martes, 30 de noviembre de 2021

Tochoweek V #2 Jonathan Franzen: Encrucijadas

Idioma original: inglés
Título original: Crossroads
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino (edición en castellano) y Anna Llisterri Boix (edición en catalán)
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable

Una Tochoweek es la pesadilla de cualquier reseñista acostumbrado a extenderse en las reseñas. Pero este humilde lector no podía falta a la cita, y aquí estamos con el último libro publicado de uno de los grandes novelistas estadounidenses, uno de los autores que siempre constan en la lista de escritores de La Gran Novela Americana (ahí estarían Pynchon, también DeLillo y los ya fallecidos David Foster Wallace y Philip Roth, entre otros). Y es que ambición no le falta a Franzen (tampoco talento), pues este libro de aproximadamente setecientas páginas es el primero de una trilogía de nombre pomposo («A Key to All Mythologies», en referencia a Middlemarch) y que, partiendo de este libro situado en los años 70 le seguirán el segundo donde la acción tendrá lugar a finales de siglo XX para culminar la trilogía con el último volumen ambientado cerca de nuestros días. Pero vayamos a ello, que los temas que trata no son pocos.

Con esta ambiciosa novela, Jonathan Franzen arranca su tour de force sobre las mitologías entendiendo como tales las creencias irracionales con relación a la religión y las creencias personales. Franzen ubica a sus personajes en New Prospect, una pequeña comunidad del Medio Oeste donde Russ es el pastor. Así, la religión los envuelve a todos en su día a día y en sus principios morales, aunque de diferente manera y con diferente calado, pero es indudable que la religión y la ética en el comportamiento humano sobrevuela toda la narración y la engloba y la ciñe en su circunspección. Y el autor busca con ello la confrontación entre ideas y modos de vida descomponiendo su aproximación en los diferentes personajes que conforman la familia Hildebrandt, núcleo de la trama argumental de la novela: el padre, Russ, pastor de una iglesia protestante casado con Marion, pero que siente cierta atracción por Frances, una mujer recién enviudada de la congregación. También están los hijos: Clem, el hijo mayor que vuelve de la universidad, la popular Becky, capitana del equipo de animadoras y la niña de los ojos de su padre, Perry, el hijo postadolescente con gran intelecto pero también con tentaciones poco saludables y cierto aire nihilista y Judson, el pequeño y el gran olvidado. Y, por si personalidades tan dispares no fueran suficiente munición para la batalla ideológica y moral que plantea el autor, además añade a la «fiesta» un rival en la congregación de nombre Rick Ambrose y el ingreso a Encrucijadas (grupo dentro de la iglesia en el que acuden jóvenes) de Becky que coincidirá allí con su hermano Perry. Rick Ambrose con quien Russ choca de pleno, por un episodio pasado que marca su relación a pesar de que «las maneras de orientarse de cada uno se complementaban, las de Ambrose entraban más en el plano psicológico y de calle, las de Russ más en la política y con un sesgo más bíblico». Y claro, todo ello en vísperas de Navidad, en el 1971, en una época donde la moralidad y la ética debían medirse en un mundo poblado de drogas y una guerra del Vietnam que marcaba las vidas de toda una generación.

A partir de las diferencias entre las diferentes personalidades, aparecen las fricciones que dan peso al argumento de la novela, porque no es lo sucede o pasa, sino cómo sucede y cómo lo hace y encaja dentro de la manera de ser de cada uno. Porque Franzen se muestra cómodo en la incomodad de sus personajes, en sus crisis existenciales y personales que el autor va desgranando poco a poco. Así, el ingreso de Perry en el grupo Encrucijadas y su coincidencia con Becky da pie a un enfrentamiento dialéctico entre ambos en la que el autor encuentra perfectamente el tono, pues Perry y su visión nihilista y pesimista, alguien muy inteligente, que «podía ser igual o mejor que ellos. Nadie podría retener en los pulmones una calada más tiempo que él, nadie podía beber más sorbos de alcohol que él sin farfullar, nadie conocía más palabras en inglés»; Perry, con su visión crítica y cínica del mundo, que le lleva a cuestionarse si cuando alguien hace el bien en el fondo no lo hace por un acto de egoísmo pues al sentirse bien consigo mismo (o incluso buscando la vida eterna) obtiene un beneficio propio al hacerlo. Y ese espíritu crítico y directo choca de manera frontal con Becky, la líder, su atractiva hermana que todo el mundo conoce, pues «en New Prospect el nombre de Becky Hildebrandt era mágico en el sentido más estricto, mencionarla era la garantía de que la participación en una fiesta será máxima». Becky, que no soporta a su padre. Becky, que recela de su hermano y en el espacio de confianza y sinceridad que inunda el espíritu de Encrucijadas, un lugar donde se habla desde la sinceridad y el autoconocimiento, le espeta que utiliza a todo el mundo para sus necesidades, que los trata a todos con menosprecio, que «creo que no hay nadie que te conozca realmente. Creo que las personas que creen que te conocen se equivocan. Y tú sabes muy bien cómo utilizarlas». 

También está Clem, quien va a la universidad y sale con Sharon, que quiere ser escritora y tiene un hermano luchando en la guerra de Vietnam. Y echa de menos su casa, y especialmente a su hermana Becky con quien tiene una relación muy especial, porque «estar cerca de Becky no le molestaba nunca», porque como «Clem ya tenía a Becky, no se había esforzado mucho en hacer amigos en la escuela», porque Becky y Sharon competían por el mismo espacio en su corazón. Pero, a diferencia de Becky, Clem sí admira a su padre, por sus ideas y sus ideales, y «buscaba la aprobación de su padre, tanto por su ética de trabajo como por sus ideas políticas», pero a la vez compite con él por ella, pues a su padre «parecía que le diera rabia que Clem también fuera amigo especial de ella, que hubiera intentado separarlos y hubiera establecido una relación separada con cada uno de ellos» y siente cierta decepción por él «porque aprovechaba la buena educación de Becky para arrastrarla a pasea con él  los domingos, viendo como se separaba de su madre en las actividades de la iglesia y charlaba con las mujeres de otros hombres».

En la figura de Russ, Franzen explora y explota las contradicciones e inseguridades y abunda en el personaje adentrándose a través de sus miserias hasta explorar la condición humana más débil y temerosa. Así, en ciertos pasajes, en la manera de tratar a las mujeres y en la interpretación de las actitudes de ellas hacia su persona y su reacción ante ellas, uno recuerda de manera bastante clara a Hamsun por sus altibajos emocionales que yerran en cada una de las situaciones en las que están sometidos a tensión. Así, a medida que avanza el libro, vemos en Russ una actitud paranoide, hostil y que interpreta las situaciones desde la absoluta incomprensión de quien se ve cegado por el amor y la inseguridad en sí mismo. Justificación y rabia, amor y odio, deseo y hartazgo se funden en una misma relación, a menudo imaginaria, pero a todas luces real en su mente y que se resumen perfectamente al afirmar que «no fue hasta que ella se fue que conectó de nuevo con su deseo. De hecho, pensó, el encuentro difícilmente podría haber ido mejor. Fue una revelación la manera como respondía de forma positiva a su ira y negativa a sus súplicas. Había dado con la clave (…) pero no saber qué pensaba era una tortura». 

Todo avanza en un sentido y con cierto ritmo pausado, que va llenando el escenario de pequeñas pinceladas que van conformando el paisaje ideado por el autor hasta que llega Marion y su arrebatador pasado. Ahí algo implosiona y empieza a arrastrar al lector en una caída ininterrumpida hacia una espiral de decadencia moral. Porque claro, nos faltaba Marion con problemas de autoestima debido a un sobrepeso que intenta combatir y que va a terapia para sentirse mejor. Marion que tiene a una hermana llamada Shirley que fue la favorita de su padre, quien se suicidó tiempo atrás y creó en ella un vacío que llenó de rebeldía. Marion, un personaje completo que valdría ya por sí solo un libro entero, dedicado, exhaustivo, porque con Marion llega un retrato de la primera mitad del siglo XX perfectamente retratado entre vendedores de coches, ambiciones artísticas, deseo y aspiraciones, e infidelidades. Marion aporta a la novela desesperación, con un pasado de brotes psicóticos desencadenados tras su relación con un marido infiel pero cobarde, convirtiéndose en la esposa inocente y despechada, a la vez que una amante desesperada, llena de inseguridades y un eterno sentimiento de culpabilidad por todo lo que le sucede en la vida, exonerando a los demás por sus culpas (y pecados) y atribuyéndose a ella misma la causa (y merecimiento) de tales desventuras.

Franzen destaca en la construcción de los personajes, en cómo perfila sus caracteres y los contrapone y los confronta en inteligentes, agudos y mordaces diálogos que demuestran que el autor es bueno justamente en eso: en crear un escenario a partir de ellos, y no al revés. Son los personajes los que ocupan el primer plano y la historia se teje a partir de ellos; y, para que funcione, deben estar bien definidos, con luces y sombras, con defectos y aristas. Y esos choques suceden en múltiples capas, porque no solo se producen entre los diferentes personajes, Perry con Becky, Perry con Russ (pues ve a su padre con Frances y se da cuenta que «ha pillado al viejo en delito flagrante» justamente con la madre de su amigo Larry).

