martes, 4 de abril de 2017

Enrique Vila-Matas: Mac y su contratiempo

Idioma original: español
Año de publicación: 2.017
Valoración: Muy recomendable

Nunca había leído un libro de Enrique Vila-Matas (me había asignado el neologismo ‘neófito vilamático’, pero era quizá demasiado esdrújulo), y hacía siglos que no acudía a la presentación de un libro. Pero los planetas se alinearon debidamente, Enrique publicó su última novedad, leí el libro y de inmediato me entero de que lo va a presentar aquí, muy cerquita de casa.

Somos unas sesenta personas, puede que algo más, en una sala de la Biblioteca municipal de Bidebarrieta (Bilbao), antigua sede de la Sociedad El Sitio. Es un escenario solemne, un recinto con cierto aire rancio, y mientras esperamos ponen música clásica. Detrás de mí se ha sentado una señora (bueno, intuyo que es una señora) que jadea sin cesar tras haber subido las escaleras hasta este primer piso. Son apenas dos docenas de escalones, pero mi vecina debe ser bastante mayor, lo mismo que casi todo el resto de la concurrencia. Vamos, que me siento como un chaval rodeado de carcamales, algunos, eso sí, con un look intelectual muy marcado.  Me traigo conmingo el ejemplar del libro con la intención de que el autor me lo firme, aunque me da mucha vergüenza.

Llega EVM con aspecto algo intimidante, cuerpo compacto, expresión inexcrutable y bufanda, aunque hace cerca de 18º C. Le acompaña la conductora del acto, que comienza claramente nerviosa y con la adulación esperada hacia el artista. Mientras dice algunas generalidades, voy intentando ordenar en mi cabeza las principales sensaciones que me había transmitido el libro. Quizá la más notable es que se trata de un libro sumamente inteligente en el que, bajo la forma de una prosa sencilla y un argumento mínimo, se construye todo un repertorio de elementos de diferentes tamaños, que interactúan entre sí, asoman y no siempre sobreviven.

Hago memoria del relato, muy a grandes rasgos: Mac es un tipo maduro que se ha quedado en paro y –al parecer, libre de problemas económicos- decide dedicarse a escribir. Un poco por casualidad, repara en un libro mediocre escrito por su vecino Sánchez, autor más o menos conocido, y se muestra decidido a reescribirlo. El atento repaso que Mac hace del libro sirve para explorar en el mundo de los cuentos y en el del propio proceso creativo, y cuando se pone a la tarea de su nueva versión, se encontrará con una de las interferencias a las que me refería, en este caso, entre ficción y realidad.

La conductora de la presentación del libro ya parece haber encontrado algo más de aplomo, y plantea precisamente uno de los aspectos más interesantes: la movilidad entre géneros. En realidad, Mac está escribiendo un diario, que de ninguna manera quiere que se convierta en novela, por lo que desearía que no le ocurra nada interesante. Pero la realidad termina por imponerse, y quiera o no se ve obligado a incorporar algunos episodios digamos novelescos. Por otra parte, el libro que quiere reescribir está constituido por varios cuentos, dispersos aunque con un hilo conductor, y las reflexiones de Mac dan pie a que vaya deslizando en su diario párrafos enteros sobre la creación literaria, la repetición o el estilo de otros autores, materias que recaen claramente en el ámbito del ensayo. Con todo ello se construye un apasionante entramado de relatos dentro de relatos, realidad fundida con ficción, diario, novela, cuento y ensayo, todo manejado con maestría y humor, ágil y bien dosificado. Todo fluye con naturalidad aunque vayan quedando algunos cabos sueltos.

Desgraciadamente, ni la presentadora ni el propio Vila-Matas se detienen mucho sobre la mezcla de géneros y las simetrías entre conceptos, que me parece lo más atractivo del libro. Pero, a propósito del humor, advierto que ella subraya cómo se ha reído ‘a carcajadas’. Parecía inevitable, porque en la faja del libro también se habla mucho de lo divertido que es, y creo que es Eduardo Mendoza el que también lo destaca. Sinceramente, a mi me ha parecido que, como decía antes, la novela está teñida de un humor fino, que a veces hace sonreir, pero de ahí a las carcajadas… Bueno, será que ando un poco huraño últimamente.

En lo que sí se detiene la conductora un par de veces es en el tema de la autoficción. Yo creo que era para buscarle un poco las cosquillas a Enrique, que este elevara tal vez el tono e hiciese vibrar un poco al público con algo de polémica. Y en efecto, el autor se muestra algo molesto de que siempre metan sus libros en el campo de la autoficción, se extiende en la definición teórica del concepto y admite su encaje únicamente en una de sus obras (creo que es 'París no se acaba nunca'). Pese a todo, de un par de anécdotas que cuenta acerca de ‘Mac y su contratiempo’ sí parece deducirse que al menos una parte puede identificarse con lo que habitualmente designamos con el dichoso término. Pero bueno, creo que es una polémica un poco boba, que al lector le importa más bien poco.

