Título original: No consta
Año de publicación: No se sabe
Traducción: No hay
Valoración: Qué queréis que os diga...
Por una vez, he de reconocer que no he leído el libro que ocupa la reseña de hoy (bueno, a decir verdad, tampoco sería la primera v... ejem); pero vamos, ni yo, ni nadie que se sepa en los últimos cinco siglos, por lo menos... La razón es que se trata del archifamoso Manuscrito Voynich, llamado así debido a su descubridor, el bibliófilo y anticuario de origen polaco Wilfrid M. Voynich y que debe su celebridad a estar escrito en un idioma desconocido y, aún más, en un alfabeto arcano, inextricable para todo el mundo, hasta el momento -vendría a ser algo así como una transcripción élfica de la lengua de Mordor, que no hemos de pronunciar aquí-: además, pasa por ser el único manuscrito medieval que aún no ha sido desentrañado. Casi nada, pues...

A estas alturas de la reseña, supongo que más de uno de sus hipóteticos lectores (si es que queda alguno) estará preguntándose a qué diantres viene reseñar un libro ilegible y del que además sólo existe un ejemplar, sito en la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale (sitio bien curioso debe de ser, también). Hasta ahora era así, pero resulta que esa biblioteca encargó a la acreditada editorial burgalesa Siloé, especializada en tales menesteres, que reprodujera el manuscrito en edición facsímil, cuidando hasta el último deterioro del mismo. El libro fue presentado en Burgos el pasado 10 del mes en curso (aquí) y aunque los ejemplares de la edición han sido sólo 898 y cada uno cuesta una pastizara (además de que creo que la mayoría ya estarán adjudicados), el caso es que podemos decir que es un libro más a disposición del público -público no-lector, en este caso-, como cualquier otro de los reseñados en Un Libro Al Día. Aunque no podamos leerlo. En cualquier caso, si alguien le quiere echar un vistazo al original, puede hacerlo aquí
Una última reflexión (y prometo que ya acabo): antes o después, es probable que se acabe descubriendo el secreto del manuscrito Voynich. Cuando el mundo esté gobernado por un megasuperordenador, quizás, que elimine a todos los humanos de la faz de la Tierra y se dedique a entretenerse con jueguecitos intelectuales como desencriptar el lenguaje en el que alguien escribió este texto, hace casi seiscientos años. O tal vez lo haga pasado mañana una niña-prodigio autista o un viejo profesor oxfordiano... Ni idea; sólo sé que, en mi opinión, será una lástima cuando se averigüe lo que esconde, al igual que si se capturara al monstruo del lago Ness o al Yeti. Porque está bien que avance el conocimiento sobre lo que nos rodea, sí, pero tampoco está de más que nos dejen un espacio, aunque sea pequeño, para el misterio. Esto es, para la leyenda; esto es, la literatura.


