martes, 11 de marzo de 2014

Colaboración: La casa de hojas de Mark Z. Danielewski (Primera aproximación)

Idioma original: Inglés.
Título original: House of Leaves
Año de publicación: 2000
Valoración: Imprescindible.

Es curioso que una de las obras más mencionadas en las listas literarias del 2013 en España se publicase en su idioma original en el año 2000, habiendo sido una de las obras de culto en los EE.UU. Gran parte de su importancia se debe, sin duda, a su complejidad como objeto cultural. Los juegos con la tipografía, la creación de figuras mediante la disposición de las palabras en las páginas además de un gran entramado intertextual la convierten en una  obra muy atractiva. Y es por eso que hay que agradecer a Javier Calvo la traducción y a las editoriales Alpha Decay y Pálido Fuego la edición y el haberse aventurado en tal empresa.

En Casa de Hojas Danielewski utiliza el clásico recurso de objeto encontrado. Johnny Truant es un joven que malvive en Los Angeles entre fiestas, drogas y chicas. Todo cambia cuando llega a sus manos el manuscrito de Zampanò, un viejo ermitaño que trabajaba en la edición crítica definitiva del "Expediente Navidson", una película tan misteriosa como underground. El filme fue grabado por Jim Navidson, un fotógrafo de guerra que solicitó becas artísticas para instalar un complejo sistema de vídeo en su nueva casa en Virginia con el objeto de filmar el proceso de cómo él, su esposa Karen (quien edita la película) y sus dos hijos llenan de vida el lugar al que se han mudado. Todo bien hasta que una puerta aparece donde hasta entonces no había más que pared. Todo bien hasta que la misteriosa puerta lleva a un pasillo, y después a otro y ad infinitum. Volviendo a Truant, su vida da un giro y se vuelca en la edición del manuscrito - añadiendo sus propias anotaciones. Nacen de ahí las dos historias que conforman Casa de hojas: por un lado el análisis de la película filmada por Jim Navidson que hace Zampanò y por otro las vivencias angelinas de Johnny Truant.

Conviene detener la crítica de la novela para explicar que el entramado metanarrativo de Casa de hojas  se erige en varios niveles. Desde el nivel de la película grabada por Navidson (1), pasando por el manuscrito de Zampanò (2) y por la labor de editor y escritor (al sumar sus vivencias al manuscrito de Zampanò) que hace Johnny Truant (3) - y a este sistema podría añadírsele algún nivel más debido a lo enrevesado de la obra.

La novela es demasiado compleja como para hacer aquí un análisis exhaustivo de su contenido. Incluso su propio autor se encargó de introducir códigos en el texto y abrir hilos en foros de Internet para discutir sobre ellos. Empero, no está de más destacar la formación cinematográfica de Danielewski para, mediante la invocación de Andrei Tarkovsky, hablar dos de los temas clave en Casa de hojas. Para empezar existe la casa, una mansión encantada que funciona mediante sus propias reglas, una entidad otra (Solaris) con la que la interacción no ocurre en términos comprensibles por la mente humana. Se dispara así un mecanismo de fascinación por lo otro, la necesidad de conocer más sabiendo que el objeto de estudio es incomprensible.

Por otro lado, tenemos el mito del laberinto (Stalker) recuperado en los diversos laberintos que se forman en la novela. El más obvio es el que se abre en las entrañas de la casa de Navidson, aquel que es explorado sin poder llegar a ser cartografiado y que como todas las estructuras de su tipo contiene uno o varios minutaros. Pero existen también los laberintos figurados, como la literatura académica que rodea la interpretación del "Expediente Navidson" con todas las teorías y escuelas posibles: marxista, feminista, psicoanalítica, queer, ecologista, etc. Resumiendo, la academia es un laberinto del que se ríe Danielewski a la vez que se sirve de ella para explicar gran parte de su simbología.

Se trata de un mito acertado para completar un texto postmoderno como el de Danielewski. Porque la leyenda de Teseo representa el sujeto postmoderno a la perfección. Y así ocurre con Truant. Cuando no está perdido en el laberinto urbano de Los Ángeles, sin referentes con los que consolidar una identidad no esquizofrénica más allá del consumo de sustancias y de emociones efímeras, se encuentra perdido en un laberinto de información que se abre con el manuscrito de Zampanò.  Sin los referentes académicos necesarios, este proceso de edición se convierte para Truant en una tarea titánica que lo extravía hasta el punto de enclaustrarlo en casa o convertirlo en víctima del pánico, imaginando que un monstruo lo persigue. De nuevo, el Minotauro.

El laberinto último no es otro que el libro en sí. La arquitectura es su tipografía, sus diversas citas y notas a pie de página, sus juegos de maquetación y sus códigos; el lector es el Teseo que la novela consigue atrapar hasta convertirlo en Minotauro.

Firmado: Paulo Kortazar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi creo que se me escapa algo de este libro. No sé, me da la sensación de que no he descubierto algo más que lo haga digno de la etiqueta "imprescindible". La historia de la casa está genial, me parece un argumento muy interesante y que te atrapa, pero la historia de Truant me sacaba de la historia (me imagino que es algo buscado al 100% por el autor, pero no me convence). Por otro lado, los efectos de las letras, los cambios de sentido y las 150 páginas con tres lineas así como las notas a pie de pagina tiene gracia un rato, pero luego cansa. Para mi es un libro interesante en el mejor de los casos.

Un saludo.

Paulo Kortazar B. dijo...

Respecto a las etiquetas de esta página, yo no me las tomo al pie de la letra. Entiendo que decir que este libro es imprescindible es cuando menos discutible. A mí no me lo parece en el sentido literal de la palabra. Ahora, tampoco recomendaría muchos libros que he calificado como muy recomendables. Quiero decir que para mí es un libro sobresaliente y que me he servido de la etiqueta disponible en este blog que mejor se ajusta a tal descripción.

Estoy de acuerdo en lo de Truant. Se hace largo. Pero en general me quedo una muy buena impresión del conjunto

izas dijo...

Yo calificaría está obra como muy recomendable y no imprescindible, pero en lo demás estoy de acuerdo con Paulo. Creo que es un librazo, aunque entiendo que haya a quien le resulte pesado (pues sí, hay muuuuuucha información que procesar).

Anónimo dijo...

A mí me ha parecido entretenido en varios pasajes, especialmente los que contienen todo lo referente al relato del Expediente Navidson. Pero al mismo, tiempo he de confesar que muchas veces sentía que me estaban tomando el pelo. El capítulo IX, "el laberinto", sin ir más lejos, está concebido para cabrear al lector. Además de ser hiperpedante, tedioso, cansino y no tan esclarecedor como pretende, es un bulto al que le sobra mucha palabrería hueca y absurda.
Por otro lado, las intervenciones de J. Truant son en ocasiones tan "stream of consciousness", que acaban perdiéndose y enredándose en una madeja psicológica tan mareante como una noria a gran velocidad. Todo ello hacía que llegara a detestar a Truant y no sentir mucha empatía con él, la verdad. Si el autor pretende mostrar su subconsciente, lo consigue. Lo que no tengo tan claro es si también persigue que yo le entienda en muchos momentos.
A pesar de todo esto, es una lectura muy recomendable porque dudo que existan muchos libros en los que su lectura se asemeje a deambular por un espacio eterno y oscuro, como sí consigue Danielewski en la que, creo, es la parte más lograda de su creación.
La Casa de hojas es Ciertamente un desafío a la paciencia y la inteligencia.