viernes, 26 de febrero de 2021

Borja Goyenechea: El francés y otros relatos

 

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: bastante recomendable

Aunque sea personalmente reacio a prejuzgar en función de circunstancias particulares de los autores, he de reconocer que leer a Borja Goyenechea (21 años, improbable miembro de una Generación Z literaria, como más adelante explico) tras leer a un Don DeLillo (seis décadas les separan) publicando- onerosamente, eso sí - al ralentí, me resulta una experiencia curiosa. Aunque sea por los planteamientos de partida, y ya no fuerzo más la comparación pues no se trata de eso: Goyenechea no tiene miedo a iniciar sus relatos con bloques de texto de cierto espesor conceptual, resulta curioso en estos tiempos donde el uso del skip amenaza cualquier manifestación artística el joven autor se atreva con párrafos de entrada que podrían asustar al lector poco bregado. 

Por si el incierto presente del mundo literario no fuera suficiente, publicar una primera obra en plena pandemia e iniciarla con un cuento - un excelente cuento - que refiere al virus y lo coloca en el centro sin apenas preámbulos, requiere de un autor joven mostrar personalidad, y Goyenechea no se queda ahí. Aunque muestre altibajos, los propios del escritor que, por edad y curiosidad propia, especulo, genera obra casi a medida que engulle la de otros y la deja transpirar en sus escritos. Me apuntan Mairal, pero diría que Cortázar también y, presumo, pero puedo equivocarme, que algo de Saer y algo de Borges o Bolaño, claro, el realismo mágico, por supuesto, y algún préstamo de esa corriente de escritoras de las que ya hablamos aquí, jóvenes escritoras en español escoradas sin miedo hacia relatos de terror, de suspense, de carnalidad desacomplejada.

Los personajes de Goyenechea son centrales, casi siempre lo que les ocurre es periférico en sus relatos. Son personajes que sufren y que muestran ese sufrimiento en su diálogo interior, otra seña de identidad, algo que puede que trabe o dificulte el avance en lo narrativo pues no hay aquí ligereza ni frivolidad, hay párrafos con contenido valioso en cada arranque. Sufren porque han tomado decisiones radicales que pueden acarrearles trágicas consecuencias. Son soldados que se refugian en cuevas o seres que huyen o tipos a los que no les llega el dinero para tomar agua, para comprar un ataúd. Ese padecimiento lleva a ciertos grados de desesperación. El libro mantiene una unidad en ese sentido y cada lector hallará su cuento favorito e identificará esas influencias lógicas, personalmente creo que lectores y autores constituyen mundos separados como para que yo, en tanto que perteneciente a los primeros, le dé un consejo al autor cara a futuras obras, que tiene la pinta de haberlas y creo que de mayor enjundia. Le he visto decisión, buen trato del lenguaje, capacidad de describir la paleta psicológica (de hecho la única referencia literaria directa es a Kafka), le he visto la obvia intención del debutante en demostrar versatilidad, puede que con algún disculpable exceso de rigidez, pero en general El francés y otros relatos es un alentador ejercicio que conjuga ambición y maneras, que compensa esa soledad del escritor de fondo (estudiante peruano en Madrid, dice la solapa) con la convicción de quien confía en lo que escribe. No le colguéis etiquetas porque, entre la maraña de juntaletras situacionistas que anega la edición independiente - o directamente la autoedición para allegados y amiguetes, le veo una luz propia que él, creo, sabrá pulir y definir.

jueves, 25 de febrero de 2021

Colaboración. Evgueni Zamiatin: Nosotros


Idioma original: ruso 

Título original: Мы

Traducción: Alejandro Ariel González. 

Publicación: 1924 (escrita entre 1919 y 1921). Edición española de Hermida Editores, 2016. 201 páginas. 

Valoración: obra maestra para interesados / muy recomendable para el resto.  

Si las semblanzas de ULAD exigieran título más allá del de la obra reseñada, nuestra primera tarea del día sería fácil: “Nosotros: la primera distopía.” 

Hoy nos guía un propósito bello: contribuir modestamente a reivindicar la figura de Evgueni Zamiatin y a darles, a él y en especial a su mejor obra, el lugar que a ambos corresponde. 

Ciertamente ULAD ya reparó en la novela, en una brillante reseña de Koldo CF de 19 febrero de 2018, comparativa con la célebre “1984.” Tres años después y a pesar seguramente de una mayor accesibilidad, “Nosotros” sigue siendo relativamente desconocida, como si el inamovible cupo de este tipo de novelas para el común de los lectores estuviera compuesto, en exclusiva, por “1984”, “Un mundo feliz” y, quizás en menor medida, “Fahrenheit 451.”   

ULAD me permite dedicar esta semblanza en exclusiva a “Nosotros”, sin “competencia,” como modesto premio individual no compartido, es decir, con todo el protagonismo. Bien lo merece.   

No estamos ante una obra de fácil lectura, si bien no es extensa. El tamaño de la letra y la buena edición de Hermida Editores ayudan a leer la obra con gusto (o mejor con menor dificultad) porque parece claro que Zamiatin apuesta intencionadamente por la complejidad descriptiva con un doble fin: marcar la distancia temporal y cultural entre narrador y lector, y ahondar en los estados psicológicos del protagonista. Con notoria recurrencia los guiones entrecortan las frases, o estas finalizan con puntos suspensivos que sustituyen  pensamientos inacabados, lo que exige al lector un esfuerzo suplementario para seguir la trama. De este modo, las frases parecen contener recurrentes anacolutos y muchas veces parecen no seguir, en apariencia, un hilo lógico. 

No se desanimen. Léanla despacio o léanla dos veces. Quien suscribe estas líneas optó por lo segundo. Al final de la primera lectura me pareció una novela de referencia, pero nada especial. Al concluir la segunda he llegado a pensar que “Nosotros” es una obra maestra.   

Vayamos someramente a la trama. D-503 es un ingeniero-matemático -como Zamiatin- primer constructor de la nave “Integral”, que vive en plena armonía consigo mismo después de la Guerra de los doscientos años y cuya pluma, “habituada a los números, no es capaz de crear una melodía de asonancias y rimas.” 

En el Estado Unido que surgió tras la guerra hay un Muro Verde de vidrio adonde alcanzan los límites de la civilización, Torres Acumuladoras que dosifican la lluvia, un cielo de homogéneo azul y rostros, que son números, “no ensombrecidos por la locura del pensamiento” cuyas actividades diarias fija una Tabla de Horas. Los números se levantan, visten y trabajan “como uno solo”, habitan traslúcidas viviendas individuales y sus rasgos fisiológicos, podemos intuir, se parecen cada vez más, lo que contribuye a anular la envidia y, con ello, a generar felicidad. A D-503 le ha tocado leer y oír “cosas increíbles sobre aquellos tiempos en los que los hombres vivían aún en libertad, es decir, en un estado salvaje y desorganizado.” En la nueva civilización los Guardianes vigilan las costumbres y el Bienhechor ejerce el poder supremo en pos de la felicidad de todos, entre ellos la de D-503, el poeta R-13, O-90, I-330 y otros. Del argumento no les diré más.  

De “Nosotros” sorprende por igual cuánto ha sido orillada y cuánto prefigura. Orwell bebe claramente de Zamiatin. El británico parece que fue honesto y lo admitió, y es que la sombra del plagio planea sobre “1984”, o como mínimo la de una deuda excesiva, por distintos que sean los estilos narrativos de cada autor. Quizás no tanto lo fue Huxley, seguramente menos influenciado pero tal vez también menos sincero. 

Cercenaríamos el análisis de la obra si eludiéramos su lectura política. Se retratan los regímenes totalitarios, con semblanzas que adelantan desgraciadas escenas de la Alemania de los años 30 y 40 o incluso la figura de Mussolini. No obstante, Zamiatin tenía la fuente de inspiración bien cerca, en la guerra civil que dio lugar al régimen soviético, al que inicialmente apoyó y del que se distanció antes incluso del acceso de Stalin al poder. La crítica a lo que sería este régimen puede considerarse, bien mirada, incluso feroz o al menos inadmisible para éste (incluida la negación de cualquier revolución como definitiva) de ahí que la obra fuera silenciada en la U.R.S.S. 

Pero considerarla política sería reducirla significativamente. La intelectualidad del trabajo sobrepasa con creces la crítica a una organización social de tiempo y lugar concretos. No piensen tampoco que estamos ante abstrusas y obsoletas reflexiones futuristas, o frente a notas políticas burdamente disfrazadas de novela. “Nosotros” plantea cuestiones de Religión, Filosofía, Psicología, Ciencia, Progreso y, en suma, destino y condición humana.

Les aseguro que más allá de las cuadernas, trancaniles, cadenas de montaje y soldaduras hay trama y hay luchas. De ahí, en parte, la extraña belleza que cruza la novela y, en particular, a varios personajes, cuyas motivaciones, intuyo, son más complejas de lo que pudiera parecer. Pero puedo estar equivocado: lean y saquen Uds. sus propias conclusiones.  

No es poco lo que la obra anticipa. Quizás ningún libro me ha traído flashes de tantas obras o incluso películas posteriores, por las ideas o imágenes más o menos fugaces que contiene. Por su parte, las referencias al Antiguo Testamento en comparación con la nueva “religión” (“de nuevo somos sencillos e inocentes como Adán y Eva”) no dejan de tener profundidad y originalidad. En suma, sin resultar cargante, la novela es intelectualmente sabrosa.  

Por último, es difícil ponderar el valor de la obra si ya han pasado por nuestras manos otras similares que se llevaron la difusión y la gloria, y tampoco podremos sentir el impacto que su lectura nos hubiera causado de haber sido la primera, de modo que tendremos que imaginarlo. Pero los méritos deben ir, en gran medida, en función del orden cronológico. Así que si Ud. tiene pendientes también esas obras que hemos citado más arriba… pues no lo dude: léalas todas, pero empiece por “Nosotros.”  


Firmado: Fran Marín Paz   


miércoles, 24 de febrero de 2021

Reseña a cuatro manos: El consentimiento de Vanessa Springora


Idioma original: Francés
Título original: Le consentement
Traducción: Noemí Sobregués
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable / Imprescindible



Oh, la France! Oh, Paris! Saint Germain des Prés, la Rive Gauche, el Barrio Latino, la bohemia, la burguesía, (también sus bobo, claro), los croissants y los brioches, mayo del 68, prohibido prohibir, los enfant terribles, ¡épater le bourgeois!, etc, etc. Oh, la France! Oh, Paris!

