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sábado, 1 de agosto de 2026

Marvin Harris: Vacas, cerdos, guerras y brujas

Idioma original: inglés

Título original: Cows, Pigs, Wars and Witches. The Riddles of Culture.

Año de publicación: 1974

Traducción: Juan Oliver Sánchez Fernández

Valoración: Recomendable


No tengo del todo claro dónde está la frontera entre el antropólogo y el historiador, probablemente son disciplinas que se solapan sin que sea fácil distinguir el límite. El norteamericano Marvin Harris es un antropólogo que tuvo cierta relevancia en los años 70 y 80 del siglo pasado y que, por lo que se ve en este libro y probablemente en el resto de sus obras, circula libremente entre ambas disciplinas, con una perspectiva bastante peculiar que se ha denominado materialismo cultural. Aunque con el foco bastante distante del materialismo histórico propio del marxismo, la idea guarda un parentesco lejano aunque intuitivamente familiar, como queda enseguida de manifiesto en el libro.

La vaca es sagrada en la India, y el cerdo un animal inmundo para judíos y musulmanes, aunque venerado en no sé tribus de Nueva Guinea. Estas ideas que, aunque conocidas, nos resultan bastante extrañas, tienen su origen en las necesidades materiales y las condiciones de vida de cada uno de los entornos. La vaca, aunque esté escuálida, mientras tiene vida proporciona leche y al menos en teoría es capaz de engendrar animales de tiro, vitales en explotaciones sin acceso a la tecnología. El cerdo es incapaz de regular correctamente su temperatura, y por eso se desenvuelve mal en el secarral del Medio Oriente. Por la razón contraria el problema no existe en Nueva Guinea, donde el cochino se reproduce en abundancia, es fuente inagotable de proteínas y es sabiamente utilizado para periodificar los usos de los bosques.

Estos condicionantes, tan pegados a la realidad material, son de tal importancia para la supervivencia del grupo que los usos y costumbres los han sacralizado o convertido en tabúes a lo largo de milenios. Es la base de ese materialismo cultural que defiende Harris y observamos desde las primeras páginas: las ideas no surgen de la nada ni de visiones espirituales, sino que nacen en base a las necesidades del grupo, para irse revistiendo poco a poco con un aura mágica o religiosa dejando su origen perdido en el tiempo

Esta proposición, tan nítida en los dos casos que acabo de comentar, se va desarrollando también en otras direcciones con características quizá algo menos evidentes: la célebre belicosidad de los yanomamo (alivio de la presión demográfica), la ceremonia del potlacht (necesidad de prestigio social), o las varias culturas que incorporan la expectativa de un advenimiento de riqueza material (lo que llama el cargo) o la llegada de un mesías liberador. Se diría que la idea básica del materialismo cultural va resultando más difícil de apreciar según se van analizando los casos, hasta resultar realmente confusa cuando se detiene en la persecución de la brujería en la Europa de la Edad Media.

La verdad es que los postulados de Harris resultan más que razonables, y muy interesante el análisis, que recuerda a ratos a los famosos trabajos de Malinowski en las islas Trobriand sobre grupos étnicos especialmente aislados (aunque el trabajo de campo parece ser casi siempre ajeno). Pero se queda uno con la sensación de que falta algo. Seguramente es verdad que todas estas manifestaciones culturales han tenido un origen material remoto, pero resulta difícil, incluso quizá incómodo, excluir de forma tan radical aspectos tan humanos relacionados con la imaginación o la espiritualidad, como la ideología, la religión o la mitología. Convicciones y valores que modestamente creo que están en la esencia misma de las personas, seguramente también mediatizadas por el entorno, la supervivencia o las experiencias, pero que pienso que tienen una consistencia propia.

Parece que Harris no lo ve así, y entonces aporta ese peculiar punto de vista, en mi opinión algo determinista y quizá también empobrecedor, que vertebra todo el texto, como decía antes en ocasiones de forma más nítida y en otras más velada. Desconozco el recorrido posterior que haya podido tener esta teoría, seguramente habrá tenido sus seguidores y detractores, con sus consiguientes polémicas doctrinales. Toda aportación novedosa en el mundo del conocimiento las ha tenido y casi todas han dejado cierta huella, aunque ninguna ha sido aceptada por entero y sin discusión. Y a lo mejor esto mismo contradice en alguna medida lo que defiende el autor.


viernes, 31 de julio de 2026

Amanda Petrusich: Pink Moon

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2007
Traducción: Patricia Valero
Valoración: bastante recomendable

Los grandes discos (incluso aquellos ignorados largamente en el momento de su publicación) suelen tener grandes historias detrás. Grandes, por eso, no significa que estas historias deban gustarnos. Pink Moon, disco del que Amanda Petrusich nos habla aquí, es una colección de canciones que apenas llegaba a la media hora, publicadas sin arreglo alguno tras su grabación, solo unas escasas notas de piano acompañaban la voz de Nick Drake y su guitarra interpretada a su particular manera. Su nula repercusión (como la de los dos elepés que le precedieron) agudizó los problemas mentales de su autor, que puso fin a su existencia y se incorporó al (por entonces) incipiente club de los veintiséis.
Con lo cual este libro no es un disco que profundice excesivamente en los mecanismos creativos que acabaron entregándonos esta parca colección de canciones folk cortas y casi esquemáticas. Si acaso, habla de la situación particular del músico, aislado voluntariamente, con una comunicación casi nula con su entorno, viviendo en casa de sus padres y consumiendo drogas, manteniendo una pose introvertida, no tímida ni arisca, simplemente alienado y profundamente deprimido ante su fracaso artístico, algo que en muchos casos lleva a otras situaciones (dejar la música, por ejemplo, como más de un triunfador debería haber hecho) pero que para Drake constituyó un obstáculo insuperable. Entonces este libro no se limita a ese ejercicio de investigación e indagación, es más bien un testimonio, completado con muchos otros, póstumos a la fuerza, que hablan de su influencia, de su descubrimiento tardío, de cómo de injusta es la industria, que convierte en la promoción, en el ruido que se sea capaz de hacer alrededor de un disco, en un elemento capital para que éste sea apreciado.
El libro dedica un extenso capítulo al hecho que catapultó el posterior ensalzamiento del músico inglés, cuando un equipo de creativos eligió la canción que le da título para protagonizar un anuncio de VolksWagen, cuestión que fiue autorizada por la hermana de Drake y que comportó cierta polémica. Aunque no solo en la música, también en la literatura (que se lo pregunten a Kennedy Toole) y, seguramente ahora más que nunca por los efectos de la globalización, se producen estos fenómenos, a los que siempre llegamos demasiado tarde.
Al margen de conocer el disco o el músico, un excelente texto que nos hace reflexionar sobre nuestra sociedad y los problemas de salud mental, uno más de los males de nuestro tiempo.

domingo, 19 de julio de 2026

Benjamin Markovits: Días de juego

Idioma original: inglés
Título original: Playing Days
Año de publicación: 2010
Traducción: Juan Nadalini
Valoración: entre recomendable y bastante recomendable

En la reseña de El resto de nuestras vidas, mi compañero Koldo mencionaba "la alargada sombra de Stoner. Hay algo de eso también en este segundo libro que leo de Markovits (eso sí, no tiene la profusión de los personajes universitarios, por lo que la carga/pretenciosidad intelectual se reduce al mínimo).

Esta es una novela prácticamente autobiográfica. Por lo que sé, el autor jugó básquet en la segunda división de Alemania con un talento que luego explotaría en la NBA (no lo menciona por su nombre, pero si uno rastrea sus descripciones es fácil de llegar a él), con la idea de ascender al equipo a la primera división. Aparte del talento, que se llama Karl, se encuentra con un grupo conformado de universitarios que ven al deporte como un hobby, de veinteañeros tardíos que se han dado cuenta que ser el mejor en su infancia no significaba nada a la hora de la verdad y de  un treintañero desesperado por tener otra oportunidad en las grandes ligas; todo esto aderezado por un entrenador dispuesto a explotar el talento de Karl para conseguir un puesto de trabajo mucho mejor (un personaje que va de más a menos; al principio tiene presencia y luego funciona más como una comparsa del equipo, aunque quizás esa era la intención de Markovits, el desligamiento de la figura paternal a lo largo del libro y de la madurez del narrador a la hora de asumir los golpes de la vida).

Cuando no está jugando al básquet (de las pocas veces que el relato de un partido de básquet, y acá se incluyen varios, se hace apasionante. Se nota que el autor sabe de lo que habla y ha reflexionado mucho sobre el deporte), el narrador, que se llama Ben (y que no tiene ningún problema en incluir el apellido real), pasea por Landshut, el pueblito, interactuando de vez en cuando con sus compañeros de equipo, recorriendo la naturaleza de los campos alemanes y espiando por la ventana a su vecina del complejo de departamentos. También discurre en ciertas reflexiones sobre la identidad del judío (pero no es un tema central, solo un poco de color sobre el personaje) y, lo más importante, la definición del talento, o lo que se considera talento según la zona en la que se encuentra uno. ¿Es lo mismo un talento local de una ciudad de cincuenta mil a un talento que se ha probado contra todos los equipos de un país de trescientos millones? ¿Cómo la psicología del que se cree talentoso se ve afectada cuando se da cuenta que siempre hay otro mejor?

