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sábado, 12 de abril de 2014

Philip Roth: Engaño

Título original: Deception
Idioma original: inglés
Traductor: Jordi Fibla
Año de publicación: 1990
Valoración: está bien

     Un Philip Roth. Un Philip Roth “menor”, si se quiere (y si tal cosa es concebible), previo en su publicación (1990) a muchas de sus obras más renombradas.

      Un Philip Roth técnicamente virtuoso, pues toda la novela está estructurada a base de diálogos (o fragmentos de diálogos). Pero con lo del virtuosismo no me refiero a un simple alarde técnico, ya que el recurso al diálogo resulta ante todo pertinente y adecuado a la historia (o historias) que se cuenta y, en segundo lugar, dudo que el sr. Roth tratara de llamar la atención con tal virtuosismo, dado que era la primera novela (ni la última), que cha mano de tal recurso. Por compararlo con otros novelistas norteamericanos de fuste y de su época, diré que no son los diálogos irritantemente lacónicos (al menos para mí) de McCarthy ni tampoco los irritantemente desquiciados del Gótico carpintero de Gaddis (aunque también es cierto que ese desquiciamiento era, sin duda el efecto deseado). Los de Engaño son diálogos rápidos, vivos, de una facilidad que el lector, creo que agradece, aunque... a veces tampoco sea fácil de averiguar quien está hablando o qué está sucediendo, con exactitud (de eso se trata, también).

     Un Philip Roth que, una vez más, utiliza su propia biografía para construir la trama y los personajes: el protagonista es un escritor llamado Philip (humm... necesito más pistas), escritor norteamericano (podría ser cualquiera...), judío (vaya, eso...), que ha sido profesor y ha tenido líos con alumnas (bueno... ¿y quién no?), que escribe un libro sobre un tal Zuckerman (ejem... me rindo) y tiene una relación extraconyugal con una dama inglesa, con la que mantiene dichos diálogos, alternados con otros con personas provenientes de los países del Este de Europa (aún existía el “Telón de Acero” y todo...¡qué tiempos!) y con su esposa. De hecho, creo que este libro podría entrar en la categoría de lo que hoy día llamamos “autoficción" (género o subgénero o lo que sea del que yo suelo huir como de la peste... pero claro, esto es un Philip Roth...). Incluso, al parecer, su pareja de entonces, la actriz inglesa Claire Bloom (con la se casaría en ese 1990, para divorciarse unos años después) le exigió que retirara su nombre del manuscrito de la novela. No se cortaba un pelo, mr. Roth...

      Un Philip Roth que , por supuesto, trata, aunque sea de pasada, muchos de los temas que encontramos en otros libros suyos. Los protagonistas, dos adúlteros que dialogan antes o después del acto nefando, hablan del amor, del matrimonio y el adulterio, claro, pero también de la enfermedad y el envejecimiento, del judaísmo (o, mejor dicho, del hecho de ser judío, que es algo diferente), del antisemitismo, de las diferencias entre América e Inglaterra, del proceso creativo literario y sus miserias...

     Un Philip Roth en el que además es difícil distinguir lo que es real y lo que imaginario (bueno, en realidad, es una novela, luego todo debería considerarse imaginario.... ¿o quizá no?): llega un momento en que lo que parece es un autor dialogando con sus personajes, como si Flaubert mantuviera una conversación con Emma Bovary (el ejemplo no es al azar, que conste). Además, constantemente se habla en el libro de otro libro que está escribiendo el protagonista, y uno ya no sabe si es el mismo libro que estamos leyendo u otro libro diferente de este libro... en fin, el consabido rollo metaliterario que tanto suele gustar (y del que huyo como de la sarna). Al final, uno no sabe si el Engaño del título se refiere al adulterio o al del escritor (así, en genérico) hacia sus lectores. Lo que, supongo, también era de lo que se trataba.

      Un Philip Roth que quizá no guste tanto a los que se aproximan por primera vez a su obra como a los que ya la conocen y son incluso adictos (que los hay) al “monstruo de Newak” (dicho sea con cariño). Y que, a pesar de ciertas reticencias, no puedo dejar de recomendar, porque, después de todo, se trata de una novela del gran Philip Roth.... ¿esto no lo había mencionado aún, verdad?

También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundo, La conjura contra AméricaElegíaLa mancha humanaNémesisPastoral americanaEl lamento de PortnoyLa humillaciónGoodbye, ColumbusSale el espectro

lunes, 16 de enero de 2012

Philip Roth: Némesis

Idioma original: inglés
Título original: Nemesis
Año de publicación: 2010
Valoración: Está bien

Hace poco, a cuenta de mis primeras impresiones sobre esta novela, el periodista y crítico César Coca me respondía en un twit: "Philip Roth, incluso cuando no es el mejor Roth, siempre es bueno". Y razón no le falta, desde luego. Si comparamos a Philip Roth con el 99% de los escritores que llegan a la sección de "Novedades" de las librerías (incluso con muchos de los que venden tanto o más que él), entonces sí, Roth es un maestro, un novelista consumado y experto; el problema es que si se compara a Philip Roth con Philip Roth (con el mejor Philip Roth, quiero decir: con el de Me casé con un comunista, La mancha humana o La conjura contra América), entonces ya la cosa cambia.

Que conste que Némesis me ha parecido mejor que Indignación y que Sale el espectro (como se ve, soy fan de Roth: me leo prácticamente todos sus libros en cuanto salen). En este caso, la novela nos presenta a Bucky Cantor, un buen chico (demasiado bueno para mi gusto) judío del barrio de Newark (como tantos otros protagonistas de Roth) que se encarga de vigilar y entretener a los niños del barrio en un centro deportivo, durante la epidemia de polio de 1944. Algunos de estos niños caen enfermos y Bucky, presionado por su prometida Marcia, deja Newark para irse a cuidar de otros niños distintos en un campamento en los montes Poconos; pero la polio lo sigue hasta allí, enfermando a varios niños y atacando, finalmente, al propio Bucky. Pero peor que la enfermedad en sí es el sentimiento de culpa que lo castiga y lo angustia hasta el final de sus días, por creer que él ha sido el portador, el agente del mal que ha contagiado la enfermedad a los niños.

Némesis es una novela con tintes bíblicos, además de trágicos: la plaga invisible que azota la ciudad matando principalmente niños; el personaje principal atormentado por la desgracia y por la culpa; la imposibilidad de encontrar refugio contra el mal... De hecho, a partir de cierto punto (hacia la mitad), la novela se convierte en una reflexión sobre la bondad de Dios, un Dios capaz de crear la polio y de dejar desatendidas las plegarias de los padres que han perdido a sus hijos.

Pero, a pesar de todo eso, Némesis no ha conseguido conmoverme, salvo en pasajes muy concretos. Creo que una parte del problema es que los personajes son muy planos: Bucky Cantor es muy bueno y muy desdichado (huérfano de madre y abandonado por el padre, imagínate); Marcia es muy inocente y solo actúa movida por el amor; el padre de Marcia es una clásica figura paternal, sabia y comprensiva... De hecho, salvo por los italianos que aparecen al principio de la novela "contaminando" el barrio judío, se diría que Roth ha creado un universo lleno de buenas personas injustamente castigadas por un destino (o un dios) arbitrario.

Hay otra lectura posible que está solo apuntada, o subyacente, en la novela: el paralelismo entre la guerra (con los soldados estadounidenses combatiendo en el frente europeo y en el asiático) y la enfermedad. Bucky Cantor fracasa en ambos enfrentamientos (por incomparecencia en un caso, a causa de un defecto en la vista; por incapacidad en el segundo) y como consecuencia se transforma en un ser asexuado, impotente, pasivo, solitario. Creo que habría mucho que decir en esa línea, planteando cuestiones sobre la responsabilidad y la cobardía, la auto-identidad masculina o el poder autodestructivo de la culpa. Son todos ellos temas que Roth esboza, pero que no desarrolla.

En fin, que si realmente Los enamoramientos y Némesis son dos de los tres "mejores libros de 2011" (en España), entonces es que 2011 ha sido un año literariamente pobre. Ahí en la mesilla tengo el tercero que completa el podio, Libertad, de Jonathan Franzen. Miedo da...


