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jueves, 13 de agosto de 2015

Contrarreseña: Kassel no invita a la lógica de Enrique Vila-Matas

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Se deja leer

Empiezo aclarando que esta no es propiamente una contrarreseña, sino más bien una sobrerreseña, una confirmación o una reiteración de lo que Álex Azcona dijo, sucinta e irónicamente, en la suya. Pero es que me acabo de terminar este libro, y me han entrado ganas también de dar mi opinión, o mejor dicho desahogarme, soltar bilis. Hacerme un Murakami, por decirlo así.

Voy a resumir el argumento por si a alguien no le apetece irse a leer la reseña de Álex Azcona: a un escritor, que sin duda debemos pensar que es Vila-Matas, le invitan a que acuda a la edición de 2012 de documenta, la mítica exposición de arte contemporáneo que se celebra en la localidad alemana de Kassel desde 1955. La propuesta, que parte de las co-curadoras del evento, consiste en que el escritor se siente en un restaurante chino a las afueras de la ciudad y se pase una semana escribiendo.

Es un buen punto de partida: un planteamiento original y con muchas posibilidades, para el humor absurdo o autoirónico, para la reflexión sobre la condición del arte contemporáneo, sobre el papel de la literatura en relación con otras artes, o también sobre la conceptualización de Europa, unas ideas con las que se juega pero no se llega a profundizar demasiado.

El problema es que, en esta obra como en otras recientes de Vila-Matas, el ego del escritor lo ocupa todo. Vila-Matas parece haber encontrado el "método Vila-Matas" de escribir novelas, que consiste básicamente en divagar sobre lo divino y lo humano, soltar unos cuantos nombres de personas reales (preferiblemente, escritores famosos o artistas), mezclar citas y referencias literarias con gusto, agitarlo todo con su enorme personalidad como disolvente, y suponer que eso va a ser lo suficientemente interesante para el lector. Porque Vila-Matas (eso parece pensar por lo menos Vila-Matas) es un ser fascinante y con ideas interesantísimas.

Pues a mí, personalmente, me ha perdido como lector. No, Vila-Matas no es Murakami: lo he admirado mucho, lo he defendido mucho, lo he puesto varias veces en la lista de mejores escritores españoles contemporáneos; pero creo que ya no voy a darle más oportunidades. Se ha convencido demasiado de su propia genialidad (que existe, o por lo menos existió, eso lo reconozco), y ahora escribe novelas de 300 páginas como churros, sin esforzarse demasiado, o eso me lo parece a mí.

Y lo peor de todo: una novela sobre un escritor confinado en un restaurante chino en el contexto de una exposición de arte contemporáneo, ni siquiera resulta divertida. Que era lo mínimo que se le podía pedir.

En fin, como bien dijo Alex Azcona: una tontería.

Mucho Vila-Matas ya en UnLibroAlDía: aquí

martes, 9 de julio de 2019

Enrique Vila-Matas: Esta bruma insensata

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Entre Recomendable y Está bien

No descubro nada si digo que Vila-Matas escribe muy bien. Como tampoco es ningún secreto que disfruta como un cochino jugando (Vila-Matas, no el cochino) con lo metaliterario, la intertextualidad y las citas, sean originales o apócrifas. O que tiene don Enrique un bagaje cultural muy respetable que gusta de exhibir y manejar, y que lo hace con soltura y a veces con gracia. Todos estos son elementos reconocibles en el autor, o al menos es lo que se desprende de las reseñas que aquí se han publicado de todas o casi todas sus obras, porque personalmente solo había leído su anterior novela (Mac y su contratiempo)... y, sí, también en aquella ocasión encontrábamos cosas como las citadas. El maestro Santi, en la Contrarreseña a Kassel no invita a la lógica definía con gracia este cóctel, al que llamaba el método Vila-Matas, y cuestionaba si todo esto es suficiente para armar una novela. La reflexión es igualmente pertinente si hablamos de Esta bruma insensata, pero antes hagamos un boceto sobre lo que en este libro se cuenta. 

Simon es un tipo solitario que vive cerca de Cadaqués y ejerce de traductor y recopilador de citas literarias, actividad esta última a la que Vila-Matas llama hokusai (y que no sé si tiene algo que ver con el pintor japonés, ni si es un invento o realmente existe algo llamado así). Vamos, que entramos de cabeza en el rollo metaliterario. Este buen hombre lleva veinte años suministrando citas (literarias, claro) a un escritor de gran éxito (un tal Rainer Bros) que se oculta del público en algún lugar de Nueva York, una especie de Pynchon germano-catalán, que a su vez mantiene una peculiarísima relación con el Pynchon auténtico –o eso es lo que parece. Pese a la distancia física entre el hokusai y el escritor estrella, su muy diferente estatus y su gélida relación profesional hay algo que une estrechamente a Simon y a su cliente, y al mismo tiempo los separa. 

El texto íntegro es una narración en primera persona que, como puede suponerse, se centra casi en su totalidad en el hecho mismo de la creación literaria. En torno a ella, Simon y Rainer son los dos polos de una dialéctica múltiple que, como las dos vocecitas de la conciencia, encarnan y enfrentan sus respectivas tesis: fe y entusiasmo en el hecho de escribir, frente a desprecio y abandono del ejercicio literario; ficción contra no ficción; creación pura, o intertextualidad; celebridad y anonimato. En última instancia, éxito vs. fracaso. Aunque la reflexión sobre estas ideas (a su vez siempre sembrada de citas) ocupa casi todo el libro, es en su parte final cuando se concretan y en parte podríamos decir que se materializan. Vila-Matas lo hace con inteligencia, claro, no enfatiza a favor de ninguna de las dos opciones, pero de ese magma aparentemente confuso termina el lector por obtener algunas respuestas, aunque siempre abiertas a interpretaciones o sometidas a contradicciones.  

Porque esto, aparentemente novela, tiene bastante de ensayo y también cierto aire lúdico, porque esa colisión entre dos formas de entender la literatura (todo lo nebulosas que se quiera) efectivamente crea tensión entre los personajes, pero esta no se transmite al lector. Poniéndonos unamunianos diríamos que no hay ‘agonía’ ni ‘sentimiento trágico’, solo miradas diferentes, posibilidades abiertas. Se le va a gusto al autor en ese terreno, donde exhibe su agilidad para divagar por distintos caminos sobre el hecho literario y hasta se permite deslizarse en alguna ocasión hacia lo onírico. Y en ese contexto de lo metaliterario, me permito destacar una poderosa imagen, de mucho contenido aunque parece dejada ahí como por casualidad:

(…) Se apiñaban una gran cantidad de familias felices y de familias infelices, tribus rusas y chinas, suegras y cuñados de todas las razas y clases sociales, jóvenes solitarias y señoras de edad, abanderados y no abanderados, camareros y turistas, todos absolutamente indiferentes a la literatura, a la fama mundial del empedernido bebedor Rainer Bros y a mi archivo.

Sin embargo, Vila-Matas parece menos cómodo en terrenos digamos más convencionales. Es cierto que una de las escenas mejor resueltas es el viaje de Simon a Barcelona en el coche de un pintor (donde aparece uno de los pocos momentos de humor), pero en cambio funciona peor el entorno histórico-político que sirve de telón de fondo a la segunda mitad del relato: quizá forzado por la relevancia del momento, Vila-Matas sitúa la acción en la Barcelona de los últimos días de octubre del 17, es decir, en plena efervescencia de la Declaración unilateral de independencia y las situaciones inmediatamente posteriores. Ni qué decir tiene que el decorado resulta algo impostado, o mejor aún, ajeno, dando la impresión de que no aporta nada más allá de un paisaje llamativo. A lo sumo útil –y es que uno siempre tiende a justificar al escritor- para subrayar la imagen que transmite el párrafo que copiaba arriba: la soledad del escritor (escritores en este caso) ante una sociedad que le ignora, sumida en sus propias preocupaciones o en su mera cotidianeidad. O, volviéndolo del revés, el ensimismamiento del autor en su propio mundo, mientras todo se agita a su alrededor.

En fin, que como puede deducirse, el libro, construido con pulcritud e inteligencia, gustará seguro a los fans de Vila-Matas y a quienes disfrutan con los entresijos y las diferentes perspectivas de la creación literaria en sus múltiples facetas. En tanto que novela –lo que quiera que eso sea- con un desarrollo y algo parecido a un argumento, esta última entrega de don Enrique resulta algo más cuestionable. Quizá nos gustaría ver cómo asoma un poco más fuera de esa burbuja, que a lo mejor no es tan autosuficiente como él cree.