En esta novela el paisaje y la relación con los alemanes cobra un poco más de protagonismo, no tanto como para intentar un retrato de ese pueblo, pero sí entreviendo, mientras el narrador establece una dinámica azarosa o conveniente con los demás (en un momento se queja de que es el único que pregunta y de que nadie se interesa por él), que el tormento o el conflicto pasa por el interior de Ben. Acá es donde se puede notar la sombra de Stoner, en el sentido de cierta resignación hacia lo que sucede, o un dejarse llevar por los hechos, como si no pudiera controlarlos y se comportara de forma apacible por ello. Hay, por supuesto, celos hacia el otro, no solo en cuanto a lo deportivo, sino también sexual (una de las tramas, que resulta algo floja por su indecisión de resolver la historia, es la del narrador siendo una especie de novio con la vecina del departamento, que resulta ser la ex del segundo mejor jugador del equipo y con una hija de tres años). Uno de los posibles títulos del libro podría ser Una felicidad menor, en cuanto que las pequeñas victorias no cambian nada, y los golpes de realidad son piñas esperables, que no terminan destruyendo expectativas infundadas.

Mientras leía la novela revisé varias veces la foto de solapa del autor. No es algo que suela hacer, pero la mirada afable e incluso tierna corresponde totalmente a mi imaginación sobre el narrador, alguien que aprendió rápido lo que ocurría en ese ámbito deportivo, la asimilación de sus limitaciones respecto a Karl (además de que otros le repiten constantemente que puede funcionar para segunda división y no mucho más) y el efectivo análisis de su talento a la luz de ojos ajenos. Es por ello que, sacando alguna trama como la mencionada, en la que parece más un intento de forzar algún tipo de conflicto emocional, y ciertas reflexiones que no corresponden a la unidad de la novela, deja una sensación de nostalgia y tristeza por lo perdido y encontrado, un espejo en donde uno se identifica con su niñez, con las ilusiones y sueños, y comprueba qué tan lejos ha podido (o querido) llegar respecto a la voluntad de ese anhelo personal e inimitable.

Más de Benjamin Markovits: El resto de nuestras vidas




jueves, 9 de julio de 2026

¡Giveaway! Kelly Link: A mí no me engañas

Idioma original: Inglés

Título original: Get in trouble

Traducción: Maia Figueroa Evans

Año de publicación: 2015

Valoración: Recomendable

(Para el Giveaway, ir al final de la reseña)

Como explicaré más abajo, llegué a Kelly Link por recomendaciones de internet mientras buscaba, específicamente, literatura de terror reciente. Grave error. Debí haberme quedado con las recomendaciones de ULAD, como deberían hacer todos ustedes. Que, por cierto, también me llevó a leer algunos libros muy buenos (Fundido a negro, Vivir abajo, Hex), pero ninguno era exactamente lo que yo estaba buscando.

A mí no me engañas reúne nueve cuentos que, estirando bastante la liga, podrían catalogarse dentro del género de terror. Aunque quizá sería más justo decir que son cuentos extraños, inclasificables: a veces con un tono cómico, fantástico, romántico, melancólico, a veces deliberadamente absurdo.

Todos los cuentos me parecen bien escritos. Se nota el talento de Kelly Link como narradora y entiendo perfectamente por qué tantos lectores la consideran una autora original. Sin embargo, acaso por su extensión, por su apuesta por la ambigüedad o por esa voluntad de no cerrar del todo sus historias, la mayoría me parecieron más ejercicios de estilo, o divertimentos muy sofisticados, que cuentos verdaderamente sólidos.

Entiendo que la ambigüedad puede ser necesaria cuando se quiere crear una atmósfera de aprensión. No todo misterio debe resolverse. Pero en muchos de estos cuentos sentí que la ambigüedad no intensificaba el horror, sino que lo sustituía. Las historias comienzan enrarecidas, avanzan con elegancia, acumulan elementos sugerentes y luego terminan más o menos en el mismo estado en que empezaron: sin un clímax claro, sin una transformación significativa y sin una consecuencia emocional realmente contundente.

Quizá el problema fue de expectativas. Yo llegué buscando un libro que me asustara, que me incomodara, que me obligara a prender la luz con cierta vergüenza. En cambio, encontré una colección inteligente, imaginativa y literariamente cuidada, pero mucho más interesada en la rareza que en el miedo.

Por cierto, la portada es horrible. No le hace justicia para nada a los cuentos.

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Aprovecho esta reseña para hablar un poco más sobre el horror como género literario.

Más allá del objetivo comercial de clasificar la ficción en distintos géneros, estas etiquetas resultan útiles cuando uno busca una experiencia específica. Si uno quiere echarse una lagrimita, ahí está el drama; si lo que busca es descubrir nuevos mundos y escapar de la realidad, la fantasía cumple muy bien su función. Pero yo me pregunto: ¿qué ha pasado con el horror?, ¿cuál es su objetivo en la actualidad?

No podemos negar que a nadie mayor de ocho años le da miedo Chucky, el muñeco diabólico, o Drácula. Cthulhu sirve más para generar mercancía de pulpos kawaii que para producir angustia cósmica, y Stephen King, más que asustarnos, parece a veces empeñado en explorar un catálogo de obsesiones sexuales bastante cuestionables.

Recuerdo esos años inocentes en los que películas como El aro o El exorcista sí lograban perturbarme. Pero, fuera del recurso barato del jump scare, me cuesta trabajo recordar alguna película reciente que realmente me haya dado miedo. Quizá Hereditary consiguió provocarme cierta aprensión. Pero incluso Obsession, que a mi gusto está sobrevalorada, me parece una creepypasta glorificada.

Y si las películas, con todos sus estímulos visuales y auditivos, apenas consiguen arrancarnos sobresaltos ocasionales, ni qué decir de la literatura, que depende casi por completo de la imaginación del lector.

Por eso me di a la tarea de buscar ficción de horror reciente, para ver si todavía le hacía honor a su género. Sin embargo, lo primero que encontré fue que el horror, por sí solo, parece ya no ser suficiente. Muchas obras necesitan mezclarse con otros elementos (humor, drama familiar, crítica social, investigación criminal, trauma psicológico) para volver más llevadera la lectura o para justificar su existencia más allá del simple intento de provocar miedo.

Tal vez el problema no está del todo en los libros. Tal vez el problema soy yo. Quizá la desensibilización producida por todo lo que veo a diario en internet ya me tiene el cerebro frito. Las escenas supuestamente perturbadoras, cuando no me parecen aburridas, terminan interesándome por otras razones: por la prosa, por la atmósfera, por el comentario social, por la construcción de personajes. Eso me pasa, por ejemplo, con los cuentos de Mariana Enriquez.

Tengo, por lo tanto, algunas opiniones concretas sobre el género de horror:

  1. El horror propiamente dicho (es decir, aquel cuyo objetivo principal es generar miedo en el lector) es, en realidad, un subgénero de la literatura infantil. Dicho de otro modo: solo los niños se asustan de verdad.
  2. El horror es un género muerto, como las epopeyas.
  3. El horror es (y tal vez siempre lo ha sido) una etiqueta que ha terminado por significar que una obra incluye ciertos elementos reconocibles: muerte, locura, monstruos, posesiones, casas embrujadas, cuerpos mutilados, entidades inexplicables, etcétera. Sin embargo, esos elementos pueden utilizarse para evocar muchas emociones distintas (incomodidad, tristeza, repulsión, fascinación, angustia) sin que necesariamente produzcan miedo.
  4. Soy un ignorante y simplemente no he leído una obra de terror realmente buena, por lo que más me valdría cerrar la boca.

Y como no estoy cerrado a la posibilidad de que este último punto sea el correcto, decidí hacer este giveaway.

Quiero leer un libro que de verdad sea aterrador, perturbador, angustiante; uno que me obligue a aceptar que el problema no era el género, sino mi ignorancia. Así que esta vez la recomendación vendrá de ustedes.

Estos son los términos y condiciones:

  1. Escriban en la sección de comentarios el título y el autor del libro que recomiendan.
  2. Leeré todos los libros que mencionen. Además, reseñaré en el blog aquellos que todavía no estén presentes.
  3. La persona que recomiende un libro capaz de generarme auténtico distrés emocional, miedo, incomodidad o una crisis existencial medianamente respetable, será acreedora a un libro o manga de su elección enviado desde Japón*.

Así que ya saben: dejen sus recomendaciones. En breve les contaré cómo termina este experimento y si termino aceptando públicamente que he estado hablando desde la más absoluta ignorancia. De no lograr su objetivo, todos los que dejen recomendaciones, sepan que me hicieron perder mi tiempo.

* Limitado a países de habla hispana donde llegue el servicio del Express Mail Service (EMS).

lunes, 22 de junio de 2026

Steven Johnson: Las buenas ideas

Idioma original: inglés

Título original: Where Good Ideas Come From

Año de publicación: 2010

Traducción: María Sierra

Valoración: muy interesante

Pues una lástima que llevemos más de una década sin que este escritor haya publicado más ensayos como este Las buenas ideas. Un misterio que debería desentrañar, aunque quizás el libro contenga las respuestas a este silencio de forma algo inquietante.

Este magnífico ejemplar va más allá de meras recomendaciones que siempre pueden ser subjetivas o incluso efímeras. Steven Johnson selecciona (lo cual no deja de ser un posicionamiento) una serie de conceptos que han permitido a la humanidad consolidar avances. Inequívocamente todas estas ideas acaban confluyendo en los aspectos que tienen que ver con tecnología, y la mayoría en aspectos científicos que hoy acaparan nuestro día a día, pero que partieron de una primera iniciativa (muchas veces colectiva, casi coral) que puso los cimientos, que sirvió de punto de partida.