Pero hablemos del lado oscuro de París o, al menos, de ese París de los años 80 en el que algunos intelectuales eran capaces de firmar manifiestos que, con la excusa de la liberación sexual y de acabar con la moral judeocristiana (blablabla), pedían la liberación de artistas acusados de pedofilia, ese París en el que los artistas parecen gozar de una impunidad que podría (o tal vez no) parecer impensable para cualquier otro colectivo. Porque ese es el contexto en el que hay que situar esta obra autobiográfica.

Resumen resumido: Vanessa Springora narra la relación de abuso que tuvo comienzo cuando apenas tenía 14 años, a manos del reputado escritor Gabriel Matzneff, que tenía nada menos que 50. (Es importante remarcar ese tuvo comienzo porque el abuso se prolonga durante años, más allá del fin de su relación, tal como explicaremos más adelante).

En los brevísimos capítulos de los dos primeros tercios de la novela, Springora desmenuza la cronología familiar y los motivos que pudieron provocar que cayera en las redes de Matzneff, los mecanismos utilizados por este para someter en cuerpo y alma a Vanessa (manipulación, control psicológico, desposesión del yo), la complacencia o indiferencia de los familiares y del entorno cultural, etc. Esta parte de la novela nos pone perfectamente en la piel de la víctima, desmontando todos los mantras y las falacias alrededor de «la libre elección». Comprendemos la situación de vulnerabilidad de esta niña de catorce años inmersa, además, en un total desarraigo familiar.

Todo esto se narra desde la posición actual de Springora, desde sus casi 50 años actuales, ya que en el momento en el que suceden los hechos ella cree estar en una relación entre iguales y no en una historia de depredación (vamos, un síndrome de Estocolmo de libro que se podría resumir en ese "creímos que nos hacía existir, cuando en realidad nos utilizaba"). En ese sentido es muy interesante lo que ella misma explica en esta entrevista sobre el largo y doloroso proceso de búsqueda que ha tenido que superar para hallar finalmente el lugar y la voz adecuadas desde los que poder narrar lo sucedido.

En el último tercio, por su parte, se narran los efectos que lo ocurrido causan en la vida adulta de Springora: depresión, rabia, ansiedad, culpa, incapacidad de asumir su papel de víctima y la final toma de conciencia y decisión de sacar a la luz y denunciar los hechos. Para ello han tenido que pasar más de 30 años.

Koldo dice Recomendable porque: El consentimiento es un texto muy duro, y quizá por eso necesario. En este sentido, emparenta con las novelas de Delphine de Vigan, aunque creo que no llega al nivel de esta última.  Mientras que a su favor está el proceso de análisis (errores propios incluidos) y reconstrucción, la denuncia de la hipocresía del mundillo literario o la toma de conciencia de la realidad de los hechos, juega en su contra la propia estructura de la novela, construida en base a breves imágenes o escenas que podrían haber tenido un mayor desarrollo y una mayor carga, lo que no es obstáculo para que estemos ante un texto al que debemos prestar la atención que merece, aunque solo sea para todo esto no vuelva a suceder.

Beatriz dice Imprescincible porque: El consentimiento desvela con total rigor y legitimidad una realidad más extendida y aceptada de lo que queremos creer. Porque desmonta el mito de la Lolita lúbrica y manipuladora que conduce hacia la perdición al pobre hombre maduro enamorado (eso es lo que Matzneff transmite en su obra, no solo sobre Vanessa si no sobre el resto de sus amantes, todos niños y niñas). Y porque más allá de su valor testimonial y de denuncia, a mí me parece un libro muy bien escrito en el que la contención en el estilo y en el detalle es una apuesta estética que redunda en la crudeza de los hechos y pone en valor la voz de la mujer de 50 años que habla a través de la niña de 14.

En conclusión, Gabriel Matzneff no solo desposeyó a Vanessa de su cuerpo y de su infancia, si no que con la publicación de sus fotos, sus cartas y sus vivencias íntimas durante los años posteriores a su ruptura, le privó de tener una vida propia ya que todo el mundo solo veía a la Vanessa que él inmortalizó en sus libros. Vanessa explica que por ese motivo pasó muchos años odiando los libros pero, sin embargo ha sido precisamente un libro el que ha logrado devolverle su identidad y obligar a su abusador a retirar toda su obra y a retirarse él mismo de la vida pública en la que, ahora sí y por fin, es visto como lo que es: un depredador.


Beatriz Garza y Koldo FC

martes, 23 de febrero de 2021

Dino Buzzati: La famosa invasión de los osos en Sicilia

Idioma original: Italiano 
Título original: La famosa invasione degli orsi in Sicilia
Año de publicación: 1958
Traducción: Juan Antonio Méndez
Valoración: Está bien (recomendable para niños)

La famosa invasión de los osos en Sicilia es un clásico de la literatura infantil. Derrocha imaginación y entrega un mensaje cuyas lecturas no se agotan al trasladarlo a nuestros tiempos. 

Relata cómo el rey de los osos, Leoncio, moviliza a su pueblo para dejar las montañas y conquistar Sicilia. Después de superar duros obstáculos y recuperar a su hijo, que había sido secuestrado por los humanos, el monarca comprenderá que la corrupción de su gente es inevitable si permanecen por más tiempo en la capital italiana.    

Llegados a este punto, dejad que resalte las virtudes de La famosa invasión...:

  • Es sumamente entretenida.
  • Nos obsequia con diversas reflexiones.
  • Su narrador se permite algún apunte la mar de entrañable.
  • Su argumento, aunque episódico y deshilvanado, va concatenando sin dar tregua escenas graciosas, conmovedoras o trágicas. 
  • Su colorido "worldbuilding" compensa su (deliberada) falta de consistencia con ideas extravagantes.  
  • La caracterización del mago De Ambrosiis es satisfactoriamente compleja.

Ah, no os penséis que sólo los pequeños podrán gozar de esta novelita. Su autor, Dino Buzzati también nos guiña el ojo a nosotros, los adultos, al combinar aventuras e introspección, ingenuidad con madurez, en estas páginas. Y al tocar, aunque sea de forma un tanto caricaturesca y atenuando sus consecuencias, temas como la maldad, la violencia, la muerte o la pobreza. 

En cuanto a los defectos que le he visto a La famosa invasión..., destacaría los siguientes:

  • Su maniqueísmo.
  • Por momentos cae en lo ejemplarizante.
  • Hay personajes que acuden a la historia de forma repentina, cumplen su papel y luego desaparecen permanentemente. En el caso del "worldbuilding" no me molesta esta aleatoriedad, pero sí lo hace cuando provoca omisiones imperdonables (¿qué sucede con el Gran Duque?) o se emplea para resolver la trama fácilmente (¡qué convenientes resultan las sospechas de Jazmín!).

La edición de La famosa invasión... que yo he leído se la debemos a Gallonero. Solamente le pondría una pega: la letra es demasiado chiquitita. Por lo demás, presenta una maquetación excelente, nos obsequia con un prólogo y un epílogo de un rigor analítico impresionante e incluye los dibujos con que Buzzati acompañó originalmente al texto. 

Y para ir terminando, dejad que os diga que una película de animación del talentoso Lorenzo Mattotti adapta La famosa invasión... Todavía no la he visto, pero tiene muy buena pinta.



También de Dino Buzzati en ULAD: El desierto de los tártaros

lunes, 22 de febrero de 2021

Aleksandr Afanásiev: El pájaro de fuego y otros cuentos rusos

Idioma original: ruso

Año de publicación: 1852-1863

Traducción: Joaquín Fernández-Valdés

Valoración: más que recomendable (y las ilustraciones, imprescindibles)

Aleksandr Nikolaievich Afanásiev no fue un escritor, propiamente diccho , o al menos lo que solemos entender como tal, sino un recopilador de cuentos populares rusos del siglo XIX, aunque nadie piense en un tipo en plan hermanos Grimm trpando a la torre en el bosque para encontrarse arriba cn Mónica Belucci; Afanásiev era más bien un ratón de bilioteca -o de archivo, en realidad-, lo que le permitió, en una ingente labor comenzada en 1852, compilar más de seiscientos relatos, publicados en ocho fascículos como Cuentos populares rusos (amén de 33 Leyendas populares rusas, protagonizadas por santos y hasta por el mismísimo Jesucristo, pero cuyo tono burlón no agradó demasiado al poder zarista, al parecer). la importancia de su obra recopilatoria, sin embargo, se fue poniendo de relieve cada vez más, influyendo en otros escritores e incluso compositores rusos (Stravinski, Rimski-Kórsakov) y, sobre todo, sirvió de base indispensable para el famoso estudio Morfología del cuento  del antropólogo Vladimir Propp

En esta cuidada edición de Libros del Zorro Rojo se ha hecho una selección de siete de estos cuentos (los más representativos, imagino), en los que encontramos todo un colorido mundo de prodigios  de metamorfosis de personas en animales y animales en personas; de muertos que resucitan y héroes y heroínas que reciben ayudas extraordinarias... En contramos a la célebre bruja eslava Babá Yaga (Francesc ya la conoce) en varios de estos relatos, aunque sobre todo en Vasilia la Bella, una suerte de crossover entre Cenicienta  y La matanza de Texas. También al particular Rey Hielo ruso, Koschéi el Inmortal, a un "bello durmiebnte" masculino, en La pluma de Fínist, a una reina guerrera en María Morevna, a zares, zarévichs y zarevnas, huérfanos y campesinos, a pájaros de fuego, caballos parlantes y lobos de buen corazón...