Todas las reseñas sobre Enrique Vila-Matas en ULADaquí

viernes, 25 de abril de 2014

Enrique Vila-Matas: Dietario voluble

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Si de algo se acusa reiteradamente al Vila-Matas novelista es de abusar de lo meta-literario. Lo cual podría, por cierto, no ser más que un pretexto como otro para el escritor ávido de obtener cierto protagonismo, de incorporarse directamente o usando un trasunto a la obra. Pero no veo narcisismo alguno aquí, en un experimento que podría ser una cúspide de onanismo, resulta que el escritor barcelonés se muestra contenido y prudente, contando con que este Dietario voluble es justo eso, una bitácora de viajes de larga y corta distancia que incorpora referencias a mansalva (este libro es una clara muestra de que parte del talento como escritor de Vila-Matas se debe a su condición de lector voraz e impenitente) y no pocas de esas frases a tener en cuenta, tan aplicables a la vida literaria como a la vida real.
En este sentido, la alternancia de anécdotas, textos de distintas extensiones (alguno zanjado con apenas unas frases), el hecho de que algunos adaptan que fueron previamente publicados fruto de su colaboración en El País, su orden cronológico y un deliberado aire de haber sido escrito en medio de una dura temporada de falso dolce fare niente, otorga pleno sentido al título. Este es un Vila-Matas relajado en su escritura y por tanto desbocado en su escritura. Consciente de que no le es necesario ceñirse al cautiverio de una trama, e inconscientemente envalentonado de que su prosa puede con todo. Curioso que la dispersión y el salto constante de uno a otro escenario acabe consiguiendo     un efecto tan unitario y cohesionado. No voy a discutir la posibilidad de que nos abrume la cantidad de autores mencionados para los que Vila-Matas no escatima elogios. Pasado un cierto número de páginas, uno se da cuenta de  lo absurdo de apuntar las referencias, pues todo el libro es un catálogo de ellas, incluso sin ceñirse a lo literario. Por lo cual el libro no solamente manifiesta un obvio valor de disfrute en su lectura. Conservarlo cerca, para acudir a sus constantes menciones, es una importante opción. 
Y todo con la naturalidad de Vila-Matas, retratado de espaldas en la portada, metiendo los dedos entre la camisa y el cinturón, en un gesto que yo diría es como de timidez teñida de seguridad, como diciendo este soy yo, pero no se fije demasiado en mí, como diciendo pase y relájese y lea, que no le va a pasar nada.
Y así es este Dietario voluble, una inmersión literaria disfrazada de agradable paseo, del que se vuelve la mar de satisfecho, y con un poquitín de hambre.

Mucho Vila-Matas ya en UnLibroAlDía: aquí

miércoles, 26 de octubre de 2016

Semana del Libro de Culto. Enrique Vila-Matas: Bartleby y Compañía

Idioma original: español
Año de publicación: 2000
Valoración: está bien/imprescindible para interesados

Más de 200 páginas escritas acerca de la Literatura del No  por un autor con fama de metaliterario pueden sonar casi a broma pesada. Más si contamos con esa elegante sorna habitual de la prosa del escritor barcelonés. Más si partimos de una presentación de impacto. Marcelo, narrador, confiesa en las primeras líneas el defecto físico (es jorobado) que condiciona su existencia y complica su relación con las mujeres. Hecha la aclaración, se lanza al vacío. Bartleby: personaje de la novela corta de Melville que ya es un patrimonio de la literatura universal (aunque a mí me pareciera que no era para tanto), triste escribiente que nos lega su frase como paradigma de muchas cosas, que pueden ir desde el escepticismo hasta la desidia o la vagancia. Y punto de partida para esta disquisición sobre el hecho literario y el hecho no-literario y el no-hecho literario y...¡brrrrrr!... qué complicado es esto de explicar las cosas sin contar con la facilidad de expresión de Vila-Matas; menudo trato le da el hombre al lenguaje. Ni una palabra fuera de su sitio, ni una construcción incoherente, ni un escalón siguiente que se pise sin haberse afirmado con contundencia en el anterior.

Ensayo literario ligeramente aderezado con lo que parece un diario personal (incluyendo alguna experiencia de formación), Bartleby y Compañía dispone de un planteamiento y un desarrollo tan característico y casi exclusivo de su autor que ello se convierte en virtud y defecto a la vez. El libro atraerá y fascinará al incondicional tanto como repelerá y aburrirá al escéptico. Hace días que me reconfortaba que cierto libro pudiese juzgarse sin recurrir a los extremos, pero con este libro ello es imposible. Si hasta parece que en algún momento se esté hablando de escritores (o no-escritores) imaginarios, que Vila-Matas nos someta a un juego del escondite donde ciertos nombres nos suenan (cómo no: Melville, claro, Rimbaud, por supuesto, Kafka, Musil, Walser, Salinger. Pynchon), pero en otros nos vamos perdiendo de tal manera que la erudición de Vila-Matas (manifestada, eso sí, con elegancia y naturalidad) acaba arrinconándonos, postergándonos a un paraje donde, en aras de demostrar empíricamente que también hay no-escritores, no-novelas a destajo, y que ello está justificado, parece que debamos acudir a hacer cola cualquier noche a una no-librería.

Tantos y tan variados son los ejemplos de carreras literarias abortadas o cercenadas o abandonadas, tan suntuoso es el desfile de menciones a escritores y los hechos o motivos que les obligan o les invitan a dejarlo correr, a la vista de éxitos o fracasos o de escepticismo.
Un pequeño inciso algo oportunista: ¿cómo valoraría Marcelo el fenómeno pseudo-glups-literario que representa internet? ¿Acaso no son (¿somos?) todos los que nos comunicamos por la red y no damos un paso más allá, meras actualizaciones del concepto, como guarecidos gracias al carácter de borrador perpetuo que nos aporta esta editabilidad?

Seguimos. ¿Méritos de Bartleby y Compañía? A destajo: este es un libro a conservar para referirse a él, para citarlo, para entender la actitud (sobre todo europea) hacia la literatura como factor en la ecuación del hombre en el universo. Pero a la vez es demostrativo de todo lo contrario. Vila-Matas (o su alter-ego Marcelo, compilador a costa de salud, trabajo y bolsillo) juega con tanto fair-play que deja que se reflejen todas las opciones posibles. Comprended, es casi inútil explicarlo (recordad la Semana en la que estamos), porque casi cualquier frase de este libro, prestada o creada expresamente, es susceptible de ser citada por inspirada o vilipendiada por obvia o por pedante. No hay términos medios, aunque recomendar este libro a no iniciados es una actitud casi suicida. Es un escritor especial, escribe hace cuatro décadas, y esta, obra central en lo temporal y paradigmática en lo estilístico y hasta en su intención, es uno de sus buques-insignia. Quizás Dietario voluble constituya una reescritura de alguno de sus planteamientos, y es mucho más cercana y asequible. Pero la obra de Vila-Matas no puede entenderse sin el embrollo excesivo de citas y reflexiones que es Bartleby y Compañía. O sin el monumental y ambicioso reguero de frases brillantes que es Bartleby y Compañía. 
Espero que haya quedado claro ¿Alargarme más? Preferiría no hacerlo.

Muchas obras de Enrique Vila-Matas reseñadas en ULADaquí

lunes, 28 de marzo de 2022

Enrique Vila-Matas: Chet Baker piensa en su arte


Idioma original: español

Año de publicación: 2011

Valoración: recomendable

Con Marsé fallecido y Cercas empeñado en convertir su obra en un panfleto, Vila-Matas pasaría por ser mi escritor vivo favorito de los que escriben en español y residen en la península. Y esa opinión personal me la viene a corroborar la profundización en su obra, que pasa ineludiblemente por el acceso a sus obras "menores", aunque su ritmo de publicación es muy apreciable y ello puede implicar los lógicos deslices que otros dirán altibajos para luego poder justificar retornos a la forma, concepto este último poco agradecido para una faja, casi siempre más proclive a ser usado por el crítico exigente de impertérrita ceja elevada a perpetuidad.

Sé, no hay que buscar muy lejos, que a muchos Vila-Matas les acaba empalagando cuando se excede en sazonar sus textos con algunos de sus cócteles de especias. La auto-ficción o lo meta-literario, por ejemplo, y en ese último concepto podría insertarse cierta querencia, que podría culminar en una cierta erudición, algo aburguesada, por demostrar en sus escritos su escandaloso bagaje cultural. Es una línea, roja por supuesto, que sus enemigos pueden recriminar. No poco del material que esta selección de relatos puede adolecer de esta condición. En especial, el relato que le da título, casi una centena de páginas entregadas al eterno devaneo entre - ganas me dan de escribirlo en mayúsculas - cómo debe ser la literatura genéticamente perfecta. Usando dos polos opuestos como son dos novelas, una de Simenon, cuyo título obviaré pues - efectos de esta lectura - voy a leer y reseñar en cuanto pueda, la otra el archi conocido Finnegans Wake de James Joyce, que pasaría, no voy a alimentar más eternas discusiones, por ser el summum del esteticismo literario, a espaldas de comprensión y/o coherencia. Ese relato justifica el libro y contiene no poco material, Vila-Matas parece jugar con el lector con su goteo de nombres, de ese que sobreexcita a la vez que da que pensar si ese bagaje no contiene un cierto porcentaje de farol. 