Los conceptos que Johnson incluye en su texto tienen puntos en común que explican que todos los avances hayan experimentado colosales aceleraciones entre el siglo XX y el XXI. Johnson insiste mucho en la importancia de la colectividad, de la ebullición de elementos en convivencia, y como urbanita, me ha gustado que incida en la importancia de las ciudades como factor clave, en la coexistencia como detonador de las innovaciones, partiendo de la creatividad individual que se integra con otras y genera poderosas alianzas que hacen avanzar al colectivo. Aquí se habla sobre la evolución de las especies, sobre la imprenta, sobre Internet, sobre incubadoras, sobre Darwin y sobre Brian Eno, y Johnson sabe tejer un magma unificador, sabe aislar elementos comunes que identifican esos avances, sin descartar a veces la suerte o la casualidad, desde una óptica de un descabellado sentido común y un estilo narrativo que aúna lo abstracto o conceptual con aquello que al lector profano (pero curioso) puede parecer palpable y concreto. Importante, cuando se trata de divulgar, alejarse de los conceptos excesivamente complejos. Johnson lo consigue, y este libro es una maravilla.

Y ya puestos a divulgar, supongo que las ideas "grandes" podemos homologarlas con las buenas, ?no?




martes, 16 de junio de 2026

Fight Combo: Douglas vs. Ressler

Como uno de los muchos seguidores (ya casi nostálgicos) de la serie de Netflix Mindhunter (1), después de verla por primera vez me dediqué a investigar un poco sobre los investigadores reales del FBI que habían inspirado a los personajes de Holden Ford y Bill Tench. A uno de ellos, Robert Ressler, en el que se basa el bueno de Bill, ya lo conocía de un reportaje que vi hace tiempo en RTVE. Del otro, John Douglas -Holden Ford, para entendernos- no tenía noticia, pero resulta que es quien escribió el libro, junto al cineasta y escritor Mark Olshaker, que dio pie a esta serie ya de culto. También Ressler, por su parte, ha escrito varios libros, pero junto a Douglas y a Ann Burgess -la enfermera psiquiátrica que se supone inspiró a la doctora Wendy Carr de la serie- tan sólo el "manual" Homicidio sexual: patrones y motivos, de 1988. Es más, en las entrevistas  de ambos que leí no hacían ninguna referencia el uno del otro, pese a la estrecha vinculación que se les puede suponer, habiendo vivido juntos momentos tan intensos en sus entrevistas a los asesinos más pavorosos, en su época, de Estados Unidos. Así que me dije "cuate, aquí hay tomate" y no sólo el de la portada del libro de Douglas, por lo que, cuando he tenido oportunidad, he leído un libro de cada uno (tienen varios) para ver si lograba dilucidar esta curiosidad mía... Bueno, y por si había salseo, tampoco os voy a engañar.


Idioma original: inglés

Título original: Mindhunter. Inside the FBI elite serial crimen unit

Año de publicación: 1995

Traducción: Ana Guelbenzu

Valoración: bastante recomendable

Se supone que, de la pareja de investigadores del FBI que,  a finales de los 70, comenzaron a llevar a cabo entrevistas a los presos más violentos de EE.UU., sobre todo asesinos masivos y en serie, y que desarrollaron el trazado de perfiles de autores de crímenes, John Douglas -igual que Holden Ford- era el más egocéntrico y deseoso de atención de los dos. Por tanto, comencé la lectura del libro con cierta prevención... Y es cierto que se trata, en buena medida, de una autobiografía y, sobre todo, un recorrido por la carrera profesional del señor Douglas -con fotos al final del libro, por si fuera poco- ; los primeros capítulos, por ejemplo, se dedican, de una manera innecesariamente exhaustiva, a contarnos su infancia y juventud, su poco fructífero -al menos, en lo académico- paso por la universidad y su más aprovechado servicio en las Fuerzas Aéreas (en las que no vio un avión ni mucho menos un combate ni en pintura). Pero el caso es que, ya sea por la simpatía del autor o por el buen hacer del otro coautor, para cuando nos metemos en la harina criminal, Douglas ha conseguido caer bastante bien al lector (al menos en mi caso) y a partoir de ahí ya todo es remar a favor de corriente. 

Su paso como agente de calle en Milwaukee tiene cierto interés (es curioso pensar, además, que pudo cruzarse alguna vez por la calle con un jovencito Jeffrey Dahmer), pero es cuando pasó a la célebre Unidad de Ciencias del Comportamiento de Quantico cuando el libro toma vuelo y asistimos, aunque de forma más directa, a lo que los espectadores de la serie ya conocemos de sobra: las entrevistas a Ed Kemper, Charlie Manson, Jeff Brudos, Richard Speck, Berkowitz y demás star system del "serialkillismo"... Puede resultar muy interesante, por cierto, para los fans de la serie, comprobar cómo determinadas escenas o giros de guión ya están presentes en el libro, aunque en ocasiones de una forma diferente o con otros protagonistas. Pero pronto Douglas -bueno, y Olshaker- se pasa al tema que realmente le interesa: cómo se pueden utilizar todo el estudio que hicieron del comportamiento de estos criminales y el desarrollo del análisis de perfiles para la identificación y captura de otros asesinos, a ser posible antes de que hagan más daño. Los autores nos muestran un montón de ejemplos, empezando por un terrible suceso que también aparece en la serie: el asesinato de decenas de niños negros en Atlanta a comienzos de los años 80; pero también encontramos  muchos otros casos, de una variada tipología, desde violadores y destripadores a envenenadores de fármacos, secuestradores, acosadores de políticos, etc. Toda una fiesta del crimen, vaya... Hay que decir, en honor de Douglas, que en el último capítulo reconoce que sus métodos no son infalibles y que, por desgracia, no siempre se consigue atrapar a los psychokillers más peligrosos. Como ejemplo, pone dos casos en los que trabajó, sin éxito: el del llamado asesino de Green River y el de BTK, en el Medio Oeste. aunque debo hacer ver, sin embargo, que cuando Douglas y Olshaker publicaron este libro, estos dos asesinos (de lo peorcito que ha habido en el panorama de los serial killers, si cabe hacer una clasificación) aún no habían sido atrapados, pero unos años más tarde, por suerte, sí que lo fueron. Es obligado señalar que, pese a la fama de estrellita que se le suele atribuir a Douglas (aparecía de vez en cuando en la tele y fue asesor de películas como El silencio de los corderos), da la impresión de ser un tipo con los pies en la tierra sobre el crimen, ni "buenista" -ha visto demasiado para confiar en la bondad humana-, ni tampoco partidario de la mano dura sin más. Más bien considera que muchos criminales no habrían llegado a serlo si hubieran crecido en un entorno familiar estable y feliz, si hubiera un sistema adecuado de servicios sociales para poder detectar los problemas y encauzarlos adecuadamente, y si muchos hombres (que son la inmensísima mayoría de los criminales de este tipo) no viviesen inmersos en un estado de frustración y en un complejo de inferioridad permanente, de tal forma que sus anhelos de control y poder están en la raíz de tantas violaciones y asesinatos.

Porque, incluso para un señoro heteropatriarcal, etc. como soy yo, el testimonio de este otro más que señoro (pues cuenta ya con más de 80 años) no deja de resultarle, al fin y al cabo, como una especie de parte de guerra contra las mujeres. Quitando, por ejemplo, el ya mencionado asesinato de niños de Atlanta y algún que otro caso en el que se dio muerte a varones, aunque como "daños colaterales", si se me permite tan desalmada expresión, la sensación que deja el libro es la de ser una crónica de un feminicidio más sistemático de lo que parece, llevado a cabo por los miembros más extremistas (el "brazo armado", por decirlo así) de una sociedad profundamente misógina. Niñas, mujeres adultas, ancianas, estudiantes, prostitutas... Da igual la tipología de las víctimas, ya sea según la edad o "factor de riesgo" (este concepto es un tanto escurridizo, pero es innegable que una trabajadora sexual tiene más posibilidades de ser atacada que, por ejemplo, una maestra de escuela); el mundo parece decidido a meter a sus mujeres en cintura y para hacerlo suelta de vez en cuando a sus "perros locos" (figuradamente, quiero decir, pues Douglas no piensa que la mayoría de estos asesinos estén locos, en un sentido legal del término).

Visto para sentencia (es un decir) Mindhunter, vamos ahora con otro libro escrito por la pareja profesional de Douglas, Robert Ressler, esta vez junto al escritor Tom Shachtman:

Idioma original: inglés

Título original: I Have Lived in the Monster-

Año de publicación: 1998

Traducción: María Faidella

Valoración: entre recomendable (para interesados) y está bien

Para ser riguroso, debería haber leído El que lucha con monstruos, libro de Robert K. Ressler (el Bill de la serie, para entendernos), en el que explica todo este proceso de investigaación, las entrevistas con asesinos, etc. Es decir, el equivalente al libro de Douglas... así que, por no repetir exactamente lo mismo y tener una visión complementaria del asunto, me decanté por este Dentro del monstruo, en el que Ressler -también junto a otro escritor digamos "profesional"- nos cuenta su carrera como consultor privado, una vez jubilado del FBI (bueno, por no repetir los temas y porque éste es el libro suyo que encontré, no os voy a engañar). Por cierto que, año igual que el otro libro reseñado, éste éste cuenta al final con una serie de fotos ilustrativas, alguna de las cuales bien se podrían -o incluso debería- haber ahorrado.