También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundo, La conjura contra AméricaElegíaLa mancha humanaPastoral americanaEl lamento de PortnoyEngañoLa humillaciónGoodbye, Columbus, Sale el espectro

domingo, 12 de abril de 2009

Philip Roth: Elegía


Idioma original: inglés
Título original: Everyman
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Si no os importa, voy a empezar con una batallita. La primera novela que leí de Philip Roth la leí por error. Acababa de leerme dos novelas de Joseph Roth (Hotel Savoy y La leyenda del Santo Bebedor) y me habían encantado, y quería leerme algo más de él, así que cuando encontré por casa un libro de un tal Roth, lo cogí sin mirar más, y empecé a leerlo. Aquel libro era El lamento de Portnoy, y claro, a mí me extrañaba bastante que un autor centroeuropeo de la primera mitad del siglo XX escribiera sobre las tribulaciones de un judío en Newark (Nueva Jersey), obsesionado por su incapacidad para disfrutar de las más variadas y freudianas experiencias sexuales. Una vez aclarado el error, la novela me gustó bastante, tengo que decir.

Desde aquel primer encuentro accidental, he leído varias novelas más de Philip Roth, y casi todas me han dejado una sensación parecida: la de que son buenas novelas, bien escritas, "sólidas" como ficciones y como narraciones, pero ninguna llega a ser redonda, perfecta. Tanto en Me casé con un comunista como en Sale el espectro hay momentos brillantes, pasajes sobre lo físico y sobre lo metafísico que quitan el aliento (y Roth no se corta un pelo a la hora de sumergirse en lo físico, tanto en lo sexual como en lo escatológico). Pero en todas ellas, también, hay momentos en los que la novela pierde fuerza, como si Roth fuera mejor en el arte de escribir que en el arte de tachar o tirar a la basura.

A Elegía (en inglés, Everyman, con una referencia al drama medieval del mismo título que se pierde en el español), le pasa algo parecido: al principio me costó entrar en la novela, las primeras 50 páginas -en las que se celebra el funeral del protagonista y algunos de sus allegados comienzan a recordarlo- me parecieron excesivament densas, torpes, de ritmo atrancado. A partir de ahí la cosa mejoró, y la segunda mitad, que trata sobre todo de la vejez y sus consecuencias, me encantó. De hecho, de todas las novelas que he leído de Roth, es por ahora la que más me ha gustado.

Y eso es precisamente lo que me pasa con Philip Roth: que la novela que más me ha gustado me parece "Muy recomendable", que no es poco, pero ninguna de ellas "Imprescindible". Dicen que La mancha humana es su mejor novela. Espero leérmela dentro de poco y ver si por fin consigue subir ese último peldaño. Porque a Roth sólo le falta éso y el Premio Nobel...

También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundo, La conjura contra AméricaLa mancha humanaNémesisPastoral americanaEl lamento de PortnoyEngañoLa humillaciónGoodbye, ColumbusSale el espectro

lunes, 31 de enero de 2022

Philip Roth: Patrimonio. Una historia verdadera


Idioma original:  inglés

Título original: Patrimony. A true story.

Año de publicación: 1993

Traducción: Ramón Buenaventura

Valoración: muy recomendable

Haré un esfuerzo titánico por no blandir esta reseña al lamentablemente nutrido grupo de los escritores asidos a la nostalgia. Ese deprimente club que resulta ser el preferido de una estimable masa lectora. Pero es que Philip Roth consigue tratar un texto de un tema tan peliagudo (el declive físico y fallecimiento de su padre Herman Roth) combinando versatilidad como escritor y a la vez fidelidad al estilo que marcó su obra de ficción, obviamente eligiendo un tono aquí más comedido, pero sin caer en el artificio de la solemnidad sobrevenida, ese lastre que señala de forma implacable a los impostores (me ciño a mi promesa) que parecen sacar la caja de kleenex sobre la mesa cuando se ponen serios como para proclamar que ahora toca llorar.

Y puede que Philip Roth no cuente en su obra con ninguna descollante obra maestra de las que salen en las listas de los xxx mejores libros del siglo, pero ya va una serie de obras suyas que, en su conjunto, integran una aportación descomunal a la literatura contemporánea. Por compararlo con (este aún vivo) otro eterno aspirante al Nobel como Don De Lillo: Roth no tiene una obra tan brillante como Ruido de fondo ni tampoco una piedra en el zapato como Cosmopolis o Body Paint. Y menciono esta última porque cuando intenté leerla siempre acudía a mí un pensamiento algo incorrecto: ¿a mí que me importan las vidas de estos dos viejos? 

Pues con Roth esto no ha sucedido: Patrimonio, que para más inri es una obra de corte autobiográfico, ergo no cuenta con la licencia creativa de diseñar personajes que atraigan al lector, nos presenta a un anciano de ochenta y seis años que lleva varios años viudo. Que empieza a apreciar el deterioro físico y que se muestra reticente a generar molestias, aceptando a regañadientes (y por el camino comportándose como un hombre algo arrogante y escéptico) someterse al cruel vía crucis de los especialistas médicos hasta que, a pesar de los denodados y piadosos esfuerzos de los familiares por atenuar las malas noticias, conoce sin lugar a dudas su condición de enfermo de muy mala expectativa. Nos presenta a Philip Roth, su hijo, bregando con la situación, encargándose en primera persona de los aspectos logísticos, absorto en ello hasta el punto de ser incapaz de leer, de escribir, representando un papel realista y cariacontecido, no abrumado, no angustiado, sino dando testimonio de una envidiable madurez que trasluce en una prosa espléndida, de una naturalidad y una pasmosa cercanía con el lector. Un lector que no puede ser universal, porque este no es un libro para cualquier ocasión ni para todas las circunstancias, pero que asiste aquí, de una manera inesperada, a un magistral ejercicio de introspección.

Otros libros de Philip Roth en ULAD: aquí

jueves, 24 de septiembre de 2015

Philip Roth: Goodbye, Columbus

Idioma original: inglés
Título original: Goodbye, Columbus
Año de publicación: 1959
Traductor: Ramón Buenaventura
Valoración: Muy recomendable

Las primeras veces suelen ser determinantes para nuestras relaciones y actitudes futuras: así, si nuestra primera experiencia con alguien resulta frustrante o incluso desagradable, es probable que rehuyamos a esa persona o incluso el acto en sí; en cambio, si esa experiencia es altamente placentera, trataremos de repetir siempre que podamos con la misma pers... un momento, ¿¡de qué se creen que estoy hablando, malpensados!? Está claro que me refiero a libros y escritores; a qué, si no... (¡habráse visto qué mentes más calenturientas!). En fin, a lo que iba: como ya señalé en una reciente reseña, mi primera experiencia leyendo a Doctorow, por ejemplo, fue poco satisfactoria, y por eso no repetí con este autor hasta hace poco. Con Philip Roth, en cambio, me ocurre todo lo contrario: lo pasé tan bien la primera vez que leí una novela suya (por suerte, se trató de El lamento de Portnoy), que vuelvo a insistir una y otra vez con sus libros, aun siendo consciente de que difícilmente volveré a disfrutar tanto con uno (o incluso cuando quedo bastante decepcionado, como fue el caso con Engaño).

Y lo que tenemos aquí es, por otro lado, la primera experiencia como escritor -o al menos como escritor publicado- del entonces joven Philip Roth; una serie de relatos en los que ya podemos encontrar buena parte de los elementos que luego serán habituales en su narrativa: la ciudad de Newark (famosa precisamente por ser el hogar de Roth, de los Soprano y del Vengador Tóxico), la "juidicidad" -que no judaísmo-, entendiéndola como la identidad que cualquier individuo judío debe presentar frente al mundo y, sobre todo, frente a los demás judíos... aunque a los gentiles nos parezca ajeno, no es un mal tema para reflexionar, en estos tiempos que exigen la definición de nuestras identidades colectivas, frente a las individuales. También tratan sobre la hombría, que por supuesto no se refiere a la cualidad de ser un machote de pelo en pecho, sino la conversión del niño o joven en hombre (que luego puede ser "muy macho" o no). Y ante todo, encontramos ese sentido del humor, a ratos triste, otros socarrón o incluso  desbocado, que tan bien conocemos sus lectores...

