jueves, 13 de agosto de 2015
Contrarreseña: Kassel no invita a la lógica de Enrique Vila-Matas
Año de publicación: 2014
Valoración: Se deja leer
Empiezo aclarando que esta no es propiamente una contrarreseña, sino más bien una sobrerreseña, una confirmación o una reiteración de lo que Álex Azcona dijo, sucinta e irónicamente, en la suya. Pero es que me acabo de terminar este libro, y me han entrado ganas también de dar mi opinión, o mejor dicho desahogarme, soltar bilis. Hacerme un Murakami, por decirlo así.
Voy a resumir el argumento por si a alguien no le apetece irse a leer la reseña de Álex Azcona: a un escritor, que sin duda debemos pensar que es Vila-Matas, le invitan a que acuda a la edición de 2012 de documenta, la mítica exposición de arte contemporáneo que se celebra en la localidad alemana de Kassel desde 1955. La propuesta, que parte de las co-curadoras del evento, consiste en que el escritor se siente en un restaurante chino a las afueras de la ciudad y se pase una semana escribiendo.
Es un buen punto de partida: un planteamiento original y con muchas posibilidades, para el humor absurdo o autoirónico, para la reflexión sobre la condición del arte contemporáneo, sobre el papel de la literatura en relación con otras artes, o también sobre la conceptualización de Europa, unas ideas con las que se juega pero no se llega a profundizar demasiado.
El problema es que, en esta obra como en otras recientes de Vila-Matas, el ego del escritor lo ocupa todo. Vila-Matas parece haber encontrado el "método Vila-Matas" de escribir novelas, que consiste básicamente en divagar sobre lo divino y lo humano, soltar unos cuantos nombres de personas reales (preferiblemente, escritores famosos o artistas), mezclar citas y referencias literarias con gusto, agitarlo todo con su enorme personalidad como disolvente, y suponer que eso va a ser lo suficientemente interesante para el lector. Porque Vila-Matas (eso parece pensar por lo menos Vila-Matas) es un ser fascinante y con ideas interesantísimas.
Pues a mí, personalmente, me ha perdido como lector. No, Vila-Matas no es Murakami: lo he admirado mucho, lo he defendido mucho, lo he puesto varias veces en la lista de mejores escritores españoles contemporáneos; pero creo que ya no voy a darle más oportunidades. Se ha convencido demasiado de su propia genialidad (que existe, o por lo menos existió, eso lo reconozco), y ahora escribe novelas de 300 páginas como churros, sin esforzarse demasiado, o eso me lo parece a mí.
Y lo peor de todo: una novela sobre un escritor confinado en un restaurante chino en el contexto de una exposición de arte contemporáneo, ni siquiera resulta divertida. Que era lo mínimo que se le podía pedir.
En fin, como bien dijo Alex Azcona: una tontería.
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martes, 9 de julio de 2019
Enrique Vila-Matas: Esta bruma insensata
Año de publicación: 2019
Valoración: Entre Recomendable y Está bien
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viernes, 25 de abril de 2014
Enrique Vila-Matas: Dietario voluble
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miércoles, 26 de octubre de 2016
Semana del Libro de Culto. Enrique Vila-Matas: Bartleby y Compañía
Idioma original: españolEspero que haya quedado claro ¿Alargarme más? Preferiría no hacerlo.
lunes, 28 de marzo de 2022
Enrique Vila-Matas: Chet Baker piensa en su arte
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable
Con Marsé fallecido y Cercas empeñado en convertir su obra en un panfleto, Vila-Matas pasaría por ser mi escritor vivo favorito de los que escriben en español y residen en la península. Y esa opinión personal me la viene a corroborar la profundización en su obra, que pasa ineludiblemente por el acceso a sus obras "menores", aunque su ritmo de publicación es muy apreciable y ello puede implicar los lógicos deslices que otros dirán altibajos para luego poder justificar retornos a la forma, concepto este último poco agradecido para una faja, casi siempre más proclive a ser usado por el crítico exigente de impertérrita ceja elevada a perpetuidad.
Sé, no hay que buscar muy lejos, que a muchos Vila-Matas les acaba empalagando cuando se excede en sazonar sus textos con algunos de sus cócteles de especias. La auto-ficción o lo meta-literario, por ejemplo, y en ese último concepto podría insertarse cierta querencia, que podría culminar en una cierta erudición, algo aburguesada, por demostrar en sus escritos su escandaloso bagaje cultural. Es una línea, roja por supuesto, que sus enemigos pueden recriminar. No poco del material que esta selección de relatos puede adolecer de esta condición. En especial, el relato que le da título, casi una centena de páginas entregadas al eterno devaneo entre - ganas me dan de escribirlo en mayúsculas - cómo debe ser la literatura genéticamente perfecta. Usando dos polos opuestos como son dos novelas, una de Simenon, cuyo título obviaré pues - efectos de esta lectura - voy a leer y reseñar en cuanto pueda, la otra el archi conocido Finnegans Wake de James Joyce, que pasaría, no voy a alimentar más eternas discusiones, por ser el summum del esteticismo literario, a espaldas de comprensión y/o coherencia. Ese relato justifica el libro y contiene no poco material, Vila-Matas parece jugar con el lector con su goteo de nombres, de ese que sobreexcita a la vez que da que pensar si ese bagaje no contiene un cierto porcentaje de farol.
