domingo, 30 de marzo de 2014

Colaboración: La trabajadora de Elvira Navarro

Idioma original: español.
Año de publicación: 2014.
Valoración: muy recomendable.

La trabajadora ha de leerse como el relato de unos meses en la vida de una trabajadora en situación precaria en la periferia de Madrid; de manera que es la descripción de su situación lo que predomina sobre el nudo narrativo. No es conveniente utilizar el adjetivo "generacional" para referirse a la obra, tal vez La trabajadora no ostente ese estatus. Pero la voluntad de retratar la situación en la que viven muchos jóvenes y no tan jóvenes -de hacer una literatura periférica para los que estamos en la periferia- es digna de elogio.

Desde el comienzo, la perversión sexual de Susana ya nos indica que la novela va a desarrollarse en las afueras de lo convencional. Las afueras se materializan cuando la focalización se centra en Elvira, una trabajadora de una editorial que por el empeoramiento de su situación laboral ha de cambiar el centro de Madrid por Aluche, donde alquila una habitación a Susana. De la contradicción entre las expectativas de futuro, cimentadas en una extensa preparación académica y un amplio conocimiento cultural, y la realidad laboral precaria surge el conflicto en forma de ataques de ansiedad que Elvira experimentará a partir de su mudanza. Lo psiquiátrico -la ansiedad como la malaise del que se sabe empobrecido «- sirve como hilo conductor en la novela.

La falta de agencia en el entramado socio-económico y la falta de perspectivas de futuro se combaten de diversos modos en La trabajadora. Elvira, en un ejercicio de autoficción que recuerda el trabajo que la autora (Elvira Navarro) realiza sobre las periferias de las ciudades en su blog, da largos paseos nocturnos explorando el territorio suburbano de Madrid. Susana realiza sus propios collages de los mapas de la capital en los que reordena la ciudad a su voluntad; como si el conocimiento que deriva de la exploración y la ilusión de control que produce la cartografía imaginaria pudieran compensar la mencionada falta de agencia y el haber sido empujadas a la periferia urbana y laboral (habiendo sido "externalizada" en el caso de Elvira).

El acierto de las metáforas narrativas así como la solidez del discurso de Navarro acentúan el único problema de La trabajadora: su brevedad. Se echa de menos una mayor cantidad de páginas, que si bien un ejercicio autopoético en el último capítulo de la novela justifica, no logra compensar el deseo del lector.

Firmado: Paulo Kortazar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Usted está en la periferia, señor Kortazar? Habrá como mil periferias más periféricas que la de Elvira Navarro, sus protagonistas, o alguien como usted.

Paulo Kortazar B. dijo...

Sí, estoy en la periferia. Hablo un idioma periférico y vivo en la periferia de una ciudad de provincias.

Pero creo que a lo que va usted (siento no poder hacerle preguntas personales ya que usted no firma con su nombre) es a que no es posible hablar de periferia cuando hay situaciones más periféricas que la que la novela retrata. Con todo respeto me parece un argumento un tanto enclenque, el sufrimiento en su máxima expresión no invalida un sufrimiento menor.

Santi dijo...

Estoy bastante de acuerdo con la reseña de Paulo, a mí también me ha parecido una novela interesante y que, seguro, será muy estudiada por críticos que trabajen el espacio urbano en la novela contemporánea. La voluntad de salirse de lo central (geográficamente, psicológicamente, sexualmente) es muy evidente en el planteamiento de la novela, pero creo que funciona.

Lo que no me parece que funcione tan bien es el estilo escogido: creo que falta una consonancia entre el espíritu underground de la novela y un estilo que es demasiado tradicional, incluso pedante en algunas elecciones de léxico. Claro que el peligro al escribir un texto sobre jóvenes urbanos underground con un estilo acorde es convertirte en José Ángel Mañas... Pero hay caminos intermedios, creo yo.

En todo caso, una novela interesante.