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jueves, 10 de septiembre de 2026

Colaboración: La reina Margot, de Alexandre Dumas

Idioma original: Francés

Título original: La reine Margot

Traducción: Elena Real y Dolores Jiménez

Año de publicación: 1845

Valoración: Decepcionante 


En verano es cuando más me apetece leer novelones decimonónicos – o quizás debería decir que es cuando único es realista ponerme a ello, puesto que es cuando tengo la calma y la concentración para embarcarme en la tamaña empresa que es leer un libro de tropecientas páginas escrito hace más de cien años. 

Este año le ha tocado el turno a La reina Margot, de Alejandro Dumas padre (me van a perdonar, yo soy de la generación en que se traducían los nombres de los grandes de la literatura, como si fuesen miembros de casas reales – que curiosamente se siguen traduciendo – y por lo tanto leí a Julio Verne y a León Tolstoi – aunque también a Charles Dickens y a Gustave Flaubert, hum, quién sabe qué aleatorios mecanismos llevaban a traducir a algunos y dejar en su idioma a otros… ) En fin, que me enredo. ¿Será por venir de leer este libro? Porque la verdad es que es un enredo tremendo. 

La reina Margot es una novela histórica, donde acontecimientos reales se mezclan con elementos ficticios.  Se centra en un episodio de la vida de la mujer que le da título, aka Margarita de Valois, hija de Catalina de Médicis y el rey francés Enrique II, destinada a convertirse en reina de un país donde el auge del Protestantismo está creando fuertes tensiones. Para paliar esas tensiones, a Margarita la casan con otro Enrique, Enrique de Borbón, rey de Navarra, criado en la fe protestante pero que acabará bautizándose católico. La boda, sin embargo, termina por ser uno de los detonantes de la matanza de San Bartolomé, en la que la población católica asesinó a miles de hugonotes, esto es, protestantes franceses. La novela cubre los días justo antes de la boda (y por ende, de la matanza) y los meses posteriores, y se ocupa fundamentalmente de los amores extramatrimoniales de la reina Margot, que se queda prendada de un hugonote, y los tejemanejes de la corte, encabezados por la madre de la reina. 

La trama, a mi parecer fascinante, no está bien aprovechada. Hay buenas escenas de acción, como es frecuente en el autor, pero las personalidades y las motivaciones de sus protagonistas están muy simplificadas, con lo que acaban resultando bastante planos: Margot es guapísima y buenísima, Catalina es también guapísima pero malísima, el hugonote de la reina es nobilísimo y su amigo fidelísimo, el rey es aburridísimo, etc. etc. No hay medias tintas. De modo que la realidad del período, de gran dramatismo y complejidad, queda como un decorado de cartón, y los personajes históricos, que no son todos, pero los que son tienen mucho jugo, parecen marionetas en un teatro infantil. Difícil conectar y mantener el interés a través de las más de 700 páginas del libro. 

Esperaba más del grande Dumas, autor de aventuras tan divertidas como las de los Mosqueteros, y también de material profundamente introspectivo, casi filosófico, como El Conde de Montecristo. Las comparaciones son odiosas, lo sé, pero es que La reina Margot es… un rollo. 

¿Vale la pena leer la novela? Yo diría que, si uno tiene curiosidad por la historia de Francia y disfruta con la prosa de Dumas, sí, vale la pena. Ahora, yo no lo hubiera hecho si hubiera sabido el tipo de lectura que me iba a proporcionar. Y esto lo digo yo, que me pirro por las novelas decimonónicas. ¡Sobre todo en verano! 

Firmado: Yaiza P.

También de Alexandre Dumas reseñado en ULADEl conde de Montecristo

lunes, 31 de agosto de 2026

Colaboración: El repartidor de Pekín, de Hu Anyan

Idioma original: chino

Título original: 我在北京送快递

Traducción: Javier Altayó

Año de publicación: 2023

Valoración: entre Está bien y Recomendable


Tenemos aquí un libro muy curioso. Fenómeno de ventas en su país de origen y aclamado en muchos otros, no es una novela de autoficción, ni tampoco una autobiografía, ni un libro de desarrollo profesional, ni un tratado filosófico: podría decirse que es todo eso a la vez, y que lo es como por casualidad. Pero ya sabemos que, en arte, lo que parece casualidad no suele tener nada de casual.

El Repartidor de Pekín cuenta la historia del propio escritor, que trabajaba durante una época como repartidor en Pekín, valga la redundancia. La primera mitad del libro se centra en esta época, y habla de las dificultades logísticas de su vida laboral, las dinámicas de empresa, las relaciones entre empleados, y las interacciones con los clientes. Como si de un diario se tratara, el autor nos cuenta anécdotas y reflexiones de su día a día, desgranando situaciones y persona(jes) con una mirada crítica (y autocrítica) pero compasiva y optimista. 

El resultado es sorprendentemente fascinante: uno no puede dejar de leer. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que las nimiedades y miserias de la rutina de un hombre cualquiera nos enganchen? Yo creo que por dos motivos. Uno es el tema en sí mismo, con el que la gran mayoría de la gente se puede identificar: todos tenemos o hemos tenido colegas tramposos, reuniones superfluas, transacciones desagradables… y todos queremos ser felices a pesar de ello. Por eso, leer a Anyan es como tener una cámara oculta en nuestras propias vidas. Esto inevitablemente nos lleva a compararnos con él, y como el autor no se limita a dejarnos entrar en su realidad (eso sería como un vulgar Gran Hermano literario) sino que la analiza e intenta extraer de ella algún aprendizaje moral, el paralelismo nos obliga a aplicar a nuestras historias su misma perspectiva, a analizarnos como hace él y sacar conclusiones provechosas sobre nuestras propias andanzas. 

El otro motivo del “enganche” es el estilo coloquial y sencillo del autor. Es como si escribiera igual que habla, y es fácil entender lo que nos cuenta, sus reflexiones fluyen con las páginas. Parece como si estuviéramos leyendo cartas (bueno, emails, que esto es el s. XXI) de un amigo; teniendo en cuenta que estamos hablando de un libro de una cultura tan lejana a la nuestra, esto no es baladí. ¡Es tan cómodo de leer!

Pero – porque lamentablemente hay un “pero” – las virtudes del libro se diluyen en la segunda parte. Aunque el estilo se mantiene, el autor se limita a enumerar empleos y situaciones pasadas sin entrar en mucho análisis, y el resultado es una narración árida, casi técnica. De vez en cuando hay algún pasaje disonante que refresca la experiencia (por ejemplo, Anyan nos cuela un maravilloso mini-ensayo sobre la música Rock) pero en general la lectura se hace monótona. A mí me costó mantener el interés. 

El Repartidor de Pekín termina con una recapitulación sobre lo que el autor llama “otros aspectos de la vida”. Anyan reflexiona sobre el concepto de trabajo, sobre lo que significa la libertad, y sobre la aspiración de ser feliz. Son apenas cinco páginas, pero ¡qué densidad filosófica! La última frase es contundente: “Cuanto más vivo, más claro tengo que no vale la pena vivir enfadado y lleno de odio”. Es un bonito final para este libro tan diferente como irregular.  

Firmado: Yaiza P.


sábado, 15 de agosto de 2026

Colaboración: Gertrudis y Claudio, de John Updike

Idioma original: Inglés

Título original: Gertrude and Claudius

Traducción: Jordi Fibla

Año de publicación: 2000

Valoración: Está bien


Siempre tuve ganas de leer a John Updike, y por fin me he puesto a ello. Aunque no sé si he empezado por su mejor obra. ¡Y eso que la cosa prometía! Porque se trata nada menos que de la precuela de Hamlet, la celebérrima obra shakesperiana. Pero no consigue el autor que su propuesta despegue. 

(A continuación haré un resumen de la trama de la novela; si no conocen la obra de Shakespeare, aviso de que este resumen trae spoilers.)

Gertrudis y Claudio son, respectivamente, la madre del príncipe Hamlet y el hermano de su padre, y la novela que nos ocupa, como es de esperar, trata de ellos. La historia comienza con una Gertrudis muy joven a la que su padre, rey de Dinamarca, casa con un príncipe en un matrimonio claramente político. La unión es fructífera y la pareja tiene un hijo, Hamlet. Sin embargo, Gertrudis no ama a su marido. En realidad, durante buena parte del libro, Gertrudis no ama a nadie, ni siquiera a su pequeño. No obstante, su vida en el palacio de Elsinor transcurre de manera apacible, aunque monótona.   

Claudio es el cuñado de Gertrudis, y lleva una existencia opuesta: viaja constantemente por tierras lejanas, conociendo culturas exóticas, y volviendo a Dinamarca solo de vez en cuando para cumplir con sus obligaciones administrativas. En estos regresos suyos, comparte sus andanzas con la reina, que en su aislada soledad le escucha con avidez y curiosidad.

Poco a poco, como es previsible, Claudio y Gertrudis se van acercando, hasta el punto en que descubren que entre ellos hay amor. Los dos son cautelosos, conscientes de lo difícil de su situación, y no será hasta su madurez cuando se dejen llevar por sus sentimientos. A la vejez, viruelas. 

Después de un tiempo, el rey descubre que su esposa le es infiel con su hermano, lo cual lleva a que este decida asesinarle. La novela, en fin, termina con la boda de Gertrudis y Claudio, que es el punto de partida de la obra de Shakespeare. 