En todo caso, me resulta curiosa la omisión o salto temporal; no hay relatos entre los primeros años de los 90 y la primera década de este siglo, supongo que por los años Anagrama, y eso permite visualizar de un modo abrupto la evolución del escritor, que pasa del relato incidental, casi siempre en el contexto de un viaje o una ausencia, de apenas diez páginas, a esos ejercicios de estilo que superan las cincuenta, con el escritor ya envalentonado y consciente de su inapelable estilo depurado, haciendo gala de no pocos aspectos exquisitos en sus gustos (no solo literarios, también musicales, y no deja de sorprender que conozca a Bauhaus, a Nouvelle Vague, a The National), cosa que permite apreciar más su contemporaneidad. Esa aportación de heterogeneidad da riqueza al texto en su conjunto. Aunque inferior a su mayestático Dietario Voluble, leer este Chet Baker piensa en su arte constituye un magnífico ejemplo de su narrativa en formato corto, la que se entrevera en su obra novelística, y no diría que es un texto complementario a esta sino una pura constatación de que Vila-Matas, tomaré un aforismo prestado, es escritor porque no puede no escribir.
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sábado, 23 de junio de 2018
Enrique Vila-Matas: El viento ligero en Parma

jueves, 6 de agosto de 2015
Enrique Vila-Matas: Y Pasavento ya no estaba
domingo, 9 de febrero de 2014
Colaboración: Aire de Dylan de Enrique Vila-Matas
Idioma original: Castellano.Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable.
El título no debe atraer a los Dylanófilos ni espantar a los que estamos hartos de tanto culto al compositor. En realidad alude a la descripción del personaje principal de la novela, Vilnius, que se parece a Dylan físicamente y además cultiva cierto aire de dejadez que recuerda al primer Dylan. En cuanto a la palabra "aire" en el título, bien podría leerse como el oficio de su protagonista: vivir del aire.
Es sin duda una novela más fácil que El mal de Montano (2002), que como ya se dijo en este blog es pura metaliteratura. Pero los vicios de Vila-Matas también afloran aquí. Entre ellas la ya mencionada metaliteratura y el empeño quijotesco en misiones no menos quijotescas que guardan relación con la literatura. Empieza la novela en una escena muy típica de Vila-Matas: el congreso literario. Allí, Vilnius, hijo del reputado escritor Lancastre, hace un relato de los días tras la muerte de su padre, en el que habla del fracaso como tema y como fin: Vilnius pretende dejar la sala de su conferencia vacía. En su vuelta a Barcelona, Vilnius comienza otra misión quijotesca: saber de dónde proviene la frase "Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien" de la película Tres Camaradas (Frank Borzage, 1938), cuyo guión original escribió Scott Fitzgerald. Y he aquí otra constante del escritor catalán: la intertextualidad, la concepción del discurso literario en conjunción con un universo literario que lo abarca y lo nutre.
Entre tanto, Vilnius irá recibiendo la visita del fantasma de su padre que se apropia de su conciencia. Destacable la escena en la que Vilnius vuelve solo y de noche a casa y una voz a su espalda lo invoca llamándolo "Hamlet". En esa relación basada en el leitmotiv de Shakespeare se establece el juego metaliterario entre el narrador omnisciente en tercera persona y el pensamiento de Vilnius, a veces invadido por la voz de Lancastre.
Hacia la mitad, la novela deriva en una versión cómica de la novela negra que pese a que mantiene la narración en marcha no es que aporte gran cosa. Lo que es remarcable es el diálogo que Enrique Vila-Matas establece a lo largo de la narración entre la postmodernidad y la tardo-modernidad. Está por un lado la generación más joven, la postmodernidad representada en la dejadez, el no hacer nada o la aversión de Vilnius a la ética del trabajo burguesa, fiándolo todo a la levedad, la inspiración y la fe en el genio propio pese a no trabajarlo. Por otro, el escaso pero trabajado talento de Lancastre, el ensalzar la ética burguesa de trabajo, la preocupación por llevar la literatura hacia sus límites de vanguardia sin por ello renunciar a un contenido sólido; elementos que se atribuyen a la modernidad-tardía o a la postmodernidad que no cae en el discurso gaseoso, el paso siguiente a lo líquido. El final de la novela puede servir como síntesis en la dialéctica que las dos posturas presentan, pero personalmente adivino cierto acercamiento cariñoso de Vila-Matas, no sin una dosis proporcionada de condescendencia, hacia esa postmodernidad líquida.