El primero de los relatos, que da título al volumen -en realidad, más que un relato diríase una novela corta- no es, sin embargo, el más humorístico, aunque no falta la ironía un tanto burlona de Roth. Se trata de la crónica de un amor veraniego. joven judío -ya algo talludito para llamarle "chico"- de clase media más bien baja, conoce a chica judía de clase media más bien alta. Inician una relación, él conoce a la familia de ella, incluso se va a vivir a casa de ella y... bueno, no diré como acaba, pero sí que el tono final resulta bastante melancólico, incluso cruel. No pasa nada extraordinario, pero somos conscientes de haber asistido a un episodio decisivo en la vida de alguien. En los demás relatos, mucho más volcados hacia el humor y hasta la farsa, conoceremos a todo un compendio de personajes que viven de manera más o menos conflictiva su "juidicidad": el hereje de trece años Ozzy Freedman, el sufrido sargento Marx o el no menos sufrido pero mucho más desquiciado Eli Peck, el "fanático", En el único de los cuentos en los que no se hace mención a la condición judía de sus protagonistas, No se conoce al hombre por la canción que canta, podríamos decir que ésta se halla presente "por omisión", o por contraste con el origen siciliano del compinche del narrador de la historia. Aunque quizá esto sea hilar demasiado fino (¿un pensamiento demasiado rabínico, quizá?).

En fin, para terminar la reseña, permítanme un toque de pedante cursilería -o de pedantería cursi, si se prefiere-: yo ni soy judío, ni norteamericano ni he estado en Newark en mi vida (ni ardo en deseos de ir, la verdad). Pero diré, sin ánimo de molestar a nadie, que me siento más cercano a Philip Roth que a la mayoría de mis compatriotas, mis coetáneos o casi cualquiera de los que han sido educados en la misma religión que yo... Supongo que en eso consiste el secreto de los grandes escritores: hacernos sentir que sus palabras hablan no sólo por ellos mismos, sino también por nosotros.


Un montón de libros de Philip Roth reseñados aquí.

martes, 14 de julio de 2009

Philip Roth: La mancha humana vs. Milan Kundera: La broma

Idioma original: inglés / checho
Título original: The Human Stain / Žert
Año de publicación: 2000 / 1967
Valoración: Muy recomendables

Leyendo La Mancha Humana de Philip Roth no puedo evitar acordarme de La broma, de Milan Kundera. Se trata de una relación leve y algo arbitraria: ambas novelas tienen por protagonistas a un hombre al que un comentario irónico, tomado en serio, condena a la marginalidad. En el caso de La Mancha Humana, el protagonista Coleman Silk se ve forzado a abandonar su puesto en una universidad por una frase malentendida que lo hace pasar por racista; en La broma, una postal humorística enviada por Ludvik Jahn a una chica es considerada como subversiva por el régimen comunista, que lo envía a un campo de trabajos forzados. En ambos casos se trata de la represión del individuo en un sistema más o menos opresivo (la Checoslovaquia comunista y los puritanos y políticamente correctos Estados Unidos de la era Clinton).

A partir de este primer esbozo inicialmente idéntico, ambos escritores llevan su novela hacia lugares muy distintos. Kundera siempre tiende más hacia lo abstracto y hacia lo humorístico; Philip Roth (salvo en El lamento de Portnoy, claro) es concreto, realista, frecuentemente autobiográfico y se toma a sí mismo (y a sus personajes) muy en serio. Además, el personaje de Coleman Silk tiene un gran secreto que, más allá de la anécdota inicial, se convierte en el verdadero motor de la novela.

Me resulta realmente difícil cuál de las dos novelas son mejores. La primera parte de La broma es, en mi opinión, de lo mejor que ha escrito hasta ahora Milan Kundera, mejor incluso que La insoportable levedad del ser; incluso la parte en que Ludvik intenta acostarse con la mujer de uno de sus acusadores en la juventud está bien; pero hay muchos fragmentos que están bastante traídos por los pelos y que le restan interés al conjunto. La mancha humana es en cambio, como casi todas las de Roth, una novela apisonadora: densa, de ritmo implacable, sin fisuras, con unos cuantos personajes memorables de esos que suele crear Roth, llenos de matices y contradicciones apasionantes.

Es cierto que la comparación entre ambas novelas puede ser un poco arbitraria, pero tal vez no lo sea tanto: en La mancha humana, que es posterior a La broma, se cita a Kundera en varias ocasiones, y en Lecturas de mí mismo Roth dedica un breve ensayo precisamente a esta novela. No cabe duda de que, de candidato al Nobel a candidato al Nobel, el estadounidense conoce y admira al checo. No sería descabellado pensar que, además de en algún personaje real, que comparte importantes datos biográficos con Coleman Silk, Roth se hubiera inspirado en la anécdota de la novela de Kundera para poner su argumento en marcha.

También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundo, La conjura contra AméricaElegíaNémesisPastoral americanaEl lamento de PortnoyEngañoLa humillaciónGoodbye, ColumbusSale el espectro

Todas las reseñas sobre Milan Kundera en ULAD: Aquí

sábado, 13 de diciembre de 2025

Philip Roth: Sale el espectro

Idioma original: inglés
Título original: Exit Ghost
Traducción: Jordi Fibla en castellano para Random House
Año de publicación: 2007
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

En la vorágine de publicaciones editoriales, donde cada día aparecen nuevos, uno puede caer en el error de centrarse solo en el presente y olvidar que hay grandes autores de nuestro pasado más reciente que todavía tienen obras no reseñadas en ULAD, como es el caso que nos ocupa. Y a ese defecto hay que hacerle enmienda porque Philip Roth es uno de los grandes escritores de la narrativa norteamericana y eso se percibe claramente en este libro por su un estilo firme, sobrio y sin fisuras.

En el libro que nos ocupa, Roth vuelve a recurrir a su alter ego Nathan Zuckerman para escribir un relato que nos habla de la vejez, de la atracción, de la nostalgia y de la lucha por defender el honor de las personas que admiramos. Con ese propósito, el autor empieza el relato situando a su protagonista en Nueva York, ciudad que abandonó once años atrás para ir a vivir a una casita junto a la carretera, alejado de las personas y de la tecnología, dedicándose a escribir la mayor parte del día. Así, su retorno a la gran manzana es promovido por la necesidad que tiene de una intervención prostática, pues su avanzada edad pasada la setentena le está empezando a hacer mella en su salud. Una visita que es tan temporal como pensaba, pues la partida de su bucólico hogar para trasladarse a la gran ciudad le revitaliza y le estimula, porque tal y como afirma, «cuando llegue a Nueva York, en cuestión de horas la ciudad hizo conmigo lo que hace con la gente: despertar las posibilidades. La esperanza resurge». Una esperanza que se magnifica cuando topa por casualidad con un anuncio en el que una pareja de escritores quiere hacer un intercambio de casa con alguien que viva alejado de la ciudad; así que Nathan se presta a ello a la vez que, sin desearlo ni tan siquiera darse cuenta en aquel momento, queda prendado de la propietaria de treinta años del piso que va a intercambiar. Una primera impresión que impacta profundamente a Nathan, pues tal y como confiesa, «ejercía sobre mí una enorme atracción, una enorme atracción gravitacional sobre el fantasma de mi deseo».

A partir de aquí, vamos viendo los motivos por los que abandonó Nueva York a la vez que nos va introduciendo en una trama de indagaciones periodísticas que remueven su pasado. De esta manera, la novela avanza en diferentes frentes, todos ellos entrelazados y sumamente interesantes pues Roth es muy bueno tejiendo historias, pero también construyendo personajes; este aspecto se pone también de relieve en esta novela pues consigue atrapar al lector desde un inicio, con una trama multicapa de fácil acceso en la que el lector se sumerge de manera irremediable contagiándose del devenir de la vida de Nathan. Roth sabe cuándo frenar y cuando acelerar, donde dejar esos puntos de enganche que tiran del lector hasta llevarlo a donde él pretende, y la trama gira en torno a Zuckerman en forma de una espiral a la que uno es arrastrado llenándose y empatizando con la historia narrada. Porque aquí Roth nos habla de misterios, de deseo, de política, de la Nueva York post 11-S que sobrevuela de manera constante a lo largo de la novela («después del 11-S, cerré la caja de las contradicciones»); nos habla también del paso del tiempo en uno mismo que lo acerca a la vejez, de la salud, pero también de la vigorosidad, de la sociedad y su tendencia a admirar la novedad. 

