domingo, 16 de marzo de 2014

William Gaddis: Ágape se paga

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2008
Título original: Agapé agape
Traducción: Miguel Martínez-Lage
Valoración: consuma con responsabilidad

Malditismo implica ser esquivo con el público que ensalza tu obra, publicar de manera desordenada y errática, caer en adicciones, tener pasados misteriosos o abiertamente reprobables. Implica obras indescifrables alternadas con productos simples hasta rozar lo naïf, combinar cumbres, valles y simas, roces (por no decir enganchadas) con la crítica (a la que se desprecia o se ignora), confinamiento voluntario o forzado, recibir a fans con escopetas de cañones recortados (un plus sería llegar a dispararlas) y un largo etcétera.
Ágape se paga. Un título que se recicla, en un intento de traducción, en un palíndromo, cosa que es ya un primer guiño, antes de empezar a leer. Lo inesperado, lo que surge como reacción a lo casual; esa sería otra característica. Una especie de desvarío en que se mezcla todo lo que viene a la cabeza. Pues William Gaddis, a cuyo Gótico carpintero ya se le propinó aquí una severa y escéptica valoración de Bufff..., resulta ser la tercera pieza de ese cuarteto americano completado por Salinger, Pynchon y escriba su selección aquí............................ Vaya, un cuarteto de tres. Si es que estas cosas pasan.
El amigo Álex Azkona saldría corriendo al ver cómo se nos presenta Ágape se paga. Un único párrafo rígido, un bloque indisoluble de cerca de setenta páginas sin un solo punto y aparte, una extenuante frase encadenada y puntuada de modo esquizoide, que incluye un ensayo de fondo sobre la tecnología como sustitutivo o sucedáneo de la creación artística, con el pretexto de una especie de delirio alucinado acerca de la invención de la pianola (tema que regresa como un estribillo), y que se ramifica de modo desquiciado e inmisericorde en diversas líneas. Como buen texto referencial, la cuidada edición de Sexto Piso incluye un prefacio de Rodrigo Fresán y un postfacio de Joseph Tabbi. Al menos en una primera lectura, suelo huír de estas cosas, de estos aderezos que marcan ciertas lecturas como "tan importantes, pero que deben ser explicadas para ser disfrutadas", cosas que me vienen a recordar a esos maîtres que te explican la experiencia gastronómica, pero entiendo que se prepare al lector. 
El texto (a medio camino entre varios géneros, elegid: ensayo, monólogo, novela) contiene el atropellado pensamiento interior, sin el mínimo atisbo de respiro o edición, de Jack Gibbs (personaje de otra de las novelas de Gaddis) a base de idas y venidas sobre varios conceptos sumamente alucinados, como la pianola como paradigma del intento de automatización del arte, los yos extraíbles, evitar el stress, el deterioro físico propio de la edad avanzada (plasmado en sus obsesiones: pierde el lápiz, los papeles, se queja de todos sus achaques) y unos cuantos conceptos más sobre los cuales Gaddis edifica un texto a degustar respirando de tanto en tanto. Que no engañe el escaso número de páginas. Son todas cuesta arriba. 
Ésta es una lectura difícil, poco amigable, arisca, una experiencia que puede igual fascinar por sus innegables hallazgos (las menciones y referencias constituyen un poderoso estímulo) como irritar por su obvio aire surrealista y su desorden formal. Pero ante la que uno no debe arredrarse. Comprendo perfectamente que el bueno de Ian Grecco, tras 300 páginas con este hombre, volviera al refugio de su hogar en Malta y a su colección de pañuelos en cachemir para el bolsillo de la chaqueta.
Gaddis es uno de esos escritores que se ama o se odia y yo aún no he podido decidirme. Quizás alguno de sus novelones de 700 páginas me haga resolver la duda. Lo curioso es cómo permanece en la memoria su particullar estilo digresivo. Se queda en la memoria y uno se reconoce evocando su lectura, cosa algo perturbadora. Cosa sobre la que meditar. Mientras tanto, creo que, con la advertencia de que no se trata de un autor asequible, voy a inclinarme por recomendarlo. Y creo que bastante.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me interesa este señor. Hace algunos meses me hice con un libro suyo (inmenso) titulado Jota Erre.

Ian Grecco dijo...

Muy buena reseña, jejeje...
La verdad es que tras leer la historia de la santa casita de estilo gótico carpintero, voy a esperar que pase un poquito de tiempo antes de volver con el señor Gaddis. Supongo que no soy de esos lectores que disfrutan con los experimentos literarios de este tipo.

Juan dijo...

Yo leí "Gótico carpintero" y, dejando aparte la tensión estilística (y su cansinez también, por qué no decirlo), en cuya consecución es innegable la maestría de Gaddis, el argumento me decepcionó: al final, venía a ser como un episodio de la soap-opera "Dinastía" (espero que Jta Erre no sea lo mismo, pero con "Dallas").Aún así, tal vez le de una oportunidad a "Agape", pero sin matarme por hacerlo, la verdad...

Francesc Bon dijo...

Confío haber finiquitado Jota Erre en las próximas semanas. Veremos,

Francesc Bon dijo...

Ian: gracias por el comentario, y agradezco tu amable discrepancia. Entiendo tu cautela, pero aprovecho para corroborar cierta sensación. El recuerdo de la lectura permanece y crece, cosa que no puede decirse en muchos casos.

Francesc Bon dijo...

Si ya te has acostumbrado al estilo, el libro se despacha en menos de dos horas.