No es la obra cumbre del escritor catalán. Pero ofrece la oportunidad de leer a uno de los mejores escritores en España hoy en día, amén de procurar una reflexión sobre la deriva hacia la levedad del mundo artístico.
jueves, 21 de noviembre de 2024
Enrique Vila-Matas: Extraña forma de vida
Año de publicación: 1997
Valoración: Muy recomendable
Mi conocimiento de la obra de Enrique Vila-Matas, además de bastante reciente y muy reducido, tiene una característica algo particular, porque se reduce a dos de sus novelas más antiguas y dos de las últimas publicadas. Aunque desde luego no es algo buscado a propósito, creo que me permite establecer una diferenciación bastante clara entre dos etapas separadas por un intervalo relativamente largo: la primera, en los 80-90 del siglo pasado, la segunda en los últimos siete u ocho años. No será un análisis muy científico de su bibliografía, pero me sirve para valorar las lecturas.
De las dos novelas del primer ciclo, si Breve historia de la literatura portátil era un muestrario comprimido, acelerado y bastante loco, también muy divertido, de algunos recursos que Vila-Matas utilizaría en el futuro, en Extraña forma de vida parece que autor barcelonés se recoge en un texto más íntimo y sosegado, hasta cierto punto más convencional. Cierto que también podremos contemplar algunos otros elementos que irán manifestándose más adelante, como el papel del escritor y la dicotomía entre realidad e imaginación, los dobles o parecidos como expresión de dudas sobre la identidad, la decisión (o indecisión) entre dos opciones posibles. Siempre disyuntivas o formas de observar, a fin de cuentas quizá un único problema de indefinición universal que empieza por uno mismo.
Como es tan habitual, el paso lo marca un personaje-escritor, que en este caso trabaja en un texto realista y que debe preparar una conferencia. Sospechando que su amante ocasional acudirá al acto y que de lo que él exponga en público dependerá que la recupere o le abandone, el sujeto va trabajando su intervención con diferentes enfoques, según vaya pesando en él la voluntad de lanzarse a una aventura seria o el deseo de conservar su estabilidad familiar. En función de ese pensamiento pendular decide incorporar o desechar sucesivos relatos, reales o ficticios, que tienen como único nexo el espionaje: el portugués que conoció en el tren y que trabajaba para los servicios secretos franceses, el abuelo que espiaba la hostia sagrada, el padre que caminaba atento a las voces del subsuelo, el espía doble de Hamburgo que nadie conocía. El mismo personaje, que analiza a sus vecinos como material para su novela, se considera también espía, y en esa identificación está el corazón del libro, el escritor siempre atento a su entorno, a las historias propias o ajenas, auténticas o inventadas, a imágenes, gestos, actitudes o palabras que va registrando para ser después reproducidas o utilizadas a voluntad.
Pero tampoco nos quedemos con la idea de algo que puede parecer tan serio. Ese hilo conductor del escritor-espía sirve para desplegar algunos de los numerosos recursos que tan bien maneja Vila-Matas. Con escasos de sus habituales guiños a personajes de la cultura, hay toda una exhibición de imaginación que roza a veces alusiones políticas o atmósferas de novela negra, siempre con una destreza admirable para mezclar y entrecruzar diferentes texturas, saltos entre diferentes escenarios y espacios temporales, hasta formar una constelación de pequeñas historias llenas de humor en torno a ese escritor indeciso, que intenta incorporarlas para buscar el impacto deseado.
El trazo es tan fino y la construcción tan elegante, llena de sutilezas, que hacen de la lectura una delicia, algo de apariencia ligera pero donde, a nada que nos decidamos a acercar la lupa, iremos encontrando nexos ocultos, viajes de ida y vuelta en la búsqueda de un camino tanto para el artista como para la persona. Un entramado que funciona como un reloj, y al que solo se le puede achacar que no esté, o eso parece, destinado a levantar algo más sólido. Puede que a Vila-Matas le gusten estos relatos abiertos, tengo la sensación de que es así, que le interesa más dejarlo fluir sin preocuparse de redondearlo del todo, y entonces queda la sensación de haber disfrutado de un libro inteligente, muy bien montado, sí, aunque quizá excesiva y voluntariamente gaseoso.
P.S: Olvidaba decir que en esa dicotomía entre las obras más antiguas y las más recientes de este autor me quedo, dentro de mis limitados conocimientos, con las primeras.
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sábado, 4 de agosto de 2018
Enrique Vila-Matas: El viaje vertical
Idioma original: españolAño de publicación: 1999
Valoración: casi imprescindible
miércoles, 27 de julio de 2011
Enrique Vila-Matas: Exploradores del abismo

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2007
Valoración: Recomendable
He estado a punto de no escribir esta reseña, si es que se le puede llamar así... Pero al final me he animado. Todo sea por recomendar una obra que me ha gustado bastante y que se sitúa en las antípodas de lo que se conoce por "literatura de verano". Digamos que el libro de relatos Exploradores del abismo es literatura más bien invernal, de invierno nuclear y absoluto con algunos rasguños de sol ocasionales por los que se deslizan la dicha y la esperanza de sus peculiares personajes.