Estructuralmente el libro de divide en grandes capítulos cada uno de los cuales se centra en uno de los miembros de la familia. Así, el autor facilita la empatía del lector hacia sus personajes, pues se adentra en ellos y permite trasladar la visión y personalidad de cada uno de ellos en contraposición con el resto y hay que reconocer que Franzen es muy bueno en la creación de personajes, les otorga una personalidad compleja, con claroscuros e imperfecciones. En Franzen no hay buenos o malos, todos ellos tienen sus puntos fuertes y débiles, sus logros y fracasos y, a pesar de la singularidad y diferencia entre ellos, sí tienen algo en común: no hay malicia en sus acciones o, al menos, no de manera pretendida. Así, las Encrucijadas son aquellos momentos vitales en los que hay que tomar decisiones críticas, se encuentran no únicamente en los caminos que separan los territorios emocionales entre los personajes sino también dentro de uno mismo, donde cada acción, cada pensamiento, cada decisión, es sometida a un proceso interno en el que escoger un camino u otro no es tarea fácil y sí a veces definitiva. Franzen retrata las imperfecciones y contradicciones del ser humano y busca en los roces que generan las múltiples situaciones cotidianas para afilar las aristas que sobresalen y que hieren y lastiman a los demás, y a uno mismo. A través de sus personajes, Franzen toca diferentes temas como el suicidio, la ambición, las inseguridades, las dudas, las infidelidades, la decadencia, la decepción, el deseo… nos habla de drogas, de la religión y la ética y la moral y trata también sobre la culpa y la culpabilidad, sobre los sentimientos que albergamos y que, en ocasiones, hacen que nos creamos responsables y merecedores de lo que nos sucede, para bien o para mal.

Y, en esta extensa novela, Franzen retrata los personajes hasta límites que, en algunos casos, van mucho más allá de lo que la historia requiere. Así, cada uno de ellos podría, de manera individual, ser el protagonista absoluto de la novela. Esto crea un aura de novela completa, de novela perfecta, pero en parte se echa a perder por el exceso. Una novela de setecientas páginas que debe leerse con ritmo pausado para no perder detalle y que sitúa al lector ante un tour de force que en ocasiones le causa la duda de si vale la pena. Y claro, la vale porque Franzen escribe muy bien, pero uno se cuestiona si no hubiera sido mejor pegar algún tijeretazo y hacer una novela más compacta, más centrada, menos amplia y ambiciosa. Es posible que Franzen sea uno de los ultimas grandes novelistas americanos y da la sensación de que pretende demostrarlo en cada uno de sus libros.

Lamentablemente las últimas doscientas páginas del libro no están a la altura del resto, engrandecidas y desdibujadas en una excursión a territorio navajo donde se muestran los excesos de Franzen en ambición de alcance y en desmadre y descontrol. Ahí la novela se diluye entre recuerdos del pasado de Russ y drogas consumidas que en ocasiones parece propio de una novela como Transpotting. Es por ello por lo que la valoración no puede ser más positiva, aunque sí recomendable, pues el libro tiene muchos elementos de interés y el retrato que realiza Franzen de una familia desestructurada y la perfecta caracterización de sus miembros y la incidencia de la religión en todos ellos, merecen por si mismos una lectura que deberá ser, como el propio tamaño apunta, intensa y profunda y que abre boca para una segunda parte de la trilogía que auguro será prometedora e interesante.

También de Jonathan Franzen en ULAD:  Aquí

lunes, 29 de noviembre de 2021

Tochoweek V #1 George Eliot: Middlemarch

Idioma original: inglés

Título original: Middlemarch

Traducción: Jose Luis López Muñoz

Año de publicación: 1874 (antes, por entregas)

Valoración: Recomendable alto

Algunos de los elogios más sonoros que ha recibido Middlemarch vienen de autores sobresalientes en lengua inglesa, como Martin Amis o Virginia Woolf, si mal no recuerdo. El tocho, que ronda las mil páginas, se publicó inicialmente por entregas para editarse luego en un solo volumen, con gran aceptación popular. Todo ello bajo el seudónimo masculino de George Eliot, que esconde (pero no mucho) que su autora es Mary Ann Evans. Todo un signo de los tiempos, cuando un texto publicado por una mujer era, además de bastante insólito, garantía de fracaso editorial. Lo curioso del caso es que, más allá de la autoría nominal, cuando en el texto asoma la voz del autor –y lo hace esporádicamente pero con alguna frecuencia- en ningún momento esconde que es una mujer quien escribe.

Y como esto es todo tan larguísimo, me refugiaré en esos apartados tan socorridos que me permiten eludir un comentario más compacto:

Sinopsis

Middlemarch es una ciudad imaginaria de provincias en la que conviven distintos estratos sociales, como luego veremos. Los Brooke están en la cúspide local, aun sin exhibir títulos demasiados elevados, y entre ellos Dorothea destaca, además de por su atractivo, como joven idealista y con vocación benefactora. Se casará con un clérigo y erudito mucho mayor que ella, y esa decisión supondrá algunos problemas. El otro foco principal se encuentra en la familia del alcalde Vincy, en un escalón algo más bajo, que tiene por hijos a otra bellísima muchacha y un jovenzuelo bastante tarambana. Con todos ellos entra en contacto el médico Lydgate, recién llegado al pueblo con ambiciosas ideas para impulsar su profesión, y el banquero Bulstrode, el tipo de mercader enriquecido, a su vez dominado por una religiosidad radical.

Las distintas trayectorias de todos estos personajes (y unos cuantos más, claro) y sus interrelaciones dan lugar al esqueleto del argumento, con el que interfiere, aunque en un segundo plano, el momento histórico del país, con la sucesión de Jorge IV, los distintos proyectos reformistas o la aparición del ferrocarril.

Dentro del personaje

Quizá la cualidad más sobresaliente de la narración es la capacidad de la autora para escudriñar en el interior de cada personaje. Sin alardes de psicología ni necesidad de sumergirse en traumas o desgarros, en cada conversación –y las hay muchas- sabemos el porqué de cada gesto, de cada movimiento, el nerviosismo o la esperanza que siguen a una palabra, el recelo, la ira contenida, el agradecimiento, la perplejidad, todas las sensaciones que se experimentan en unos minutos  llegan al lector como si el cerebro o el corazón del personaje fueran transparentes, e inmediatamente los entendemos, sabemos por qué reaccionan así, qué sienten y qué desearían. Un grado de sensibilidad poco común que permite conocer a esos personajes sin necesidad de descripciones; los vemos, los oímos y sabemos lo que sienten al detalle. Más que análisis psicológico es conocer la naturaleza humana y ser capaz de transmitir esa visión.

Ironía made in England

La otra gran característica de Middlemarch es sin duda la ironía, una sorna extremadamente fina que sin duda tiene el sello british pero siempre envuelta en amabilidad (el sarcasmo más hiriente lo pone Mary Ann en boca de alguno de los personajes secundarios, como demostrando hasta dónde podría llegar su agudeza si quisiera). Mantenido a lo largo de tantas páginas, deja una sensación sumamente agradable, de discreción que no desdeña un toque divertido y que permite detectar el posicionamiento de la autora respecto de cada uno de sus personajes, siempre amable pero sin ocultar censura cuando lo considera oportuno. En todo caso, dentro del tono elegante que domina todo el texto, y con pequeñas y muy medidas invocaciones directas al lector que le dan frescura y cercanía al relato.

Un estudio de la vida de provincias

Ese es el subtítulo con que se presenta la obra. Suena algo frío y contrasta con la cercanía de la narración, pero sí que resulta descriptivo si observamos el libro como cuadro de personajes significativos de una pequeña ciudad provinciana. Sin pretender profundizar demasiado en este aspecto, queda clara la estratificación social propia de la época y el entorno: las familias nobles (una nobleza más o menos modesta) habitan fincas en los campos exteriores a la ciudad y mantienen cierta distancia con la burguesía (abogados, financieros, profesionales de distinto rango), y las líneas divisorias entre unos y otros, aunque invisibles, son muy nítidas. Hay una especie de pavor ante la posibilidad de descender en la rígida escala social, y un ansia obsesiva por buscar caminos para progresar en ella. Es en realidad el gran motor del relato, nada se mueve al margen de esta segmentación y las relaciones personales se ven condicionadas por ella. Ahí está la pugna entre el amor y los corsés sociales, una lucha que no será muy original, pero en este caso, estupendamente bien narrada.

También hay que decir que Mary Ann no toca ni con un palo las capas bajas de la sociedad, eso es cierto; pero bueno, el autor es libre para elegir sus personajes, faltaría más. Lo que sí deja ver, siempre con ironía y sutileza pero a veces con mucha claridad, es una crítica a la posición de la mujer en esa sociedad: un buen matrimonio es la meta final (y única), y en ninguna cabeza cabe que alguien se salte este principio. Bueno, en ninguna salvo, en algún caso, la de la propia interesada.

Con todo, tampoco quiero ignorar la posible opinión del lector que vea en este libro un larguísimo culebrón. No precisamente por abusar de una trama de enredos artificialmente barroca, sino sobre todo porque el relato se centra en las relaciones amorosas de varias parejas obligadas a superar dificultades de distinto tipo. Sin embargo, pienso que esto sería una lectura excesivamente superficial, porque los obstáculos a esas relaciones, lejos de ser meros trucos para estirar la historia, son el corazón mismo de la novela: sobre todo las diferencias sociales, pero también cierto convencionalismo hipócrita, los roles femeninos, la obsesión por guardar las formas o la peculiar psicología de esos personajes que la autora describe con tanto talento.

Como he comentado alguna vez a propósito de estos tochos que de vez en cuando traemos, entiendo que haya quien opte por escapar de semejantes volúmenes (hay por el contrario a quienes esto les encanta, no sé bien por qué). En este caso la magnitud es realmente apabullante, pero yo me atrevería a invitarles a internarse en ese mundo: seguro que pasadas las primeras decenas de páginas les será difícil dejarlo.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Nerea Pallares: Los ritos mudos

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable 

Los ritos mudos, antología de la gallega Nerea Pallares, recoge diez relatos decadentes, oscuros y malrolleros. Si bien todos son notables, los hay que me han gustado más que el resto.

