que se deduce simplemente por el contexto y la ayuda de San Google (mi agradecimiento desde aquí también a Google Maps), nadie debería tener mayor problema.Debido a su disposición en diferentes barrios, encontramos aquí ambientaciones de todo tipodesdee las zonas más acomodadas a las "villas miseria", pasando por los barrios más célebres y castizos de la ciudad, otros más anodinos, populares, etc.  Repito que uno de los principales atractivos del libro es justamente esta especie de radiografía o escáner que hace de toda una ciudad, con sus diferencias de clase, sus tensiones raciales, los conflictos políticos, la incidencia de la droga... si olvidar el reflejo -o reflujo, más bien- de pasado reciente de la ciudad.

Al tratarse de catorce autores/as diferentes, procedo a consignarlos todos, así como el barrio en el que se desarrollan los cuentos, por si alguien los conoce (o incluso reside en uno de ellos, en el caso de quien nos lea desde aquellos pagos):

  • Inés Garland: La esposa muerta (Belgrano R.) - Quizá el relato que más se ajusta al noir clásico, con un cierto eco a la Rebeca de Daphne du Maurier.
  • Ernesto Mallo: Amor eterno (Once) - Una suerte de parodia dela historia clásica de Pigmalión, con un escultor enamo... bueno, que tiene un lío con su modelo.
  • Verónica Abdalá: El naranja es un color hermoso (Chacarita) - Divertido (dentro del humor negro) ejemplo de cómo se las gasta una mujer traicionada.
  • Elsa Osorio: Tres ambientes con patio (Núñez) - Tensa investigación sobre el paradero de un desaparecido, en plena dictadura militar, por parte de una antigua amante.
  • Claudia Piñeiro: La muerte y la canoa (San Telmo) - Una historia que se desarrolla en el ambiente literario, protagonizada por una especie de Pérez-Reverte un escritor de gran éxito, pero estilo regulero.
  • Pablo de Santis: Una cara en la multitud (Caballito) - Minimalista relato, con poco más de dos personajes, y un regusto a Borges y, sobre todo, al Cortázar de Las babas del diablo.
  • Inés Fernández Moreno: Crochet (Parque Chas) - Historia de ambiente  doméstico -por no decir cozy- en la que la protagonista investiga un crimen que pudo, o no, haberse cometido en el pasado.
  • Alejandro Parisi: La furia del Gusano (Mataderos) - El relato más gore de todos, con una intensidad arrabalera y rabiosa, pero que atrapa, sin duda, al lector.
  • Alejandro Soifer: El camaleón y los leones (Palermo) - Ambientado en el mundo de la cumbia, con un dudoso investigador: un policía veterano de los tiempos de la represión política.
  • Enzo Maqueira: Has dicho mi nombre (Almagro) - Relato de las cuitas de una drogadicta capaz de cualquier cosa -quizás- para evitar el mono.
  • Gabriela Cabezón Cámara: El onceavo dorado (Villa 31 y Barrio parque): Una especie de stream of consciousness anfetamínico de un tipo que quiere salir de la miseria por la vía más expeditiva.
  • Leandro Ávalos Lancha: Los isleños (Recoleta) - Una mujer de clase trabajadora hereda en piso de lujo de su hermano, que fue asesinado en él... Lo que pasa a partir de ahí os sorprenderá...
  • María Inés Krimer: Quema, quema (Monte Castro) - Historia que se desarrolla en un gimnasio durante un corte de luz, con un transfondo trágico que nos sonará a todos, por desgracia...
  • Ariel Magnus: De oficio (Bajo Flores) - Curioso "relato-problema" con sorpresa, en el que un policía fuera de servicio investiga lo ocurrido en su propia escalera de vecinos.
Reconozco no conocía hasta ahora a la mayoría de estos escritores y escritoras, pero resulta una forma de explorar futuras lecturas.En todo este conjunto, como es de suponer, hay relatos más destacables que otros, pero la media general es bastante  notable. Casi todos echan manos del costumbrismo, desde una u otra perspectiva, como marco en el que se desarrollan las tramas y, en muchos casos, de la premisa de que las cosas no son siempre como parecen. Por destacar alguno de los relatos, a mí me han gustado sobre todo (aunque no sólo), la inquietante pero también entrañable cotidianeidad de El naranja es un color hermoso Crochet, el dominio de la tensión narrativa de Tres ambientes con patio, la energía e intensidad de La furia del Gusano y El onceavo dorado y el cinismo adaptativo, aunque comprensible, que muestran los protagonistas de Los isleños y De oficio; tanto la vida como la literatura  pueden  no ser muy edificante, pero es lo que hay, ché...



sábado, 21 de mayo de 2022

Terenci Moix: No digas que fue un sueño

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1986

Valoración: Decepcionante


Seguramente, no estoy del todo seguro, Terenci Moix es hoy en día un autor olvidado, pero tuvo su momento de gloria allá por los 80 del siglo pasado, cuando coincidió una cierta notoriedad en medios de comunicación con la concesión (oh!) del premio Planeta. Como nunca le había leído, y el libro merecedor de tal galardón era uno de los que aparecían por la estantería de casa, me decidí sin más por él a pesar de sus cerca de cuatrocientas páginas.

Moix, que por lo visto era un experto en historia de Egipto y un enamorado de Alejandría (ciudad de aluvión, cruce de numerosas culturas, de vocación plenamente mediterránea y fama de vida tan intensa en lo cultural como en lo digamos carnal), sitúa en ese entorno todo un clásico de las historias de amor, la de Marco Antonio y Cleopatra. Todo fuego y pasión era la relación entre el triunviro romano y la reina egipcia, la típica relación explosiva que parecía hecha a medida de Richard Burton y Elizabeth Taylor, aunque creo que han existido otras versiones cinematográficas (admito entre paréntesis que no he visto ninguna de ellas, como tampoco conozco la dramática del mismísimo Shakespeare).

Los vaivenes de la política romana se entrecruzan con los de la pareja, y se suceden encuentros y rupturas, victorias y derrotas, intrigas para enfrentarse al poderoso Octavio o para encumbrar a Cesarión, hijo de Cleopatra y supuestamente de Julio César, todo un arsenal de asuntos que, bien manejado, da para hacer las delicias de los aficionados a la novela histórica que, todo hay que decirlo, tampoco es mi caso.