En todo caso, me resulta curiosa la omisión o salto temporal; no hay relatos entre los primeros años de los 90 y la primera década de este siglo, supongo que por los años Anagrama, y eso permite visualizar de un modo abrupto la evolución del escritor, que pasa del relato incidental, casi siempre en el contexto de un viaje o una ausencia, de apenas diez páginas, a esos ejercicios de estilo que superan las cincuenta, con el escritor ya envalentonado y consciente de su inapelable estilo depurado, haciendo gala de no pocos aspectos exquisitos en sus gustos (no solo literarios, también musicales, y no deja de sorprender que conozca a Bauhaus, a Nouvelle Vague, a The National), cosa que permite apreciar más su contemporaneidad. Esa aportación de heterogeneidad da riqueza al texto en su conjunto. Aunque inferior a su mayestático Dietario Voluble, leer este Chet Baker piensa en su arte constituye un magnífico ejemplo de su narrativa en formato corto, la que se entrevera en su obra novelística, y no diría que es un texto complementario a esta sino una pura constatación de que Vila-Matas, tomaré un aforismo prestado, es escritor porque no puede no escribir.

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sábado, 23 de junio de 2018

Enrique Vila-Matas: El viento ligero en Parma


Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Sábado del verano Occidental. Vayamos rapidito que hay que ir a la playa. Reseña breve y a volar.
Porque qué más puedo decir. Con excepciones señaladas (Bartleby y Compañía me pareció algo proclive a la espesura y Lejos de Veracruz excesivamente evanescente) todo lo que he leído de Vila-Matas me ha parecido excelente. Si fuera un poquito menos tímido y le diera por meterse en vericuetos socio-políticos ríete tú de Javier Marías. Bueno, y si escribiese para ese panfleto socialfakedemócrata llamado El País. Pero no lo hace, puede que lo haya hecho alguna vez y no voy a mirarlo (hay que ir a la playa), Vila-Matas dosifica su presencia en los medios y siempre que está presente lo hace con pretextos relacionados con lo literario.
Cómo se mueve el tío en ese contexto. Sí, argumentos no le faltarán a quienes se hastían de sus devaneos yoístas y de su manera de aparecer de una forma u otra en todos sus escritos. Pero si va a hacerlo como lo hizo en su  Dietario voluble o como lo hace en este compendio de artículos que hasta ayer yo ni conocía y resulta que Sexto Piso publicó hace una década, ahí estaré para leerle y empaparme de su prosa impoluta, de su enorme respeto a la gramática, de su legibilidad, de su conocimiento canónico de escritor tras escritor uno tras de otro, de su persistente tono irónico elegantemente oculto en cada frase y sobre todo en las autoreferentes. Aquí hay una veintena larga de pruebas con muy pocos resquicios. Quizás algún concepto en un artículo o una anécdota o una cita que vuelve a aparecer unas páginas más allá que puede ser unos años porque hay artículos aquí de distintas épocas y el hombre ha sido prolífico. De hecho uno de ellos es una curiosa retrospectiva que Vila-Matas hace su propia obra y que resulta ser tan estimulante del apetito. En ciertos artículos se entrega a disquisiciones sobre el proceso creativo relacionadas con algunas de sus obras. Siempre de forma amena, con una erudición natura y nada engreída. En otros recrea su cosmos de amistades literarias y sus viajes en distintas fases del proceso de inspiración (algunos en su búsqueda, otros supongo que disfrutando de sus merecidos royalties) y visita Mérida en Venezuela - fascinante pasaje de aires mannianos para alcanzar un hotel situado en los Andes, visita Parma, claro, pasea por Barcelona y habla de las aceras de la Diagonal, visita Lisboa - descomunal panegírico el le que dedica entre líneas - y menciona a autores favoritos y de su entorno (los mezcla al gusto) como Pérec, Gombrowitz, Pessoa, Villoro, Fresán, Cercas...y claro, cómo no iba a seducirme a mí... a Roberto Bolaño le dedica un par de artículos que algunos tildarán, obvio, de parciales y hasta de corporativistas, pero ahí están, generando frases para fajines y para ilustrar coloquios y demostrando a quien quiera la apuesta segura que es Vila-Matas a la hora de disfrutar de un escritor de tomo y lomo. 
Leo un día de estos El viaje vertical y lo juro que ya no reseño nada más aquí de él. 
(A partir de ese momento, seguiré leyéndole por puro placer, como deberíais hacer vosotros.)

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jueves, 6 de agosto de 2015

Enrique Vila-Matas: Y Pasavento ya no estaba

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Si ULAD dispusiera de una sección llamada "El rincón del completista" este libro hubiera ido de cabeza a ella. Cosa de la que, lamento informar, me he dado cuenta una vez lo he leído y esta reseña tomaba forma. Porque "completista" se ha de ser para hacerse con este tipo de libros: publicado en Argentina, corta tirada, recopilación de artículos. Una especie de jugueteo del autor, algo que se me antoja muy propio de Vila-Matas, uno de esos escritores de oficio, un tipo inquieto, un señor con aspecto serio y reservado que, ante el teclado, no conoce contención alguna.
Y Pasavento ya no estaba ya contiene un guiño en su título. Tras publicar una de sus principales novelas, Vila-Matas concede el bis de una serie de artículos posteriores, que mantienen un cierto aire de continuidad, dentro de un ligero aire irreverente, a mitad de camino entre la sorna y un hastío amable, como de escritor encumbrado a su pesar. Como si se tratara de provocar a todos los que le recriminan su talante auto-meta-literario, los artículos contenidos en Y Pasavento ya no estaba son un festín de referencias donde tienen cabida desde títulos de artículos completamente vilamatianos: (Plan para el más allá, Se escribe para mirar cómo muere una mosca, Ventanas de la alta madrugada) hasta el desfile habitual de conocidos y no tanto (Scott Fitzgerald, Melville, Doctorow, Duras, Pérec, Kafka, Steiner) que son, entre muchos otros, la innegable influencia del escritor barcelonés y, a la sazón, la demostración empírica de la máxima de que, salvo excepciones, el buen escritor surge del buen lector. Vila-Matas es un depredador del papel impreso (y de los blogs, y de las conferencias...).
¿Más de lo mismo? Quizás: pero debo insistir en ideas que corroboré con la magnífica recopilación que es Dietario voluble. Vila-Matas es responsable tanto de sus baches en ficción como de su extraordinaria brillantez como ensayista. Dotado de una agudeza de análisis que su prosa transcribe a la perfección, es imposible que su escritura nos defraude en cualquiera de sus formas. Idóneo para las re-lecturas, ideal para aquellos dados a apuntar frases una tras otra, esta recopilación es (cómo odio estos símiles, pero adelante) como la comida que hay que degustar recreándose en cada bocado.
Y claro, con un postre excelso que le sirve de colofón: Un plato fuerte de la China destruída, colosal artículo escrito tras la muerte de su amigo Roberto Bolaño, sensacional epitafio que elude magistralmente la excitación de los lacrimales, colosal celebración del hecho de la literatura y, claro, cómo no, punto débil, baza segura para ganarse el favor del que esto escribe.

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domingo, 9 de febrero de 2014

Colaboración: Aire de Dylan de Enrique Vila-Matas

Idioma original: Castellano.
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable.

El título no debe atraer a los Dylanófilos ni espantar a los que estamos hartos de tanto culto al compositor. En realidad alude a la descripción del personaje principal de la novela, Vilnius, que se parece a Dylan físicamente y además cultiva cierto aire de dejadez que recuerda al primer Dylan. En cuanto a la palabra "aire" en el título, bien podría leerse como el oficio de su protagonista: vivir del aire.

Es sin duda una novela más fácil que El mal de Montano (2002), que como ya se dijo en este blog es pura metaliteratura. Pero los vicios de Vila-Matas también afloran aquí. Entre ellas la ya mencionada metaliteratura y el empeño quijotesco en misiones no menos quijotescas que guardan relación con la literatura. Empieza la novela en una escena muy típica de Vila-Matas: el congreso literario. Allí, Vilnius, hijo del reputado escritor Lancastre, hace un relato de los días tras la muerte de su padre, en el que habla del fracaso como tema y como fin: Vilnius pretende dejar la sala de su conferencia vacía. En su vuelta a Barcelona, Vilnius comienza otra misión quijotesca: saber de dónde proviene la frase "Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien" de la película Tres Camaradas (Frank Borzage, 1938), cuyo guión original escribió Scott Fitzgerald. Y he aquí otra constante del escritor catalán: la intertextualidad, la concepción del discurso literario en conjunción con un universo literario que lo abarca y lo nutre.