He de decir que este libro es un tanto más desorganizado que el de Douglas y Olshaker (aunque repito que la comparación adecuada debería ser con El que lucha con monstruos-; en principio, en él Ressler hace un repaso a los casos más señeros en los que ha intervenido, de una forma u otra, desde que dejó el FBI, tanto en EE.UU. como en Europa, Japón y Sudáfrica. No todos esto casos, en realidad, se refieren a lo que conocemos como "asesinos en serie" (término acuñado por el propio Ressler, si bien parece que recogiendo la idea de un investigador alemán del periodo de entreguerras), sino que nos habla también de casos de parricidio, los atentados con gas sarín en el metro de Tokio, algún homicidio imprudente bastante lescandaloso, etc. Aunque la parte mollar del libro sí que está dedicada a los serial killers, tanto con una historia o relación de los mismos antes de que la Unidad de Ciencias del Comportamiento se pusiera a estudiarlos como con dos entrevistas de lo más llamativas, a los más que célebres John Wayne Gacy, el "Payaso Asesino" -que, curiosamente, había vivido en el mismo vecindario que Ressler durante su infancia y juventud- y el apuesto galán que aparece en la cubierta del libro, el llamado "Carnicero de Milwaukee", Jeffrey Dahmer, uno de los asesinos en serie que más atención ha recibido en los ultimos tiempos, inspirador de novelas, series de televivión y cómics. precisamente la inclusión de estas entrevistass a dos asesinos cuyas víctimas eran varones jóvenes y también que se nos cuente otros casos similares, como el del asesino de hombres gays de Kensington o el de adolescentes negros en Ciudad del Cabo ace que, con este libro la sensación de estar leyendo la crónica de un feminicidio no sea tan intensa como con el otro (en este último caso, además, parece que nos encontremos ante una especie de "metasesino", que se guía por las indicaciones que encuentra, justamente, en otros libros de Ressler).

En general el libro de Ressler y Shatchman no parece tan bien organizado, cronológica y temáticamente, como el de Douglas y Olshaker (repito que quizás el equivalentew será más bien su otro libro, anteriormente citado); si bien denota una mayor profundidad en el análisis psicológico, el conjunto da una sensación más de un cúmulo de "batallitas" contadas por un señor jubilado -batallitas sobre investigaciones criminales y asesinos en serie, claro, que no es que se dedicara a contemplar obras-, preocupado, sobre todo, por dejar bien limpio su nombre en el tema de sus actividades como consultor. A este respecto, es muy puntilloso, por ejemplo, al exolicar su actuación en el caso del asesinato de una joven madre en el parque de Wimbledon Common, en Londres, en el que una añagaza del periódico sensacionalista The Sun le puso en un situación incómoda. pero, sobre todo, busca responder a las críticas que, por lo visto, le hacían algunos de sus antiguos compañeros del FBI, porque sus servicios de experto a veces eran requeridos por las defensas de los presuntos asesinos -es el caso, por ejemplo, de lo ocurrido con Dahmer, aunque en ese caso, lo que trataba de probar la defensa no era su inoncia, sino que el tipo estaba totalmente cucú bananas enajenado a la hora de cometer sus crímenes-; de ahí que en un momento determinado afirme que  "los celos profesionales son duraderos y no es fácil erradicarlos". Por si no quedaba claro lo que habia escrito unas páginas antes: "Algunos antiguos colegas míos del FBI han hecho circular que he ido en busca de trabajos como 'testigo experto' (...)". Cosa que él se preocupa mucho de desmentir una y otra vez.

Si se refierea de esta forma a su ex-compi John Douglas es difícil de decir, puesto que en todo el libro Ressler sólo lo menciona en una ocasión. Douglas, en cambio, sí que habla varias veces de Ressler, aunque como si se tratara de un colega más de la Unidad, como también menciona a muchos otros -Roy Hazelwood, Park Dietz, etc.-,  no tanto como el compañero de tantas horas de viaje a lo largo y ancho de EE.UU. y, sobre todo, el que se había metido con él en pequeñas salas de un montón de prisiones a entrevistar a los asesinos más temibles que se conocían por entonces (quiero decir, fuera de los que podían encontrarse en el gobierno y las Fuerzas Armadas de su país). En algún momento difiere de la opinión de Ressler con respecto a la salud mental de Jeffrey Dahmer y menciona, como quien no quiere la cosa, cierto juicio de asesinato en Seattleen el que los dos iban a declarar, en lados opuestos del proceso penal y, por lo que sea, Ressler decició no hacerlo... 

Por otro lado, en El que lucha con monstruos (aunque repito que no lo he leído) al parecer Ressler contradice en algunos detalles la versión de Douglas de a quién se le ocurrió qué en sus entrevistas con diversos serial killers... En fin, digamos que, sin que se expliciten sus diferencias y tampoco ninguno le falte al respeto al otro, parece claro que, a partir de un determinado momento no había lo que se dice el mejor de los rollos entre ambos. Lo que no sé es que pudieron pensar sobre los personajes de la serie que inspiraron sus figuras: bueno, perdón, en realidad, sí sabemos lo que pensó Robert Ressler: nada en absoluto, porque falleció en 2013, antes de que se rodase dicha serie. En cuanto a John Douglas, lo único que he podido encontrar es que no le parecía mal (aunque quien la haya visto seguramente encontrará al personaje de Holden Ford brillante, pero también bastante más cargante que el de Bill Tench... es decir, Ressler). Pero Douglas tiene ya 80 años y probablemente y más aún después de loq ue ha visto, se encuentra ya por encima de las vanidades del mundo (no se puede decir lo mismo de todos los señoros norteamericanos de su generacíón... y que cada cual piense en quien quiera). 

(1) Para los "muy cafeteros": sabed que, si bien parece que la serie no tendrá continuación como tal, de vez en cuando si que salen rumores de que David Fincher podría dirigir una o varias películas-secuelas de la misma... Crucemos los dedos, a ver si es cierto.

(1 bis) Para los "muy pero que muy cafeteros" le podéis echar un ojo, si no lo habéis hecho ya, a otra serie de Netflix, la muy cinéfila a la par que repugnante  Monstruo: la historia de Ed Gein, sobre este célebre asesino -entre otras cosas-, y en concreto, al final de la misma (el chivatazo hay que agradecérselo a Oriol, por cierto).

lunes, 15 de junio de 2026

Caro Claire Burke: Yesteryear

Idioma original: inglés
Título original: Yesteryear
Traducción: Mar García Puig para la editorial AdN
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Salir de la zona de confort, adentrarme en una lectura que nunca habría imaginado pero que, por las opiniones favorables con las que me encontré, decidí lanzarme a ello. Quinientas páginas por delante de atrevimiento. Resultado: un total enganche a una historia que me ha sorprendido totalmente, pero no por lo que esperaba encontrarme. Veamos el porqué.

Si nos fijamos en la contracubierta, encontramos un gran gancho a nivel argumental, algo habitual en distopías: una analepsis (o salto temporal al pasado) que disrumpe una situación de manera brusca e inesperada. Es un recurso siempre útil para despertar la curiosidad del lector y que, en este caso, funciona a la perfección, pues que la protagonista se encuentre de golpe más de un siglo y medio atrás en el tiempo es un anzuelo al que es difícil resistirse. Pero esto no sería suficiente por sí solo para mantener la atención durante casi quinientas páginas sin algo más de sustento y aquí es donde la estructura del libro y sus diferentes capas de temática tratada le dan el soporte necesario para que la lectura sea una experiencia interesante.

