miércoles, 12 de marzo de 2014

Mark Z. Danielewski: La casa de hojas (Segunda aproximación)

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2000
Título original: House of leaves
Traducción: Javier Calvo
Valoración: El libro, imprescindible
La novela básica, muy recomendable
El texto íntegro, recomendable, con ciertas reservas

Objeto

Que dos editoriales de prestigio se alíen para acometer la publicación de una novela ya es relevante. Que el traductor sea un brillante escritor como Javier Calvo eleva el listón, cosa que la elección como maquetador de otro novelista, Robert Juan-Cantavella no hace más que confirmar. Pues no debe haberles causado dolores de cabeza, desde la cuestión de mostrar en azul todas las veces que aparece la palabra casa, (bien en inglės bien en español), hasta la compleja estructura de los textos que aparecen como especies de poemas visuales. Todo muy impactante, advirtiendo al lector casual de que ése no es un libro cualquiera. Novela experimental y maquetación meticulosa. Arma de doble filo:  todo eso puede descender a la condición de atrezzo o de parafernalia o de envoltorio si luego lo literario no acompaña.

Terror

Más de una vez he comprobado escéptico como
 un libro definido como hilarante a mí no me ha provocado
 ni media sonrisa. Pues qué voy a pensar,
cuando se define como escalofriante o se otorga
un calificativo instantáneo de clásico del terror.
Espero levantarme a comprobar que la puerta está cerrada mientras lo leo o
espero soñar con ectoplasmas de pie delante de la cama o
espero levantar la vista si oigo un crujido en la terraza.
Que esta generación ya se toma a chirigota a todos
 cada uno de los monstruos clásicos
(desde el hombre lobo hasta Chucky o Freddy Krüger)
y que el verdadero terror ya lo tenemos viendo las noticias.
Que estamos curados de espantos.
Por tanto, cuidado con las expectativas que se generan,
expectativas que se materializan cuando
la primera hoja del libro contiene una decena de opiniones entusiastas,
y se nombra a King,
a Foster Wallace,
a Pynchon.
Que, ojo, no son todos, o no lo son declaradamente, escritores del género.

Pero

Al final, claro, uno debe despojarse de todo prejuicio, y leer el libro. Y juzgarlo por su esencia, si ello es posible entre tanto factor colateral (añadamos que ya ha salido en listas de lo mejor del año y ya se han publicado multitud de reseñas). Hace unas líneas que he mencionado a DFW. Las notas al pie, con numeración que alcanza los tres dígitos, con extensión que obliga a dejar migas de pan por el camino. Las tramas paralelas, los textos adicionales, todo un reto para el lector estajanovista que no quiere perder detalle. Esto sería el equivalente de esas ediciones especiales de películas que acaban llevando todo tipo de material. ¿Seremos capaces de deglutirlo todo o vamos a contentarnos con lo básico? ¿Hay muchos escritores capaces de mantener en vilo a sus lectores por más de 700 páginas? Obviamente (y más si al final este blog acepta mi propuesta y se publican aquí otras reseñas de este libro) habrá opiniones, y muy fundadas, para todos los gustos. Sí, ciertas partes aportan poco o nada al conjunto. Sí, los desvaríos (listas, citas inventadas, textos en otros idiomas) parecen no sumar. A pesar de lo cual, yo no quiero reivindicar una casadehojasfacildeleer. Si Danielewski lo concibió así yo no voy a enmendarle la plana.

Para eso están las novelas experimentales.

Pero el relato paralelo, el que discurre casi íntegro en las notas a pie, el de Johnmy Truant (empleado en un taller de tatuaje - guiño gótico/postmoderno) no tengo muy claro si complementa o interfiere, con su tono irreverente, carnal y asilvestrado, el desarrollo más convencional, más clásico, del Expediente Navidson, centro, este sí, absoluto de la obra, novela, esta sí, brillante, casi arrebatadora, impecable en su construcción, su tempo y su desarrollo. Pero, ensombrecida o enturbiada o estorbada por un exceso de información colateral que una primera lectura (al menos la mía), no manifiesta como necesaria, o al menos no justifica esa extensión y ese (estoy seguro que voluntario) caos visual que condiciona (alguno. más de uno, dirá lastra) la lectura.
Algunos dirán: y de qué manera.
Otros dirán, no, el centro de la novela es todo lo que rodea al Expediente Navidson.

Meollo

Will Navidson (Navy, fotógrafo de éxito con un hermano gemelo) y su esposa Karen (ex-modelo con problemas varios de personalidad) adquieren una casa a la que van a vivir con sus dos hijos, de cinco y ocho años. Allí pasan cosas raras e inexplicables para cuya (resolución? investigación?) piden ayuda a especialistas.
Lo cual no deja de ser una de esas viejas historias de aventurarse en lo desconocido.
Llena de oscuridad, pero acorde con los tiempos que corren.
Lovecraft, Clarke, Poe, Verne.

Fin del meollo.

Y no es que ello sea tan sencillo. Sin anticipar acontecimientos, sin ser tan bruto, sí que diré que el fenómeno editorial lastra (sí, ahora empleo la palabra), porque precondiciona y pone en alerta. El exceso y la saturación acaban desluciendo el conjunto, sobre todo si uno tiende a leer al uso convencional.



Aquí he dejado una enorme grieta que todo lo justifica, claro.




 En este mundo tan global (que estoy seguro que Danielewski satiriza con el aluvión de información presente, hasta con cómo estructura esta presencia), sólo un anacoreta llega a la lectura de La casa de hojas sin algo parecido a una predisposición o a un prejuicio.

Conclusión               algo                   (o                       bastante)                                                   frívola

Y aquí debo reconocer suscribir la opinión de Tongoy: mola tener este libro en el estante y enseñarlo a las visitas y mostrarles su trabajado capricho visual, y explicarles por encima la historia (véase Meollo) y su enorme repercusión y su potencial influencia.

Cómo puede uno no jactarse de tener este libro.
Igual, me temo, mola más tenerlo que el puro hecho de leerlo.

4 comentarios:

Paulo Kortazar B. dijo...

Una crítica muy Truant. Respecto a lo de tenerlo más que leerlo, pues no sé qué es mejor - y eso ya dice algo. Creo que en las etiquetas (imprescindible, etc.) has acertado más que yo. Y aprovecho tus palabras para contestar a una opinión del redactor de ULAD Santi: leerlo no es imprescindible, pero el libro debería estar en todas las bibliotecas.

Anónimo dijo...

Un comentario genial, enhorabuena!!

Ian Grecco dijo...

Guau... Qué reseñas tan buenas, ¡y qué ganas de leerme este libro!

Francesc Bon dijo...

Gracias por los comentarios. Creo que todo el mundo debe darle una oportunidad a este libro y disponer de su propia opinión.