Entre tanto, Vilnius irá recibiendo la visita del fantasma de su padre que se apropia de su conciencia. Destacable la escena en la que Vilnius vuelve solo y de noche a casa y una voz a su espalda lo invoca llamándolo "Hamlet". En esa relación basada en el leitmotiv de Shakespeare se establece el juego metaliterario entre el narrador omnisciente en tercera persona y el pensamiento de Vilnius, a veces invadido por la voz de Lancastre.

Hacia la mitad, la novela deriva en una versión cómica de la novela negra que pese a que mantiene la narración en marcha no es que aporte gran cosa. Lo que es remarcable es el diálogo que Enrique Vila-Matas establece a lo largo de la narración entre la postmodernidad y la tardo-modernidad. Está por un lado la generación más joven, la postmodernidad representada en la dejadez, el no hacer nada o la aversión de Vilnius a la ética del trabajo burguesa, fiándolo todo a la levedad, la inspiración y la fe en el genio propio pese a no trabajarlo. Por otro, el escaso pero trabajado talento de Lancastre, el ensalzar la ética burguesa de trabajo, la preocupación por llevar la literatura hacia sus límites de vanguardia sin por ello renunciar a un contenido sólido; elementos que se atribuyen a la modernidad-tardía o a la postmodernidad que no cae en el discurso gaseoso, el paso siguiente a lo líquido. El final de la novela puede servir como síntesis en la dialéctica que las dos posturas presentan, pero personalmente adivino cierto acercamiento cariñoso de Vila-Matas, no sin una dosis proporcionada de condescendencia, hacia esa postmodernidad líquida.

No es la obra cumbre del escritor catalán. Pero ofrece la oportunidad de leer a uno de los mejores escritores en España hoy en día, amén de procurar una reflexión sobre la deriva hacia la levedad del mundo artístico.


Firmado: Paulo Kortazar

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jueves, 21 de noviembre de 2024

Enrique Vila-Matas: Extraña forma de vida

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1997

Valoración: Muy recomendable 


Mi conocimiento de la obra de Enrique Vila-Matas, además de bastante reciente y muy reducido, tiene una característica algo particular, porque se reduce a dos de sus novelas más antiguas y dos de las últimas publicadas. Aunque desde luego no es algo buscado a propósito, creo que me permite establecer una diferenciación bastante clara entre dos etapas separadas por un intervalo relativamente largo: la primera, en los 80-90 del siglo pasado, la segunda en los últimos siete u ocho años. No será un análisis muy científico de su bibliografía, pero me sirve para valorar las lecturas.

De las dos novelas del primer ciclo, si Breve historia de la literatura portátil era un muestrario comprimido, acelerado y bastante loco, también muy divertido, de algunos recursos que Vila-Matas utilizaría en el futuro, en Extraña forma de vida parece que autor barcelonés se recoge en un texto más íntimo y sosegado, hasta cierto punto más convencional. Cierto que también podremos contemplar algunos otros elementos que irán manifestándose más adelante, como el papel del escritor y la dicotomía entre realidad e imaginación, los dobles o parecidos como expresión de dudas sobre la identidad, la decisión (o indecisión) entre dos opciones posibles. Siempre disyuntivas o formas de observar, a fin de cuentas quizá un único problema de indefinición universal que empieza por uno mismo. 

Como es tan habitual, el paso lo marca un personaje-escritor, que en este caso trabaja en un texto realista y que debe preparar una conferencia. Sospechando que su amante ocasional acudirá al acto y que de lo que él exponga en público dependerá que la recupere o le abandone, el sujeto va trabajando su intervención con diferentes enfoques, según vaya pesando en él la voluntad de lanzarse a una aventura seria o el deseo de conservar su estabilidad familiar. En función de ese pensamiento pendular decide incorporar o desechar sucesivos relatos, reales o ficticios, que tienen como único nexo el espionaje: el portugués que conoció en el tren y que trabajaba para los servicios secretos franceses, el abuelo que espiaba la hostia sagrada, el padre que caminaba atento a las voces del subsuelo, el espía doble de Hamburgo que nadie conocía. El mismo personaje, que analiza a sus vecinos como material para su novela, se considera también espía, y en esa  identificación está el corazón del libro, el escritor siempre atento a su entorno, a las historias propias o ajenas, auténticas o inventadas, a imágenes, gestos, actitudes o palabras que va registrando para ser después reproducidas o utilizadas a voluntad.

Pero tampoco nos quedemos con la idea de algo que puede parecer tan serio. Ese hilo conductor del escritor-espía sirve para desplegar algunos de los numerosos recursos que tan bien maneja Vila-Matas. Con escasos de sus habituales guiños a personajes de la cultura, hay toda una exhibición de imaginación que roza a veces alusiones políticas o atmósferas de novela negra, siempre con una destreza admirable para mezclar y entrecruzar diferentes texturas, saltos entre diferentes escenarios y espacios temporales, hasta formar una constelación de pequeñas historias llenas de humor en torno a ese escritor indeciso, que intenta incorporarlas para buscar el impacto deseado.

El trazo es tan fino y la construcción tan elegante, llena de sutilezas, que hacen de la lectura una delicia, algo de apariencia ligera pero donde, a nada que nos decidamos a acercar la lupa, iremos encontrando nexos ocultos, viajes de ida y vuelta en la búsqueda de un camino tanto para el artista como para la persona. Un entramado que funciona como un reloj, y al que solo se le puede achacar que no esté, o eso parece, destinado a levantar algo más sólido. Puede que a Vila-Matas le gusten estos relatos abiertos, tengo la sensación de que es así, que le interesa más dejarlo fluir sin preocuparse de redondearlo del todo, y entonces queda la sensación de haber disfrutado de un libro inteligente, muy bien montado, sí, aunque quizá excesiva y voluntariamente gaseoso.

P.S: Olvidaba decir que en esa dicotomía entre las obras más antiguas y las más recientes de este autor me quedo, dentro de mis limitados conocimientos, con las primeras.


Muchas obras de Enrique Vila-Matas reseñadas en ULADaquí


sábado, 4 de agosto de 2018

Enrique Vila-Matas: El viaje vertical

Idioma original: español
Año de publicación: 1999
Valoración: casi imprescindible

Comprendo que haya a quien Vila-Matas se le atragante. Lo comprendo y lo achaco a su condición de escritor prolífico, inquieto, atrevido en su concepción del oficio. Hay que escribir sin descanso, parece ser su premisa, y hay que hacerlo con convicción e ir publicando y la reacción del lector es importante pero no lo más importante, porque uno sabe la senda que se traza y esa no es siempre recta y regular. Y parece haber cierta unanimidad, conforme me sorprendía de lo magnífica que es esta novela lo comprobaba con mis preceptivas visitas a la red, en que esta es una de sus obras más celebradas.
Lo cual, hablando de Vila-Matas, es mucho decir. Porque Vila-Matas incluso en sus valles (que tampoco son demasiado profundos) cumple con la cuota mínima de no descuidar estilo. Siempre escribe de fábula. Ni una frase sin sentido, ni una idea sin su explicación. 
El viaje vertical es la historia de Federico Mayol, anciano propietario de Seguros Mayol, negocio familiar que va viento en popa cuya gestión ha puesto en manos de uno de sus hijos, y la historia se inicia cuando su esposa lo pone de patitas en la calle porque necesita "averiguar quién es ella". Entonces Mayol, que ha puesto en pie un lucrativo negocio, que dice que tiene dinero "de sobras", que ha hecho carrera en política, que ha compartido partidas de póker con poderosos, se enfrenta al doble dilema del hombre maduro: cuánta vida me queda y cómo quiero vivirla. Visita a sus hijos en un estéril tanteo de mediación, del cual saca pocas pero certeras conclusiones. El panorama es desolador: su mujer lo echa y sus hijos, un por uno, lo decepcionan e incluso parecen transformarse en los siniestros reversos de sus triunfos profesionales. El caso, extremo, un hijo a medio camino entre Peter Pan y el delirio artístico al que visita en una especie de inflexión, de culmen donde éste lo tilda de inculto. Y Mayol arrastra hasta allí toda su existencia. La del hombre que ha dejado de estudiar para trabajar en una postguerra difícil. La del viraje ideológico, cuando de una familia que aprobó, por una carambola de enemistades políticas comunes, la revuelta franquista, se vuelve en su figura, un prohombre de la causa nacionalista. Y Mayol muestra sus contradicciones y se desnuda como hombre hecho a sí mismo que tiene que volver a empezar cuando pensaba que ya empezaba a acabar. Sus reflexiones le llevan a Portugal: Porto, Lisboa y Madeira verán a Mayol deambular en taxi, a pie, por hoteles de lujo y calles, todo ello en una prosa perfecta que desprende luz e ironía, sarcasmo y sabiduría, quintaesencia de lo literario sin el mínimo ensimismamiento, Vila-Matas a pleno rendimiento con una naturalidad y una cercanía y una fluidez que, claro, estas cosas pasan, justifican que su ejército de seguidores le sea fiel. No hay para menos.