El libro, de poco más de 200 páginas, está estructurado en tres partes, correspondientes a distintas etapas de la vida de sus personajes. La primera se centra en el arreglo y el desarrollo del matrimonio de Gertrudis, y es bastante lenta. El ritmo cambia cuando aparece Claudio, en la segunda parte, y de repente es hasta precipitado. Y llegamos así a la tercera y última parte, que es muy corta, casi apresurada. 

En cada parte, los nombres de los protagonistas son diferentes: primero son arcaicos, luego se van modernizando, y finalmente se latinizan y coinciden con los del Hamlet de Shakespeare. Imagino que el autor pretende con esto (re)contextualizar la historia en la Escandinavia medieval, pero en mi opinión lo que consigue, aparte de parecer un poco pretencioso, es que el paso de una etapa a otra resulte poco fluido. Tampoco ayuda que el estilo narrativo sea algo ostentoso y con muchas florituras (lo que los anglosajones llaman “prosa violeta”; qué curioso el uso de colores en clasificaciones literarias, ¿no?). 

La narración, en tercera persona y por un narrador omnisciente, se ocupa sobre todo de Gertrudis y sus sentimientos: conoceremos sus dudas, sus anhelos y sus frustraciones. De otros personajes, especialmente de Claudio, conoceremos algo también; de los dos Hamlets, padre e hijo, sabremos muy poco, sorprendentemente. 

La idea de humanizar a estos personajes es interesante, pero los personajes en sí mismos no terminan de serlo: uno tiene la impresión de que son superficiales, gente rica que se aburre y se complica la vida. Pfff. A mí la novela me pareció un cruce entre El amante de Lady Chatterley y El león en invierno, pero sin alcanzar la profundidad de ninguna de las dos. 

Gertrudis y Claudio quiere ser demasiadas cosas a la vez – ejercicio académico, cuento erótico, revisión de un clásico, novela histórica – y al final no se sabe qué es. Con todo, diría que el libro vale la pena por lo curioso de la propuesta: después de leerlo, la historia contada por Shakespeare se ve con otros ojos. Por eso, está bien. Pero poco más.

Firmado: Yaiza P.


También de John Updike reseñado en ULADCorre, ConejoTerrorista

jueves, 6 de agosto de 2026

Colaboración: Una muerte muy dulce, de Simone de Beauvoir

Idioma original: Francés

Título original: Une mort très douce

Traducción: María Elena Santillán 

Año de publicación: 1964

Valoración: Bastante recomendable


Simone de Beauvoir, aparte de ser un icono feminista de mediados del siglo pasado, de ser la musa del filósofo existencialista Jean Paul Sartre, de ser una intelectual enorme que resquebrajó las estructuras psicosociales de identidad de género, y de ser una persona pública comprometida con causas políticas, aparte de todo eso, Simone de Beauvoir era un ser humano. Y en este libro, esa es la voz que narra. 

Una muerte muy dulce es la cuarta novela autobiográfica que escribió la autora, y trata sobre la muerte de su madre. Es un libro corto y está escrito como si de un diario se tratara: comienza con el ingreso de la madre en el hospital y termina con su fallecimiento pocas semanas después. En ese tiempo, acompañamos a de Beauvoir en gestiones administrativas, conversaciones con médicos y enfermeras, acuerdos logísticos con su hermana y con su pareja, idas y venidas, noches de insomnio, reflexiones sobre la vida y la muerte; en fin, todas esas cosas, grandes y pequeñas, que conforman los días de la gente. Y es una experiencia profunda y enriquecedora, porque Simone de Beauvoir es muy inteligente y escribe con agudeza. 

En las 150 páginas que tiene este libro, la autora aborda temas muy complejos: la responsabilidad de amar, las relaciones madre-hija, la religiosidad, la existencia humana. No se explaya con ninguno, pero es certera en sus razonamientos. De forma casi clínica, disecciona sus pensamientos sobre estas cuestiones y expone sus opiniones con claridad, sin sentimentalismo. Se agradece. La prosa destila lucidez y humanidad.

Y luego está el tema de lo que significa ser mujer en el tiempo que le tocó vivir a de Beauvoir. Curiosamente – y digo curiosamente porque Simone no se solía andar con rodeos respecto a este asunto – en este libro no trata el tema de manera frontal, pero está siempre presente. Está presente cuando habla de su madre, de qué tipo de persona era, qué motivaciones tenía; habla de ella con respeto y cariño, pero también con distancia, desde cierta perspectiva crítica, quizás por sentirse lejana de esas motivaciones. Pero sobre todo el tema está presente en las escenas que transcurren en el hospital: la arrogancia de los médicos (todos hombres) hacia Simone, su madre y su hermana, la violencia con que despachan sus opiniones y peticiones, la superioridad que emanan, y la consiguiente sumisión y resignación por parte de ellas, todo esto describe de manera infalible cuál era la actitud que se esperaba (quiero pensar que mi uso del pretérito aquí es acertado) de las mujeres. Sin embargo, como dije, no hay nada subrayado de manera explícita. Y también esto se agradece. Porque si fuera de otro modo, el libro quizás resultara panfletario, y no sería justo, porque es – parece – un libro sincero. Bastante recomendable.

Firmado: Yaiza P.

Otras obras de Simone de Beauvoir reseñadas en ULAD: Los mandarinesLa mujer rota

martes, 28 de julio de 2026

Colaboración: La balada de Iza, de Magda Szabó

Idioma original: Húngaro 

Título original: Pilátus

Traducción: Mária Szijj y José Miguel González Trevejo

Año de publicación: 1963 

Valoración: Recomendable

Hay que reconocer que Magda Szabó es muy buena escritora. Leí hace años La puerta, y desde entonces he recordado su nombre. De modo que cuando encontré La Balada de Iza en la tienda de segunda mano de mi biblioteca local, no lo dudé y me hice con ella.

Y de nuevo una escritura limpia, elegante pero sin florituras, sin una palabra de más. Pero esta vez más incisiva, lacerante. Y es que La Balada de Iza es una historia cruel.

Iza es una mujer joven, guapa, respetada en su profesión de médico. Vive sola desde que, ante la sorpresa de todos, su marido la dejó. Cuando su padre muere, decide traerse a su madre a vivir con ella, y como es de esperar, la convivencia de estas dos mujeres, de generaciones y entornos muy distintos, es difícil. 

Como difícil es la novela que nos ocupa: difícil y durísima. Los temas que trata, los trata de frente. Con la bella prosa propia de la autora, sí, pero sin delicadeza. ¡Es increíble lo que consigue Szabó!

El tema del conflicto madre-hija es central, pero solo en la primera mitad del libro. La novela habla también de la vejez, con su soledad, la pérdida de independencia, y la dificultad de adaptarse a un mundo de cambios vertiginosos. Y también, aunque en menor medida, habla de las relaciones de pareja – a mí me parece que la autora podría haber profundizado más en este aspecto para que el retrato de sus personajes fuera más completo. 

De estos personajes vamos descubriendo sus motivaciones, sus defectos; los vemos sufrir y hacerse daño sin querer, y les entendemos… pero también nos espantan sus acciones. 

De todos ellos, el que es tratado con mayor dureza es el que da título a la novela – esto es, título en español, porque el título original es un lacónico “Pilatos” (ante lo cual he de decir que nunca deja de asombrarme la libertad creativa de algunos traductores). Todo lo que hace Iza es analizado sin compasión – casi diría que sin clemencia. Y si bien es cierto que el personaje resulta un poco antipático en su aparente perfección, creo que la autora se ensaña con ella, poniéndola en situaciones terribles. Quizás por eso hay quien considera que el libro es una crítica al feminismo que despuntaba cuando fue publicado, en los años 60: no hay que olvidar que Iza es una mujer independiente y moderna. Aunque quizás es todo lo contrario… Porque a medida que uno avanza en la lectura, surge la duda de si el “Pilatos” hace referencia a la propia Iza, que se lava las manos ante las situaciones que origina, o a las personas de su entorno, que no son sinceros con ella y no hacen nada para ayudarla.

La novela le deja a uno con una desazón incómoda. Yo la leí de forma compulsiva, pero no sé si sería cierto decir que la disfruté, más allá de lo puramente estilístico. Con todo, no puedo dejar de recomendar un libro que me hizo sentir tantas cosas tan diferentes.

Firmado: Yaiza P.

viernes, 10 de julio de 2026

Colaboración: Abejas grises, de Andréi Kurkov

Idioma original: Ruso

Título original: Серые пчёлы

Traducción: Esther Cruz Santaella

Año de publicación: 2018

Valoración: Muy recomendable (alto?)


Hacía tiempo que una novela no me dejaba ese sabor de buena literatura, esa sensación certera de estar leyendo algo sólido, de calidad inapelable. Las Abejas grises del ucraniano Andréi Kurkov lo han conseguido.

El libro narra la historia de Serguei, un hombre de mediana edad, solitario y taciturno, que decide quedarse en su pueblo de la cuenca del Donetsk pese a los enfrentamientos con Rusia tras el llamado Euromaidán. Bueno, decir que “decide quedarse” quizás sea excesivo: se queda como por inercia, porque desde que su mujer se marchó llevándose a su hija con ella, Serguei tiene poca motivación para tomar decisiones tan grandes. Además, aunque casi todos los vecinos han abandonado el lugar, quedan algunas personas que le hacen el día a día más llevadero. Y luego están sus abejas: Serguei es apicultor, y sus abejas valen mucho para él, no solo porque le supongan una fuente de ingresos, sino también porque, a su manera le hacen compañía. 