Pero don Terenci pone el foco en los amantes, de forma muy especial en Cleopatra, e intenta construir la historia definitiva del amor imposible, la pasión más excelsa que han conocido los tiempos, sometida a tensiones inimaginables, las traiciones, la ambición, los excesos, todas las dificultades posibles contra las que puede enfrentarse y ante las que triunfará (o no, según se mire). Empresa superlativa la que acomete el autor, porque quizá no exista tema más clásico desde que el mundo es mundo, y para crear con ello algo realmente importante, diferente, hace falta picar muy alto.

No lo consigue en absoluto. Está claro que el libro intenta siempre transmitir la intensidad de esa relación desbordante entre la serpiente del Nilo y el atlético militar romano: ella, que se supone de un atractivo irresistible, una diosa con su punto maligno, tan diestra en la cama como en las maniobras políticas, coleccionista de amantes, convencida de su talento infalible para acometer cualquier empresa. Él, con el aura del hermoso bruto de quien no es difícil obtener los placeres más extremos y, ya puestos, a quien se puede manejar para construir un fantástico imperio. Una relación tóxica y muy pasada de vueltas que sin embargo se presenta envuelta en un lenguaje que quiere ser elegante, un poco barroco y con unas gotas de incorrección que le den picante a la lectura, gotas muy medidas, muy floreadas, como para excitar un poquito al lector del Planeta sin llegar a ofenderle. Con tales ropajes, la turbadora historia de los enamorados acaba por convertirse en una novela erótica vulgar, con el toque algo cursi de tantas otras.

Ese estilo amanerado, relamido, gustará a determinado tipo de lector que se cree que está leyendo alta literatura porque encuentra adjetivos por todas partes, porque se muestran escenas escabrosas con una supuesta elegancia, pero en realidad no son más que juegos florales para no meterse en problemas, sugerir sin perder la corrección, amagar con lo escandaloso, solo amagar para no incomodar. No solo eso. Asistimos a parrafadas interminables, todo es una sucesión de discursos (casi todos en el mismo tono) que acaban transformando un relato que debiera ser vivo y dinámico en una especie de obra teatral lenta, pesada, aburrida.

Pero es que si apartamos un poco el foco de la pareja en permanente combustión, se ve que a Moix se le escapan cosas que podrían haber salvado parte de la historia. Hay personajes, como Octavio César o su hermana Octavia, o el sacerdote Totmés, que podrían haber dado bastante más juego, y se quedan ahí, más bien acartonados, a veces relegados a comparsas para no deslucir a los protagonistas, otras armando subtramas más bien absurdas y completamente prescindibles. Y tampoco saca el autor provecho de sus al parecer amplios conocimientos de la historia de Egipto. Las intrigas políticas, la lucha por el poder y el escenario general de la Roma del siglo I a.C. se nos presentan sin vigor, como en un aparte desgajado del argumento, algo que a veces suena como trozos de un ensayo incrustado en la narración en un intento de darle algún realce histórico.

Como se ve, el intento de montar una especie de novela erótica en un escenario más o menos espectacular se salda con un fracaso porque don Terenci parece querer meter en el mismo saco demasiadas cosas y demasiado heterogéneas, y además lo construye sin gracia, muchas veces queriendo explicarlo todo (no vaya a ser que el lector no capte correctamente lo que debe) y casi siempre con una irritante tendencia a colocar la frasecita memorable en cada escena y para cada uno de esos personajes tan estereotipados que parecen extraídos de algún clásico de MGM.

Está claro que hay cierto público que acepta de buen grado este tipo de libros: un fondo histórico que siempre aporta credibilidad, algunas dosis de amor tórrido (un pelín por encima de cierto estándar aceptable, que estamos en los ochenta) y un lenguaje un poquito alambicado que le da mucho tono. Para este tipo de lector, el libro puede ser incluso aceptable. Pero si usted es de los exigen algo más que el nivel planetario, mejor corra a buscar otra cosa.


viernes, 20 de mayo de 2022

Colaboración: La escena, de Clarence Cooper, Jr.

Idioma original: Inglés
Titulo original: The scene
Año de publicación original: 1960
Año de publicación: 2016
Traducción: Guido Sender
Valoración: Recomendable para interesados

Para aquellas personas que aún no hayan caído en sus redes, la editorial Sajalín, afincada en Barcelona, está especializada en rescatar autores poco conocidos por el gran público. Bajo la colección Al margen, centrada en el realismo sucio y poblada de adictos y perdedores, dicha editorial saca a la luz olvidadas obras de culto como “La Escena”. Clarence Cooper Jr. no pudo afianzar su carrera pese al gran éxito de esta novela. Hastiado del fracaso editorial, e incapaz de superar su dependencia de la heroína, Coopper Jr. murió solo y sin un centavo en la YMCA de la calle veintitrés de Nueva York.

Apuntada esta información a modo de introducción, procedo a desgranar la trama de “La Escena”. Una trama en exceso alambicada debido a las constantes elipsis, profusión de datos, numerosos actores secundarios y ramificaciones de la historia. De hecho, ante el desconcierto que me provocó dicha estructura narrativa, y ya avanzada la novela, tuve que releer el primer capítulo, puesto que allí radica la clave de todo lo que acontecerá en las siguientes páginas.

La novela consta de tres vértices argumentales. En un lado, los detectives de la brigada de estupefacientes del distrito seis, Mance Davis y Virgil Patterson, se disponen a asestar el golpe definitivo al tinglado que Floyd Angelo, más conocido como El Hombre, ha edificado para gobernar el mundo de la droga. Por otro lado se encuentra Rudy Black, máximo exponente de la cohorte de traficantes de medio pelo, proxenetas y demás ralea callejera, cuyo objetivo es convertirse en camello y mano derecha de El Hombre. En último lugar, la propia Escena, un lugar determinado por una amplia zona de calles y avenidas de una ciudad ficticia -trasunto del Nueva York más peligroso- donde se cuece el asunto.

La historia da comienzo cuando Rudy Black recibe el encargo de liquidar al soplón Andy Hodden. Un encargo que El Hombre le ha encomendado para demostrar su lealtad, debido a que las malas lenguas dicen que Black se entiende con Davis y Patterson. Los métodos expeditivos de estos dos detectives, y los chivatazos de algunos de los compinches de Rudy Black, les llevan a acercarse al objetivo de detener, por fin, al capo de la droga. Sin embargo, la investigación policial dará un giro de ciento ochenta grados al aparecer en escena el hijo de Richard Halsted, un importante y poderoso magnate industrial, que muere atropellado después de ser detenido por posesión de droga de extrema pureza. Este imprevisto suceso llevará a la pareja de detectives a sospechar que, quizá, la manzana podrida se encuentre dentro del mismísimo cuerpo policial.

