Cuatro son también las voces y los protagonistas (Hombre, Agente Inmobiliaria, Mujer y Helena) de Helena de nada y será Hombre quien abra el relato con una narración aparentemente realista. Su propia caída en desgracia como profesor universitario y como marido, así como su decisión de retirarse a una especie de Walden del siglo XXI nos dejará la sensación de asistir a "otra novela universitaria".
Pero Helena de Nada no es lo que parece. El cambio de voces nos descubrirá a un narrador no del todo fiable gracias, especialmente, a un personaje clave. Será la Agente Inmobiliaria quien, además de mostrar la escasa fiabilidad del Hombre, permitirá abrir la novela a temas y horizontes diferentes a los inicialmente "previstos". Entre esos temas y horizontes cabe citar las relaciones de poder en instituciones como la familia o el trabajo, la posibilidad de una vida más sencilla o los delirios de la cancelación.
Aparte de ese factor sorpresa y de esa variedad de temas que Goodman introduce en la novela y que hacen de esta un artefacto de cierta complejidad, me parece destacable el trabajo de la autora con las voces y registros, que van desde de la novela de "tesis" a la ficción casi lisérgica. Otros aspectos que me resultan dignos de mención en la novela son la indagación en las contradicciones de los personajes y el enfoque adoptado a la hora de hablar de las dinámicas de las relaciones de pareja
Resumiendo, Helena de Nada resulta una novela arriesgada y atrevida, aunque quizá no recomendable para todo tipo de lector. Eso sí, quienes busquen textos diferentes y nuevas voces encontrarán en Makena Goodman una opción más que interesante.

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