Pero, sobre todo, encontramos unas ilustraciones que son una absoluta MARAVILLA. Realizadas por el magnífico ilustrador y escenógrafo Iván Bilibin para la edición de estos cuentos en 1899 y años posteriores, con un estilo exquisito y detallista, delicado pero dinámico a un tiempo, embebido de la tradición del folklore ruso, pero tambiñén de la estética del art-nouveau, y que justifican por sí solos la publicación de éste o de cualquier otro libro que los incluya, así como aseguran el deleite de quien los contemple. Repito, por si no ha quedado claro: una verdadera MA-RA-VI-LLA. Hala, a disfrutar:

                                 




domingo, 21 de febrero de 2021

Camilo José Cela: San Camilo, 1936

Idioma original: castellano

Título original: Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid

Año de publicación: 1969

Valoración: Recomendable


Sobre Camilo José Cela y su personaje hemos hablado ya aquí en varias ocasiones, así que dejaré de lado ese aspecto. Centrándome estrictamente en su faceta de escritor, hay algo que me llama la atención y que en mi opinión engrandece su mérito, porque es una cualidad no demasiado habitual: su capacidad para tocar palos bastante diversos desde el punto de vista formal, como esos (no muchos) actores difíciles de encasillar que poseen registros muy diferentes. Al menos en una etapa inicial (pero muy amplia), Cela brilla primero con el tremendismo de Pascual Duarte (una poderosa vuelta de tuerca a cierto realismo rural), se aproxima a la prosa poética y algún grado de experimentación estructural (Pabellón de reposo), construye un interesante modelo de novela coral (La colmena) y se pasea por el intimismo de un monólogo femenino (Mrs. Caldwell habla con su hijo), además de alguna obra más que no conozco pero que, por referencias, creo que también incorporan elementos muy alejados de los anteriores. O sea, interesante versatilidad, desde luego con mayor o menor acierto según los casos, y sin que pueda afirmar si continuó más allá de los años 70 del siglo pasado porque no he leído nada de él posterior a esas fechas.

Con esta pequeña chapa pretendo ubicar mínimamente la novela de hoy porque, como veremos, presenta también algunas cosas novedosas en la carrera del escritor junto con otras que entroncan con títulos anteriores, y parece servir de punto de apoyo a la apuesta por lo más arriesgado y hermético que vendría poco después con Oficio de tinieblas 5.

El San Camilo es una narración situada en unos pocos días anteriores y posteriores al levantamiento militar de 1936. El escenario es el Madrid de los prostíbulos y las aventuras sexuales, gente corriente vista desde la perspectiva de lo que a veces se conocía como ‘vida privada’, el encuentro de los amantes en un meublé, el respetable caballero que tiene su entretenimiento semanal en el burdel, los estudiantes que buscan desahogo, las hermanas que no pierden ocasión de explayarse. Un enorme mosaico de decenas de actores en el mercado, remunerado o no, del sexo, dibujado con precisión un poco al estilo de La colmena, sin dejar que ninguno cobre protagonismo, como si no interesasen sus circunstancias personales (profesión, clase social) sino su simple presencia para componer ese cuadro. No hay tampoco sordidez ni violencia ni crítica. Es un telón de fondo de gentes que viven ese aspecto lúbrico de la vida con naturalidad y cierta despreocupación.

En ese bullicio multitudinario (que puede llegar a saturar al lector, es cierto) se empieza a colar la realidad histórica de los acontecimientos que precedieron a la sublevación del 18 de julio, y ahí, como una grieta cada vez más inquietante y profunda, contemplamos los dos crímenes tradicionalmente considerados como desencadenantes inmediatos de los acontecimientos: el asesinato del teniente Castillo y, poco después, el de Calvo Sotelo. Asistimos a esos acontecimientos desde fuera, como si fuéramos parte de ese gran elenco del Madrid nocturno, simples espectadores de hechos terribles pero que todavía se perciben como lejanos. Porque sobre ese frenesí de polvos y magreos se extienden con rapidez el temor y la incertidumbre frente al ambiente cada vez más enrarecido de las calles, y la vida alegre –una especie de Belle Époque cutre- se empieza a teñir de gris. El tono es cada vez más oscuro cuando llega a conocerse la insurrección y se multiplican las noticias contradictorias sobre su éxito o fracaso, el apoyo de unos u otros altos mandos, o las decisiones (o indecisiones) del Gobierno. Con la mecha de la guerra ya encendida, el asalto al cuartel de la Montaña es el punto donde confluye el destino de buena parte de esos personajes, unos en un bando y otros en el otro, y algunos simplemente arrastrados por las circunstancias, con aquella vida disipada como tragada por un enorme desagüe.

Con estos pocos episodios concentrados en escasos días, asistimos al derrumbe de aquel mundo que, aunque imperfecto, representaba la cotidianeidad que ahora se resquebraja, la irrupción del enfrentamiento y la muerte como seguramente nunca lo pudieron sospechar aquellos personajes. Porque en definitiva son ellos los protagonistas del libro, no seres anónimos sino simples ciudadanos con sus identidades y sus trayectorias, aunque su misión parezca reducida a componer el decorado en el que insertar la tragedia de la guerra. En medio de todo ese material, disperso pero colectivamente uniforme, encontramos retazos del monólogo interior de un joven (quizá el propio Cela, que pronto sería movilizado) que se enfrenta a un espejo, reflexionando sobre sí mismo y su destino. En cierto sentido con un claro eco de la ya muy lejana generación del 98, con la recurrente alusión al sinsentido del enfrentamiento y la fatalidad de un país que parece siempre abocado al desastre. 

El esquema está muy conseguido, con una dosificación casi matemática de cada personaje para que ninguno descompense el conjunto, y la incisión progresiva de los acontecimientos que en poco tiempo van a cambiar sus vidas, o directamente a acabar con ellas. Y desde el punto de vista formal, en esa especie de búsqueda de nuevos espacios narrativos a la que me refería al principio, parece que Cela se apunta a la corriente de experimentación que en España habían desarrollado Martín-Santos, Goytisolo o el primer Guelbenzu, por ejemplo, aunque ciertamente con unos cuantos años de retraso. En realidad, al margen de la laxitud en el manejo de los signos de puntuación y de ese ritmo en aluvión, los riesgos que asume tampoco son demasiado importantes, y el libro permite una lectura convencional sin ningún problema. En este sentido, digamos que Cela llega tarde a la modernidad y lo hace, de momento, con bastante contención.

No deberíamos dejarnos influenciar por prejuicios ni intimidar por el aspecto monolítico de las páginas, ni siquiera deberíamos dejarnos vencer por la un poco cansina carga sexual (y, no sin cierto esfuerzo, hasta se le pueden perdonar arranques de homofobia rampante). Desde luego tiene defectos, pero en general San Camilo, 1936 me parece un buen libro, diferente, relativamente atrevido y que ofrece una perspectiva interesante de esos episodios históricos decisivos que hemos visto relatados de tantas formas y con tan variadas intenciones.

P.S: Por cierto que, aunque el santoral no es precisamente mi fuerte, creo que la festividad de San Camilo de Lelis es el 14 de julio, y no el 18 como dice Cela. Bueno, tal vez una pequeña licencia literaria.

Otras obras de Camilo José Cela en ULADLa colmenaPabellón de reposoLa familia de Pascual Duarte

sábado, 20 de febrero de 2021

Alberto Martínez: Un ciervo en la carretera

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: entre está bien y recomendable

Veinte relatos de lo más variado componen este volumen que hoy traemos al blog faro de la intelectualidad occidental (de ahí p'arriba); variedad en las ambientaciones, en las perspectivas desde las que se narra, en los registros, en las extensiones, etc. Así, hay relatos ambientados en la villa de Potosí, en el México de Cortés, en el Madrid de la movida o en la antigua Roma, relatos en primera o tercera persona y relatos epistolares, relatos basados en hechos reales y relatos basados en la desbordante imaginación del autor, relatos hiperbreves y otros más extensos, etc.

Y ya se sabe que en la variedad está el gusto, pero también esa variedad hace que el conjunto resulte algo irregular e inconexo, si bien hay algunos temas o aspectos recurrentes que podrían servir de tenue hilo conductor. Mientras que entre los aspectos comunes destaca el gran dominio del lenguaje del que hace gala el autor, entre los temas recurrentes cabe mencionar el humor (en sus más variadas formas: ironía, sátira, caricatura, etc) y la muerte, los cuales en ocasiones se entrelazan y dejan en el lector cierto poso de amargura.

No voy a entrar a analizar cada uno de los veinte relatos, sino que trataré de ofrecer unas breves pinceladas de las distintas categorías en los que podríamos organizarlos:

  • Relatos históricos (ambientados en siglos pasados): Son textos en los que el autor demuestra un exquisito manejo del lenguaje y en los que recrea magníficamente ambientes lejanos, pero quizá este "excesivo gustarse" penaliza al propio texto restándole algo de frescura.
  • Microrrelatos (textos entre 1-3 páginas): Para mí, lo más destacado del libro.  Son, en general, los textos más humorísticos, imaginativos y sorprendentes del volumen, con inesperados giros finales que dejan al lector con una sonrisa, en sus más variados grados (eso sí) en los labios.
  • Relatos breves (3-8 páginas): Quizá este sea el grupo más heterogéneo y en él se observan rasgos de las dos anteriores categorías. Entre ellos, destaca "El matarife" uno de mis textos favoritos, un descarnado texto sobre la guerra / violencia y sus consecuencias con llamativo giro final.
  • Relatos basados en hechos reales más o menos recientes, como el que narra la última tarde de Joselito el Gallo hasta el más experimental "travelling" a varias voces en el coche oficial de Carrero Blanco (un relato de altos vuelos). Son textos que, pese a resultar entretenidos y algo más atrevidos en lo técnico, no tienen ese factor sorpresa que tan interesante resulta en otras historias contenidas en "Un ciervo en la carretera". 

Resumiendo: apreciable compilación de relatos de un autor que apunta maneras interesantes y al que habrá que seguir la pista. Esperemos que no haya que esperar demasiado tiempo.

viernes, 19 de febrero de 2021

Santiago López Petit: Tan cerca de la vida

Idioma original: castellano/catalán
Año de publicación: 2021
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

En estos tiempos convulsos en los que nos hallamos inmersos, creo que hay dos tipos de lecturas que nos permiten sobrellevar la situación de manera más o menos soportable. Hay quien en la lectura busca la evasión, el divertimiento, la distracción; pero hay otros, en los que me incluyo, que necesitan analizar, profundizar en ello, tomar consciencia de cómo esta situación nos afecta a nivel anímico y en relación a la vida y a la sociedad en la que nos encontramos. 