Muchas obras de Enrique Vila-Matas reseñadas en ULADaquí

miércoles, 27 de julio de 2011

Enrique Vila-Matas: Exploradores del abismo


Idioma original: español
Fecha de publicación: 2007
Valoración: Recomendable

He estado a punto de no escribir esta reseña, si es que se le puede llamar así... Pero al final me he animado. Todo sea por recomendar una obra que me ha gustado bastante y que se sitúa en las antípodas de lo que se conoce por "literatura de verano". Digamos que el libro de relatos Exploradores del abismo es literatura más bien invernal, de invierno nuclear y absoluto con algunos rasguños de sol ocasionales por los que se deslizan la dicha y la esperanza de sus peculiares personajes.

Estas dieciocho historias + epílogo son obra del gran escritor Enrique Vila-Matas. Y digo "gran" porque para mí lo es: un gran escritor que tiene en su originalidad y en su obsesión por indagar hasta el infinito en eso que llaman metaliteratura sus mejores bazas. Soy de los que mantienen que en este país, al menos, nadie se le parece, y supongo que no tiene imitadores porque debe de ser una misión imposible tratar de acariciar siquiera su inigualable estilo, con trazos quizás de Kafka o de Paul Auster, por decir algo...

¿Y los argumentos de las dieciocho historias? No sé ni por dónde empezar. Tenemos, por ejemplo, a un hombre de mediana edad que da un giro de 180 grados a su vida, y también a un niño con nombre de iluminado y madre hiper-moderna y, por supuesto, a la excéntrica artista Sophie Calle (personaje real y amiga de Paul Auster, todo hay que decirlo), a la que el escritor dedica su cuento más largo, laberíntico y extrañamente tierno, mezclando como nadie realidad y ficción, casi hasta volver loco al lector. Pero ahí es donde está la magia de Vila-Matas: escribe tan bien que no sólo consigue que le perdonemos estas locuras mareantes entre lo que es y lo que no es real, sino que hace que disfrutemos con ellas.

Pero tampoco sé muy bien cómo explicar cuáles son los mayores logros y los pequeños fallos de este compendio de historias protagonizadas por seres que indagan con valentía en sus abismos personales. Dice el propio Vila-Matas que sacó el título del libro gracias a una equivocación que tuvo con ciertas palabras de Kafka, pero qué más da eso: le viene de perlas a esta obra de un creador con un mundo literario peculiar y dueño y señor de capas y más capas cuajadas de ángeles y demonios menos desorientados de lo que parecen.

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domingo, 22 de enero de 2023

Enrique Vila-Matas: Montevideo


Idioma original:
español

Año de publicación: 2022

Valoración: pesado


Lo siento: reconociéndome admirador de la obra de Vila-Matas - evitemos a partir de ahora el término incondicional - las trescientas páginas de Montevideo se me han hecho muy cuesta arriba. Ni siquiera la coartada parisina, el hipotético dinamismo al que los cambios de escenario podría conducir un libro, han llegado a salvar que mi sensación al leerlo haya sido un relativo hastío, un progresivo desconcierto al preguntarme dónde nos llevaba todo esto y una constatación persistente de, no sé si las presiones editoriales producto de su innegable gancho y su reconocido prestigio han tenido que ver, el escritor está ya en una fase de regodeo en su propia capacidad y, á la Picasso, opte por escribir unas cuantas cosas y mantener presencia en anaqueles y volumen en facturación.

A veces más de lo mismo no es lo mismo. Vila-Matas, colosal narrador de la naturaleza humana en El viaje vertical, no aparece aquí. Las peripecias de un escritor en perpetua duda sobre su dedicación a su labor, su asistencia a actos, sus idas y venidas por ciudades de dos continentes, su cohabitación, despojada de todo acto no estrictamente literario, con diversos colegas, resultan, no diré que su excesiva extensión también lo condene, en una entrega de un ejercicio de estilo redundante en exceso. Y puede que a los acólitos pueda gustarnos revolcarnos en continuas referencias a Cortázar - en la práctica, su relato La puerta condenada es lo más parecido al eje de este texto que encontraremos -, a Rimbaud, a Bolaño, a Melville (bueno, a Bartleby), a Tabucchi, a tantos otros que parecen configurar un microcosmos de indudable prestigio pero que no pueden evitar, en su conjunto, una actitud endogámica, casi snob, esa propia de los estudiosos que subrayan - horror - los libros y conservan en su memoria frases, párrafos, nutriéndose de aforismos que muchas veces son más estéticos que prácticos.

Con lo cual esa persecución de puertas en hoteles, esa constante reflexión interior, demasiado interior para ser mundana, demasiado interior para no acabar pareciendo reiterativa y onanista, acusa un paradójico exceso de estatismo. Nada se mueve fuera aunque se viaje y se desplace y se visiten lugares, cafés, restaurantes míticos, aunque se frecuenten encuentros reales y ficticios con destacados miembros del imaginario bibliófilo.

Vila-Matas siempre despierta mi interés y ya he perdido la cuenta de las veces que, incluso por aparentes obras menores, le he prestado mi atención. Montevideo, a tenor de los comentarios en la faja, tenía la apariencia y las hechuras de gran obra. Desde luego, quien quiera acceder a su obra por primera vez, recuerdo, trescientas páginas, seguramente sea presa de sopor y estupefacción. Incluso le veo presa de algún acceso de nostalgia que normalmente atribuiría a otros escritores, no hace falta nombrarlos. Eso me preocupa. Aunque yo también añore y prefiera al hombre joven que coquetea con gentuza en los bajos fondos, aquel pillo que no escribe y trapichea en París. 

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sábado, 19 de enero de 2013

Enrique Vila-Matas: El mal de Montano

Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: recomendable

Sé que entre los autores de este blog hay algunos que no son fans de Vila-Matas (cof, cof, Montuenga, cof, cof); pero yo me reafirmo en lo que dije hace tiempo en algún comentario: es uno de mis escritores españoles contemporáneos favoritos, junto con Javier Cercas. Claro que soy consciente de que lo es porque conecta con muchos de mis personales "fetichismos" literarios, que no tienen por qué gustarle a todo el mundo: la metaliteratura, la autoficción, los narradores no fiables, los juegos de planos narrativos... Quien prefiera una narración más tradicional, verse atrapado por la trama y empatizar con los personajes probablemente se verá decepcionado por, por lo menos, una buena parte de las obras de Vila-Matas, entre ellas esta.

Porque en realidad El mal de Montano es pura metaliteratura: se podría decir que es el resultado de un empacho de la lectura de diarios íntimos de diversos escritores. Un meta-diario que reflexiona sobre su propia condición de diario, se compara con otros diarios y los incluye, o que huye de sí mismo para mezclarse con otros géneros narrativos. Y todo ello aderezado con citas y anécdotas (¿reales? ¿ficticias? ¿adaptadas?) de escritores presentes y pasados, con especial predilección por Kafka, Musil o Robert Walser.

Dividida en cinco partes cada vez más enloquecidas, la novela habla de varios personajes obsesionados con los libros (ese es el mal de Montano: un exceso de literatura): el narrador, Rosario Girondo, escritor que aspira a convertirse en la "memoria viviente de la literatura"; su mujer, Rosa, que unas veces es una directora de cine, otras una agente literaria y otras una vagabunda en Budapest; o Tongoy, el hombre más feo del mundo, el Sancho Panza (o el antagonista) de Girondo. Y cómo no, Montano, el supuesto hijo del escritor-narrador en el primer capítulo, autor de un libro sobre escritores que dejaron de escribir (que se parece sospechosamente a Bartleby y compañía, del propio Vila-Matas), y que después dejó de escribir.

Aunque en realidad casi no podemos saber quién es quién, porque en El mal de Montano, con una estructura siempre en fuga, cada nuevo capítulo es una negación del anterior: lo que parecía verdad deja de serlo, los personajes ya no son los que creíamos que eran y el tipo de texto que estamos leyendo (novela corta, diccionario, diario, conferencia, sueño) ya no tiene nada que ver con el que estábamos leyendo hace un momento. En realidad, lo único central, lo único que se mantiene, es ese virus de la literatura que todo lo consume, y que en mayor o menor medida compartimos (y contagiamos alegremente) los amantes de los libros.