Empieza el libro con una primera fase de impacto: «este es el último día de la vida que imaginé para mí». Este inicio ya es un claro ejemplo de lo que el libro pretende conseguir: una búsqueda constante al enganche del lector a la historia. A partir de ahí, conocemos a Natalie Heller Mills, la protagonista casi absoluta del relato, quien nos narra en primera persona su vida marcada por una estricta disciplina planificada y ejecutada al milímetro. Todo parece calculado en su día a día, perfectamente perimetrado, viviendo en su propia granja «enclavada entre dos cadenas montañosas de Idaho» con Caleb, su marido, cuyo padre era el último senador de una larga Estirpe de senadores de Estados Unidos y quien se encuentra actualmente trabajando en presentar su candidatura presidencial por tercera vez. Natalie, por su parte, se considera «una mujer cristiana, impecable (…) la esposa que todo hombre quería tener esperándolo en casa» y que a sus treinta y dos años se encuentra embarazada de su sexto hijo. Además, como buena ama de casa de modelo tradicional, sus hijos están escolarizados en casa para asegurar que aquello que se les enseña es realmente lo que es necesario para ellos (según su sesgada opinión) porque Natalie es una tradwife en toda regla; desde su nacimiento ha vivido con esos ideales que defiende a capa y espada, como cuando afirma, ya de joven ante su futuro marido en su primera cita, que «quiero una granja. Con gallinas.  Quiero vivir cerca de mi madre. Quiero vistas a las montañas desde la ventana de mi habitación, y me gustaría estudiar teología. A tiempo parcial, por supuesto, y solo cuando los niños hayan crecido». Así vive en una aparente idílica vida (o al menos lo podría ser para las mujeres de costumbres más tradicionales), aunque con un peaje a pagar nada baladí por haber convertido su forma de vida en su negocio: estar constantemente expuesta a los ojos de todo el mundo a través de Instagram donde muestra cómo es su vida y la de su familia en la granja, lo que le proporciona abundantes emolumentos y la manera de ganarse tan opulenta vida. Claro está, que sus vídeos no muestran el conjunto de cámaras que filman cada uno de los minutos de su existencia de marcado tinte tradicional, ni los empleados que los ayudan en las diferentes y arduas tareas que la vida de una granja implica ni las disputas internas familiares para conseguir que todos expongan su más perfecta sonrisa. Porque evidentemente, como ocurre a menudo en Instagram y ella no es la excepción, todo es una fachada detrás de las imágenes que muestran las cámaras; la vida real de la protagonista y su familia es radicalmente diferente para Natalie y su familia detrás de las bambalinas del “teatro” que ha orquestado y que los expone a un "gran hermano" perpetuo lo cual desencadena (principalmente a ella) múltiples contradicciones internas debidas a la necesidad de sostener un equilibrio altamente inestable sin que todo se desmorone evitando que caiga como el castillo de naipes que ha construido con la ayuda de sus seguidores y también no pocos detractores feministas. Y es que, en el fondo, tampoco ella se encuentra muy cómoda con su vida, aunque se esfuerza en que las apariencias sometan a la realidad. Todo esto funciona en su vida, más o menos, hasta que, de golpe, un día cualquiera, se despierta en su propia casa con su familia, pero con una extraña sensación de que esa no es su casa ni esa es su familia. Tampoco parece haber electricidad y todo es muy diferente a lo normal. Demasiado diferente. Porque cuando de golpe topa con una fecha tallada que indica 1855, todo se desmorona al encontrarse «como en una máquina del tiempo (…) como una versión magullada y golpeada de mi vida». Así, su artificiosa vida se ha vuelto real de golpe. E ignora el porqué.

Trazada ya la premisa argumental, con la inevitable pregunta de qué ha sucedido, cómo y por qué, la autora es muy hábil en su desarrollo, pues simultanea la narración en tiempo presente con episodios del pasado que nos ayudan a entender su camino evolutivo desde la infancia hasta la edad adulta y su matrimonio. Por ello, el libro nos sorprende por su argumento inicial, pero también por la facilidad con la que te atrapa en la lectura. Y es que más allá del misterio en sí que supone el planteamiento, el libro expone de manera clara los problemas y las contradicciones de las tradwifes y los valores que defienden, y son las situaciones con las que se encuentra Natalie las que sirven en el fondo para criticar todo un sistema construido en torno al patriarcado, construyendo un relato en el que la crítica abunda y en el que deja a la gente retrógrada como ignorantes, catetos y personas altamente influenciables por los vídeos de YouTube y las comunidades digitales, en los que las teorías poco rigurosas científicamente tienen cabida y alta difusión. Así, el libro lanza una ácida crítica sobre las redes sociales, lo que muestran y lo que no, y que Natalie en su faceta de Instagramer exitosa e influyente justifica en que «lo que nosotras les ofrecíamos era lo mejor a lo que podían aspirar: pequeños instantes en los que vivir otra vida». De igual manera, profundizando en las diferentes capas que tiene el libro y en sus diferentes estratos de denuncia, el libro trata también sobre la confianza, el respeto, las ilusiones y las decepciones, el contraste entre lo que se muestra y la realidad, así cómo sobre la forma en que nos sentimos arrastrados por la inercia a una vida de la que no sabemos escapar, a pesar de que hay puertas entreabiertas que cruzamos pero ante las que cerramos los ojos creyendo que mejores oportunidades llegarán. 

De manera muy lograda, la autora consigue que todos estos elementos de denuncia encajen con un altísimo ritmo que engancha al lector sin oponer resistencia y con un tono ácido que invita a odiar a sus personajes a la vez que nos provocan cierta compasión algo que nos mantiene enganchados constantemente a la duda sobre si se merecen lo que les ocurre o nos tendríamos que sentir mal por ellos. Quién sabe si, en el fondo, lo que le sucede al lector es una metáfora perfecta respecto a los contenidos de las redes sociales: un gancho perpetuo y continuo a la tragaperras de dopamina internauta que busca saciar nuestro apetito de sorpresas y alegrías mientras devoramos página tras página, cuál scroll infinito. Porque más allá de la temática y de la analepsis planteada, la estructura del libro en la que mezcla constantemente (y en ocasiones de manera abrupta) momentos de la adolescencia y postadolescencia de la autora, la entrevista con una periodista, la historia del pasado y el presente con tanta rapidez, crea una sensación de cierta ansiedad en querer saber más sobre la historia (lo que contribuye sin duda a generar cierta adicción). Y, además, exponiendo con habilidad una crítica social a diferentes niveles: la pérdida de valores, la necesidad de la educación, los roles de poder en las familias, la machoesfera, las teorías conspiranoicas, la diferencia de clases, la vida moderna versus la antigua, pero especial y radicalmente, la vida expuesta de manera continua en las redes sociales y el impacto que causan en uno mismo y en los demás; la atracción de las redes, para el que lo observa, pero también para el que debe mostrarse, día sí y día también, para satisfacer a sus seguidores, el mundo creado de manera virtual en contraposición con lo que ocurre entre bambalinas y las consecuencias de tal contraste. Así es como la autora consigue engancharnos y conseguir que en poco tiempo terminemos un libro de casi quinientas páginas. Lo que ya no sé es si la velocidad con lo que lo devoramos será parecida a la que permanecerá en nuestras memorias. Dios dirá, como diría Natalie. Pero de momento aquí hemos llegado y pasado a la vez un buen rato. Que no es poco.

P.D.: Evidentemente, ante tal arriesgada apuesta, una de las claves es el final del libro que puede dar lugar a muchos debates y comentarios. Pero aquí, y por respeto a los lectores, no hablaremos de ello. Y agradecería que los posibles comentarios respeten y compartan también esta elección.


martes, 2 de junio de 2026

Pearl S. Buck: Un corazón orgulloso

Idioma original: Inglés
Título original: This Proud Hert
Traducción: Carmen Francí
Año de publicación: 1938
Valoración: Muy recomendable

Un corazón orgulloso lo escribió Pearl S. Buck, la primera Premio Nobel de Literatura estadounidense, y se publicó el mismo año en que la autora recibió el prestigioso galardón de la Academia Sueca. Me ha parecido un novelón, cuya exquisita factura y conmovedor fondo deleitarán incluso al lector más exigente. 

Narra la historia de Susan, una mujer alegre, bella y habilidosa, dotada particularmente para la escultura. Buck nos presenta a Susan de joven y luego nos cuenta cómo se relaciona con su familia, sus amistades y su marido, cómo trata de encajar con los demás y conocerse a sí misma, cómo tiene dos hijos, aprende su oficio, supera un duelo, se muda a otro país, se casa por segunda vez, halla un propósito y elabora sus propias obras.

Admito que las primeras cincuenta páginas de Un corazón orgulloso no me estaban convenciendo demasiado. Y es que, pese a que la novela está magníficamente redactada, tiene un elenco portentosamente trazado y explora temas de lo más estimulantes, al inicio me costó conectar con su protagonista. A fin de cuentas, Susan me parecía un personaje excesivamente perfecto.

Afortunadamente, Buck elude hábilmente la tentación de volver a Susan una "Mary Sue". Junto a sus numerosas virtudes y talentos, nos muestra también su vulnerabilidad (caracterizada por su miedo a ser percibida diferente o a no ser capaz de hacer todo lo que desea) o cómo otros personajes la cuestionan y confrontan. Así pues, a medida que la protagonista de Un corazón orgulloso va cobrando cuerpo resulta más sencillo empatizar con ella y, ya en el primer tercio de la obra, no sólo se ha ganado nuestro cariño, sino que nos ha convencido de que su grandeza es legítima.

Resumiendo, Un corazón orgulloso me ha encantado. La elegancia de su prosa, su capacidad para comunicar mucha información con imágenes y gestos (Michael arrancando el tirador de la puerta al abrirla, Susan cambiando el vestido de marta que le han regalado por una vieja bata azul, etc...), sus críticas al machismo de la época, su exploración de las ventajas e inconvenientes que conlleva ser esposa y madre, y la autenticidad de sus diálogos y reflexiones en torno al arte me han seducido. 

Asimismo, su elenco me ha parecido extraordinariamente tratado, ya que la novela otorga relevancia y profundidad a todos sus personajes (incluso a los secundarios más discretos, como la abnegada y servicial Jane), a la par que traza sinergias fascinantes entre ellos (mi favorita es, sin duda, la que mantienen Susan y su hermana Mary).

Para ir terminando, si tuviera que ponerle alguna pega a Un corazón orgulloso sería que reitera en demasía ciertas ideas (que Susan se siente distinta, que Mark se considera indigno de ella, etc...), aunque reconozco que jamás llega a hacerlo machaconamente, ni insultando la capacidad de retención del lector.