Con este libro nos encontramos con un caso poco frecuente en cuanto a géneros literarios: el de la filosofía novelada. Es algo no habitual y de difícil integración porque cabe decir que imbricar ambos conceptos no es tarea fácil, pues urdir una trama argumental e incluir en ella reflexiones y digresiones filosóficas en conceptos tan abstractos y ambiguos como la vida, la muerte, el deseo o las expectativas vitales, es algo complejo y que, a menudo, podría acabar en un sinsentido (justo lo opuesto a lo que un libro de este tipo pretende conseguir). Pero en este caso, el autor y filósofo Santiago López Petit consigue su propósito a nivel general y lo hace de manera coherente con su habitual enfoque crítico y radical acerca de la sociedad de nuestro presente.

La novela empieza con un preámbulo donde se nos presenta La Escuela de la Vida, una institución grandilocuente, pomposa y terriblemente ambiciosa. Un lugar en el que se busca la excelencia no únicamente a nivel personal, sino también a nivel cooperativo que evidencia al afirmar que «queremos ser extraordinarios, nos hemos comprometido a ello. La vida está llena de oportunidades que tenemos que saber aprovechar». Ese es el mensaje que destinan, a modo de bienvenida, a los alumnos que formarán parte de esta escuela en la que «nos abren un espacio vital en el que poder encontrarnos a nosotros mismos y a la vez desplegar nuestras potencialidades». Y el protagonista se siente afortunado por ser admitido en ella, pues está convencido que «el uniforme de cada día es la esperanza, la esperanza de saber que cada uno de nosotros puede llegar a ser el protagonista de su propio cambio». Así, mientras el objetivo e intención iniciales del protagonista para apuntarse al curso es triunfar, ser famoso y mejorar sus capacidades, el objetivo de la escuela es «buscar líderes de organizaciones, empresas, instituciones y ONG para poner en sus manos herramientas para facilitar los cambios que reclama nuestra sociedad». Algo que, a priori, debería ser una tarea encomiable.

Pero, ¿qué ocurre si la escuela en la que se instruye acerca de cómo conseguir nuestros sueños, en la que se muestra el camino para ser mejores en todos los ámbitos, en la que se ensalzan las cualidades que debemos conseguir para llegar a ser aquellas personas que deseamos, es únicamente una constatación de cómo de desesperanzada es nuestra vida, de cómo la sociedad de la que formamos parte se sirve de los resquicios existentes entre actitudes de solidaridad para incidir y conseguir objetivos individuales sometiendo y aniquilando los colectivos? ¿Qué ocurre cuando caen las máscaras de la supuesta felicidad a la que deberíamos aspirar, pero que en el fondo sólo sirve como elemento ante el cual constatar la frustración de una sociedad abocada a la perdición? ¿Y si para «fomentar la creatividad y la superación de cualquier límite significa que tenemos que aceptar un patrón de adicción que lleva a la dependencia a su máxima expresión?» Porque «una de les enseñanzas principales de la Escuela consiste en potenciar nuestra auto exposición. Es imposible triunfar si te escondes. Además, la soledad no solo es triste, sino también peligrosa. En el fondo, no conviene que el hombre mire dentro de si mismo».

De esta manera, partiendo de una premisa sencilla pero atrayente, el autor utiliza la entrada del protagonista en la escuela para reflexionar sobre la vida, sobre la condición humana, sobre el individualismo y el cooperativismo, sobre las renuncias y los deseos, sobre las ganas de mejorar y la tentación siempre permanente de acomodarse, sobre la lucha vital incesante en encontrar motivos para vencer una vida que, si bien nos es dada, justamente por ese motivo parecemos estar en deuda con ella. Y, de igual manera, critica de manera directa y clara nuestra sociedad, una sociedad que nos empuja a vivir siempre al límite, de manera sutil, pues «nos están adoctrinando para que creamos que la vida consiste en vivir sin tiempo muertos, entregados a nuestros propios deseos. Nos empujan a vivir al límite. Pero esta es una apuesta tramposa». Y el protagonista, en lugar de maravillarse por ese espíritu new age y bonista, entra en una espiral de autoanálisis y toma de consciencia, pues en un acto de sinceridad y abatimiento el propio narrador afirma que «no sé exactamente cuál es mi deseo. Supongo que desaparecer. Desaparecer detrás de las letras de estos protagonistas prefabricados, hundirme en la pobreza de la liberación y entender por fin qué es la vida». Ahondando en ello, el protagonista asume que «el abismo no está afuera. Está dentro de ti. En tu interior» y encara a la propia vida acusándola con rotundidad afirmando que «dominas muy bien el arte del maltrato. Sabes humillar sin llegar a matar. Aplazas nuestra muerte porque en el castigo que aplicas existe una voluntad didáctica». 

Por todo ello, el mensaje del autor sobre la vida es de una crítica aterradora. Bajo el pretexto de una escuela de la vida donde el mundo debería abrirse ante infinitas posibilidades la constatación de la realidad dura, inquebrantable e implacable cubre de desánimo un relato en el que constata que vivir es una tarea ardua, que no hay soluciones mágicas ni mucho menos provenientes de manos de gurús vendedores de ilusiones inaccesibles, que «nada nos liga a nada. Nos han robado el pasado y el futuro se descompone cuanto no ha llegado todavía. Se acercan tiempos difíciles». Porque las cosas no son tan sencillas ni funcionan de manera tan perfecta como los participantes auguraban; porque, como en todo grupo de personas heterogéneo, surge el conflicto a la hora de resolver situaciones. Y a veces se exterioriza, pero en otras se contiene y «un conflicto que no explota es peligroso porque no se puede controlar. Un conflicto que sale a la luz visibiliza el enemigo y se puede comenzar a reconducir» constatando que «nadie ha vencido ninguna guerra manteniéndose siempre en posición defensiva. Quien se limita a defenderse está destinado a ser derrotado». Y, a raíz de esos conflictos, el autor empieza a constatar que no todo es tan fácil, que «no se puede aprender a decir ‘nosotros’ si se olvida que el nosotros está constituidos por diferentes yo».

El libro que ha escrito Santiago López Petit es un interesante ejercicio en el que adapta una serie de ideas y reflexiones al formato de novela. Y, a pesar de que la trama no es excesivamente rica ni continua, el autor sí consigue mantener el interés y la tensión en toda la lectura con un argumento sencillo que sirve de hilo conductor para lanzar una serie de reflexiones sobre la vida, sus objetivos, los ideales en claro contraste con una realidad que lucha por someternos a la repetición. Así, el autor apaga el interruptor con el que las grandes promesas iluminan nuestro mundo y nos somete a un estado de plácida penumbra en el que podemos observar esa luz que nos conduce a una salida satisfactoria a la vez que permite que veamos, sin que la sombra de falsas promesas oculte, nuestra propia personalidad. Es, en el discreto encanto de la soledad y la introspección donde nos conocemos y constatamos cuánto hay de falso fuera de nosotros y cómo de avispados y ávidos son los tentáculos que se agitan delante de nosotros para captar, no sólo nuestro cuerpo, sino también nuestra maltrecha alma que pide a gritos ser rescatada por alguien distinto a nosotros mismos porque, «¿de qué sirve un grito que nadie escucha? Para el hombre cansado, el oficio de vivir se ha convertido en el arte de disimular (…) Su cabeza ya no oye voces. Únicamente una sola voz que no cesa: “ya-no-puedo-más”. Así empieza el monólogo interior. Así se trenza esta cuerda que lo asfixia poco a poco y que nadie ve».

El libro que ha escrito López Petit es una bofetada a la visión idílica de un mundo donde aquello superficial oculta lo importante, aquello en lo que la fachada y la imagen tapa y disfraza lo que reside dentro. Esta obra supone un adentramiento a la oscuridad que habita dentro de nosotros para acostumbrarnos a ella, vivir con ella e incluso apreciarla y valorarla, pues únicamente cuando seamos capaces de saber quiénes somos y nos acostumbremos a ello seremos capaces de conocer la realidad de una vida que nos reta cada día a seguir luchando contra y por ella. Y, aunque el autor en ocasiones rompe el relato de manera más o menos lograda para introducir reflexiones y sueños que le permiten ampliar la disgregación que nos ofrece en esta novela en diferentes excursos lo hace de manera que, si bien parecen desarraigados de la historia contada, estos tienen ramificaciones que de manera tangencial tocan los mismos temas: la introspección, la vida, la reflexión, la autoconsciencia. 

Dice el autor que «escribo porque quiero llegar hasta el final, entender la naturaleza de este fuego que todavía quema dentro de mí. Existe un saber de la desesperación. Lo sé. Allí donde la vida se recoge, allí donde yo estoy vivo, me espera la sombra». Porque la propia vida juega en contra de nosotros, porque «querer vivir es un desafío contra la vida, aunque esta se desdobla para vengarse e inocular el veneno del ansia», porque «nos engañamos a nosotros mismos con la única finalidad de continuar ignorando que la vida conspira en contra de nosotros». Y necesitamos indagar en nuestro interior pues «creemos que la vida es el bien supremo y la muerte, el acontecimiento más terrible. Yo he sentido la falsedad de esta afirmación. La vida puede silenciar más que la muerte». Y hay que tener claro que «nadie permanece oculto a la venganza de la vida».

Este relato invita a sumergirnos en nuestra oscuridad más absoluta y el fondo más profundo de nuestra alma para conocernos, para tocar fondo, y desde ahí coger impulso para asomar de nuevo a la superficie de un mundo del que no esperamos una claridad absoluta sino únicamente la sensación de que nos reconocemos en él. El autor ha escrito un canto a la rebelión contra la vacuidad de las vidas que se basan en el exterior, en lo superfluo, en los cantos de sirena que prometen vidas fáciles y plácidas. Porque «toda presencia esconde siempre una ausencia. Algo se hace visible porque hay otra cosa que se invisibiliza». Y nos escondemos detrás de lo visible, ocultando, más aún aquello que no nos gusta. De esta manera, este libro vendría a ser el anti manual de auto superación, el némesis de Mr. Wonderful; es la constatación de que lo real a veces duele, y por ello precisamente es real. De que la vida no es fácil, no es su propósito. Ella lucha contra nosotros, y mientras haya lucha, habrá vida.