A pesar de la precaria situación de la zona, Serguei tiene una vida relativamente apacible. Sin embargo, cuando llega el verano y es el momento de que sus abejas vuelen libres, la realidad del conflicto militar le lleva a tomar la decisión, ahora sí de forma plenamente consciente, de irse a otra región menos peligrosa. Primero pasa un tiempo en otro pueblo ucraniano, y luego va a Crimea, a visitar a un amigo apicultor. Con el fin de la temporada, Serguei regresa a su pueblo, donde espera retomar su simple cotidianeidad. 

Con este argumento podría pensarse que la novela está construida como una especie de road-trip, pero no es así: la primera mitad del libro transcurre en el pueblo de Serguei, e incluso cuando comienza su viaje, la atención no está puesta en los traslados. Podría pensarse también que es un libro de guerra, un libro político, pero tampoco es exactamente eso: la guerra está presente, por supuesto, mas solo como un marco circunstancial. De lo que habla esta novela es de la vida humana en sí misma, de lo difícil y absurda que es.

La historia está contada en tercera persona y desde el punto de vista del protagonista, al que, poco a poco, sin artificios, vamos conociendo a través de sus acciones y, sobre todo, de sus reflexiones. Por eso, aunque en la novela pasen muchas cosas, la sensación de acción es relativamente pequeña, el libro parece casi lento. Y sin embargo le atrapa a uno desde el principio. Porque ver el mundo con la mirada sencilla y sin pretensiones de Serguei es un ejercicio existencialista tan sincero que resulta fascinante. Sin sentimentalismo ni afectación, uno disfrutaría de él en cualquier contexto. Pero si además el contexto en cuestión es un conflicto bélico, las reflexiones de nuestro protagonista cobran una profundidad más allá de lo meramente anecdótico: nos ponen de frente a situaciones universales. Porque la guerra, desgraciadamente, es universal. Y la decencia, afortunadamente, también lo es. 

Abejas grises deja un poso de melancolía optimista maravilloso. Esta es mi primera reseña en este blog y no me atrevo a darle la clasificación mayor de imprescindible. Lo dejo en un muy recomendable, ¡pero es un muy recomendable como una casa! 

Firmado: Yaiza P.


martes, 23 de junio de 2026

Colaboración: Madona con abrigo de piel, de Sabahattin Ali

Idioma original: turco

Título original: Kürk Mantolu Madonna

Traducción: Rafael Carpintero Ortega

Año de publicación: 1943

Valoración: muy recomendable


Uno de esos ejemplos de novela corta casi perfecta (en línea con otras obras como Las batallas en el desierto, quizá sin llegar a su riqueza formal), de pocos personajes muy bien construidos y definidos con varias capas de complejidad que nos conducen a través de su tragedia personal a observar el drama colectivo del mundo abocado a la fractura en el que habitan. 

Es un tanto paradójico el éxito reciente entre la gente joven, de esta novela de un autor turco un tanto olvidado en comparación con otros compatriotas más prolíficos y galardonados como Orhan Pamuk. Por un lado, es una gran noticia que se lea con tal avidez la última novela de Ali 80 años después de su asesinato, pero a la vez me pregunto cuánto de este éxito se debe únicamente a la trágica historia de amor y a su simpleza superficial. Sin querer entrar mucho en juicios de valor me alegro profundamente de que esta novela llegara a mis manos y celebro su éxito como una manera de traer a la actualidad la figura de Ali, que vivió en sus carnes el desmantelamiento del Imperio Otomano y la creación de la nación turca. Como personaje de su tiempo Ali sufrió censuras, encarcelamiento y finalmente asesinato por ser punta de lanza de la libertad de expresión en un momento de fervores nacionalistas. Todo este contexto no es baladí, pues si bien su obra más conocida es esta “historia de amor corta”, entre las capas de esta pieza se intuyen todas estas vicisitudes y ahí la paradoja de que se vuelva un best-seller en base a su romance de anhelos trágicos y su sugerente título y se ignore todo lo demás.

¿Pero qué nos cuenta esta Madona con abrigo de piel? Sin ahondar mucho en la trama, la novela funciona a dos niveles, siendo el corazón de esta la historia vital de Raif Efendi, a la que el lector llega a modo de diario encontrado por el narrador; compañero de oficina del protagonista en el tiempo actual de la novela. Es a través de este diario que se conoce la infatuación de nuestro protagonista Raif con una obra de arte y posteriormente con su autora cuando vivía en el Berlín de entre guerras. 

El motor narrativo es la soledad de Raif en este Berlín, a la vez castigado por la posguerra, pero simultáneamente símbolo de lo elevado, lo europeo y del escapismo y libertad de los que carece en el restrictivo hogar familiar en Turquía. Raif es un personaje eminentemente solitario, que no encaja en su realidad social, que encuentra una vía de escape en la gran urbe, donde nadie lo conoce y donde además conecta con Maria, otra alma en pena, que comprende su soledad. Pero en una Europa fracturada llena de fronteras y almas en pena, encontrar a tu igual si bien es un júbilo pasajero, está abocado al desastre. Raif y Maria quieren escapar de las convenciones de su mundo, ansían una libertad que aún no está lista para ellos pues nacieron en el momento y lugar equivocados, pero aún así decidieron intentarlo y es en el fracaso de donde radica la belleza y el dolor de este relato.  A su vez el narrador en el primer nivel narrativo nos trae un precioso alegato a comprender y mirar al otro como un igual, a reconocer su mundo interior y a ofrecer una amistad pura sin juzgar.

En conclusión, lo más magistral de la obra de Ali, es trasladar al lector esa sensación de impotencia de los personajes ante los cambios que estaban fermentado en la Europa de los años 20 y 30. Aun así, siendo cierto que el contexto político juega un papel, es casi un bloqueo existencial el que les impide decidir sus destinos, pues a pesar de los muros invisibles que crea la Historia a su alrededor, algo detiene sus acciones, un pesimismo intangible, una desesperanza. Es esta indagación en la resignación vital donde la prosa sencilla y directa de Ali consigue emocionarme. Cuando los sueños se pierden queda el estoicismo y la soledad, la vida interior y las páginas de un diario donde esconderse uno mismo del mundo, una cárcel privada ante la incomprensión.

Firmado: Alberto Ibáñez


sábado, 25 de abril de 2026

Colaboración: 2 x 1 Antes que nada y Bue, de Martín Caparrós

 Idioma original: español

Año de publicación: 2024 y 2025

Valoración: imprescindible para interesados


La fase de su escritura en la que se encuentra Martín Caparrós es especialmente interesante. Viene de andar tras las huellas del hambre, de diseccionar las venas abiertas de América Latina que versó Galeano, de algún esfuerzo apabullante en el campo de la novela que él considera pasó desapercibido, de darle la vuelta al género de la crónica, de intentar reportar a toro pasado la creación del mundo. Todo se le ha hecho poco: su implicación, sus posiciones sin medias tintas; su apuesta por la literatura; las cabeceras de más prestigio; los charcos más embarrados. Todo empezó un día que le dejaron firmar en un diario y algo cambió el día que leyó por vez primera a su maestro Manuel Vicent. Continúa con sus artículos y sus polémicas, levantando polvo, abriendo frentes constantemente. Gramaticales, deontológicos, épicos. Se hace preguntas y las lanza al mundo sabiendo que él el primero no puede responderlas.

Y en el último año y medio han llovido con generosidad tres volúmenes en los que el argentino va más allá, pues si alguna profundidad abisal le quedaba por estudiar era la suya propia: es la que emite ultrasonidos desde las páginas de Antes que nada, donde repasa su vida, la interior y la pública, en los jirones que no se le han quedado en la selva del periodismo a ras de suelo que le ha caracterizado. Como los otros títulos, este último es monumental y ambicioso, y seguro que le dejó insatisfecho como tantas otras veces. Aquí hay mucha tela que cortar para aspirantes, ejercientes y fans, que a fin de cuentas son los que pueden aportar notas al pie, aunque a ver quién se las apuesta a Caparrós. Por lo pronto, estas memorias se tapan bien con cubiertas oscuras, como advirtiendo de ser el libro negro del autor, que deja bien claro que sorpresas te da la vida y por supuesto, que para contarlo hay que valer, también, y mucho. El camino de las favelas de Buenos Aires a las pacíficas afueras de Madrid ha sido retorcido y sorprendente.

Antes que nada puede complementarse con artículos y entrevistas recientes, pero sobre todo con los otros dos pequeños tomos que han aparecido en estos meses, Bue y La verdadera vida de José Hernández, que son pura evocación en blanco y negro. Reversos bien camuflados de Buenos Aires y de canto al padre del Martín Fierro, Caparrós vierte en ellos no el análisis sino el aliento, y no la nostalgia sino la melancolía, como tan bien distinguiría su querido Vicent. En estos casos no es tan torrencial la escritura como la emoción, pero no perdamos ripio.

