miércoles, 10 de noviembre de 2021

Reseña + entrevista: Everest 1924. El enigma de Irvine y Mallory de Sebastián Álvaro

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Yo con estos libros me lo paso en grande

Pues sí, gentes, a mi estos libros que hablan de aventuras inconcebibles desde la óptica de nuestros tiempos, de aventureros de la edad dorada de la exploración como Scott, Shackleton, Nansen, Irvine o Mallory, me encantan. En ellos se juntan la atracción por lugares remotos y apenas explorados (la nostalgia del hielo, que dijo Shackleton), el afán de superación y conocimiento, la tragedia y el heroísmo de unos personajes singulares, mucho más cercanos a lo que podrían ser hombres del Renacimiento o a caballeros románticos que a los deportistas de élite de la actualidad.

Pero más allá de lugares y personajes, hay varias cosas que pido a este tipo de libros: por ejemplo, una cierta voluntad de estilo, la inserción de las historias particulares en el trascurso de la Historia, una voluntad más "didáctica" que técnica, etc. Y algo de todo esto hay en este "Everest 1924". Veamos.

Quien ya conozca a Sebastián Álvaro de su época como director de "Al filo de lo imposible" (para mi, uno de los mejores programas de TV en la historia de este país), de haberle escuchado en la cadena SER o en Onda Cero o de haberle leído en el diario As, sabrá que se trata de un tipo que, pese a sus amplísimos conocimientos en la materia, posee un estilo próximo a lo divulgativo y una mirada profundamente humanista. Todo esto se traduce en un texto bien escrito, ameno, didáctico y alejado de detalles técnicos que podrían alejar a cierto tipo de público.

El carácter divulgativo del libro se observa, fundamentalmente, en la extensa presentación del contexto político, sociológico y cultural en el que surgen y tienen lugar las grandes exploraciones de finales del XIX y principios del XX, especialmente en Asia central. Quizá este aspecto geopolítico (rivalidad Imperio Ruso - Imperio Británico, Ilustración, Romanticismo, desastre de la PGM...) sea, para mi, la parte más interesante del texto y me han dejado con ganas de acercarme a nuevos libros y profundizar en el tema. 

El carácter humanista del texto tiene una doble vertiente: por un lado, la inserción de Irvine, Mallory y compañía en ese contexto sociocultural; por otro, el relato de las experiencias personales del equipo de "Al filo" en territorios legendarios como el Himalaya, el Karakorum, el desierto de Taklamakan o el cañón del Yarlung Tsanpó. Una y otra sirven para entender las razones, profundamente humanas, de este tipo de viajes y para unir pasado y presente de la historia de la exploración y el alpinismo. 

Así, solo la parte final del texto se refiere íntegramente a la expedición de 1924, situada entre en enigma y la leyenda. En ella, sin salir del terreno de la hipótesis y partiendo de datos objetivos y experiencias personales, Álvaro reconstruye y plantea posibles escenarios acerca del intento de ascensión de aquel trágico 8 de junio de 1924. Pero, nada se esclarece, todo queda en el terreno de la suposición y de la incógnita y tal vez sea mejor así porque a estas alturas quizá no importe tanto si Mallory e Irvine alcanzaron o no la cima del mundo como sus motivaciones. En ese sentido, el libro de Sebastián Álvaro da en el clavo.

P.S.: Un último apunte, esta vez sobre el libro como "objeto". La edición de Desnivel es realmente magnífica. Además del diseño de los libros, que me encanta, y del papel de altísima calidad, "Everest 1924" incluye gran cantidad de material gráfico que seguro hará las delicias de los interesados en la materia.

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A continuación reproducimos un pequeño cuestionario que el autor ha contestado amablemente (¡GRACIAS!):

P.: Han pasado casi 100 años desde aquel 8 de junio de 1924. ¿Qué hace que las figuras de Mallory e Irvine conserven ese halo fascinante en la actualidad?

R.: Aquella generación de exploradores británicos fue única e irrepetible. Fue la encargada de rellenar los últimos espacios en blanco de los mapas y poner en marcha la conquista de los extremos del planeta: los polos y las altas cumbres del Himalaya. Desde luego hubo muchos más de otras nacionalidades, pero a finales del siglo XIX y principios del XX, la pujanza del imperio británico va a propiciar una serie de aventuras y exploraciones que cambiarían el mundo rellenando los últimos espacios en blanco del planeta. Desde entonces más de doscientas personas han desaparecido en el Everest pero ninguna reúne el atractivo de aquellos hombres. Formaban parte de los últimos exploradores románticos. Eran aventureros completos: escritores, alpinistas, militares, espías, músicos, cartógrafos, cirujanos…Además tenían una capacidad de sacrificio y de hacer frente a la adversidad que hoy en día no podemos ni siquiera imaginar. Pertenecen a una época irrepetible, cuando exploración, aventura y alpinismo iban entrelazados.

P.: ¿Realmente “importa” hoy en día que Irvine y Mallory llegaran a la cumbre del Everest?