Estas dieciocho historias + epílogo son obra del gran escritor Enrique Vila-Matas. Y digo "gran" porque para mí lo es: un gran escritor que tiene en su originalidad y en su obsesión por indagar hasta el infinito en eso que llaman metaliteratura sus mejores bazas. Soy de los que mantienen que en este país, al menos, nadie se le parece, y supongo que no tiene imitadores porque debe de ser una misión imposible tratar de acariciar siquiera su inigualable estilo, con trazos quizás de Kafka o de Paul Auster, por decir algo...
¿Y los argumentos de las dieciocho historias? No sé ni por dónde empezar. Tenemos, por ejemplo, a un hombre de mediana edad que da un giro de 180 grados a su vida, y también a un niño con nombre de iluminado y madre hiper-moderna y, por supuesto, a la excéntrica artista Sophie Calle (personaje real y amiga de Paul Auster, todo hay que decirlo), a la que el escritor dedica su cuento más largo, laberíntico y extrañamente tierno, mezclando como nadie realidad y ficción, casi hasta volver loco al lector. Pero ahí es donde está la magia de Vila-Matas: escribe tan bien que no sólo consigue que le perdonemos estas locuras mareantes entre lo que es y lo que no es real, sino que hace que disfrutemos con ellas.
Pero tampoco sé muy bien cómo explicar cuáles son los mayores logros y los pequeños fallos de este compendio de historias protagonizadas por seres que indagan con valentía en sus abismos personales. Dice el propio Vila-Matas que sacó el título del libro gracias a una equivocación que tuvo con ciertas palabras de Kafka, pero qué más da eso: le viene de perlas a esta obra de un creador con un mundo literario peculiar y dueño y señor de capas y más capas cuajadas de ángeles y demonios menos desorientados de lo que parecen.
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domingo, 22 de enero de 2023
Enrique Vila-Matas: Montevideo
Idioma original: español
Año de publicación: 2022
Valoración: pesado
Lo siento: reconociéndome admirador de la obra de Vila-Matas - evitemos a partir de ahora el término incondicional - las trescientas páginas de Montevideo se me han hecho muy cuesta arriba. Ni siquiera la coartada parisina, el hipotético dinamismo al que los cambios de escenario podría conducir un libro, han llegado a salvar que mi sensación al leerlo haya sido un relativo hastío, un progresivo desconcierto al preguntarme dónde nos llevaba todo esto y una constatación persistente de, no sé si las presiones editoriales producto de su innegable gancho y su reconocido prestigio han tenido que ver, el escritor está ya en una fase de regodeo en su propia capacidad y, á la Picasso, opte por escribir unas cuantas cosas y mantener presencia en anaqueles y volumen en facturación.
A veces más de lo mismo no es lo mismo. Vila-Matas, colosal narrador de la naturaleza humana en El viaje vertical, no aparece aquí. Las peripecias de un escritor en perpetua duda sobre su dedicación a su labor, su asistencia a actos, sus idas y venidas por ciudades de dos continentes, su cohabitación, despojada de todo acto no estrictamente literario, con diversos colegas, resultan, no diré que su excesiva extensión también lo condene, en una entrega de un ejercicio de estilo redundante en exceso. Y puede que a los acólitos pueda gustarnos revolcarnos en continuas referencias a Cortázar - en la práctica, su relato La puerta condenada es lo más parecido al eje de este texto que encontraremos -, a Rimbaud, a Bolaño, a Melville (bueno, a Bartleby), a Tabucchi, a tantos otros que parecen configurar un microcosmos de indudable prestigio pero que no pueden evitar, en su conjunto, una actitud endogámica, casi snob, esa propia de los estudiosos que subrayan - horror - los libros y conservan en su memoria frases, párrafos, nutriéndose de aforismos que muchas veces son más estéticos que prácticos.
Con lo cual esa persecución de puertas en hoteles, esa constante reflexión interior, demasiado interior para ser mundana, demasiado interior para no acabar pareciendo reiterativa y onanista, acusa un paradójico exceso de estatismo. Nada se mueve fuera aunque se viaje y se desplace y se visiten lugares, cafés, restaurantes míticos, aunque se frecuenten encuentros reales y ficticios con destacados miembros del imaginario bibliófilo.