Pallares se muestra solvente en distintos registros: el del retrato psicológico, el del drama intimista, el de la crítica social, el de la imaginería y atmósfera terroríficas... En consecuencia, su colección de cuentos resulta satisfactoriamente ecléctica, pues nos entrega, por un lado, historias realistas (por ejemplo, "Los días salados" o "La espera"); asimismo, también nos obsequia con ejercicios de literatura fantástica (mi favorito dentro de esta categoría sería "Fä"); por no hablar de esas propuestas ambiguas que dejan en manos del lector decidir si contienen algún elemento sobrenatural o no. 

Sólo le pondría un par de pegas a estos textos. En primer lugar, destacaría que, puntualmente, su prosa se antoja impostada y puede sacarnos de la narración. Asimismo, señalaría que en algunas piezas he echado en falta un mayor desarrollo de la idea base o de los matices que ésta sugería. 

Sea como fuere, Los ritos mudos es una lectura estupenda para los amantes de la ficción inquietante. La factura, temática y calidad del componente medio de este volumen permiten enlazar a Pallares con escritoras hispanohablantes de la talla de Mariana Enríquez, Samanta Schweblin o María Fernanda Ampuero.

Por último, querría felicitar a la editorial InLimbo. Y es que tanto su catálogo como su estética me parecen sumamente reivindicables. Ojalá pueda seguir desarrollando su impagable labor durante mucho tiempo.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Marina Yuszczuk: La inocencia

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2017
Valoración: Bastante recomendable

"La inocencia" es el segundo libro de Marina Yuszczuk que leo y supone la confirmación de uno de mis descubrimientos literarios del año debido, fundamentalmente, a su capacidad para cambiar de registro sin que la calidad del texto y el interés que el mismo despierta se vea afectados. 

Si "La sed" era una novela dual, relacionada con lo fantástico en su primera mitad y mucho más intimista en la segunda, que hablaba de la muerte, de relaciones maternofiliales, del miedo, el dolor y la soledad, "La inocencia" se trata de un texto próximo a la novela de formación en el que el peso de lo intimista es mucho mayor, tanto es así que ciertas pistas de la parte final del texto parecen indicar que estamos ante una novela autobiográfica. En cualquier caso, esto último no resulta relevante ya que el texto consigue trascender la (posible) experiencia personal.

Todo lo anterior puede parecer algo extraño después de leer unas primeras páginas, esas que hablan del ingreso de la madre de la narradora y protagonista en una "secta", que podrían sugerir que estamos ante una versión argentina de Carrie. Algo de eso hay, sobre todo en la importancia de la relación de la protagonista de "La inocencia" y de "Carrie" con su cuerpo, pero con el paso de las páginas el peso de la novela queda en la propia narradora, quien nos habla de la relación con su madre y de una doble vida, entre la religión y el "resto del mundo". 

Esta dualidad, esta escisión que supone la coexistencia de un mundo cerrado como el de la secta y las múltiples posibilidades del mundo exterior a esta, así como los efectos que suponen sobre la narradora y protagonista es uno de los aspectos más reseñables de la novela. Otros puntos a destacar son la evolución personal de la protagonista desde la infancia a la juventud, pasando por una adolescencia tumultuosa en el que la culpa juega un papel clave, su relación a lo largo de los años con el cuerpo y el sexo y la búsqueda de un sentido de pertenencia en sus más variadas formas. Todo esto, obviamente, ligado de forma indisoluble a la escisión de la que hablaba y a una memoria armada con materiales tan escasos que a uno no le queda otra que generalizar.

En el lado menos positivo, quizá solamente estaría el escaso desarrollo de un personaje clave como es la madre. Obviamente, el hecho de hacer recaer el centro de la novela en la propia narradora hace que la madre quede un poco "desplazada", pero creo que su historia tiene potencial suficiente como para que nos quedemos con ganas de una imagen más completa y compleja de ella. 

Pese a esto, el regusto que deja la novela es más que positivo, hasta el punto de plantearme el acercamiento a la poesía de Yuszczuk, publicada hace no demasiado tiempo en España. Que me atreva ya será otra cosa.

También de Marina Yuszczuk en ULAD: La sed

viernes, 26 de noviembre de 2021

Charles L. Granata: Wouldn't it be nice


Idioma original: inglés

Título original: Wouldn't It Be Nice: Brian Wilson and the Making of the Beach Boys Pet Sounds

Año de publicación: 2003

Traducción: Julio Fajardo

Valoración: recomendable para todos, imprescindible para interesados

Resulta que ciertos libros aparentemente de alcance restringido o incluso, digamos, cercanos al monográfico suelen no serlo tanto e incluso disponer de una especie de ampliación de espectro (o, esto, de campo de batalla) que los eleva por encima de géneros y temáticas. Este brillante estudio casi inclasificable en términos de género (¿crónica? ¿ensayo?) se ocupa de analizar el proceso de creación y publicación de uno de los mejores discos de todos los tiempos: Pet Sounds de The Beach Boys, de cuya primera canción toma el título. Y lo hace de un modo exhaustivo en muchos aspectos técnicos y logísticos. Habla de músicos, de canciones, de productores, de estudios de grabación. Todo eso es ya suficiente para el aficionado fascinado por el disco. Pero, al igual que cierto libro que leí y reseñé hace tiempo, sobre el proceso que acabó con la publicación de Ulises de James Joyce, la cosa no queda ahí. Para bien o para mal, todos acabamos siendo un poco mitómanos. No hablo de llenarse la casa de fotos de un artista o usar carpetas para guardar cualquier recorte de prensa que lo mencione. Hablo de interesarse por los detalles del proceso creativo de ciertas obras maestras y que ese proceso, perdonad lo pedante del término, trascienda.

Brian Wilson, cerebro y compositor principal del grupo, mantenía en su cerebro cada uno de los detalles que debían hacer de este disco un paso en la carrera de la banda. Un paso decisivo donde se debía eludir el enfoque comercial y buscar una especie de territorio inexplorado. Pero ese concepto bullía de tal manera que lo eclipsaba todo: el artista aparta toda la hojarasca que se interpone entre su idea y cómo esta se perfila y ello tiene muchas implicaciones. Granata da cuenta de todos los conflictos interiores que Wilson acometía: desde las diferencias creativas con los otros componentes de la banda, algunos de ellos familiares directos, hasta su tendencia hacia ciertas adicciones, sus problemas de pareja y una siempre equívoca identidad sexual, hablamos de los años 60 y el estereotipo era claro: el rock era para hombres fornidos de pelo en pecho. Su propia condición mental pesa en el relato; la música que había concebido, y sus letras, casi constituían una renuncia a sus trabajos anteriores.

Y así es cómo se detalla como un genio, no sé si ya era hora de decir la palabrita, da los pasos hasta que su obra se completa. Emprende un camino de aislamiento casi autodestructivo donde todo se convierte en una obsesión y donde cualquier precio es bajo si se alcanza la perfección. Wouldn't it be nice no es un libro sobre música, sobre un músico o sobre un disco. Podría tratar de  Gaudi y la Sagrada Familia o de Picasso y el Guernica: es un estudio profundo y que esquiva con mucha habilidad atisbo alguno de morbo. Wilson sigue vivo y seguro que aún compone y produce música de vez en cuando. La sombra de su obra no es amenazadora. Prestigio y royalties garantizan una plácida existencia. No se trata de ensalzar su modus operandi ni de enviar a los admiradores a la puerta de su casa (o rancho o mansión) a conseguir autógrafos. Este libro es un reconocimiento y un testimonio de los claroscuros del proceso creativo y esa lectura subterránea lo hace perfectamente asimilable como estudio de cierto perfil de mentalidad artística.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Paul Klee: Sobre el arte moderno

Idioma original: Alemán
Título original: Über die moderne Kunst
Traducción: Alfredo y Clara Pastor
Año de publicación: 1924 (recitado en una exposición)
Valoración: Recomendable para interesados 

Paul Klee escribió un breve tratado como base para una conferencia. El tratado, tan pedagógico y claro como filosófico y abstracto, supone una inteligente síntesis de la estética del arte moderno (sobre todo de la vertiente pictórica del mismo). 

Bueno, más o menos. Pero no nos adelantemos. ¿Cual es el objetivo principal de susodicho tratado? Reconciliar al público con el arte moderno. «Trataré de darles un atisbo de cómo es el taller del pintor, y creo que entonces llegaremos a entendernos», afirma Klee en estas páginas.

La única pega que lo pondría a Sobre el arte moderno es que, a la postre, aquello que Klee pretende hacer pasar por generalista no es más que su propia experiencia personal. A fin de cuentas, este brevísimo ensayo parece en ocasiones, antes que una guía general para legos en los misterios del arte moderno, una ayuda para comprender los resortes ocultos tras la obra del suizo.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

David Pascual: Gordo de Porcelana

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: entre recomendable y ¿está bien?

Trasladémonos por un momento a los extraordinarios, glamurosos y nunca suficientemente recordados años 90 del siglo pasado, cuando España vivía la resaca del 92, la literatura nos descubría nuevas luminarias como Juan Manuel de Prada y Lucía Etxebarria (bueno, vale, también a Juan Bonilla y a Orejudo) y en televisión triunfaban las Mama Chicho, el ínclito Jesús Gil y los programas sobre desaparecidos y crímenes truculentos (alguno presentado por un hoy académico de la Lengua, tras su paso por los hoteles cercanos a zonas en conflicto). De hecho, dentro del imaginario popular español de aquellos años destaca también, por desgracia, el llamado "Crimen de las niñas de Alcàsser", y es en la familia del presunto asesino, el fugado y probablemente ya muerto Antonio Anglès, en la que se ha basado el valenciano David Pascual -también conocido, al parecer, en otras actividades artístico-musicales como Mr. Perfumme- para escribir esta novela, protagonizada por Dolo, una de las hermanas del tipo.