Aunque los retratos psicológicos de Davis y Patterson son acertados y el autor les dota de profundidad, sí creo que cae en los tópicos habituales en este tipo de personajes. Davis, cercano a la jubilación y con el culo pelado en múltiples batallas, acepta con recelo y a regañadientes a su nuevo compañero, un joven Patterson recién salido de la academia y con ganas de hacerse un nombre en el departamento de policía. Los miedos e inquietudes de ambos quedan muy bien reflejados pero, como ya digo, he sentido la impresión de haber visto muchas veces esta película.

Lo más notable de la novela, aparte de la propia intriga de la trama, es la descripción cruda y terrorífica del submundo de la droga. Desde los hábitos, usos y dolencias del yonqui hasta la falta de escrúpulos por conseguir un chute y delatar a quien se ponga por delante para ello. El hervidero psíquico en que se convierte el cerebro de un yonqui está muy bien construido en este relato, tan sórdido como interesante, donde los múltiples personajes se muestran como, en palabras del propio autor, inevitables perdedores deformados por el peso de la vida.

Bajo mi opinión, sin ser uno de los mejores títulos del catálogo de Sajalín, “La Escena” es una lectura que recomiendo para los amantes de la temática yonqui y las tramas policiales.

Firmado: Carlos Télez Sedano

jueves, 19 de mayo de 2022

Beatrice Blue: 3x1 Érase una vez un unicornio, Érase una vez un dragón, Érase una vez una sirena

Idioma original: inglés
Título original: Once Upon a Unicorn Horn, Once Upon a Dragon's Fire, Once Upon a Mermaid's Tale
Traducción: Anna Pauner en catalán para Cruïlla, Alejandra Freund en castellano para Ediciones SM
Año de publicación: 2019, 2020, 2021
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Rompiendo un poco la temática y tipo de libros que acostumbro a tratar en las reseñas, hoy cambio de registro y me inicio con una serie de libros infantiles, pues la literatura infantil también es literatura, y creo que es apropiado darle más espacio en nuestro blog, pues, indudablemente, si hemos llegado hasta aquí en nuestra personal biografía literaria es gracias a esos primeros libros que nos han hecho soñar e ilusionar con otros mundos y personajes.

En los tres libros traducidos hasta la fecha por parte de la escritora, ilustradora y diseñadora gráfica Beatrice Blue, y a pesar de que se trata de libros totalmente independientes (no forman parte de una misma historia, ni tienen los mismos personajes ni comparten trama argumental), vemos en todos ellos ciertos rasgos comunes, que modelan un estilo muy característico a nivel argumental pero también gráfico lo que me lleva a hacer una reseña conjunta de todos ellos. Estos rasgos que conforman el estilo de la autora se caracterizan principalmente por los siguientes aspectos:

  • A nivel argumentativo: los personajes de Beatrice Blue son niños ni muy pequeños ni tampoco muy mayores (quizá estarán entre los cinco y los diez años) que viven rodeados de naturaleza (ya sea el campo, la montaña o el mar) y esa naturaleza y los animales que en ella viven forman siempre el núcleo central en cuanto al argumento. De esta manera, los tres libros guardan como argumento común la relación entre los niños y los animales pero, especialmente, cómo los niños, a través de su relación con ellos, aprenden a conocer el entorno en el que viven, a respetarlo y a cuidar y ayudar a los animales que en él habitan.

  • A nivel gráfico, el trazo de la autora se caracteriza por líneas redondeadas para dibujar sus personajes, aunque en su evolución se aprecia una cada vez mayor precisión y perfilamiento en los rasgos físicos de sus personajes. A nivel colorativo, la autora utiliza una amplia gama cromática, buscando a menudo el contraste entre la oscuridad del entorno (ya sea un bosque, el mar o el campo) con la luz que irradian los personajes.

Los tres libros que se incluyen en esta reseña son interesantes, pues ahondan en temas como la solidaridad y la inclusión en el caso del libro del unicornio, el miedo a lo desconocido y los temores infundados en el caso del dragón, y la importancia de cuidar el entorno y no interferir en el medioambiente. Así, los valores que transmiten los libros de Beatrice Blue giran en torno a la necesidad y conveniencia de establecer vínculos con nuestro entorno, a la vez que en ayudar a los necesitados (a pesar de su apariencia feroz en algún caso) y no dejarnos llevar por nuestros intereses personales sino en pensar en el bien común. Todo ello, rodeado de un estilo gráfico cálido a la vez que rico en matices, en los que los trazos de Beatrice Blue nos acompañan a entrar en sus historias cálidas y bondadosas que seguro que gustarán a los niños y niñas a partir de los tres o cuatro años. Una autora a tener en cuenta.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Cristina Peri Rossi: Todo lo que no te pude decir

 Idioma original: español

Año de publicación: 2017

Valoración: Está bien



Cristina Peri Rossi. Uruguaya de nacimiento, residente en España desde hace cincuenta años, nada menos. Ganadora del último Premio Cervantes y una de las voces literarias en castellano más reconocidas, nada menos. Etc. Pues bien, no creo que la novela esté a la altura de todo ese prestigio, sencillamente. ¿Qué se trata de mi gusto personal? Por supuesto, pero puedo aportar motivos.

Nadie niega que la experimentación es un valor añadido, pero solo si el resultado supera lo esperable de un proceso creativo más tradicional. Por otra parte, pretender epatar a toda costa no suele dar buenos resultados aunque, es cierto, la sorpresa puede reducir el juicio crítico. Este no es el único recurso que utilizan algunos escritores para salir del paso, la profesionalidad enseña trucos como utilizar un formato más corto –el relato en este caso– o cualquier otro que resulte más cómodo y disfrazarlo de aquel que queremos presentar al público. Lo que sostengo, y naturalmente puedo equivocarme, es que esta obra es la consecuencia de encadenar varios relatos cortos, mediante procedimientos argumentales y estructurales fáciles de idear para alguien con tanta experiencia. Lo argumental se encadena en el tiempo, pero yo no veía continuidad sino añadidos traídos por los pelos, y según iba leyendo más me reafirmaba en mi impresión. En cuanto a la estructura, apenas hay alguna continuidad de escenas, repetición de personajes, débiles alusiones, pero los argumentos, en realidad, van muriendo según aparece uno nuevo, o agonizando, que viene a ser lo mismo.