Con todo ello, Roth escribe un relato que conforma una suerte de triángulo entre una joven, un periodista osado y un escritor ya fallecido. Y la verdad es que se desenvuelve realmente bien desplegando en el relato su habilidad para tejer personajes con claroscuros, historias en apariencia simples pero narradas con toda la meticulosidad que demandan y un estilo que lo envuelve de cierto aire clásico que lo reafirma como uno de los grandes escritores norteamericanos.

Otros libros de Philip Roth en ULAD: aquí

lunes, 27 de enero de 2025

Colaboración: Me casé con un comunista, de Philip Roth

Idioma original: Inglés

Título original: I Married a Communist

Año de publicación: 1998

Traducción: Jordi Fibla

Valoración: Muy recomendable


Hace once años me hice con la Trilogía americana de Philip Roth, en el volumen de Galaxia Gutenberg para el desaparecido Círculo de Lectores, con la ilusión de leer por primera vez a uno de los mejores novelistas de Occidente (el mejor, según algunos). Y empecé por Pastoral Americana, que me pareció una novela de calidad desigual, lenta y anodina. De modo que, decepcionado con la obra y con el escritor, dejé el volumen en el estante por años y años. Pero un libro en la biblioteca de un lector, virgen en 2/3 de su lectura completa ¿no es a la vez un reto y un pequeño deshonor? Roth merecía una segunda oportunidad. 

Por medio del anciano Murray Ringold, años atrás brillante profesor de lengua y literatura inglesas del joven Nathan Zuckerman  -supuesto alter ego de Roth- se nos narra en retrospectiva la historia de Iron Rinn - Ira Ringold, un mocetón de más de 1,90 m, hermano del primero y, como él, criado en un barrio duro de Newark, Nueva Jersey: obrero y cavador de zanjas, seductor, soldado, un tanto violento, polemista a veces un tanto inoportuno y apóstol ferviente de la religión de Lenin en la América de finales de los 40 y los 50, allá cuando la persecución ideológica y las listas negras. Ira se convierte en la popular estrella improbable de series radiofónicas y llega a codearse con los más florido del mundo artístico de los EEUU, sin perder por ello ni sus ideas ni, en gran parte, su desastrado estilo.  

Roth no deja de ser Roth, de modo que la lectura de esta obra puede no ser del todo recomendable para quienes prefieran un discurso más ligero o un relato en el que los diálogos agilicen con frecuencia la trama. Incluso visualmente, las páginas se llenan de renglones de extremo a extremo. Hay pocos puntos y aparte, pocos diálogos en un trabajo que, si bien se extiende algo más de lo deseable -a entender de quien escribe esta reseña- es sólido, está bien estructurado y retrata, de forma verosímil y convincente, a hombres y mujeres de toda laya y estilo en un país y en un momento histórico concretos. Las piezas de la historia encajan mejor que las de Pastoral. Y es que, según avanzan las páginas, no te cabe duda de que estás leyendo a un novelista de raza. 

Eso sí, prepárense para una sobredosis de EE.UU. de América –salpimentada de la cuestión identitaria judía.- Quizás este exceso sea el fruto o la consecuencia de un conjunto heterogéneo y sin embargo compacto, del gran retrato de una nación en esplendor, poco porosa a influencias externas. No en vano, estamos en el corazón de la trilogía americana.

Pero la historia de Ringold trasciende la creación y el arte y sin ser, digamos, una novela-protesta, refleja con maestría las tensiones expresas y ocultas de una sociedad fragmentada, las diversas circunstancias de las personas y, en suma, sus distintos modos de afrontar el mundo, con personajes sólidos y psicológicamente bien definidos. 

Una obra de factura al alcance de pocos, pero de las que no suelen contentar a todo el público. En mi opinión y en esta ocasión, Roth deja clara su madera de gran novelista, de constructor de retratos completos y creíbles, en un trabajo estético e inteligente.     

Firmado: Francisco Marín

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Philip Roth: El animal moribundo

Idioma original: inglés
Título original: The Dying Animal 
Año de publicación: 2001
Valoración: Recomendable

Conviene empezar aclarando que esta es la novela en la que se basó Isabel Coixet para su película Elegy, y no en el libro -también de Philip Roth- que en español se tituló Elegía, y que en inglés se titulaba Everyman (perdón por el trabalenguas). De hecho, la lectura de este libro ha estado muy condicionada por el recuerdo de la película (que por cierto no me gustó demasiado): mientras leía, no podía evitar ponerle a David Kepesh la cara de Ben Kingsley, ni a Consuela Castillo la de Penélope Cruz. Y a pesar de eso, la novela -que no está al nivel de las novelas mayores de Roth- me ha gustado más que la película.

Como en muchas otras novelas de Roth, aunque aquí de manera más consciente y constante, el tema central es el sexo. El sexo, en relación con el amor, con las convenciones sociales o con la pura carnalidad del cuerpo. O con la enfermedad, o con la muerte. También como siempre, Roth no huye de los aspectos más pornográficos, fisiológicos o incluso escatológicos de la realidad de los personajes, algo que sin duda considero una virtud, aunque dé lugar a escenas algo duras.

La historia: David Kepesh, crítico literario y profesor a tiempo parcial, acostumbra a acostarse con sus alumnas, que lo encuentran irresistible porque sale en la tele (sic); en uno de sus cursos, conoce a Consuela Castillo, hija de exiliados cubanos de grandes pechos, sensual, superficial, contradictoria. Los dos empiezan una relación fundamentalmente sexual, que es el centro de la novela. Todas las demás historias y personajes que aparecen, son variaciones sobre el mismo tema: la tensión entre el puro deseo sexual, y las concesiones al convencionalismo, el conformismo o el amor. Para Kepesh -y quizás para Roth-, todo el que renuncia a un gramo de deseo, se está traicionando a sí mismo.

Y sin embargo, en la segunda mitad de la novela (no creo estar desvelando ningún gran secreto de la trama) el personaje principal sucumbe, sentimentaliza su relación con Consuela, en una palabra: se enamora. Siempre me ha llamado la atención que en muchas novelas, series o películas (sobre todo si son hollywoodienses), los personajes que deciden vivir su sexualidad de manera puramente física, al margen de convencionalismos o sentimentalismos, acaban o muertos o enamorados. En esta novela, con su contundente frase final (you are finished: "estás acabado") parecen unificarse ambas salidas posibles: enamorarse equivale a morir.

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miércoles, 23 de octubre de 2019

Philip Roth: El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras


Idioma original: inglés
Título original: Shop Talk. A writer and his Colleagues and their Work
Año de publicación: 2001
Traducción: Ramón Buenaventura
Valoración: bastante recomendable

En algún momento se produjo el terrible sorpasso y Philip Roth destronó a un últimamente errante Franzen erigiéndose en uno de mis cinco escritores de referencia (esos de los que intentas leerlo y tenerlo todo, esos a los que ya lees con una actitud de amigo), y, a la postre, abocándome a que solo uno de ellos esté vivo y pueda esperar algo nuevo de él.

Un desastre, y ya abandono mis lamentaciones privadas y personales que a nadie interesan para pasar a hablaros de este libro.