Vila-Matas siempre despierta mi interés y ya he perdido la cuenta de las veces que, incluso por aparentes obras menores, le he prestado mi atención. Montevideo, a tenor de los comentarios en la faja, tenía la apariencia y las hechuras de gran obra. Desde luego, quien quiera acceder a su obra por primera vez, recuerdo, trescientas páginas, seguramente sea presa de sopor y estupefacción. Incluso le veo presa de algún acceso de nostalgia que normalmente atribuiría a otros escritores, no hace falta nombrarlos. Eso me preocupa. Aunque yo también añore y prefiera al hombre joven que coquetea con gentuza en los bajos fondos, aquel pillo que no escribe y trapichea en París.
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sábado, 19 de enero de 2013
Enrique Vila-Matas: El mal de Montano
Año de publicación: 2002
Valoración: recomendable
Sé que entre los autores de este blog hay algunos que no son fans de Vila-Matas (cof, cof, Montuenga, cof, cof); pero yo me reafirmo en lo que dije hace tiempo en algún comentario: es uno de mis escritores españoles contemporáneos favoritos, junto con Javier Cercas. Claro que soy consciente de que lo es porque conecta con muchos de mis personales "fetichismos" literarios, que no tienen por qué gustarle a todo el mundo: la metaliteratura, la autoficción, los narradores no fiables, los juegos de planos narrativos... Quien prefiera una narración más tradicional, verse atrapado por la trama y empatizar con los personajes probablemente se verá decepcionado por, por lo menos, una buena parte de las obras de Vila-Matas, entre ellas esta.
Porque en realidad El mal de Montano es pura metaliteratura: se podría decir que es el resultado de un empacho de la lectura de diarios íntimos de diversos escritores. Un meta-diario que reflexiona sobre su propia condición de diario, se compara con otros diarios y los incluye, o que huye de sí mismo para mezclarse con otros géneros narrativos. Y todo ello aderezado con citas y anécdotas (¿reales? ¿ficticias? ¿adaptadas?) de escritores presentes y pasados, con especial predilección por Kafka, Musil o Robert Walser.
Dividida en cinco partes cada vez más enloquecidas, la novela habla de varios personajes obsesionados con los libros (ese es el mal de Montano: un exceso de literatura): el narrador, Rosario Girondo, escritor que aspira a convertirse en la "memoria viviente de la literatura"; su mujer, Rosa, que unas veces es una directora de cine, otras una agente literaria y otras una vagabunda en Budapest; o Tongoy, el hombre más feo del mundo, el Sancho Panza (o el antagonista) de Girondo. Y cómo no, Montano, el supuesto hijo del escritor-narrador en el primer capítulo, autor de un libro sobre escritores que dejaron de escribir (que se parece sospechosamente a Bartleby y compañía, del propio Vila-Matas), y que después dejó de escribir.
Aunque en realidad casi no podemos saber quién es quién, porque en El mal de Montano, con una estructura siempre en fuga, cada nuevo capítulo es una negación del anterior: lo que parecía verdad deja de serlo, los personajes ya no son los que creíamos que eran y el tipo de texto que estamos leyendo (novela corta, diccionario, diario, conferencia, sueño) ya no tiene nada que ver con el que estábamos leyendo hace un momento. En realidad, lo único central, lo único que se mantiene, es ese virus de la literatura que todo lo consume, y que en mayor o menor medida compartimos (y contagiamos alegremente) los amantes de los libros.
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domingo, 7 de mayo de 2023
Enrique Vila-Matas: Historia abreviada de la literatura portátil
Año de publicación: 1985
Valoración: Muy recomendable
Llegué tarde a Vila-Matas, como si dijéramos a los postres, cuando ya había lectores un poco cansados de esa fórmula (verdad, Santi?) que, por lo que cuentan los demás y he podido comprobar en un par de lecturas, viene a ser la herramienta básica que el escritor barcelonés utiliza en todas o la mayoría de sus novelas. Esa fórmula que consiste en un armazón narrativo quizá no excesivamente sólido, sobre el que se levanta todo un revestimiento hecho a base de citas y referencias, a veces reales, a veces apócrifas, aparición de personajes existentes o imaginados en proporción a veces difícil de determinar, juegos de identidad, fusión de elementos aleatorios, todo ello manejado con suma destreza, como quien hace malabarismos con frasquitos de explosivo.
Puede que todo eso empezase aquí, en Historia abreviada de la literatura portátil, un relato breve de hace casi cuarenta años, seguramente el primero que sirvió para que don Enrique adquiriese alguna notoriedad. Porque, aun reconociendo mi muy escasa autoridad para analizar su trayectoria, creo que en este libro están, en todo su esplendor, esos ingredientes que después han servido para aderezar sus sucesivas publicaciones. Aquí están las primeras piedras preciosas, en estado puro, sin desbastar, y son francamente atrayentes.
