sábado, 19 de enero de 2013

Enrique Vila-Matas: El mal de Montano

Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: recomendable

Sé que entre los autores de este blog hay algunos que no son fans de Vila-Matas (cof, cof, Montuenga, cof, cof); pero yo me reafirmo en lo que dije hace tiempo en algún comentario: es uno de mis escritores españoles contemporáneos favoritos, junto con Javier Cercas. Claro que soy consciente de que lo es porque conecta con muchos de mis personales "fetichismos" literarios, que no tienen por qué gustarle a todo el mundo: la metaliteratura, la autoficción, los narradores no fiables, los juegos de planos narrativos... Quien prefiera una narración más tradicional, verse atrapado por la trama y empatizar con los personajes probablemente se verá decepcionado por, por lo menos, una buena parte de las obras de Vila-Matas, entre ellas esta.

Porque en realidad El mal de Montano es pura metaliteratura: se podría decir que es el resultado de un empacho de la lectura de diarios íntimos de diversos escritores. Un meta-diario que reflexiona sobre su propia condición de diario, se compara con otros diarios y los incluye, o que huye de sí mismo para mezclarse con otros géneros narrativos. Y todo ello aderezado con citas y anécdotas (¿reales? ¿ficticias? ¿adaptadas?) de escritores presentes y pasados, con especial predilección por Kafka, Musil o Robert Walser.

Dividida en cinco partes cada vez más enloquecidas, la novela habla de varios personajes obsesionados con los libros (ese es el mal de Montano: un exceso de literatura): el narrador, Rosario Girondo, escritor que aspira a convertirse en la "memoria viviente de la literatura"; su mujer, Rosa, que unas veces es una directora de cine, otras una agente literaria y otras una vagabunda en Budapest; o Tongoy, el hombre más feo del mundo, el Sancho Panza (o el antagonista) de Girondo. Y cómo no, Montano, el supuesto hijo del escritor-narrador en el primer capítulo, autor de un libro sobre escritores que dejaron de escribir (que se parece sospechosamente a Bartleby y compañía, del propio Vila-Matas), y que después dejó de escribir.

Aunque en realidad casi no podemos saber quién es quién, porque en El mal de Montano, con una estructura siempre en fuga, cada nuevo capítulo es una negación del anterior: lo que parecía verdad deja de serlo, los personajes ya no son los que creíamos que eran y el tipo de texto que estamos leyendo (novela corta, diccionario, diario, conferencia, sueño) ya no tiene nada que ver con el que estábamos leyendo hace un momento. En realidad, lo único central, lo único que se mantiene, es ese virus de la literatura que todo lo consume, y que en mayor o menor medida compartimos (y contagiamos alegremente) los amantes de los libros.

También de Vila-Matas: Dublinesca, Exploradores del abismo

8 comentarios:

Francesc Bon dijo...

Pues yo estoy en el punto intermedio: de 6 suyos que me he leído el promedio me sale sobre el 7 corto, desde tostones incomprensibles hasta historias mínimas pero contadas con mucha gracia. Para mí Cercas es superior como novelista aunque quizás Vila-Matas sea un escritor más meticuloso.

Azul Sanchez dijo...

Muy seguidor de V.M y de sus andanzas. Soy muy fan de su humor o por lo menos de su manera de reirse de las cosas. Aquí lanzo una preguntan El Loro de Flaubert de Julian Barnes es Vilamatiana o Las obras de Vila-Matas estan Barnesinadas??

Abrazo

izas dijo...

Yo he leído sólo un par de libros de Vila-Matas, pero los dos me han gustado mucho. Es cierto que dos libros no son suficientes para juzgar toda una obra, pero de momento me han dejado el suficiente buen sabor de boca para atreverme con cualquier otra obra de este autor que caiga en mis manos.

JeanP dijo...

Igualmente, yo solo leí dos libros de Vila-Matas y me pareció un genio.

¿Cercas y sus complejos de viejo chocho? No, gracias. Todo para ti.

Claro está que nunca se me dio por ponerle un número a nada en la vida y mucho menos al talento ajeno. Me quedo en el me gusta o no me gusta y en sobrepasar el nivel emotivo permitido por el maestro en caso de que me guste. Soy así de simple, como el mecanismo de una alfombra.

JeanP dijo...

Adivina adivinanza, ¿Azul Sánchez es un color con apellido o un apellido coloreado?

¡Dos gallifantes para el maestro y un 8,2 por su rapidez en responder!

Montuenga dijo...

No, si yo tampoco tengo base para opinar sobre el autor. Me encantan todos los juegos que mencionas pero no los utiliza en ninguna de las dos que he leído. Ni en Dublinesca (que me pareció un aburrimiento y de la que me gustaría saber tu opinión, Santi) ni en París no se acaba nunca.

Como ya ha pasado tiempo, seguiré con alguna de las que habeis comentado a ver si esta vez tengo más suerte.






Francesc Bon dijo...

Ay, Jean, que la P es de pusilánime.

Por orden de mayor a menor disfrute:

París no se acaba nunca, Dietario voluble, Impostura, Lejos de Veracruz, Historia breve de la literatura portátil, Bartleby y compañía.

Cuando uno publica pierde el control sobre las consecuencias, sean valoraciones numéricas, emotivas, o notas amenazadoras por correo.

Pobre Cercas: ¿es porque es extremeño y habla un catalán impecable?.

Trini dijo...

Doctor Pasavento que es la obra cumbre sobre la de la impostura, eso a lo que tanto le gusta jugar a VM. Después todas las demás que he leído, que no son todas pero sí suficientes para considerarlo un excelente escritor. Salvo Aire de Dylan que no me gustó nada y huele a que VM ha agotado el filón, la inspiración o lo que sea que tenía.