El primer bloque argumental muestra ese deseo de impresionar al lector, de retenerle desde un primer momento al que aludía en el párrafo anterior. Se trata de una serie de escenas que rozan el porno  y cuyo significado profundo es más escabroso que lo meramente explícito. Eso sí, están narradas con mano diestra, sin embargo, lo que leemos no resulta nada verosímil y la forma de zanjar bruscamente la historia todavía menos. Aparte de la pareja protagonista –no voy a hablar de la auténtica compañera de Suarez porque su sola mención me parece humillante para las mujeres en general, no por ella misma, sino por el rol que Peri Rossi le obliga a adoptar– aparece un policía (absolutamente prescindible) que servirá de enlace con el bloque siguiente. En este se muestra la relación entre prostituta y cliente –el susodicho comisario– justo cuando está llegando a su fin. El motivo tampoco parece muy creíble, un improbable cambio de orientación con enamoramiento enloquecido y previsiblemente eterno que, además de dejarnos las páginas más anodinas y sensibleras del conjunto, relatan la terrible experiencia de Silvia en el seno de la dictadura uruguaya, su temeraria huida y secuelas presentes. (Como ven, pastel o pistola, no hay mucho término medio). Se trata del tercer bloque, que se inserta en el anterior con más fluidez que en otros casos. De su amante no sabemos nada, salvo que triunfa en un muy gratificante oficio. Esto sirve para traer a colación el mito del rapto de Proserpina, sus reelaboraciones a lo largo de los siglos y relacionarlo con las vivencias de Silvia. Existe un quinto argumento, muy apresurado, que muestra un asesinato machista y su resolución gracias a un chivatazo providencial, pero estos hechos sirven exclusivamente de pegamento entre bloques y apenas tienen relevancia en la novela. Sabemos que el comisario volverá a las andadas y que Suarez debe apartarse del foco… Por último, conocemos la versión del oficial uruguayo, así como su vida actual, otro esbozo de relato cuya función es cerrar la novela dejando más o menos abiertos los argumentos precedentes. Soluciones ingeniosas, hay que reconocerlo. Aun así, no sé ustedes, yo lo que veo es una absoluta falta de unidad, un intento de cohesionar tramas con poca (o nula) hilazón entre sí, y en estos casos, como es natural, se notan demasiado las costuras.


También de Peri Rossi: El amor es una droga dura

martes, 17 de mayo de 2022

Carlos Zanón: Love Song


Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: mediocre

Me perdonaréis cierta insistencia (atribuidlo a cierta manía con el producto de proximidad) con ciertos autores. Enésimas oportunidades y vuelvo a recaer en Amat, en Cercas, ahora en Zanón. Pero es que me da que hay cierta nebulosa endogámica que hay que contrapesar. Carlos Zanón, por ejemplo, resulta casi omnipresente en sus colaboraciones en prensa, en radio, empieza a formar parte de cierta élite mediática (junto a Santi Balmes o David Carabén) que parece tener muchas oportunidades de manifestarse por cauces adicionales a aquellos por los que se dieron a conocer. Aunque en el caso de Zanón, digamos que siempre ha escrito, y que ahora simplemente se ha hecho con cierta celebridad. Cosa legítima, claro, cada uno se busca la vida y más cuando a raíz de la progresiva degradación de la industria cultural, es decir, de sus rendimientos económicos, empieza a parecer que una sola actividad no da para lo básico o para el tren de vida que cada uno piense que tiene que llevar. O sea, que Zanón está aprovechando su tirón y va publicando, y sus dos últimas obras, Taxi y una especie de intento de relanzar el personaje de Pepe Carvalho, las dejé pasar, escarmentado de las poco gratas experiencias previas. Y lo que se dice de Love Song, aunque sea fruto de reseñas en los medios que suelen emplearlo, y en las sempiternas notas de contratapa, parece prometer.

Bueno, no.

Ahora fue él quien sacó el brazo por la ventanilla del automóvil. Tocó el frío lomo del auto como si fuera un dragón. Quizá estuviera más borracho de lo que creía. Pero quería estarlo más. Quería bebérselo todo. Llegar hasta la inconsciencia. El reto siempre fue ése. Beber, comer, follar, drogarse, tocar, meterte en la boca del Gran Lobo hasta el límite de la resistencia: el estómago girado, los dedos sangrando, la cabeza agujereada. Pasarlo bien, destrozarte para que cuando el Lobo cierre las mandíbulas, encuentre tu cuerpo en el peor estado posible y así se enfade y te diga gritando: ¿esto qué es? ¿Qué mierda me das? Todo deteriorado, inservible: cuerpo y afectos. ¿Para eso he corrido toda la vida detrás de ti, hijo de puta?¿Para este despojo he ido detrás toda la vida, Cowboy?

Todos los tópicos que se acumulan en las trescientas páginas largas de este libro están aquí. Bueno, faltaría el cuero y los tattoos. Pero todos los capítulos regresan a ellos de una manera u otra. La narración de tres músicos que van de gira acompañados de un chófer en una furgoneta y que recorren los clásicos locales decadentes de la costa mediterránea y sus reflexiones y actos (muy superficiales) en lo que parece el ocaso de sus carreras. Y el párrafo citado no es particularmente mediocre en el sentido literario. Es tópico y es recurrente, y ese es el lastre del libro. Que es una narración que debería fluir con naturalidad y Zanón la anquilosa interponiéndose como autor y no dejando que ningún personaje se defina sin apelar a los estereotipos que fascinan al escritor. Así que asistimos a una constante mención de influencias musicales y de elementos del mundillo del rock, claro hábitat (os recuerdo que Zanón tituló uno de sus libros Yo fui Johnny Thunders) del escritor, y sucede que cada uno de esos cortos capítulos, en vez de aportar coherencia a la historia, la va enmarañando y lastrando, incluso a veces da la sensación de que Zanón ha convertido una ocurrencia en una parte de la novela. Así que la historia se dispersa y se hace eterna. Cuando estamos ante una novela de esencia rock'n'roll (subgénero a batirse en retirada) esta Love Song muestra una alarmante carencia de ritmo narrativo. Los personajes resultan tan confusos e intercambiables en ese trazado de triángulos que cualquier concursante de First Dates resulta más estimulante a nivel narrativo. Zanón tira de todo recurso, jugueteando con la novela negra - otro despropósito - para que eso arranque, pero en un punto, partir de la mitad del libro, ya resulta imposible. Y vuelvo a referirme a L'endemà de Tuli Márquez, como demostración de que se puede narrar con solvencia el proceso de decadencia de las rock-stars. A todo eso, esta novela opone la ristra de tópicos de rigor, página tras página. No hay libro donde se emplee con tanta profusión el verbo follar y todo resulte tan poco sensual. Pero es una más de entre tantas cuestiones inexplicables. Solo el amiguismo justifica cualquier elogio.

