martes, 25 de abril de 2017

Mónica Ojeda: Nefando

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

El panorama de la literatura en español está generando una situación que empieza a resultar desagradable. Por los motivos que sean, el conjunto de la opinión parece incapaz de evitar una constante polarización, y ello se traduce en que nadie puede irrumpir de manera discreta sin estar expuesto a un juicio visceral, a esa especie de ruleta rusa que consiste en ser apoyado o rechazado en función de ciertas opiniones de peso que se enmarcan, que alguien me confirme que no es así, en redes de intercambios de favores de las cuales solo sale perjudicado el lector, al que se le niegan opiniones intermedias y matizadas. No moderadas, que eso es como el cava tibio, sino aquello que los anglófilos llamarían mixed. Y Nefando es un libro que, particularmente, encuentro injusto valorar en esa escala tan simplista que solo conoce obras maestras o rollos infumables. Nefando es una buena novela que revela que la autora es capaz de hacerlo mejor en un futuro no demasiado lejano.
Ese mejor no tiene un tono detractor. Nefando, en su afán de golpear al lector, se disgrega en algún punto hacia demasiados lugares a la vez, como queriendo cerrar todos los conductos de salida, y es innegable que sus partes más brillantes cuentan con aspectos perturbadores, y que es una novela que no tendría sentido en una sola línea, pero Mónica Ojeda ha apostado por combinarlas.
Seis jóvenes de distintos orígenes coinciden en un piso de estudiantes en Barcelona. Tres de ellos son hermanos. Otro de ellos, un joven mexicano que se autolesiona con fruición. Y el creador de un juego alojado en la deep-web. Los tres hermanos arrastran un terrible pasado de abusos. Está claro que la pólvora de ese ambiente ha estallado. La narración pasa por los testimonios de cada uno de los ocupantes de la casa. En pasado, y una de las  voces dice haber respondido a los policías. Diversos narradores, saltando en el tiempo, párrafo presentando nombre, fecha, ubicación: la deuda con el Bolaño de la segunda parte de Los detectives salvajes es clara, y aún se rendirá otro homenaje. La fría relación de abusos pederastas, dos incómodas páginas, es un guiño a La parte de los crímenes de 2666.
Nefando hubiera sido mejor enfocada en una sola de sus historias. Resulta interesante pero desprende cierta sensación de urgencia, de premura por abarcar situaciones potencialmente incómodas para el lector, como si la perturbación fuera uno de sus objetivos preferentes. Lo cual es loable, aunque algo visto en estos tiempos.

2 comentarios:

Manolo Benet dijo...

Teniendo en cuenta que según leo la escribió en tres meses, parece un registro muy prometedor para las siguientes.

Francesc Bon dijo...

De hecho, su autora ya ha sido incluida en una lista de autores prometedores por debajo de los 40. Creo que puede progresar. Gracias por el comentario.