Allá por los años veinte del siglo pasado, un puñado de artistas crea una especie de sociedad secreta para pertenecer a la cual es necesario cumplir una serie de requisitos: que toda su obra sea susceptible de ser transportada en una maleta (aunque se admiten las miniaturas), mostrar un punto de insolencia, o comportarse como una máquina soltera (sic) son algunas de las sorprendentes y poco concretas normas de acceso. Aunque sí hay un acto fundacional, nada menos que en la desembocadura del Níger, no existe rito iniciático, ni nómina oficial de socios, es algo vaporoso como si se llamasen a sí mismos ‘los modernos’, o cosa parecida (me queda la duda de si Vila-Matas está haciendo algún tipo de selección racional muy sutil o es un simple juego intelectual). Así pasa uno a ser un shandy, referencia bastante obvia a Laurence Sterne, lo que a su vez enlazaría con cierta incontinencia verbal, gusto por la digresión, etc. Porque aquí todo va relacionado con todo, aunque sea de forma inverosímil.
En esa peculiar comunidad se encuentran decenas de nombres del arte y el pensamiento de la época: Francis Picabia parece uno de los impulsores del invento, Duchamp deja su sello en la idea misma de la portabilidad, con su famosa caja, y sobre todo con la extraña referencia a la soltería, sin duda con origen en el también famoso cuadro del que hablamos aquí; Walter Benjamin inventa una máquina para detectar libros ‘pesados y engorrosos’ (esto nos sería muy útil en el blog, la verdad); Paul Klee escribe una especie de diario de las reuniones del club, y Tristan Tzara incorpora una interpretación de sus principios a sus Manifiestos Dadá. Pero circulan además por el texto, y busco aleatoriamente entre las páginas, César Vallejo, Valery Larbaud, Lorca, Karl Kraus, Cendrars y su hija Miriam, Aleister Crowley (papel destacado), Huidobro, Man Ray, Georgia O´Keeffe… y muchos, muchos nombres más, algunos, creo yo, inexistentes. A veces con referencias a alguna de sus obras, otras con párrafos alusivos o en tono de parodia.
Es un puro disparate, un fascinante desparrame repleto de elementos metaliterarios, con una notable influencia de Raymond Roussel y la voluntad decidida de internarse, con ese mismo punto de insolencia shandy, en los entresijos de la creación literaria y artística, de darles una vuelta, al mismo tiempo con admiración e irreverencia, a las obras de todo ese gran listado de creadores. Todo esto lo vamos viendo mientras asistimos a varias de las multitudinarias reuniones que estos señores mantienen por ejemplo en un balneario de Praga, creo que también en Italia, y en la Sevilla de aquel homenaje a Góngora considerado el acto fundacional de la Generación del 27. Siempre momentos, obras, autores, que van quedando ligados por la loca historia de Vila-Matas. No solo ellos, sino a veces sus propias criaturas, como los odradeks de Kafka, o el Golem de Meyrink, travestidos en cosas parecidas pero diferentes, que acompañan o persiguen a los artistas allá donde van, sin duda otra metáfora juguetona.
Podríamos estar tiempo indefinido buscando el porqué de cada cosa que se cita, qué nombres son reales y cuáles no, por qué algunos contemporáneos no son mencionados, qué títulos o citas son auténticos, qué caracteres se han distorsionado, conexiones entre los personajes o con los lugares en que se encuentran. O hasta dónde ese submarino varado en la costa de Bretaña, último lugar de reunión de los shandys antes de su disolución, es una mera invención o hay en alguna parte algo que no es imaginado.
El libro es como un festival de nombres célebres al servicio de ese juego metaliterario inteligente y desenfadado, a la vez que un ejercicio de insumisión a las normas convencionales y una relectura revoltosa de la historia del arte de hace un siglo. Disfrutón para quienes gozan con estas cosas, y me incluyo hasta cierto punto, pero ojo, no para todos los gustos, no para aquellos lectores a quienes todo este exquisito batiburrillo no les dice nada. Si más adelante la fórmula ha sido repetida con exceso, porque ha perdido frescura y vigor o se ha amanerado, es otra cuestión, porque en este libro en concreto el juego, compacto y controlable, deja un resultado muy notable.
lunes, 12 de agosto de 2013
Enrique Vila-Matas: París no se acaba nunca
Año de publicación: 2003
Valoración: muy recomendable
Quede claro que comprendo que esta opinión refleja aspectos contradictorios. Pero muy recomendable. Y para ello sugiero abordar este libro sin prejuicios ni pre-concepciones. No esperar de él aventuras ni montañas rusas emocionales. Limitarse a su lectura y a disfrutar de ese suave pero imparable flujo de placer donde nada sobra ni está fuera de su sitio. Comprender que no es una vacua exhibición de estilo y, una vez acabada su lectura, ser capaz de resistirse a buscar qué otras maravillas ha escrito este hombre.