Este no es, como yo esperaba al principio, el equivalente en la obra de Roth a libros como Mientras escribo de King o De qué hablo cuando hablo de escribir. En ambos casos, libros muy interesantes de escritores que me interesan bastante poco. O sea, no es un ensayo canónico y descarnado de un creador y sus experiencias ante el folio/pantalla en blanco. Tampoco es un estudio crítico propiamente dicho, pues combina determinadas situaciones siempre asociadas a otros autores: relaciones epistolares, entrevistas espaciadas por los años, conversaciones en el entorno de una relación cordial, casi amistosa, a veces la pura distancia del idioma o la situación geográfica condiciona la conversación. Pero Roth aquí no es el crítico agreste escondido tras sus personajes más emblemáticos, y diría que esa actitud respetuosa a la vez le beneficia (obteniendo la colaboración de sus oponentes) y le perjudica (evitando la intensidad que a veces se deriva de ciertas actitudes).
La mayoría de los aquí presentes son escritores ya maduros y consagrados, muchos de ellos judíos como Roth y muchos de ellos con huellas presentes o recientes en la realidad europea de la primera mitad del siglo XX: empezar con Primo Levi revela a las claras ciertas de las temáticas recurrentes en los textos (el Holocausto, la represión, el drama, la huida, la anulación personal) y el recorrido del libro va constatándolo hasta llegar al punto opuesto necesariamente parecido: hemos trazado un ángulo de 360 grados y huyendo del nazismo hemos caído en el totalitarismo ruso, el de la Primavera de Praga visible a través de dos autores checos, Ivan Klima y Milan Kundera, dos de los pasajes más atractivos de esta selección (excelente el ambiente relajado de la conversación con Klima) en que la queja se establece en ese teórico otro extremo.
El totalitarismo ruso anula la disidencia en Checoslovaquia a través del silenciamiento del entorno cultural que no es afín, se trata de la misma represión quizás más sutil y menos contundente, pero con los mismos resultados. Escritores reprimidos, represaliados, divididos (esto me recuerda algo) entre el exilio forzoso o el riesgo de la permanencia. Quizás la de Ivan Klima sea la mejor parte del libro, un diálogo excelso (pues Klima ha sufrido la represión por los dos bandos) que equilibra y centra la obra, que ha apostado fuerte por Primo Levi en su inicio, hablando de su vida tras la guerra, de la fábrica de pinturas que dirigía, y que se ha centrado en escritores no siempre célebres (figura alguno incluso no traducido al español), pero que, con la excepción del recorrido final por la obra de Saul Bello, se mantiene en un tono serio, respetuoso, a veces próximo al academicismo en puntos que parecen más bien intercambios de pareceres que propiamente entrevistas.
Una obra menor, quede claro, una especie de interludio entre obras de ficción, muy interesante desde el punto de vista de la relación entre autores, mucho más empática y relajada que los encuentros entre prima-donnas de otros ámbitos culturales, ya también como constatación de determinada genialidad de Roth, capaz del cambio de registro y de retirar a los memorables personajes que solía interponer entre el lector y él.

Otros libros de Philip Roth en ULAD: aquí

martes, 20 de agosto de 2013

Philip Roth: El lamento de Portnoy

Idioma: inglés
Título original: Portnoy's complaint
Año de publicación: 1969
Traducción: Adolfo Martín
Valoración: recomendable

¿Qué pretendió Philip Roth, escritor judío, con una crítica tan feroz al funcionamiento de la sociedad judía, de la educación recibida dentro de ese ámbito?
¿Cuál hubiera sido la reacción a una crítica de este calado si el autor no hubiera sido judío?
¿Es este libro uno de esos ejemplos de que "nadie mejor para criticar que los que están cerca"?

No tengo una respuesta clara para ninguna de estas cuestiones: hasta mostrarme muy entusiasta me resultaría algo violento. Porque el varapalo que Roth le propina en este libro a la cultura a la que él pertenece es, no por estar revestido de cierto tono sarcástico y de situarse dentro de un contexto claramente exagerado, menos descomunal. Varapalo del cual un glosario situado al inicio del libro (al menos, de la edición que he leído) ya nos preavisa sin género de dudas. Los términos empleados en yiddish contienen, en su gran mayoría. una tonalidad despectiva y diferenciadora hacia lo ajeno que nos deja patidifusos. La cuestión, racial, la religiosa, las costumbres ancestrales arraigadas, o no, en cuestiones que Roth nos manifiesta como totalmente absurdas. Todo ese conjunto resulta ciertamente desconcertante. 
Quede claro, no obstante, que El lamento de Portnoy (que en otras traducciones se ha titulado como El mal de Portnoy) sería inconcebible como obra sin toda esa parafernalia. El vocabulario yiddish tiñe todas sus páginas y pronto el lector no tiene que acudir al glosario para saber, por ejemplo, qué es shikse o qué es goy, términos ambos usados para referirse a los no-judíos, que acaban siendo (en especial las mujeres shikse) la máxima obsesión del protagonista, Alexander Portnoy, abogado de éxito y narrador del libro. Al que conocemos desde una adolescencia marcada por la explosión de las hormonas, y que vive condicionado por la opresiva atmósfera a la que, sobre todo, su madre le somete. Marcada por las relaciones idóneas para cumplir con ese destino universal que le parece estar reservado, por la necesidad de satisfacer las expectativas, y por su abnegada lucha por zafarse de ese férreo control, la vida de Portnoy es un casi trágico juego del ratón y el gato.
El libro es una narración en la primera persona, una extensa sesión de psicoanálisis (otro guiño) que a veces se tiñe de confesión ante el juez, y que, a lo largo de sus páginas, nunca abandona un cierto tono sarcástico a la par que levemente desesperado. La mayor manifestación de lo alienado que se siente Portnoy surge a través de su sexualidad extraña y turbada, con tintes edípicos, pero con episodios francamente memorables. Roth no escatima en detalles y no se corta ni un pelo en poner de manifiesto lo absurdo de muchos prejuicios esgrimidos en defensa de pureza o de tradiciones. Como Woody Allen o Sacha Baron Cohen, sabe dónde duele e insiste ahí.
Quizás haya pasajes en los que El lamento de Portnoy se excede o toma un cariz levemente bizarro, quizás algunas páginas en su parte central sobren, pero si al placer de la lectura (el estilo de Roth es impecable) le añadimos ese plus de, aunque sea inconscientemente, sumergernos en el perfil de una cultura diferente a la de uno mismo, no puedo menos que recomendar leer esta novela, única, osada y, seguramente, más cercana a la realidad de lo que a algunos les resulta políticamente correcto.

También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundo, La conjura contra AméricaElegíaLa mancha humanaNémesisPastoral americanaEngañoLa humillaciónGoodbye, ColumbusSale el espectro

domingo, 30 de enero de 2011

Philip Roth: Indignación

Idioma original: inglés
Título original: Indignation
Año de publicación: 2008
Valoración: Se deja leer

Está claro que nadie puede ser genial en todo momento (hay un adagio clásico que dice que "también Homero se duerme algunas veces"), y ya había leído, hace poco además, que últimamente Philip Roth estaba publicando demasiado. Yo me resistía a creerlo, porque casi todo lo que había leído de él (Me casé con un comunista, La mancha humana, Everyman o incluso la desternillante El lamento de Portnoy) me había gustado; la única excepción, hasta ahora, era Sale el espectro, que me pareció muy irregular. Bueno, pues Indignación hace que me una a quienes dicen que, efectivamente, Roth ha publicado novelas muy por debajo de su mejor nivel; y esta es, definitivamente, una de ellas.

Y eso que en el centro de la novela hay una imagen, o mejor dicho, una metáfora, con mucha fuerza: el personaje protagonista es hijo de un carnicero kosher (recordemos que según el rito kosher los animales deben desangrarse completamente antes de morir) que en su segundo año de universidad conoce a una chica con una llamativa cicatriz en su muñeca (una relación metafórica entre suicidio y carnicería que el narrador hace explícita hacia la mitad del texto). Añádase a esta imagen un contexto histórico (la Guerra de Corea), algo de sexualidad explícita (una buena parte de la novela gira en torno a una mamada) y algunos conflictos familiares bastante estereotípicos, y ya está, ya se tiene una idea de los ingredientes básicos de este libro.

Como novela, Indignación es bastante aburrida, y lo que es peor, sin asomo de la profundidad de las obras maestras de Roth. Pero donde más patina es en la parte final: si las penurias familiares, eróticas y universitarias del protagonista no son ni divertidas ni originales ni profundas, las pocas escenas en que se describe un primer chispazo de revolución sexual en el campus (¿será un paralelismo con el despertar sexual del propio protagonista? Oh, Philip, Philip, qué cosas se te ocurren a veces), resultan totalmente incongruentes. Y por si fuera poco, la novela termina poco después, de manera brusca, truncada, incomprensible, dando la impresión de que el autor se cansó de ella y decidió meterle lo que en argot taurino se denomina un "bajonazo".

En fin, si esta fuera la primera novela de un autor desconocido a lo mejor no habría sido tan crítico con ella; viniendo de un autor que es ya un eterno candidato al Nobel, es desde luego una buena decepción.

