jueves, 24 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Manuel Mújica Lainez: El escarabajo

Idioma original: español

Año de publicación: 1982

Valoración: Imprescindible



Ahora que el furor por la novela histórica, si bien sigue vigente, parece que ha decaído un poco, es el momento de revisar clásicos como Los idus de marzo o Memorias de Adriano, incluso algunos de este mismo autor, porque en ellos está todo lo que el veleidoso vaivén de las modas ha arrastrado hasta las playas actuales: escenarios decadentes, sucesos inmortalizados por la historia, amores, odios, asesinatos, traiciones, guerras, naufragios pero también episodios fantásticos que hacen palidecer a zombis, dráculas y otros especímenes que, por la forma en que han sido acogidos, cualquiera diría que acaban de inventarse. En Bomarzo, Mújica Lainez da voz, precisamente, a un zombi, un noble jorobado, ya fallecido, que ha heredado grandes riquezas pero también un lamentable aspecto físico y es el encargado de elaborar la crónica de su época, repleta de conjuras renacentistas. En El unicornio, es el hada Melusina – condenada a adoptar periódicamente el aspecto de una serpiente con alas de murciélago – quien narra las vicisitudes de los cruzados medievales. Como podéis comprobar, los aficionados a las grandes gestas, los mitos, las aventuras y los fenómenos sobrenaturales no van a echar nada de menos.

A cambio degustarán un lenguaje preciso, verdadera erudición – no consultada apresuradamente para completar un capítulo –, ironía a raudales, experiencia vital, curiosidad contagiosa y un torrente elocutivo que les arrastrará por épocas, reinados y pueblos. Esos elementos, y otros muchos, se encuentran también en El escarabajo, obra tardía aunque no por ello carente de los méritos de su obra anterior. En este caso quien habla tampoco es un común mortal sino un escarabajo. De lapislázuli, por más señas, eso lo deja muy claro y lo recuerda una y otra vez, ya que le llena de orgullo y lo considera una de los signos de su (alta) alcurnia. Nuestro héroe fue fabricado en Egipto, por un artesano de alto rango, para que sirviese de joya a Nefertari – esposa favorita de Ramses II –, y dotado de conciencia por un joven hechicero, hermano de este. La piedra será enterrada junto al sarcófago de la reina, robada en uno de los saqueos de tumbas y vuelta a robar muchas veces, pasará de mano en mano, se extraviará durante largos períodos; convertida en sortija, colgante o broche se venderá y regalará constantemente; pero, sobre todo, será testigo de trascendentales sucesos históricos, el asesinato de Julio César entre ellos, y nos envolverá en una sucesión de episodios en los que se irá dando cabida a espiritualidad, codicia, sexo, locura y demás rasgos que definen al hombre. A través de los siglos, veremos desfilar monarcas, obreros, ángeles, gitanos, artistas, prostitutas, gigolós, eruditos, innumerables dioses, viajeros ilustres, capitanes, ejércitos enteros, fenómenos de circo, aristócratas, estatuas parlantes y un sinfín de personalidades diversas.

En medio de toda esta barahúnda nuestro escarabajo no deja de reflexionar, transmitiendo al lector las observaciones, sentimientos y hasta vaticinios del propio novelista. “¿Morirán solo los que transitan por la vida como muertos, la vasta comparsa mecánica, las innúmeras figuras de fondo, y en cambio sobrevivirán, eternos y ubicuos, los que auténticamente vivieron?” Toda una declaración de vitalismo. Más envidiable aún si pensamos que fue hecha por alguien que estaba a punto de cumplir los 70.

Finalmente, el escarabajo se encuentra con un viejo colega, aquel a quien refirió toda su vida en los largos y aburridos años en que ambos hubieron de permanecer en el monótono fondo oceánico. La estatua de Poseidon reposaba junto a los restos del naufragio, más tarde llegó nuestro amigo, recién arrojado por la borda a manos del amante de turno de su nueva y aguerrida propietaria. Rescatados al mismo tiempo, no volverán a verse hasta que, ya en manos del autor de esta obra, le encuentre en una de las salas del museo arqueológico ateniense. Más tarde, alojado en el dedo de Mújica Lainez, le irá transmitiendo unos recuerdos que él, obedientemente, irá anotando y que finalizarán así, con la imagen del escritor arrastrando la pluma sobre las páginas que estamos leyendo.

Otros libros del autor en ULAD: Bomarzo

4 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi personalmente me parece un escritor "olvidado" por el público en general, de forma más que injusta. Igual es porque la novela historica está considerada como un género para escritores "menores", pero desde luego Bomarzo, El escarabajo o El laberinto son obras maravillosas que deberían ser de obligada lectura.
Como curiosidad, dos de las obras mas grandes de la literatura argentina del s. XX (Bomarzo y Rayuela) fueron publicadas en el mismo año (1962). Qué diferentes y qué grandes ámbas!!!

Montuenga dijo...

Pues yo creo que es todo lo contrario: se le considera un erudito y se teme que sus novelas sean aburridas o difíciles. Bueno, se temía, porque se le ha arrinconado de tal manera que ahora no se lee porque no se le conoce.

Sin embargo, su cultura no es pedante, su lenguaje es sencillo y lo que cuenta está al alcance de todos. Es divertido, entretenido y ameno, es decir, lo tenía todo para haberse convertido en un best seller histórico, solo que con calidad literaria.

Me encantaron Bomarzo y El unicornio, El laberinto aún no lo he leido pero lo tengo. A ver si esta semana argentina sirve para que se le conozca un poco más.

En cuanto a tu valoración de Rayuela y Bomarzo estoy totalmente de acuerdo.

Saludos y gracias.

Anónimo dijo...

Una obra de arte.

Montuenga dijo...

Exacto, nada que añadir.