Dice el autor, en el tramo final de la novela, que «tengo la cabeza llena de interrogantes que no sé cómo responder, pero al menos ahora está viva». De esto justamente se trata, no nos conformemos con menos.

jueves, 18 de febrero de 2021

Mikel Reparaz: Las grietas de América

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: Muy recomendable

 

“Estados Unidos es el único país del mundo que mantiene una clasificación de su propia población basada en criterios raciales –y racistas– del siglo XVIII”

 

No cabe duda de que Trump está de moda, más incluso que cuando hacía tele-realidad. Lo ha estado desde que se presentó como candidato a presidente, su nombre y ocurrencias –algunas muy peligrosas, ninguna irrelevante– han estado en boca de gran número de personas, mayor a medida que transcurría la legislatura y lo está ahora pues, nos consta, la semilla de su doctrina ha arraigado en un campo abonado en USA desde que los europeos se toparon con los nativos y, más adelante, desde que el primer barco de esclavos procedentes de África arribó a las costas de lo que entonces solo eran estados incipientes. Ocurrencias que están y han estado entre las grandes preocupaciones de los foráneos, la alarma de los compatriotas defensores de la igualdad y la adoración incondicional de sus correligionarios. Una religión que podríamos definir con una sola palabra: racismo. De eso, del racismo endémico en el país de las oportunidades trata este valioso trabajo periodístico.

El periodista Mikel Reparaz ha conseguido realizar un trabajo tan exhaustivo como ameno. Esto es así porque su pretensión no ha sido, a mi entender, realizar un riguroso análisis histórico, ni presentarnos mediante datos estadísticos la ideología pasada y presente de Estados Unidos, su trabajo está enfocado más bien a demostrar, a partir de hechos significativos del pasado y el presente, hasta qué punto ese racismo impregna hasta le médula la conciencia de muchos ciudadanos, los motivos de esta realidad, las sucesivas fases que han desembocado en esto (léase el pronombre como “racismo desbocado y todavía más generalizado de lo imaginable”) y el estado actual de la cuestión. Y lo hace con una prosa transparente, gran claridad de ideas y una agradable mezcolanza de aspectos racionales y emotivos (esa música impregnada de ideología que va punteando los capítulos), pasado y presente, datos estadísticos y su análisis, panorámica del país o localidad y rastreo a pie de calle, bien observando, bien entrevistando a testigos presenciales representativos de ambos polos ideológicos.

Con consternación he leído estas (cerca de) cuatrocientas páginas, y es que hay que reconocer que su autor nos mete hasta el cuello en el tumultuoso ambiente de hoy y de ayer. No se puede decir nada mejor de una crónica: estamos allí, llevados de su mano, guiados por una experiencia de cinco años viviendo y viajando por los diversos estados, amén de otros viajes posteriores, dialogando con la gente de a pie, con los líderes de asociaciones pro derechos civiles, con los jerarcas o sus representantes, asistiendo a actos reivindicativos, a manifestaciones violentas, visitando domicilios, citándose con unos y con otros. Y nos hace vibrar con cada dato, imagen, testimonio, porque además de su impagable capacidad comunicativa, metáforas y descripciones logran un efecto teletransportador, el que se produce cuando literatura y periodismo van tan ligados que son indistinguibles.

Veamos algunas de las claves que, por incuestionables, se quedarán grabadas tras la lectura. Una, la respuesta, inmediata, contundente y feroz –ayer, hoy y siempre– del supremacismo blanco ante cualquier reivindicación con expectativas de prosperar. Dos, la gran oportunidad perdida con el gobierno de Obama, que no estuvo a la altura de lo esperado y en realidad supuso un paso atrás pues cronificó el problema racial al provocar, una vez más, esa respuesta airada y victimista por parte, tanto del estamento privilegiado como de los marginados de raza blanca. Algo así como “yo te piso a ti para que tú eches la culpa a los negros” (o a los inmigrantes, en su caso), y que, en mayor o menor proporción, experimentamos en todos los países, en gran parte debido al influjo del gigante americano. Es más, el primer hecho está tan relacionado con el segundo que, según sostiene el autor y hasta demuestra, consecuencia directa del mandato de Obama es, ni más ni menos el ascenso de Trump al poder. Y no lo dice solo él, le avalan los desesperanzados testimonios de activistas que han visto varias etapas de progreso pisoteadas por la enorme fuerza reaccionaria del blanco cabreado, y hasta el propio Partido Republicano, consciente desde el principio de que es preciso generar muchos elementos de este tipo para triunfar sobre los demócratas.

Sin embargo, y a pesar de lo que da por hecho un sector de ciudadanos blancos con economías precarias, es muy posible que la eliminación del conflicto racial alumbrase una sociedad más igualitaria y, en consecuencia, una mejora sustancial de las condiciones de vida de algunos. Según Reparaz este conflicto “sigue siendo la constante, la gran rémora que sigue lastrando el progreso social en Estados Unidos”. Sin olvidar que a la desigualdad económica se suman machismo y homofobia, no solo en Estados Unidos sino en Brasil y otros lugares del continente americano, hasta constituir una alarmante mayoría administrada por gobiernos ultras. (“Millones de individuos confían ciegamente en las garantías de supervivencia que les ofrece el líder, el gran seductor de masas que normalmente apela a los instintos más básicos: al egoísmo, al miedo, al amor.  O al odio, que no es más que un amor pasado de revoluciones”).

Un país, de alguna forma, marcado por el miedo. Miedo de los blancos a los negros y viceversa, de las organizaciones democráticas a los grupos racistas, del establishment al comunismo en plena Guerra Fría, de los ricos al triunfo de un estado de cosas más igualitario, del poder y quienes creen sus argumentos a los inmigrantes etc. No obstante, la impunidad continúa estando del mismo lado y beneficia ¡cómo no! a los de siempre. Todo sería más fácil si pudiésemos mirar la realidad cara a cara, pero la realidad es demasiado compleja y requiere de unos mediadores que llamamos periodistas. Entre ellos están los que aceptan cómodamente la versión oficial y los que emprenden una senda más escarpada. En cualquier caso, los medios representan un papel clave en el desarrollo de los acontecimientos y su responsabilidad es un hecho, incluso si nunca tienen que rendir cuentas por su demagogia sino, más bien, to.do lo contrario. Porque es la desinformación, junto a las omnipresentes armas de fuego, lo que en último término desencadena todas las tragedias.

miércoles, 17 de febrero de 2021

Don DeLillo: El silencio

Idioma original: inglés

Título original: The Silence

Año de publicación: 2020

Traducción: Javier Calvo

Valoración: Está bien (lo cual para ser DeLillo, no está bien)

Pregunto: ¿constituye el título de este libro una especie de antagonismo a una de las obras maestras de DeLillo, titulada Ruido de fondo?

Puede, pero a partir de aquí mi relato se nutre básicamente de conjeturas, que este sea un primer guiño inconsciente ya que, referíos a mi valoración a tal efecto, estaba yo acostumbrado a que las obras del autor neoyorquino (uno de los grandes, aclaro) me situasen entre la espada y la pared de la fascinación y la animadversión, a veces ambas tan radicales y absolutas, y lo triste para mí es decir que El silencio me ha dejado indiferente, lo cual es imperdonable tratándose de quien se trata. 

Porque el planteamiento de El silencio , novela distópica pero no tanto, por mucho que se sitúe en un futuro (2022, aquí al lao) y que conjugue elementos de una cercanía - pre-pandémica, por los pelos - espeluznante, me ha parecido de una obviedad escandalosa, rayana con  la falta de profundidad que solo podría que recriminar con saña a escritores de sus cercanías intelectuales (¿se imaginan a Franzen escribiendo frases sencillas sobre, por ejemplo, el conflicto de Medio Oriente?). Porque, abro hilo para sinopsis, ¿qué tiene (bonita portada, por cierto) de útil plantear a estas alturas qué pasaría con nuestra humanidad ultra-conectada y sobre-tecnificada, o viceversa, si simplemente todos los aparatos electrónicos dejaran de funcionar?. Madre mía, Don: si esto lo comentamos en el despacho cuando, en medio de una tormenta, alguna vez una subida de tensión hace que salte el diferencial y caigan los servidores alojados en la nube. Justo después de mirar si queda tiempo suficiente para que eso se arregle o podemos arreglar los papeles de la mesa e ir desfilando para casa. 

Un acontecimiento, aunque sea solo apuntado, de esta magnitud, no puede dar para una novela tan escueta, para apenas un relato situacional deudo del cine de Altman, de los relatos de Carver, de una centena de páginas que se despacha en apenas una hora y media de lectura que ni siquiera ha de ser muy atenta: la novela incluso se reitera en ciertos diálogos que no vienen al caso, diálogos establecidos en esos cinco personajes que no perduran para nada en el lector, más que por hechos anecdóticos, como la pareja que echa un polvo nada más cerciorarse de que han sobrevivido a un accidente aéreo a su regreso de París, como esa previa obsesión, escena con que se inicia la novela, con esas pantallas informativas llenas de cifras sobre velocidad y altitud y temperatura exterior. Esas relaciones forzadas, el otro trío de protagonistas reunidos para ver la Super Bowl e igualmente circunspectos ante pantallas en blanco, deberían dar para más en lo narrativo, más allá de sus condiciones de miembros privilegiados de la sociedad neoyorquina, más allá de su falta de reacción ante el hecho de que ese mundo cómodo se acaba de vacíar de contenido ante sus narices.

DeLillo regresa aquí a lugares comunes: a estadios abarrotados de espectadores, a simples individuos que, despojados de los avances de la ciencia, han de atravesar ciudades para regresar a sus hogares/refugios. Podemos hinchar sus premisas y atiborrarlas de trascendencia y decir que la novela es más un punto de partida que una conclusión. Claro, podemos decir que DeLillo ha cedido aquí a sus lectores el desarrollo de los hechos (y la especulación de sus causas), pero, con el respeto a la solidez de sus brillantes grandes novelas, si fuera otro, con todo el respeto, insisto, le preguntaría que cómo se atreve a publicar (y a facturar: más de 15 euros por ejemplar) este bosquejo pretencioso.

martes, 16 de febrero de 2021

Simonetta Agnello y Massimo Fenati: La Mennulara

Idioma original: italiano
Título original: La Mennulara
Traducción: Diego de los Santos
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable

Estamos ante la adaptación a novela gráfica de una obra literaria con el mismo título, La Mennulara, ya reseñada en este blog. Como uno de los aspectos a valorar en cualquier obra adaptada es la relación que mantiene con el material original, primero leí la novela y comparto lo que mi compa Montuenga dijo en su momento a diferencia de la valoración general. Yo le daría solo un Está bien

En cualquier caso, y tal como desarrollaré más adelante, considero que la adaptación a novela gráfica ha sabido sortear algunas de las flaquezas de la obra original.