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martes, 4 de abril de 2017
Enrique Vila-Matas: Mac y su contratiempo
Valoración: Muy recomendable
Nunca había leído un libro de Enrique Vila-Matas (me había asignado el neologismo ‘neófito vilamático’, pero era quizá demasiado esdrújulo), y hacía siglos que no acudía a la presentación de un libro. Pero los planetas se alinearon debidamente, Enrique publicó su última novedad, leí el libro y de inmediato me entero de que lo va a presentar aquí, muy cerquita de casa.
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viernes, 7 de octubre de 2011
Enrique Vila-Matas: Doctor Pasavento
Idioma original: españolAño de publicación: 2005
Valoración: muy recomendable
Doctor Pasavento es una obra de desapariciones. Mejor dicho, del afán por desaparecer. O, aún mejor, del afán por desaparecer deseando seguir presente. Pero no me estoy explicando. El protagonista de esta novela es un escritor (de relativo éxito) que se siente en cierta manera fracasado por no haber escrito su "gran obra, de manera que no llega a disfrutar del todo con la atención que recibe de los medios y los lectores. Tras un malentendido en un aeropuerto, decide desaparecer (como hizo en su día Walser), así que coge un avión y borra su existencia del mapa.
¿Lo buscarán, como ocurrió con Agatha Christie? ¿Será la comidilla del mundo literario? La verdad es que no. Nadie da cuenta de su desaparición, nadie parece pensar en él. Mejor, piensa. Así podrá desaparecer del todo, en el mismo manicomio en el que Walser se olvidó del mundo, y dejar de escribir. Pero no es eso lo que sucede. Sigue escribiendo (aunque para sí mismo), con una caligrafía cada vez más pequeña, como si quisiera demostrar así sus ansias de dejar este mundo, y no puede evitar entablar relación con diferentes personas ante las que adoptará la personalidad que más le convenga.
Presentándose a sí mismo como escritor (con nombre falso) o como psiquiatra, Vila-Matas nos presenta a Pasavento como alguien que pretende tanto desaparecer como analizar por qué desaparece, que intenta ser la acción y su crítica y para ello debe una y otra vez desdoblarse, desaparecer dentro de sí mismo para poder presentarse ante los demás con un rostro y una mente nuevos.
Es éste un libro para reflexionar sobre la figura del escritor y sobre el mundo de la literatura, pero también, sin duda, para soñar, para acompañar las reflexiones del ¿doctor? Pasavento y dejarnos llevar por diferentes ciudades y diferentes personajes que, en el fondo, son sólo diferentes caras de uno mismo.
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martes, 12 de enero de 2010
Elvira Navarro: La ciudad en invierno
Idioma original: españolFecha de publicación: 2007
Valoración: Se deja leer (o más bien "Se puede leer", vamos, que del libro no salen tentáculos juguetones ni desprende antrax...)
Elvira Navarro. ¿Que cómo llegué a Elvira Navarro? Fue por una mini-entrevista publicada en el suplemento dominical de El País. Allí salía la joven escritora (1978) hablando de su segunda novela, La ciudad feliz, y de la primera, La ciudad en invierno, y allí se contaba que la crítica se ha puesto unánimemente de su lado, y que patatín, y que patatán..., y que, ojo al dato, señores/as, mi admirado Vila-Matas ha dicho de ella que escribe como Satie toca el piano.
Y pese a que no tengo ningún CD de Satie (que debía de tocar muy bien, el piano) creí a Vila-Matas, y...
fui (a la biblioteca), busqué y saqué.
Elvira Navarro. La ciudad en invierno. Un libro escúalido en letra gorda, portada que parecía de cuaderno escolar de la Primera República, y poco más de cien páginas. La contraportada decía algo así como "Aviso al lector" (como si tuviéramos entre manos un frasco de lejía camuflado en lata de coca-cola) y "advertía" de que el libro trataba de la vida de Clara, una niña peculiar, y que no sé qué más, y que Elvira Navarro tiene algo de Clarice Lispector y Fleur Jaeggy...En fin.
Elvira Navarro; y Clara, su personaje. El libro presenta a Clara en cuatro etapas de su vida: como niña rara que odia a su tía, con la que pasa un verano, y que hace cosas raras; como niña lasciva de doce años que con una amiguita igual de lasciva, juega a teléfonos eróticos y encuentros sexuales con anónimos repulsivos; como niña de catorce presuntamente violada; como niña enamorada de un escurridizo joven...Habemus cuatro, ¿relatos? Al parecer. Y al parecer también se cuenta algo de una ciudad, y algo sobre el invierno...
Pero yo, no entendí nada.
No entendí nada de La ciudad en invierno, no, y estoy convencido de que este libro (que me perdonen el señor Vila-Matas, Satie, los miopes que ven flecos de la Lispector en él, la propia escritora del "libro" y la crítica de este país), no lo entiende casi nadie.
Es que no va a ninguna parte: ni tiene sentido, ni se sigue con interés, ni provoca nada; sólo estupefacción y la sensación de que a uno le están tomando el pelo.