También de Philip Roth en ULAD: El animal moribundo, La conjura contra AméricaElegíaLa mancha humanaNémesisPastoral americanaEl lamento de PortnoyEngañoLa humillaciónGoodbye, ColumbusSale el espectro

jueves, 30 de diciembre de 2010

Philip Roth: La conjura contra América


Idioma original: inglés
Título original: The Plot Against America
Año de publicación: 2004
Valoración: Recomendable




Ambientada en Newark (Nueva Jersey) – ciudad natal del escritor y escenario de varias de sus obras – y clasificada como ucronía por situarse en un contexto histórico ficticio, La conjura contra América narra las vicisitudes de una familia judía, la del propio Philip Roth, en la Norteamérica de los años 40. Uno de sus méritos, no estrictamente narrativo, es que, para orientar al lector evitándole confusiones entre lo real y lo inventado, al final se añaden: una nota explicativa, la cronología de los hechos históricos tal como se desarrollaron en realidad, algunos documentos relacionados con los hechos y datos básicos de los personajes históricos que intervienen.
El autor, que realiza una gran labor de ambientación y documentación, no sólo explica lo que podría haber sucedido si el aviador Charles Lindbergh, declarado simpatizante del nacionalsocialismo alemán, se hubiese presentado a las elecciones de 1940 y hubiese conseguido derrotar a Rooselvet, sino las consecuencias que este hecho habría tenido para los miembros de la comunidad judía y en especial para la familia Roth, uno de cuyos hijos, Philip, alter ego del autor y a través de cuyos ojos se desarrolla la acción entera, relata en primera persona sus recuerdos. El aislacionismo del que hace gala el antiguo héroe del aire impedirá que Estados Unidos se involucre en la Segunda Guerra Mundial, el bando aliado queda así en inferioridad de condiciones alterándose radicalmente el curso de la historia. Como consecuencia, la persecución que sufrirán los judíos estadounidenses será muy similar a la padecida por aquellos de sus correligionarios que vivían en la Europa de entonces.
Estamos ante una obra densa que, al enfrentarnos a los trascendentales sucesos de la primera mitad del siglo XX, repasa una vez más el escenario político mundial de entonces y sus repercusiones en el posterior y nos hace reflexionar sobre la función de las ideologías, la posición particular de cada país ante los acontecimientos e, incluso, sobre el importante papel del azar.
Fantasear sobre lo que podría haber sido y no fue, en sentido positivo o todo lo contrario, siempre excita la imaginación, sobre todo si la hipótesis tiene la envergadura de una novela y ésta trata de asuntos relevantes desarrollados con habilidad. En este caso, y aunque desde el principio ambas secciones, la histórica y la de ficción, se encuentran perfectamente imbricadas, en algún punto, las riendas se sostienen menos firmemente en las manos de Roth, sus esfuerzos por mantener la tensión no son suficientes e interés y credibilidad decaen algo. Es cierto que la importancia de los hechos que narra y la fuerza con que están descritos nos arrastran a un recorrido trepidante que no puede dejar de apasionarnos, pero la diferencia de espacio concedido a los sucesos generales en detrimento de los particulares a partir de un determinado momento disminuye en gran parte la tensión narrativa y hace perder vuelo al relato en general. Este desequilibrio, quizá justificable por la dificultad de la empresa, da lugar a un producto irregular y no del todo unitario, prometedor y apasionante pero que acaba decepcionando un poco al no cumplir las expectativas del comienzo. Aún así, reconozco que se trata de una gran novela y, si te ha interesado este comentario, no te la deberías perder.

También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundoElegíaLa mancha humanaNémesisPastoral americanaEl lamento de PortnoyEngañoLa humillaciónGoodbye, ColumbusSale el espectro

viernes, 10 de octubre de 2014

Philip Roth: La humillación

Idioma original: inglés
Título original: The Humbling
Año de publicación: 2009
Valoración: Se deja leer

La verdad, he estado tentado a no escribir esta reseña, porque últimamente reseñas no nos faltan y con tanto libro bueno que hay para comentar, para qué hablar de libros decepcionantes como este. Pero al final he pensado que qué demonios, también hay que avisar a los lectores cuando los grandes de la literatura escriben cosas que no valen la pena. Para que, si se fían de nosotros, eviten gastar su tiempo y su dinero...

Porque, sí, La humillación no me ha gustado, por dos motivos: porque no me parece que está bien desarrollada, y porque la trama central del libro me parece ridículamente simplista y hasta insultante desde el punto de vista de la representación de la mujer y de la (homo)sexualidad.

Empezamos por lo primero: La humillación es, como muchas de las últimas novelas de Roth, una reflexión sobre el envejecimiento, la decadencia física y el agotamiento creativo (precisamente ahora que el escritor ha anunciado que no va a publicar más novelas). El personaje protagonista es un actor prestigioso, especialista en Shakespeare, que de pronto descubre que no sabe actuar, que ha perdido su instinto y su naturalidad encima del escenario.

A partir de esta idea, qué duda cabe, un gran autor podría haber escrito una gran novela; pero no, Roth abandona esa idea casi completamente y se centra en la relación del protagonista con dos mujeres: Sybil, una paciente del hospital psiquiátrico donde está ingresado, y Pegeen, una mujer lesbiana (o, habría que decir más propiamente, bisexual) con la que comienza una relación amorosa. Pero en ninguno de estos elementos hay profundidad o desarrollo, ni siquiera sorpresa o imaginación: da la impresión de que el escritor, como su protagonista, ha perdido la vena creativa y se dedica solo a repetir lo que ya ha escrito (y mejor) en novelas como Elegía o El animal moribundo, entre otras. No es que sea una novela mal escrita, solo faltaba que a estas alturas dijéramos que Roth escribe mal, pero la verdad, no añade absolutamente nada a su obra ni a nuestro conocimiento del mundo.

El otro elemento es el tratamiento de las mujeres y de la homosexualidad en el libro. En realidad, da la impresión de que aquí Roth está poniendo en palabras una muy repetida fantasía masculina: la de que el amor (y una buena polla) pueden "curar" el lesbianismo y transformar una "anomalía sexual" (como el propio personaje se define a sí mismo, entre risas) en una mujer como debe ser, "femenina". Todo el segundo apartado de la novela, "La transformación", trata precisamente del proceso mediante el cual el actor convierte a Pegeen en "una mujer que le pudiese gustar a él, en vez de una mujer que pudiese gustarle a otra mujer" (Traducción mía). Y Roth no parece ver ningún problema en ese proceso, ni en que de repente a todo el mundo le guste más la nueva Pegeen porque es más "normal".

Ahora está en proceso de filmación una película basada en esta novela, con Al Pacino en el papel protagonista y una actriz notablemente más joven que el personaje de Pegeen en la novela. Esto hace prever que la película solo acentuará todavía más la visión de la mujer (lesbiana) como alguien indefenso, inexperto y que necesita ser "transformada", "normalizada" por un hombre maduro. Pero a lo mejor me estoy adelantando a los acontecimientos...

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miércoles, 24 de octubre de 2012

Philip Roth: Pastoral americana

Idioma original: inglés
Título original: American Pastoral
Año de publicación: 1997
Valoración: Muy recomendable

Hay una figura mítica típicamente estadounidense: la del triunfador o winner, opuesta al perdedor, el loser. El triunfador es a la vez -y paradójicamente- un ser bendecido por la divinidad y un forjador de su propio destino a través del trabajo y la fuerza de voluntad.

Esta figura, que está en el centro de la mitología del "sueño americano", es clave en la construcción de Pastoral americana, que dedica las 100 primeras páginas a construir la imagen de un perfecto triunfador (Seymour 'Sueco' Levov, un empresario judío de clase media-alta de Newark, atractivo, bondadoso, atlético, casado con Miss New Jersey y padre de tres hijos y una hija), y las siguientes 200 a destrozar esta apariencia de perfección mediante la introducción en la trama del caos y la anarquía, personificados en su propia hija, Merry.

La tercera parte de la novela ("Paraíso perdido") parece plantear el salto de lo individual a lo colectivo: lo sucedido con Seymour y su hija Merry, con una intensidad trágica, sucede en todas las familias -de clase media-alta, habría que aclarar-, quizás en menor escala: toda apariencia de orden, obediencia y normalidad esconde una verdad más profunda y más oscura: hipocresía, infidelidad, mentira, engaño, muerte. El trasfondo histórico y político (de la guerra de Vietnam al Watergate) permiten también esta amplificación del caso particular a la categoría de norma.

Pastoral americana forma parte de la serie de novelas narradas por Nathan Zuckerman, alter ego de Philip Roth en algunas de sus mejores obras (Me casé con un comunista o La mancha humana entre otras), aunque su presencia como personaje-narrador sea discontinua: ocupa el primer plano en la primera parte, en que se nos ofrece su visión del 'Sueco' Levov; y se oculta en el resto, que reconstruye la supuesta evolución del protagonista y su familia antes y después del incidente que destrozará su estabilidad perfecta.