Resumen resumido: Sicilia, 1963. En el pueblo de Roccacolomba muere la sirvienta de la casa Alfallipe, por todos conocida como la Mennulara. La fuerte personalidad que la mujer esgrimió en vida, así como las últimas voluntades que deja por escrito levantan un torbellino de chismorreos, habladurías y contradicciones en todo el pueblo, pero ¿alguien llegó realmente a conocerla?

La Mennulara es una historia que se construye alrededor de un personaje carismático y misterioso al que vamos conociendo a partir de la suma caleidoscópica de las diferentes opiniones y recuerdos de los personajes que la trataron. Un planteamiento siempre interesante si se sabe llevar a cabo, cosa que no llega a fraguar del todo por tres motivos:
  • El personaje de la Mennulara genera cierta incredulidad de tantas facetas y habilidades que se le suponen. El lector se haya constantemente ante la disyuntiva de si lo acepta o no.
  • Es una novela de buenos y malos que empieza prácticamente igual que acaba y sin la evolución de ningún personaje. Solo en el caso de la Mennulara que, más que evolucionar, se descubre.
  • La historia pende de una serie de secretos que se desvelan muy al final y a fuerza de retorcer demasiado la trama.
La novela gráfica cuenta, no obstante, con muchos elementos de interés:
  • Un estilo definido y sobrio en el que destaca el trabajo de caracterización de los personajes y de su expresividad siempre al servicio de la trama.
  • El minucioso trabajo con la gama de colores. A partir de dos paletas principales, la del azul petróleo y la del ocre, se diferencian las escenas, las atmósferas, los estados de ánimo, el presente del pasado, las luces de las sombras… es un elemento que dota a la obra de una personalidad propia.
  • La recreación de Roccacolomba, un pueblo pegado a una montaña con todos sus elementos tan propios y a la vez tan arquetípicos y reconocibles: callejuelas, escalinatas, portales…
  • Un buen control narrativo que sortea algunos de los escollos de la novela original. El guión es de la propia autora y se percibe que el ejercicio de repensar su obra en clave de novela gráfica le ha brindado una segunda oportunidad.
Otro elemento a favor es el inestimable soporte visual en medio de tanto personaje y parentesco donde, además, juega en contra esa conocida tradición de poner a los nietos el nombre de los abuelos, lo cual resulta aún más confuso. Prueba de ello es que las guardas interiores contienen un esquema en «árbol» con todos los personajes y sus relaciones.

Así que Recomendable porque la historia despierta interés, las diferentes atmósferas están muy bien reflejadas, tiene un estilo visualmente atractivo y además mejora sustancialmente la obra original cuyas deficiencias tanto me recuerdan La acabadora de Michela Murgia. Y conste que no tengo nada contra los autores italianos.

lunes, 15 de febrero de 2021

Maurice Leblanc: Arsène Lupin, caballero ladrón

Idioma original: francés

Título original: Arsène Lupin, gentleman cambrioleur

Año de publicación: 1907

Traducción: Lorenzo Garza 

 Valoración: está bien y, desde luego, entretiene 

Una serie de Netflix protagonizada por Omar Sy ha vuelto a poner de moda las aventuras de Arsène Lupin, afamado ladrón de guante blanco y todo un clásico de la literatura popular (sobre todo, lógicamente, en Francia) creado por Maurice Leblanc hace más de un siglo, basándose, al parecer, tanto en el personaje antecedente Rocambole como en el anarquista Maurice Jacob, un ladrón auténtico que robaba a los ricos para financiar su lucha por la Causa. Nuestro Lupin, en cambio, no delinque para perseguir un ideal ni tampoco se trata de un moderno Robin Hood -es decir, moderno en 1907-: él roba para su propio beneficio y sin ningún remordimiento. Eso sí, no sin cierta caballerosidad y con un ingenio y simpatía,  amén de maestría, arrebatadores; imposible que a alguien le caiga mal el personaje. 

Tal personaje, ya digo, fue creado por Maurice Leblanc, un escritor que antes había tratado de abrirse camino en la literatura más "seria", y rápidamente obtuvo el favor del público, de forma que su éxito le permitió rivalizar en popularidad, al menos en el país de los mil quesos, con su contemporáneo (y especular, por decirlo así) Sherlock Holmes. De hecho, el último relato de los que componen este primer libro de Arsène Lupin se titula, sarcásticamente, Herlock Sholmés llega demasiado tarde y otro de los libros escritos por Leblanc se llama, ya sin ambages, Arsène Lupin contra Herlock Sholmés. Para acentuar este parecido, resulta que Lupin actua en algún caso también como detective, sus aventuras son transcritas por un confidente, a modo de doctor Watson -se entiende que se trata del propio Leblanc-, y mantiene una relación ambivalente con su perseguidor en las fuerzas del orden, en este caso el veterano inspector jefe Ganimard.

Este primer volumen, Arsène Lupin, caballero ladrón -título muy expresivo, aunque mola más, empero, el cambrioleur francés original- está compuesto, pues, por varios relatos, independientes aunque relacionados entre sí, en los que asistimos a algunos de los primeros "trabajos" del sin par Lupin, su detención por Ganimard -el punto más bajo en su carrera delictiva... o no-, el robo en el castillo del barón Cahorn, desde la cárcel de la Santé, la anunciada fuga de la misma... Por haber, hay incluso alguna aventura en la que el desplumado es el propio Lupin, porque siempreuede haber alguien más listo -y sinvergüenza- que el más astuto de los ladrones. En fin, una serie de historias con las que pasar un rato agradable -pese a que quizá Leblanc fuera más ocurrente planteando intrigas que resolviéndolas-, siempre que se tenga claro que, como es obvio, no se trata de alta literatura. Pero sí de una literatura de evasión que tiene el sabor añejo, y quizás también añorado, de otros tiempos que, sobre el papel, parecían más amables a los de hoy. Aunque no lo fueran, en absoluto.

Nota mitómana: Existe una película francesa de 2004 titulada, cómo no, Arsène Lupin y que, al parecer, es una adaptación de otro de los libros de este personaje, La condesa de Cagliostro, protagonizada por un tal Romain Duris (que ni sé quién es, ni me interesa) y -agarraos a la silla- Kristin Scott-Thomas y Eva Green... casi me da un pasmo cuando me enteré. No la he visto aún, pero ya tengo un objetivo en la vida... : )

domingo, 14 de febrero de 2021

Charles-Ferdinand Ramuz: El Gran Miedo en la montaña

Idioma original: Francés
Título original: La grande peur dans la montagne
Año de publicación: 1925
Traducción: ¿?
Valoración: Recomendable (con matices)



El Gran Miedo en la montaña, de Charles-Ferdinand Ramuz, es una novela repleta de escenas inquietantes, empañada por una lograda atmósfera y relatada con una prosa formidable. No en balde, recuerda sobremanera a las ficciones de Algernon Blackwood o Robert Aickman. 

Su premisa es la siguiente: en una aldea suiza de alta montaña, el nuevo alcalde decide que durante el verano se lleve el ganado a los pastos de arriba, tras veinte años de no hacerlo a causa de algo que los viejos del lugar recuerdan con temor pero no nombran.

Debo decir que, aunque esta obra me ha gustado, le pondría algunas pegas. A saber: 


  • Su extensión. Ni siquiera llega a las doscientas páginas, pero a ratos da la impresión de ser un cuento estirado. 
  • Sus personajes. Entiendo que son bastante planos adrede, pero me hubiera sido más fácil empatizar con ellos en determinados pasajes si se le hubiera dado un mayor grado de complejidad a su caracterización.  
  • Su opacidad. El libro es tan inescrutable que uno lo termina con la certeza de que no lo ha entendido del todo.  

Tampoco quiero dejar de señalar las múltiples virtudes de este texto: 


  • Emplea acertadamente la primera persona del plural para configurar a su voz narradora.
  • Su prosa es simple (por momentos, incluso "naif") y reiterativa, pero su cadencia atrapa al lector, y estoy convencido de que una de tipo más convencional no hubiera tenido la misma efectividad expresiva. 
  • Su estructura se caracteriza por un angustioso crescendo argumental cuyo clímax deja sin aliento. 
  • Su fascinante ambientación nos cautiva a base de descripciones paisajísticas de una plasticidad increíble.  
  • Sus poderosas imágenes. Unas pocas irradian una belleza triste o melancólica, aunque la mayoría (las mejores) lograron darme escalofríos, transcurran de día y al aire libre o en el oscuro y claustrofóbico interior de una cabaña. 
  • Su desafiante ambigüedad. Gracias a la forma en que se exponen los acontecimientos, uno nunca puede afirmar si su naturaleza es sobrenatural o no. Ramuz retiene información, emborrona algún suceso o insinúa cosas que han quedado relegadas a la periferia del relato.  


En definitiva, El Gran Miedo en la montaña es una historia que me encantaría ver adaptada al cine por un director como Robert Eggers. Ya os digo yo que de este material puede salir una película de terror psicológico excelente.

Por cierto, la edición al español se la debemos a Montesinos. Tiene una cubierta espectacular, pero adolece de una traducción llena de erratas.

sábado, 13 de febrero de 2021

René Descartes: Discurso del método

Idioma original: francés
Título original: Discours de la méthode
Año de publicación: 1637
Valoración: Interesante, quizá recomendable

Justo antes de empezar a leer este libro me dije ¿por qué demonios me meteré yo en estos berenjenales? ¿Un libro de filosofía del siglo XVII cuando es tan cómodo leerse una novelita intrascendente? Bien, pues no se me asusten porque los reparos se me fueron bastante rápido y, como el mundo de la filosofía hace mucho que empezó a resultarme algo lejano, en esta reseña tampoco encontrarán cosas muy sesudas sobre las que tampoco me siento capaz de divagar casi nada. Solo cuento lo que me pareció el libro, y ya.

