martes, 11 de abril de 2017

Stig Sæterbakken: A través de la noche

Idioma original: noruego
Título original: Gjennom natten
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun y Øyvind Fossan
Año de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable

En un mundo literario como el actual, con novedades que se suceden de forma continua y envueltas de grandes promociones, sorprende que aún haya joyas por descubrir, que prácticamente hayan pasado desapercibidas y no estén magnificadas por los medios. Ocurre pocas veces, acontece de forma muy puntual, pero cuando sucede, te genera un sentimiento de alegría interior, controlada y que disfrutas íntimamente. El pequeño, pero no menospreciable placer, de encontrar algo casi inaudito. Esto es lo que ocurre con la publicación de esta novela de Stig Sæterbakken, primera traducción al castellano de la mano siempre hábil de Kirsti Baggethun (que ya tradujo previamente escritores noruegos de la talla de Hamsun, Carl Frode Tiller y el mismísimo Knausgaard).

Muy al estilo "knausgaardiano" (¿existirá ya este término?), en este libro Sæterbakken nos narra la historia de Karl Meyer, quien de forma honesta, triste y descarnada nos cuenta ya en un primer magnífico párrafo que su hijo Ole-Jakob está muerto. La forma en que lo explica, cómo lo vive y lo transmite ya nos indica que los sentimientos y el dolor están muy presentes. Y nos describirá cómo siente la pérdida sin edulcorarlo, sin endulzarlo, lo hará con el corazón aún compungido y una falta de aliento descontrolada que la angustia y el desaliento por la pérdida le provocan. La tragedia envuelve a Karl arrastrándolo a un abismo emocional y él nos arrastra hacia ese abismo hasta poder sentirlo, como se puede apreciar en el primer párrafo de la novela:

«La tristeza llega de muchas formas distintas. Es como una luz intermitente que se apaga y se enciende. Está ahí y es insoportable, porque es imposible tenerla ahí todo el tiempo. Te llena y te vacía. Mil veces al día se me olvidaba que Ole-Jakob había muerto. Mil veces al día, de pronto, lo recordaba. Y ambas cosas me resultaban insoportables. Olvidarlo era lo peor que podía hacer. Acordarme de él era lo peor que podía hacer. Era una sensación de frío que iba y venía, pero nunca de calor. Solo había frío y ausencia de frío. Era como estar de espaldas al mar. Se me helaban los talones cada vez que una ola rompía sobre ellos. Luego la ola se retiraba. Luego volvía.»

Así, con este primer párrafo brillante, el autor ya nos adelanta que el libro tratará sobre el dolor y la pérdida, sobre las decisiones tomadas, sobre quién somos realmente y por qué hacemos aquello que hacemos, aún y a sabiendas que probablemente no sean buenas elecciones. Hay aflicción, hay tormento, hay tristeza mezclada con momentos de euforia, hay descontrol y hay remordimientos. Hay mucha vida ahí, con episodios de entusiasmo en su parte más alegre, pero con muchos momentos de lo que es su parte menos bonita pero que de igual manera constituye nuestro ser. Y sí, como ya sucede con Knausgaard también hay cotidianidad, porque por mucho que intentemos ocultarlo, por más que intentemos luchas contra rutinas, es lo que ocupa la mayor parte de nuestra vida y no tiene sentido escribir un libro basado en la vida de una persona obviando que existe esta parte. Pero el autor sabe condensarlo, no necesita un gran número de páginas para detallarnos el escenario ni la personalidad de Karl, va directo al grano y pone el énfasis en la herida, donde la pérdida aún escuece, y donde la causa asoma y asusta. Stærbakken va directo al grano, no se anda con rodeos al expresar sus intenciones de forma análoga a como sentimos. Nuestros sentimientos llegan sin avisar y nos impactan de forma directa. El autor hace lo mismo al narrárnoslo para que lo sintamos de la manera más real posible.

También es cierto que el libro tiene alguna parte menos lograda, al menos así lo parece cuando uno llega a ella. Superada la primera mitad, de un nivel realmente elevado, hay cierto giro en el estilo que uno comprende cuando termina el libro. Así, ciertos tramos de la novela pueden confundir al lector donde se aprecia claramente ese cambio de registro, acercándose a las novelas de terror. Pero, aun así, el autor sale airoso también en esta parte llevando la oscuridad íntima al terreno físico, estableciendo un vínculo de forma muy lograda para llegar a un gran final donde todo encaja.