Sobre la triada asoma la firmeza de una vocación, en estos tiempos líquidos de rapidez y demora, cuanto más deprisa más despacio, de prosa deslavazada y piezas sin adscripción. No caigamos en el tópico del autor hecho género. Llamemos a las cosas por sus nombres: memorias, novela y poesía. Caparrós prescinde aquí, al menos directamente, de las crónicas que lo han destacado y que en conjunto se erigieron en monumentos: LacrónicaEl HambreEl mundo entoncesÑaméricaEl interiorLarga distancia y su secuela La guerra moderna... Periodismo que si no fundó, al menos creó escuela en una hilera de seguidores que lo practican alrededor del mundo. La crónica va y viene con las épocas. Esas piedras angulares están ahí, para quien quiera volver a ellas. En rigor, algunos podrían llamar a esos libros recopilaciones. No errarían.

No es el caso de los que nos ocupan hoy. Es vertiginoso pensar no ya que alguien pueda ser tan fértil, sino qué torrente creativo en tan poco tiempo puede dar lugar a obras apuntaladas como estas. Una en su largo aliento, otra en su justa medida, otra en la virtuosidad del verso. ¿Qué escuelas de escritura ni qué inteligencias artificiales ni qué giros argumentales? Lengua charlatana, seguridad, nada que perder pero nada que alcanzar. Entrevistas promocionales donde se denuncia la manera balzaquiana para homenajear a Balzac con los mismos libros que se promocionan. Por responsabilidad, la llamada al orden debe ser por parte de los dos: de Balzac y de Caparrós. Larga vida al escritor y lo escrito: el momento es curioso, los juegos de espejos son gratificantes y se espera que la fábrica no detenga su producción. Mientras tanto, siempre queda releer.

Firmado: César

También de Martín Caparrós reseñado en ULAD: aquí

 

domingo, 15 de marzo de 2026

Colaboración: Un episodio en la vida del pintor viajero, de César Aira

Idioma original: español 

Año de publicación: 2000

Valoración: Muy recomendable


El alemán Johann Moritz Rugendas puede no figurar entre los nombres de los grandes pintores del siglo XIX. Discípulo de Humboldt, fue un pintor que, en la mirada de Aira, se convierte en un eslabón perdido: posee la luz dramática de Turner y una audacia en el color y la línea que parece un Matisse avant la lettre. Por mucho tiempo se dijo que la atención que sus pinturas generaban no se debía a su técnica, sino a la belleza sin límites del paisaje americano. Aquí entra en acción César Aira, quien, aprovechando que el pintor viajero se reivindicaría en su paso por Argentina en un evento extraordinario, pone en marcha un relato histórico lleno de emociones, conciso e imprevisible.

Descendiente de pintores de batallas y víctima de la paz napoleónica, Rugendas sale de Europa e inicia una batalla interna en el Nuevo Mundo, acompañado de otro pintor: Krause. Sabe que su presente pasa por retratar los paisajes tropicales de los que Europa adolece, pero no tiene idea de su futuro. Quizá, hasta lo podría evadir desandando sus mismos pasos. Fruto de ese andar es la vasta cantidad de dibujos, los mismos que le generarían ingresos.

México y Brasil constituyen el grueso de su obra, con más de 3000 dibujos e ilustraciones (pero solo 118 totalmente terminados), aunque su fin último —ese que va más allá del dinero— estaba en Argentina: dibujar y gozar la serenidad de la luz del sur, pero deseando culposamente retratar antes un terremoto o la furia indígena de un malón. Sin embargo, el destino le dará el sobresalto que él busca de otra manera. Si Rugendas solo tenía el presente como herencia y sus manos y sus ojos como herramientas para subsistir, lo que vivirá entre San Luis y Mendoza lo dejará literalmente temblando, como a un niño recién parido. A partir de ahí, su verdadero rostro será el arte.

Desde ese momento, pasa de lo científico a lo dinámico. En comparación con sus dibujos documentales de México y Brasil, La cautiva, producto de su estancia en Argentina, sacude el alma. Es estilo, belleza y movimiento. Pero no sabemos cómo se pintó, ni cuál era el estado del pintor. Leemos a Aira —imperturbable, analítico, extrañamente divertido— y él nos revela la funcionalidad del dolor. El sufrimiento no es una tragedia aquí, sino una droga que agudiza la percepción: Rugendas deja de ser un hombre para convertirse en un ojo mecánico, alejándose de su propia humanidad. Pintor y escritor se unen aquí por lo simple y firme de su ejecución, además de la simetría de sus vidas: uno plasmó las escenas que recorrió, el otro lo revivió al leer, imaginar y complementar su correspondencia.

Libro corto, personajes profundos, imágenes poderosas. Con oraciones sencillas, lejos de lugares comunes, cautiva al describir lo imponente de los Andes, la bravía de quienes los cruzan o la vorágine de un campo de batalla. Llama la atención la identidad entre los bocetos veloces de Rugendas y la famosa "fuga hacia adelante" de Aira. Ambos rechazan la corrección: el error se integra, la deformidad se acepta. Para ambos, lo importante no es la obra terminada, sino el movimiento continuo, la invención constante del presente para no tener que mirar atrás aunque el motor sea agua de amapolas.

Pero, sobre todo, Aira nos muestra, a través de Rugendas, que los viajes sí nos cambian, pero de maneras repentinas e imprevisibles. Más que un homenaje a la perseverancia, es la constatación de una obsesión. Aira nos enseña que el arte es una forma de vampirismo: Rugendas se deja consumir a sí mismo para capturar el paisaje. Al final, no nos queda el consuelo de la aventura, sino la certeza de que la realidad es tan alucinante que solo un monstruo, o un artista drogado, con herramientas que van más allá del lápiz y pincel, puede verla tal cual es.

Firmado: Arturo Jiménez Viveros

Otras obras de César Aira reseñadas en ULADaquí


martes, 20 de enero de 2026

Colaboración: Las buenas noches, de Isaac Rosa

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable 


Isaac Rosa tiene un radar. Siempre da en el clavo del zeitgeist español. En 2008, cuando empezaba a notarse la emigración y el miedo al otro se colaba en la vida cotidiana, publicó El país del miedo. En Feliz final habló de las relaciones líquidas, del amor vaporoso y de las rupturas cada vez más frecuentes. Y tras la pandemia, cuando por primera vez todo el mundo entendió que el fin del mundo podía llegar en cualquier momento, apareció Lugar seguro. Así que, ahora, no sorprende que escriba sobre el insomnio: nadie duerme bien.

La novela comienza con unas primeras páginas que piden ser leídas en voz alta, recitadas casi como una salmodia.

'No podemos dormir. Cada noche retrasamos la hora de acostarnos, cada noche nos vamos antes a la cama, cada noche lo hacemos a la misma hora y no: no podemos dormir. Tardamos en coger el sueño, lo logramos enseguida para despertarnos poco después, nos sorprende la alarma nada más cerrar los ojos. Nos sentimos llenos de energía y por eso no podemos dormir, nos sentimos agotadas y por eso no podemos dormir'.

A partir de ahí, Rosa urde una trama minúscula —dos insomnes sin nombre que se encuentran por casualidad y descubren que, juntos, sí pueden dormir— para hablar de las causas del insomnio. Y es donde siempre acierta: el problema no es individual, es colectivo. Por muchos remedios caseros, muchas pastillas o mucha higiene del sueño… el problema está ahí fuera. No es que algo funcione mal en nosotros; es que el sistema (trabajo, familia, hipoteca, estrés…) nos aplasta y nos impide dormir.

Pero Las buenas noches no es un panfleto: es una novela y muy bien escrita. 

Aunque lo habitual en una reseña sea hablar del contenido, aquí conviene insistir en que la literatura es, ante todo, forma y estilo. Diría que lo mejor de Rosa. Su estilo recuerda por momentos al último Javier Marías: frases largas, a veces de una página entera, en la que una idea se repite con variaciones, hasta llegar a un punto muy diferente. Un ejemplo (no pongo la frase íntegra):

'Yo en realidad no duermo nunca bien, dijiste, no duermo en los hoteles pero tampoco en casa, me acuesto muy tarde, espero a que me venza el sueño para no quedarme dando vueltas en la cama, y si lo consigo me despierto pocas horas después y ya no duermo más; he probado de todo, rutinas fijas, alejarme de pantallas dos horas antes, cenar poco, cenar lechuga, no cenar, hacer relajaciones, respiraciones profundas, deporte, nada de deporte horas antes, mierdas homeopáticas, y hasta ahora he evitado medicarme',

Rosa alterna la narración más convencional -la historia de esos dos desconocidos que duermen juntos- con un diario del sueño (o del no dormir), recomendado por el médico de cabecera al protagonista. Como es habitual en su obra, es en esos desvíos donde aprovecha para pensar: qué significa dormir, qué significa no hacerlo y por qué demonios no dormimos bien (o por qué duermen bien quienes sí duermen bien).

Algunos pasajes son directamente brillantes. La parte de la factura online, por ejemplo, es buenísima: me he reído a carcajadas. Rosa consigue que se te escape una sonrisa… y acto seguido te la corta. Porque lo que aparece debajo de la broma es el reconocimiento incómodo: estamos jodidos.

Quizá por eso Las buenas noches no ha tenido la repercusión que merece. Tal vez porque se aleja de la lectura sencilla de muchas novelas de moda (no citaré cuáles), o porque señala la causa profunda de nuestro malestar: el capitalismo, el trabajo, el maldito siglo XXI. 