Por ponernos en antecedentes, René Descartes (un nombre que a todos nos es familiar) vivió, como decía, en el siglo XVII, y pasa por ser, precisamente gracias a este libro, el gran modernizador de la filosofía, quien cambió el rumbo o dio al menos el pistoletazo de salida para hacerlo, desde el pensamiento medieval hacia la era moderna. Ojo, que por esos tiempos andaban también otros personajes famosos y no menos innovadores, como Galileo, y eso también tendrá su importancia en la trayectoria de Monsieur Descartes.

El Discurso del método (que tiene un título mucho más largo, como era la moda entonces) es un librito muy breve, de lenguaje sencillo y prosa algo alambicada, aunque no mucho para la época. De ahí que mis temores se disiparan pronto. También bastante pronto cuenta Descartes que había escrito un trabajo más voluminoso que no había considerado oportuno publicar. Lo deja ahí, aunque después vuelve a mencionarlo, un poco misteriosamente, y al final del libro se extiende algo más sobre el tema, arguyendo que en ese libro había explicado un montón de cosas pero prefería no sacarlas a la luz para no distraerse con polémicas y poder centrarse en continuar con sus reflexiones en paz. Bueno, bueno. Ese libro parece ser que era El mundo, publicado más tarde, donde por lo visto ponía en cuestión algunos principios considerados inamovibles, y visto cómo se las gastaba la Inquisición, prefirió recoger velas por un tiempo. De ahí la referencia que hacía a Galileo.

Estas precauciones asoman un poco también en el propio Discurso del método, donde Descartes declara con cierta solemnidad su voluntad de acatar las leyes y mostrarse moderado, y casi desde el principio hace un alegato demostrando la existencia de Dios y su perfección intrínseca, todo ello, eso sí, desde el punto de vista de la razón. Porque, señores, aun mostrando públicamente mi limitado conocimiento de la filosofía (incluso diría, confieso, mi escaso interés, porque es algo que para mí ya quedó atrás), no creo que me equivoque si digo que Descartes es algo así como el padre del racionalismo. Es decir, que defiende que hay que borrar los prejuicios y todo conocimiento anterior, partir de cero y apoyarse solo en la razón para descubrir la verdad. Y para ello presenta las cuatro reglas del méthode, que vienen a decir:

  • Hay que poner todo en cuestión y no dar nada por supuesto
  • Ante problemas difíciles, conviene dividirlos en partes más simples por donde sea más fácil avanzar (esto es un consejo muy práctico para muchas cosas, la verdad)
  • En consecuencia, se debe ir siempre de lo más sencillo a lo más complejo
  • Hay que ser constante y resuelto para no omitir nada

Bueno, son principios bastante claros y que no necesitan mucha interpretación. Pero a la vista está que, al menos el primero de ellos, junto con ese poder absoluto de la razón en la búsqueda de la verdad, podía ser dinamita en la época. Y más aún si pensamos que el Discurso se escribió (y publicó inicialmente) en francés y no en latín, con el claro propósito de hacerlo inteligible a todo el mundo, cosa que tampoco habrá gustado mucho al poder eclesiástico, siempre tan celoso en la custodia del saber.

Descartes no era un revolucionario como lo entenderíamos siglos más tarde, no parece tener ninguna voluntad de transgredir ningún orden establecido, más bien al contrario. Lo que ocurre es que su énfasis en la razón, por muy inocentes que fueran sus intenciones, sí era capaz de poner en cuestión verdades reveladas y sistemas de pensamiento heredados sin discusión durante generaciones. Lo cierto es que el método está muy influenciado por las matemáticas y la física, materias que el autor conocía y trabajaba en profundidad, y que se prestan poco a aceptar conclusiones simplemente porque sí.

Da la sensación de que Descartes tampoco estaba muy a gusto con esa especie de autocensura que se impuso, y en el mismo librito desliza algunas ideas sobre el mundo, la luz, el fuego y el cuerpo humano, en parte como demostración de conocimientos que se podían obtener de la aplicación del método, pero que en el fondo parecen demostrar que don René no era capaz de quedarse del todo callado. 

Y, bueno, naturalmente, nos deja el celebérrimo ‘Pienso, luego existo’, después latinizado como ‘Cogito ergo sum’, que es un poco la piedra angular de su pensamiento, esa conclusión primera, la más básica y de la que parten todas las demás, y que cientos de años más tarde todos nos hemos aprendido.

P.D: Como curiosidad, hay algunas apreciaciones muy de pasada que algún lector temerario podría interpretar como destellos prematuros de cosas tan modernas como la teoría del big bang (sin chistes!) o la pintura cubista, y que en cualquier caso muestran a un pensador realmente riguroso y valiente.


viernes, 12 de febrero de 2021

Dubravka Ugrešić: Baba Yagá puso un huevo

Idioma original: croata

Título original: Baja Jaga ja mijela jaje

Año de publicación: 2008

Traducción: Luisa Fernanda Garrido / Tihomir Pistelek

Valoración: se deja leer

Tal como esta reseña se publique recibiré, supongo, una llamada al orden por parte del Subcomité de Asuntos Balcánicos del blog, y en un principio basaré mi defensa en el poderoso argumento esgrimido hace unos días por la compañera Beatriz, en uno de esos eternos rifirrafes en los comentarios, sutiles pero últimamente tan frecuentes: somos un blog amateur y no un comité académico. Gracias por el capote, amiga.

Porque la cuestión lleva unos días haciéndome plantear un poco hasta mis hábitos lectores y mi firme determinación de los últimos tiempos de desestimar abandonos y seguir con los libros hasta el final. O sea, que la sombra amenazadora de la reseña interruptus sobrevoló cual ave carroñera, pero decidí seguir hasta el final, donec perficiam que dicen algunos últimamente, y no porque esperara gran premio, sino porque los años le hacen a uno tozudo a la par que impaciente, curioso oxímoron.

Digamos que Dubravka Ugrešić ha concebido este libro como una especie de mezcla de géneros y que a mí esa mezcla me ha convencido muy poco. Baba Yagá puso un huevo me ha parecido, en algún momento, como un libro hecho por encargo a medida de una cierta propuesta, que es encajar ciertos elementos de la mitología de los países eslavos en una narración de ubicación contemporánea, encajarla como si se tratase de un cuento narrado por un tercero, e incrustar en este remedo ciertos estereotipos de corte reivindicativo, fundamentalmente la invisibilidad a la que son postergadas las mujeres de avanzada edad, y como esta situación no es nueva sino la consecuencia del prolongado arraigo de dicha imagen en el imaginario popular, aludiendo en dicho discurso (en una especie de epílogo/glosario que se extiende por decenas de páginas al final del libro) a todo tipo de figuras como las brujas, la inquisición, leyendas populares, etc.

Yo me hubiera quedado más satisfecho si la novela se hubiera limitado a esos hechos de hoy: a la presencia de tres mujeres de avanzada edad (Pupa, Beba, Kukla) que se toman unas vacaciones y visitan un balneario en Varna, Bulgaria, de viaje desde su Zagreb natal, donde pasan unos días de corte tragicómico acompañadas por masajistas con priapismo, médicos de lo estético ávidos de facturación, y creo que, como lector y considero que otros lectores podrían sostener igual planteamiento, no sería necesaria tanta explicación y tanto contrapunto, ni esos pareados finales que apuntan un hilo narrativo y que deben haber traído de cabeza a los traductores, que lo han resuelto con fe y resignación. Porque en cada una de sus andanzas casuales, en sus conversaciones y en los recorridos sobre sus existencias y el tono crepuscular generacional, ya se apunta entre líneas ese agridulce presente: haber dejado atrás existencias pasadas, juventud, familia, amoríos, limitarse a ser seres invisibles abocados a una decadencia física irremisible. Siempre teniendo en cuenta que el balcanic touch está ahí, en forma de breves pero memorables alusiones a la época del comunismo, a la política de bloques, al conflicto en el que el estado yugoslavo se desmoronó, a la precariedad económica heredada de la época, a lo errático del comportamiento de las distintas futuras naciones, colectivos, etc, desde que ese proceso de reubicación de fronteras se inició. Un espíritu que se percibe en esa narrativa reciente de forma no siempre tranquilizadora. Como si solo una férrea dictadura fuera capaz de mantener cohesión entre pueblos que en realidad son demasiado antagonistas para permanecer unidos.

Pero esta semana ya hemos hablado demasiado de estadistas que se creen padres ejemplares de sus gobernados, ¿no?

Y entonces la autora cierra el libro con ese epílogo que parece un who's who de figuras populares del norte y el este de Europa y nos ofrece una relación de conceptos algo repetitiva y monocorde donde, en una algo pesada mezcolanza de tono poético e informativo, se alude a las distintas acepciones de esa Baba Yagá, mujer de avanzada edad, de aspecto físico desagradable, nos empieza a hablar de aves y sus representaciones en el imaginario popular eslavo, del huevo como contenedor y como especie de regreso al útero, pasaje este que me ha aburrido sobremanera y que no niego que pueda encontrar su público entre curiosos insaciables y consumidores impenitentes de canales ubicados en los diales de tres cifras de los operadores digitales. Y perdonad, también he de declararme fan por lo general de lo que publica Impedimenta, pero, ay, ¿dije aburrido?, palabra tabú quizás para algunos, pero sensación que experimenté en demasiados momentos y que me veo obligado a transmitir aquí, que para eso estamos.

jueves, 11 de febrero de 2021

Reseña + Entrevista: La sed, de Marina Yuszczuk

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Bastante recomendable

El paseo de una mujer con su hijo de 5 años por el cementerio de la Recoleta tratando de conjurar un recuerdo perturbador y su posterior encuentro con alguien que, en vez de salir del cementerio, se gira y camina hacia las tumbas es el pórtico de entrada a una novela en la que Yuszczuk combina géneros y tiempos para hablar, fundamentalmente (aunque no solo), de nuestra relación con la muerte. Y si bien el texto se divide en dos partes perfectamente separadas en lo temporal, en lo que respecta a lo "genérico" las fronteras son mucho más porosas. 

Así, en la primera mitad de la novela, ambientada en el Buenos Aires del XIX al que la llega la protagonista huyendo de la persecución que los vampiros sufren en Europa, predomina lo que podríamos llamar "terror gótico" y los clichés asociados al mismo (fantasía, (homo)erotismo, violencia, enfermedad, sexo...). Pero esta primer mitad tiene un importante componente "costumbrista", especialmente en lo que se refiere a la recreación de un mundo salvaje en formación y/o cambio en el que la vida apenas vale nada.