De modo que leed Un corazón orgulloso y permitid que su historia os atrape y que Susan crezca en vosotros. Buck ha conseguido escribir un personaje que roza la perfección pero aun así resulta verosímil y se gana nuestra simpatía, cosa que es a todas luces admirable. 

sábado, 23 de mayo de 2026

GennaRose Nethercott: Bestias, espacios y fábulas de lo extraño

Idioma original: Inglés
Título original: Fifty Beasts to Break Your Heart: And Other Stories
Traducción: Sarai Herrera / Sergio Chesán / Pau Losada Ham-man
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable

Es bien sabida mi admiración por la llamada literatura de lo extraño. Así que ya os podéis imaginar mi alegría al descubrir que la editorial Horror Vacui había publicado un libro de esta temática.

El libro en cuestión se titula Bestias, espacios y fábulas de lo extraño. Compila catorce relatos de GennaRose Nethercott, escritora estadounidense cuya obra destaca por entremezclar el folclore, la mitología y el surrealismo con las plantas y los animales.

Bestias, espacios y fábulas de lo extraño es una inmejorable puerta de acceso a la narrativa de Nethercott. A fin de cuentas, los relatos de este volumen permiten conocer íntimamente a la autora, su prosa, sus inquietudes, su imaginario y sus personajes (eminentemente femeninos, o bien perversos o bien desgarrados por el desamor).

De la narrativa de Nethercott destacaría lo creativo de sus formatos, lo imaginativo de sus argumentos, personajes y mundos, el trasfondo conceptual, metafórico y emocional (sobre todo metafórico y emocional) de sus historias y la belleza de su estilo.

Llegados a este punto, analicemos uno a uno los relatos de Bestias, espacios y fábulas de lo extraño:

En "Atardecer en la escalera eterna", una peculiar atracción de carretera provoca un extraño comportamiento en una chica joven que trabaja allí, para desasosiego de una compañera que siente atracción por ella. Me gusta el escenario de este relato, que parece sacado de un creepypasta (su geometría imposible, la influencia que ejerce sobre los humanos...), el personaje de Harebell y la forma en que Nethercott plasma la convivencia de lo fantástico con lo cotidiano. Por otro lado, la ejecución global de esta pieza me ha parecido menos pulida que en otras del volumen (por ejemplo, su argumento se antoja en ocasiones algo desordenado y disperso).

En "Abecedario de la adivinación", un grupo de niñas, perversas y con habilidades de brujas, atormentan a una nueva compañera de clase. Retorcida alegoría del bullying escolar, me ha gustado su formato (una serie de párrafos encabezados por distintos métodos de adivinación, como alomancia, bibliomancia o ciclomancia), su narración en primera persona (¿debemos fiarnos de lo que dicen estas niñas?) y su final, aunque el relato en conjunto no me ha acabado de convencer, quizá porque me ha parecido algo más largo de lo estrictamente necesario y porque el inicio y el nudo palidecen al compararlos con el clímax.

En "El niño de hilo", un niño de hilo creado por un brujo se emancipa cuando alcanza cierta edad y entonces conoce a personas y experimenta cosas que, aunque pueden llegar a doler, le hacen crecer. Fábula tierna y preciosa sobre la vida y lo agridulce de madurar y rememorar.

En "Mandíbula de zorro", una mujer lamenta que su amante la haya abandonado. Conmovedora meditación en torno al desamor cargada de tristeza, sensibilidad e imágenes de lo más intuitivas, que tiene una lectura literal y otra de carácter alegórico. 

En "La guerra de la Niebla", una niña relee las notas de su padre, un académico de un pequeño pueblo, y al hacerlo desenmaraña tanto hechos históricos como sus confusos sentimientos hacia el estenógrafo de su progenitor. Relato que se engrandece al experimentarlo en más de una ocasión, que alberga un par de reflexiones magníficas y que encuentra el tono adecuado para proclamarse antibelicista sin caer en moralismos baratos.

En "Lecciones de ahogamiento", un chico tiene que cuidar a su hermana mayor, que por alguna razón desconocida es propensa a ahogarse y resucitar. Me ha fascinado la idea insólita en torno a la cual se articula este relato, y pienso que ésta se desarrolla adecuadamente (explorándola sin por ello restarle un ápice de misterio).

En "La matanza de otoño", una cazadora se acaba negando a llevar a cabo la tarea que los vecinos le han encargado. Magnífico ejemplo de cómo bastan apenas unas pinceladas para crear un mundo único, rico en criaturas, escenarios y detalles fascinantes. 

En "Bestiario sentimental", tres floristas describen a cincuenta seres maravillosos. Este texto (no lo llamo relato, aunque gracias a un puñado de entradas del bestiario conocemos un amago de historia, la relación entre dos de los floristas que lo redactan), este texto, decía, tiene pasajes de una creatividad apabullante, en los que se describe el aspecto y comportamiento de criaturas extraordinarias. Lamentablemente, tiene muchos otros que son bastante insípidos, por lo que, a mi juicio, se deberían haber cribado bastantes. A esta irregularidad debemos añadir que las ilustraciones de Bobby DiTrani me han parecido muy amateurs.

En "Una azuzena es una azuzena", un estudiante que estuvo de intercambio en París y que ha vuelto a Connecticut cuando se le ha caducado el visado echa de menos a la chica de la que está enamorado hasta tal punto que evoca un fantasma con su misma apariencia. Relato simple pero efectivo, que apenas juguetea con su concepto porque le interesa más priorizar la relación entre el narrador, su amada y el fantasma.

En "Querida Henrietta", una mujer escribe una carta a una vieja amiga que incluye ciertas revelaciones y una pequeña sorpresa. Relato original y sorprendentemente tenso en el que la venganza apenas se vislumbra hasta que ya es demasiado tarde.

En "Posesiones", un grupo de jóvenes realiza un ritual ocultista para encontrar a su amiga desaparecida, pero lo único que consiguen es que su ausencia se incremente. Relato que va al grano y está plagado de buenas ideas (el uso del gallo resucitado, la iniquidad del desenlace, etc...).

En "Hogareña", una mujer se va a vivir con un artista al que conoce desde hace poco y empieza a sufrir una metamorfosis. Relato que bordea el bizarro y tiene más profundidad de la que pueda parecer en un inicio.

En "El calendario encantado", hay un microrrelato, un dato o unas instrucciones que giran en torno a los fantasmas por cada uno de los treinta y un días de un mes. Aunque en general resulta un texto curioso, no todas las entradas tienen el mismo impacto.

En "Las ciruelas del fin del mundo", la hija de una mujer humana y una cabra convive con un vampiro que mata por bondad. Fábula con un significado algo difuso, aunque accesible si se le da un par de vueltas.

Resumiendo: Bestias, espacios y fábulas de lo extraño es una colección sumamente recomendable. Así lo ameritan la creatividad de los formatos y premisas de sus relatos, así como la imaginación que éstos desbordan, la vocación alegórica de sus mensajes o la belleza de la prosa con que han sido narrados. 

De manera que leed Bestias, espacios y fábulas de lo extraño para conocer a Nethercott e introduciros en su universo de ejércitos interminables, chicas que devienen cazadoras grotescas, fantasmas que aparecen cuando añoras mucho a una persona, lanas peligrosamente seductoras o mujeres que se transforman en casas para amparar a hombres que no lo merecen. Leed Bestias, espacios y fábulas de lo extraño para experimentar fábulas delicadas como "El niño de hilo" y "Las ciruelas del fin del mundo", narraciones conmovedoras como "Lecciones de ahogamiento" y "Una azuzena es una azuzena" o asombrosos ejemplos de construcción de mundo en pocas líneas como la "La matanza de otoño".

jueves, 21 de mayo de 2026

Makenna Goodman: Helena de nada

Idioma original: Inglés 
Título original: Helen of nowhere
Año de publicación: 2025
Traducción: Ce Santiago
Valoración: Recomendable

La semana pasada reseñaba Madame Vargas Llosa, novela a cuatro voces y de cierto aire teatral con la que este Helena de Nada guarda algunas similitudes, sobre todo en lo referente a estructura, si bien difiere en su punto de partida y desarrollo.

Cuatro son también las voces y los protagonistas (Hombre, Agente Inmobiliaria, Mujer y Helena) de Helena de nada  y será Hombre quien abra el relato con una narración aparentemente realista. Su propia caída en desgracia como profesor universitario y como marido, así como su decisión de retirarse a una especie de  Walden del siglo XXI nos dejará la sensación de asistir a "otra novela universitaria".

Pero Helena de Nada no es lo que parece. El cambio de voces nos descubrirá a un narrador no del todo fiable gracias, especialmente, a un personaje clave. Será la Agente Inmobiliaria quien, además de mostrar la escasa fiabilidad del Hombre, permitirá abrir la novela a temas y horizontes diferentes a los inicialmente "previstos". Entre esos temas y horizontes cabe citar las relaciones de poder en instituciones como la familia o el trabajo, la posibilidad de una vida más sencilla o los delirios de la cancelación.

Aparte de ese factor sorpresa y de esa variedad de temas que Goodman introduce en la novela y que hacen de esta un artefacto de cierta complejidad, me parece destacable el trabajo de la autora con las voces y registros, que van desde de la novela de "tesis" a la ficción casi lisérgica. Otros aspectos que me resultan dignos de mención en la novela son la indagación en las contradicciones de los personajes y el enfoque adoptado a la hora de hablar de las dinámicas de las relaciones de pareja

Resumiendo, Helena de Nada resulta una novela arriesgada y atrevida, aunque quizá no recomendable para todo tipo de lector. Eso sí, quienes busquen textos diferentes y nuevas voces encontrarán en Makena Goodman una opción más que interesante.

lunes, 18 de mayo de 2026

Siri Hustvedt: Historias de fantasmas

Idioma original: inglés
Título original: Ghost Stories
Traducción: Jordi Martín Lloret en catalán para Grup62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable para fans


Hay maneras y maneras de empezar un relato personal, pero pocas son tan directas como la que expone Siri en este libro ya en su primera frase: «Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto». De esta manera, la autora deja claro de buen inicio que este libro tratará sobre ella, sobre él, sobre ellos dos.