Firmado: Raul Gay

También de Isaac Rosa reseñado en ULAD: La mano invisible


sábado, 10 de enero de 2026

Colaboración: Historia del cerco de Lisboa, de José Saramago

Idioma original: Portugués

Título original: História do cerco de Lisboa

Traducción: Basilio Losada

Año de publicación: 1989

Valoración: Muy recomendable (¿Muy?)


Hace unos cuatro meses, el 19 de agosto 2025, Santi escribió:  "un Saramago al año no hace daño". No hará daño, entonces, un reseña más al iniciar este 2026, sobre todo teniendo en cuenta que la primera reseña de Saramago apareció en ULAD en septiembre de 2009, hace diez y seis años y se han reseñado, hasta el 19 de agosto pasado, ocho de sus novelas. En promedio solo una cada dos años. Así es que colaboraré reseñando otra. 

Confieso que tengo debilidad por Saramago, casi todos sus escritos me han gustado, y mucho. Sé que el “muy recomendable” está marcado por esa debilidad; espero que solo hagan picadillo y no puré con esa valoración. Pero advierto: El primer párrafo de tres páginas y media, sin ningún punto, solo comas y palabras con mayúsculas después de algunas de ellas, es todo un reto, aun para quienes hayamos leído otros libros donde Saramago use esa misma tipografía, que adopta, según él mismo lo dijo alguna vez, para darle su fluidez natural al diálogo. Ese primer párrafo me mueve a decir que esta novela no es la más recomendable para iniciar la lectura de las obras de Saramago.

Después de ese arduo inicio de la novela viene otro párrafo de página y media, con una sutil descripción: un amanecer que apenas se percibe con “una infinitesimal mudanza en la oscuridad del cuarto…” y Saramago o el narrador o alguien, sigue contándonos ese amanecer en tal forma que solo para leer ese párrafo vale la pena comprar el libro.

Los comentarios a esta novela suelen resaltar un hecho: que el protagonista, corrector de estilo de una editorial, introduce un no, en vez de un sí, en el lugar clave de un libro de la historia de Portugal, alterando con eso el hecho indiscutido y bien conocido de la ayuda que los cruzados dieron al primer rey portugués para que arrebatara Lisboa al dominio musulmán. Se narran luego las dificultades, muy divertidas por cierto, que el corrector tiene para enfrentar el indudable reclamo que la editorial le hará. Pero eso, escrito con un notable sentido del humor, no es lo mejor de la novela. Sí lo es la historia de amor que poco a poco se desarrolla en el libro.

Aunque el centro de la novela es el nacimiento y desarrollo de un amor, no por eso la obra se puede clasificar como perteneciente al género romántico. El amor descrito no tiene la pasión ni el desenlace trágico común en ese género. Tampoco es un amor a primera vista. Nace con dificultad y casi a contracorriente en uno de los dos personajes involucrados, aunque asoma en él, sin ser reconocido, desde el primer momento. La iniciativa es llevada por el otro personaje, que con clama pero con firmeza lo va guiando hasta el lugar donde desemboca. Un amor humano que, con sencillez, se desarrolla por caminos desacostumbrados en obras que traten este tema.

Hay otras virtudes en el libro: ese espejo en que, tal vez sí, tal vez no, se desarrolla un amor semejante, espejo configurado en el escrito que elabora el corrector, donde trata de dar continuidad a ese NO que cambiaría la historia de toda una nación.

Saramago escribiendo una historia de amor ¿Leí bien la novela o ese “muy” de la clasificación me ha hecho ver lo que no existe? Ustedes, lectores asiduos de ULAD, tendrán su respuesta, como siempre.

Firmado: David Batista

Otras obras de José Saramago reseñadas en ULADaquí

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Colaboración: 2 x 1 Madrid y El rastro, de Andrés Trapiello

Idioma original: español

Año de publicación: 2020 y 2018

Valoración: empachosos


Andrés Trapiello es un autor que se mueve en un relativo margen literario, desde donde lanza sus propuestas. Algunas son geniales, como sus artículos costumbristas o ese diario del que lleva ya publicados 24 volúmenes. Otras son un tanto descabelladas, como cuando se empeña en comentar la actualidad política. Y otras quizá son incomprendidas, como sus novelas, eclipsadas por el mencionado diario, o libros donde combina sus excelentes dotes de memorialista con páginas que llegan a caer en la irrelevancia. Las dos que dan lugar a esta reseña son de este último grupo, entre el objeto de regalo y de exposición y el buen pulso intimista que ha sido marca de la casa y que se viene difuminando en estas entregas de los últimos tiempos, en apariencia más enfocadas al continente que al contenido en sí.

Madrid y El Rastro son dos ocurrencias editoriales muy bien envueltas, en formato de lujo, quién sabe si inspirados en los que hizo Josep Pla de similar género (¡qué pesada está alguna gente con Pla, y qué poco se le pega a esa gente lo mejor de este escritor excelso!). Lucen los dos títulos repletos de material gráfico de primer nivel, fotografías, reproducciones artísticas de todo tipo, manuscritos, tickets, instrucciones, la inmensa mayoría con su pie detallado y acreditado, lo que es de agradecer y que salvará a estos libros de la maraña de esta época, que todo lo destripa y plagia sin consideración y a la que se enfrentan estos títulos en su preocupación por mencionar casi hasta el último desconocido que hizo una foto de agencia en el año de Maricastaña. Este material se sostiene sobre algo que es de lo mejor del libro, el diseño de Trapiello en colaboración con Alfonso Meléndez, primoroso en lo que se refiere a orden, tipografía o maquetación. De hecho, la implicación es tal que en cierto modo se puede considerar a Meléndez coautor de una buena parte de la bibliografía del leonés.

El primero de los títulos, Madrid, que es sin embargo el que se publicó en segundo lugar, marca la pauta de ambos. Trapiello estructura en capítulos muy bien medidos, bien descritos en sus corolarios, herencia de sus maestros Galdós y Baroja, pero atrabiliarios, en contra de las enseñanzas de aquellos; y así hasta los tres quintos del libro, donde enmarca sus obsesiones particulares en pequeños sumarios como arquitectura o arte u otros dedicados a personajes puntuales que son de su gusto, a medio camino entre las glorias consumadas y los bohemios de manual. ¿Y por qué lo atrabiliario? Pues porque aunque brillante en su escritura memorialista, el fondo histórico propiamente dicho puede arropar de más una armadura literaria que no pierde su sello mercurial, densa en el sentido de con un peso específico, en una tradición de gran clásico, más alumno aventajado que maestro, remitiendo a sus referentes en todo momento, como hace en cada cosa que escribe. Vamos, que si las 350 páginas de narración se hubiesen despojado de esas 150 con informaciones que se pueden encontrar en cualquier guía común medianamente documentada y se hubiesen quedado las que cuentan lo más granado del autor y sus pareceres, la obra habría salido ganando. Pero también sería otro libro, ajeno al concepto enciclopédico que por momentos tiene este Madrid.

Los capítulos son también un poco rastros en sí mismos, acumulación de lugares curiosos y estampas populares en el caso de Madrid y de objetos y motivos típicos en El Rastro. Y en este segundo tomo, lo de siempre: capítulos dedicados a la historia y el desarrollo que ha tenido este mercado callejero desde su fundación en tiempo incierto, y elogios del coleccionismo, pautas de regateo, la anécdota de la espada, que refleja que uno nunca encuentra lo que busca pero a veces sí, y una larga disertación de cómo ha llegado hasta nuestros días esta particular forma de intercambio. El motivo de unirlos a los dos en una reseña es que El Rastro es como una costilla de Adán de Madrid, cuyo capítulo 20 trata el famoso mercado y es, de alguna manera, un extracto de aquel. La intención está clara, pues el propio autor remite al libro en las últimas líneas de ese capítulo.

Aparte de las virtudes ya mencionadas, hay que subrayar un oído fino para los diálogos de la calle y compasión y generosidad para los adjetivos, cualidades ambas que el autor reparte sin reparo y que le habrían venido bien a su propia carrera para que en España estuviésemos más pendientes de la verdadera escritura que de otros aspectos secundarios, como la innecesaria pretendida carga ideológica de que adolece su obra más reciente. Últimamente se viene excediendo en el afán de remarcar su cambio de bando cuando siempre fue de no militante de ninguno, y es repetitivo y cansino tanto en cuanto a la glorificación de los que considera amigos como a la censura de los enemigos, así como en el ostracismo de viejos compañeros de viaje. Sus recientes memorias (‘políticas’ las ha llamado él o su editorial) caen en lo mismo. De ahí el efecto de empacho de la valoración, pues los nuevos lectores pueden saturarse y no aporta novedad a los fieles; nada, en fin, en lo que no hayan caído algunos de sus maestros. Pero cuando Trapiello se olvida de la hemeroteca y de las rencillas y tira del hilo, surge la que es sin duda una de las prosas privilegiadas de la literatura de hoy en español. Esta escritura arrolladora es la línea de sus grandes obras, la de sus crónicas de clásicos olvidados y su diario, de los que deberíamos dar cuenta algún día.

Firmado: César

También de Andrés Trapiello reseñado en ULAD: El azul relativo

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Colaboración: Solo humo, de Juan José Millás

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Divertido y Está muy bien


Juan José Millás sigue incombustible medio siglo después, lo que es una gran noticia para sus seguidores. A esta se suma otra más: su regularidad. Gracias a ella ha mantenido un ritmo de publicación que da como media aproximada un libro cada dos años.