lunes, 16 de mayo de 2022

Kjartan Flogstad: Pyramiden. Retrato de una utopía abandonada

Idioma original: Noruego
Título original: Pyramiden, portrett av ein forlaten utopi
Año de publicación: 2007
Traducción: Mario Puertas
Valoración: No soy objetivo. Estos libros y estos temas me encantan

La fuerza expresiva de una "ciudad" minera abandonada por completo en pleno archipiélago de Svalbard, al norte del Norte. Para más inri, una "ciudad" soviética en pleno Ártico de soberanía noruega, lo que hace que la potencia de la imagen y su posible sentido metafórico se multiplique.

Cosas que a uno se le pasan por la cabeza a medida que "pasea" con Flogstad por Pyramiden: el abandono de la utopía, el contraste entre la "ciudad" soviética y la naturaleza virgen, el carbón prehistórico convertido en progreso y futuro... pero sobre todo Pyramiden como mausoleo de una época y una cultura, como vestigio en pie de otros tiempos.

Porque Pyramiden fue una especie de ciudad (con 2000 personas, como mucho) ideal construida por los soviéticos en los años 40 al pie de la explotación minera que le da nombre y que fue abandonada a mediados de los 90 tras el derrumbe del bloque del Este. Vamos, algo así como una "Utopía" en pleno Ártico, con biblioteca bien surtida, hospital, Palacio de la Cultura, polideportivo, busto de Lenin, etc, una especie de "respuesta" a los Vorkutá o Kolima de la época.

Pero Pyramiden no es un libro de viajes. O, al menos, no es un libro de viajes al uso. De hecho, diría que se acerca más a las crónicas viajeras de Kapuscinski porque lo que inicialmente semeja un recorrido por la historia de la explotación minera y de la ciudad se vuelve un texto diferente al inicialmente previsto en el que cabe el arte, la política, la economía, la antropología, la etnografía, la historia de la minería (en general) y la exploración, la ecología... 

Ahí radica, aunque parezca curioso, lo mejor y lo peor de este libro. Por un lado, que Flogstad opte por salirse de los límites de la "literatura de viajes" y convierta Pyramiden en algo mucho más amplio hace que el texto tenga un toque ensayístico que multiplica su potencialidad. Por contra, ese "tocar diversos palos" provoca que el interés se pueda "dispersar" en función de las preferencias del lector. En mi caso, por ejemplo, así como la parte "histórico-artística" me resulta acertadísima, la parte "económica" se me queda corta y la parte "etnográfica" me satura un poco. Cuestión de gustos y/o formación, supongo.

Lo que sí es seguro es que si os interesa el tema "polar" en su más amplio sentido y/o el tema "soviético", Pyramiden puede ser vuestra "ciudad" y vuestro libro. Y Svalbard vuestro destino para este verano. ¿Por qué no?

domingo, 15 de mayo de 2022

Guillaume Apollinaire: Los diablos enamorados

Idioma original: Francés
Título original: Les diables amoureux
Año de publicación: 1964
Traducción: Julio Monteverde
Valoración: Recomendable para interesados

Supongo que a todos os suena Guillaume Apollinaire, narrador, poeta, dramaturgo, crítico de arte y periodista. Pues bien, resulta que este señor era un gran entendido en eso de la literatura erótica y llegó a escribir, además de obras de género bastante destacables (pienso en Las once mil vergas), decenas de prólogos para los trabajos calenturientos de otros.

Los diablos enamorados, volumen de la editorial sevillana El Paseo, recupera una serie de introducciones de Apollinaire que contextualizaron diversas obras eróticas. 

A mi juicio, las virtudes de este tomo serían: 

  • Que entrega enfoques curiosos sobre autores tan manidos como el Marqués de Sade. 
  • Que da a conocer obras alejadas del canon. Y es que, en palabras de Julio Monteverde, traductor y prologuista de Los diablos enamorados, Apollinaire pensaba que «frecuentar solo las obras consensuadas como maestras no lleva más que a sitios que ya conocemos», y que es en los márgenes «donde estalla lo nuevo, lo diferente, la sorpresa».

Por otro lado, la especificidad de este libro es su mayor lastre; sólo aquellas personas interesadas en la materia tratada podrán extraerle jugo. Sea como fuere, lo recomiendo, aunque sea a los degenerados que, como un servidor, sabrán sacar provecho a los conocimientos de uno de los mayores "enfant terribles" de la Literatura.


También de Guillaume Apollinaire en ULAD: Las once mil vergas

sábado, 14 de mayo de 2022

You-jeong Jeong: El buen hijo

Idioma original: coreano

Título original:

Año de publicación: 2016

Traducción: Luis Alfredo de los Frailes

Valoración: está bien

¿Qué haríais si, siendo epilépticos y no recordando nada después de un posible ataque, os despertarais completamente cubiertos de sangre  -que además, según parece, no es vuestra- y con huellas por todas partes de haber sido responsables de un horrible crimen? ¿Jodido, no? ¿peliaguda situación, no? Pues eso es lo que le ocurre al protagonista-narrador de esta novela, el joven coreano Yu-Jin, que vive con su dominante madre en un dúplex de una localidad costera de reciente -y aún inacabada, en verdad- edificación. Durante las horas y días que siguen a este turbulento despertar, Yu-Jin se afana por recordar y dar sentido a lo ocurrido la noche anterior, al tiempo que debe asumir el peso de la tremenda tragedia que se cierne sobre él.

