sábado, 22 de marzo de 2014

Clarice Lispector: La pasión según G. H.

Título original: A Paixao segundo G. H.
Idioma original: portugués
Traductor: Alberto Villalba Rodríguez
Año de publicación: 1964
Valoración: está bien

            Lo primero que pensé al leer este libro fue que, teniendo en cuenta el título y la portada que le pusieron en El Aleph, con esa ninfa durmiente y desmadejada, esperaba que nadie lo confundiera con una novela erótica softcore (lo digo porque yo saqué el ejemplar de una biblioteca pública y la bibliotecaria me miró como si me hubiera llevado las dichosas 50 sombras, pero con el juego de artilugios sexuales añadido), ya que se iba a llevar una sorpresa morrocotuda.

            Me explicaré contando el argumento de esta breve pero intensa novela, que en realidad es bastante conciso: una mujer atractiva, inteligente y exitosa (no cuesta mucho ponerle la figura de la propia Lispector) se queda sola en su apartamento de una gran ciudad brasileña, así que aprovecha para hacer limpieza.  En el cuarto de la criada, que en sí es como un mundo aparte dentro de ese piso, abre un armario y se encuentra allí, lozana y sonriente, una cucaracha. Del susto (hay que suponer que las cucarachas brasileñas deben de ser de tamaño familiar, más amedrentadoras que las de aquí, ya de por sí bastante repugnantes), cierra de golpe la puerta del armario, de tal manera que atrapa, chafándola, a la pobre cuca, que se queda allí agitando  patitas y antenas y segregando  un líquido blancuzco y asqueroso.

            La protagonista, en vez de huir, se queda allí sentada, contemplando la agonía del insecto, y esa contemplación le provoca un momento de revelación, una epifanía (que dicen ahora los modernos españoles y los convictos por asesinato de las películas americanas). Acaba identificándose, de alguna manera, con el bicho agonizante, lo que conlleva un proceso de despojamiento de su propia circunstancia como ser humano; esta deshumanización así sobrevenida es lo que ilumina a G. H. y le permite acceder y comprender la esencia de la realidad del mundo en el que viven ambas, cucaracha y señora brasileña. El tao, que diría Lao-Tse.

            De hecho, esta novela, aparecida en 1964,  se ha calificado como existencialista (era lo que se llevaba, entonces), pero yo creo que sobre todo muestra una influencia indudable del pensamiento taoísta. Y si resulta que no lo conocía (cosa que dudo), es que Lispector fue capaz de sintetizar ella sola, el corpus metafísico de una religión milenaria china. Sin ánimo de escandalizar a nadie, también veo evidente el paralelismo que se hace con algún aspecto de la religión cristiana (aunque Lispector era de familia judía), ya desde el propio título, que habla de “la Pasión” (en mayúscula en el título original); el momento de revelación de la protagonista sobreviene a partir de la identificación con el sufrimiento de otro ser vivo (sí, aunque sea una cucaracha) e incluso hay un momento que resulta un símil sacramental evidente (no quieran saber con qué). Sin olvidar el metafórico descenso a los infiernos y posterior “salvación” de la señora G.H.

            Todo esto contado de una forma algo reiterativa y hasta redundante, a pesar de la brevedad del libro. Bien es cierto que seguramente la autora buscaba de esta manera que el lector fuera tomando conciencia de una forma paulatina del proceso que se está produciendo en la conciencia de la protagonista.  También es innegable que Clarice Lispector escribía muy bien y de hecho, su voluntad de buscar los límites de las posibilidades del lenguaje proporciona momentos de una indudable excelencia literaria. Lástima que queden un tanto diluidos por una narración que a veces resulta tan agónica como el final de la propia cucaracha.

            Un libro, de todas formas, cuya lectura resulta interesante y hasta fascinante en algún momento. Eso sí: siempre que nadie se confunda con lo que se va a encontrar.

También de Clarice Lispector: Felicidad clandestina