Dolo, Dolores, tras una infancia y juventud marcada por todo tipo de violencia en el seno de la familia más disfuncional que cabe imaginar -"Así es como el Niño Jesús mantiene el orden en el mundo: la pobreza y la violencia son transgeneracionales"- ha acabado formando la suya propia y siendo la creadora del único anime español que se ha vendido en Japón y de éxito mundial: Gordo de Porcelana, un gato cósmico parecido a Doraemon, pero con orejas, a medio camino entre Superman, Jesucristo y el Che Guevara. El éxito, por supuesto, no ha hecho que Dolo supere su traumático pasado, que va desgranando como narradora a un grupo de mujeres que esperan junto a ella en la sala de visitas de la cárcel. Junto a este hilo narrativo  que, sin ser del todo lineal, guarda bastante coherencia, nos encontramos toda una serie de "idas de olla" colaterales (aunque más controladas de lo que parece) con las que el autor sazona y permite respirar a la narración anterior, al tiempo que crea nuevos desvíos, otras posibilidades que pueden acabar -o no- confluyendo con la senda principal. Para dar una idea, tenemos aquí desde las desventuras de una especie de Vengador Tóxico bebé o un estudio fanzinero de "el fenómeno de las fotocopias de Dragon Ball en los noventa analizado bajo el prisma de los preceptos de la Teoría de la Imagen de Susan Sontag", a una narración de cómo Lola Flores se convirtió en una Capitana Fuerza para proteger a la Humanidad de los demonios yinn del espacio y creó una secta de millonarios farloperos. Porque, eso sí, en esta novela hay droga a mansalva, más que en una convención de imitadores de Miguel Bosé...

Sin olvidar que la novela representa, en cierto modo, el reverso escéptico, desencantado (incluso dark) de esa nostalgia por la España de hace 20 ó 30 años (cuando no 60, 70, 80...) que parece tener no poco predicamento últimamente... No me resisto a transcribir este párrafo (con perdón):

                  "Esta es la España de mi infancia condensada en unas pocas líneas:

          De los ladrones del PSOE pasamos a los ladrones del PP. Mentirosos, usureros, hijos de puta. Unos montaron el GAL, los otros nos metieron en una guerra. Un montón de muertos por la Santa Gracia de la Democracia Española. Felipe González fue la mayor lacra que tuvo este país. Eso es todo lo que hay que saber de los noventa. Felipe González nos mintió, nos manipuló y montó los GAL. Es aún peor que Aznar. Nos enseñó con una mano a Cobi, nos enseñó con la otra a Curro, y mientras los mirábamos nos metió la polla por el culo. Eso es todo. Mientras tanto y en paralelo: ETA, las Olimpiadas. La telebasura. Estamos trabajando en ello. Nunca hablaremos con los terroristas. Aquí hay tomate. Barrionuevo. Naranjito. Nieves Herrero. La ruta del bakalao. Publio Cordón. Discotecas. Benidorm. Marina d'Or. Manos blancas. Dame tu fuerza, Pegaso. Libertad para Miguel Ángel Blanco. Esta noche cruzamos el Mississipi. Mecano. La corrida de toros solo para mujeres de Jesulín de Ubrique, la Superpop, Jesús Gil. Todos esos hijos de puta. Todos y cada uno de ellos generando la España que conocemos y nos merecemos. 

         Y ese sería más o menos el resumen."

¿Certero como un tiro (de los de verdad, no seáis malpensados/as), no? Pues esperad, que aquí hay para todos: el 15-M, por ejemplo, aparece convertido en un movimiento revolucio-distópico de gente disfrazada de animales de dibujos animados llamado La Lechería Democrática...  Y no sigo, porque hay aún más desvíos hacia aparentes bizarradas de este tipo (que el tal Mr. Parfum... Pascual sea también profesor en un taller de experimentación narrativa supongo que tiene bastante que ver con esto... y con que, además, salga más o menos airoso del empeño).

¿A santo de qué viene, pues, mi valoración un tanto dubitativa? Pues porque en esta novela, en mi opinión, funciona muy bien, igual que otro tiro, y a pesar de la sórdida truculencia, de la violencia descarnada (o, justamente, debido a ello, no voy a ser hipócrita) la parte en que Dolo rememora su desgraciada vida y la de su familia, con especial dolor -el nombre de la protagonista, como es evidente, no es casual- y ternura al hablar de su loco hermano Matías y de su hermana Violeta, víctimas del resto de la familia. Todo impregnado en un baño de fatalismo: "(...) la vida a veces no se sustenta en nada y no es más que la rifa más extraña del mundo." Sin embargo, los delirio o las "idas de olla", por muy divertidas que sean, a veces dispersan un tanto el hilo principal de la novela, y sólo parecen tener sentido como añadidos que el autor ha puesto para solaz propio o de sus amiguetes. Otras, también es justo reconocerlo, son pertinentes y enriquecen -o al menos animan- la narración.

Por tanto, una novela bastante diferente a cualquier otra cosa que podamos leer dentro de la oferta literaria mainstream (incluso de la que trata de huir de lo mainstream) y que sólo por eso, ya merece la pena tener en cuenta. Dejando aparte que también encontramos en ella páginas magníficas y una historia principal que duele de sólo pensar que refleja, en parte o en todo, la realidad.

martes, 23 de noviembre de 2021

Octavia E. Butler: La parábola de los talentos

Idioma original: inglés
Título original: Parable of the Talents
Traducción: Silvia Moreno Parrado
Año de publicación: 1998
Valoración: recomendable

Si ya la ficción es un campo adecuado para narrar historias que, de una manera u otra, nos interpelen y nos hagan reflexionar sobre ciertos aspectos o episodios vitales en los que nos podamos sentir identificados, la ciencia ficción da un paso más allá y permite profundizar en ello al aumentar las posibilidades situando la narración en escenarios no únicamente conocidos sino, simplemente, posibles. Y Octavia E. Butler, sabe moverse perfectamente en estas esferas y nos ubica, de nuevo, en un futuro cercano marcado por el cambio climático, la pobreza, la desigualdad social y la lucha de clases.

En este segundo volumen de lo que debía ser una trilogía pero que, por un bloqueo creativo de la autora, quedó en únicamente dos libros, Butler nos sitúa nuevamente en Bellota, el lugar donde terminó el primer volumen «La parábola del sembrador», aunque cinco años más tarde. La narración parte de la voz de Larkin, la hija de Lauren Oya Olamina quien, recuperando los antiguos diarios de su madre, nos narra lo sucedido años atrás y nos devuelve a 2032, en el poblado levantado y erigido por ella y su necesidad de crear en él el lugar base a partir del cual extender «Semilla Terrestre», su religión, su credo. Así, Larkin ejerce únicamente como nexo entre la historia contada y su final y sirve también para explicar el distanciamiento hacia su madre, una separación física, pero también emocional, que evidencia al afirmar que «he intentado quererla y creer que lo que paso entre ella y yo no fue culpa suya. De verdad que lo he intentado. Pero, en lugar de quererla, la he odiado, temido, necesitado»; ese intento parte de ella misma, pues «para entender quién soy, debo empezar a entender quién era ella. Ese es el motivo que me lleva a escribir y armar este libro».

De esta manera, y con el claro propósito de enlazar ambos libros, la autora hace en el inicio un breve repaso a lo sucedido en «La parábola del Sembrador» (quien sabe si pensando en lectores que no leyeron el primero) a partir de los diarios de Lauren y de las reflexiones de su padre Bankole, y nos habla también de los demás miembros de su familia, recordándonos a su vez la hiperempatía que ella sufre y cómo tuvo que irse de su casa cinco años atrás tras una oleada de violencia, pillaje e incendios, aunque, afortunadamente, «en los últimos años, la cosa ha ido calmándose. Sigue habiendo delincuencia, claro: atracos, allanamientos, secuestros para obtener rescates o para el tráfico de esclavos. Lo peor es que a los pobres los siguen deteniendo y condenando a servidumbres forzadas por impago de deudas, vagabundear, deambular y otros delitos».

A partir de un episodio de violencia en la que un grupo de armados vestidos con una túnica y cruces blancas arrasan, matan y saquean a una familia del poblado, la autora nos introduce la figura de Jarret, un senador de Texas candidato a presidente que «representa una época anterior, “más sencilla”. El ahora no es lo suyo. La tolerancia religiosa no es lo suyo. El estado actual del país no es lo suyo», alguien que pide «ayudadnos a hacer que América vuelva a ser grande» (¿de qué me sonará esto?). Y claro, su comunidad formada por cincuenta y nueve personas, «los raros de las colinas», «los locos esos que le rezan a una especie de dios del cambio» suponen un problema, un impedimento, un obstáculo, porque «Dios es cambio» y «Semilla Terrestre es la aportación de Olamina a lo que según ella debería ser un esfuerzo de toda la especie para evitar o al menos prolongar el ciclo evolutivo de desarrollo-crecimiento-muerte al que se enfrenta la humanidad, al que se enfrentan todas las especies».

La voz narradora transmite, a través de los diarios de Olamina, la esperanza (no exenta de dificultades y obstáculos) en la posibilidad de conseguir el cambio así como el pesimismo y desconfianza ante el mismo a partir de las anotaciones de Bankole, pues «parece que mi padre, quizá decido a su edad, era un pesimista convencido. No veía muchas cosas buenas en nuestro futuro (…) Mi madre, por otro lado, era una optimista algo reticente. La grandeza de Semilla Terrestre, de la humanidad, siempre parecía ir justo por delante de ella. Solo ella la veía, pero eso bastaba para atraerla y seducirla, igual que ella seducía a otros». «Semilla Terrestre (…) ofrecía recompensas inmediatas: una auténtica comunidad (…) un lugar en el que criar a los hijos».