En los últimos tiempos, ¡albricias!, ha agudizado el ritmo. Uniéndolo, además, a una portentosa capacidad de captar el signo de los tiempos. Obras de justa extensión que se incautan del lector, como Solo humo, en la que al protagonista, dicho sea de paso, le ocurre lo mismo. Paso a explicarme.

Carlos recibe la noticia de la muerte de su padre en accidente de moto. No es ningún secreto, porque se cuenta en la tercera frase. En la visita al piso que ha recibido como herencia, Carlos encuentra un cuaderno con apuntes de su progenitor, que procede a confiscar convenientemente. Ya de vuelta en casa, lo lee y halla en él una historia que le insta a mudarse inmediatamente a la vivienda recién transmitida.

En su nuevo domicilio al que marcha con no poca oposición de su madre, descubrirá dos pasiones que van a marcar su vida justo al momento de cumplir la mayoría de edad: los cuentos de hadas, que lee en un volumen de los hermanos Grimm, y su vecina Amelia, que le dobla la edad y por la que siente una fuerte atracción instantánea. Según parece, tanto objeto como persona son viejos compañeros de su padre recién fallecido.

Y en la investigación a fondo de estos dos misterios que operan sobre su curiosidad se vuelca Carlos sin miedo a las consecuencias. Pero en esta nueva fase de su vida tendrá también que poner límites si no quiere que se repitan dinámicas indeseables.

Además de homenaje a la literatura en general y a los cuentos de hadas en particular, Solo humo es paradigmático de la forma de ver la vida de Millás, quien afirma estar más en deuda con los libros que con las propias vivencias. Relator eficaz y potente como él solo, desarrolla una trama a varias bandas con personajes que se desdoblan y se reencarnan, y que cruzan como cosa cotidiana la frontera entre fantasía y realidad.

Como dijimos al principio, Millás es un raro caso de autor. No solo es que haya ido apuntalando su literatura con el tiempo, sino que el tiempo ha apuntalado también su literatura. Para sus lectores es vertiginoso comprobar que su estilo rápido de reflejos resulta ahora casi más actual que cuando empezó, paradoja digna de su diario La vida a ratos o de su libro más reciente. Ojalá ambos títulos también apareciesen por aquí en algún momento.

Firmado: César

También de Juan José Millás en ULADaquí


jueves, 30 de octubre de 2025

Colaboración: A la intemperie, de Roberto Bolaño

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Interesante (para completistas)


Seguramente pensarían ustedes que ya no quedaba ningún escrito de Roberto Bolaño por publicar. Craso error. Debolsillo, dado el seguimiento que tienen las novelas del escritor chileno en nuestro país, se ha preocupado de saciar las necesidades de los “bolañistas” publicando un volumen titulado A la intemperie. 

En este caso, no nos encontramos con una nueva novela inédita, puesto que a estas alturas los baúles están vacíos. Se trata de un volumen que recopila los artículos, columnas y reseñas que publicó Bolaño desde los años 70 hasta poco antes de su muerte. También se recogen prólogos a obras de otros autores y algunas conferencias y discursos.

Con estos antecedentes, como ustedes fácilmente comprenderán, el interés que pueda suscitar esta obra es muy relativo. La temática es muy dispersa y el estilo varía mucho entre los distintos escritos puesto que pertenecen a épocas muy dispares, por lo que la coherencia general de la obra brilla por su ausencia. 

En este sentido, quizás no resultan especialmente atractivos tantos relatos sobre ambientes y personajes de Blanes, su lugar de residencia, ni tampoco los numerosísimos artículos dedicados a autores chilenos que no son conocidos por estos pagos, pero lógicamente hay que situarlos en el contexto de los medios informativos, especialmente el Diari de Girona y Las Últimas noticias de Chile, en que fueron publicados. 

Mucho más interesantes son los artículos en los que habla de literatura. Aunque debe quedar claro que no son críticas literarias ni artículos de opinión. Bolaño introduce sus valoraciones, principal aunque no exclusivamente, de escritores españoles e hispanoamericanos, donde desgrana sus filias y fobias personales, con las que el lector podrá estar o no de acuerdo. El autor chileno ensalza entre los autores españoles a Javier Cercas, Javier Marías o Vila-Matas y nos recomienda encarecidamente que si nos gustan los cuentos “un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Lo repito una vez más, por si no ha quedado claro, a Cela y Umbral ni en pintura”. Y poco más adelante concluye que como cuentista “con Poe tendríamos de sobra”. No creo que Harold Bloom estuviera de acuerdo.

En cuanto a la literatura hispanoamericana deja claramente de manifiesto su predilección por los autores argentinos, especialmente Borges y Cortázar, y en cuanto a la literatura chilena, sobre todo destaca a Huidobro y Nicanor Parra, a los que dedica varios artículos. En cuanto a fobias, aquí queda su valoración de Isabel Allende: “su literatura es mala, viva, pero mala”.

En fin, un volumen que puede resultar útil para completistas a los que les guste coleccionar todo lo publicado por Bolaño, pero prescindible para todos los demás.

Firmado: José Miguel Martínez

Otras muchas obras de Roberto Bolaño reseñadas en ULADaquí


domingo, 5 de octubre de 2025

Colaboración: Patrick White: Las esferas del mandala

Idioma original: inglés

Título original: The solid mandala

Traducción: Elena Marengo

Año de publicación: 1966 

Valoración: entre recomendable y bastante recomendable


Suelo tener una mirada benigna sobre los ganadores del Nobel; por lo general, haber hecho caso de las recomendaciones me trajo muchas horas de felicidad y la sensación de asombro al descubrir autores de altísimo nivel que no hubiera descubierto por mi cuenta, ya sea por desconocimiento propio o por el olvido de la figura. Y es lo que me ocurrió con Patrick White cuando compré Las esferas del mandala en una edición hermosísima de la editorial El hilo de Ariadna y prologada por Coetzee (otro al que le tengo cariño).

La novela, muy deudora de las corrientes psicológicas del momento, se centra en la relación entre dos hermanos, Waldo y Arthur Brown. El primero es eso que los argentinos llamamos “un fantasma”, es decir, alguien que se cree cualitativamente superior al resto en base a méritos dudosos o inexistentes, pero que han construido toda una mitología personal a raíz de eso y cuyas actitudes se ven condicionadas por esa ilusión. No es un protagonista (digo protagonista porque, de las cuatro partes que componen el libro, es la más extensa) agradable, no hay nada que lo redima, es un resentido con el mundo y sobre todo con el otro protagonista, su propio hermano y mellizo, marcado con un leve retraso madurativo (en eso Patrick White lo desarrolla con maestría, porque a pesar de sus acciones y de cierta incomodidad ante su carencia de filtro para con la sociedad, dice y hace cosas humanas que excluyen a la masa australiana hipócrita, una masa con la que el propio autor, por lo visto, luchó toda su vida), ya que se ve obligado a cuidar de él en cada momento, con el desprecio que lo deja aterido.

Por el otro lado, Arthur Brown también es un gran personaje; primero se desarrolla ante nuestros ojos desde el punto de vista de Waldo, sospechando siempre que lo que dice no corresponde exactamente a la realidad, y luego, bajo su propio punto de vista, comprendemos que todo lo ocurrido por su mano contiene su lógica personal, incomprensible para los demás, pero perfectamente explicable para el lector, destapándose como el verdadero héroe espiritual de la novela. Esto es posible por la maestría del lenguaje de White, que imbrica la trama de sutilezas que van atándose como por medio de intuiciones, como si las pistas no fueran lo suficientemente claras, pero que, de alguna forma, al lector la revelación lo acomete de diversas maneras y sin esfuerzos aparentes.

No es una novela fácil de leer, en el sentido de que no hay acción prácticamente, no hay grandes sucesos (solo existen aquellos que uno puede sospechar que son un punto de quiebre para uno de los dos hermanos, ya sea por la potencia de la escena o por alguna frase nimia que termina explotando en el momento más inesperado) y no hay grandes avances en la personalidad de cada uno de los personajes. En ese sentido todos se encuentran definidos, cada uno encarna e internaliza el rol que cumple en esa sociedad y que cree que debe cumplirlo a expensas del bienestar personal y ajeno. Pero es una novela donde las capas se van completando a medida que se avanza; lo que se muestra en la primera parte (dos mujeres en un colectivo que analizan la relación de los hermanos) cobra sentido en la última escena o se resignifica con las nuevas piezas que se van introduciendo, como un Rashōmon psicológico. 

PD: No sé en el resto de los países, pero como vivo en Argentina, recomiendo mucho la colección “Biblioteca personal de J.M Coetzee” de la editorial El hilo de Ariadna. Son doce libros que dieron impulso, en palabras de Coetzee, a su escritura. Entre ellos se encuentran: el libro ya reseñado, El ayudante, Madame Bovary, La letra escarlata, etc, todos ellos a un precio inverosímil ($16.000 y algo, sacando a un par) para lo cuidada de la edición y la inaccesibilidad de comprar libros en este contexto del país. Aprovechen lo más rápido posible.