Como algunos sabréis, Paul Auster murió de cáncer, el 30 de abril de 2024, poco menos de año y medio después de que le fuera diagnosticada esta terrible enfermedad. Ese momento trágico, el de la fatídica noticia, cae como una losa en la familia causando que tomen conciencia de cómo este hecho les puede cambiar la vida porque, tal y como ella le dice a su hija Sophie, «si tu padre muere (…) perderé mi día a día». Así que, para evitar esa pérdida absoluta, Siri escribe este relato que, tal y como afirma, «no es una biografía del abismo. Es sobre Paul y yo, y lo escribo por necesidad de hacer revivir en estas páginas alguna cosa del hombre que fue».

Dice David Foster Wallace en uno de sus relatos, que «todas las historias de amor son historias de fantasmas» y parece que aquí Siri Hustvedt retoma ese símbolo para narrarnos su particular historia de amor, una historia en la que mezcla pasado, presente y una proyección del futuro marcada por la ausencia de su marido, pero también por la esperanzadora e ilusionante vida de Miles, su nieto, nacido poco antes de la muerte de Paul. Ese contraste marca de manera clara el texto y el ánimo familiar y sirve a su vez como punto de amarre para transitar el duelo, largo, prolongado, presente y extenso. Pero, aún y así, el vacío que deja Paul en sus vidas es largo y profundo, convirtiendo su (in)existencia en un espíritu que ocupa cada una de las estancias de su domicilio y que la propia Siri Hustvedt reconoce al afirmar, de manera nítida y en clara referencia al título de este libro, que «vivo en una casa encantada, habitada por un fantasma que Paul y yo hicimos juntos, un ‘nosotros’, que ya no existe, al menos no el presente, pero que ha impregnado todas las habitaciones. Es una figura doble que abraza, toca, hace el amor, ríe, tranquiliza, discute y habla en voz baja, una figura doble del pasado, con unos chistes y unas referencias secretas que solo conocíamos ‘nosotros’».

Estructuralmente, el libro es altamente fragmentario pues, al igual que los recuerdos o las historias que cuenta, no vienen en un orden establecido, sino simplemente aparecen como momentos puntuales, ubicados sin ningún orden, pero que entre todos ellos conforman una vida compartida. Por ello, el texto está profusamente nutrido de nostalgia y remembranza, muchos momentos inolvidables y emotivos que sirven a Siri para revelar situaciones compartidas en vida, pero también muchas de ellas compartidas en pensamiento en aquellas cosas que antes hacían juntos y que ahora de una u otra manera siguen haciéndolo, aunque solo uno de los dos exista porque, incluso en la ausencia, de una forma u otra siguen conviniendo en el espacio emocional que sigue vivo y altamente presente. Aun así, hay mucha falta, mucho anhelo, muchos vacíos que nada ni tan siquiera el tiempo pueden rellenar, quizás únicamente el recuerdo de otras situaciones, esas sí, ya vividas. 

En contraste ante la tristeza, y es una elección muy acertada para romper el tono y abrir una ventana para que entre luz en sus vidas, el libro intercala durante el relato una serie de cartas que Paul escribió para su nieto Miles, recién nacido, con la intención de que las lea cuando se haga mayor, pues, por razones del azar (siempre presente en las novelas de Auster), la etapa final de su enfermedad coincide con el nacimiento de su nieto en una suerte de macabra coincidencia donde la cada vez más cercana aparición de la muerte se encuentra con el inminente inicio de una nueva vida brindándole, por un tiempo corto, el regalo de unas semanas de coincidencia, de disfrutar de su compañía en una constatación innegable del ciclo de la vida, de un renacimiento de ilusiones que se producen en otras formas, otros tiempos, otros cuerpos, y una pequeña brecha hacia el futuro familiar, que la propia Siri reconoce, asombrada, y a la que se aferra al cuestionarse si «¿es posible conservar burbujas de felicidad (…) mientras la tristeza te envuelve? Parece que hay que intentarlo». Es en esas cartas a Miles, donde encontramos fragmentos muy emotivos de la infancia de su hija Sophie, cartas en las que escribe anécdotas de cuando de pequeña, esas que todos guardamos en nuestro interior cuando nos hacemos mayores para poderlas explicar al envejecer. Paul sabía que no podría hacerlo, al menos en persona, así que lo hizo a través de misivas que, como bien sabemos, es algo que se le daba particularmente bien.

También, en otro eje narrativo, el libro contiene múltiples preferencias a sus obras precedentes, tanto de Siri como de Paul, y por tanto no deja de ser un homenaje a su obra literaria y una oportunidad para recuperar recuerdos y sensaciones a los lectores fervientes de ambos autores; un espacio literario que ambos compartían desde la ilusión, recordando que  «escribimos los sueños que soñábamos mientras escribíamos en nuestros escritorios, y nos leímos aquellos sueños uno al otro en las verdes sillas» desde el profundo respeto mutuo que Siri apuntala afirmando que «confiaba plenamente en el criterio de Paul, en lo que hacía referencia a la forma de un libro, pero también a la prosa, de la misma forma en que él confiaba en mí (…) no recuerdo ni una sola vez que ninguno de los dos rechazara la opinión del otro». 

Al igual que «Baumgartner» viene a ser una carta de amor a su mujer, Siri hace lo mismo con este libro, con un enfoque más personal, más racional (acorde al espíritu de la autora) pero a su vez muy emotivo al reflejar detalles y anécdotas de la vida que compartieron porque este es un retrato de tres vidas, la de Paul, la de Siri y la de ambos juntos. Porque al formarse cualquier pareja se crea una nueva vida, en paralelo, coincidente, y que transforma a su vez a las otras dos y, cuando esta falta, provoca una gran conmoción porque tal y como afirma Hustvedt: «sí, estoy llorando la muerte de Paul, pero la mayor parte del tiempo estoy llorando la muerte de Siri y Paul. Lloro por la muerte de y. Lloro por como la y me hacía sentir en el mundo. Aquella y en que él y yo nos superponíamos». Y eso es algo que, en cierta medida, podemos entender como lectores, pues es como si nos quitaran ese dulce placer de la simbiosis emocional que nos produce pensar en él escribiendo esas obras que tanto hemos disfrutado. Y es que cuando uno ha leído tantas obras de Siri y Paul (cerca de una cuarentena de libros), uno recorre las páginas de este libro con la misma familiaridad con la que pasearía por su propia casa, por ser terreno conocido, por ser un lugar confortable. Y justamente eso hace que, a esa "y" que conformaban entre ambos, también nosotros la echemos terriblemente de menos.

domingo, 3 de mayo de 2026

VV.AA.: Arca

Idioma original: Inglés
Título original: Arca
Traducción: Lorenzo F. Díaz
Año de publicación: 2023
Valoración: Recomendable

Arca no es un cómic que tenga un guion o apartado gráfico particularmente novedosos. Sin embargo, narra su historia con innegable solvencia.

Su premisa recuerda sobremanera a otras obras (por ejemplo, las películas La isla, de 2005, o Snowpiercer, de 2013) en las que una civilización futurista, estanca y jerarquizada, entra en crisis porque uno de sus integrantes menos favorecidos empieza a cuestionarse las cosas. 

En el caso de Arca, es la avispada Perséfone quien se empieza a hacer preguntas incómodas. ¿Por qué hay tanta desigualdad en las condiciones de vida de los tripulantes del cohete que da nombre al cómic? ¿Por qué, una vez cumplen la mayoría de edad, los colonos (grupo al que pertenece la protagonista, dedicado al servicio de otro grupo cuyos integrantes se conocen como ciudadanos) ya no pueden ver a sus antiguos amigos y mentores? ¿Por qué parece que la nave espacial nunca alcanza el planeta habitable más cercano? Todas estas dudas provocarán que los colonos entren en tensión con los ayudantes y los ciudadanos, y culminarán en un revolución que pretende revocar el statu quo.

El guion de Arca, a cargo de Van Jensen, funciona correctamente. Si bien no narra, como ya he dicho antes, una historia extremadamente original, sí que dota a ésta de los suficientes elementos diferenciales para que adquiera personalidad propia. 

Asimismo, el guion de Jensen tiene dos méritos más: manejar un elenco nada desdeñable de personajes y entregar un par de giros que, aunque no son totalmente imprevisibles, tampoco pecan de obvios. 

Por su parte, el apartado gráfico de Arca se lo debemos a Jesse Lonergan, cuyo dibujo destaca por los trazos anchos y ágiles, mientras que su uso color se decanta por gamas cromáticas algo apagadas y realistas la mayor parte del tiempo, salvo cuando quiere enfatizar a ciertos personajes (como Denton o Bud) o situaciones.

También quiero señalar que los diseños de personajes de Lonergan están muy conseguidos. Y es que el numeroso elenco se diferencia adecuadamente gracias a sus rostros y siluetas, cosa que tiene un mérito especial teniendo en cuenta que todos los colonos visten iguales. En cambio, los escenarios me parecen algo más insípidos, aunque entiendo que la ambientación de este cómic así lo demanda.