De esta manera, éste thriller policiaco de la también coreana You-jeong Jeong (1) adquiere en principio la forma de un peculiar whodunit, para luego convertirse en una novela psicológica y aún en un dramón familiar y personal de no te menees... Todo , con apaenaas un puñado de `personajes: Yu-Jin, su madre, su hermano adoptivo He-Jin, su tía la doctora Hye-Won...- , en una localización más o menos limitada y en un tiempo determinado... casi dese diría que, en cierto modo, la novela tiene un aire teatral. Lo que dificultaría su posible representación sobre un escenario (no así en el cine o televisión) es la gran cantidad de analepsis, tanto en forma de flashbacks como por medio de la lectura de cierto diario, que encontramos en esta novela y que, en gran medidas son las que hacen avanzar la trama o, al menos, explicarnos y explicar a su protagonista, qué es lo que ha ocurrido. Claro que también es un recurso que, en algunos momentos, ralentiza el avance de la trama y que incluso puede llegar a despistar al lector (bueno vale, a ESTE LECTOR, que, ya lo confieso, tiene sus limitaciones...) cuando se enlazan varios flashbacks seguidos... También encontramos algunos recursos típicos de este tipo de novelas, como los giros en la trama, algún que otro cliffhanger... pero que nadie se engañe: El buen hijo tiene más que ver con, salvando todas las distancias, Dostoyevski que con, yo qué sé, Dan Brown o James Patterson, por poner algún ejemplo...  También, puede servir de partida para reflexionar sobre la maternidad, la responsabilidad individual, el libre albedrío y otros temas de mayor trascendencia...eso, si el baño de sangre le deja a alguien con ganas de hacerlo.

Como suele ser habitual, a esta autora la califican algunos como la "Stephen King de su país"... En fin, yo no diría tanto, aunque sí es cierto que esta novela, al menos tiene cierto interés. pero creo que sobre todo para los aficionados al género criminal o incluso de terror, pero veo difícil que pueda gustar o al menos llegar a todo el público lector. Algo que "el Monstruo de Maine" (2) sí que ha conseguido, en general...


(1) En la edición española de este libro y también en otros idiomas como el inglés, italiano o portugués, la autora de esta novela aparece como You-jeong Jeong, siguiendo el sistema onomástico occidental de nombre propio + apellido; sin embargo, en otras ediciones, como la francesa o la turca, se respeta el sistema coreano, y por tanto la transcripción de su nombre aparece como Jeong You-jeong (siendo el primer Jeong el apellido o nombre de familia y el segundo jeong, el nombre propio que comparten los hermanos o primos de la misma generación y que, en este caso, coincide con el apellido). lo comento, sobre todo, por si queréis leerlo en turco, para que no os liéis...

(2) Lo de "Monstruo" lo digo en el sentido taurino de la palabra, no porque sea feo, que no lo es: tiene el atractivo que nos caracteriza a los miopes simpaticones... (Bueno, por lo menos, él sí que es simpaticón).

viernes, 13 de mayo de 2022

Madame Nielsen: The Monster


Idioma original: danés

Año de publicación: 2021

Traducción: Daniel Sancosmed

Valoración: intragable

Agradezco a Madame Nielsen que este libro no se haya promocionado (a pesar de la apariencia de la escritora, que parece un performer multidisciplinar de esos que inquietan un poquitín) como literatura queer, cuestión que evita su estigmatización y su etiquetado dentro de una especie de submundo que parece haber de ser juzgado de antemano.

Bueno, se lo agradezco porque así ha evitado que yo tenga que ser señalado por cargarme un libro queer. No va a ser así. Hablo sobre la novela con toda libertad, entonces, y os digo, estimados lectores, que está muy bien eso de que las pequeñas editoriales se encarguen de divulgar la obra de autores de escenas alternativas y todo eso. Pero es que aquí nos han dado gato por liebre. The Monster, así titulada en inglés, detalla las andanzas de un joven ruso en New York, donde ha acudido para formar parte del grupo teatral de Willem Dafoe, allá por 1993, con lo que la acción se sitúa en ese período extraño entre la caída del muro y la de las Torres Gemelas, un período (no hablemos del presente, por favor, que Finlandia acaba de poner nerviosa a Rusia solicitando su ingreso en la OTAN) que podría haber sido idílico, una especie de Arcadia feliz donde los bloques se desmembraban y Occidente parecía ávido por integrar a esos rusos simpáticos en la dinámica del capitalismo a ultranza. Ahí empiezan las trampas. En un juego algo acomplejado que insiste en el namedropping, Madame Nielsen teje una siniestra historia basada en los días y las noches del joven, que ha acudido a New York con poco dinero y apenas una lista de nombres a los que puede contactar para obtener algún lugar donde pasar la noche. De día acude al teatro y alterna con gente que se presenta tanto en las sesiones teatrales como a los locales nocturnos que acostumbra a frecuentar. Así que en la novela surgen los nombres como referencias, tópicos hasta la exasperación: Warhol, Sontag, Byrne, Lou Reed. Parece que en medio de esa amalgama cultural de la ciudad que nunca duerme a nuestro anónimo protagonista le ha ayudado la suerte. Pero ay la noche: a cambio de disponer de un sitio donde dormir, sus anfitriones resultan ser un par de gemelos algo degenerados que abusan de él noche tras noche.

Y en esa alternancia trufada de referencias y descripciones algo procaces de los abusos, combinado con los numeritos propios de su asistencia a algunos de esos clubes nocturnos que parecen museos de los horrores, la novela se pierde en divagaciones y escenas descritos con un lenguaje rígido y un terrible gusto por el párrafo interminable y la disertación de tonalidad epatante, como si a Madame Nielsen le molestara limitarse a describir los hechos y tuviese que incidir en un retrato psicológico del protagonista, revelando una tonalidad algo narcisista y hasta diría que acomplejada. Esto no podía pasar en Copenhaguen pero si en New York. Con lo cual,entre ciento cincuenta páginas, apenas retengo las alusiones descriptivas a la foto que hace las veces de portada, un más que previsible flash back sobre la historia de los gemelos, y unas últimas cuarenta páginas, que me perdonen mis compañeros del blog por mi retraso, que se me han hecho eternas, un auténtico tostón esperando que algo se dilucidara y más bien convencido de que, como así resultó ser, la novela era un engendro post-moderno algo pretencioso cuyo colofón es no tener colofón.


jueves, 12 de mayo de 2022

Marian Donner: Manifiesto en contra de la autoayuda

Idioma original: neerlandés

Título original: Zelfverwoestingsboek 

Año de publicación: 2019 (en castellano, 2021)

Valoración: Recomendable alto


Estamos en la cultura de Instagram, y quien dice Instagram dice cualquier otra red social, incluidas las consideradas profesionales. Toca transmitir felicidad, éxito, juventud, diversión, descubrimientos, atractivo, actividad. En contacto con amigos o conocidos, posibles parejas o posibles clientes, vecinos o familiares de cualquier rango, no son admisibles mensajes que no sean esos, solo procede enseñar nuestro último outfit, las imágenes de nuestra escapada de puente, el golazo del chaval, las instalaciones del nuevo gym. Lo demás, claro, no interesa, es lógico.

