sábado, 29 de marzo de 2014

Edward Lewis Wallant: El prestamista

Idioma original: inglés
Año de publicación: 1962
Título original: The pawnbroker
Traducción: Eduardo Jordá
Valoración: Muy recomendable

Curioso hecho, que el traductor de esta novela sea su prologuista y que el prólogo resulte ser ya un texto muy notable, para nada despreciable, de hecho constituya casi un capítulo introductorio que despierta poderosamente el apetito. Claro que la contratapa ya tiene a todo un Kurt Vonnegut hablando maravillas de este escritor fallecido con 36 años dejando un corto legado del que El prestamista es una muestra muy notable. Hubiera sido un digno miembro al lado de Roth, DeLillo o McCarthy, pero como eso no pudo ser, hagamos justicia y agradezcamos a Libros del Asteroide su traducción y publicación. 
A pesar de lo que su título y su muy neoyorquina portada puedan sugerir, El prestamista tiene muy pocos detalles de novela negra. Se trata, a tenor de lo que figura en el prólogo, de una de las primeras novelas que contó con el Holocausto como telón de fondo.
Wallant era realmente un escritor de primera fila: Sol Nazerman, protagonista del libro, es uno de esos personajes, como el Stoner de John Williams, que impregna cada página de la novela y deja huella en el lector.
Nazerman es un superviviente de los campos de concentración. Subsiste en Nueva York gracias a una casa de empeños que gestiona, merced a un extraño pacto con un mafioso que necesita blanquear dinero. Tiene un joven  y ambicioso empleado de color, Jesús Ortíz, y una familia postiza (la de su hermana, la suya pereció en los campos) a la que su trabajo mantiene. Única finalidad de su existencia, pues Nazerman se considera a sí mismo como un muerto. Su vida transcurre entre la gente desesperada que acude a su negocio a venderle los objetos más estrambóticos. Ladrones de poca monta, yonkies, viudas que le acarrean desde joyas, candelabros o una cortadora de césped, muchas cosas de procedencia más que dudosa por las que Nazerman ofrece implacablemente las sumas más irrisorias, consciente de la necesidad acuciante de quienes las venden y de la imposibilidad que se presenten a recuperarlas. La frialdad en los tratos es sólo un indicio más del carácter endurecido de Nazerman. Cruel porque ha experimentado la crueldad. El pasado de Nazerman aparece en sus sueños, en párrafos resaltados por la cursiva que son auténticos tragos para el lector sensible. El enorme mérito de Wallant es trazar esa curva desde la dureza y la inflexibilidad y obtener un curioso efecto casi de calidez. Vemos los objetos llenando los estantes de la tienda, contemplamos ese frío bazar de bienes de todas clases rematados a cambio de pura miseria, y andamos por esas calles, como anda Nazerman, como un auténtico zombie, como una estatua de cera a la que el calor humano parece incapaz de derretir.
Pedazo de novela.

7 comentarios:

rubén dijo...

Hola, acabo de iniciar el proyecto 365: escribir un relato por cada día del año. He visto tu blog navegando por internet e igual lo sigo. Si quieres seguirme tú también, mi blog es:
http://pepitas-de-oro.blogspot.com.es

Álex dijo...

A mi un Rubén me dice que ha visto mi blog navegando por Internet y que «igual» lo sigue y me caigo de espaldas.

christofernail dijo...

Me interesó la historia que has reseñado. Sería interesante descubrir que aquel personaje venido, según dices, de una gran catástrofe histórica, acaba con algún final inesperado.
De cualquier modo el argumento hasta ahora logra captar mi mucho atención... Buena reseña!

Anónimo dijo...

Hola, Francesc.
Tienes razón, pedazo de novela, como "Stoner". Las dos las he leído gracias a tus reseñas. Si "Stoner" fue una de mis lecturas preferidas del año pasado, "El prestamista" lo va a ser de este.
Sol Nazerman es un personaje complejo y potente, pero también lo son muchos de esos personajes que transitan por la tienda de empeños y dejan su dolor en forma de objetos.
No he reído a carcajadas como auguraba el traductor en el prólogo, pero he sonreído con los mordaces comentarios, a lo Groucho Marx, que Nazerman dedica a su familia. Eso sí, como Eduardo Jordá, pienso que es una historia terrible.
Gracias por vuestras reseñas, tenéis un blog estupendo.
Un abrazo :)
M.Ángeles

Francesc Bon dijo...

Gracias, M. Ángeles, y es todo un halago que hayas coincidido con mis opiniones en estas dos reseñas, cosa que espero que no siempre ocurra (me encantan las polémicas, je je). En el caso de Wallant, estoy particularmente satisfecho, pues no seguí otro dictado para leer el libro que ver que era de Asteroide y que estaba disponible en mi biblioteca.

Gluntz dijo...

La descripción que Wallant va haciendo de Nazerman, adentrándonos en ese abismo que es su existencia, y cómo ha de sobrellevar esos demonios internos, con el patético universo que le rodea (su artificial familia, su ambicioso empleado, sus paupérrimos clientes, el mafioso que controla la tienda, etc..), son los dos pilares en los que recae esta gran novela, que es literatura de altura. Otro personaje rico y complejo, es la Srta Birchfield, que proporciona al lector otra aproximación al dolor, desde el optimismo y la fe en el prójimo.

Un gran reseña para un libro que deja huella.

Saludos

Francesc Bon dijo...

Pues muchas gracias, Gluntz, por lo de gran reseña. Las buenas novelas nos lo ponen muy fácil, por eso.