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domingo, 7 de mayo de 2023

Enrique Vila-Matas: Historia abreviada de la literatura portátil

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1985

Valoración: Muy recomendable


Llegué tarde a Vila-Matas, como si dijéramos a los postres, cuando ya había lectores un poco cansados de esa fórmula (verdad, Santi?) que, por lo que cuentan los demás y he podido comprobar en un par de lecturas, viene a ser la herramienta básica que el escritor barcelonés utiliza en todas o la mayoría de sus novelas. Esa fórmula que consiste en un armazón narrativo quizá no excesivamente sólido, sobre el que se levanta todo un revestimiento hecho a base de citas y referencias, a veces reales, a veces apócrifas, aparición de personajes existentes o imaginados en proporción a veces difícil de determinar, juegos de identidad, fusión de elementos aleatorios, todo ello manejado con suma destreza, como quien hace malabarismos con frasquitos de explosivo.

Puede que todo eso empezase aquí, en Historia abreviada de la literatura portátil, un relato breve de hace casi cuarenta años, seguramente el primero que sirvió para que don Enrique adquiriese alguna notoriedad. Porque, aun reconociendo mi muy escasa autoridad para analizar su trayectoria, creo que en este libro están, en todo su esplendor, esos ingredientes que después han servido para aderezar sus sucesivas publicaciones. Aquí están las primeras piedras preciosas, en estado puro, sin desbastar, y son francamente atrayentes.

Allá por los años veinte del siglo pasado, un puñado de artistas crea una especie de sociedad secreta para pertenecer a la cual es necesario cumplir una serie de requisitos: que toda su obra sea susceptible de ser transportada en una maleta (aunque se admiten las miniaturas), mostrar un punto de insolencia, o comportarse como una máquina soltera (sic) son algunas de las sorprendentes y poco concretas normas de acceso. Aunque sí hay un acto fundacional, nada menos que en la desembocadura del Níger, no existe rito iniciático, ni nómina oficial de socios, es algo vaporoso como si se llamasen a sí mismos ‘los modernos’, o cosa parecida (me queda la duda de si Vila-Matas está haciendo algún tipo de selección racional muy sutil o es un simple juego intelectual). Así pasa uno a ser un shandy, referencia bastante obvia a Laurence Sterne, lo que a su vez enlazaría con cierta incontinencia verbal, gusto por la digresión, etc. Porque aquí todo va relacionado con todo, aunque sea de forma inverosímil.

En esa peculiar comunidad se encuentran decenas de nombres del arte y el pensamiento de la época: Francis Picabia parece uno de los impulsores del invento, Duchamp deja su sello en la idea misma de la portabilidad, con su famosa caja, y sobre todo con la extraña referencia a la soltería, sin duda con origen en el también famoso cuadro del que hablamos aquí; Walter Benjamin inventa una máquina para detectar libros ‘pesados y engorrosos’ (esto nos sería muy útil en el blog, la verdad); Paul Klee escribe una especie de diario de las reuniones del club, y Tristan Tzara incorpora una interpretación de sus principios a sus Manifiestos Dadá. Pero circulan además por el texto, y busco aleatoriamente entre las páginas, César Vallejo, Valery Larbaud, Lorca, Karl Kraus, Cendrars y su hija Miriam, Aleister Crowley (papel destacado), Huidobro, Man Ray, Georgia O´Keeffe… y muchos, muchos nombres más, algunos, creo yo, inexistentes. A veces con referencias a alguna de sus obras, otras con párrafos alusivos o en tono de parodia.

Es un puro disparate, un fascinante desparrame repleto de elementos metaliterarios, con una notable influencia de Raymond Roussel y la voluntad decidida de internarse, con ese mismo punto de insolencia shandy, en los entresijos de la creación literaria y artística, de darles una vuelta, al mismo tiempo con admiración e irreverencia, a las obras de todo ese gran listado de creadores. Todo esto lo vamos viendo mientras asistimos a varias de las multitudinarias reuniones que estos señores mantienen por ejemplo en un balneario de Praga, creo que también en Italia, y en la Sevilla de aquel homenaje a Góngora considerado el acto fundacional de la Generación del 27. Siempre momentos, obras, autores, que van quedando ligados por la loca historia de Vila-Matas. No solo ellos, sino a veces sus propias criaturas, como los odradeks de Kafka, o el Golem de Meyrink, travestidos en cosas parecidas pero diferentes, que acompañan o persiguen a los artistas allá donde van, sin duda otra metáfora juguetona.

Podríamos estar tiempo indefinido buscando el porqué de cada cosa que se cita, qué nombres son reales y cuáles no, por qué algunos contemporáneos no son mencionados, qué títulos o citas son auténticos, qué caracteres se han distorsionado, conexiones entre los personajes o con los lugares en que se encuentran. O hasta dónde ese submarino varado en la costa de Bretaña, último lugar de reunión de los shandys antes de su disolución, es una mera invención o hay en alguna parte algo que no es imaginado.  

El libro es como un festival de nombres célebres al servicio de ese juego metaliterario inteligente y desenfadado, a la vez que un ejercicio de insumisión a las normas convencionales y una relectura revoltosa de la historia del arte de hace un siglo. Disfrutón para quienes gozan con estas cosas, y me incluyo hasta cierto punto, pero ojo, no para todos los gustos, no para aquellos lectores a quienes todo este exquisito batiburrillo no les dice nada. Si más adelante la fórmula ha sido repetida con exceso, porque ha perdido frescura y vigor o se ha amanerado, es otra cuestión, porque en este libro en concreto el juego, compacto y controlable, deja un resultado muy notable.


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lunes, 12 de agosto de 2013

Enrique Vila-Matas: París no se acaba nunca

Idioma original: español
Año de publicación: 2003
Valoración: muy recomendable

Sin llegar a la sangre y la truculencia, hay que reconocer que lo metaliterario divide un poco a los entusiastas de la lectura. Hay quien lo ve un recurso fascinante, y quien lo ve una salida desesperada del autor que no encuentra más tema que hablar de sí mismo o de su utópica vida perfecta de escritor. En lo metaliterario cabe todo, desde novelas que describen su propio proceso de escritura, hasta saltos al vacío dentro de la acción hasta  la pura verborrea autocondescendiente. Sí, hay que reconocerlo.
Dentro de los escritores metaliterarios, Vila-Matas sería un paradigma y este Paris no se acaba nunca es un excelente ejemplo. Un libro construido un poco desde una trama autobiográfica, revestido con el indiscutible glamour de cualquier cosa que mencione París y que, gustándome mucho como me ha gustado, no puedo negar que me reafirma en una especie de máxima que me he pertrechado: Vila-Matas parece apuntar a mejor escritor que novelista. O sea, estilo intachable, construcción magnífica, prosa de mucho mérito al servicio de una historia que no es el centro de la cuestión. No es verborrea, ojo, no es palabrería inútil sin otro sentido que lucimiento y estética, pero sí una lectura con un tono algo aburguesado y distante, algo elusiva de la carnalidad o de algún asomo de visceralidad (no es que espere que sea Bukowski, pero hablando de la experiencia de un veinteañero, echaría de menos algo más de líbido), cuestión que no sé si dividirá a los lectores o no: yo digo que recomiendo mucho, muchísimo, este libro a pesar de su tonalidad  elegante, y habrá quien diga que esa es su mayor valía. Aún así, esta segunda lectura me ha revelado aspectos que no recordaba, y en todos ellos he encontrado un extraño placer: el de encontrarme incluso una novela mejor que la primera vez que la leí, hace ya unos años. Puede que la acumulación de lecturas, puede que el aprendizaje inherente a la práctica, pero donde recordaba pasajes inclinados a un cierto esteticismo ahora me he encontrado soberbios párrafos, excelente evocación y una irresistible seducción que solo soy capaz de atribuir a los que juegan en la primera división. París no se acaba nunca es una narración autobiográfica del autor escribiendo su primera novela en París, y encontrándose física u oníricamente con sus ídolos literarios. Describiendo su experiencia entre montones de anécdotas que encaja con perfección y con un estilo inmejorable. Haciendo de cada una de estas anécdotas, escenas, situaciones, cómo se les llame, piezas que encajan. Aludiendo a su condición de escritor novel con una perspectiva resuelta, irónica y admirable.
Quede claro que comprendo que esta opinión refleja aspectos contradictorios. Pero muy recomendable. Y para ello sugiero abordar este libro sin prejuicios ni pre-concepciones. No esperar de él aventuras ni montañas rusas emocionales. Limitarse a su lectura y a disfrutar de ese suave pero imparable flujo de placer donde nada sobra ni está fuera de su sitio. Comprender que no es una vacua exhibición de estilo y, una vez acabada su lectura, ser capaz de resistirse a buscar qué otras maravillas ha escrito este hombre.