Pero no solo son las exigencias de esta vida social virtual. Permanentemente recibimos llamamientos a la positividad, la salud, el buen rollo y la iniciativa. La sociedad nos quiere a punto para nuevas metas, no podemos quedarnos parados, los fracasos son solo un aprendizaje para el próximo triunfo. El bombardeo es incesante: si quieres, puedes, basta con desearlo con mucha fuerza y trabajar duro, no hay nada que no puedas conseguir, debes hacer salir tus potencialidades ocultas. Todo es muy estimulante, fantástico, pero puede no ser fácil, tendemos a la vagancia, a la autocomplacencia, quizá a una envidia estéril. Y si uno no tiene la suficiente pasta para pagarse un psicólogo (un psicoanalista, como dicen en las películas) o, mejor, un coach, pues nada, los libros de autoayuda son un buen sucedáneo.

Este mundo del siglo XXI está montado así, nada de esto nos pilla de sorpresa, y en su diseño es necesario que el mecanismo siga siempre avanzando a buen ritmo, porque si dejamos de dar pedales el invento se desequilibra y se viene abajo. El sistema necesita consumidores felices, que siempre quieran un poco más para distinguirse, para mejorar, para tener nuevas experiencias (todo son experiencias, de compra, de viaje, de cata de vinos, de regalo sorpresa). No basta un coche chulo, un armario surtido o unas vacaciones, hay que afinar con el corte de pelo, el blanqueamiento dental, conocer pueblos con encanto, cenar tofu o aguacate, algo de teatro de vanguardia, spa, despedidas de soltero cada vez más caras y extravagantes, algún tatuaje, fin de semana ecuestre. Ahí pone Marian Donner el acento, los requerimientos del nuevo capitalismo (yo añadiría que heredado del llamado capitalismo popular de los 90), que ha descubierto que el mayor negocio es tener a los muchos millones de la clase media (y otros muchos que ni siquiera llegarían a calificarse así) obsesionados, quizá ya no tanto con escalar, sino con acceder a la multitud de bienes y servicios que hacen que la gente se vea más feliz, o que se la suponga más feliz.

La escritora y periodista holandesa (o, por lo visto, mejor neerlandesa) se fija especialmente en las imágenes que nos llegan a través de los medios (cuerpos perfectos, sonrisas de éxito) y en esos mensajes llenos de voluntarismo aparentemente ingenuo que a fin de cuentas nos vienen a decir que si no triunfamos, si no nos parecemos a esos triunfadores, es porque no queremos: amigo, no echemos la culpa a la falta de oportunidades, porque si no lo consigues es solo porque no lo quieres con suficiente intensidad. En definitiva, tú eres el culpable. La cuestión se traslada, una vez más, de lo colectivo a lo individual, es la victoria absoluta, avasalladora, del liberalismo en su aspecto más salvaje. Laissez faire, laissez passer.

Como se ve, el libro desborda claramente la crítica a la autoayuda que anuncia el título, y sus primeras veinte o treinta páginas son demoledoras. No tanto porque descubra cosas que no sepamos, sino porque lo expone con convicción, de forma nítida, brutal. Hay desde luego una clara voluntad de provocación, de fustigar y agitar el debate más que de exponer razonamientos muy elaborados, y el resultado es una saludable frescura con la que ponernos frente a realidades que han tomado cuerpo durante demasiado tiempo hasta resultar normales o inevitables, quizá hasta que ni siquiera las veamos.

Ese deseo transgresor hace que quizá el libro afloje un poco en los apartados siguientes, no sé si para justificar eso tan sonoro de en defensa de la autodestrucción, que luce sin mucha justificación en la cubierta. Ante ese paradigma de la vida sana, la belleza y la realización personal, la autora contrapone invitaciones como ‘arde’, ‘baila’, ‘sangra’, que tienen la carga metafórica de llamamientos a la libertad y a saltarse las nuevas normas de esa cultura que apenas puede esconder el objetivo inmediato del consumo masivo, y el más profundo del mantenimiento del statu quo. Y he dejado para el final el mensaje ‘bebe’, que curiosamente es el de contenido más literal y donde Donner incita en efecto a cogerse alguna buena borrachera como forma espontánea (y yo añadiría que muy clásica) de rebelarse contra el sistema, aunque sea un rato.

Sin desmerecer el valor del libro como mensaje provocador y además muy bien escrito, raro sería que terminase la reseña sin darle una vuelta de tuerca más. Porque si la autora nos pincha para no someternos tan dócilmente a los cánones ¿no está también favoreciendo soluciones exclusivamente individuales a un problema colectivo? Y aún más, esas recomendaciones tan rompedoras ¿no son una forma de terapia, en definitiva, Marian Donner, de autoayuda, aunque con un contenido algo diferente? 


miércoles, 11 de mayo de 2022

Karmele Jaio: La casa del padre

 Idioma original: vasco

Título original: Aitaren etxea

Año de publicación: 2019

Valoración: Recomendable


“Quizá por eso es peligroso escribir. Es una peligrosa marea baja que deja a la vista las rocas escondidas bajo el agua. Y lo que aparece no siempre nos gusta.”


El lugar al que siempre volvemos o del que nunca llegamos a salir del todo. La casa paterna (o materna), incluida la madre patria que cada uno considere. Ese lugar, el doméstico y el geográfico que nos ha configurado como somos, aunque luego cada uno reaccione a su manera a los estímulos. Karmele Jaio ha creado esta vez a un puñado de personajes, algunos con voz propia, y los ha echado a rodar por la pendiente de la vida, en una época (la actual en ese momento) y un lugar (Euskadi) determinados. El pasado y el presente se entremezclan y les condicionan tanto como a cualquiera.  Asistimos a sucesos y reacciones que podemos comprender fácilmente como si lo que se nos está contando fuera sencillo, que no lo es en absoluto, como si los personajes no estuvieran llenos de contradicciones e incoherencias, como si el dolor no los paralizase demasiado a menudo. Ismael, su mujer Jasone y Libe, su hermana, no solo se explican a ellos mismos, también a esos que no hablan al lector pero cuyo papel en el relato es igual de importante. A saber, los padres del susodicho y un tal Jauregi, editor y viejo amigo de Jasone. 