Con un ritmo mucho más pausado que en la novela anterior, Butler sigue incidiendo en los mismos temas pero, en la primera mitad del libro pocas cosas de calado suceden y la narración se centra en arraigar el escenario en el que quedó la primera novela y darle cierta continuidad. Así, la narración ya no sorprende en temática ni tiene su endiablado ritmo, con lo que su lectura pierde fuelle respecto a un relato que se afrontaba con unas expectativas bastante altas. Sí cabe decir, que aporta algún elemento nuevo, como una clara crítica hacia los vientres de alquiler y su práctica cada vez más extendida, sobre el hecho de que sea un paso previo a la fecundación completamente artificial eliminando la necesidad de que exista el otro sexo, y también nos habla sobre el popularismo y su peligro, o cómo ve la carrera espacial como algo necesario para mejorar y también descubrir otras vidas. Aun así, y además de su ritmo lento, la sucesión de nombres de otros personajes que conviven con ellos y sus pequeñas historias son tratadas de manera casi anecdótica con lo que uno no empatiza con los personajes más allá de los que principales protagonistas y la primera mitad del libro no aporta demasiado a la historia.

Hay que esperar a llegar a la mitad del libro para que las buenas sensaciones retornen. Ahí otra vez se incrementa el ritmo y la tensión y la lectura se vuelve rápida y apasionante con la llegada al poder de Jarret y con ello las leyes autoritarias y restrictivas, pues «las leyes sobre vagabundeo estaban muy extendidas, y los vagabundos con niños podían perder la custodia de sus hijos si no conseguían un hogar para ellos en un plazo determinado» y «las vagabundas solían acabar de empleadas domésticas o de vientres de alquiler mal pagados». Jarret, ejemplo capital y estandarte de los populismos totalitaristas, alguien «capaz de asustar, dividir y a acosar a los estadounidenses, primero para que lo eligieran presidente y luego para que le permitieran arreglar el país por ellos» y hacerlo «con el apoyo de muchos ciudadanos normales y asustados que sólo querían orden y estabilidad». Es en torno a su figura donde la autora construye sus pilares denunciativos, contra el populismo, contra la opresión, contra las desigualdades, pues Butler nos habla de secuestros, de esclavitud, de lucha, de supervivencia, de resiliencia, de torturas. Poniendo el foco siempre en las mujeres, como líderes y como luchadoras, rodeando el relato de la sororidad nacida de la necesidad y la convicción en ser la única manera posible de afrontar adversidades mayúsculas, Butler combate con las palabras los dictámenes totalitarios y patriarcales que habitan en sus libros. Con fragmentos y cargas ideológicas que pueden recordarnos a «Parentesco», pero también al «Cuento de la criada», el libro que ha escrito nos sitúa en un mundo distópico donde el fanatismo religioso se impone por la fuerza, donde los ideales políticos seguidos por la masa acrítica llega al poder y somete y abusa, domina y aterra, uniformiza e iguala una sociedad para tenerla bajo control sin que nadie que levante la cabeza deje de merecer una reprimenda o castigo.

Lamentablemente, más allá del potente trasfondo ideológico que supone la principal (y nada menospreciable) aportación de la autora en este libro, el ritmo narrativo, el enfoque en exceso hacia la religión y el excesivo reparto de personajes a los que no se les da la personalidad suficiente, deja sensaciones encontradas. De todos modos, sí hay que reconocerle a Butler el mérito en narrar la vida de alguien volcado íntegramente a llevar a cabo una idea, una concepción visionaria de la sociedad y del mundo. La autora sabe ponernos en la piel de Olamina y acompañarla en el viaje que lleva a sus sueños, a pesar de todas las adversidades. La creencia en una idea y la energía con el solo hecho de soñar con la posibilidad de llevarla a cabo convierten a la protagonista en alguien especial, carismático y fiel a sus principios. 

A pesar de volverse una lectura algo monótona en ocasiones, la potencia de los mensajes lanzados a través de los propios salmos u oraciones de «Semilla Terrestre» hace que se trate de una lectura recomendable, pues critica de forma clara y sin paliativos el populismo y la ignorancia que arrastra a la población a creer en ellos porque «la ignorancia alimenta la desconfianza. La desconfianza engendra el miedo» y «cuando solo gobierna la emoción, destrucción… destrucción». Son esas múltiples doctrinas o cantos de la Semilla Terrestre destacadas las que hacen de la lectura una lección de vida y exigen a la vez una revisión de la misma, pues «la Calamidad se debió a la coincidencia accidental de crisis climáticas, económicas y sociológicas (…) se debió a nuestra negativa a abordar problemas evidentes en esos ámbitos. Nosotros causamos los problemas y luego nos sentamos a ver cómo crecían hasta convertirse en crisis». Y esta visión del “futuro”, escrito a finales del siglo XX, no se trata ya de una mera especulación de una autora atrevida, sino de la triste realidad de una sociedad condenada. 

También de Octavia E. Butler en ULAD: Parentesco, La parábola del sembrador

lunes, 22 de noviembre de 2021

Alejandro Padrón: París siempre valía la pena

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

¿Habéis leído "París era una fiesta (A moveable feast)", las memorias parisinas de Hemingway? O,al menos, ¿os acordáis de "Midnight in Paris", la película de Woody Allen en la que Owen Wilson viaja en el tiempo y se encuentra con el propio Hemingway, el matrimonio Zelda y Francis Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, etc? 

Opción A: habéis leído el libro y habéis visto la película.

Opción B: habéis leído el libro pero no habéis visto la película.

Opción C: habéis visto la película pero no habéis leído el libro.

Opción D: ni habéis leído el libro ni habéis leído la película.

Si tu respuesta es la A (y en menor medida la B o la C), quizá "París siempre valía la pena" no descubra nada nuevo pero servirá para imaginar, a través de la ficción o de la novelización de hechos reales, episodios apenas sugeridos o ignorados por Hemingway en sus memorias.

Si tu respuesta es la B o la C, el libro de Alejandro Padrón funcionará y tendrá su mayor valor como puesta en contexto de una generación y unos autores fundamentales en la literatura del siglo XX.

Si tu respuesta es la D (mal, muy mal), lee "París siempre valía la pena" porque ese compendio entre lo real, lo ideal y lo legendario será una lectura, al mismo tiempo, entretenida y didáctica. Además, ahora que se acercan la cenas y comidas familiares, podréis presumir ante vuestros cuñados de vuestros conocimientos sobre la bohemia parisina de los años 20.

Todo esto gracias a un texto que es, obviamente, un homenaje a la figura de Ernest Hemingway y que parte de una premisa si no 100% novedosa sí muy atractiva: la supuesta novela / memorias de Max Sterling, compañero de fatigas de Hemingway en sus años parisinos. 

Además de esta premisa, Padrón opta por una estructura audaz, con mucho de juego borgiano, en la que se juntan 3 narradores y 3 tiempos para una triple búsqueda (real, ideal y legendaria) de la figura del autor estadounidense. Lo anterior hace que el texto pueda ser leído, casi a partes iguales, como novela, diario o guía de viajes. Y aunque esta triple elección sirve adecuadamente al objetivo de ofrecernos una visión global del Hemingway persona(je) y demuestra un atrevimiento por parte del autor que es de agradecer, creo que una de esas tres patas flojea ligeramente. En concreto, me refiero al juego que se establece con uno de los narradores / personajes (Nicka Dams). Me da la impresión de ser un recurso algo trillado y que se estira de forma algo innecesaria. 

Pese a esto, he disfrutado de "París siempre valía la pena" y recomiendo su lectura acompañada, si es posible, de un acercamiento previo a las memorias del autor de "El viejo y el mar". Por eso de completar huecos, vaya.

P.S.: Me encanta la cubierta del libro, que incluye un fragmento de Paris by night (Konstantin Korovin)

domingo, 21 de noviembre de 2021

Jesús Ferrero: Las veinte fugas de Básil

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1995

Valoración: Entre recomendable y Está bien


Hace tiempo que le tenía perdida la pista a Jesús Ferrero. Allá por los años 80 del siglo pasado obtuvo una cierta notoriedad, con obras como Bélver Yin y Opium, y poco más tarde o bien pasó a segundo plano, o simplemente es que uno no acostumbra a estar muy al día de las novedades y los éxitos del momento. El caso es que mi memoria de aquellas lecturas es casi nula, aunque guardo una cierta sensación positiva, ese poso que queda de algo leído y totalmente olvidado pero que todavía guarda el resto de un aroma. Así que me encuentro de nuevo por casualidad con él, y voy a ver qué se cuece en este Las veinte fugas de Básil.

El libro tiene algo de novela de formación (me ahorraré el término germánico que, reconozcámoslo, resulta un pelín pedante) porque abarca la historia de este Básil desde su nacimiento en un tren hasta sus veintibastantes años. Sin embargo, carece del desarrollo personal que suele presentarse en este tipo de textos. Más bien al contrario, se diría que el peculiar lugar en que fue a ver el mundo marca por completo su vida, que desde entonces se ve determinada por el ansia de huir y sobre todo, por la prisa. Unas veces obligado por las circunstancias y otras por voluntad propia Básil acaba siempre abandonando el lugar donde se encuentra, ya sea el hogar familiar, el de tíos o abuelos a quienes es confiado, el hotel donde pasa las vacaciones o el París donde creía haber encontrado acomodo. El libro adquiere así un cierto aire trepidante que no sabemos a dónde puede llevar, hasta el punto de volverse algo decepcionante en los momentos en que el ritmo aminora.