Firmado: Félix     

viernes, 26 de septiembre de 2025

Colaboración: 2x1 Contra Paraíso y Tranvía a la Malvarrosa, de Manuel Vicent

Idioma original: español

Año de publicación: 1993 / 1994

Valoración: está muy bien / entretenido


'Mi primera obligación es respirar, llamar a cada cosa por su nombre sin juzgar nada y ser feliz'.

Esta frase que pronuncia Manuel bien entrada la acción resume su plan de vida. Es Manuel Vicent, autor de libros y artículos de prensa que lleva la friolera de sesenta años acompañando a los lectores españoles. Dos tercios de su vida, vaya.

Entre el medio centenar de volúmenes que ha firmado hay algunos que recogen sus memorias. Contra Paraíso y Tranvía a la Malvarrosa son los dos primeros. Se pueden leer seguidos. En ellos el escritor cuenta su niñez y primera adolescencia.

La posguerra sobrevuela la memoria personal. El silencio, republicanos en mesa aparte del bar, pueblos aislados donde llegaban diarios pasados de fecha que hablaban de la guerra mundial, la aparición fantasmagórica de un maqui, gasógenos, visitas de gobernadores.

Pero también las vivencias de niño, el miedo a las máscaras, la primera novia, saltar unas hogueras de San Juan y casi inmolarse. Todo cubierto por el tapiz característico de Manuel Vicent. La huerta valenciana, el recetario tradicional, el mar por encima de todas las religiones.

Y en medio un humor levantino casi berlanguiano. Hay una revuelta en un tren por una fiambrera de carne con tomate. Llega al pueblo el cine y lo tachan de invento del diablo. Un famélico roba un pan de dos kilos y lo ingiere a cien kilómetros por hora en tres minutos. La multitud lo ovaciona en el balcón del ayuntamiento.

Hay peculiares justicieros por cuenta propia. Un maestro amaga con castigar al alumno por no saber qué es la patria y el otro le amenaza con cortarle el suministro de huevos de gallina. Un cura clama contra el afán de portar pistolas y pide el destierro de las armas.

La evasión viene de mano de películas como Vidas cruzadas, A las nueve lección de química o Argel. El cine de repente cierra por desastrosas heladas. Hay que agarrarse a soñar con Castellón de la Plana o acercarse a los apeaderos desiertos del tren de Valencia.

Un día un alguacil anuncia que ha terminado la guerra mundial y a continuación proclama a viva voz las tiendas del pueblo donde se pueden encontrar las mejores sardinas y los melones más tiernos.

Contra Paraíso culmina con un gentío que espera una aparición mariana. Unos miran hacia arriba extasiados y otros aseguran que el resplandor es efecto de las bombillas de 100W que ha puesto el alguacil.

Los dos libros reseñados tienen rasgos naturalistas y narran la angustia existencial del protagonista adolescente. Ambos en considerable y explícita deuda con Blasco Ibáñez. Pero la prosa de Contra Paraíso es más descriptiva y casi sin diálogo. Tranvía a la Malvarrosa es menos estático y hay más conversación.

Tal vez ese hecho influya en la trayectoria desigual de ambos títulos. Mientras el primero es ya objeto de rigurosos estudios como el de Raquel Macciuci, el segundo se ha reeditado sin ton ni son a lo largo de los años ocupando una dimensión más popular.

Tranvía a la Malvarrosa tiene como figurante estrella a Vicentico Bola, que ya aparece en las últimas páginas de Contra Paraíso. Personaje esperpéntico donde los haya, recorre los bajos fondos de todos los capítulos. Viaja en una Vespa ataviado con gorro ruso de astracán y el abrigo forrado de periódicos.

El tranvía del título es el que toman el enamorado y su amada sin lograr coincidir. Entre que se encuentran y no, adquiere forma esa atmósfera mediterránea un poco entre grisácea y solar.

Vicent habla de la misma Malvarrosa y la horchata de Alboraya con que muchos soñamos desde niños. En este libro está Valencia con ese sol particular, los olores y sabores procedentes del mercado, la lonja, el barrio chino o los pueblos de la huerta y la mezcla de ciudad levítica y descaro portuario propia de aquella época.

A su llegada al protagonista lo reciben la humarada y el pintoresquismo que aún se ven al entrar a la ciudad en tren convencional procedente de Játiva o Albacete. La gente habla de contratos de naranjas. Los dependientes de comercio adiestran loros hinchas del Levante Unión Deportiva.

Al joven Manuel le tienden trampas para que ingrese en una secta pero siempre se salva. Alguien dice de visitar a Joan Fuster o aparece una chica con la que escapar en bicicleta. Pase lo que pase "siempre está en mi corazón el hechizo de tu amor", como dice la canción fetiche del protagonista.

—...Yo sabía que un día volverías a estar conmigo. Manuel, vámonos a la pensión. ¿No quieres?

—¿A la pensión?

—Vivo al lado del teatro Ruzafa, aquí mismo, encima del bar la Nueva Torera...


Firmado: César

También de Manuel Vicent reseñado en ULAD: La muerte bebe en vaso largo

miércoles, 30 de julio de 2025

Colaboración: Adán y Eva, de Arto Paasilinna

Idioma original: finés

Titulo original: Aatami ja Eeva

Traducción: Luisa Gutiérrez Ruiz

Año de publicación: 2023

Valoración: Prescindible


El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. ¿Dirán ustedes que a qué viene esto? Pues esto viene a que, aunque demasiado tarde, después de adquirir este libro recordé que hace años había leído otro de este autor y me había dejado igual que su lugar de origen: helado. 

Se supone que Arto Paasilinna, que es de quien estamos hablando, es un reconocido autor finés que pasa por ser unos de los máximos exponentes de la literatura de humor en su país y por ende de la literatura europea de los últimos años. No lo digo yo, lo dice la solapa donde se nos informa de que “lo que hace que los libros de Arto Paasilinna sean tan especiales es la ironía que envuelve cada frase, el humor negro que hace que el lector llore de la risa y, por supuesto, los personajes bizarros y abiertamente tragicómicos”.

Les puedo asegurar que no lloré de la risa en ningún momento de la lectura de este libro, en todo caso lloré por haberme gastado veinte euros en adquirir esta novela, y por haberme acordado demasiado tarde de que había leído del mismo autor “Delicioso suicidio en grupo”, libro que acabó sus días en una librería de segunda mano. 

Les voy a adelantar de que va el libro y luego ustedes deciden. Un patético empresario finés, que dirige una pequeña fábrica de baterías al borde de la bancarrota, inventa, porque tiene una inteligencia superior a media humanidad, una batería ultraligera que va a revolucionar la industria internacional. Junto a una abogada, que le ayuda a salir de la cárcel tras un oscuro episodio, patenta la batería, monta una empresa, y se dedica a ganar millones de marcos que no sabe en qué gastar. Entre medias deambulan una serie de empleados de la nueva empresa, unos empresarios japoneses que le quieren comprar el invento y un asesino siciliano que contratan unos jeques del petróleo para eliminar a Aatami Rymmatyla, que así se llama nuestro héroe. 

Ni las aventuras que corren los protagonistas, ni la aparición de los secundarios que les acabo de mencionar, hacen que la historia levante el vuelo en ningún momento. 

¿Suceden episodios tragicómicos? ¿Hay personajes bizarros? ¿Se desternilla uno con cada escena? Sinceramente, lo único que ocurre es que lees entre líneas, te saltas los párrafos de dos en dos y llegas al final deseando deshacerte del libro cuanto antes. Les podría contar cómo acaba la historia, pero quizás es el único momento que les pueda arrancar una sonrisa. 

Están advertidos. Se publican demasiados libros en este país. No creo que les resulte fácil encontrar éste, pero si lo hacen bajo ningún concepto hagan caso a la solapa. Me lo agradecerán.

                                Firmado: José Miguel Martínez


Otros libros de Arto Paasilinna reseñados en ULADEl año de la liebreDelicioso suicidio en grupo

lunes, 21 de julio de 2025

Colaboración: Vinagre, de Jorge Matías

Idioma original: español

Año de publicación: 2023

Valoración: Muy necesaria

                                                   

Aunque en otros países es más común (si bien no lo suficiente todavía) lo que se conoce como working class literature/literatura obrera, en España como siempre, y en contradicción fragante con el nombre del Partido que nos gobierna, seguimos a la cola. Esta novela autobiográfica sobre el alcoholismo, más que recomendable, es muy NECESARIA, tal y como puse en la valoración; entre otras razones porque como bien dice en la página 115 su autor madrileño perteneciente a una generación que a alguien se le ocurrió un buen día llamar de manera muy, muy ingenua nocilla:

…No hay historias escritas por alcohólicos de clase obrera españoles…

Tristemente, esto es cierto. Lo que sí hay y abundan a mares, son o novelas autobiográficas sobre esta adicción, pero de clases sociales medias y altas/muy altas, intelectuales, académicas… o novelas no autobiográficas pero que vienen a ser más de lo mismo. Es decir, resulta impactante que en pleno siglo XXI, se siga creyendo que las obreras y obreros no leen, o no escriben, o no tienen nada interesante para decir. Y más grave todavía es que las Editoriales a las que no me cabe la menor duda de que les van llegando escritos de este tipo, simplemente no las publiquen, debido a ese clasismo endogámico, sectario y oscurantista que siempre, siempre aprovecho para denunciar, porque aquí es plaga. Cada vez con más descaro, si no tienes un doctorado o has ganado cinco premios, no te publican. Pero VINAGRE también es muy necesaria por otros motivos: sin caer en ningún momento en la típica autoayuda o más típica aún superación, consigue que reflexiones y que empatices con el dolor en torno al alcohol y sus consecuencias, tanto a corto como a largo plazo. El ritmo de lectura es tan fluido que pasa a ser fílmico, y la identificación con el personaje/autor, instantánea. Logra también que te sientas como él, aunque no seas hombre como él, ni jevi (así lo escribe) como él, ni obrero del metal como él. Cuando cierras el libro en la última página, te invade ese vacío repentino de final de lectura tan poco frecuente y te dices: qué pena. Pues el autor termina siendo tu amigo.