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martes, 4 de abril de 2017

Enrique Vila-Matas: Mac y su contratiempo

Idioma original: español
Año de publicación: 2.017
Valoración: Muy recomendable

Nunca había leído un libro de Enrique Vila-Matas (me había asignado el neologismo ‘neófito vilamático’, pero era quizá demasiado esdrújulo), y hacía siglos que no acudía a la presentación de un libro. Pero los planetas se alinearon debidamente, Enrique publicó su última novedad, leí el libro y de inmediato me entero de que lo va a presentar aquí, muy cerquita de casa.

Somos unas sesenta personas, puede que algo más, en una sala de la Biblioteca municipal de Bidebarrieta (Bilbao), antigua sede de la Sociedad El Sitio. Es un escenario solemne, un recinto con cierto aire rancio, y mientras esperamos ponen música clásica. Detrás de mí se ha sentado una señora (bueno, intuyo que es una señora) que jadea sin cesar tras haber subido las escaleras hasta este primer piso. Son apenas dos docenas de escalones, pero mi vecina debe ser bastante mayor, lo mismo que casi todo el resto de la concurrencia. Vamos, que me siento como un chaval rodeado de carcamales, algunos, eso sí, con un look intelectual muy marcado.  Me traigo conmingo el ejemplar del libro con la intención de que el autor me lo firme, aunque me da mucha vergüenza.

Llega EVM con aspecto algo intimidante, cuerpo compacto, expresión inexcrutable y bufanda, aunque hace cerca de 18º C. Le acompaña la conductora del acto, que comienza claramente nerviosa y con la adulación esperada hacia el artista. Mientras dice algunas generalidades, voy intentando ordenar en mi cabeza las principales sensaciones que me había transmitido el libro. Quizá la más notable es que se trata de un libro sumamente inteligente en el que, bajo la forma de una prosa sencilla y un argumento mínimo, se construye todo un repertorio de elementos de diferentes tamaños, que interactúan entre sí, asoman y no siempre sobreviven.

Hago memoria del relato, muy a grandes rasgos: Mac es un tipo maduro que se ha quedado en paro y –al parecer, libre de problemas económicos- decide dedicarse a escribir. Un poco por casualidad, repara en un libro mediocre escrito por su vecino Sánchez, autor más o menos conocido, y se muestra decidido a reescribirlo. El atento repaso que Mac hace del libro sirve para explorar en el mundo de los cuentos y en el del propio proceso creativo, y cuando se pone a la tarea de su nueva versión, se encontrará con una de las interferencias a las que me refería, en este caso, entre ficción y realidad.

La conductora de la presentación del libro ya parece haber encontrado algo más de aplomo, y plantea precisamente uno de los aspectos más interesantes: la movilidad entre géneros. En realidad, Mac está escribiendo un diario, que de ninguna manera quiere que se convierta en novela, por lo que desearía que no le ocurra nada interesante. Pero la realidad termina por imponerse, y quiera o no se ve obligado a incorporar algunos episodios digamos novelescos. Por otra parte, el libro que quiere reescribir está constituido por varios cuentos, dispersos aunque con un hilo conductor, y las reflexiones de Mac dan pie a que vaya deslizando en su diario párrafos enteros sobre la creación literaria, la repetición o el estilo de otros autores, materias que recaen claramente en el ámbito del ensayo. Con todo ello se construye un apasionante entramado de relatos dentro de relatos, realidad fundida con ficción, diario, novela, cuento y ensayo, todo manejado con maestría y humor, ágil y bien dosificado. Todo fluye con naturalidad aunque vayan quedando algunos cabos sueltos.

Desgraciadamente, ni la presentadora ni el propio Vila-Matas se detienen mucho sobre la mezcla de géneros y las simetrías entre conceptos, que me parece lo más atractivo del libro. Pero, a propósito del humor, advierto que ella subraya cómo se ha reído ‘a carcajadas’. Parecía inevitable, porque en la faja del libro también se habla mucho de lo divertido que es, y creo que es Eduardo Mendoza el que también lo destaca. Sinceramente, a mi me ha parecido que, como decía antes, la novela está teñida de un humor fino, que a veces hace sonreir, pero de ahí a las carcajadas… Bueno, será que ando un poco huraño últimamente.

En lo que sí se detiene la conductora un par de veces es en el tema de la autoficción. Yo creo que era para buscarle un poco las cosquillas a Enrique, que este elevara tal vez el tono e hiciese vibrar un poco al público con algo de polémica. Y en efecto, el autor se muestra algo molesto de que siempre metan sus libros en el campo de la autoficción, se extiende en la definición teórica del concepto y admite su encaje únicamente en una de sus obras (creo que es 'París no se acaba nunca'). Pese a todo, de un par de anécdotas que cuenta acerca de ‘Mac y su contratiempo’ sí parece deducirse que al menos una parte puede identificarse con lo que habitualmente designamos con el dichoso término. Pero bueno, creo que es una polémica un poco boba, que al lector le importa más bien poco.

Tampoco parece que la haga mucha gracia a EVM que una señora –muy entrada en años, con una maravillosa gorra que le da un aspecto parisino- ponga en cuestión su atrevimiento para alterar frases célebres. Enrique le responde –ya digo, un poco incómodo- defendiendo su derecho a adecuarlas a su propio texto, y divaga un poco sobre las digresiones que el propio libro contiene en torno a la repetición, las diferencias o el ‘lector creativo’.

La verdad es que yo llegué con la intención de cuestionarle el hecho de que, cuando alcanza digamos cierta cima argumental, cuando uno supone que llegaría un desenlace poderoso, el libro parece desinflarse un poco, deslizarse con poca vida hacia el final, y tomar un derrotero que a mi me parece no demasiado seductor. Pero, claro, aparte de incurrir de alguna forma en espoiler (casi aseguraría que yo era el único de los presentes que había leído el libro), me pareció una descortesía lanzar al autor algo parecido a una crítica en sus propias narices, o forzarle a justificarse en la propia presentación de la obra. Y además, hubiese sido bastante injusto, porque esa parte final tan tenue es lo único que no me ha convencido del todo. El resto me parece –creo que ya lo he dicho- un libro inteligente, muy hábilmente construido, valiente a la hora de saltarse géneros literarios, lleno de reflexiones interesantes y bien colocadas en un envoltorio aparentemente simple, y agradablemente irónico… aunque no llegue a la carcajada.

Así que al final prevaleció mi deseo de que don Enrique me firmase tranquilamente el libro y se fuese para Barcelona sin que nadie la incordiara, le hice una pregunta más bien neutra (aunque yo creo que era interesante y evidente, y a la conductora no se le había ocurrido), y me fui a llevarle mi ejemplar para que me hiciese el dibujito chulo habitual. ¡Y yo que siempre creí tener alma de periodista!

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viernes, 7 de octubre de 2011

Enrique Vila-Matas: Doctor Pasavento


Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: muy recomendable


Doctor Pasavento es una obra de desapariciones. Mejor dicho, del afán por desaparecer. O, aún mejor, del afán por desaparecer deseando seguir presente. Pero no me estoy explicando. El protagonista de esta novela es un escritor (de relativo éxito) que se siente en cierta manera fracasado por no haber escrito su "gran obra, de manera que no llega a disfrutar del todo con la atención que recibe de los medios y los lectores. Tras un malentendido en un aeropuerto, decide desaparecer (como hizo en su día Walser), así que coge un avión y borra su existencia del mapa.

¿Lo buscarán, como ocurrió con Agatha Christie? ¿Será la comidilla del mundo literario? La verdad es que no. Nadie da cuenta de su desaparición, nadie parece pensar en él. Mejor, piensa. Así podrá desaparecer del todo, en el mismo manicomio en el que Walser se olvidó del mundo, y dejar de escribir. Pero no es eso lo que sucede. Sigue escribiendo (aunque para sí mismo), con una caligrafía cada vez más pequeña, como si quisiera demostrar así sus ansias de dejar este mundo, y no puede evitar entablar relación con diferentes personas ante las que adoptará la personalidad que más le convenga.

Presentándose a sí mismo como escritor (con nombre falso) o como psiquiatra, Vila-Matas nos presenta a Pasavento como alguien que pretende tanto desaparecer como analizar por qué desaparece, que intenta ser la acción y su crítica y para ello debe una y otra vez desdoblarse, desaparecer dentro de sí mismo para poder presentarse ante los demás con un rostro y una mente nuevos.

Es éste un libro para reflexionar sobre la figura del escritor y sobre el mundo de la literatura, pero también, sin duda, para soñar, para acompañar las reflexiones del ¿doctor? Pasavento y dejarnos llevar por diferentes ciudades y diferentes personajes que, en el fondo, son sólo diferentes caras de uno mismo.