Aunque he dicho que le falta el elemento de evolución personal, quizá no es del todo así. El protagonista siente efectivamente el impulso constante de escapar, pero si miramos bien, poco a poco ese impulso se hace algo más débil, y da la sensación de que en el fondo hay algo parecido a una maduración, especialmente cuando encuentra una u otra pareja. Entonces Básil recobra la estabilidad, y pasa a ser el destino, o la voluntad de otros, lo que le obliga a moverse de nuevo. Lo que sí es indudable es que hay una cierta insatisfacción de fondo y una permanente voluntad de búsqueda sin un objetivo claro: la fascinación por Grecia, estudios abandonados y recuperados, extraños trabajos de temporero en Canadá o de portero de noche en París, la poesía casualmente descubierta en un viaje…

Este continuo movimiento, que sabemos provocado por una íntima incomodidad, tiene inevitablemente algo de tópico, de muchacho buscándose a sí mismo a través de vivencias heterogéneas, y cuando tenemos la certeza de que no nos va a llevar mucho más lejos, deja una cierta sensación de efervescencia, de que Ferrero no tiene ya demasiado que contar y el libro se consume en esa continua fuga/expulsión que es el periplo de Básil por islas y ciudades, familiares, amantes y conocidos circunstanciales. 

Lo que ocurre es que el autor tiene muy buena mano, especialmente buena para un relato de tanta viveza, y eso es algo que da valor al libro. Ferrero es de palabra precisa y frase corta, se ciñe a lo fundamental y no hace concesiones con explicaciones o descripciones innecesarias. Podríamos decir que su prosa es, en este sentido, muy moderna, y casa a la perfección con el planteamiento de la historia. Como además se le adivina un sesgo autobiográfico que no sé hasta dónde alcanza pero que estoy convencido de que es relevante, da al relato el aspecto de autenticidad de quien ha querido contar ciertas cosas y lo ha hecho con plena eficacia, casi diría con brillantez, sin importarle si todo esto daba o no para componer un texto con empaque. Tengo mis dudas de si al final es suficiente. La última palabra la tendrá, cómo no, cada uno de los lectores.


sábado, 20 de noviembre de 2021

Charles Baudelaire: La Fanfarlo

Idioma original: Francés
Título original: La Fanfarlo
Traducción: ¿?
Año de publicación (volumen): 2021
Valoración: Entre recomendable y está bien

La editorial Montesinos compila en un solo libro titulado La Fanfarlo tres textos breves relacionados con Charles Baudelaire (1821-1867). 

Empezamos con el relato que le da nombre al conjunto. Está protagonizado por Samuel Cramer, un alter ego del autor la mar de contradictorio y nada edificante. El resto de personajes con quienes interactúa Cramer son igual de detestables. Y ahí radica la gracia de esta primera historia: su amoralidad. A eso súmale que está cargada de una satisfactoria mala leche (el rapapolvo que se lleva el pobre Walter Scott es legendario) y queda claro que estamos frente a una deliciosa canallada cuyos defectos no impiden que se lea con inmenso placer, ni le restan el más mínimo carisma a la idea general.  

Por otro lado, "El joven encantador" siempre se había atribuido a Baudelaire, pero recientemente se ha descubierto que éste sólo lo tradujo del inglés. Aun así, se incluye en este volumen, dado su interés. Personalmente, no me ha gustado ni la mitad que su predecesor, pues adolece de una prosa ampulosa, diálogos teatrales, escenarios recargados y referencias eruditas. 

A modo de cierre tenemos "Consejos a los jóvenes literatos", una serie de preceptos empañados de «ternura completamente fraternal» en los que Baudelaire echa mano de su experiencia, sentido común, pragmatismo e incluso (por qué engañarnos) misoginia. En muchos casos, dichos preceptos siguen siendo tan vigentes como la poesía y la narrativa que ayudaron a crear.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Heinrich Böll: Y no dijo ni una palabra

Idioma original: alemán

Título original: Und sagte kein einziges Wort

Año de publicación: 1953

Valoración: Muy recomendable



Una de las cualidades de la gran literatura es su sinceridad, Esto parece una verdad indiscutible, pero desde hace tiempo da la impresión de que sinceridad equivale a que el escritor relate su propia vida. Auto ficción se llama a eso, y ahí cabe cualquier cosa. No, los hechos pretendidamente reales pueden ser tan mentirosos como los inventados, incluso más, pues la ficción otorga la libertad imprescindible para manifestar lo que se ve y piensa. Desde ese punto de vista, una historia fantástica puede ser tan sincera como cualquier otra. Lo importante es comprender la realidad y asumirla por dura o desagradable que sea. Y hay épocas más propensas al disfraz que otras. Por eso me gusta tanto la literatura europea de la primera mitad del siglo XX.

El premio Nobel de 1972 era alemán y su obra más conocida se titula Opiniones de un payaso (si mal no recuerdo lo primero que leí de su obra). Böll publicó hasta 1985, año de su fallecimiento, e incluso después de forma póstuma.

Y no dijo ni una palabra es mucho más compleja de lo que parece a primera vista. En las peripecias de un matrimonio durante dos días decisivos de sus vidas, encontramos todo tipo de asuntos perfectamente engarzados. Es difícil jerarquizar, pero yo diría que el tema central es el desconocimiento, tanto el propio como el ajeno. Y de este segundo se derivaría la incomunicación. Nadie conoce a nadie y nadie se conoce en realidad, aunque algún observador, indiferente en apariencia, puede a veces mostrarnos el camino con más acierto que los propios. Sabemos que, a veces, la excesiva cercanía distorsiona la mirada y hace falta distancia para dar en el clavo. Esto que digo es un dato, y a la vez no es nada hasta que se llega al final de la novela, pues da la clave de un desenlace que a primera vista resulta bastante oscuro.

Pero la temática, como digo, es compleja, y el ambiente que presenta -la Alemania de posguerra- proporciona mucho contenido: una sociedad desigual (precariedad generalizada, sueldos míseros, carencia de horizontes) y las relaciones que se establecen en ella, especialmente las matrimoniales y paterno-filiales, pero también entre compañeros y vecinos, una sociedad hipócrita donde la religión es máscara y coartada. El protagonista es un conocido sableador, además de alcohólico, a quien la experiencia bélica, unida a las circunstancias actuales, ha desgastado, rebajado su autoestima y mantenido en una triste espiral de destrucción.

Fred y su mujer, Kate, asumirán el protagonismo y alternarán sus puntos de vista. En cada capítulo habla uno de los dos. Así vamos comprendiendo una situación, sórdida, angustiosa pero quizá reversible gracias a esos pensamientos suyos que no tienen nada de ilógicos. Si pueden comprenderlo quizá puedan superarlo, aunque no es fácil vivir en una habitación minúscula -sin comodidades ni medios económicos, a pesar de cierto pluriempleo- con dos niños y un bebé (de momento), compartiendo vivienda con otra familia, más acomodada, que no se molesta en ocultar su desprecio. Vivir así no es fácil para nadie, pero quien acaba desertando es el marido, dejándola a ella sola con la carga. Y es que su postura es más cómoda de lo que se da a entender en un principio. Por supuesto, no quiere renunciar a nada, pide, exige periódicamente y ese es el punto de inflexión para que, por fin, la que todo lo acepta abra los ojos y comprenda el tremendo egoísmo que se oculta tras ese rol de víctima.

El relato se desarrolla de una forma muy visual y no refleja nada extraordinario, lo que vemos es la vida cotidiana tal como transcurre. Pero la vida está llena de momentos, solo hay que saber contarlos; y eso, la habilidad para mostrar, es uno de los puntos fuertes del autor. Hay escenas tan expresivas que son una caricatura y una sátira, como la procesión, con ese histriónico obispo vestido de rojo, o el tiovivo bajo cuya lona el matrimonio se esconde de sus hijos. Sin embargo, el cuadro, en general, es bastante gris, aunque lo deprimente se encuentra sobre todo en el interior de los personajes. El lector está en otro plano gracias a esa dignidad que ellos mantienen a pesar de las circunstancias y a la claridad con que se nos presentan causas, consecuencias y motivos de sus actos. Hay cierta resignación ante lo que no puede cambiarse, pero no fatalismo ni apatía, al menos por parte de la mujer, el miembro más activo y clarividente de la pareja, el que consigue tirar del hilo en cierto modo para intentar que algo empiece a moverse.

 Otras obras del autor: Opiniones de un payaso, El honor perdido de Katharina Blum, Pero ¿qué será de este muchacho,

jueves, 18 de noviembre de 2021

Re-reseña: Hay algo que no es como me dicen de Juan José Millás

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable






La historia de Nevenka Fernández, la joven concejala de Hacienda por el PP en el Ayuntamiento de Ponferrada que en el año 2000 demandó al alcalde por acoso sexual, ha sido erigida recientemente como el primer #MeToo de nuestro país y como todo un hito en la historia de nuestra lucha feminista. Muestra de ello es el documental Nevenka estrenado este mismo año por la plataforma Netflix. 

Y de ahí esta re-reseña; este libro no es nuevo en el blog pero las circunstancias obligan a que sea revisado bajo la óptica de todos los acontecimientos de los últimos años en lo que a lucha por la igualdad y la perspectiva de género se refiere. Y también, aunque sea más secundario, porque desde un punto de vista literario me parece bastante mejor de lo que se consideró en esa primera reseña.

Y ahora, una pequeña confesión: nunca había leído a Millás. Eso me invalida a la hora de situar este libro en el marco de su producción literaria, pero también me libera a la hora de leerlo sin prejuicios ni expectativas. Y me avala el hecho de que, según tengo entendido, esta obra de no ficción poco tiene que ver con su producción novelística, signifique eso lo que signifique. A mí personalmente me ha sorprendido sobremanera.