Tampoco parece que la haga mucha gracia a EVM que una señora –muy entrada en años, con una maravillosa gorra que le da un aspecto parisino- ponga en cuestión su atrevimiento para alterar frases célebres. Enrique le responde –ya digo, un poco incómodo- defendiendo su derecho a adecuarlas a su propio texto, y divaga un poco sobre las digresiones que el propio libro contiene en torno a la repetición, las diferencias o el ‘lector creativo’.

La verdad es que yo llegué con la intención de cuestionarle el hecho de que, cuando alcanza digamos cierta cima argumental, cuando uno supone que llegaría un desenlace poderoso, el libro parece desinflarse un poco, deslizarse con poca vida hacia el final, y tomar un derrotero que a mi me parece no demasiado seductor. Pero, claro, aparte de incurrir de alguna forma en espoiler (casi aseguraría que yo era el único de los presentes que había leído el libro), me pareció una descortesía lanzar al autor algo parecido a una crítica en sus propias narices, o forzarle a justificarse en la propia presentación de la obra. Y además, hubiese sido bastante injusto, porque esa parte final tan tenue es lo único que no me ha convencido del todo. El resto me parece –creo que ya lo he dicho- un libro inteligente, muy hábilmente construido, valiente a la hora de saltarse géneros literarios, lleno de reflexiones interesantes y bien colocadas en un envoltorio aparentemente simple, y agradablemente irónico… aunque no llegue a la carcajada.

Así que al final prevaleció mi deseo de que don Enrique me firmase tranquilamente el libro y se fuese para Barcelona sin que nadie la incordiara, le hice una pregunta más bien neutra (aunque yo creo que era interesante y evidente, y a la conductora no se le había ocurrido), y me fui a llevarle mi ejemplar para que me hiciese el dibujito chulo habitual. ¡Y yo que siempre creí tener alma de periodista!

Todas las reseñas sobre Enrique Vila-Matas en ULAD: aquí

9 comentarios:

Gabriel Diz dijo...

Carlos me ha parecido una gran crónica. Felicitaciones

Anónimo dijo...

Qué le preguntaste?

Anónimo dijo...

Buena crónica, y buena reseña. Quizás esa obra sea un buen punto de entrada a Vila-Matas, yo tenía en lista de espera "Kassel no invita a la lógica" pero había leído un par de reseñas que lo pintan poco más o menos como un tostón, y uno anda falto de tiempo y con las lecturas acumulandose...

Sir Robin.

Carlos Andia dijo...

Ante todo, disculpas por el retraso en la respuesta (esto de quedar 'desconectado' en un mundo digital es peor de lo que parece)

Anónimo-1, tu pregunta me deja descolocado. Justo ayer eché un vistazo para ver cómo había quedado la crónica-reseña y cuando llegué a la parte final me dije ¿pero qué demonios es lo que le pregunté? Creo que era algo en torno a las simetrías entre personajes que aparecen en el libro, pero sinceramente no me acuerdo bien. En mi descargo diré que hace cosa de un mes que tuvo lugar la presentación, y que tuve que improvisar algo diferente de lo que llevaba pensado, lo que puede explicar mi olvido. Eso, o que uno es más estúpido de lo que creía. En todo caso, si puedo acordarme con más precisión, lo pondré en otro comentario.

Respecto al resto de la obra de Vila-Matas, ya he confesado que no la conozco, pero seguro que mis compañeros de blog pueden hacer alguna aportación interesante.

Muchas gracias a los tres por participar y por vuestras amables opiniones.

Rosa guardia sastre dijo...

Dé tostón Kassel nada. Otro libro buenísimo, creo yo.

Carlos Andia dijo...

Bueno Sir Robin, ya tienes una opinión para ir organizando tus lecturas 'vilamáticas'.

Gracias por tu aportación, Rosa.

Sir Robin dijo...

Gracias Rosa, lo tendré en cuenta. Ese libro me atraía porque entiendo que está relacionado con el mundo del arte, y más aún d arte contemporáneo, tema n el que no ando muy ducho pero que me fascina.

Sir Robin

Carlos Andia dijo...

Aunque no tenga mucho que ver con el libro reseñado -más bien nada-, sobre ese tema está muy bien 'Historia del arte moderno' de Norbert Lynton. Es un libro sencillo y ameno, con muchas ilustraciones, cuyo único defecto es que sólo llega hasta los años 60.

Saludos!

Carlos Andia dijo...

A cuenta de otro tema, acabo de leer la reseña (o contrarreseña) de Santi sobre 'Kassel no invita a la lógica' http://unlibroaldia.blogspot.com/2015/08/contrarresena-kassel-no-invita-la.html. Y me ha llamado la atención que algunos (o muchos) de los materiales literarios que Santi cita como habituales en Vila-Matas se encuentran también en 'Mac y su contratiempo'. Llego entonces a la posible conclusión de que lo que yo definía como un final poco seductor, fijando la atención en el desenlace de la novela, es quizá lo mismo a lo que creo que se refería Santi: tenemos una fusión de ingredientes heterogéneos, eso sí, muy bien construida y aderezada, que sin embargo no termina de constituir un edificio del todo coherente.

Como ya he dicho, al ser mi primer Vila-Matas no tengo elementos de juicio para llegar a la valoración que hacía Santi desde un punto de vista global, sobre la obra en su conjunto, así que me limito a recoger la idea como punto de discusión.

Saludos!