Esta mujer, tan válida como llena de inseguridades –complejo de usurpadora, advenediza en su propio espacio– es el hilo conductor del relato, la secundaria que protagoniza los hechos aunque resulte paradójico. Una más entre toda una generación de esposas comprometidas con la conducta que se espera de ellas y creyéndose libres de decidir, han renunciado a sus objetivos vitales sin apenas ser conscientes de ello aunque a costa de una infelicidad soterrada que, a medida que pasan los años, va pesando cada vez más sobre sus hombros. Una más y por ello tan importante, ya que representa toda una pauta de conducta asumida sin rechistar por varias generaciones de mujeres. Me refiero al esfuerzo que supone encargarse de las tareas domésticas, planificación, cuidados y pensar que un trabajo remunerado, a diferencia de sus madres, ha conseguido emanciparlas. Y claro que aquella esclavitud completa de quien se somete en cuerpo y alma porque es otro quien paga las facturas es una costumbre residual, pero las circunstancias que acepta la generación de Jasone no suponen un auténtico avance, solo un espejismo con el que se las ha ido entreteniendo hasta que (algunas) acaban cayendo en la cuenta. Pero ¿por qué me empeño en hablar de ella si el gran triunfador, el escritor de la familia resulta ser su marido, Ismael, y Jasone no ha destacado en nada todavía. Algo ha hecho, es verdad, pero poco relevante, nada que ocupe titulares de prensa: responsabilizarse de que el hogar funcione, criar a dos hijas, contribuir con su sueldo a los gastos, cuidar a sus padres ya fallecidos, corregir la obra del gran literato para que llegue bien pulidita a la mesa del editor. ¡Fruslerías! No hay motivo para que Ismael se sienta tan inseguro, tenga tanto miedo, tanta desazón por asuntillos del pasado, se encuentre tan bloqueado en su labor creativa. Aun así, me atrevo a preguntar ¿han oído hablar de María Lejárraga? Nació en el último tercio del s. XIX, vivió casi cien años  y su gran talento literario se mantuvo en la sombra la mayor parte de su vida.

Completan el cuadro la hermana rebelde y migrante que teme volver a casa, la madre, ingresada por culpa de un misterioso accidente, que se inquieta por lo que pueda pasarle al marido ahora que ella no está en condiciones de cuidarlo, y este, el marido y padre de Ismael. Los demás tienen miedo y se sienten culpables de algo, solo él es inmune a esos sentimientos, ahora porque se le ha ido la cabeza y antes porque se creía omnipotente como cabeza de una familia tradicional que dirigía los destinos de todos.

Jaio nos habla de los fantasmas del escritor, de la palabra que descubre lo oculto, de una generación marcada por la política y de la frustración a la que han sido condenadas las mujeres de este siglo y del otro. No puedo estar más de acuerdo pero pienso que tanta insistencia, tanto hacer explícitas ideas por lo demás, evidentes, lastra la novela un poco, la ralentiza, la convierte en una especie de panfleto cuando no le hacía ninguna falta. Solo tenía que dirigirse a un lector inteligente, pues los personajes están perfectamente diseñados, la trama rueda con los sobresaltos necesarios, se abren múltiples posibilidades que nos mantienen en una agradable incertidumbre hasta llegar a las vueltas de tuerca finales que sorprenden sin incoherencias y consiguen que la novela alce definitivamente el vuelo sin traicionar las convicciones de la autora.

Versión en castellano: Karmele Jaio 


Otras obras de Karmele Jaio: Música en el aire, No soy yo, Las manos de mi madre, Stop, Recuerdos (relato en volumen colectivo)

martes, 10 de mayo de 2022

Jorge Ibargüengoitia: Los conspiradores

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1981
Valoración: Recomendable

Pongamos que no habéis leído el título de la reseña y juguemos a las adivinanzas porque hoy es día de rescate literario en ULAD. 

Pista nº 1: Autor centroamericano de cierto éxito en los 70-80 y bastante olvidado en la actualidad.

Pista nº 2: Rescatado hace escasa fechas  por la editorial palentina (sí, amigos, hay vida más allá de Madrid y Barcelona) Menoscuarto. 

Ppista nº 3: Fallecido en el accidente de avión que se llevó por delante la vida de, entre otros, Manuel Scorza o Marta Traba.

Bien, pues hablamos de Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), prolífico y "variado" escritor más mexicano que el chile chipotle pese a tener un apellido más vasco que el txakoli de Getaria.

Pero centrémonos de una vez en "Los conspiradores", novela que en México llevó el título de "Los pasos de López" (cosas del mercado editorial, supongo) y que tiene como telón de fondo los años inmediatamente anteriores a la independencia mexicana y, más concretamente, el levantamiento del cura Hidalgo en el año 1810. Así, la novela sería la ficcionalización de los citados hechos, desde su génesis hasta su desastroso final.

Podríamos hablar, por lo tanto, de una "novela histórica" si no fuese porque Ibargüengoitia hace que las categorías, los mitos y leyendas salten por los aires. De hecho, "Los conspiradores" es un texto que puede leerse como novela "antihistórica", novela de intriga, novela picaresca o directamente como resumen crítico de las diferentes "iluminaciones" que recorren la historia política de América Latina, con su mezcla de paternalismo, crueldad, caudillismo y populismo.

Me asombra la variedad de suertes que el destino nos reservaba a los que estábamos allí. La mayoría están muertos, pero mientras unos descansan en el altar de la Patria, los huesos de otros yacen en tierra bruta porque en ningún cementerio quisieron recibirlos.

Esa es una de las principales virtudes del texto: huir de lo hagiográfico y hacer de los personajes implicados en el complot seres de carne y hueso movidos al mismo tiempo por los más altos ideales y las más bajas pasiones. De ahí el tono burlón y desmitificador que recorre una novela plagada de enredos, delaciones, traiciones y errores absurdos que se mueve entre lo heroico y lo grotesco. Lo anterior, unido al ritmo que logra imponer el autor, hace de "Los conspiradores" un texto sumamente divertido. 

En el lado menos positivo está una segunda parte de la novela un tanto atropellada. Ibargüengotia opta por una estructura episódica con saltos temporales relativamente amplios, pero como lector me queda la sensación de que había material para bastante más, ya sea a través de un mayor desarrollo de esos episodios o por la vía de un mayor ahondamiento en alguno de los contradictorios protagonistas de la novela, como el cura Periñon.

En cualquier caso, y pese a estos pequeños peros, bienvenida sea la recuperación de una obra y un autor que esperemos encuentre los lectores que merece, aunque sea casi 40 años después de su fallecimiento.