En esta novela podemos ver a Roth en su mejor versión: profundo, denso, complejo, incisivo, magnífico. En estas obras, su capacidad para construir un universo de personajes complejos y horadar en sus circunstancias y en sus psicologías es asombrosa, abrumadora. Pocos escritores (si es que hay alguno) han conseguido capturar las contradicciones de la sociedad estadounidense, y no solo estadounidense, de la segunda mitad del siglo XX.

También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundo, La conjura contra AméricaElegíaLa mancha humanaNémesisEl lamento de PortnoyEngañoLa humillaciónGoodbye, ColumbusSale el espectro

martes, 5 de febrero de 2019

Philip Roth: Zuckerman desencadenado

Idioma original: inglés
Título original: Zuckerman unbound (*)
Año de publicación: 1981
Traducción: Ramón Buenaventura
Valoración: les explico

Quien esto escribe, saben, era, hace ya un cierto tiempo (más de dos años, pongamos) alguien a quien los lectores de este blog se dirigían en términos más o menos así: cómo lees tanto, menuda máquina, de dónde sacas tanto tiempo. Quizás en aquellos momentos no disponía de mucho más tiempo del que dispongo ahora para abordar lecturas, puede que me organizara mejor, puede que careciera de alguna de las preocupaciones que el paso del tiempo acarrea. 
Quizás sea demasiado fácil culpar al stress.
Pronúnciese la palabrita de marras con mucha énfasis en las "s", como pretendiendo dar miedo sin evitar que suene la cosa un poquito socarrona.
El stress es una cosa bastante mala. Puede uno combinarla con una serie de factores y el resultado suele ser letal, como mínimo desastroso o sumamente arriesgado. Sean bocadillos de chistorra, actividad sexual frenética, alteraciones del ritmo de descanso. Lo que a mí me sucedía, me repite mucho la chistorra y no suelo tener en la despensa, es que afectaba mucho mi capacidad de concentración. Y yo, que era capaz de capturar la esencia de un libro y transcribirla a unos cuantos párrafos, yo, ese mismo, ahora me desmoronaba apenas adentrado unas páginas en obras objetivamente inapelables. 

Hace poco tuve la oportunidad de hacer cola frente a un organismo oficial. Abrí este libro y me impresionó esa primera escena: Nathan Zuckerman reconocido por la gente como escritor de enorme éxito que se desplaza en transporte público, con los comentarios propios de una situación así, con la correspondiente variedad de estos ya se sabe, hasta que es asaltado por un tipo ávido de conversación que le suelta un rollo impresionante en el que Roth empieza a colar su prosa intensa y su penetrante análisis de la sociedad americana de finales de los 70, esa sociedad en evolución.

Al día siguiente me desplacé a recoger el teléfono móvil de mi hija, que estaba siendo reparado, esta juventud y su descuido con el trato de esos cacharros tan delicados. Me encontré con Álvaro Colomer e intercambiamos unas cuantas frases de forma precipitada, tenía algo más de prisa que yo el hombre pues iba a un taller de lectura y solo pudimos mostrarnos los libros que cada uno llevaba (él Caldwell y un Cormac McCarthy, yo, éste), en todo caso en el último momento acabamos comentando acerca del último de Houellebecq. Simpático este hombre. Colomer, digo. Acudí a la biblioteca a renovar esos préstamos de esos libros que esperan pacientes sobre la impresora de mi casa a ver si les llega su momento. Lluís el bibliotecario hizo mención a mi reseña de Donna Tartt y ya me fui a casa.

No saben cómo de cabrón es el tío este que coordina este blog. Si se tomara la molestia de leer todas las reseñas y no sobre todo las suyas, tendría cierta prudencia de decirlo de forma tan tajante. Pero qué va. Así que mi decisión sobre Zuckerman desencadenado ya está tomada de antemano.
Aún así, al día siguiente, mientras espero que me preparen unas hamburguesas, continúo leyendo, me resulta reconfortante constatar que el libro continúa en ese nivel inasequible a la mayoría de los que se dedican a esto de escribir. Auto-ficción: menudo pretexto para muchos meterse con este género, que me ha deparado unos cuantos de mis escritores favoritos. Quizás no los más favoritos, pero Cercas y Vila-Matas y, claro, Roth, están seguro entre mi top-20. Me pregunto si podría aplicar lo de auto-ficción a esto de las reseñas y vuelvo a pensar en el tipo este del blog y en mi tensa relación con él. A ver si lees esta frase certera y contundente, de aquellas que tanto gustaban. "Roth, escritor de poderoso estilo propio". Toma. Recuerdo algo sobre el encuentro con Colomer de ayer. Habría de cultivar algo de amistad con este hombre. Qué diálogos, dijo, los de Caldwell. Qué buena, dije, la novela de Roth. No debí empezar a leer a Roth con El lamento de Portnoy. Dice: no es el más adecuado. Vaya, las hamburguesas ya están. Yo ahí, concentrado en el capítulo, y ya he de irme.

Zuckerman desencadenado puede parecer una autoparodia, claro, la de un escritor judío nacido en Newark que escribe Carnovsky, una novela de enorme éxito que le ha convertido en una persona célebre a la par que enormemente controvertido en su relación con su pléyade de lectores: los que le idolatran y aquellos que, muchos de ellos confundiendo a autor y narrador, han empezado a atacarle porque interpretan que con su obra ha ofendido a la comunidad judía, que con su obra ha señalado a conocidos y familiares y los ha señalado. Y Zuckerman ya no puede viajar en autobús (impresionante puesta en escena en las primeras páginas) sin que su mera presencia allí, él que es célebre y rico, sea cuestionada. Sin que su vida sea alterada por los comentarios de la gente le afecten, sin recibir llamadas telefónicas o correspondencia. Puede que un subtítulo obvio para esta novela fuera El precio de la fama, pero Roth no era un escritor dado a las obviedades. La novela entera es una broma, una farsa con unos diálogos inverosímiles, como si Roth en algún momento hubiera tenido intención alguna de apelar al realismo... No, de ninguna manera; el escritor aprovecha cualquier resquicio para ser agudo, mordaz, con una acidez que filtra a la que se presenta la mínima oportunidad. Cada personaje esconde algo paradigmático y no se trata de arte figurativo sino de arte abstracto. Alvin Pepler, por ejemplo, poderoso secundario en manos de un célebre concursante de quiz shows venido a menos, dice, por una suerte de conspiración en manos de productores televisivos para que un w.a.s.p. obtuviera un gran premio que él decía merecer. El hermano de Zuckerman, Henry, hijo perfecto que ha seguido la tradición profesional paterna y que se presenta de madrugada en casa del hermano a volcar toda la frustración que esa elección le ha procurado. Toda esa familia que sufre en silencio su estupefacción ante la repercusión que el éxito de Carnovsky ha representado en sus vidas.
La fama, sí. En los Estados Unidos de los últimos años 70, heridas aún tiernas las de Vietnam y el feo asunto del Watergate, un escritor aún puede convertirse en una celebridad y ser asaltado con comentarios sobre su obra. Reírse de ello y crear un alter-ego que cree otro nuevo alter-ego. Menuda genialidad retratarlo de esta manera y escribirlo así.

Muy recomendable, cómo no.

(*) Publicada en español por Seix Barral, integrando, junto a la ya reseñada La visita al maestro, la trilogía Zuckerman encadenado.

Mucho Philip Roth reseñado ya en este blog: aquí

lunes, 1 de julio de 2013

Joël Dicker: La verdad sobre el caso Harry Quebert

Idioma original: francés
Título original: La Vérité sur l'Affaire Harry Quebert
Año de publicación: 2012
Valoración: decepcionante, o no. Depende.
Traducción: Juan Carlos Durán Romero

Nos la quieren meter doblada otra vez. Esto es así. Pero es primero de julio y lunes y lo mejor será tomárselo todo con humor.

Hay un montón de cosas por comentar y necesito un orden... Empecemos por la faja, que la tengo a mano:
El mayor fenómeno editorial de los últimos años: un joven suizo de 27 años con un thriller monumental, número 1 en ventas en Francia.
Premio Goncourt des Lycéens, Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa. 
Uno está empezando a perder la fé en los franceses, a quienes tenía en alta estima ya ni me acuerdo de por qué. Leo por ahí que esta novela quedó finalista del premio Goncourt y que no ganó por un voto. Un voto de nada. Casi como perder en penaltis. Yo entiendo que no todos los años son igual de buenos, como pasa con el vino, que no siempre hay obras geniales a las que premiar, pero si nos suena que el Goncourt es o era un premio prestigioso y miramos en wikipedia comprobamos que, entre los ganadores, hay gente como Houellebecq, Maalouf o Duras (y antes, Malraux, Proust...). La conclusión de esto es que a los franceses, sea como fuere, se les ha ido la olla: por un voto.