Hay algo que no es como dicen se publicó en 2004, cuando ya había salido la sentencia a favor de Nevenka y el alcalde, Ismael Álvarez, ya había dimitido. Cuando ella ya había recibido los 12.000€ de la indemnización (irrisorios, teniendo en cuenta TODO lo que esta mujer dejó en el camino por llevar a cabo su denuncia) y ya se había exiliado a otro país porque en el nuestro, aunque la justicia le había dado la razón y ella era una profesional sobradamente preparada, no le daba trabajo ni el tato. Cuando el —ya no presunto si no sentenciado— acosador seguía viviendo ricamente en su Ponferrada natal, leyendo el pregón de las fiestas de su pueblo, arropado por sus vecinos y con sus negocios de hostelería y ocio nocturno viento en popa. En resumen: el suflé mediático ya se había desinflado y la justicia ya había hablado. Por lo que quizá ese no era el mejor momento, comercialmente hablando, para sacar este libro al mercado. Sin embargo, qué bien que este libro haya sido escrito y podamos leerlo HOY.

Ya conocemos los highlights de la historia que el libro también recoge: la desafortunada y vergonzosa actuación del primer fiscal del caso, José Luís García Ancos, las deplorables declaraciones de Ana Botella, algunos detalles truculentos aunque determinantes del acoso, etc. Tales elementos están para definir el marco social y político del momento pero no conforman la esencia de la narración; narración que fluye divinamente, con un estilo ágil y desenvuelto en el que los datos o los saltos temporales no suponen ningún obstáculo a una lectura que atrapa y apela a la reflexión. También podemos haber tenido ocasión de contemplar las pruebas concluyentes y de escuchar el relato en primera persona de una Nevenka superviviente a través del reciente documental. Pero ni los highlights ni el testimonio directo ni las pruebas integran la cuestión relevante. Millás fue el único que se dio cuenta, en medio de todo el salseo, de la tremenda complejidad vital y psicológica a la que se enfrentaba Nevenka, a la que consideró desde el primer momento una heroína literaria casi en el sentido clásico, con unos conflictos dignos de ser diseccionados. Y por lo que, al acabar el juicio, no pudo contener el impulso de contactar con ella y mantener una serie de entrevistas sin saber muy bien hacia dónde le llevarían.
«Cabe, pues, preguntarse dónde hirió Ismael Álvarez a Nevenka Fernández para que ésta, en contra de la opinión de todo el mundo, en contra de sus intereses inmediatos, en contra también de sus afectos, decidiera poner aquella denuncia de la que todavía no se ha repuesto, pese a haberla ganado.»
Esta es la pregunta por la que el propio autor del libro no puede abandonar la idea de indagar cada vez más en los orígenes de Nevenka (la educación que ha recibido, los afectos, el tipo de entorno social o los valores inculcados…). Y a medida que va desgranando, encuentra más y más elementos que, gracias a su afilada intuición y pericia logra hilar hasta rehacer el complejo tránsito que ha tenido que recorrer la Nevenka inicial para llegar a la Nevenka «deconstruida». Porque eso es lo que sucede con la protagonista de esta historia en la que un hecho traumático inesperado pone en jaque todo su sistema de valores y creencias, y tras mucho sufrimiento descubre que ella no pertenece a ese sistema.
«Nevenka Fernández empieza a modificar su relación con la realidad cuando comienza a modificar su relación con las palabras, que se ordenan ahora de una manera novedosa, formando en su conciencia constelaciones que alumbrarán un universo nuevo.»
Me ha gustado muchísimo el retrato tan humano y verosímil que el autor hace de su protagonista y también de su familia y entorno próximo, con todas sus luces y sus sombras. Retrato que ayuda a comprender todo lo acontecido en este caso y que muchos y muchas o bien no entendieron o bien emplearon como excusa para deslegitimar a la que ya era, según sentencia —y muy a su pesar—, una víctima de acoso sexual. Para mí, toda una muestra de talento literario porque tan escritor es el que inventa la historia como el que la encuentra. Y en este caso, tal como declaró el propio psicoanalista de Nevenka (J. A. Bustos) en el juicio:
«No hay manera de sostener una fábula tan extraordinaria.»
Uno de los detalles que más ha trascendido de esta crónica es la metáfora del pez de colores. Funciona muy bien y es muy visual, tanto que ha servido como motivo de las cubiertas con las que se ha editado el libro e incluso se ha trasladado al documental. No obstante, y después de leer el libro, es quizá el recurso más facilón. Sin embargo, detrás de un título tan enrevesado y poco pegadizo, como Hay algo que no es como me dicen y el no menos aparatoso subtítulo El caso de Nevenka Fernández contra la realidad, se encuentra el germen y el discurso que explica los conflictos y motivaciones de la protagonista. Muy recomendable, muy revelador y muy necesario.

Leedlo, jolín.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Zeina Abirached: El piano oriental

Idioma original: francés

Título original: Le piano oriental

Año de publicación: 2015

Traducción: María Otero Porta

Valoración: entre recomendable y está bien

Lo primero de todo: ¿qué es eso del "piano oriental"? Pues un piano que incorpora un mecanismo interno para convertir el intervalo de un semitono que hay entre tecla y techa de un piano normal en tan sólo un cuarto de tono, apropiado, por tanto, para interpretar la música árabe, como no puede hacerse con un piano "occidental" (no os puedo dar más explicaciones, porque yo en solfeo estoy pez). Tal piano, por lo visto, fue inventado en los años 50 por Abdalah Chahine, bisabuelo de la autora de este cómic, la franco-libanesa Zaina Abirached, aunque en la historia ella se lo atribuye a un pianista ficticio llamado Abdalah Kamanja, cuando éste es requerido en Viena por los fabricantes de pianos de la casa Hofman, interesados en su innovación. Y para allá que va el buen hombre, acompañado de su amigo Víctor, vendedor de lencería y bon-vivant...

Intercalada con esta curiosa historia, la autora nos va contando también su propia educación en Beirut, sobre todo en lo que respecta a la lengua francesa, y cómo en 2004 se trasladó a vivir a París, viviendo desde entonces en una dualidad cultural no siempre cómoda, pero que Abirached muestra como decididamente enriquecedora. De hecho, el propio "piano oriental", además de un artilugio que existió de verdad, es una clara metáfora de esa dualidad, del mestizaje cultural y personal entre Oriente y Occidente, lo árabe y lo europeo, que, aceptándolo sin prejuicios ni fanatismos, sólo puede traer cosas positivas para todos, por más que les disguste a los rancios que en los últimos tiempos pretenden dictar su voluntad tanto en Oriente como en Occidente... Cierto es que la autora obvia los aspectos más ásperos o incluso desagradables, de la experiencia de cualquier expatriado, más allá de la inevitable morriña, la historia tiene un aire claramente naif, incluso un poco "cuqui", que tal vez eche para atrás, en un principio a algunos lectores (a otros puede encantarles). Creo que es algo premeditado por parte la autora del cómic -¿se le puede llamar "fábula gráfica"?- para reforzar la positividad del mensaje que nos quiere transmitir, pero también para contraponer el Beirut amable y pacífico que nos retrata con el que, unos pocos años después, estalló en una larga guerra civil (y que ella misma no ha rehuido, pues lo ha reflejado en otras obras, como El juego de las golondrinas).


También contribuye, y no poco, a ese aire naif, incluso onírico, el grafismo sencillo en apariencia, tal vez un poco infantil, de las ilustraciones de Zeina Abirached, encantadoras y, si se me permite el oxímoron, luminosas y hasta "multicolores", a pesar de estar trazadas en el más estricto blanco y negro. Lo que, por cierto, recuerda al de otra estupenda novela gráfica de una autora, en este caso franco-iraní: Persépolis. pero el estilo de Abirached es mucho más cuidado, tanto en la composición de cada viñeta como en el de la página entera, así como en la transición de unas escenas a otros; tiene una vocación más decorativista, además...De hecho, se percibe cierta influencia, sin duda, del art-déco junto con la estética pop sesentera.

Para acabar: ésta es una novela gráfica -o fábula, o cómic, o lo que se quiera- encantadora, entrañable y, en gran medida, optimista, pese a que no oculta aspectos espinosos de la existencia humana como el desarraigo, la guerra o, directamente, la muerte. pero lo que queda, al final de su lectura, es la sensación de que todas las cosas pueden tener un lado positivo (ya sabéis: Always look at the bright side of life) y que merece la pena buscarlo... Encontrarlo, o al menos intentar hacerlo, es la forma de ser feliz.




martes, 16 de noviembre de 2021

Ned Beauman: Glow


Idioma original: inglés

Título original: Glow

Año de publicación: 2014

Traducción: Pablo Sauras

Valoración: intragable


Queridos lectores: las duras exigencias de publicación de este blog y mi desesperada gestión de tsundoku, que según mi amada esposa hace las veces domésticas análogas al cajón de los cables o la caja de las herramientas, me empujan a recuperar esta novela, que ya hace unos años habitaba en los estantes. Y no es que la experiencia haya sido precisamente agradable: solo la necesidad de cumplir mi frecuencia de publicación ha impedido el abandono pues este no era un libro para una reseña interruptus. Simplemente, superada ya la mitad del libro, tenía que saber si el libro continuaba metido en el lodo de la confusión o iba a sacar algo en claro.

Porque el planteamiento no se prestaba a predecir lo que sobre mí se cernía. La historia de Raf, un joven residente en Londres aquejado de una rara enfermedad que afecta a los ciclos del sueño, que combina empleos precarios, que toma contacto en una de esas fiestas alternativas con el glow, una nueva droga sintetizada tras cuya producción parece esconderse una poderosa corporación que se toma en serio lo de la diversificación, y todo su atrezzo: matones, gente que parece trabajar para varios bandos, desapariciones y crímenes. Podría haber pasado por una novela negra del tercer milenio con un cierto tránsito de personajes propios y con los siempre sugerentes escenarios del Londres actual. Hubiera entendido ciertos excesos e incluso licencias literarias pues ya se sabe, la gente bajo la influencia no suele ser un dechado de coherencia. 