Llegados a este punto, y si fuera muy quisquilloso, podría reprocharle a Arca que algunos de sus personajes me han parecido un tanto desaprovechados (Faraon X y Black, por ejemplo), que no todas sus subtramas llegan a cuajar (como la que insinúa una alianza entre Luella y Jacob), que el clímax se antoja demasiado abrupto y fácil (me han faltado más conflictos de intereses y traiciones entre colonos) o que, en ocasiones aisladas, la narrativa visual y textual no acaba de fluir del todo (tan aisladas que sólo se me ocurre la de la página 76). 

Sea como fuere, estos pequeños defectos (que quizá ni siquiera se pueden considerar tal cosa, porque apenas empañan al conjunto) no impiden que Arca sea una lectura sumamente entretenida, con un guion un apartado gráfico de lo más solventes. Si os gustan obras como La isla o Snowpiercer, debéis darle una oportunidad al cómic pergreñado por Jensen y Lonergan, porque estoy seguro de que os gustará tanto como a mí.
  

sábado, 2 de mayo de 2026

Donald E. Westlake: El despido

Idioma original: Inglés 
Título original: The ax
Año de publicación: 1997
Traducción: Ce Santiago
Valoración: Muy recomendable

Pasada la euforia proletaria del 1 de mayo (gracias, Juan, por la reseña de ayer, tan necesaria para nuestra salud mental e intestinal), seguimos hablando de libros que de una u otra forma se enmarcan en el mundo laboral. Ya sabéis, lo del tonto y la linde... ¡Al lío!

Una vez más, la potencia de un buen comienzo: "Nunca he matado a nadie, asesinado a otra persona, liquidado a otro ser humano". Y, claro, uno ha de seguir leyendo porque sabe que ese narrador pretende matar a alguien y, coño, ya que estamos, uno quiere saber los motivos, si tiene éxito o no, etc.

Pero también hemos de hablar de la potencia de una buena premisa. Porque, ¿qué hacer cuando el suelo bajo nuestros pies se derrumba? Eso es lo que le ocurre a Burke Devore, que toda su vida de tipo de clase media con mujer y dos hijos comienza a desmoronarse en el momento en el que se queda sin trabajo. Y pasa el tiempo y el trabajo no llega, las obligaciones se acumulan y la locura se adueña de la mente de Burke, hasta el punto de publicar un anuncio falso en una revista especializada, recibir los currículum de muchas personas paradas y decidir matar a las que considera más capacitadas para quitarle un puesto aún no vacante. Porque, ya que estamos, también decide matar al que ostenta el puesto.

Así, alguien puede leer esta novela, simplemente, como una novela negra (¿qué pasará con sus planes?) y la disfrutaría, sin duda. Pero El despido va mucho más allá ya que nos habla del individualismo feroz, de la picadora de carne que es el capitalismo, de las consecuencias que sobre la vida de las personas tienen decisiones tomadas por criterios mercantilistas, de las filias y las fobias de la clase media (aspiracional o no).

Esa combinación de "ligereza" y profundidad del libro es uno de sus puntos fuertes, pero no el único. También hay que citar lo que tiene de estudio psicológico del personaje (y sus vaivenes entre un distanciamiento irónico respecto de sus actos, la culpa y la autojustificación), el humor negro que se gasta el amigo Westlake o el vertiginoso ritmo que tiene la narración. De hecho, la novela ha sido adaptada un par de veces al cine: una por Costa Gavras en Arcadia y otra por Park Chan Wok en No other choice. No he visto la segunda (aunque muero de ganas por ver cómo ha resuelto el surcoreano un par de escenas), pero me da la impresión de que una y otra podrían ser complementarias y hablar a la perfección de esa doble vertiente, "crítica" y "divertida", que tiene El despido.

Un último apunte. Burke Devore es un tipo despreciable pero uno se siente hasta cierto punto identificado con él, quizá porque uno ve que el mundo de Burke es nuestro mundo. No sé si eso me gusta o me da miedo. Igual las dos cosas a la vez. Puede ser.

martes, 21 de abril de 2026

Andy Weir: Proyecto Hail Mary

Idioma original: inglés

Título original: Project Hail Mary

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Guerrero Gimeno

Valoración: entre recomendable y está bien

La novela del momento o, por lo menos, yo la encuentro en todas partes, debido a la reciente película protagonizada por Ryan Gosling (que no he visto, así que nadie debe esperar aquí una comparativa entre peli y novela). Lo cual no deja de ser interesante,  puesto que, en teoría, nos encontramos ante lo que llaman "Ciencia Ficción dura", es decir, aquella en la que la parte científica debe tener una base real y tanto peso como la ficcional. Pero que nadie se asuste; en este caso; ya os digo que no es tan fiero el león como lo pintan...

Vamos antes con el argumento... del cual no puedo contar mucho, primero por no destripárselo a nadie y, sobre todo, porque la propia estructura narrativa está basada en no saber de qué va la cosa. Me explico: la novela comienza (estoy hablando de la primera página, así que no creo que se pueda considerar un spoiler) cuando nuestro protagonista despierta en un sitio desconocido para él y no sólo no recuerda qué hace allí, sino, más aún, ni siquera quien es... A partir de ahí, la trama se desarrolla en dos planos que se van alternando: por una parte, el tipo -no digo su nombre porque, en un principio, él mismo no sabe cual es- va descubriento el lugar que le rodea y sus características. En un segundo plano, poco a poco va recordando quién es y por qué se encuentra allí. En cualquier caso, no creo que se pueda considerar que desvelo demasiado si explico que la novela tiene que ver con un viaje espacial -la propia cubierta del libro lo deja bastante claro- con objeto de llevar a cabo una misión de suma importancia para la Humanidad. Y no diré más, no sea que se me llenen los comentarios de posibles lectores indignados...(también hay que tener en cuenta la bibliografía anterior del autor, pues su primera novela, El marciano, llevada también al cine con éxito por Ridley Scott, se desarrolla en Marte, cómo no).

Aparte de la peripecia espacial, lo más destacable de la novela es que el protagonista -puesto que la narración es en primera persona- va explicando todas las cuestiones técnicas, físicas, químicas y biológicas que van surgiendo durante su periplo. A este respecto debo decir que Weir hace un muy buen trabajo, ya que consigue que hasta un tío tan lerdo como yo para estas cosas entienda, más o menos, de lo que está hablando. Sobresaliente en didactismo, por tanto... la contrapartida es que esto condiciona el tono de toda la novela, me parece a mí; el libro se convieerte, en cierto modo, en una clase divertida de ciencias para chavales de secundaria, impartida por un profesor guay -lo que es, en realidad, el protagonista, además de biocientífico con amplios conocimientos de astrofísica, matemáticas e ingeniería y eventual cosmonauta, claro- y la historia en sí también responde un poco a ese perfil. no digo que resulte ingenua o tontorrona, pero sí es un buen ejemplo de feel good novel,  con un espíritu más blanco que la barba de Papá Noel. Que nadie espere aquí distopías deprimentes, oscuro cyberpunk o una parábola sobre la iniquidad humana... El prota, aunque muestra un sentido del humor -también bastante blanco- que se agradece en gran manera, es un personaje bastante plano, sin aristas: un tipo majo que hace lo que debe, pese a sus temores y siente una infinita curiosisdad científica. Además (y perdón por el spoiler), a partir de cierto momento la novela se convierte en una buddy story de lo más entrañable. No me extraña que Hollywood la haya llevado al cine...

Eso no significa que no merezca la pena leer este libro; al contrario. resulta muy entretenido y puede agradar tanto a los lectores/as habituales de Ciencia Ficción (aunque tampoco sé hasta qué punto la historia les puede parecer original y novedosa o algo ya visto) como a quienes no lo son. Que nadie busque aquí, por otra parte, la filigrana estilística o tan siquiera cierta audacia. La escritura de Proyecto Hail Mary resulta correcta y eficaz, pero poco más que eso; no busca el deslumbramiento del lector o lectora sino su complicidad,  ni la exploración de nuevos caminos -tampoco en lo argumental- sino que uno/a se sienta a gusto leyendo una historia amena, optimista y entrañable, pero sin caer 8aunque la bordea) en la moñez, que es el gran riesgo que acechaba. Weir consigue, sin embargo, que su novela se lea con agrado , sin dejar la sensación de haber perdido el tiempo. pereo hasta ahí; no creo que al menos en mi caso, me vaya a dejar huella. Si algún día veo la peli, ya os contaré...

Nota final: No entendía bien por qué en el título se había mantenido el nombre del proyecto en inglés (o en la película se había traducido en España por Proyecto Salvación, cuando la traducción más correcta sería "Proyecto Ave María" ¿Cristianofobia, quizás? ¿O es que David Bisbal tiene los derechos de la expresión?) hasta que me enteré que lo de Hail Mary (es decir, Ave María) se usa en el futbol americano para designar una jugada desesperada, cuando queda poco tiempo, consistente en tratar de pasar el balón a un receptor que se encuentre lo más lejos posible, a ver si hay suerte y anota. Si leéis la novela, entenderéis que eso tiene todo el sentido. Por cierto, que también hay un guiño con el apellido del protagonista; se ve que a Andy Weir le gustan estas cosas... (lo que me parece de perlas).