Y ahora, dos citas escogidas de la contra y la solapa:
Recuerda a Philip Roth, Jonathan Franzen o Woody Allen.
Descrita como un cruce entre Larsson, Nabokov y Philip Roth.
A esto me refería con mi frase inicial: meter doblada. Ese concepto. Fue por culpa de estas campanas sobre Nabokov y Roth y Franzen (lo de Woody Allen supongo que tiene que ver con las llamadas telefónicas de la madre, pero ya llegaremos a eso) que me venció la curiosidad y leí el libro, a pesar de sus casi 700 páginas y de que andaba metido en otras lecturas. Pero joder: ¡Nabokov! ¡27 años! ¡Goncourt! ¡Liberté! ¡Fraternité! ¡Zidane!

A estas alturas os estaréis preguntando de qué va el libro. Os entiendo. Pero antes quisiera mencionar sólo por encima una cuestión que me ronda la cabeza en los últimos meses sobre los libros cuyos protagonistas o personajes principales son escritores. Qué. Está. Pasando. Los hay buenos, malos y regulares, claro, no voy a entrar en generalizaciones cualitativas, pero de un tiempo a esta parte, no sé si ha sido suerte u otra cosa que tendría que hacerme mirar en el médico, a mi alrededor brotan textos así como champiñones. A saber, por encima: Moo Pak, Twist, Magma, Siberia, El joven Nathaniel Hathorne, X, La vida interior de las plantas de interior, Mr. Gwyn... Hay más, pero no es el momento. Repito: qué está pasando. Volvamos al libro: ¿de qué iba?

Pues de un ¡joven escritor de gran éxito! que tratará de esclarecer el crimen presuntamente cometido más de treinta años atrás por un ¡viejo escritor de gran éxito! que es, por cierto, su mentor y amigo. Esto es un no parar, reconozcamoslo. El tema es que, al poco de empezar la novela, desentierran los huesos de una niña de 15 años (¡adolescente escritora de gran- nooo, es broma, es broma) desaparecida 33 años atrás y con quien el famoso mentor tuvo una relación cuando él contaba 34. Bastante sórdido, eso de ella tuviera quince, por mucho amor que diga haber sentido el personaje hacia la niña. A lo largo de la novela, en cualquier caso, el protagonista (Marcus Goldman, joven escritor de éxito, etc.) ejercerá de detective con la intención de averiguar "la verdad sobre el caso Harry Quebert" y, con suerte, liberar de la cárcel a su viejo amigo, a quien considera inocente del crimen, escribir un libro sobre el proceso, etc.

Esto es: un thriller en toda regla. Niña asesinada, hombre en prisión, investigador civil, dudas, secretos, mentiras,confesiones, personajes de última hora.
Añadimos a esto: numerosas reflexiones sobre el acto de escribir, sobre el sentido de la escritura, sobre el negocio de la escritura, sobre la página en blanco. Y un libro misterioso. Y metaliteratura.
Vamos con Roth y Nabokov (supongo):
Salpimentamos con: la historia de amor entre el viejo escritor (Harry Quebert, que no lo había dicho) y la niña de 15 años.
Por último: como a los dos escritores les gusta el boxeo, se pegarán algunos sopapos en plan deportivo y hablarán también de eso de atizar, buscándole simetrías con eso de escribir.

No me extenderé, lo diré escuetamente, estoy seguro de que otros lectores hablarán de ello: contar una historia de amor entre un tío de 34 y una niña de 15 NO BASTA para relacionar un libro con Nabokov. Asimismo, incluir reflexiones sobre el boxeo NO BASTA para relacionar un libro con Roth. Establecer esa relación es reírse de los lectores. Es engañar. Es querer metérsela doblada a quien busca una determinada lectura. Es tener unos cojonazos de aúpa. Y, en último extremo, es culpa nuestra seguir haciendo caso de todas las barbaridades que se dicen de un libro. Lo de Franzen (ver cita, más arriba) ya me lo explicarán. Alguien. En alguna parte. Sobrio.

Por supuesto, esta flipada de los editores no tiene que ver con el autor ni con el texto en sí; en una entrevista reciente, Joël Dicker confiesa que su única intención era escribir un buen libro y ya está. Vale, ok: bien por él.

El libro tiene cosas buenas: entretiene, se lee fácil, busca sorprender. Eso tiene de bueno. Lo que pasa es que a las tres cosas se les pueden poner peros:

Entretiene: porque ninguna reflexión puesta en boca de los personajes es profunda o convincente, ni siquiera las referidas a la literatura. Todo es ligero, superficial, tópico. Hueco. Entretiene como un reality de investigación criminal (que ya están tardando. Hasta les doy un título: Mastercrime).
Se lee fácil: y tanto. Aproximadamente el 80% del texto son diálogos, o diálogos indirectos. Pim, pam, pum. Ningún interés en labrar la palabra (ay, Nabokov), toda la maquinaria puesta al servicio de la trama. Prosa simple, eficiente, invisible. Hay capítulos en los que el protagonista habla con más gente que yo en una semana. Un infierno, en verdad os digo.
Busca sorprender: 700 páginas dan para muchos giros, y ciertamente algunos están bien. El problema viene cuando a falta de unas 150 páginas para el final el autor quiere rizar el rizo, y girar, y volver a girar y, desde mi punto de vista, se cae. Un mareo, un absurdo. Y claro: en las últimas 50 páginas tiene una liada pero tan grande que se pasa 40 tratando de poner orden, explicar, re-explicar, aparentar normalidad, recortar los numerosos flecos... y a pesar de ello deja una sensación de la cosa no está bien, de que flaquea. El problema de los fuegos artificiales es que, cuando terminan, sólo queda humo.

En cuanto a la relación entre hombre y niña, tema capital del libro (es un decir: no hay un tema en el libro), me gustaría apuntar una cosa: la ninfa en cuestión (Nola) es, por si no teníamos suficiente con las neuras del protagonista, un personaje abofeteable de puro cándido. En serio. No tiene ningún puto sentido que un tío más o menos adulto se interese por una cría que sólo habla (no miento) con ¡exclamaciones! y cuyas frases más habituales son "¡te quiero!", "¡es muy bonito!", "¡me gusta mucho!", "¡tienes que escribir, mi amor!" y otras por el estilo. No pasa de ese encefalograma plano, a pesar de lo que de ella se diga hacia la mitad del libro: creedme. Por eso un lector más o menos suspicaz pensará que: a) el viejales tiene algún tipo de tara mental (no se menciona en el texto) o, más probablemente, b) la niña está superdesarrollada y, además, buenísima (se sugiere, pero tampoco se menciona). La trama habría sido más honesta y verosímil si, simplemente, el autor hubiera puesto negro sobre blanco que la muchacha era algo espectacular. Pero no: que si sus gráciles movimientos, que si su luminosa energía, que si su alegría de viVAMOS, HOMBRE.

Ya termino, perdón. La conclusión vendría a ser que es una lectura poco exigente, apropiada para el verano, puro best seller con aroma ("recuerdos", dicen los chefs modernos) a eso de escribir novelas, Dan Brown sin Dante, Larsson sin Lisbeth Salander, Stephen King sin el payaso de It, prácticamente un guion cinematográfico con algo de sexo, con algunas escenas moñas y otras violentas, con personajes capaces de decir, sin vergüenza, "senos generosos" (¡senos generosos! ¡no me jodas! ¿cómo de generosos? ¿cuánto de generosos?) y, en fin, qué puedo añadir, ya os hacéis una idea. A mí me ha decepcionado profundamente, pero estoy seguro de que mucha gente disfrutará del libro como de un filete, se venderá a lo grande y ayudará a cuadrar las cuentas de los libreros, que falta nos hace. Lo mejor de la novela, por cerrar con una sonrisa, son las conversaciones del protagonista con su madre: puro absurdo, excepcionales para animar el ambiente entre dramas y muertos, cachondísimas. Lástima que sean tres.