Es como si hubiera abierto un cultivo para más escritura del estilo por un lado. Y por el otro y de manera inevitable, nos llene de culpa a las que si bien no somos de clase obrera como tal, por el esfuerzo infinito de (m)padres que murieron antes de tiempo para que pudiéramos acceder a la Universidad, llevamos ese escudo interior; pertenezcamos o no a la categoría siguiente: precariado. Algunas con orgullo llevamos ese escudo aunque carguemos a cuestas ese sufrimiento ancestral, como es mi caso. Pero otros no tanto, o no nada, mejor dicho. Porque sigue llenando de vergüenza el trabajo a destajo, sudoroso, manual, de fábrica. Y que Jorge Matías se atreva con una honestidad inmensa, en muchas ocasiones tragicómica, a desplumar el mito del obrero analfabeto y muchos otros transversales y SAGRADOS como que el alcohol es una droga blanda, constituye un giro totalmente radical de actuación en el género. El autor dedica prácticamente todo el libro, con saltos temporales mediante, a diseccionar hasta qué punto esta droga nos fractura y extraña de las personas que nos rodean, y de nosotras mismas. A ratos, es casi una novela de terror, porque lo hace llegando al fondo fondísimo, ese fondo que todo el mundo quiere evitar, en sintonía con la sustancia de la que habla, la que provoca más daños en España y continúa estando bien vista. 

Recuerdo haber leído hace tiempo La hija de la mujer de la limpieza de James Stephens, un regalo espontáneo de la maquetadora o quizás editora de Ediciones del Viento porque no quisieron publicarme, (y se ve que le di lástima). Ya va siendo hora de leer a la misma mujer de la limpieza. Sin hombre que hable por ella. Incluso sin hija. 

Firmado: Rosanna Moreda

jueves, 26 de junio de 2025

Colaboración: El campo, de Robert Seethaler

Idioma original: alemán

Título original: Das Feld

Traducción: Ana Guelbenzu

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable


Harry Stevens, un anciano alemán residente en el pueblo de Paulstadt, disfruta paseando cada tarde entre las tumbas del cementerio, un lugar al que los vecinos llaman “el campo”, los días que hace buen tiempo. Cuando se cansa, se sienta a la sombra de un viejo abedul, y deja vagar sus pensamientos. A veces, cree oír hablar a los muertos, aunque no llega a captar más que palabras sueltas, y se pregunta cuál será el objeto de sus conversaciones. A muchos los conoce o, mejor dicho, los conoció. Fueron obreros, comerciantes, dependientes y políticos del pueblo que, a buen seguro, tienen muchas cosas que contarnos sobre su vida y, claro, sobre su muerte.

Quizás sólo en ese último momento, como dice nuestro protagonista “sería razonable que un ser humano pudiera emitir un juicio definitivo sobre su vida”.

Y eso es lo que hace Seethaler en este libro. Dar la palabra a veintinueve vecinos de Paulstadt que nos hablan de cómo vivieron y cómo murieron.  Es un universo pequeño y cerrado y, en muchas ocasiones, inevitablemente, las historias de algunos personajes se entrelazan con las de otros creando un universo en el que vemos como respira toda la comunidad. Hay historias de amor, odio, soledad, esperanza, venganza, ilusión o crueldad. Cada capítulo no deja de ser más que un reflejo de la condición humana. 

Seethaler se propone, y lo consigue, que comprendamos a cada uno de los personajes que nos presenta. Son personajes normales y corrientes, como usted y como yo, con sus pequeñas alegrías y tristezas, que toman decisiones, acertadas o equivocadas, que dirigen su vida, y a menudo su muerte, en una determinada dirección. 

No me resisto a incorporar el fragmento final de un capítulo. Unas líneas ilustrativas del tono poético en que se mueve el escritor alemán:

“En mi memoria ya no paró de llover, el mundo se vino abajo. Ahora yazco aquí, entre mis padres. No ha sido un camino largo, pero se está tranquilo, y algunas noches oigo a lo lejos un gemido, leve al principio, aunque constante como el llanto de un niño, que luego crece y se vuelve más intenso y penetrante, hasta llenar la noche. Yo me quedo quieto y escucho aullar a los lobos hasta que su aullido se interrumpe”.

Seethaler escribe con elegancia y sobriedad y transmite ternura hacia los personajes que retrata. Algunos merecen unas líneas, otros varias páginas, pero todos han constituido el tejido vivo de Paulstadt y todos tienen cosas que contarnos.

Como señaló el propio novelista alemán en alguna entrevista: “cada hombre es el héroe de su propia historia”.  

                                                                                                                  Firmado: José Miguel Martínez

También de Robert Seethaler reseñado en ULADEl vendedor de tabaco

miércoles, 18 de junio de 2025

Colaboración: La resistencia, de Ernesto Sabato

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2000

Valoración: Muy recomendable


Cuando Sabato publicó La resistencia en 2000, con ochenta y nueve años, ya sentía el aroma de la muerte. Tardaría once años aún en culminar su existencia, y buena parte de ese aguante se puede explicar a raíz del contenido de esta suerte de ensayo/manifiesto, que trasluce un optimismo sólido (esto es, paradójicamente, lleno de dudas) ante la vida.

En este blog las tres novelas de Sabato han sido calificadas de imprescindibles y por tres personas distintas, lo que da testimonio de su maestría literaria y de su profundidad intelectual y humana, pues es uno de los pocos escritores con una visión del mundo que puede considerarse personalísima. Él definía a su producción narrativa, desgraciadamente escasa, como una oportunidad en donde mostrar las alegrías y las tristezas de su persona, sus pruebas de carácter y sus valles de sombras, que se reflejan en los personajes, trasuntos conscientes del autor.

Pero en los ensayos sostenía una postura coherente y sin resquicios, apelando al orden de los razonamientos. En La resistencia él mismo admite que años atrás no hubiese escrito este libro, entregado a una resignación aplastante (acababa de perder a su compañera de toda la vida y a uno de sus hijos), pero en su edad final resurgió una esperanza “demencial”, producto de la convicción de luchar por lo más sagrado en nuestro interior.

Es así que La resistencia se divide en cinco cartas, y cada una de ellas trata un tema en particular (los valores antiguos, los valores en comunidad, entre otros). La tesis que impregna a las cartas es que el hombre, mecanizado en una era de industrialización y sacralización científica, debe recuperar aquello que lo hace humano, la necesidad de cuidar el planeta y el respeto hacia la vida de uno y de los demás apostando al bien común, que no es “la sumatoria de los bienes egoístas individuales”, con sus afectos y ritos que proporcionan un orden ante la ansiedad de lo Absoluto y que ninguna máquina ni teoría puede reemplazar a la hora de brindar respuesta o consuelo. Realiza una crítica despiadada a casi todos los aspectos del capitalismo salvaje, no desde una postura económica o partidaria, sino centrándose en lo espiritual y humano, en el desgajo continuo, y perpetuo a este ritmo, que causa la estructura y visión actual del mundo.

Sabato no escribe de manera mística, entronizando únicamente las cosas del pasado y desechando lo nuevo. Pondera la necesidad de la juventud de volver a las raíces espirituales frente a un mundo que exige información y productividad constante. Admite fallas en su razonamiento, resultado de sus dudas permanentes (y él fue un hombre jalonado por ellas), pero desarrolla sus argumentos y esperanzas con una sencillez abrumadora, la que la sabiduría de los años le han dado, que es complicado no emocionarse, no encontrar una grieta en nosotros que nos haga detener un momento para redimensionar la vorágine en la que estamos sumergidos. Es probable que al leer este libro uno ya sepa o haya intuido todo lo que se expresa, pero una cosa es saberlo y otra ponerlo en acción de la mejor forma que cada uno pueda, una cosa es creer en ello sin que nadie más parezca compartirlo y otra cosa es verse respaldado por un autor de la talla de Sabato.

No le he puesto un Imprescindible porque no deja de ser un compendio de reflexiones muy bien conocidas de anteriores ensayos (recomiendo Heterodoxia, El escritor y sus fantasmas, en fin, toda su trayectoria) y porque sus novelas tienen más alcance emocional, ahondan no solo en la luz de la humanidad, sino también en la oscuridad, pero es una inmejorable entrada a uno de los pocos escritores que son también artistas de su tiempo, y en donde se puede encontrar, en vez de la moda del estoicismo barato y los manuales de autoayuda, verdadera compañía. Cierro con una cita de Emmanuel Lévinas, incluida en el libro y que resume excelentemente la obra de este monumental autor:

Lo humano del hombre es desvivirse por el otro hombre

Firmado: Félix

Otras obras de Ernesto Sabato reseñadas en ULADSobre héroes y tumbasAbaddón el exterminadorEl túnel