No he pedido perdón a Fleur Jaeggy porque esta escritora con la que también comparan a Navarro como ya he dicho, tampoco me gusta. No hace demasiado escribí sobre sus hermosos años del castigo en este blog, y tal y como apunta la contraportada del librito que hoy me ocupa, su estilo entronca con el de Elvira Navarro en cuanto a seco, estéril, inconexo y absurdo.
Y como dejé claro en su tiempo al aludir a la Jaeggy, lo repetiré en esta ocasión: una cosa es ser modernito e iconoclasta versión "omito pero insinúo dejando al lector anonadado con mi estilazo, ouh, yeah", y otra muy diferente es hacer un patchwork con diferentes telas dejando boquetes del tamaño de un posavasos aquí y allá "porque yo lo valgo".
Me explico: La ciudad en invierno es un cachondeo sideral porque, sencillamente, no puede ser considerado una novela. Vale, vale, tiene letras, frases y personajes, pero no cuenta NADA creíble, simplemente da brochetazos aquí y allá sobre una cría presuntamente rarita a la que nadie se la puede tomar en serio y a la que nadie puede poner cara porque está mal engendrada por la autora; por eso, es imposible creerse sus obras y milagros. Y punto.
Esta crítica me está costando horrores, así que, con permiso, la dejo ya sin reelerla porque a lo mejor me dan ganas de borrarla.
Y no he puesto como etiqueta "Repugnante" con un malévolo propósito: por favor, que alguien lea este libro y me diga que no soy el único lector del universo que piensa que a veces se ríen de nosotros desde ahí arriba, desde el Olimpo de los Editores Guays.
Más libros de Elvira Navarro en Un Libro al Día: Los últimos días de Adelaida García Morales, La trabajadora
martes, 14 de octubre de 2014
Colaboración: Kassel no invita a la lógica de Enrique Vila-Matas
miércoles, 23 de abril de 2025
Álvaro Colomer: Aprende a escribir
Idioma original: español
Año de publicación: 2025
Valoración: muy recomendable
En otro contexto, uno podría especular si alguno, de entre la centena aproximada de autores que se incluye en Aprende a escribir, no fuera el mismo autor, oculto bajo alguna guisa, y describiendo su propio modus operandi. Quizás hubiese sido una cuestión a plantear cuando acudí a la tumultuosa presentación del libro, hace algunas semanas, en una conferencia que contó con la inestimable presencia de un Enrique Vila-Matas ataviado con una gorra que le daba un aire de timidez esquiva. No lo hice, porque tampoco soy mucho de llamar la atención, aunque el acto me permitió constatar la preocupantemente alta media de edad de los asistentes, cuestión que algún día habrá que abordar.
Hago el comentario porque Colomer parece responder a una especie de perfil promedio de los descritos en este libro. Periodista, cronista, autor de novela juvenil y de novela para todos los públicos (...), también reseña con cierta regularidad en medios de gran divulgación, y ejerce de eso tan socorrido que se viene a denominar agitación cultural que, desde luego, sería un concepto idóneo como carrera profesional, si existiese la mínima posibilidad de hacerse rico con ello.
De su desempeño en Zenda surge la mayoría de los textos que incluye esta colección de artículos. Algunos se mantenían inéditos y, aunque con paciencia y orden, podríamos hacernos con muchos de ellos, entonces no contaríamos con la estructura que Colomer les otorga al dividirlos en bloques. No hablamos de entrevistas transcritas, sino de textos trabajados, apenas dos o tres páginas, que describen los hábitos de trabajo de un buen montón de escritores de la escena española (con alguna excepción), de sus manías, sus procedimientos, sus ritmos, sus emplazamientos, sus horarios, sus entornos...
Y aunque podamos detectar similitudes, es enormemente estimulante profundizar en ello, y Colomer nos ahorra mucha verborrea aportando su sentido crítico y su agudeza, analizando sus comportamientos, aunque puede que en cierto sentido este libro sea mejor que la suma de sus partes. Tenemos aquí desde escritores a los que no conocía hasta manufacturadores de best-sellers (glups, Pérez Reverte) o maestros absolutos (Vila-Matas, Caparrós, Enriquez) y todos los artículos resultan tan interesantes que seguramente algunos de los autores nos decepcionarán, si nos atenemos al lógico entusiasmo de Colomer al describir sus secretos. Personalmente he echado de menos algunos autores que me hubiera gustado ver por aquí (¿quizás una segunda parte, Álvaro?) como Carrión, Monzó, Ramis o Pàmies, pero el libro, más que el convencional muy recomendable, (etiquetas homologadas mandan), lo valoraría como perversamente tentador para cualquiera que conciba la literatura más allá de afición o entretenimiento. Es sumergirse en sus artículos y lanzarse a devorar estantes. Y ya se sabe lo que se dice de las tentaciones.
Otras obras de Álvaro Colomer reseñadas en ULAD: aquí