No es que me intimiden las novelas basadas en excesos o adicciones, si bien ya empiezo a pensar que en este mundo cruel Burroughs o Easton Ellis o Welsh ya han quedado atrás, las adicciones han arraigado de tal manera en las sociedades occidentales que nuestra capacidad de asombro ha quedado neutralizada.

Lamentablemente, Beauman (escritor joven que ha alcanzado algún éxito previo que le ha validado hasta el punto de que The Financial Times diga de Glow que es "deslumbrante) no construye nada medianamente comprensible con esa materia prima. Ni demuestra ser capaz de ello, y haber optado por entregar una narración evocadora de algún viaje. Así que hasta la página 60 o así se podría llegar a pensar que la novela va a optar por la vía conspiranoica y puede ser algo amena, alejada, por supuesto, de la mínima pretensión de persistencia, pero la sensación se desmorona con una cruel e implacable progresividad. Por la página 150, ya no sabía qué hacer con el libro, con sus personajes de extraños nombres que van y vienen y cambian de bando, con sus grotescos cambios de escenario (de Londres a Myanmar, básicamente) y con esa confusión constante que no atribuiré a fantasmas post modernos sino a pura torpeza narrativa. O sea, Beauman monta un lío del cual no sabe salir, ni mucho menos resolver. No vayamos a pensar que esto es Pynchon, es una novela liada y liosa que no hay por donde agarrar.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Stanislaw Lem: El profesor A. Donda

Título original: Profesor A. Donda
Idioma original: Polaco
Traducción: A. Murcia y K. Moloniewicz
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable

Hace apenas un par de meses se cumplió el centenario del nacimiento de Stanislaw Lem, uno de los más conocidos autores de ciencia ficción (o, más bien, ficción especulativa) del siglo XX. Habiendo ya reseñado buena parte de sus grandes obras, optamos por este breve (e inédito en España hasta hace bien poco) "El profesor A. Donda" para rendir nuestro pequeño homenaje al autor. Y pese a que es muy probable que esta novelita / relato largo no se encuentre entre lo mejor de la obra del polaco, se trata de un texto recomendable y, hasta cierto punto, sorprendente por varias razones.

En primer lugar, porque aunque en la novelita se identifican algunos de los motivos de otras obras de Lem, "El profesor A. Donda" tiene como factor sorpresa un humor negro y absurdo, de lo más british, que no se encuentra habitualmente en este tipo de textos. Vaya, que por momentos llega a parecer un capítulo de Black Mirror pasado por la óptica de los Monty Phyton. Mención especial merece, en este punto, la descacharrante y visionaria genealogía del profesor.

Más: Porque "El  profesor A. Donda" tiene un ritmo frenético que se adapta como un guante a una narración que probablemente no se sostendría si tuviese una extensión de más de 100 páginas. Por supuesto que me hubiese gustado que algunas situaciones estuviesen más desarrolladas o que el texto ganara en extensión para hacer de algunos pasajes algo menos farragoso, pero entonces el enfoque tendría que haber sido otro y el libro sería completamente diferente. 

Otra: Porque  Lem no deja títere con cabeza. En las apenas 70 páginas del texto, el hombre reparte a diestro y siniestro: la explotación del planeta, el academicismo, la corrupción, el cientificismo en un mundo en el que el error y la casualidad tienen un peso fundamental...

Otra: Porque me encantan esas referencias, veladas o no, a "El planeta de los simios" o a "Robinson Crusoe". Cosas mías.

Más (aún): Porque se trata de un texto plenamente vigente en 2021. Si bien en algunos aspectos la realidad ha superado a la ficción, el núcleo de la acción es tan jodidamente actual que uno no puede dejar de plantearse según qué cosas (y para eso está la ficción especulativa, ¿no?).

Ahora, ¿de qué carajo va "El profesor A. Donda?. Pues, en el fondo, no deja de ser una sátira sobre los posibles efectos del abuso de la ciencia y/o el exceso de información (El desarrollo de la Cibernética es una trampa puesta por la Naturaleza a la Razón) y quizá un toque de atención para los que andamos por estos mundos de pantallitas y algoritmos (No es que haya que reajustar lo que vemos, sino cambiar el punto de vista). Eso sí, todo esto tratado de una forma mucho más gamberra de lo que acostumbra el género.

Un montón de libros de Stanislaw Lem AQUÍ

domingo, 14 de noviembre de 2021

Alfonso Sastre: La taberna fantástica

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1966

Valoración: Bastante recomendable

 

Hace poco más de un mes murió Alfonso Sastre. Por lo que yo sé, su pérdida ha pasado más bien desapercibida en la mayoría de medios, y que aparezca ahora en el blog es una simple casualidad. En ULAD solo había una reseña de este autor (ver enlace abajo), por lo demás bastante prolífico (y longevo), lo que me parece una pequeña injusticia, quizá explicable porque el teatro, que ocupa la mayor parte de su obra, es un género que por lo que sea tiene aquí un hueco bastante reducido. Pero tengo que decir que, aun sin conocerlo con mucha profundidad, me parece un autor interesante, alguien que desde los lejanísimos, y difíciles, años 50 del siglo pasado se ha movido por diferentes corrientes y ha contribuido a dinamizar el teatro desde la base promoviendo iniciativas sin descanso. Activo luchador antifranquista, puede que su prestigio se viera lastrado, al menos a ciertos niveles, por sus relaciones poco claras con el entorno del terrorismo de ETA. Pero centrémonos en el libro.

La taberna fantástica, escrita en 1966 pero no estrenada hasta 1985, supuso un cierto éxito de público, y tiene los ingredientes para ello. En un bar de mala muerte de los arrabales de Madrid coinciden varios personajes de los bajos fondos. Rogelio, perseguido quizá sin razón por el asesinato de un policía, aparece con intención de acudir al entierro de su madre, y se encuentra en el bar algunos parroquianos habituales, Paco y Caco, dos jóvenes del lumpen que parecen mostrarle un respeto reverencial, y el Carburo, un gallo que dice tener alguna cuenta pendiente con él. Todo presidido por el tabernero Luis, bregado en la relación con este tipo de clientes y cuyo principal interés es mantener cierto equilibrio entre todos para poder seguir sirviendo alcohol a mansalva.

Porque, señores, no encontraremos muchos libros en los que la priva corra con mayor caudal que en este. Exceptuando obviamente al dueño del bar, todos los personajes llevan una cogorza de campeonato a nada que pasemos un par de páginas. Rogelio la lleva puesta desde mucho antes, y ninguno de ellos hace una mínima pausa hasta que cae el telón. Se pueden imaginar los derroteros que toma el asunto. El conflicto, alimentado por el ego y exacerbado por el estímulo espirituoso, se mueve en el campo del amago intermitente (esa bravuconada tan española), y se incendia con la posterior llegada de otros personajes… que se suman, cómo no, al festival etílico. Y ya no puedo contar más.


Podemos verlo desde perspectivas muy diferentes. Si nos contentamos con el lado cómico de unos cuantos quinquis borrachos en un bar, la obra resulta realmente divertida, incorporando un lenguaje barriobajero convincente que acerca los diálogos a cierto tipo de sátira costumbrista. Este punto de vista es seguramente el dominante para explicar el relativo éxito que obtuvo en su estreno, ya bien entrados los años 80, es decir, cerca de veinte años después de escrita.

La parte más seria de la crítica pone de relieve el probable mensaje social, con la representación de los estratos más degradados de los arrabales, delincuentes de poca monta, macarras manejando chuscos códigos de honor, desplazados de la sociedad sometidos sin escapatoria posible a la violencia y el alcohol (por esa época la droga todavía no había triunfado como años más tarde, y además, de haber estado presente le hubiera dado al texto, digo yo, un tono muy diferente).

Desde el punto de vista literario La taberna se inscribe en una zona mixta, diríamos intermedia entre el teatro de Brecht y el esperpento de Valle-Inclán, ambos con una fuerte distorsión en el dibujo de los personajes, aquél más escorado (decisivamente escorado) hacia la crítica social, el gallego más próximo al alma humana y al absurdo. Personalmente me parece que el cuadro de Sastre es algo más cercano a Valle, aunque sin su profundidad y su fuerte corriente poética. En cualquier caso, el retrato de los personajes es afilado y certero sin perder la comicidad: Luis el tabernero podría ser una caricatura del burgués, serio, contemporizador pero afianzado en la defensa del negocio; los secundarios, más jóvenes, temerosos de entrar en disputas, chicos sin expectativas de ningún tipo, se dejan llevar por el ambiente marginal siempre a las órdenes de los capos. Y estos, en especial Rogelio (llamado el Rojo, no sé si con alguna intención), ejercen su supremacía incluso desde lo más profundo de su intoxicación alcohólica. Personajes que permiten cualquiera de esas lecturas que apuntaba antes, o todas ellas a la vez.

Es esta fotografía de lo más bajo de la delincuencia pasado por el tamiz del humor lo que me parece más atractivo del libro, porque resulta realmente convincente, y consigue captar al lector-espectador mediante la risa para hacerle partícipe de una forma de vida miserable que de alguna manera replica las relaciones de poder y sometimiento más o menos inconscientes, imperantes en la sociedad. Todo ello visto desde el casi tópico espejo distorsionado (hoy hablaríamos de un filtro), que muestra la degradación mediante el siempre eficaz vehículo de lo cómico.


También de Alfonso Sastre en ULAD: Escuadra hacia la muerte