Aún días después de terminado el libro y siguiendo impactado por su lectura, constato que tenemos en nuestras manos un libro que debería dar que hablar y ser la primera de muchas traducciones de este autor al castellano. La calidad de la prosa y la visceralidad de las emociones sugieren que el resto de la obra no debe quedar en el olvido si amamos la buena literatura. Y mientras no llegue, tomemos aire y recuperémonos del viaje vital al que nos ha arrastrado Sæterbakken.

14 comentarios:

Sandra Suárez dijo...

El párrafo reproducido es una invitación a leerlo. A menudo pienso que las críticas deberían sustituirse por la reproducción de una parte del libro. Los posibles interesados se sentirían a menudo tentados a leerlo, como me ha ocurrido a mí con el fragmento transcrito.

Anónimo dijo...

Mortal y rosa, La hora violeta...

Ya son muchos los libros sobre la pérdida de hijos no?

Marc Peig dijo...

Gracias Sandra. Coincido contigo en que este párrafo invita a la lectura del libro y despierta interés. En algunas de las reseñas que he publicado en ULAD incluyo algun fragmento o frase si la calidad de la escritura es algo que destaco especialmente del libro (recuerdo "Entre el mundo y yo" o "El bar de las grandes esperanzas" como caso en los que así lo he hecho). En mi caso, la lectura de este párrafo también me despertó la curiosidad.
Muchas gracias por leernos y por comentar las reseñas, que siempre enriquecen el blog y, en el fondo, nos enriquecen a todos.
Saludos
Marc

Marc Peig dijo...

Hola Anónimo. He revisado los libros que mencionas y sus respectivas reseñas son de hace ya unos años pero, de todos modos, el tema de la pérdida de un ser querido (esposo/a, padre, hijos, etc) es algo que podemos encontrar fácilmente en la literatura pues toca un punto muy frágil de nuestro interior y, por tanto, es fácil que escribir sobre ello impacte al lector y nos deje marca. Probablemente este tipo de libros son más difíciles de olvidar y, si están bien escritos, nos dejen un recuerdo durante bastante tiempo.
Gracias por el comentario, y por leernos.
Saludos
Marc

Gabriel Diz dijo...

Buenas,

Acerca de la reiteración de la temática muerte/duelo por un ser querido se me ocurre preguntar si hay algo escrito acerca de la muerte como liberación, tanto para los familiares como para la persona....

Marc Peig dijo...

Interesante tema, Gabriel. Le daré una vuelta a ver qué se me ocurre (sin caer en "spoilers"). Si alguno de mis compañeros o lectores del blog tiene aportaciones, ¡bienvenidas serán!
Saludos y gracias por leernos y comentar.
Marc

Rochester dijo...

"Mejillones para cenar" de Birgit Vanderbeke. Creo que os puede servir para abrir boca, tanto a Marc como Gabriel.

Marc Peig dijo...

Muchas gracias, Rochester, por tu aportación, y por leernos. Tomo nota.
Saludos
Marc

Rochester dijo...

De todas maneras, sí que hay ALGO escrito acerca de la muerte como liberación, tanto para los familiares como para la persona..."La metamorfosis" de Franz Kafka.

Anna dijo...

Alerta de spoiler:
La muerte como liberación también está presente en "Un artista del mundo flotante" de Ishiguro, al final; pero se pierde con la traducción y es una lástima porque me parece que es el auténtico tema de la novela.

Marc Peig dijo...

Muchas gracias, Rochester y Anna por vuestras aportaciones. Yo añadiría al padre de Knausgård en "La muerte del padre" y la abuela de la pequeña Caitlin en ”Acuario" de David Vann aunque en este último caso, si bien no participa en la novela, sí supuso una liberación para su hija (y madre de Caitlin). Ambas novelas están reseñadas en el ULAD.
Saludos y gracias por leernos
Marc

El Puma dijo...

Siguiendo con las muertes liberadoras, agregaría (no recuerdo exactamente en cuál de ellas) la novela de la serie Wallander donde muere el padre del protagonista, ese extraño anciano que pintaba siempre el mismo paisaje, con o sin el urogallo.

Un extraordinario Henning Mankell que también retrata con maestría la muerte de una anciana en Zapatos italianos.

Y para quienes gusten del cine, recomiendo la película "Madre e hijo", de Alexander Sokhurov. Conmovedora y fascinante.

Franco Ql dijo...

POR FAVOR,amigos, pueden pasarme la novela en PDF, lo nesecito. No puedo descargarlo.

Marc Peig dijo...

Hola, Franco QI. En ULAD no hacemos esta clase de cosas. Posiblemente puedas encontrar el libro en alguna bilbioteca pública.
Saludos
Marc