lunes, 14 de enero de 2013

Juan Mayorga: El jardín quemado

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2001
Valoración: muy recomendable

Juan Mayorga es probablemente el dramaturgo español contemporáneo más representado y traducido. Es autor de piezas como Himmelweg, La tortuga de Darwin, La paz perpetua o Cartas de amor a Stalin, y ha adaptado numerosas obras del repertorio más clásico. Enseguida viene a Bilbao, sin ir más lejos, una versión suya de La vida es sueño. El jardín quemado es quizá una obra menor dentro de su trayectoria, pero también un drama eficaz y modesto que reúne algunas de sus características más propias.

La pieza se sitúa en los años 70, en plena transición a la democracia. Benet, un joven psiquiatra recién salido de la facultad, desembarca en una isla indeterminada para descubrir la verdad que se esconde en el sanatorio de San Miguel. Sospecha que el hospital funcionó como presidio durante la Guerra civil, y que el director actual, el doctor Garay, es responsable de la muerte de un célebre poeta republicano y sus once compañeros de viaje. Decidido a desenmascarar a un cómplice de la represión franquista, interroga a los internos. Lo que va descubriendo, sin embargo, no es lo que esperaba, y en el proceso se derrumban las conclusiones morales que traía preparadas de antemano. 

Además de dramaturgo, Mayorga es profesor de Matemáticas y Doctor en Filosofía. Hizo su tesis sobre Walter Benjamin, algo que ilumina muchos de sus intereses dramáticos. La historia, tan presente en la obra del filósofo alemán,es un material apreciado por Mayorga. Pero esta no aparece nunca como una imagen estática que pudiéramos contemplar con horror o nostalgia, sino, siguiendo el método de Benjamin, como una constelación dialéctica que súbitamente nos ilumina y nos dice algo sobre nosotros mismos.

La lectura de la Guerra civil y la transición que ofrece El jardín quemado dista mucho de los discursos estereotipados que se suelen repetir. Mayorga sabe sintetizar en poquísimas escenas el ambiguo trasfondo de vivencias que condicionan las decisiones de los personajes, haciendo imposible cualquier juicio sumario, ya sea político o moral. En sus manos, la historia se convierte en arena para luchar contra nuestros propios prejuicios y sentir una dolorosa empatía con los derrotado. Contribuir a eso parece una de las tareas más dignas para el teatro actual.

2 comentarios:

Santi dijo...

De Juan Mayorga vi en Lisboa El chico de la última fila, de la que ahora han hecho una película (En la casa). Buenísima obra, muy bien llevada, amaga con ser una comedia metaliteraria pero luego se convierte en otra cosa... No sé por qué no llegué a hacer reseña para ULAD...

Jaime dijo...

Pues sí, buenísima. Yo la vi aquí en Bilbao, con un gran Ramón Barea en el personaje del profesor.