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martes, 12 de enero de 2010

Elvira Navarro: La ciudad en invierno

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2007
Valoración: Se deja leer (o más bien "Se puede leer", vamos, que del libro no salen tentáculos juguetones ni desprende antrax...)

Elvira Navarro. ¿Que cómo llegué a Elvira Navarro? Fue por una mini-entrevista publicada en el suplemento dominical de El País. Allí salía la joven escritora (1978) hablando de su segunda novela, La ciudad feliz, y de la primera, La ciudad en invierno, y allí se contaba que la crítica se ha puesto unánimemente de su lado, y que patatín, y que patatán..., y que, ojo al dato, señores/as, mi admirado Vila-Matas ha dicho de ella que escribe como Satie toca el piano.

Y pese a que no tengo ningún CD de Satie (que debía de tocar muy bien, el piano) creí a Vila-Matas, y...

fui (a la biblioteca), busqué y saqué.

Elvira Navarro. La ciudad en invierno. Un libro escúalido en letra gorda, portada que parecía de cuaderno escolar de la Primera República, y poco más de cien páginas. La contraportada decía algo así como "Aviso al lector" (como si tuviéramos entre manos un frasco de lejía camuflado en lata de coca-cola) y "advertía" de que el libro trataba de la vida de Clara, una niña peculiar, y que no sé qué más, y que Elvira Navarro tiene algo de Clarice Lispector y Fleur Jaeggy...En fin.

Elvira Navarro; y Clara, su personaje. El libro presenta a Clara en cuatro etapas de su vida: como niña rara que odia a su tía, con la que pasa un verano, y que hace cosas raras; como niña lasciva de doce años que con una amiguita igual de lasciva, juega a teléfonos eróticos y encuentros sexuales con anónimos repulsivos; como niña de catorce presuntamente violada; como niña enamorada de un escurridizo joven...Habemus cuatro, ¿relatos? Al parecer. Y al parecer también se cuenta algo de una ciudad, y algo sobre el invierno...

Pero yo, no entendí nada.

No entendí nada de La ciudad en invierno, no, y estoy convencido de que este libro (que me perdonen el señor Vila-Matas, Satie, los miopes que ven flecos de la Lispector en él, la propia escritora del "libro" y la crítica de este país), no lo entiende casi nadie.

Es que no va a ninguna parte: ni tiene sentido, ni se sigue con interés, ni provoca nada; sólo estupefacción y la sensación de que a uno le están tomando el pelo.

No he pedido perdón a Fleur Jaeggy porque esta escritora con la que también comparan a Navarro como ya he dicho, tampoco me gusta. No hace demasiado escribí sobre sus hermosos años del castigo en este blog, y tal y como apunta la contraportada del librito que hoy me ocupa, su estilo entronca con el de Elvira Navarro en cuanto a seco, estéril, inconexo y absurdo.
Y como dejé claro en su tiempo al aludir a la Jaeggy, lo repetiré en esta ocasión: una cosa es ser modernito e iconoclasta versión "omito pero insinúo dejando al lector anonadado con mi estilazo, ouh, yeah", y otra muy diferente es hacer un patchwork con diferentes telas dejando boquetes del tamaño de un posavasos aquí y allá "porque yo lo valgo".

Me explico: La ciudad en invierno es un cachondeo sideral porque, sencillamente, no puede ser considerado una novela. Vale, vale, tiene letras, frases y personajes, pero no cuenta NADA creíble, simplemente da brochetazos aquí y allá sobre una cría presuntamente rarita a la que nadie se la puede tomar en serio y a la que nadie puede poner cara porque está mal engendrada por la autora; por eso, es imposible creerse sus obras y milagros. Y punto.

Esta crítica me está costando horrores, así que, con permiso, la dejo ya sin reelerla porque a lo mejor me dan ganas de borrarla.

Y no he puesto como etiqueta "Repugnante" con un malévolo propósito: por favor, que alguien lea este libro y me diga que no soy el único lector del universo que piensa que a veces se ríen de nosotros desde ahí arriba, desde el Olimpo de los Editores Guays.

Más libros de Elvira Navarro en Un Libro al Día: Los últimos días de Adelaida García MoralesLa trabajadora

martes, 14 de octubre de 2014

Colaboración: Kassel no invita a la lógica de Enrique Vila-Matas

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: poco leíble

La llamada más tonta del mundo interrumpe la tonta rutina de un escritor. Una tonta al otro lado de la línea le dice que los McGuffin quieren invitarlo a cenar para desvelarle una tontería. Al rato descubrirá que se trata de una convocatoria para participar en la Documenta de Kassel, la feria de arte contemporáneo, donde su cometido será sentarse a hacer el tonto en un restaurante chino de las afueras.

En Kassel, el escritor comprueba atontado que su estado de ánimo no decae al atardecer y que, en cambio, la tontería lo invade también mientras pasea impulsado por una energía sospechosa que late en el corazón de la feria. (Yo sospecho que es la respuesta anodina e insultante del arte que se levanta contra la confusión, pero no tengo las pruebas aquí, luego las traigo.)

Sin recursos, hondura ni lucidez, Enrique Vila-Matas cuenta la historia de una tonta expedición: la del tonto solitario que, rodeado de tonterías, se atreve a traducir un idioma que no conoce, participa en bailes imposibles, duerme por partes y, al final, encuentra una excusa en el camino: comprar una terraza. Porque lo que compra es una terraza. Y desde su terraza de Kassel, este tonto nos invita a ver el mundo desde otro ángulo y a la vez se olvida de la esencia misma de la literatura: la razón, la verdadera razón, para no escribir.
Firmado: Alex Azkona

Mucho Vila-Matas ya en UnLibroAlDía: aquí

miércoles, 23 de abril de 2025

Álvaro Colomer: Aprende a escribir

Idioma original: español 

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable 

En otro contexto, uno podría especular si alguno, de entre la centena aproximada de autores que se incluye en Aprende a escribir, no fuera el mismo autor, oculto bajo alguna guisa, y describiendo su propio modus operandi. Quizás hubiese sido una cuestión a plantear cuando acudí a la tumultuosa presentación del libro, hace algunas semanas, en una conferencia que contó con la inestimable presencia de un Enrique Vila-Matas ataviado con una gorra que le daba un aire de timidez esquiva. No lo hice, porque tampoco soy mucho de llamar la atención, aunque el acto me permitió constatar la preocupantemente alta media de edad de los asistentes, cuestión que algún día habrá que abordar.

Hago el comentario porque Colomer parece responder a una especie de perfil promedio de los descritos en este libro. Periodista, cronista, autor de novela juvenil y de novela para todos los públicos (...), también reseña con cierta regularidad en medios de gran divulgación, y ejerce de eso tan socorrido que se viene a denominar agitación cultural que, desde luego, sería un concepto idóneo como carrera profesional, si existiese la mínima posibilidad de hacerse rico con ello. 

De su desempeño en Zenda surge la mayoría de los textos que incluye esta colección de artículos. Algunos se mantenían inéditos y, aunque con paciencia y orden, podríamos hacernos con muchos de ellos, entonces no contaríamos con la estructura que Colomer les otorga al dividirlos en bloques. No hablamos de entrevistas transcritas, sino de textos trabajados, apenas dos o tres páginas, que describen los hábitos de trabajo de un buen montón de escritores de la escena española (con alguna excepción), de sus manías, sus procedimientos, sus ritmos, sus emplazamientos, sus horarios, sus entornos...

Y aunque podamos detectar similitudes, es enormemente estimulante profundizar en ello, y Colomer nos ahorra mucha verborrea aportando su sentido crítico y su agudeza, analizando sus comportamientos, aunque puede que en cierto sentido este libro sea mejor que la suma de sus partes. Tenemos aquí desde escritores a los que no conocía hasta manufacturadores de best-sellers (glups, Pérez Reverte) o maestros absolutos (Vila-Matas, Caparrós, Enriquez) y todos los artículos resultan tan interesantes que seguramente algunos de los autores nos decepcionarán, si nos atenemos al lógico entusiasmo de Colomer al describir sus secretos. Personalmente he echado de menos algunos autores que me hubiera gustado ver por aquí (¿quizás una segunda parte, Álvaro?) como Carrión, Monzó, Ramis o Pàmies, pero el libro, más que el convencional muy recomendable,  (etiquetas homologadas mandan), lo valoraría como perversamente tentador para cualquiera que conciba la literatura más allá de afición o entretenimiento. Es sumergirse en sus artículos y lanzarse a devorar estantes. Y ya se sabe lo que se dice de las tentaciones.

Otras obras de Álvaro Colomer reseñadas en ULAD: aquí