Por su parte, la segunda mitad de la novela transcurre en el Buenos Aires del siglo XXI y tiene, en su mayor parte, un componente intimista. En este caso, la protagonista es Alma, la mujer que comentaba en el primer párrafo de la reseña, y la narración, en forma de diario, se centra en la enfermedad incurable que padece su madre. El progresivo deterioro físico de esta será paralelo al progresivo alejamiento del mundo de Alma y al descenso a un mundo ajeno entre la angustia y la locura. Esta segunda parte, por lo tanto, podría definirse, sin miedo a equivocarme demasiado, como "novela psicológica" (y aquí me ha recordado por momentos a "Sobre héroes y tumbas", con su descenso a los infiernos y su paseo por el Parque Lezama incluidos. Cosas mías, supongo). Como es de prever, ambas historias acaban confluyendo y dando pie a un final de lo más potente.

En cuanto al "tema" de la novela, decía inicialmente que este sería el de nuestra relación con la muerte (quizá la perfección para ocultar la muerte sea la victoria más contundente de este siglo), a medio camino entre la fascinación y la repugnancia, que nos lleva a visitar cementerios dentro del city tour al tiempo que optamos por asépticos tanatorios para despedir a nuestros muertos. Pero además de esa relación con la muerte, "La sed" nos habla de relaciones materno-filiales, del ser humano ante la enfermedad, el dolor y la soledad, de mundo extraños, de lo más oscuro del alma humana. 

Para terminar, quisiera mencionar los aspectos positivos del libro, entre los que destacan la ya citada recreación del sórdido ambiente de una Buenos Aires asolada por la peste, la potencia de algunas de las imágenes de la primera parte de la novela (hay una escena que transcurre en una iglesia que...) y la solidez de la narración de una vida en derrumbe que ofrece en la segunda mitad del texto. En el lado menos positivo, únicamente alguna que otra reiteración que hace que el ritmo se resienta un poco y que podría haberse solucionado con una pequeña "poda".

En resumen, "La sed" es una novela situada en la línea de otras narradoras como Mariana Enriquez o Mónica Ojeda, que aúna entretenimiento y profundidad y que resulta altamente recomendable para todo tipo de lector. Y es que, como suelo decir por ahí, el "nuevo boom latinoamericano" será femenino o no será.

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Una vez comentado el libro, y gracias a la amabilidad de Paula (prensa Blatt & Ríos España) y de la propia Marina Yuszczuk, reproducimos una breve charla que mantuvimos vía mail con la autora de "La sed".

ULAD: Encontramos en “La sed” dos tiempos perfectamente separados y diferentes “géneros” en cada uno de esos tiempos. ¿La novela fue así desde un comienzo o se fue convirtiendo en algo diferente a medida que ibas escribiéndola? ¿Cómo fue el proceso de creación de “La sed”?

M.Y.: La idea inicial era que toda la novela fuera narrada por la vampira y que ella fuera atravesando el tiempo hasta la actualidad. Me imaginaba que finalmente se encontraba, sí, con la protagonista de la segunda parte, pero el punto de vista seguía siendo el de ella. Después escribí algunos fragmentos de la segunda parte con la voz de la narradora contemporánea y me gustó mucho, así que decidí darle lugar a esa voz. Es un experimento muy interesante probar qué cosas se pueden decir con cierto tipo de voz y cuáles no; en este caso me gustó mucho escribir una experiencia de la muerte más bien macabra a través de la vampira, pero a eso quise contrastarle el costado humano y la ternura de la hija que está por perder a la madre. Me resultó más potente que cada una de las dos mitades modificara y tensara a la otra.

ULAD: Más allá de los tiempos y los “subgéneros” que encontramos en la novela, el núcleo principal de la misma son las diferentes formas de relacionarnos con la muerte, la enfermedad, el dolor, etc. ¿Crees que nuestra relación con estos hechos es diferente a la que podía ser, por ejemplo, a finales del XIX?

M.Y.: Sí, por supuesto, me parece que en esa época la gente sabía que iba a morir, no sé si nosotros lo sabemos (por eso esta pandemia fue un golpe tan fuerte). Hay una relación muy distanciada con la muerte, a diferencia de una época en que muchas veces las personas eran veladas en sus propias casas, era probable ver o acompañar a morir a alguien, preparar el cuerpo, y también había todo un sistema de creencias cristiano muy vivo que demandaba cuidar cada paso del velorio y entierro porque se trataba de asegurar el mejor paso posible al otro mundo. En nuestra época, más bien laica, los criterios son prácticos, por algo se está difundiendo tanto la cremación, pero me pregunto qué efectos tiene todo esto sobre nuestra idea de la muerte y cómo nos prepara para morir. En general siento que no nos prepara, que todo es pura negación. Y las ficciones de terror son un lugar posible para enfrentarnos con eso que no queremos ver pero está ahí.

ULAD: Hay una frase en el libro que dice algo así como “quizá la perfección para ocultar la muerte sea la victoria más contundente de este siglo”. En este sentido, ¿cómo ves esa contraposición entre los cementerios como lugares de atracción turística y los modernos tanatorios que más parecen tener por objetivo esconder la muerte?

M.Y.: No creo que se pueda volver atrás ni que sea deseable, pero me impresiona mucho visitar un cementerio del siglo XIX y notar cómo se trataba de dejar un testimonio imborrable —esculpido en piedra, de hecho— del paso de una persona por la vida, y que el arte tuviera un papel tan importante en ese deseo. Yo creo que los escritores también queremos dejar algo, con poca esperanza pero queremos. Y en ese sentido pienso que la literatura conecta necesariamente con un mundo bastante perimido, ahora que todo es más volátil, más efímero. Pero eso me encanta, me parece romántico.

ULAD: También la relación materno-filial y la relación de Alma con su propio cuerpo son parte fundamental de la novela. Anteriormente ya habías explorado estos temas a través de la poesía (igual también desde otras ópticas, pero yo solo he leído los poemas de “Madre soltera”). ¿Cuáles son las principales diferencias a la hora de reflexionar sobre estos asuntos según una óptica u otra?

M.Y.: No es tan diferente. De hecho en Madre soltera, que es un libro de poemas sobre mi maternidad, recurrí a la ficción en algún punto; hay un texto en prosa por ejemplo donde para explicar el dolor y el estado salvaje del amamantamiento se habla de una mujer que tiene un hijo lobo. Es que decir de manera directa no funciona, ni en narrativa ni en poesía, y yo veo en ese libro el germen de lo que serían mis intereses mucho tiempo después al escribir novelas. Creo que en una obra hay una continuidad, temas y formas que se ensayan, se prueban y se transforman. También me parece que mi manera de escribir narrativa es muy de poeta; privilegio lo sensorial, las imágenes, por sobre las acciones. En La sed, más que narrar las peripecias de los personajes, me interesaba que los lectores pudieran estar ahí, en el mundo que cada una de ellas convoca.

ULAD: La novela, sobre todo en su primera mitad, me parece tremendamente sensorial (huele a muerte, a sexo, a opio, presenta imágenes de una fuerza tremenda,…), pero, al mismo tiempo, tiene una parte “costumbrista” más que interesante. ¿Cómo fue ese proceso de documentación sobre la epidemia de cólera de fines del XIX?

M.Y.: Sobre la epidemia, que fue de fiebre amarilla y fue realmente impactante, hay bastante información, así que no fue tan difícil documentarme. Sí fue difícil investigar sobre el Cementerio de la Recoleta; yo buscaba detalles muy específicos y a muchos los encontré en artículos académicos de urbanismo, sociología, costumbres funerarias del siglo XIX, etc. En cuanto a la ambientación de Buenos Aires, usé relatos de viajeros y de narradores argentinos de la segunda mitad del siglo XIX como Eugenio Cambaceres, Lucio V. López, Eduarda Mansilla.

ULAD:  Por último, y es pregunta obligada en vista del auge de las narradoras latinoamericanas en estos últimos tiempos. Aunque pueda sonar a “meter todo en un mismo saco”, cosa que no sería del todo cierta, sí que se observan una serie de rasgos comunes en textos de autoras como Mariana Enríquez, Mónica Ojeda, Liliana Colanzi o tu misma. ¿Se puede hablar de una “generación interconectada” con un imaginario y unas inquietudes comunes o puede ser fruto de la casualidad?

M.Y.: Sí, por supuesto, no sé si es una generación pero en literatura los fenómenos no vienen de a uno (supongo que en ninguna disciplina artística), y nos nutrimos de lecturas de contemporáneos. En mi país es muy importante la figura de Mariana Enriquez y el papel que ella cumple con respecto a la literatura de terror porque, si bien hay una tradición de fantástico y algunos relatos de terror más bien aislados, con Mariana es la primera vez quizás que el terror es tanto prestigioso como masivo. También es cierto que mi generación, y tantas generaciones de mujeres antes que yo, crecimos leyendo literatura gótica o con fuerte presencia del gótico. Jane Eyre, por ejemplo, es un libro de cabecera. Sin embargo se nos hizo sentir de diversos modos que esas lecturas eran “femeninas” (usando el término para restarle importancia), cosas de chicas, de segundo orden. Yo por lo menos siento que al escribir un relato de vampiros en el siglo XIX aparece la niña y adolescente lectora que fui, también espectadora de cine, por supuesto.

ULAD: “Bonus track” (y esto es mera curiosidad): ¿De dónde viene ese Yuszczuk? ¿Tiene su origen en los territorios en los que se sitúa el comienzo de la novela? ¿Hay entonces algo de “vampírico” en Marina Yuszczuk y algo de memoria familiar en “La sed”?

M.Y.: No, ¡ojalá! Tiene más que ver con corrientes inmigratorias de Europa del Este que llegaron a Argentina entre fines del siglo XIX y primeras décadas del XX. Mis abuelos y abuelas llegaron en barco desde Europa, igual que mi vampira. Mi abuelo, Fiodor Yuszczuk, vino de Bielorrusia. Y siempre me fascinaron las historias de inmigrantes, por eso algunos personajes de la novela lo son. Ellos iban a otro mundo de verdad, a lo desconocido.