R.: Bajo el punto de vista histórico sería muy importante, pues pondría en cuestión todo el relato histórico de los años cincuenta. Y bajo el punto de vista sentimental creo que se debe un reconocimiento a esta generación de alpinistas británicos.

P.: Dentro del trabajo de documentación previa a la escritura del texto estaría todo lo relativo a sus experiencias personales en la etapa de “Al filo”. ¿Qué siente uno al echar la vista atrás y volver a leer sus diarios (si es que existen) o rememorar esos viajes?

R.: He llevado diarios de cada uno de mis viajes y la verdad es que han sido y son fuente de todos los libros que escribo. Y cada vez que los releo llego a la conclusión de que soy un afortunado por haber sobrevivido y por haber tenido una vida tan rica en experiencias y emociones.

P.: Además de lo anterior, el trabajo de documentación / investigación acerca del contexto social, político y cultural de la época, expediciones, etc ha de haber sido ingente. De todo el material al que ha podido acceder, ¿cuál es el que más le ha impresionado?

R.: El principal trabajo de documentación han sido sus libros y diarios. Especialmente me ha vuelto a conmover el libro del capitán John Noel en el que no sólo relata la expedición y sus trabajos de filmación en 1922 y 1924, sino que además es una visión sumamente avanzada de lo que ocurriría en el Everest en el futuro. En otro plano, la reconstrucción del vestuario y la filmación con mis compañeros recreando algunas de aquellas secuencias, como la llegada al collado del Pang La, fue realmente emocionante.

P.: Personalmente, una de las cosas más me llama la atención es que los tiempos de ascensión de Mallory e Irvine (o de Somervell y Odell) fueran similares a los empleados por alpinistas actuales. ¿Cómo le explicaría esas escasas diferencias a alguien que no ha leído el libro?

R.: No hay nada que explicar, simplemente que eran unos grandes alpinistas, muy fuertes que estaban dispuestos a hacer prácticamente cualquier cosa por subir a la cima del Everest. La visión supremacista actual sobre aquellos alpinistas es errónea y debida a una corriente de opinión que no tiene sentido ni está basada en los hechos tal y como sucedieron.

P.: Insistiendo un poco en la comparativa entre la edad dorada de la exploración y la actualidad, ¿se ha perdido el espíritu de aquella época o las motivaciones continúan siendo, en el fondo, similares?

R.: Aquel espíritu de exploración y aventura sin duda se ha perdido. En buena medida porque aquel tiempo ya pasado es irrepetible, pero al fin y al cabo la visión romántica del alpinismo y la aventura es un componente ideológico y sospecho que los alpinistas actuales tampoco leen mucho. Esa es la explicación de algunas de las cosas que ocurren en el Himalaya con las expediciones comerciales o el fenómeno de Nirmal Purja y el helidopping, entre otros muchos. Nada de eso tiene que ver con el alpinismo clásico.

P.: ¿Qué personaje de la edad dorada representa mejor el espíritu de aquella época y qué deportista / aventurero… de la actualidad reencarna en mayor medida ese espíritu?

R.: Quizás George Mallory, Geoffrey Young, Howard Somervell, pudieran representar ese periodo dorado. Fuera de los británicos quizás Luis de Saboya, el Duque de los Abruzos, representa mejor ese espíritu aventurero. Todos ellos no se sentirían deportistas sino aventureros. De hecho cuando Hillary y Tenzing suben al Everest, un periodista pregunta a Eric Shipton qué le parece aquella expedición comparada con las de Mallory, y Shipton responde: “Eso solo es deporte”… Lo que demuestra lo claro que tenían aquellos alpinistas entre deporte y aventura.

Y de los alpinistas modernos me quedaría con Walter Bonatti, que es el gran representante del alpinismo moderno.

P.: ¿En qué expedición de las “clásicas” de la edad dorada le hubiese gustado participar?

R.: En la de Mallory de 1924, en la de Kurt Diemberger de 1957 al Chogolisa y en la de 1958 de Walter Bonatti al Gasherbrum IV.

P.: ¿Es posible que la próxima “gran era de la exploración” tenga lugar fuera de nuestro planeta o nos quedan lugares por descubrir / conocer en mayor profundidad?

R.: De momento quedan muchas montañas por escalar en la Tierra, así que me sigo quedando todos los veranos por el Karakórum. Y puesto a explorar nuestro sistema solar me quedaría con el cráter Olimpo de Marte, que tiene casi doce kilómetros de altitud.

P.: Por último, y de cara a posibles futuras lecturas, ¿qué libros nos puede recomendar?

R.: Cita con la Cumbre de Juanjo San Sebastián. Tocando el vacío de Joe Simpson. K2, Nudo Infinito de Kurt Diemberger, El Sentimiento de la Montaña, con Eduardo Martínez de Pisón… Hay una excelente literatura de Montaña. Y además recomendaría algunos libros de poetas como Robert Browning, Alfred Tennyson, Mary Shelley… En fin hay que leer mucho y bueno.

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